Amar con poca fortuna · Unidad 30 de 47

Unidad 30 · EL PAJE DE LA BANDA.

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EL PAJE DE LA BANDA.

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De púrpura y nácar hermosos celages , La faz adornaban del astro del dia, Su carro á Occidente fugaz descendía , El rayo postrero vertiendo de luz:

Brillaban dorados los altos ramages , De bosques sombrosos que exhalan frescura, Y hermosa , esmaltada la estensa llanura Que llaman la Vega del suelo andaluz.

A un lado presentan las ondas brillantes Que sordas chocaban con tardo zumbido , Un plano horizonte , semeja encendido Un lago de fuego de inmenso grandor.

Alli de Alpujarras los cerros jigantes

— 128 — Sus crestas erguidas clavando en el cielo Cual blancos fantasmas velaban el suelo, Su sombra estendiendo de opaco color.

En tanto, en la altura, el rostro velado De pálidas nubes , fantásticas, bellas , La sien coronada de hermosas estrellas, La luna medrosa su faz desnubló.

Un tardo galope , sonoro , pausado , El viento en sus alas distante mormura: Se aumenta, se acerca, pasó la espesura, Ginete un armado la vega cruzó.

Revuelto morcillo, las crines cual oro Cabalga un mancebo de ardor varonil, Su rostro era bello , su talle gentil , Su bozo naciente, temprana su edad.

Anubla sus ojos rasgados el lloro , Que allá en las estrellas clavados tenia, Su diestra en la lanza , y un alma que ardía Allá en los encantos de virgen beldad.

Jubón encarnado sus hombros cenia , Cubriendo las armas que viste el ginete; Son rojas las plumas que ondea el almete , Colores que aprecia su tierna Isabel:

Que corre por verla su afán descubría; Su noble apostura r su pecho animoso ; Sus lánguidos ayes, su amor delicioso; Su clase , las galas del rico doncel.

Allá entre las ramas de selva fragosa Sus torres levanta murado castillo ; Suspira el guerrero, paró su morcillo , Y airoso desmonta del noble trotón.

El sitio recorre un niño reposa

Tranquilo debajo de un sauce dormido.

— 129 — — Hernando , le grita. Despierta, y rendido Se humilla á sus plantas el tierno garzón. —Levanta mi Hernando.— Señor .— En mi pecho

Tu pecho descanse ¿Veré mi hermosura?

—Lo juzgo imposible.— ¡Cruel desventura ! ¿Qué dices?— D. Ñuño sospecha , señor. Contino hay espías que están en acecho ,

Y tantos desvelos aun mas que de amigo

— ¡ Ay triste l— Sospecho tan solo.— Maldigo Su raza: seria!.... — El es su amador.

—Mi saña reprimo. Pensarlo es mancilla:

Y aquese era el home , leal fazañero , Que al verla sin bienes ni amigos , sincero La dio en sus castillos morada y solaz!

Y noble se dice , é hidalgo en Castilla ,

Y santas las leyes de honor atropella,

Y piensa que valen , en pura doncella , Tesoros tan viles , tan rica horfandad !

Aun sangre de buenos mis venas inflama , Aun vive en mi pecho honrada altiveza , Por mas que se encumbre, de un vil la cabeza Está so las plantas de un hombre de honor."

El Page temblaba , que en mucho le ama : Sus ojos azules mostraban dulzura; Calmóse el guerrero , y asió con ternura La mano del niño.— «Yo fio en su amor !

El tiempo es llegado: sus pruebas espero.» Sacó de su guante un pliego rollado ; «Si un dia su Enrique la ha sido adorado, Su vida ó su muerte la toca elegir.

No dudo me ayude tu afecto sincero. —Mi dicha y mi vida la diera por vos. —Lo sé, buen Hernando.... Acércate.,. Adiós!

— 130 — «Mi vida ó mi muerte,» se lo has de decir...»

Si acaso consiente El sitio esaqui.

Ya todo á la marcha dispuesto estará.

La ronca campana las tres contará,

Y entonces...— Lo entiendo, lo entiendo, señor.

—Si no está resuelta. ¡Ay! llora por mi, Mi Hernando.— Señor , fiad en la suerte ! —No olvides decirlo: «mi vida ó mi muerte.» «Adiós.» Al galope partió el corredor.

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La antigua gótica almena sobre los bosques asoma su dura frente morena, cual si llevara con pena la lumbre que el sol desploma.

En fuego el Cénit se inflama, fuego es el valle y el monte, y cual fosfórica llama en rayos mil se derrama desde el quemado horizonte.

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Bajo una encina sombrosa de un apartado jardín , soñando sueños de rosa , de amor medita una hermosa en su ausente paladín.

