América en fin de siglo : actualidades, sucesos, apreciaciones, semblanzas, datos históricos · Capítulo real 1 de 2
América en fin de siglo : actualidades, sucesos, apreciaciones, semblanzas, datos históricos
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BARCELONA -— 1897
IMPRENTA DE HENRICH Y Ca
4 LOS GOBIERNOS AMERICANOS
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DEDICATORTEA
alo IVMundo, toda mi entusiasta admiración:
mi cariño leal y perdurable, para sus hijos.
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lx encontraba hace tres años en Nueva York, cuando tracé
el plan de este libro que hoy escribo y publico después de largos meses de forzoso descanso intelectual, debido á penosa dolencia ya vencida.
Tal circunstancia influirá para que carezca en el fondo y en la forma de aquellos detalles con los que me había complacido para enriquecerlo; pero á falta del contento y de la tranquilidad física, elementos necesarios para desarrollar las ideas, y más cuando á éstas se les concede alguna transcendental importancia, acumularé toda la poderosa fuerza de voluntad que pueda suplir, en parte, á la deficiencia 6 cansancio de la imaginación.
Quizás esta labor de la mente acusará carácter realista, si por realismo se entiende aquello de retratar personajes, describir sucesos aun latentes, trazar cuadros de costumbres y ocuparse de cosas no diluídas, ni pasadas por el tamiz de los años, ni por el severo fallo de la Historia. Mezclados andarán los idealismos con lo sombrío, lo nebuloso, lo selvá-
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tico de las cóleras populares; las marejadas que dejan huella sangrienta con las suaves manifestaciones del corazón, al par de las maravillas, de las innovaciones progresivas y de los problemas sociales.
En estos desaliñados apuntes, se dibujarán individualidades dignas de ser retratadas por un pincel más hábil y no cansado por la continua transmisión del pensamiento.
Todo en este libro es contemporáneo aunque el presente se enlace también, se eslabone, se identifique con el pasado de los pueblos que guardan ricos y extraños despojos de sus antiguas civilizaciones, la tradición de sus tribus indomables, y lo pintoresco, lo característico, lo erande de sus razas primitivas.
Aquí se encierran los apuntes trazados bajo el influjo de las primeras impresiones, y esto con aquel imparcial criterio, hijo de un espíritu independiente, dado á desentrañar la verdad en los acontecimientos y á poner en relieve cuanto pueda servir para reflejar la Historia, las Costumbres de hoy ó los esplendores de aquellas lejanas tierras paradisíacas, bañadas por las turbulentas aguas de ese Océano que hace poco más de cuatro centurias surcaron las carabelas de recuerdo inmortal, vuiadas por la fe y la ciencia del sublime marino genovés.
Hay en estas hojas muchos deslumbramientos de la mente, apreciaciones hechas al vuelo de la imaginación y sugeridas por la marcha político-social de las naciones americanas en las postrimerías de este siglo décimonoveno, fecundo en remolinos de ideas, en luchas transcendentales y en memorables evoluciones.
Nadie ignora que el último tercio de 1700 fué por extremo borrascoso; que sus postreros fulgores iluminaron los ensangrentados campos de batalla, confundiéndose con las pavorosas llamas de los incendios; nublándose entre el humo de la pólvora, presenciando el valeroso empuje de millares de soldados y las represalias de los vencidos.
“Europa estaba consternada, pero con el arma al brazo dispuesta á defender añejas instituciones amenazadas.
Las naciones se coaligaban y los hombres morían en el combate 6 en el cadalso, con estoicismo espartano. La guerra que había comenzado por la revolución francesa y la guillotina, derrocando y reduciendo á4 escombros el trono secular de San Luis para proclamar los derechos del hombre, tomó en las alboradas del siglo xIx el carácter de invasión y de conquista. Cada pueblo se irguió entonces imponente y agresivo
improvisando ejércitos y elementos, para oponerse al espíritu guerrero y
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dominador que en los últimos años del siglo xv habíase impuesto á la Francia, deslumbrándola primero con la magia de su poderosa acción reorganizadora, después con la gloria y los laureles cosechados en cien batallas, triunfos costosos si se considera que en ellos perdieron la vida más de cuatrocientos mil hombres.
Las ideas que la nación francesa había iniciado entre oleadas de sangre y en memorables tumultuosas Asambleas, donde los ídolos de un momento descendían de la tribuna para subir las gradas del patíbulo insaciable, ejercieron en América señaladísima influencia, puesta en relieve en el primer tercio de este siglo fecundo en heroísmos, época tempestuosa y universalmente revolucionaria. Cuadro hermosísimo de patrióticos esfuerzos, pero á la vez siniestro y aterrador. Aurora de grandiosas convulsiones por la libertad é independencia.
El segundo tercio ha sido un confuso laberinto, en el cual la humanidad se disputaba el placer de exterminarse al rudo choque de principios opuestos, de clases y hasta de razas, bajo el poderoso influjo de ambiciones bastardas y despóticas, 6 á favor de purísimos ideales.
Felizmente, desde hace algunos años, el espíritu progresivo ha cambiado la marcha de las ideas, embelesando con sus maravillosas concepciones, con los esfuerzos sobrehumanos de la inteligencia y con el incesante trabajo de la voluntad.
El vapor y la electricidad rivalizan en sus manifestaciones, y los soberbios torneos de la industria, de la ciencia y del arte, acreditan el movimiento universal de este fin de siglo innovador por excelencia, digno á todas luces de prolijo estudio, siquiera sea para colaborar en los anales que han de servir para las edades futuras.
Con las energías que aun alientan mi ser, procuraré dar cima al plan trazado, consagrando este libro á los amigos que me reservan un puesto predilecto en el altar de los afectos inquebrantables. Los veo, los saludo, los encuentro en cada población del Nuevo Mundo; en palacios ó en cortijos; en quintas pintorescas donde hallaría hospitalidad y descanso cual si á casa propia llegara, en el pobre rancho del indígena cobijado por palmeras y manglares, escondido en la enmarañada selva virgen, ó en las capitales, en las sociedades ataviadas con todos los primores de la civilización, que brindan las galas de cultura refinadísima para regocijo y deleite del espíritu.
En las aldeas donde se disfruta la vida patriarcal, sencilla, llena de encantos, si se tiene en cuenta la fecundidad de aquella naturaleza
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sin par; los paisajes admirables de sus valles, las caprichosas y accidentadas soledades, la grandeza de los volcanes y de los anchos ríos que reflejan en sus aguas los árboles gigantes, las ceibas seculares, las curiosas enredaderas que ligan, abrazan, mezclan variadísimas especies de plantas, con las acacias de flores purpúreas y tonos rosados más suaves, en seductor contraste de las magnolias y níveos jazmines del Cabo.
No en vano habré pasado semanas y meses, abismada en la contemplación de las florestas americanas; no en vano habrá sido uno de mis mayores deleites internarme al paso de mi caballo por el laberinto de los bosques, aspirando las brisas cargadas de inciensos que recogen en el búcaro colosal eternamente lozano y fresco, en el azahar, en las mieles y resinas de las ramas y troncos corpulentos, en el conjunto que emana de las espesuras tropicales.
Prodúceme hondo placer pensar que estas hojas atravesarán los anchos mares y serán recibidas con agasajo y como heraldo de mis pensamientos más íntimos.
Aquí al pie de estas montañas catalanas, ricas de savia y lozanías admirables, rodeada de memorias gratas que en reducido espacio se aglomeran; deteniendo la mirada en las extrañas muestras de civilizaciones antiquísimas, de razas extinguidas cuyo origen han intentado en vano descubrir los historiadores, los arqueólogos y los perseverantes viajeros; contemplando con cariño mil objetos extraños que acusan su origen americano y traen á la memoria los atrevidos viajes por elevadas altiplanicies andinas; aquí donde la naturaleza risueña ayuda forzosamente á la tarea intelectual y proporciona alimento regenerador á la imaginación; en los amenos campos, recreo y orgullo de los barceloneses, donde hay abundancias de perspectivas que embelesan el ánimo, verdes y lozanas colinas, campiñas risueñas, rumores de olas que besan las tranquilas hospitalarias playas, y ocasos con matices y destellos esplendorosos, dominada por tan saludables influjos me instalo en mi despacho y aprovechando del sosiego propio en la vida del campo, doy
comienzo á mi libro.
San Gervasio, 12 de Abril de 1897.
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CAPÍTULO PRIMERO
PINCELADAS. -— MI TERCERA EXCURSIÓN POR AMÉRICA. — PUERTO RICO EN LA ACTUALIDAD. — UNA HISTORIA NOVELA. — CAMPOS Y COSTAS.
ESDE las altas bordas y ancha cubierta del soberbio vapor Rieína Cristina, me despedía yo de Barcelona en el mes de Enero de 1891.
El barco se mecía majestuosamente en las aguas, mirán-
dono en ellas como orgulloso de su porte y construcción: el cielo matizado de celajes rosados y opalinos, el aire un tanto frío y la mansedumbre del mar, auguraban un viaje feliz, dando á la despedida tonos menos tristes, alejando ideas de peligros, y sembrando esperanzas en los corazones de los que abandonábamos tierras europeas llevados por anhelos, ambiciones ó extrañas fantasías de la mente inquieta y amante de lo desconocido. Verdaderamente el trasatlántico español, con la gallardía de su arboladura, con la fuerza de su máquina, con las condiciones singulares que posee, sorbió, devoró las distancias con rapidez increíble, alejándose
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de playas catalanas para fondear horas después en aguas malagueñas, frente á las ruinas del famoso castillo de Gibralfaro, refugio postrero de los moriscos, baluarte tenazmente defendido en aquella homérica lucha de siete siglos, que ha legado á la historia española páginas esmaltadas por hazañas fabulosas y caballerescos poéticos episodios.
Aquella época tiene un sello tan gráfico, tan singularísimo y legendario, que no disminuirá jamás la admiración que inspira por sus arrocancias generosas y temerarias valentías.
De Málaga siguió el vapor su marcha para Cádiz, la graciosa gaviota que se baña en las ondas salobres, saturada por las ricas esencias de los floridos campos andaluces, por los aromas que regalan los jardines de San José y Puerto Real.
Alí, en el puerto gaditano, se embarcaron por entonces los comisionados cubanos que en busca de reformas habían estado en Madrid. Encontrábase entre aquéllos un hombre eminentísimo por su talento, tanto como por su sensatez y cordura: el abogado Rafael Montoro. Él y sus compañeros fueron elocuentes defensores en la cuestión que tanto debía influir en el bienestar y reposo de la productora Antilla.
Á no dudarlo, la distancia es verdadera rémora para gobernar países en los que se chocan diferentes elementos y bullen las ideas, en cerebros caldeados por los fuegos de una zona abrasadora, exasperando las impaciencias y agrandando las dificultades, que toman altura colosal por las tardías soluciones.
Aquel fué un período de transición para la isla de Cuba, y en breve la guerra desastrosa, la lucha enérgica, había de encender apagados rencores, encomendando á las armas el triunfo de los partidos.
El mar se mantuvo apacible hasta Canarias; pero el golfo llamado vulgarmente de las Damas, nos recibió arisco y ensoberbecido, azotando sus crespas y enojadas olas los costados de nuestro palacio flotante, el que venciendo bravezas y luchando con restos de ciclones avistó las costas de Puerto Rico.
Habían pasado diez y ocho años desde nuestra primera visita, tiempo sobrado para que la transformación fuese completa en la pacífica Antilla. El espíritu se regocijaba con esa idea, mientras que el buque, lentamente, se dirigía al fondeadero.
Los grandes progresos que relativamente, en corto espacio de tiempo, se han efectuado en todas las regiones del Nuevo Mundo, han tenido
también en Puerto Rico su campo de acción, por más que no sea en
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toda la magnitud que requieren las necesidades públicas y las tendencias de la época actual. Desde luego la capital ha crecido y ha tomado ventajoso desarrollo, si recordamos la escasísima importancia que se le concedía en los principios de este siglo.
La galana perspectiva que hoy presenta el risueño anfiteatro de la ciudad, al acercarse al puerto, está muy lejos de parecerse al solitario montón de peñascos, al nido roquero, atalaya de aquellas costas, que contaban pocos habitantes, y éstos ajenos á todo lo que tradujese progreso y Civilización.
PAISAJE DE LA COSTA. — Puerto Rico.
El clima, la fertilidad del territorio, la abundancia de productos y principalmente la paz y aislamiento que se disfrutaba en la colonia española, llevaron 4 su seno un elemento benéfico, industrial y laborioso, que rápidamente hizo fructíferos los veneros de riqueza, ignorados hasta entonces.
El eje de la metamorfosis fué poderoso, y más todavía cuando por la Cédula de gracias, tuvo el comercio amplias libertades para ensanchar-el círculo mercantil tan reducido anteriormente.
Afluyó la inmigración, particularmente venezolana. La industria fué
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poco á poco extendiendo su vital importancia, y á la vez el movimiento de importación y exportación se hizo más frecuente y bajo mejores condiciones.
Puerto Rico es país esencialmente agrícola, y hoy por hoy, el azúcar, el café y el tabaco son manantiales de bienestar y de riqueza.
En las calles y plazas de la capital se admiran edificios hermosos de moderna construcción, que forman extraño y curioso contraste con los que, en sitios apartados del centro, se remontan á las primeras épocas del siglo xv, como recuerdo elocuente de la España conquistadora de América.
En cambio, la ciudad nueva ofrece aspecto animado y luce las galanuras de ornato público, revelando muy á las claras el empuje civilizador y las modificaciones ventajosas que la famosa ley del 22 de Marzo de 1873 estableció, libertando 4 34,000 esclavos y haciendo de ellos trabajadores independientes, pero útiles y necesarios para la marcha general de la industria y de la agricultura. :
Página inmortal la de la emancipación de millares de seres y glorioso, grande y bendito el recuerdo de la República española, que se inició con la redentora y humanitaria ley.
Pérdidas—y tal vez de no escasa magnitud —debió de causar la medida benéfica en los propietarios de entonces, que utilizaban en provecho individual el forzoso trabajo impuesto á los siervos africanos; pero la sensatez y la justicia aplaudieron y se regocijaron por el gran paso dado en el camino de la civilización, que hace iguales á todas las razas y rechaza inexplicables preocupaciones.
Por otra parte, esa labor libre ha dado resultados de interés general, y el hombre de color es hoy en toda América el auxiliar importante, trabajador activo, fuerte y vigoroso, y hasta indispensable en determinados climas, funestos para las razas europeas y que en nada afectan al hombre descendiente de las tribus africanas, que bajo la férula de un capataz cruel y vengativo, trabajaba y consumía su vida y su vigor sin otra aspiración, sin otro aliciente que la idea de buscar en los bosques, entre las fieras y en salvaje rebeldía, la libertad deseada y el goce de esa autonomía necesaria para todos los seres de la Creación.
Se le juzgaba entonces con escasa inteligencia, falto á la vez de generosa elevación de sentimientos, de ternura y de sensibilidad, otorgándole en cambio las tendencias más indómitas, ajenas á toda misericordia y á toda satisfacción del deber y de la hidalguía.
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La opinión ha tenido que modificarse ante los hechos. Numerosos ejemplos han demostrado y demuestran que esa raza mal comprendida, tiene todas las virtudes, todas las cualidades y todos los talentos que enaltecen al hombre, como también las magnanimidades heroicas del guerrero y las condiciones morales que caracterizan al ciudadano en las diversas clases de la sociedad.
Y consignadas esas ideas, continuemos en el terreno de apreciaciones en lo que se refiere á los adelantos materiales en Puerto Rico,
CASA DEL AYUNTAMIENTO. — San Juan de Puerto Rico.
Uno de los más notables cuarteles existentes en la América hispana es el de Ballajá 6 Cuartel Nuevo, situado en un espacio de 7,796 metros cuadrados, compuesto de tres pisos y con alojamiento para dos batallones.
