Alma América: poemas indo-españoles · Unidad 56 de 95

Unidad 56 · LA BALALA DEL LAGO 18=>

Texto completo en español de una edición de dominio público con fuente y huella registradas.

LA BALALA DEL LAGO 18=>

hizo su aparición gente sajona de ojos azules, cabellera áurea y pies conquistadores.

i Ali ! La Luna brilló sobre el acero de las hachas que mutilaron árboles. Un trueno de dinamita exasperó la entraña de la selva. Se oyó luego el galope de cien locomotoras desbocadas. Hasta que al fin silbatos penetrantes saludaron la luz de otra mañana.

Cuando se enronquecieron esas voces, sobre el temblor lascivo de las aguas, volvió á llegar, desde el confín brumoso, como un rezago de la Edad pasada, entre el blando chischás de los diez remos, el triste son de las cuarenta flautas...

I cp ^ ^ c^ ^ a(; &f% @t® &f^ &f^ W ®^^'

EL PALACIO DE LOS VIRREYES

A Luis Fernán Cisneros.

En el viejo Palacio donde finos Virreyes dan su brazo á las damas y su pecho al amor, de improviso se imponen democráticas leyes como un pie de elefante que aplastara una flor...

I Oh Pizarro ! En las noches, cuando luna de piala desenrolla una cinta sobre el denso capuz, en el mármol del suelo brilla un signo escarlata que recuerda la sangre con que hiciste tu cruz.

Por la puerta, que á veces se ha cerrado al derecho y se ha abierto otras veces á tirano riiin, el Virrey, constelado de medallas el pecho, penetraba, á los sones de broncíneo clarín.

¡Oh tambores aquellos que atronaban el aire! ¡Oh guardianes aquellos enfilados en pie!... ¡Quien volviese á esos siglos del valor y el donaire! i QuitMi viviese la vida de ese tiempo que fué!

EL PALACIO DE LOS VIRREYES IS?

¿ No es verdad que esta inútil libertad da tristeza? ¿No es verdad que la prosa de esta Edad no es mejor? ¿No es verdad que, en el nombre de la Santa Belleza, debería el Palacio consagrarse al amor?

El cdcnico tronco de la clásica higuera con que el propio Pizarro decoró su jardín, luce un nido sin aves que parece que espera y retuerce sus ramas con angustia sin fin.

No vendrán los Virreyes á sentarse á su sombra : no ha de oir yá los dúos del amor colonial : no lian de echarse las damas en su idílica alfombra, mientras cantan las fuentes su canción de cristal.

¡ Oh las fuentes aquellas que alegraban el aire ! I Oh jardín del Palacio que hoy tan triste se ve!... ¡Quién volviese á esos siglos del valor y el donaire! ¡Quién viviese la vida de ese tiempo que fué!

En los regios salones salpicados de luces, se tejían pavanas y se hacía el amor : diez casacas lucían, todas llenas de cruces, tras de cada doncella como tras de una flor.

¡Qué tristeza más dulce la de flautas y violas! ¡ Qué ternura más blanda la del baile fugaz! Candelabros se erguían en doradas consolas, ante fríos espejos de enigmática faz.

En las albas pelucas se fingían las nieves do los Andes rendidos bajo el trono español;

altariicos dotaban como c<')ndores breves; relumbraban cristales como Templos del Sol.

¡ Oh gavotas aquellas que endulzaban el aire! ¡Oh mujeres aquellas que saraban el pie!... ¡Quién volviese á esos siglos del valor y el donaire I ¡Quién viviese la vida de esc tiempo que fué!

®*®if>®®»®*