De pronto se conmovió; al ver que se acerca un page , mas después se sonrió , que a su Hernando conoció que á darla viene un mensage.

—Una esquela para mí ? ¿Le has visto ? Feliz Hernando ! Que me olvidabas creí.» Dijo, y con gran frenesí besó el pliego suspirando.

«Partir á la nueva aurora! 4 Mas dónde huir ? — A Aragón , responde el page, señora. ~¿ Y mi tirano?— En buen hora armas tiene y corazón

D. Enrique. --Enrique mió! —Como su lanza ninguna; maguer faltárale el brio , á quien vos amáis , yo fio que bien le sobra fortuna.»

Era tan tierno el acento, y del page la espresion revelaba un sentimiento, que Isabela tuvo intento de aliviar su corazón.

Y con sonrisa , la boca su mano al page cubrió ; 61 con sus labios la toca ;

— 132 — era paga , aunque era poca -Y ella suspira , él calló.

«Después de mi Enrique amado en ti fundo mi esperanza. —Señora, esclamó aun turbado : ¡ ay ! es bien afortunado el que á serviros alcanza!

Mas ya olvidasteis la esquela ! —No en verdad. No fue olvidalla ; solo el temor me desvela si por ser para Isabela alguna desgracia se halla.

«Amor te espera conmigo; huye un tirano celoso: (leyó) , maguer buen amiga nunca valiera el abrigo de los brazos de un esposo.

"Villano debe de ser quien atenta á tu pudor-, tú eres hermosa y muger ; ^1 liviano y con poder : peligro corre tu honor!

«Nuestra venturosa huida la noche debe encubrir ; habrá una lancha escondida bajo la reja partida que besa el Guadalquivir.

» Alguna prenda, Isabel, si tú consientes, me envia , sino , mi muerte.» ¡ Quién í él. ¡ Yo su muerte ! ¡ qué cruel ! Al que es luz y gloria mia !

Una prenda! pronto Hernando.»

— 133 — --Ya del page las miradas estaban adivinando. —Aquella banda ?» Volando se alejan ya sus pisadas.

Flotaba al aire el cabello al perderse entre laureles,- buscando el sol lo mas bello, lucia mas en su cuello que en sus ricos oropeles.

Mágico al amor llamaron , y fué con razón bien creo , pronto los pasos sonaron del page , y aun tal volaron cual de Isabela el deseo.

Entre la undosa espesura y las rosaleras bellas , apareció su figura , que por llegar se apresura ; sus ojos eran estrellas,

Su tez lozana encendida, transparente cual la grana , y su color florecida , dejara en verdad corrida la rosa de la mañana.

Su luenga blonda guedeja daba luz y tornasol á una dorada bandeja, que oscurecida se queja de que otro la robe el sol.

Y entre el movido ropage , y entre las rosas y flores, corriendo aparece el page , como el Dios de los amores

— 134 — que vuela á dar un mensage.

Llegó delante la hermosa y se quiso arrodillar, que la creia su diosa, y si el creerlo es fácil cosa dirá quien sepa de amar.

Isabela lo impidió , y el page , medio inclinado , el presente la ofreció , y con sus ojos habló como quien dice , «he triunfado! »

Entre risueña y llorosa , sentida y apasionada, con espresion deliciosa sus ojos clayó la hermosa sobre la banda encarnada,

Y en la sien candida y pura del entusiasta rapaz ,

cuya inspirada figura es la de un ángel de paz adorando la hermosura.

«Toma, Hernando: su Isabela para él la tejió. En el oro , por si mas su amor consuela , dile que oculto se vela entre sus randas mi lloro.

Que en ella mi sien dormia , y el latido de mi pecho con sus pliegues comprimía , y que estrecha el alma mia en aquese lazo estrecho.»

Y haciendo á la banda un Jiudo, á su Hernando la entregó,

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que triste , lloroso y mudo , haciendo un corto saludo de su presencia partió.

«Lloraba ! dijo Isabela , cuando le vido ausentar, sí , tierno amor le desvela ! Mi gratitud no la anhela y esa solo puedo dar!»

Apenas esto decia , huyó , pues sonó cercano de ronca trompetería el clamor: de cetrería regresaba el Castellano.

Trémula llama rojiza despide lámpara etrusca, colgada de un ancho techo de un salón á la moruna ; cubren los lienzos , tapices de trasparentes figuras ,

— 13j6 — flamencas por los colores de su brillante pintura. Labradas son enmadera las caprichosas molduras que forman el pavimento. Damascos lenguos ocultan cuatro ventanas ojivas, y el suelo alcatifas turcas. Hay un sitial de respaldo con escudos en las fundas , bordadas armas en plata del Castellano que ilustran. Y alli en su cóncabo asiento cual en honda sepultura , entre las pieles de un manto y de roja caperuza, asoma un rostro amarillo y dos ojos que deslumhran , imagen de un ser que alienta y que un cadáver figura. A poca distancia , en pié , se vé la parda armadura de un jiganlesco soldado que le observa con mesura. Silencio reina en la estancia y negra sombra confusa, que apenas en luz bañaba de un hogar la llama turbia, que entre cenizas quemadas sus tardos rayos circula , crujiendo las secas chispas que rechinantes se cruzan. Revolvióse el Castellano

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y asi al soldado pregunta ■

— ¿Qué ha sucedido, Rui-Pero?