Llama la atención como recuerdo primitivo de la conquista La Casa Blanca, pintoresca serie de construcciones que tuvieron por base la vetusta é histórica fortaleza que da su nombre á una de las calles principales paralela á la de San Francisco y que son las dos arterias del movimiento central de la ciudad.
La Intendencia y la Casa del Ayuntamiento, la Dirección de Obras públicas y el Teatro son edificios dignos de mención.
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El bronce de los cañones tomados á los ingleses sirvió para fundir la estatua del conquistador Ponce de León, que presta interés legendario á la plaza de Santiago.
Risueños paseos, asilos y centros de instrucción pública y de recreo social; conventos y templos, entre los que debe mencionarse la Catedral, artístico florón de orden toscano, forman el conjunto de San Juan de Puerto Rico, que disfruta en rientes casas de campo, en Santurce y en Río Piedras, puntos cercanos á la capital, de grato solaz y de los ambientes y perspectivas del mar.
Hay algo en las costumbres puerto- riqueñas que tiene punto de contacto con las andaluzas, y en la intimidad de las familias se traduce más aun la semejanza.
No consiste en la hospitalaria y amable acogida que se dispensa al extranjero, privilegio de que se goza en toda tierra americana, pero sí en la comunidad de ideas, en el trato familiar, en el todo de la vida doméstica.
Evocaremos un episodio que corrobora la opinión consignada.
Pasajero 4 bordo del vapor Reina Cristina, era un chileno que en el último y terrible sacudimiento revolucionario había salido de su patria huyendo del partido vencedor; le acompañaba su mujer, joven y agraciada madrileña, que viajaba por consejo de los médicos para fortalecer el cerebro enfermo y agobiado por recuerdos amargos y por pesares que habían alterado su razón.
La historia de la española era por extremo interesante, era un poema de abnegación filial. Sus primeros años habían corrido risueños y felices; no recordaba la muerte de su padre, porque aconteció estando ella en la cuna; pero la madre amorosísima había duplicado sus ternuras, rodeándola de plácido bienestar. La fortuna era modesta, pero estaba en buenas manos y les producía para vivir bien y sin temores para lo futuro.
Un banquero de intachables antecedentes, de gran crédito y prestigio, cuidaba de sus intereses y se permitía negociar con ellos para aumentar el haber de la huérfana.
Pasaron los años, y cuando Julia llegó á los diez y siete, sintióse
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avasallada por el primer amor. El elegido de su corazón era un chileno que en su ostracismo había dado 4 Madrid la preferencia. Sus rentas no eran cuantiosas, pero podía sin embargo constituir á Julia un porvenir dichoso y desahogado.
No hubo en el cielo de sus amores, ni nubes ni días sin sol, y todo presagiaba una existencia llena de alegrías infinitas, cuando una noticia funesta circuló por Madrid con la rapidez del relámpago.
El banquero había desaparecido llevándose sumas cuantiosas. Durante veinte años, cubierto con el antifaz de la honradez, había adquirido prestigio ilimitado, relacionándose con altos y poderosos personajes y conquistando la confianza de pobres y de ricos; los primeros entregaban su modesto peculio y dormían tranquilos soñando con aumentar aquél, y los segundos arriesgaban en operaciones bursátiles fuertes cantidades, que, depositadas en manos del agente, eran el motor de su fortuna.
Al desaliento moral producido por la ruina inesperada siguió el malestar físico, y por último la madre de Julia cayó enferma de gravedad.
La joven no era pusilánime, ni las privaciones la arredraban, y con entereza hizo frente á la tormenta que la envolvía, sin hacer partícipe á su novio de las crueles angustias y de las incertidumbres que combatían su corazón.
Pero una mañana, al abrir los balcones para que á raudales penetrase el sol y reanimara el abatido espíritu de la enferma, escuchó sorprendida estas palabras:
— Julia, ¿pues qué hora es? No hay luz todavía.
La joven se aterró: su madre deliraba.
— ¿Qué dices? — exclamó: —el sol está hermosísimo.
Un grito desgarrador fué la contestación.
— No, no; imposible: no distingo, no veo nada.
La infeliz estaba ciega. Sus ojos habían llorado tanto al considerar perdido el porvenir de su hija, que estaban débiles, quemados por las lágrimas, y la luz huía de ellos para siempre.
Aquel mismo día y cuando el prometido llegó á la hora de costumbre, encontró á Julia triste, pero serena.
— Nuestro matrimonio — le dijo — es ya un imposible, no me casaré jamás: debo cuidar á mi madre, que está ciega.
— Seremos dos para cumplir. ese deber — respondió noblemente el
joven chileno.
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— Lo comprendo y le creo á usted, pero ¡quién sabe si llegaría un día en que mi pobre madre enferma fuera para usted carga pesada!
— Jamás.
— Sólo son incansables el amor materno 6 el filial: lo he reflexionado y cumpliré mi propósito.
Desde aquel día Julia empleó los restos de su fortuna en médicos y consultas. Recorrió Francia é Inglaterra, y fué á Italia porque en Florencia había un oculista famoso: todo fué inútil y los enormes gastos agotaron los recursos que aun poseía.
La joven no desmayó; era un alma templada para la desgracia; su educación había sido esmerada: cantaba y tenía una voz sonora y bien timbrada; pensó en la escena y puso en práctica la idea.
Brillante como nunca estaba una noche el Teatro Real de Madrid. Se hablaba de una artista de gran mérito, y el público aguardaba con impaciente afán á que se presentase en escena.
Benévolos aplausos saludaron á la gentil cantatriz, los que, al finalizar el primer acto, adquirieron el tono de ruidosa ovación.
El talento era maravilloso; la voz hermosa y bien timbrada; la figura seducía, despertando singular interés. ¿Quién era? Su historia corría de boca en boca; el entusiasmo arreció, y en sucesivas noches fué Julia el ídolo querido y celebrado.
— El arte y el teatro — le dijo el leal chileno, que: encerraba sus esperanzas para mejores días — tienen mil escollos para una mujer hermosa y joven: expuesta á las admiraciones de todos, lo está al par á las pasiones bastardas de los atrevidos.
— No lo crea usted: el teatro es un terreno como todos los demás; la mujer encuentra en sociedad los mismos peligros, idénticas pasiones y no menos extravíos.
— Pero es otro escenario más respetado.
— Si es pura y digna, será tan estimada en el del arte como en aquel de los salones. Hoy el genio se sobrepone á todos.
— Tiene usted razón: la nobleza del talento es superior á la del linaje, y si una mujer guarda su honra en el teatro, no se la confunde con aquellas que olvidan lo que á sí propias deben.
El sacrificio impuesto por el deber y por el cariño no se prolongó, porque la vida de la pobre ciega se extinguió entre el cariño inmenso de la joven y los nobles cuidados del chileno generoso.
Seis meses después llevaba Julia su nombre.
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El rudo combate de aquellos tres años y el pesar profundo que la muerte de su madre producía, habían gastado, aniquilado la naturaleza. A su llegada á San Juan, fué empresa difícil vigorizar el decaído espíritu, á la vez que se combatía la persistente anemia y la extenuación que de aquélla resultaba.
El amor conyugal y la mujer puerto-riqueña hicieron el milagro.
Julia, al calor de aquellos incansables afectos, recobró la juvenil alegría; la mirada de los ojos grandes, negros como la tinta, se animó con la expresión lánguida y amorosa peculiar suya, y sus mejillas pálidas tomaron de las rosas el carmín y la frescura,
PASEO DE LA PRINCESA. — San Juan de Puerto Rico.
Evocado y entreverado ese recuerdo de viaje, volvamos al terreno de apreciaciones sociales.
La política en Puerto Rico no tiene esos períodos latentes, esa efervescencia, base de trastornos en otros países, y, salvo raras excepciones, la paz es inalterable y la vida sosegada y sin revoltosas aspiraciones.
La cuestión monetaria podría haber sido el chispazo eléctrico, el
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barreno, la dinamita que perforase la tranquila superficie, despertando ideas propias para resultados no previstos hasta hoy y ajenos á las especialísimas condiciones características en el pueblo puerto-riqueño, reflexivo de suyo, sensato y refractario á todo lo aventurado é inseguro.
No hay para qué decir que 4 esas juiciosas y típicas cualidades reune la franca hidalguía, la generosa iniciativa inspirada por los nobles deberes sociales, 6 por el corazón entusiasta y benéfico, dispuesto á sacrificarse sin vacilar, rindiendo culto á su lealtad, á su historia Ó á su amor por aquel pedazo de tierra bendita que es su suelo natal.
Por lo general, la inteligencia del puerto-riqueño es viva, despejada y creadora; en la prensa y en la literatura encontraríamos hermosas y palmarias demostraciones de su viril y pensadora imaginación, como periodista de lucha, como obrero incansable en el trabajo civilizador y liberal, así como también en el terreno de la gallardía poética ó en los extensos campos de la ciencia.
Por los rendimientos obtenidos en los últimos años, considerables en dos de los productos, el café y el azúcar, se juzga del vuelo que toman la exportación y agricultura en Puerto Rico: su importancia mercantil es un hecho plausible, y da gozo visitar los departamentos fértiles, pródigos y por demás risueños. El aumento de población en toda la isla ha dado brazos á la industria ¿ incremento sólido á la riqueza territorial y á la pujanza de la naturaleza tropical.
En las llanuras, en los extensos campos, hay cañaverales de envidiable lozanía que la mano laboriosa del hombre convierte en panal riquísimo y productor, elaborado en ingenios perfectamente establecidos y con todos los elementos modernos.
Las capitales de los siete departamentos que componen la isla, están en su mayoría consagrados al comercio de exportación é importación y á la agricultura. Poseen buenos edificios y centros de instrucción pública, bancos, y hermosos lugares para el recreo público, principalmente en Arecibo, Mayagiiez, Nueva Salamanca, antigua cabeza de distrito; Aguadilla, rica en plantaciones de café y dedicada á su cultivo; Ponce, que apenas hace un siglo carecía en absoluto de importancia, pero que hoy es una pintoresca población, animada, activa, trabajadora y que
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tiene su porvenir en la industria azucarera, en el café y en el tabaco; Humacao que obtiene importantes resultados con la exportación de ganado, abundante en sus frescas y verdes praderas y cimiento de su bienestar.
Tales son á grandes rasgos los productos peculiares en aquella porción pintoresca de América, su actual desarrollo y las bases de su riqueza, que poco á poco crece y cobra importancia fructífera, ensanchando más y más sus horizontes, antes tan limitados.
Hoy cuenta con 485,000 habitantes de raza blanca y 329,000 entre mestizos y raza africana.
El camino del progreso está abierto y desbrozado; por él adelanta Puerto Rico sin apresuramientos, pero sin descanso, acumulando fuerzas para que llegue á su mayor altura el edificio que á costa de tantos afanes ha cimentado, dejando para el siglo xx la solución de otros problemas que rematen la obra del trabajo honroso, de la actividad sensata y de las ideas prácticas.
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CUBA. —- NOTAS AMARGAS. — LA GUERRA. — PATRIOTISMOS
N los anales históricos de esta última década de siglo apa- > recerá muy en relieve el cuadro gráfico de las naciones americanas que, después de luchas sin cuento, de anárquicos períodos y de tempestuosas oscilaciones, han eliminado con juiciosa habilidad los errores orgánicos de sus instituciones y los elementos de discordia, rémora para su desarrollo y para la plétora vital que desborda hoy y se manifiesta en grandes empresas, en el conato vigoroso para plantear regeneradoras leyes, en la cultura — no inferior á la de Europa, en determinadas repúblicas — y en el poderoso espíritu que recoge y siembra la semilla que ha brotado en los grandiosos templos de la idea, y que no sólo se naturaliza en el Nuevo Mundo, sino que, obedeciendo á la noble ambición, toma singulares proporciones y sorprende con el peregrino crecimiento que allí adquiere.
Confesemos que únicamente ahora empieza Europa á conocer y á juzgar favorablemente á las naciones que se extienden por el inmenso
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territorio colombino, poblado en particular por la raza europea, y en menor escala por la indígena y la de origen africano. Aquel prodigioso continente ha pasado siglos en completo olvido, tomándolo sólo en cuenta para envidiar sus riquezas ó bajo el punto de vista industrial, muy lejos de pensar en que paso á paso, y sobre todo desde mediados de 1700,
sentía hervir la sangre generosa bajo el dominio de las ambiciones
CAMPO DE MARTE. -- PILA DE LA IÍnDIa. — Habana,
nobles, que prestan el vigor necesario para las grandes sacudidas, creadoras de pueblos y de héroes.
La ignorancia en Europa de las cosas de América, ha sido por extremo censurable, y todavía no se estudian como debieran ser estudiadas para hacer entera justicia 4 esos pueblos ya preponderantes, en virtud de evoluciones lógicas y naturales en la marcha de la humanidad
y de la civilización.
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Ese cuadro maravilloso de transformaciones, resulta una gloria para América; la de haber obtenido en poco más de medio siglo los adelantos y las reformas que en las naciones europeas han costado centurias y centurias conquistar. Pero en el panorama lleno de luz y movimiento, hay una sombra, una nube, un detalle triste, una página de luto y de sangre: Cuba. La rica tierra, la Antilla hermosa y fecunda, es por segunda vez el teatro donde se agitan las pasiones de partido, los odios implacables y la llama voraz de la discordia. Lo más amargo, lo doloroso y tristísimo, es que la destrucción cunde por las provincias, emporio no hace mucho de cuantiosos dones, que el suelo privilegiado concibe y regala.
El desastre es inmenso, de larga y costosa reparación. Algunas de las magníficas fincas que representan crecidos intereses industriales y agricultores, han sido incendiadas, y comarcas enteras que puede afirmarse eran las más florecientes de América, se miran arruinadas y sufriendo todas las consecuencias de una guerra fratricida, sí, puesto que el idioma, las costumbres y el propio origen, hacen á los españoles americanos y á éstos, antes, ahora y siempre, robustos vástagos del tronco secular. Por eso la lucha es insensata, y los esfuerzos titánicos de España, que han dado al mundo la pasmosa evidencia de que mucho puede todavía esta nación cuando el patriotismo lo exige; el contingente de soldados valerosos, sufridos y admirablemente disciplinados; las armas, los vapores, todo un ejército formidable en pie de guerra, tantos elementos reunidos, debían haber sofocado ya el levantamiento, dominado la insurrección, que por su parte no ha carecido ni carece de recursos, ni de hombres esforzados y perseverantes, que también lamentarán los desastres de la prolongada y cruenta lucha.
Por supuesto, las apreciaciones desinteresadas ¿ imparciales que acuden á la mente, están fuera de la órbita de este libro, no menos que el escudriñar las causas, señalar los efectos y hasta prever el resultado de la desastrosa competencia de ideas, aguijón funesto, guadaña que tala los productores campos de Cuba, y corta los lazos que debieran ser inquebrantables entre España y la Gran Antilla, antes centro de prosperidades, llave del comercio marítimo en las tres Américas, punto de escala para ambos grandes Océanos.
Cuba y Puerto Rico, por su situación geográfica, son como dos avanzados centinelas separados entre sí por la república dominicana, y es tal su importancia para los intereses comerciales, que sobre todo Cuba está
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llamada á ser, en lo futuro, el eje poderoso entre Europa y las regiones americanas.
Tal vez si en tiempo oportuno se hubiera llevado al terreno práctico el planteamiento de las reformas proyectadas por Maura, no habría corrido tanta sangre generosa, ni el abismo de males sería cada vez más profundo y peligroso.
Las deseadas liberales soluciones que reclamaban la justicia, el espíritu de la época, la lealtad franca y digna de la nación española, ¿hubieran contenido la revolución apaciguando los ánimos y las susceptibilidades? Es de pensar que así hubiera sucedido y que á los claros destellos de una nueva era, más amplia, más de acuerdo con los principios de fraternidad y conciliación dominantes hoy en todos los pueblos, cubanos y españoles continuarían viviendo en perfecta unidad, como hermanos, hijos de la misma madre, al calor de su hogar y de su bienhechora protección.
Ya en 1894 hubo quien en el Congreso español dió la voz de alerta y pronosticó la probable efervescencia que resultaría en Cuba de no establecerse las reformas sin pérdida de tiempo; el diputado Giberga, en la sesión de 26 de Noviembre.
Anteriormente, en un discurso pronunciado en el teatro de Tacón, el 22 de Febrero de 1892, D. Rafael Montoro, personalidad de elevada importancia en el partido autonomista, hombre de orden, de concordia, dotado de buen sentido político-práctico y de una inteligencia clara y cultivada, expresaba las ideas que reproducimos, porque ellas eran como una advertencia prudente y amistosa, como un consejo para desviar del precipicio:
«Ayer todavía, con reformas modestas y graduales, pudo calmarse la agitación universal de los espíritus. Hoy esas reformas tienen ya que ser más hondas. Mañana, sí, mi voz desapasionada lo advierte á todos, mañana tendrán que ser aún más trascendentales, y acaso lleguen tarde. Estemos ó no para entonces en la vida pública, un grande y formidable clamor las pedirá á nombre del pueblo. No olviden nuestros Gobiernos la célebre parábola de la Sibila de lord Brougham, que enseña á ceder á tiempo, demostrando cuán peligroso es obstinarse en rechazar las justas aspiraciones de la opinión. El país espera y clama todavía, dispuesto á conformarse con reformas razonables. No asuma el Gobierno la responsa-
bilidad de que vaya más lejos. »
AMÉRICA EN FIN DE SIGLO 29
El corazón y los ojos se rinden á la tristeza que causan los sucesos desarrollados desde hace poco más de dos años en la región cubana, empapada en sangre de valientes. Y sin embargo de la dolorosa impresión, siéntese 4 la vez el entusiasmo que inspiran los heroísmos sin cuento en aquel vigoroso campo de acción.
¡Qué serie de rasgos gráficos y sublimes! ¡qué epopeya de abnega-
ciones y qué caudal de sacrificios sin medida en las aras del patrio-
MN her
EsTATUA DE COLÓN. — Cárdenas.
tismo! La historia los recogerá con amorosa solicitud para transmitirlos á las edades futuras más remotas, y marmóreos monumentos inmortalizarán esos episodios que son el broche típico del siglo que finaliza.
La guerra de Cuba ha puesto en relieve, ha sancionado el amor santo hacia la madre tierra con los nobles desprendimientos de esos millares de españoles que en toda la extensión del nuevo continente han creado hace años familia y hogar, y de tal magnitud son los arranques generosos, que representan sumas elevadísimas, cuantiosos donativos, dignos del espíritu patriota y característico en aquellos que apartados
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de la patria, se manifiestan más avaros de su gloria y de su prestigio, aumentando á costa de su propia fortuna, que deben al trabajo, los recursos y la escuadra nacional.
Tan noble y fecundo desprendimiento, merece una página de oro en la historia contemporánea.
El pensador, el que fríamente analiza el pro y el contra de las cosas, se abisma reflexionando en la solución que pueda tener la contienda en Cuba y en el riesgo de su proximidad con los Estados Unidos, con esa república que en poco más de medio siglo ha triplicado su población, que se esparce por un territorio inmenso dentro del que holgarían Francia ¿ Inglaterra, España y Bélgica. Entre Cuba y la Florida, sólo media un brazo de mar.
A la ruina, á la miseria, á la mortandad, á los peligros internacionales, á tal cúmulo de calamidades, hay que añadir un detalle doloroso, cruel y conmovedor: el divorcio de los afectos más puros y grandes: la relajación de los lazos formados por la naturaleza. Tal es el fruto amargo de las discordias civiles. No será ocioso revivir recuerdos por más que puedan entristecer el ánimo; pero ellos robustecen la idea consignada.
En los comienzos del mes de Octubre de 1896 libróse un reñido combate en la provincia de Matanzas, entre una columna de tropas españolas mandadas por el coronel cubano Justiniano Sánchez y fuerzas insurrectas á las órdenes de un general.
Roto el fuego, y generalizado en toda la línea, hicieron ambas huestes enérgicos alardes de valor y esfuerzos poco venturosos para la facción separatista, porque la victoria se declaró por entero en favor de la bandera española. En el campo contrario, entre heridos y muertos, quedó el cadáver del jefe. Era el general de caballería Serafín Sánchez, hermano del coronel vencedor.
En ese choque violento, en esa división sangrienta, ¡cuántos habrán sucumbido ignorados, peleando heroicamente en honor de la patria lejana, en defensa de convicciones arraigadas desde la niñez, y con el nombre de España en los labios!
Menoscabadas han sido también las filas de los separatistas cubanos,
AO AED 2 A E
AMÉRICA EN FIN DE SIGLO 31
y muchos de los que se han lanzado de lleno en la peligrosa carrera de la revolución, han tenido fin prematuro.
Entre ellos hay dos entidades que por sus antecedentes y significación como caudillos, merecen el tributo imparcial que se consagra al talento y al valor.
La tumba tiene el privilegio de aniquilar rencores, modificar los juicios dictados por la saña y apasionamiento político, y unir amigos y enemigos en lo inconmensurable de la eternidad. El primero que fanatizado por una idea consagró á ella todas las fuerzas de su inteligencia, todos los alientos de su vida entera y cuantos afectos pudieran apartarle de su ideal político, fué José Martí, espíritu elevado, poeta originalísimo y brillante, publicista de lucha y hombre que en el estudio había saboreado la filosofía de las ideas y las aspiraciones inmortales.
Su ingenio era sutil, innovador para las letras, pintoresco y esencialmente poético.
Había en los versos del poeta habanero algo misterioso, algo hiperbólico, hondas me-
lancolías, amargas tristezas, con el doble ca-
rácter de varoniles energías y deslumbradoras
inspiraciones. Su palabra era fácil, elocuente,
José Marti
dominadora: seducía y arrastraba; de ahí su poderosa influencia política, su prestigio y su altura en los trabajos de agitador y propagandista.
Habíase educado en España y á eso debió, tal vez, la pureza de su lenguaje, el desarrollo de su ingenio, el realce artístico de sus escritos y el orientalismo en muchas de sus producciones. Diremos más, con orgullo patriótico. Martí, dotado de imaginación impetuosa, acaudalada con los conocimientos que el estudio proporciona, debió beber en las propias fuentes españolas el germen de sus opiniones liberales y reformadoras. ¿Acaso hay en la historia universal otra donde más alto brille el amor á la independencia, que en aquélla de siete siglos, lucha incesante para reconquistar los derechos perdidos y la tierra ocupada por el invasor? La patria de los Comuneros de Castilla y el pueblo de 1808 patentizan el ejemplo más gráfico de amor á la libertad.
José Martí soñó, pensó mucho, escribió, y en la tribuna, en el folleto,
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en la palpitante hoja periodística, ha dejado el rastro luminoso de su genio.
En su temperamento, en su modo de ser y hasta en sus principios sociales y políticos, había semejanza con Andrés Chénier, el desventurado poeta francés, el patriota, que tuvo su Gólgota en la guillotina.
Armonizábase el conjunto físico con el moral: todos los rasgos de la fisonomía acusaban un pensamiento absorbente y único. La región frontal ancha y serena, los ojos rasgados, la mirada profunda, investigadora, al par que suave y revelando las tendencias francas y los sentimientos generosos. Tenía la nariz levemente gruesa, pero de buen corte; el bigote muy poblado acentuando la varonil expresión del rostro oval: el todo de la persona era grato á la vista y de singular atracción.
En Nueva York tuvimos ocasión de conocerle y de juzgarle.
La revolución transformó al tribuno y al poeta en soldado y llamó al agitador á la lucha armada. La muerte siguió de cerca en uno de los primeros combates.
Antonio Maceo ha sido el guerrillero de mayor significación, el más valeroso y audaz de los separatistas cubanos. Con voluntad entera batióse en la primera guerra, y con él su padre y sus hermanos que desde su pueblo natal Guantánamo (Santiago de Cuba) le habían seguido. Combatiendo contra España murieron el padre y seis de sus hijos, y para luchar en la segunda insurrección quedaron José y Antonio. Poco después, de los dos belicosos hermanos no vivía sino el último, que hizo de la provincia de Pinar del Río el foco, el centro más importante de las operaciones.
Sus hombres, reclutados en su mayor parte entre la gente de color, raza que era la propia de Maceo, le obedecían ciegamente, y su ascendiente era omnímodo y dominante por la iniciativa que le caracterizaba.
Antonio Maceo había nacido soldado, eso es indiscutible. Intrepidez, fe en la causa que defendía, prodigiosa actividad y espíritu organizador, eran aptitudes sobresalientes en el jefe mulato. Ya en la primera campaña había alcanzado sus grados hasta llegar á mayor general en 1876.
La paz del Zanjón (10 de Febrero de 1878) no satisfizo al guerrillero, que permaneció hostil y en armas por espacio de algunos meses, hasta
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que conceptuando la resistencia temeraria é inútil, embarcóse para Jamaica y pasó á Honduras, donde bajo la presidencia de Marco Aurelio Soto, alcanzó en el ejército el grado de general.
Era el jefe cubano de escasa cultura, pero tenía perspicacia y sagacidad.
Sirvan como dato histórico, 4 la vez que demostración del estilo peculiar suyo, los párrafos de una carta dirigida á Nueva York, al director de un periódico separatista. Ella fija la época del viaje de Maceo para la Gran Antilla.
«A bordo del «Adirondack».—Alta Mar, Marzo 28 de 1893.—-Sr. Enrique Trujillo, £l Porvenir.
Mi amigo querido: Tres días llevamos de mar con dirección hacia Cuba Libre; tal vez lleguemos el domingo próximo. Somos pocos, pero buenos. Me acompañan José, Flor, Cebresco, Corona, Silverio Sánchez
y un coronel colombiano; el resto es oficialidad de buena clase. (Total 22.)
Nuestros preparativos en Costa Rica llegaron á conocimiento de las autoridades que tenían fuertes exigencias de la diplomacia española, y tuve que poner en juego grandes influencias para evitar que se llevara á cabo la orden del gobierno, precisa y urgente, de internar á todos los complicados y prender á aquellos que estábamos más significados. El cónsul español denunció el grupo que situó Flor, en Limón, * con anticipación á la salida del vapor que nos conduce.
Nos persigue un vapor de guerra español. Hace ocho horas que lo
traemos á la cola. Tal vez nos presente dificultades en las Bahamas.
Diga á D. Emilio Agramonte que su hijo ha querido correr la misma suerte que nosotros; que descuide de él, que va conmigo y lo cuidaré mucho, por el nombre y por lo que en sí propio vale.
Y ya voy en camino de mi patria á servirla, libre del contagio y ambiciones personales, y sólo impediré con energía y resolución las transacciones inútiles con España.
Haga V. lo mismo, pues así deben proceder los buenos y desinteresados patriotas.
Le quiere su—A. Maceo.»
' Puerto Limón, en el mar Caribe. — Costa Rica.
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Nos extendemos en algunos detalles, que más tarde puedan servir para los anales históricos de la isla de Cuba.
Gustábale al rebelde cubano lucir lujoso uniforme: pantalón de dril color crudo; chaqueta de paño azul, llevando las insignias á la americana, en las hombreras; faja con los colores de la bandera adoptada por los revolucionarios, azul, blanca y encarnada, con la estrella solitaria en los entorchados.
ANTONIO MACEO
Es imposible, á raíz de los sucesos, precisar las causas que los promovieron ni despojarlos de la confusión y contradicciones en que naturalmente están envueltos. ¿A qué móviles obedeció Maceo para abandonar la provincia de Pinar del Río, donde ei núcleo de sus fuerzas tenía Campamentos, provistos de todo con abundancia y en situación ventajosa ?
¿Fué pretendiendo dar un golpe decisivo en la provincia de la Habana? ¿Sería, tal vez, en momentos de indecisión para un ejército y
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cuando éste flaquea ó se desalienta? ¿Quiso aprovecharse de la ausencia momentánea del capitán general Weyler?
El audaz y arrojado guerrillero pasó la Trocha de Mariel * sin medir el peligro, agregando á sus fuerzas las partidas que en la provincia de la Habana le aguardaban, esperando mucho de una sorpresa que, bien ejecutada, pudiera dar á la insurrección un triunfo ruidoso y trascendental.
Fuera casualidad propicia para los españoles y adversa para el temerario enemigo, ó conocimiento de sus propósitos y evoluciones, lo cierto es que en el poblado de San Pedro, entre Punta Brava y Marianao, se trabó el reñidísimo combate, en un principio indeciso, sostenido con iguales bríos ¿idéntica porfía por la columna á las órdenes del esforzado comandante Cirujeda y las fuerzas de Antonio Maceo, superiores en número.
Afírmase que hubo momentos supremos en los que españoles y separatistas combatieron cuerpo 4 cuerpo.
El resultado fué infausto para el más temible de los revolucionarios; allí quedó en el campo de batalla herido ó muerto.
En aquella jornada gloriosa para las armas españolas y de importancia suma por la muerte de Maceo ?, el hombre de acción, el brazo que desde el levantamiento de Yara había sostenido sin tregua el estandarte de la rebelión, hay algunas nebulosidades que el tiempo y las investigaciones se encargarán de disipar. El cadáver del jefe filibustero desapareció, se perdió después de reconocido é identificado. ¿Cómo sucedió esto? Hasta hoy es un misterio.
En esa acción de Punta Brava surge un carácter que, apenas comenzado á bosquejarse en vida, adquiere en la muerte su desarrollo moral. El de Francisco Gómez Toro, hijo del Generalísimo Máximo Gómez, personalidad notable de la insurrección.
La abnegación y el valor ni tienen patria ni color político; pertenecen al universo y á la historia.
Aquel joven herido gravemente, intentando salvar á su moribundo amigo y jefe, y suicidándose al ver la inutilidad de sus esfuerzos, y
1 4 de Diciembre 1896. 2 7 de Diciembre de 1896.
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probablemente también para no caer en poder del enemigo, revela el alma de un héroe.
Quede consignado el suceso como uno de aquellos que conmueven las fibras más sensibles del corazón, y en el haz de apuntes históricos, demos
cabida á la carta que el joven insurrecto llevaba en la cartera:
(Hay un sello en seco, que dice: «Ejército libertador de Cuba. — Juartel general de los campos de Cuba, 25 de Septiembre 96»)
«Mi querido Pancho: No hace mucho te escribí. Estoy informado de la verdadera situación de ustedes y las causas que la han motivado.
Ahora pienso cuánto tiempo puede durar la parálisis de ustedes. Indudable que son víctimas de planes torcidos; pero no hay más remedio que perseverar, pues nadie es responsable de los sucesos: ellos vienen solos.
Hace tres días estamos atacando á Cascorro.
Ya tenemos al enemigo bastante quebrantado, y si no le llegan refuerzos, quién sabe si le rendiremos.
Ayer recibí tu carta del 20 de Agosto.
Abraza á César, Miguelito, compañeros y Arteaga.
No puedo ser más extenso. Tocan diana, y monto á caballo.
Tu padre, — Máximo. »
Hombre singular es el Generalísimo de la insurrección armada contra España; haremos de su individualidad un ligero examen.
Máximo Gómez es dominicano, y en la sangrienta y prolongada liza no ha perdido nunca su serena actitud, la firmeza de carácter y la severidad en la disciplina.
Los que personalmente le conocen, aseguran que la inteligencia no es inferior á sus condiciones de soldado y á su hábil táctica militar.
Es de elevada estatura; delgado y erguido á pesar de sus sesenta y siete años; usa barba corrida, bastante canosa y poblada; los ojos son expresivos; la mirada escudriñadora, enérgica y profunda. Su trato es culto y no ajeno á la cortesía, ni á la benevolencia, si bien poco expansivo y escaso de palabras. Intrépido y activo, no perdona medio en la instrucción de sus soldados, pero con táctica singularísima y en un todo diversa á la de nuestros ejércitos.