--Felices nuevas os doy •

solo ha finado el barquero ,

y lo siento por quien soy.

--¿Y el caballero I—Una llave

la reja le pudo abrir;

que allí le llevó una nave

surcando el Guadalquivir.

Subió á la reja , y entró.

—¿Y después ?— Como ordenasteis

salí cauteloso yo

y le dije : «ya acabasteis,»

al barquero : y fué tan fiel

y temoso , que el venablo

fuerza fué probase en él,

que yo sin razón no hablo.

Al momento con Ferrán

dejé remar la barquilla ,

y á costa de poco afán

amarrada á la otra orilla.

—Según eso está encerrado

y no ha de poder salir?

— Tuviera que hacerlo á nado ,

y es ancho el Guadalquivir.

—Pienso que fuera mejor

acercando la barquilla

diez soldados de valor

que no falte tu cuchilla. —Entiendo.— Harás de barquero. —¿Y en bajando?— Han <Ie morir. — También obrará mi acero. Su tumba?...— El Guadalquivir.

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En su estancia silenciosa está sentada Isabel , y en actitud respetuosa junto á los pies de la hermosa arrodillado el doncel.

—¿Y no te han visto subir ? —Nadie, mi vida.— ¿Y agora? —Por esta reja partir, que esa lancha protectora nos pasa el Guadalquivir.

Alienta, Isabela mia, la de los ojos de fuego ; antes que amanezca el dia los campos de Andalucía ya no han de escuchar tu ruego!

Noble soy en Aragón , y deudos cuento y vasallos que sustenten nuestra unión > huyamos de esta prisión ,

— Improntos están mis caballos. Una vez entre mis brazos al fin gozarás de calma, sin riesgo de arteros lazos 5 que solo, hermosa, á pedazos se quita á una vida el alma.

Y tú lo eres de mi ser, alma bella y bendecida , aun mas que el alma , muger ; pues basta en tí llego á ver el porvenir de mi vida !

—Enrique, tanta bonanza después de tanto sufrir ! Recelo infausta mudanza, que brilla mas la esperanza cuanto mas pronta á morir! Temo que soy desdichada y que grabo tu destino con mi suerte malhadada. —¡Mi existencia!.... No, mi amada; como estrella en mi camino , Tu luz me debe alumbrar al borde de los pantanos, y nunca me ha de faltar. Aunque débiles tus manos, Isabel , me han de ayudar! Grabada tu imagen bella en el alma , ya morir es imposible ; que al vella , tan solo por no ofendella pardiez que no me han de herir!

—Tus pláticas amorosas me seducen y enamoran,

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que son difíciles cosas no parezcan deliciosas esperanzas que se adoran.

Partamos, Enrique mió, mi numen consolador : entre tus brazos me fio. —Isabel, tuyo es mi honor. Altura no tiene el rio;

Fácil sin riesgo seria descender si quieres.— Sí. Quien solo por ti moria , ¿qué hará viviendo por tí? —Huyamos , paloma mia !

En lúgubre soledad escasos momentos'pasan , cuando el page Hernando entró con ansiedad en la estancia. «Señora»! Ya son perdidos!» esclamó , y á la ventana se asoma , cuando dos ayes

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de esos que parten el alma llegaron hasta la suya , helándole las entrañas. «Piedad , bárbaros , teneos ! Redoblan sus cuchilladas!... Enrique cayó ! Tú ¡ oh noche ! ¿por qué no alumbras su infamia? Y ella también....! por los aires ondea cual móvil ráfaga un blanco tul, que se aploma chascando sobre las aguas! Los han arrojado, ¡ ay triste ! Sepulcro tus ondas claras les serán , Guadalquivir; tus arenas su mortaja! Oh bárbaros asesinos , yo les vengaré!» No acaba , porque sintió de otro acero dividida su garganta.—

La noche siguió serena, las brisas quietas y blandas , con azul puro los cielos , las estrellas esmaltadas , qué poco llora natura cuando los hombres se acaban!

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Solo sensibles murmuran > del Guadalquivir las ramas , que doblegando hacia el rio sus tallos , forman las palmas de dos mártires de amor, víctimas de una venganza?

Febrero.— 1838.