Tal es, 4 grandes rasgos, la figura de Máximo Gómez.
AMÉRICA EN FIN DE SIGLO db
Hermosos timbres para la historia española son algunos detalles y episodios en esa guerra de Cuba, que dejan campo vastísimo al historiador para lo futuro, cuando más libremente pueda establecer los hechos con todo el brillo de la verdad y con las ventajas inapreciables del eriterio austero, justo y desapasionado.
Nosotros, al admirarlos con legítimo y patriótico orgullo, lamentamos que el campo de acción sea tierra americana, y el combate, de her-
PLAZA DE ARMAS. — Cienfuegos.
manos contra hermanos. Soñamos con un ideal, con un evangelio político; trabajamos en honra y gloria de una idea tan lógica como grande. La unión de España con todos los pueblos hispano-americanos; la mancomunidad de intereses, si así puede expresarse la idea; el diplo- ! ) | FIA . E . . , matico ascendiente sobre nacionalidades que, á pesar de cuanto se propale, sienten por España ineludible afecto y hacen suyas sus glorias y tradiciones. Poco habría que hacer para que esas hijas que honran á la familia, estrechasen sólidamente los lazos, gastados por apática é incomprensible
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marcha política. ¡Ojalá que al entrar este libro en el dominio público, haya cesado en Cuba el ruido atronador é imponente de la fusilería, y que mutuas concesiones allanen el camino para perdurable reconciliación !
Del drama revolucionario, del doloroso antagonismo apuntaremos algo más de lealtades y heroísmos inolvidables, que tienen mucho de legendarios y hasta cierto sabor de la Edad media.
Cimiento de poéticas narraciones, será más tarde la defensa de Cascorro y la resistencia briosa de un puñado de valientes.
El enemigo numeroso sostenía el asedio con tenaz empeño, pensando que al fin, y á despecho de la arrogante actitud de los sitiados, lograría el triunfo.
Máximo Gómez escribió al valeroso comandante de la plaza en estos términos:
«Vuestro valor y vuestra resistencia me inspiran simpatías y respeto. Basta ya. No tenéis el deber de imponeros mayores sacrificios, y rendíos como queráis, que mi palabra os responderá de vuestro honor.
Os habéis colocado más altos que el general Jiménez Castellanos. — General Máximo Gómez. »
Veamos la respuesta:
«He admitido á vuestro parlamentario en la creencia de que, desvanecidas vuestras ilusiones y aprovechando la magnanimidad del Gobierno español, pedíais indulto. En nuestro sacrificio estriba precisamente nuestro deber. Tomad el partido que tengáis por conveniente, porque no nes rendiremos jamás. — Francisco Netla. »
Rechazados nuevos parlamentarios, continuó el sitio y la obstinada defensa. Otra vez intimó Máximo Gómez la rendición: una mujer fué la portadora de la carta.
«Vuestra temeraria actitud, que prolonga vuestro sacrificio, indica desconocimiento de las circunstancias.
Respetando mi palabra de hacer llegar al general Castellanos una carta de V. pidiéndole auxilio, queda demostrada mi actitud, basada en los deseos de evitar mayor derramamiento de sangre.
Envíeme la carta, y yo le enviaré el recibo de ella firmado por Castellanos. »
«No necesito auxilios de nadie —contestó el pundonoroso militar, — y mentiría si los pidiera. Le advierto que recibiré á tiros al que se aproxime. Evíteme V. la necesidad de matar mujeres. — Neila.»
AMÉRICA EN FIN DE SIGLO 39
El rasgo de un soldado completó tan heroicos propósitos.
De una casa cercana al fuerte hacían nutrido fuego los sitiadores, y era indispensable destruirla. Uno de los soldados ofreció ir solo hasta la casa é incendiarla, con la condición de ser amarrado con una cuerda á la cintura para que desde el fuerte recogieran su cadáver si moría.
Así se hizo, y el bizarro español se arrastró con una estopa impregnada de petróleo, y regresó al fuerte sano y salvo, después de conseguido su arriesgado plan.
Generalmente no es ajena la mujer á los grandes sacrificios patrióticos, ni á las convulsiones sociales, y con espíritu resuelto y alma varonil toma parte en las turbulencias nacionales, muy particularmente cuando están en juego los sublimes afectos del corazón.
Cerca de San Nicolás, y muy de madrugada, sorprendieron los españoles la partida del coronel Agromonte, que después de un ligero combate, trató de emprender la retirada, á no habérselo impedido la animosa consorte del jefe de las fuerzas, que tomando en mano la bandera cubana, se lanzó hasta el centro de las filas españolas, cayendo allí mortalmente herida. Entonces recrudeció la lucha, disputándose encarnizadamente el cadáver de la heroína, rescatado finalmente por los separatistas.
No menos heroica es la figura de D.* María Luisa Raya de Pando, que sin parar mientes en los riesgos que se acumulan en la vida de campamento, sin temor á los rigores del clima, desafiando serena los candentes rayos del sol de América, las lluvias torrenciales y las balas, ha sido compañera inseparable de su marido, capitán en el batallón de Wad Ras, consagrándose la valerosa española con ardiente caridad y Consoladora abnegación al cuidado de los heridos en cada combate.
Esos gráficos y hermosos detalles han dado mayor vuelo á la fantasía, haciendo demasiado extenso este capítulo, que no cerraremos sin dedicar un espacio al bizarro valenciano, vencedor en el poblado de San Pedro.
La carrera militar de D. Francisco Cirujeda empezó en la llamada á quintas del año 1873; á ella fué deudor el licenciado en Farmacia, de su alistamiento en el ejército. En la campaña del Norte recibió su bautismo de sangre, y su buena suerte ó la casualidad, le colocaron de secretario al lado del general Martínez Campos.
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Su viril energía y sus dotes de soldado manifestáronse en el asalto de Cantavieja, que los carlistas defendían. Tres tentativas habían sido infructuosas cuando Cirujeda se ofreció voluntariamente á dirigir el escalamiento.
Aun dos veces retrocedieron, no desalentados, sino por resultar las escalas muy cortas, y á la tercera el éxito brillante coronó la empresa arriesgadísima. Aquél fué el primer lauro conquistado en el campo del honor, donde cayó gravemente herido.
No restablecido aún, corrió á unirse con el general Martínez Campos y á participar de sus peligros en el asalto de la Seo de Urgel, sin darse
punto de reposo durante la campaña contra las
huestes carlistas.
Ya en la primera revolución cubana se distinguió por la bravura y la serenidad en el peligro, privilegio del soldado español; más tarde estuvo en Filipinas, y al renovarse la cruenta lucha en la Gran Antilla, intentó acompañar al general Martínez Campos.
— Tiene usted doce hijos y las balas no respetan, Cirujeda.
—Mi general —repuso el valiente comandante — la patria es mi hijo predilecto: por ella debo derramar hasta la última gota de mi sangre.
La insistencia no alcanzó resultado,
hasta que el general D. Valeriano Weyler
ñ Sa
Coronel Francisco CIRUJEDA
fué nombrado director de las operaciones y capitán general de la isla de Cuba.
Con el batallón de Arapiles marchó Cirujeda y nuevos timbres gloriosos dieron realce á la sin tacha hoja de servicios. Estaba en el batallón de San Quintín, cuando en el poblado de San Pedro dió con las fuerzas enemigas, mandadas por el guerrillero Antonio Maceo.
Batiéndose denodadamente, ganó el comandante Cirujeda en aquel día su grado de coronel, siéndole propicia para su justa fama la muerte del general revolucionario, así como lo fué para España, pues que tal acontecimiento desconcertaba por entonces los planes de los insu-
rrectos. La resistencia tenaz, la perseverante situación anormal de la feraz
AS A AAA ASA As A A a £ > Ss AN AS A NS ti Di A A A AS Se
AMÉRICA EN FIN DE SIGLO 41
isla de Cuba, trae consigo inevitables perturbaciones en el orden político, social y general.
Quisiéramos ver extinguidos los rayos siniestros de la guerra, que en la época actual no pueden servir para desarraigar ideas, y sí únicamente para detener el curso natural del progreso y poner trabas á la marcha civilizadora.
Las doctrinas del siglo xIx no son, no pueden ser las de los siglos XV y XVI. España, la nación que llevó su poderío hasta no ponerse el sol en sus dominios, la que registra en su historia páginas sin rival, podría aumentar una, la más grandiosa y brillante.
La solución de los problemas no debe encomendarse á la suerte de las armas, ni buscarla en el derecho de la fuerza. Hay algo más grande é inmortal que los trofeos adquiridos en el campo de batalla; la sangre derramada sólo da por resultado lagunas de hiel, abismos de aborrecimiento, rencores que subsisten de generación en generación.
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*Foraddag v1 Ad A4LNIdISABJ 1941 VIÓNACOISAN — *y
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CAPÍTULO 1H
LA ISLA DE KEY WEST. —EL HÚNGARO FARENGA RENYI.——LOS ESTADOS
UNIDOS DEL NORTE. — COSTUMBRES. — EL NIÁGARA
EY West ? situada al Sudeste del estado norte-americano de | . . +. , . la Florida, es hoy importantísimo lugar estratégico por su
í proximidad con las costas de Cuba, y porque Cavo Hueso 1 y porq y ,
: Ciudad la más importante de la isla, sirve de refugio y á la vez de centro conspirador á los emigrados cubanos.
En corto espacio de tiempo ha salido de su insienificancia material, merced á su situación geográfica, á la cercanía con Tampa y al comercio de tabaco, que hoy constituye una industria de gran producto: con decir que en 1870 tenía 5,000 habitantes y hoy cuenta 25,000, se demostrará su rápido crecimiento. Observaremos que si las fábricas de tabaco son en su mayoría de propiedad norteamericana, hay en la isla de 16 á 20,000 cubanos empleados en ellas.
Por los años de 1892 4 93 conocimos en viaje de Cayo Hueso á Nueva
* Llave del Oeste, según los americanos, ó corrupción del nombre español Cayo Hueso,
44 BARONESA DE WILSON
York, á uno de los más fervientes propagandistas de los principios que han sido origen de la sublevación en la Gran Antilla.
Era hombre de edad mediana, de aspecto grave, de carácter retraído y triste, como si en el corazón guardase amarguras infinitas y en la mente memorias imborrables de misteriosa catástrofe. ¿Cómo se operó el milagro de inspirarle confianza y hacerle comunicativo?
No lo sabemos: alguna palabra dicha ó idea emitida que estuviera de acuerdo con sus íntimas convicciones: creemos que se habló de la revolución francesa, de las instituciones monárquicas, de las leyes sociales, del infortunio de algunos pueblos, y por último de Polonia, de esa grande é inconcebible injusticia.
Parecía que nuestro compañero de viaje se hubiera transformado. Desde aquel instante no fueron sus ideas un secreto para nosotros: obedecían á un juramento sagrado hecho en Hungría en un lugarejo cercano á Villagos. De eso hacía veinte años. Su madre agonizante habíale referido una feroz tragedia, horrible, espantosa, engendrada en la guerra. y que tenía su epílogo en una casa de locos de Viena.
Entonces pudo explicarse su mísera y triste infancia y el pesar eternamente impreso en el semblante de su madre: entonces comprendió por qué no había conocido á su padre, y de su corazón subió á los labios un juramento de venganza y de exterminio, que fué estéril porque Hungría se había reconciliado con el Austria, después de las sabias reformas concedidas por el emperador Francisco José I. Los húngaros disfrutaban de una autonomía extensa rayando en la independencia, con su Dieta, dividida en dos cámaras, y sus diputados representantes de los madgyars, en los congresos austriacos. El país prosperaba, vivía tranquilo y gozaba de aquellas ventajas que tanta sangre le había costado conquistar y que al fin consiguiera, porque el emperador, hábil diplomático, había preferido hacer concesiones para terminar la lucha á mano armada.
El madgyar emigró 4 Cuba, donde se había unido á los insurrectos en la primera campaña, como en recuerdo del pobre loco que se extinguía en Viena.
Aquel fragmento de la última revolución húngara merece ser conocido.
ARRE
AMÉRICA EN FIN DE SIGLO 45
Polonia, Irlanda y Hungría son prueba irrecusable de las grandes injusticias políticas y de que la suerte no siempre favorece á las nobles inspiraciones.
No hay tampoco nada más cierto que la tiranía del pueblo vencedor sobre el vencido, y esto, por suave que parezca el yugo, fomenta odios intensos, dibuja planes de venganza más ó menos próxima y es un hervidero de vehementísimos deseos, todos encaminados 4 sacudir la cadena dominadora y recobrar libres albedríos é independencias políticas y patrióticas.
El pensamiento crece, se agranda de día en día, toma vuelo, se extiende, y como la idea de libertad es halagadora, inflama fácilmente los corazones, crea recursos, cautiva á las masas y encuentra caudillos ansiosos de ganar el asiento inmortal, que allá en el templo de la gloria está reservado á los redentores.
En esas tentativas de emancipación en las epopeyas heroicas y caballerescas, descuellan caracteres que enaltecen 4 todo un pueblo y lo representan con viriles energías y exuberante vitalidad.
A este número pertenecen el mártir húngaro Farenca Renyi y su madre, modelo de mujeres varoniles y de almas grandes y enteras.
Había vuelto á encenderse la guerra civil: el dominio austriaco pesaba más que nunca sobre Hungría, y el pueblo lo soportaba, pero protestando y prometiéndose hacer el último esfuerzo para conseguir el triunfo.
La raza valerosísima no vaciló, y aun cuando con escasez de recursos, se alzaron con valor y obstinación, sin parar mientes en dificultades ni peligros.
Al expirar el año de 1848 y en las auroras del 49, manteníase indecisa la fortuna: los combatientes eran sucesivamente vencidos ó vencedores, y ni austriacos ni húngaros estaban dispuestos á ceder.
Centuplicaba las fuerzas de los patriotas la aspiración de autonomía, el legítimo y sagrado empeño de triunfar y la esperanza de que la suerte favoreciese sus armas, y hubo momentos en que el cetro de la soberanía estuvo ya en manos de los madgyares.
46 BARONESA DE WILSON
Pero sobrevinieron antagonismos absurdos; rivalidades que al sobreponerse al patriotismo, hicieron estériles las victorias, acarreando consecuencias desastrosas y derrotas consecutivas.
Rusia y su intervención aceleraron el desastre, y después de la jornada funesta de Villagos, volvió Hungría á ser esclava.
Aun peleaban unos pocos; aun se resistían, prefiriendo la muerte 4 la ignominia. Un puñado de hombres denodados hacía frente á todo un regimiento de veteranos enemigos. Los cadáveres sembraban el campo.
— Rendíos — gritaban los austriacos.
— Jamás: antes la muerte.
Y murieron uno tras de otro, al grito de «Viva Hungría ».
El espectáculo era tan sublime como aterrador.
— Rendíos—repiten los veteranos, hartos de sangre y admirados por el estoico valor de sus adversarios.
— Nunca.
Y continúan batiéndose sobre el cuerpo de sus compañeros, muriendo por la patria que no podían regenerar.
Uno solo quedó vivo y cayó prisionero, no sin combatir como un león.
Los soldados le condujeron á la presencia del sanguinario general Haynau, que durante la guerra había manchado su nombre con crueldades infinitas, con ejecuciones é incendios que le hicieron tan odioso como temido.
La cólera le ofuscaba cuando el joven madgyar llegó á su presencia. La obstinación de aquel puñado de valientes que horas y horas había tenido en jaque á sus soldados, le hacía temblar de ira.
— Dentro de poco tiempo te fusilarán — dijo — 4 no ser que hagas revelaciones importantes.
— ¿Me exigís que venda 4 mis compañeros? — preguntó con altivez el patriota.
— Sí: quiero saber sus planes, pues que vencidos se atreven todavía á resistir.
El prisionero no contestó.
— Habla.
El madgyar permaneció mudo y erguido.
Una pregunta del general hecha en voz baja y contestada por un ayu-
dante, hizo sonreir 4 Haynau satánicamente.
AMÉRICA EN FIN DE SIGLO 47
Había sabido que el preso se llamaba Farenga Renyi y que su madre vivía en las cercanías.
— Llevadlo — dijo el general, —no le perdáis de vista. Yo haré que hable.
Había pensado en una escena monstruosa. )
Media hora después llamó de nuevo al prisionero. Allí, y delante del general, había una mujer maniatada y llorosa.
Farenga lanzó una exclamación de angustia, y su madre, pues era ella, respondió con un gemido de dolor.
— Quiero saber lo que piensan tus compañeros, los rebeldes, los insensatos: quiero que digas dónde se ocultan. j
— Matadme, pero no conseguiréis hacerme traidor.
— Sentencias á tu madre; morirá fusilada.
Renyi calló, pero sus ojos se bañaron en lágrimas.
— Te prohibo que hables — exclamó la anciana con enérgico acento.
El general lanzó una imprecación.
— Cumple con tu deber — prosiguió la animosa y noble madre. —No te ocupes de mí: años más ó años menos, me quedan pocos de vida. Si haces traición á los tuyos, me deshonras y te infamas.
Farenga Renyi clavó los ojos en su madre y se mantuvo silencioso.
— ¿Hablas ó muere?
— No temblaré, perverso; el hijo de mi alma obedecerá mi mandato.
— Por última vez te lo mando: habla.
El prisionero levantó la cabeza y miró al general con altivez,
Haynau hizo una seña.
Sonó una nutrida detonación: la heroica húngara cayó acribillada de balazos.
Farenca Renyi, ante aquella prueba espantosa, quiso lanzarse sobre el general; sus gritos y sus ademanes hicieron comprender se había PON olaa rc a ae dy e IRA
Entremos de lleno en los Estados Unidos, en donde todo difiere de las naciones pertenecientes á la raza latina. Idioma, costumbres, carácter,
48 BARONESA DE WILSON
cultura, teorías, afectos y en suma cuanto constituye el modo de ser de una nación.
El crecimiento vertiginoso, la empresa palpitante, el negocio que absorbe, domina, tiraniza y oprime con mano de hierro hasta el corazón, sujetándolo al poder del espíritu positivista, es el soberano absoluto en aquel mundo de sesenta y cinco millones de habitantes.
La embriaguez de la ganancia y la sed de adquirir fortuna, están incrustadas en el organismo de los americanos y de ahí su prodigiosa actividad digna de elogio, y el maceramiento de la imaginación para allanar imposibles y sorprender con innovaciones cotidianas.
La estación más bella en la patria de Washington suele ser el otoño, que se prolonga hasta mediados de Diciembre. Pero en nuestro último viaje nos abandonaron en Tampa las tibias y amorosas brisas que nosacompañaban desde la galana Antilla, escondida entre palmares gigantescos y cubierta con el manto de eterna primavera.
El cielo, que pocas horas antes se mostraba azul y ri-
sueño, empañóse
Estación DEL FERROCARRIL DE PENSILVANIA. — Filadelfia.
con celajes blanquecinos, cenicientos y aplomados además de la neblina que fué nuestra fiel compañera hasta Nueva York, la metrópoli americana que vitaliza en su vasto espacio á 1.800,000 habitantes, y si contamos las poblaciones situadas en la misma isla de Manhattam, darán á Nueva York un total de 3.100,000 habitantes. Allí está á la entrada de la pintoresca bahía la gigante estatua de la Libertad iluminando al mundo, que en 1885 regaló el gobierno francés á la república del Norte-América.
En Enero de 1898 se hará efectiva la constitución votada en Albany hace pocos meses, por la cual «La gran Nueva York» («Greater New
AMÉRICA EN FIN DE SIGLO 49
York») será la segunda capital del universo. Ella abarcará una mitad del Estado de Nueva York, dividido en cinco horoughs, vastos distritos denominados Manhattam, ó sea la Nueva York actual, Kings, hoy Brooklyn, Queens, comprendiendo las ciudades y villas de Long Island, Flushing, Jamaica, etc., y Richmond, que abarca la eraciosa isla de Staten, donde se clavan, verdes y coquetones, un montón de pueblecillos.
En el radio colosal, se prolongará el ferrocarril elevado; los tranvías tendrán un trayecto de 1,200 millas de largo; las calles 3,000 de longitud con 130,000 casas de vecinos, 37,000 hermosas tiendas, 1,100 1glesias, 1,125 hoteles, 350 escuelas públicas, componiendo un todo de 3.100,000 habitantes, mezcla extraña de todas las razas, de todos los pueblos más remotos, y que pertenecen á diversas sectas.
La electricidad y el vapor proseguirán su ya comenzada obra, en caprichosas redes telegráficas, en maquinarias ferroviarias y en aparatos de nueva caprichosa invención.
«El gobierno lo regirá un alcalde y una asamblea municipal elegida por el pueblo y compuesta de dos Cámaras.
«Esta Babilonia moderna, dirigida por un hombre tan sólo, espantaría á cualquiera cuya sangre bullera con más grados de fuego que la del cráneo del alcalde del Greater New York, el cual, eomo apocalíptico ingeniero de una gigantesca máquina, atenderá tan sólo en las doce horas del día, el movimiento atronador de tanta rueda y tanto émbolo, y bajo su vista omnipotente cuidará del servicio de policía y bomberos, de la higiene, de la instrucción pública, del ornato público, de la economía, y en todo y bajo todo irá su firma como mandato de este nuevo monstruo de actividad, moderno director de un pueblo donde bullen los vicios de todas las razas y las virtudes de todos los pueblos» ?.
¿No podría juzgarse como cuento fantástico 6 invención inverosímil?
Recorriendo esta notable porción del Nuevo mundo, observaría el viajero pensador curiosos contrastes, no sólo en las costumbres, sino en la civilización, en la forma que revisten el progreso, la instrucción pública, las instituciones todas y, por último, en la vida en general y en particular, hasta en los pormenores más insignificantes. Sorprenden las singulares condiciones de ese gran pueblo que se envanece con su prestigio, su importancia y sus principios.
Un rasgo para pintar gráficamente al norteamericano. Se ha genera-
2 Párrafo de una circular del Sr. G. Rosean, dirigida á la prensa.
DO BARONESA DE WILSON
lizado en la gran república el uso del llamado gas del paraíso, ó sea oxÍgeno compuesto, el que si tomado con moderación, produce divino éxtasis, aumentada la dosis de las inhalaciones, arrebata el juicio y hasta la vida.
Tratábase de los efectos causados por el poderoso anestésico y discutíase la idea de prohibirlo en absoluto.
— ¿Por qué? —
exclamó un gran inCÁMARA DE DipuraDos. — Washington. ventor mecánico.— Es un recurso admirable. Nosotros los americanos amamos la libertad en todas sus manifestaciones, y cada individuo debe gozar de ella y usar de su derecho en el terreno que más le cuadre. Desea la muerte y busca el paso para la eternidad con el gas del paraíso, en medio de sueños deliciosos que le produce ese útil descubrimiento, pues debemos aplaudir la innovación de fin de siglo. Precisamente en los momentos dedicados á escribir este libro, preocúpanse los ánimos y exáltanse las pasiones, por la actitud que han tomado los Estados Unidos del Norte-América en
la cuestión cubana.
CÁMARA DE SENADORES. — Washington.
Que es un pueblo absorbentepor principios, nadie lo ignora; Tejas y la Florida son elocuente demostración: que allí todo asume carácter positivista, es indiscutible, así como tam-
bién que, dada la extensión gigantesca del territorio y las proporciones
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AMÉRICA EN FIN DE SIGLO 51
que la riqueza y la población han alcanzado: en pocos años, juzgue el norteamericano, al que generalmente se le da el nombre de yankee *, que todos los demás pueblos son pigmeos y que el suyo en América puede y debe sin obstáculos ser el árbitro en determinadas circunstancias.
Sin embargo, en aquel famoso VII Mensaje, debido á la perspicacia y al talento de un ministro notable, John Q. Adams, se leen estas palabras: «No hemos intervenido nunca en las colonias ó independencias ya existentes de las potencias europeas, y no intervendremos. Pero en cuanto á los Gobiernos que han obtenido su independencia, independencia que nosotros hemos reconocido, miraremos cualquier ingerencia de no importa cuál polencia europea, como una disposición poco amigable hacia los Estados Unidos. »
Es verdaderamente incuestionable que aquellas doctrinas de Monroe no encierran la trascendental idea que hoy, por convenir así á los intereses políticos norteamericanos, se les concede.
IV.
El hombre que desde el 4 de Marzo de 1897 ha llenado la difícil misión de gobernar la república de los Estados Unidos, fué soldado y se batió en la campaña del Norte con el Sur, donde en los combates de Opognan, Fisher's Gill y Cedar Creek, ganó el benemérito grado de Jefe de batallón, otorgado por el presidente Lincoln á la pericia y valor de William Mac-Kinley, que libre del servicio militar, dedicóse al estudio, y ya graduado en leyes y establecido en Cantón, Estado de Ohío, hizo valer en las Cámaras sus principios republicanos como diputado, declarándose abiertamente defensor del proteccionismo, fijando la atención pública en él, con las célebres tarifas arancelarias que llevan su nombre.
Una mayoría de 21,511 votos lo aclamó en 1891 gobernador del Estado de Ohio. La Convención republicana de San Luis (Missouri) proclamó la candidatura de Mac-Kinley para la presidencia de la república, triunfando en la elección, á pesar de la popularidad de su competidor Williams Jennings Bryan, uno de los hombres más peligrosos, tanto por sus elevadas aptitudes políticas como por ser representante genuino de las masas, demócrata avanzado y radicalísimo en principios. Por tales antecedentes ha sido la elección de Mac-Kinley más ruidosa y significativa.
1 Enlos Estados Unidos sólo se dice yankee á los naturales de Nueva Inglaterra.
52 BARONESA DE WILSON
Daremos una idea general del estado de esa nación en la actualidad, señalando algunas de sus capitales más importantes y que demuestren su crecimiento gigantesco.
En los Estados Unidos, donde las artes están todavía en mantillas, puede asegurarse que Washington es la ciudad más artística, admirablemente trazada, vestida con lujosos edificios y asiento del Gobierno y cuerpo diplomático. El palacio más hermoso y vastísimo es el Capitolio, que ha costado 15 millones de dollars. Las anchas calles de Washington rectas y sombreadas por árboles, los bien cultivados jardines tienen algo de majestuoso, de soberbio, que seduce y admira. Tiene 230,392 habitantes.
Filadelfia cuenta 1.046,964 habitantes. La ciudad es por extremo bonita y alegre, de gran actividad comercial, así como adelantadísima
en lo que atañe á
construcciones maTITAD ritimas. Dos de los centrosmásricos, prós-
peros y monumen-
Sel:
AAA talesson Baltimore
y Boston, la Atenas norteamericana; el
eje de los grandes
empresarios; la EL CarrtoLIO (frente Oriente). — Washington. fuerza motriz DE canales, vapores, líneas férreas y toda gran empresa que necesite cuantiosos capitales. La cultura es exquisita y verdaderamente es el Ateneo de los sabios y de las mujeres ilustradas.
Cincinnati es también ciudad de importancia, industriosa y rica. Chicago es ya más conocida por haberse celebrado en ella el gran torneo de la industria en 1893, que oportunamente dedicaron los norteamericanos á glorificar la memoria del navegante excelso descubridor de América, esto sea dicho de paso y mal que les pese á los noruegos, que pretenden haber sido los primeros señores de aquellos mares. Curiosa pretensión que, de ser cierta, no habría producido resultados prácticos, puesto que los navegantes guardaron el más incalificable y profundo secreto.
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AMÉRICA EN FIN DE SIGLO D3
Chicago ha llegado á tener, en pocos años, fabulosa importancia, debida en mucho á la excepcional y ventajosa situación que le tocó en lote. En donde hoy se levanta la orgullosa ciudad, existía en 1833 únicamente un fuerte frontera ó barricada para contener á los indios. En 1837 contaba 4,170 habitantes, extendiéndose en una superficie de once millas cuadradas, que ahora son 182. ¡Qué prodigioso y rápido desarrollo, más admirable cuanto que ha sido luchando con inconvenientes de todas clases, con incendios desastrosos, que tal calificativo merece el de 1871, que prolongado más de dos días acarreó pérdidas de 8.000,000 de dollars! La ciudad surgió de entre los escombros grande, poderosa y cuajada de soberbios edificios. Desde 1876 se han construído 57,000, que representan un valor de 250.000,000 de dollars.
En aquella población se ha echado el resto para hermosearla: sus parques no tienen rival, sus paseos presentan primores, y sus alamedas encantan y cautivan la mirada. Crece la admiración al considerar el colosal desarrollo comercial, el que sólo
con el tráfico de
ganado da un resultado de 250 á 300.000,000 de dollars. En sus grandes fábricas encuentran trabajo diario 175,000 á 178,000 obreros.
No podría describirse ni juzgarse el movimiento de las calles á no
EL CariroLio. — Washington.
verlo: allí se observa que todos corren, y en esto el parecido es exacto con Nueva York. Todos se apresuran en distintas direcciones, sin que les importe un bledo empujar rudamente al inoportuno que se opone á su paso: el asunto, para ellos, es no perder tiempo. Los escaparates de las espaciosas tiendas deslumbran, y el conjunto es más bien práctico que artístico, condición propia del pueblo americano. En los Estados Unidos todo es business (negocio), y tiende en absoluto á utilizar para el trabajo el vigor y la actividad, mientras que la inteligencia crea y dirige.
Difícilmente se encuentra gente ociosa, como pulula en París,
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Madrid, Roma y otros grandes centros europeos. Con una pequeñez útil que toma incremento sorprendente, se forman grandes capitales y con frecuencia se observan ejemplos de ese espíritu creador y perseverante; el norte-americano posee dos condiciones notables: tenacidad 4 toda prueba y culto por el trabajo.
Hemos estudiado y profundizado en las costumbres y condiciones de la república durante largas estancias en su suelo; hemos leído juicios exagerados, unos demasiado halagadores y otros ofensivos para ese pueblo singular formado con el contingente de todas las naciones.
Volviendo á Chicago, añadiré que no sólo es la segunda ciudad norteamericana, sino también uno de los centros más importantes en ferrocarriles. Allí se cuentan 27 líneas, trenes numerosos que aumentan el movimiento indescribible de la ciudad, donde se agitan 1.098,500 habitantes.
No escasean suntuosos edificios, algunos tan elevados que no sin esfuerzo se contempla su altura, hasta la cual conducen los cómodos ASCENSOTES.
Como en Nueva York, hay en Chicago gran número de teatros y clubs, muy frecuentados en la noche, sin que haya en esas reuniones la animación natural en las de su índole en Europa, ni la expansión que aquí se observa entre amigos y compañeros. La seriedad es de reglamento, y para nada salen á relucir las chispas eléctricas, hijas del ingenio, y que son la sal y pimienta de la conversación. Uno de los grandes atractivos de Chicago es el lago Michigan y los parques Washington, Jackson y Lincoln.
La capital del Tllinois tiene 341 academias, 3 universidades, 786 escuelas, 25 hospitales, 34 asilos, 317 iglesias, 46 clubs y 687 sociedades literarias. Comercialmente hablando, las transacciones de bolsa pasan de 86.677,157 dollars.
Al perder de vista á Chicago, se abarca, desde las ventanillas de un car palace, las valiosas haciendas, los productores campos, los despejados horizontes que parecen un foco de luz sobre aquella extensión inmensa.
El desarrollo de la ciudad trae á la memoria la curiosa anécdota de un comisionado americano con el jefe de una tribu india. Había llegado aquél á conferenciar con los indígenas y á imponerles condiciones sobre territorios conquistados, esforzándose en encarnar su opinión en el
ánimo del indio.
AMÉRICA EN FIN DE SIGLO DD
—Siéntate aquí—le dijo al intruso europeo el hijo de las selvas, señalándole el tronco de un árbol.
Ambos continuaron la conversación comenzada, pero observando el blanco que el indio invadía su terreno desalojándolo poco á poco del asiento, preguntó:
—¿Qué haces? ¿no ves que ya no me dejas lugar donde sentarme?
—Esto es lo que nos enseñan los blancos y lo que hacen con nosotros; adueñarse de aquello que nos pertenece.
Amarga, pero justa y hábil respuesta.
El tren vuela atestado de viajeros, muchos para Nueva York, otros para los Estados intermedios: líneas y líneas se cruzan en todas direcciones; locomotoras que pasan como el relámpago con un ruido infernal y que impiden durante toda la noche conciliar un sueño tranquilo y reparador. ¡Qué velocidad! Pueblos, campos, ríos, ciudades, todo desaparece con vertiginosa rapidez, sin dar tiempo á los ojos para descansar un momento y recrearse con los magníficos risueños paisajes que se renuevan sin cesar.
Es evidente y sería un absurdo no confesar que en diversos ramos de industria están avanzadísimos los Estados Unidos, cosa imposible de juzgar por aquellos que se concretan á pasar unos días en Nueva York, la colosal arteria de aquel gigante. Para formar juicio acertado, se necesita recorrer desde la comercial Nueva Orleans, primer mercado del Universo para el tráfico algodonero, hasta California, oasis perdurablemente cubierto de flores y alfombrado por el más rico tapiz de esmeraldas que pueda forjarse la imaginación: edén acariciado por perpetuas brisas primaverales; comarca prodigiosa en todo, y que por sí sola es joya de gran valor en la nación americana.
Yo no he visto nada que pueda compararse con el panorama que presenta el Estado de California, sobre todo cuando el tren se acerca á la sultana del Oeste, distante de Nueva York 2,600 millas, y esto después de un trayecto variadísimo, lleno de contrastes, por desiertos áridos é infecundos como el de Sahara, ó por regiones que guardan en sus entrañas incomensurables riquezas. Cruza veloz la locomotora pueblos que por su aspecto y costumbres difieren en un todo de cuanto se haya cono-
6 BARONESA DE WILSON
cido, como, por ejemplo, el singular país de los Mormones, nueva Turquía incrustada en la libre América.
Desde las empinadas lomas, hermosa diadema de aquella tierra que brinda oro y matiza con él hasta el lecho de sus ríos, se domina un conjunto de feracidad y de belleza incopiable: paisajes que subyugan y hechizan; la naturaleza esplendorosa; grandes árboles sombreando con sus anchas y elevadas copas las praderas de variado color, desde el verde bronceado al más radiante verde claro; el sol reverberando en el mar, que callado y sumiso rinde culto 4 tanta magnificencia; las playas cuajadas de conchas y caracolillos que fulguran como rica pedrería, y allá, más lejos, la ciudad colmena de 690,000 habitantes.
Y por cierto que en San Francisco y entre otros hoteles, hay uno que es maravilla de lujo y en el que cómodamente pueden tener hospedaje 1,200 personas: Palace Hotel.
Una cosa lamentable en la capital de California, es la numerosa colonia china que el afán del oro hizo cruzar los mares. Entre los 50,000 hijos del Celeste Imperio, hay muchos casados con mujeres de raza europea, y francamente, el cruce resulta desastroso para la futura generación.
Dado el carácter del norte-americano y su espíritu emprendedor que le lleva á las combinaciones más arriesgadas y á buscar hasta en los menores detalles la mayor extensión en los negocios, útil para el comercio y ventajosa para el aumento del capital, objeto al que sacrifica hasta los intereses más sagrados, puede comprenderse si la fabulosa cantidad de agua, la fuerza hidráulica de las cataratas del Niágara, podía pasar desapercibida en un país donde la industria de lanas, la fabricación de algodones, los molinos de harina y las numerosas fábricas de toda clase, han llegado á una altura prodigiosa y dan rendimientos de millones y millones.
Asombra lo gigantesco de las obras para la utilización de la poderosa palanca hidráulica de las cataratas del Niágara, las que prestarán una fuerza de 100,000 caballos.
El pensamiento y desarrollo de éste son dignos de este fin de siglo portentoso en atrevimientos constructores y en osadías de la ima-
ginación.
AMÉRICA EN FIN DE SIGLO 57
Lo más culminante, lo que más sorprende, es el túnel de 7,250 pies de longitud, que formará el canal de desagiie. Arranca de la superficie del río, en la parte inferior de la cascada, y pasa á 200 pies de profundidad por debajo de la ciudad del Niágara.
Extensos terrenos propios para fábricas, están divididos en lotes y cruzados por canales para surtir los pozos de turbinas, que por medio de túneles laterales comunican con el desagiie principal.
Maravilla de actividad fueron las perforaciones en la roca, y los trabajosiniciativos para la construcción del túnel, observándose en todo el trazado para posteriores edificacio-
nes la previ-
sión más exquisita, que tiende
GRAN FÁBRICA DE RELOJES EN WALtHAM !
, .
á evitar que las
cascadas pierdan su soberbia majestad, lo que resultaría si los edificios fabriles se levantaran 4 menor distancia.
VI]
Desde Nueva York hasta Búfalo, y de allí al Niágara, la distancia es corta. Hacía algunos meses que deseábamos contemplar á sabor y con sosiego aquella maravilla de la creación; queríamos pasar allí horas y horas admirando el portentoso espectáculo; soñábamos con abismarnos y divagar por mundos desconocidos.
Eran las diez de la mañana, cuando después de haber tomado un sencillísimo almuerzo—porque la sangre meridional hervía de impaciencia—nos dirigimos á Suspension Bridge, que establece fácil comunicación entre las cataratas americanas y las del Canadá. Ya el puente por sí solo
1 Estado de Massachusetts: emplea 1,400 obreros y 1,200 obreras; la cifra de relojes fabri-
cados es de 9,000,000.
58 BARONESA DE WILSON
produce un efecto fantástico, porque en realidad semeja finísima red de encaje colgada sobre el vaporoso abismo, amurallado éste por altos y agrestes peñascos que al inclinarse sobre el río reflejan en él sus almenadas crestas.
En aquel sitio se siente la inexplicable atracción de las cascadas, pero al encontrarse frente á ellas, el asombro paraliza el espíritu. El sol abrillanta los nevados copos de espuma que en caprichosas y ondulantes variedades chocan contra las rocas, buscando camino fácil 4 través de las espadañas, de los musgos y enredaderas, cayendo en la profundidad incomensurable con airados y roncos estallidos, dignos del nombre indívena que lleva el río ?. Éste nace en el lado Oeste del histórico y legendario lago Eric, y al desembocar en el Ontario, que Fenimore Cooper ha inmortalizado, da forma á las majestuosas cascadas que durante siglos y siglos lanzan en el abismo un caudal de agua colosal, inconcebible, algo que no admite descripción y que fascina hasta el punto de creerse en un mundo apocalíptico poblado por titanes, cien millones de toneladas por hora, con una fuerza exacta como de cuatro millones de caballos.
Allá abajo, en impetuoso torbellino, ruedan indómitas las aguas desde los tiempos primitivos en interminable combate, en afanosa lucha. La emoción más indescribible es la producida por las Grandes Rápidas; su oleaje de nítida blancura flota sobre un manto verde mar, tomando tintes azulosos, confundidos con tonos de singulares y bellísimos fulgores. En el Niágara retrocede el pensamiento para evocar las grandiosas evoluciones de la naturaleza, los cataclismos que en épocas remotas hicieron desaparecer territorios como la Atlántida, crearon mares, riscos y serranías, cambiando la faz de la tierra.
Al día siguiente se renovaron las emociones contradictorias, la admiración infinita, la sorpresa, la amargura de la pequeñez humana al compararla con lo gigantesco de la creación, y por último el terror, el sobrecogimiento que domina al surcar en un bote las ondas embravecidas que se disputan la gloria de hacer presa en los atrevidos navegantes que no muy seguros de su vida se encuentran de repente al pie de las cascadas.
Nada hay comparable con el escenario de soberana grandeza que se abarca con la mirada, y es imposible expresar lo que en aquel instante se siente. Las corrientes que sacuden la frágil embarcación húndenla
1 Niágara en iroqués: trueno de las aguas.
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AMÉRICA EN FIN DE SIGLO 59
ó levántanla á su antojo, acercándola á las ruidosas cataratas que, á modo de amplio manto de nieve y espuma, aparecen colgadas entre el cielo y el hondo precipicio, donde se desordenan en remolinos y en rompientes hermosísimas que huyen llevando su tributo hasta las soledades del Océano.
Múltiples ideas surgen en la mente, algo como un deseo, un afán de mezclar el barro terrenal con el torbellino de perdurable existencia, para encontrar tumba de ignorados esplendores, de incomparables matices, en las profundidades del río. La tentación es poderosa, y poco después el organismo, vencido y nervioso por la impresión, ha menester un momento de sosiego antes de vestir el saco de hule y de cubrirse la cabeza con el capuchón para bajar la húmeda y resbaladiza escalera, atravesar la bóveda que conduce á orillas del río, seguir por el estrecho y peligroso sendero y colocarse debajo de la cascada.
No hay pluma, no, ni pincel capaz de reproducir el prodigioso tul cuajado de pedrería y con plumajes más blancos que el níveo cuello de un cisne: gotas de rocío suspendidas en el espacio; lluvia de menudo aljófar con esmaltes de caprichosa labor; cristales que de repente adquieren colores de zafiro, de rubí desleído con esmeraldas, turquesas y ópalos. El contraste y la variedad siempre renovada producen vértigos y aturde el ruido de las aguas. Aquello tiene el aspecto de un fantástico palacio con altísimas murallas de peñascos vestidas con musgos y helechos que en el invierno y á pesar del frío conservan algo de lozanía, pero con tonos amarillos y verdes pálidos. Hielo por alfombra; vestíbulo monumental iluminado entonces por un sol radiante que proyecta extraños y luminosos resplandores en aquel singularísimo cortinaje, y para rematar el edificio blanca diadema ciclópea é incomparable. Todas las grandezas acompañando al lenguaje atronador de la catarata, sin que la voz humana pueda dominarlo.
Entonces se experimenta un sacudimiento nervioso: la capucha cae sobre la espalda y se recibe con deleite el inmenso aluvión de la catarata, un baño helado y á pesar del que no desciende el pensamiento á la tierra ni hay afán por abandonar aquel sitio incomparable.
No menos imponente es el aspecto que presentan las cascadas en la época de las grandes nieves que los fuertes hielos congelan. Las ruidosas corrientes detienen su tumultuosa carrera formando cúpulas de caprichosa labor, agujas góticas, torreones, montañas envueltas en blanquísimo cendal y grutas con primorosas estalactitas.
60 BARONESA DE WILSON
La excursión al Niágara deja un recuerdo imperecedero tan poderosamente bello y grandioso, que al evocarlo hace difícil empresa detener la pluma, ni la fantasía, que se lanza por los espacios de idealidades hasta llenar páginas y páginas alejándose del realismo dominador en este fin de siglo, de la batalla política y comercial, de los adelantos científicos de ese brujo sublime que se llama Tomás Alva Edison; y de la dificultosa actualidad de los Estados Unidos, considerada bajo el punto de vista financiero, industrial y mercantil, que nuevos sistemas arancelarios y económicos han de resolver á fin de resarcir las pérdidas enormes sufridas en la cuestión monetaria y en las agitaciones del arancel, calculadas en 2,000.000,000 de dollars.
CALLE DEL EMPEDRADILLO Y CATEDRAL
CAPÍTULO: V
UN PAÍS FLORECIENTE. — PÁGINAS MEXICANAS.
EL ÚLTIMO EMPERADOR AZTECA. -— EL HOY Y EL MAÑANA.
UANDO á la vuelta de algunos años de ausencia se estudian sobre el terreno los cambios políticos, los adelantos materiales
y el movimiento general de un país, hay campo extenso para
las comparaciones, y sobrados detalles que ayudan eficazmente para formarse un juicio imparcial y una idea completa de la condición presente y de su valer para lo futuro; y si éste aparece lleno de luz, de riqueza y de próspero bienestar, no en determinadas esferas, sino abrazando las clases todas de la sociedad, siéntese la complacencia lógica que inspira todo lo que es digno de alabanza y de admiración.
Tal es el efecto que produce la república mexicana, que en los últimos veinte años de este siglo ha logrado engrandecimiento extraordinario, que ha sido tanto más laborioso y sorprendente cuanto que grandes dificultades le cerraban el paso, aun cuando los recursos del país sean abundantes y su tierra inapreciable torrente de riqueza, que bien explotado y administrado ha de producir considerables y sólidos resultados.
62 BARONESA DE WILSON
Pero era preciso reanimar, ó mejor dicho crear rentas públicas, desempeñar las fincas del Estado y atender al crédito nacional que agonizaba, y con firmeza y sangre fría indomable introducir reformas en todo, estableciendo un régimen económico que fuera el cimiento de prosperidades no ficticias, sino perdurables,
GENERAL PORFIRIO Diaz, Presidente de la República
Por el pronto y atendiendo á que las cajas fiscales estaban exhaustas, | se suspendieron las subvenciones cuantiosas; rebajáronse los sueldos, en las oficinas del Estado, sin exceptuar el del Presidente de la República, eje, verbo, motor de aquella hábil y penosa marcha por un camino pla-
gado de peligros sin contar por entonces, para vencerlos, sino con su
AMÉRICA EN FIN DE SIGLO 63
voluntad de atleta, su corazón de acero y la fe en la noble tarea comenzada. Del caos surgió el prestigio; de la nada resucitó el crédito en el exterior y poco á poco, paso á paso, fué venciendo el país la postración en que yacía.
No fueron rémoras insignificantes la baja de la plata y la triste situación agrícola que inspiraba serios y fundados temores y abatía el espíritu del pueblo mexicano.
Pero nada interrumpió el programa, y tras vientos y tempestades, se normalizó la situación ensanchándose el círculo de empresas y la acción comercial paralizada desde hacía largo tiempo. |
Entonces también adquirió pujante vuelo la iniciativa del gobierno, y descargado de las terribles preocupaciones financieras, entregóse á fomentar la industria, la instrucción pública en grande escala, y sobre todo se cruzaron las líneas telegráficas facilitando el movimiento comercial, y en más de 16,000 kilómetros sintióse la tierra conmovida por el fragoroso empuje de las locomotoras, que salvando montañas y perforando cordilleras, ha dado vida á todas las industrias y valor material y mercantil á lugares que vegetaban desapercibidos por la falta de vías de comunicación fácil y rápida.
La inercia moral, el indolente vivir de otros tiempos ha desaparecido, cediendo el puesto á la civilizadora actividad y al espíritu práctico y característico en la época presente. Los riquísimos y sabrosos frutos que sólo tenían mercado en las ciudades de la república, se exportan con profusión, así también como los diferentes productos que hasta hoy no habían dado sino escasísimos rendimientos á pesar de tener gran valor intrínseco.
Las ricas minas de oro, plata, cobre y hierro, han triplicado su incremento porque á más del incesante trabajo, empléase para Cl toda la
maquinaria perfeccionada que se adopta en los países más adelantados
utilizando las grandes fuerzas hidráulicas en cuanto pueden ser auxiliar poderoso y eficaz.
En todos los ramos hay un desarrollo notable, prodigioso, en el que llevan parte las colonias de diversas nacionalidades y los capitales extranjeros, como cimiento de empresas colosales y de atrevidas especu-
64 BARONESA DE WILSON
laciones, cosa imposible hace algunos años por la serie de trastornos y contiendas civiles, la falta de estabilidad política y la bancarrota de la Hacienda, causas que eran poderoso impedimento para hacer práctica toda idea industrial basada siempre en la confianza.
Ya en 1855 comenzó el crecimiento moral y material, cuando se dieron leyes de desamortización, libertades para la siembra y laboreo del tabaco, y sobre todo el impulso fué mayor con haber llevado á término la primera línea ferroviaria de la capital mexicana á Veracruz, obra hermosísima á todas luces, colosal y que ofrecía sendas dificultades, por lo montañoso del terreno y el atrevimiento que requería la construcción. Sorprendente es la perspectiva del accidentado camino: la mirada abarca el panorama lujoso de campiñas rientes, de ciudades y aldeas, de abismos profundísimos y que á favor de rápidas curvas se renuevan los paisajes y reaparecen, como en precioso y singular tablero, dominado por la elevadísima cordillera. Tan portentosa línea tuvo un costo de 26.000,000 de pesos. |
Hemos hablado de la siembra del tabaco y no estará de más señalar el aumento que en pocos años ha tomado su elaboración. Sólo en México, cuéntanse veintiséis fábricas perfectamente instaladas con numerosos operarios, y en diversos lugares de la costa se ejerce también en grande escala el productor trabajo; Tampico, Veracruz y Campeche han llegado á competir con la isla de Cuba, y á tener valiosa importancia para la exportación.
Obsérvase en México un detalle digno de mención y de alto timbre para la capital, y es el amor al trabajo y á la industria, ajeno por lo general á toda ciudad asiento de los poderes nacionales y centro de las oficinas públicas.
Notables fábricas de paños, mantas, alfombras, cachemires, de hilados y estampados en general, de maquinaria, de pianos, de tejidos en seda, de loza y algunas de objetos curiosos nacionales, ocupan más de 50,000 trabajadores y obtienen ganancias respetables, que proporcionan bienestar á numerosas familias en el núcleo de 560,000 habitantes, cálculo aproximado de la población en la actualidad y que atendido al número creciente de inmigrantes nos da un total de 13 millones en toda la extensión de la república.
Una de las rentas del Estado que mayor importancia asumen en México, es la del Timbre, y su producto asciende 4 más de 15,700 pesos, demostración halagiieña y resultado del hábil sistema administrativo
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que impera en aquel país privilegiado, que es hoy uno de los más florecientes de América.
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El Gobierno, que á tal altura ha encumbrado la nación, debía prestar y prestó singular impulso á la instrucción pública, avanzadísima no sólo materialmente hablando, sino en todo cuanto á los adelantos se refiere, en sistemas escolares, en plan de estudios, en edificios llamados á llenar las condiciones de higiene, de espacio para la enseñanza, de clases dotadas con los aparatos necesarios para hacer prácticas las explicaciones del profesorado, escogido y doctísimo para las Escuelas Preparatoria y especiales, como lo son las de Medicina, Jurisprudencia, Bellas Artes, Comercio, Ingenieros, Artes y Oficios, Agricultura y Conservatorio de Música.
Brillante ha sido el éxito de las Escuelas normales, establecidas hace algunos años y que sobre la alteza de su utilidad dotando al país de entendidos maestros, alientan el espíritu de estudio y abren ancha senda para la inteligencia ?.
Por supuesto que en ese cuadro general han de incluirse otros centros escolares secundarios y los diferentes colegios de niñas, perfectamente organizados.
En ese incremento regenerador, en ese ambiente saludable para todos los ramos de la riqueza pública, descuella la cultura social, el refinamiento del buen gusto, no circunseritos á la capital de la república, sino extensivos á todas las grandes ciudades y hasta á los más apartados rincones de la nación, traduciéndose en el movimiento palpitante de la prensa, numerosísima en las producciones literarias celebradas y conocidas en el mundo universal de las ideas; en los artísticos edificios que dan carácter monumental á las poblaciones y marcan época en el ornato general; en el culto y homenaje que se rinde á los grandes artistas; en los teatros y en los salones, donde se escucha el aplauso que estimula, inspirado en el recto criterio y en la competencia para juzgar.
En la escena dramática hay brotes que se yerguen lozanos y ricos de savia y galanura, plausibles iniciativas que han de crear el teatro mexi-
* Del ramo normal y de 1.” enseñanza en México, tenemos escrita una obra que está para
publicarse.
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cano. Lo mismo diremos en lo que á la pintura se refiere, que sobra
espiritualidad y abunda imaginación para tener escuela nacional.
Sorprende y regocija el nuevo aspecto que presenta la capital mexicana: lugares que hace pocos años eran campos, convertidos en parques y frondosas alamedas; terrenos incultos y solitarios tienen hoy la vida que el ensanche de la población les ha dado, en la forma de soberbias calles, de casas lujosas y de plazas risueñas. Un mundo de albañiles, de picapedreros, de pintores y maestros de obras, pulula por todas partes, representando el trabajo y acumulando la actividad incansable de los grandes centros.
La colonia Guerrero, la de los Arquitectos y San Cosme son un pintoresco tejido de jardines, paseos verdes, frescos, descollando entre el tupido follaje los lindos edificios de galana construcción.
El paseo de la Reforma, que debe su creación al infortunado emperador Maximiliano, es una bellísima alameda engalanada con bustos y estatuas de hombres célebres; aquel sitio convida á la meditación y al descanso, sobre todo en la hora del crepúsculo, tan propicia á las divagaciones del espíritu, y en esas noches mexicanas, templadas y serenas, iluminadas por la luna que radiante brilla en el cielo azul, limpio, purísimo, y desliza sus rayos á través del laberinto de hojas, 6 baña las copas de los centenarios sabinos, que se yerguen altaneros y orgullosos de su antigiiedad, en el sombrío y cercano bosque de Chapultepec. La ilusión forja en aquellos sitios extrañas perspectivas que renuevan legendarios recuerdos de la ciudad azteca, cual si habitada estuviera todavía por los indómitos guerreros que dieron sangre y vida por conservarla.
Aquel paseo es un interesante libro histórico. Allí se contempla con infinita ternura y singular impresión la austera figura del descubridor de América, que el artista ha reproducido en bronce sobre magnífico pedestal de mármol, descansando á su vez en ancha base de piedra rojiza.
Más allá hay que detenerse y apacentar la mirada sobre la estatua del más insigne de los mexicanos.
Aquella figura típica, tradicional, es la del mártir de Izancanac, la del heroico emperador del siglo xv1, que, al recordar sus proezas en la
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lid de independencia y sus desventuras, hace engolfar la mente en sucesos remotos, poblándola con figuras legendarias de reyes, de conquistadores, de tribus valerosas, de soldados aventureros y denodados.
Precisamente en aquellos sitios habíase decidido la suerte del imperio, y el monumento resulta un poema, una Ilíada tan admirable, como interesante y digna de estudio.
En el mero hecho de estar allí Cuauhtemoc en la antigua Tenoctitlán, sobre pedestal de gloria, levantado por los descendientes de la raza invasora, demuestra indudablemente no sólo que valía mucho el rey azteca, sino que su causa era justa y su derecho indiscutible.
Hermoso pensamiento, merecedor de aplauso, el de haber rendido culto á la memoria de la excelsa víctima de la conquista, al guerrero que asombró á Cortés por su grandeza de alma, por su tesón invicto, por su preclaro patriotismo, por el valor indómito. Cuauhtemoc es una de esas figuras que las centurias agrandan cada vez más, porque llena todo un período histórico y descuella y se impone por sus hechos y por
su infortunio.
Es el caso que largos años de paz y la dirección y régimen administrativos han dado valor inmenso á la propiedad en México, y rápida, ventajosa altura. El valor creciente, el desarrollo de los elementos propicios que posee México, crecerán de día en día, y al parecer sobre bases sólidas, robustecidos los esfuerzos por las fuentes de riqueza, no utilizadas anteriormente por carecer de medios de pronta comunicación con la capital.
Allí rivalizan Yucatán y Campeche en su consagración al trabajo y en su espíritu industrial, con Oaxaca, cuna de héroes, rico en minería, con altos vuelos agricultores, ventajosamente situado, á la par que los galanos y feraces campos del Estado de Veracruz ofrecen el aromático café, el tabaco, la dulce caña, la perfumada vainilla y el algodonero, productos que en grande escala explota y exporta á lejanos países.
En competencia, también Tabasco cultiva el cacao, considerado como uno de los mejores en América, el que atraviesa los mares y tiene lugar merecido en los mercados europeos.
En el centro de la República está Morelos, que debe su nombre á un
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militar famoso por su bravura y por su ardiente amor á la independencia. A favor del clima brotan en profusión riquísimas naranjas, la caña de azúcar y el café. Laboreo de minas, riqueza inagotable en oro, plata, cobre y plomo, dan vida holgadísima á Zacatecas, Guanajuato, Durango, Hidalgo y Chihuahua.
Tan celebrados han sido los veneros de la Baja California, Sonora y Sinaloa, que poco podríamos añadir y sí únicamente mencionar las opulentas compañías que para la explotación tienen asiento en París y en Londres, en Nueva York y en México.
Hace diez años que es hélice de la política mexicana una importante entidad, el general D. Porfirio Díaz, quien, después de arrostrar el dificultoso estado del país, procurando nivelar y vencer las graves circunstancias económicas—y Dios sabe el vigor que necesita un gobierno democrático, cuando se ve frente á frente de una crisis nacional — ha triunfado y conseguido en todo sus propósitos.
El general, invicto adalid en la guerra de intervención, apoyado por la reforma constitucional que dió mayor extensión al período presidencial, ha tenido los honores de reelecciones, y esto sin lucha y á pesar de aquella regla que demuestra los inconvenientes del militarismo en una administración esencialmente republicana, si bien es verdad que el general Díaz sigue una marcha ajena por completo á la que impone un caudillo militar. No discutiremos si es en pro ó en contra de una individualidad política el permanecer largo tiempo empuñando el cetro del poder; porque el prestigio se gasta y necesita renovarse y adquirir nueva savia y robustez en el alejamiento político.
Pero en el caso actual la reelección era una necesidad.
La centralización administrativa es un bien para el país, porque sólo una voluntad omnímoda, entera y vigorosa, podía consolidar el próspero estado iniciado en la patria del egregio Juárez.
Esa prosperidad presente se analiza en todo; se refleja en el conjunto y en los detalles, y no contribuyó poco á ella el talento de un ministro, que secundando la noble porfía del presidente empeñó todo su caudal de inteligencia, para obtener el deseado éxito.
Fué una figura por extremo simpática en el ancho escenario de la política mexicana. Había sido el campeón intrépido, el alma de los clubs, durante una época de transición, que iniciaba radiante la nueva era de las reformas, al par que la lucha gigante que comenzó en un aislado puerto del mar Pacífico (Ayutla) y que á través de obstáculos poderosos,
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de anarquías sangrientas, de alternativas sin cuento, felices unas y desastrosas otras, llevó 4 México la celebérrima intervención francesa, que puso en hermoso relieve la intrepidez y patriotismo del pueblo y tuvo desenlace tristísimo, pero de benética transcendencia para el país, allá en aquel desde entonces histórico cerro de las Campanas.
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Durante el largo y agitado período, Romero Rubio no descansó, y ya con la espada como soldado de la reforma y defensor de la independencia y libertad amenazadas por huestes extranjeras, ó bien en altos y comprometidos puestos gubernamentales, señalóse por sus actividades y buen tacto en espinosas cuestiones administrativas. Los liberales que pelearon bajo el mando de aquel valerosísimo jefe, D. Santos Degollado,
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le tuvieron á su lado participando de sus glorias y de sus reveses. Juárez, el indio inmortal, le vió peleando contra los invasores, y más tarde fué compañero fiel en la caída y expatriación del Sr. Lerdo de Tejada, hombre tan ilustrado como funesto en su política.
Los principios que el bizarro caudillo, general D. Porfirio Díaz, había sostenido y los que en unión de sus glorias militares le condujeron al solio presidencial, encarnaron poco á poco en la mente del abnegado ex ministro lerdista, y convencido del noble propósito que alentaba en el pecho del noble mandatario, cesó de militar en la oposición, siendo desde aquel momento leal partidario del Gobierno.
Podríamos asegurar que su amistad y su fe crecieron de día en día, secundando en todo al que hace años es el poderoso motor de tantas y tantas mejoras llevadas á término en la República mexicana.
Por carácter, era cortés y amable; por educación esmeradísima, correcto é indulgente.
En el seno de la familia, sencillo, expansivo y por extremo afectuoso.
Los albores de la vida pública de D. Manuel Romero Rubio y el crepúsculo de aquélla, han sido una cadena de infatigable trabajo intelectual en favor de los grandes intereses patrios.
Para España, tuvo siempre singulares preferencias, fomentando la unión hispano-americana, y con entusiasmo demostró sus simpatías por el pueblo español: su palabra elocuente fué, en varias ocasiones, eco fiel de sus sentimientos.
Su muerte ha sido una gran desgracia y un duelo nacional.
La sabia administración que desde luego tradúcese en el conjunto, no ha descuidado el mejoramiento de los puertos y de los muelles, y de unir aquéllos con los grandes centros, por medio de líneas ferrocarrileras, como la de San Luis Potosí y Tampico, que de esa manera comunica con los Estados del interior, con la capital de la República y con los Estados Unidos, favoreciendo la importación y exportación que principalmente se hacía por Veracruz, que 4 más de su hermosa situación como puerto, es la capital de aquel Estado rico y productor.
Tampico será en los comienzos del siglo xx uno de los fondeaderos más útiles en el Atlántico, así como Acapulco, Mazatlán y Guaymas tendrán importancia suma en el Pacífico y en el golfo de California.
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Presenciamos en Tampico un espectáculo imponente á la llegada de un vapor francés.
Reinaba el furioso norte que en el Golfo Mexicano es peligroso y frecuente. Había fondeado el buque á bastante distancia, porque la marejada era espantosa, y no sin experimentar justificada zozobra vimos una canoa que con tres pasajeros y dos remeros, se arriesgaba con dirección al desembarcadero.
Las olas furiosas levantaban la frágil embarcación á gran altura, para hundirla después en profundidades que asustaban, y que vistas desde tierra, nos hacían temer por la vida de los viajeros, aun cuando los dos indios manejasen la canoa con la facilidad de quien está acostumbrado á desafiar tempestades y á ver impasible la lucha del mar con el temerario empeño del hombre. Largo y penoso fué el trayecto desde el vapor al puerto, y á él llegaron todos, calados sí, pero animosos y serenos.
Los pasajeros eran un alemán con su esposa y la hermana de ésta.
Pensaban haber seguido viaje aquella misma tarde para el interior, donde el alemán trabajaba una mina, pero el difícil desembarco hizo pasar la hora de la salida y quedaron en Tampico hasta el día siguiente.
Relaciones íntimas unían á los recién llegados con una familia francesa que en México habíamos conocido: tal fué la causa que nos valió para saber que eran recién casados y habían elegido á México por patria adoptiva.
La historia de' aquel matrimonio tenía mucho de novelesca y de carácter local, porque la gallarda y poética novia había nacido en el país de las leyendas feudales, en las orillas del Rhin, el más pintoresco de los ríos, donde todavía se conservan frescos los recuerdos de la Edad media.
Alicia era un tipo bellísimo y especial: una ondina de aquellas ondas serenas, y de ellas tenía el idealismo. Los amores empezaron desde la infancia, cuando él tenía doce años y ella ocho. Jugueteaban juntos: él la mimaba y protegía, acostumbrándose la niña al dulce dominio y á la varonil protección. Más tarde creció el cariño fraternal, transformándose
en amor vehemente y exclusivo, que hubo de luchar con las miserias de
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la vida y con las dificultades que había de crear la riqueza de la joven y la pobreza del enamorado.
—¿Me amarás siempre y aguardarás á que sea rico? —preguntó un día el enamorado.
—Mi amor no se entibiará jamás y no me casaré nunca si no es contigo—contestó Alicia serena y resuelta.
—Me voy muy lejos: el mar nos separará.
—¿A dónde?
—A México; fía en mí y te juro que no pasarán muchos años sin que vuelva 4 buscarte. Entonces nos casaremos.
Había cumplido su palabra, y esto después de ejercer todos los oficios. Primero fué vendedor de pájaros y de chucherías; más tarde oficial de ebanista, para lo cual tenía grandes aficiones desde niño; pero como no eanase lo suficiente, buscó colocación como dependiente en una tienda de comestibles. Andando el tiempo y subiendo en grado gracias á su honradez, entró en la casa de unos paisanos suyos comerciantes, los que satisfechos de su inteligencia, lo hicieron viajar por los pueblos, vendiendo mercancías: en una de sus excursiones tropezó con un francés que explotaba una rica mina en Zacatecas. Entre estos dos hombres se cruzaron esas corrientes de simpatía que no pueden explicarse, pero que arrastran á una amistad eterna.
El francés le hizo proposiciones ventajosas, y al aceptarlas se convirtió en minero, siendo aquél el filón de su fortuna. Entretanto nunca dejó de escribir á su novia, animándola con su cariño y con su confianza. Sobraban en ambos lealtades y amor; pasaron los años y el alemán volvió á su patria para cumplir la promesa hecha hacía nueve años. Tal era la novela de su vida.
Y con este risueño y pasional engarce, ponemos punto á México en
fin de siglo.
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LOS RESTOS DE COLÓN. — ERRORES HISTÓRICOS. — CRÓNICAS DOMINICANAS.
LA PRIMERA UNIVERSIDAD EN EL NUEVO MUNDO.— DÍAS ALEGRES
AD nuestra tercera excursión por el mundo colombino, nos ha-
> bíamos propuesto profundizar hasta lo más hondo en una
cuestión de alta importancia histórica, acumular el mayor
', tesoro de detalles, beber en fuentes propias el caudal necesario para que nuestra opinión fuera sólida, basada sobre antecedentes irrecusables y resultado de nuestra propia convicción.
La idea que nos aguijoneaba, dominándonos hacía largo tiempo, era la de conocer á conciencia la antigua isla Española, la primera que fué colonia en tierras americanas, y privilegiada hasta en el postrer recuerdo de aquel genovés augusto que, desafiando miserias, mendigando auxilios de príncipes y reyes, anduvo por el viejo mundo, en busca de corazones generosos y almas elevadas que comprendieran la magnitud de un sueño realizable: el descubrimiento de paraísos perdidos en las inmensidades del Océano, entre las nieblas de lo misterioso, en la noche oscura de la tradición y de remotas afirmaciones.
Y la idea encontró único apoyo en dos monjes inmortales y en una
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mujer heroica y magnánima. El problema fué resuelto; el más allá de los mares resultó una evidencia, y después de osada lucha contra temores supersticiosos y rumbos ignorados, se descorrió el velo, apareciendo aquel continente ideal, defendido por escollos, por abismos, por nevadas altísimas cimas; allí estaba ceñido por auréola de maravillosos matices, engalanado con nítidas perlas, flotando en vastísimo nimbo de luz, vestido con encajes de oro y alfombrado de perfumadas rosas y nÍveos jazmines; era el miro que en las edades pasadas fué anunciado y adivinado por griegos y romanos, por sabios y poetas: el imposible, que, al decir de muchos, sólo existía en espíritus fantásticos 6 enfermos, y que surgió de las profundidades del mar, de las tempestuosas olas, de las misteriosas playas, risueño, alegre, rico y como verdadera tierra prometida, ante los asombrados ojos de aquellos insubordinados compañeros del navegante audaz.
Formarnos exacta idea de su tumba en Santo Domingo, era nuestro más acariciado propósito, pues sabido es que por privilegio soberano, Colón y sus descendientes tenían sepulcro en la catedral de la Española.
Días y días dedicamos á registrar documentos valiosos, á pedir autorizados juicios, escudriñando el pro y el contra de aquéllas, para tener cumplido conocimiento y sacar en limpio si los restos de la entidad inmortal eran aquellos trasladados á la isla de Cuba, ó si más feliz Santo Domingo, ha conservado el precioso depósito, cumpliéndose así las postreras voluntades del marino más osado y extraordinario.
En todo caso, la cuestión no reviste otro carácter que la del interés histórico, ni infiere ofensas, ni mengua glorias nacionales, pero creemos que todavía hay mucho que estudiar para resolver ese problema y á ciencia cierta saber si en 1795 hubo ó no error al extraer los restos que yacían en la bóveda sobre el presbiterio, pared principal y peana del altar mayor.
¿Cuál era la prueba para considerarlos como despojos de la gloriosa envoltura terrenal de Cristóbal Colón? Nada lo indicaba; ni un nombre, ni una fecha que diera 6 haya dado luz y fuerza á los ataques ó á las defensas. Las noticias que tenía el almirante Aristizabal eran por extremo deficientes, sin que adelantasen las que por su parte habían adquirido las autoridades de la isla y que se reducían á creer que las cenizas del atrevido piloto estaban en la catedral dominicana, á la derecha del altar mayor. Según documentos auténticos, consta que en las varias restauraciones hechas en la metropolitana, se habían encontrado dos
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urnas: una de ellas debía contener los restos del egregio descubridor, y otra los de D. Luis Colón, pues que la tradición dice que existen en las ruinas del convento de Franciscanos las cenizas de Bartolomé Colón, el Adelantado, hermano del primer almirante de las Indias.
Varias ciudades dispútanse la gloria de haber sido cuna de Colón, y dos naciones la posesión de sus restos. Tal vez eternamente quedará en tela de juicio la solución de ambos problemas históricos, por más que, dada la premura del tiempo, la poca certeza del sepulcro, el no tener éste indicio ni señal ninguna para juzgar de su autenticidad, haga sospechar que no fueron las cenizas de Colón las buscadas y encontradas por el patriotismo del almirante español, cuando á consecuencia del tratado de Basilea, dejó de pertenecer á España la isla de Santo Domingo.
Todo hace creer que Diego Colón, aquel que un día llegó con su padre al monasterio de la Rábida implorando la noble caridad de los monjes, sea el que descanse en el monumento levantado en la Habana, y esta idea arraiga con más ahinco después de conocer la situación de las tumbas, que á pesar de las restauraciones hechas en el templo, de los terremotos, de los abusos y profanaciones cometidos por los piratas, presentan entera identidad con las mencionádas en los documentos históricos, que reproduce y cita el Sr. D. Manuel Colmeiro en su extenso informe de la Real Academia Española, publicado en 14 de Octubre de 1813,
Efectivamente, el almirante D. Luis Colón, duque de Veragua, ocupó la tumba al lado de la Epístola, precisamente enfrente de aquella que debió encerrar los despojos de Cristóbal Colón, al lado del Evangelio. La bóveda hoy vacía, ocupada anteriormente por el nieto del descubridor, tiene todo el sello de antigiiedad, no tanto sin embargo como la del primer almirante. Registrada ésta se ve cercana y separada de la principal, que se encuentra debajo de la silla episcopal, como por el canto de dos ladrillos la que fué abierta en 1795.
Meditando, ocurre una reflexión y es que si en 1506 falleció el sublime nauta, si de esa época á 1513 fué trasladado su cadáver al monasterio de la Cartuja de las Cuevas, cerca de Sevilla, y de allí en 1536 6 37 se le
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condujo á la isla de Santo Domingo, y que los gloriosos despojos estuvieron largo tiempo depositados en virtud de la lucha sostenida por don Luis Colón y Toledo con el Cabildo dominicano, y que por último hasta 1540 6 1541 no llegaron los restos á disfrutar de los privilegios reales, cabe en lo posible que las cajas hubieran sufrido gran deterioro y se creyera de urgente necesidad sustituirlas con otras, careciendo éstas de la inseripción que lógica y naturalmente debían de tener las primeras, no sólo por iniciativa de los franciscanos de Valladolid, sino también por el cariñoso interés de la familia, tanto como por deber de aquellas autoridades que entendieran en el fallecimiento del hombre que había dado á España un mundo desconocido y gloria perdurable.
Investigando más escrupulosamente, se daría con la clave del enigma, pues claro está que si los restos de D. Luis Colón y Toledo auténticamente reconocidos tenían sepultura á la derecha del altar mayor donde existe la bóveda, la del frente al lado del Evangelio era la del descubridor de América, que por cierto no es la que abrieron los españoles en 1795, situada entre la pared principal y la peana del altar mayor, mientras que aquélla, de exclusiva propiedad del descubridor, se halla contra los muros laterales.
En la exacta situación de las tumbas puede juzgarse con imparcial criterio si era ó no difícil cometer una equivocación, puesto que los españoles abrieron la segunda bóveda y no la primera, cuya existencia desconocían.
Es de todo punto inadmisible la idea de que el difunto de la urna fuese D. Cristóbal Colón y Toledo, nieto del gran genovés; en ese caso sería preciso negar que las cenizas del huésped de la Rábida hubieran ocupado el sepulcro privilegiado, y que éste permaneciese vacío por espacio de dos generaciones.
Moreau de Saint-Mery dice en la página 13 del libro Sínodo Diocesano del Arzobispado de Santo Domingo, año M.DC.LXXX, página 11: « Y para este fin, habiéndose descubierto esta isla por el insigne y muy celebrado en el mundo Don Christoval Colón cuyos huesos yazen en una caxa de plomo en el Presbyterio al lado de la peana del Altar Mayor de esta nuestra Catedral con los de su hermano Don Luis Colón que está al otro lado según la tradición de los antiguos de esta isla, etc.»
Nadie ignora que diferentes historiadores han cometido error en los nombres, tanto al tratarse de los hermanos de Colón, D. Fernando y D. Bartolomé, sino también al tratarse de los hijos del primer almirante,
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AMÉRICA EN FIN DE SIGLO
y no se diga en lo concerniente á las sepulturas, conocidas más bien por tradición que por documentos ni pruebas irrecusables.
La catedral, en todas sus vicisitudes, no fué derribada por completo; de aquí el que la bóveda donde reposaban los verdaderos restos de Colón se ocultara á la vista de todos, por lo que en 1783 el certificado de don
José Núñez de Cáceres debe ser alusivo 4 las urnas de Diego Colón y de
URNA QUE ENCIERRA LOS RESTOS DE CRISTÓBAL COLÓN. — Santo Domingo
Luis Colón y Toledo. En el acta levantada en 1795 dice Hidalgo: «Entre la pared principal y la peana del Altar Mayor». Estas sencillas palabras son por sí solas bastantes para destruir la duda, porque no habiéndose restaurado nada del presbiterio viejo, quedaba siempre pegada al muro la bóveda histórica, y no entre la pared y la peana, como consta en el certificado de la exhumación de 1795.
Dice Harriss: «Lo que hay digno de atención es que los objetos funerarios examinados en la bóveda en 1783 se parecen tan poco á los des-
critos en el acta de 1795 como éstos á los descubiertos por monseñor el
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obispo Cocchia en 1877. En 1783 es urna de plomo que estaba encerrada en una caja de piedra; y lo que la urna contenía, según vieron y supieron los canónigos, eran osamentas reducidas á ceniza en su mayor parte, entre las cuales se distinguían huesos del antebrazo. Doce años después la caja de piedra ha desaparecido, y en vez de la urna ó de sus fragmentos, es decir, trozos cóncavos ó convexos, son unas planchas de plomo como de tercia de largo, indicante de haber habido caja de dicho metal. En cuanto á los huesos, en lugar de un radio ó un cúbito, se encuentran pedazos de huesos de canillas. »
El actual arzobispo de Santo Domingo, el ilustrado monseñor Meriño, sacerdote por demás estudioso, hombre de luces y de no escasos conocimientos históricos, al extenderse en consideraciones relacionadas con el suceso discutido, decía:
— Por convicción firmísima aseguro que Colón está con nosotros. No vacilen en repetir mis palabras. Difícil sería averiguar de cuál de los Colones son los restos que por cerca de cien años hemos creído fueran los del descubridor. Para mí me inclino á pensar que al encontrarse tan cerca de la bóveda del primer almirante, fueran los de su hijo D. Diego Colón.
— España envió á D. Antonio López Prieto en comisión para estudiar detenidamente el asunto.
— Me permitiré decir que el Sr. López Prieto no cumplió con su misión oficial, no estudió maduramente la cuestión, ni se fijó en la situación que ocupaba la gran bóveda que por privilegio real era sepulcro de Colón, ni aquella más próxima de donde fueron extraídos los restos que hoy se veneran en la Habana.
Y en verdad que un error no sería imposible; ¡se han cometido tantos en la historia, que el trabajo laborioso, el asiduo estudio y la clara inteligencia, han conseguido rectificar siglos y siglos después! En todo tiempo y en la mayoría de los historiógrafos se encuentran inexactitudes por no fijarse bastante en detalles, en depurar las investigaciones, adoptando ligeramente la versión más probable sin someterla á un análisis especial.
Por de pronto, y así como por vía de comprobanza, nos ocurre que los ilustrados Navarrete y Amador de los Ríos cometieron una de esas estupendas equivocaciones históricas al tratarse de Gonzalo Fernández de Oviedo, quien, según los dos eminentes autores, había muerto en Valladolid en 1557, y la Real Academia de la Historia lo tomó como cosa juzgada, dando entero crédito 4 los competentes afirmadores.
AMÉRICA EN FIN DE SIGLO Tes,
Pues bien, el ilustre historiador Oviedo murió en Santo Domingo el día 27 de Junio de 1557. Pruébase en un documento firmado por el escribano de la Real Hacienda, D. Miguel Morillo Ayala, y con el certifico del licenciado D. Alonso Maldonado, presidente de la Real Audiencia de Santo Domingo. También hace mención de esto el historiador del Monte y Tejada en su Historia de la isla Española.
¿Acaso no anda envuelto en oscuridades el sepulcro del gran Calderón de la Barca? Se sabía á ciencia cierta que estaba en la sacramental de San Salvador, pero al demoler la iglesia confundiéronse las cenizas del insigne español con otras, mezclándose entre los escombros, y seguramente perdiéndose para siempre, á pesar de la creencia popular que las considera todavía en la iglesia salvadoreña. El escritor valenciano Fabreguer niega la autenticidad de los despojos que se conservan en aquélla.
Lefamos hace poco en Nueva York un libro que da curiosos detalles relativos á Shakespeare. Según el autor, son apócrifas las biografías que de generación en generación han transmitido los rasgos culminantes de aquella vida ilustre, de aquel genio selecto, orgullo y gloria del pueblo
británico. El escritor niega haya existido jamás el dramático inglés,
pero no presenta pruebas en favor de su aserto.
Sólo apoyándose en autoridades de la época 6 en documentos auténticos, y esto después de concienzudo y escrupuloso examen, puede hacerse una rotunda afirmación ó negar un suceso, por lo cual quedan y quedarán sobre el tapete cuestiones aventuradas que en venideras centurias se han de resolver con recto criterio, con entera imparcialidad y sin la ofuscación del amor nacional ó del interés particular.
Después que una serie de siglos ha consolidado la gloria de Guttenberg por la prodigiosa invención de la imprenta, niégasele hoy para atribuírsela á Lorenzo Forster, natural de Harlem, y al platero Waldfoghel, que por los años de 1444 vivía en Aviñón. Arnoldo de Conszlar participa á la vez de aquellos triunfos del entendimiento, pues que en 1446 solicitó un privilegio para la escritura artificial, quedando reducido Guttenberg únicamente á perfeccionador de la imprenta. Entre Maguncia y Harlem se han sostenido polémicas acaloradas, porque ambas ciudades pretenden ser la cuna de la iniciativa, sin que hasta ahora pueda otorgársele la gloria ni á una ni á otra.
Consignado está que hay errores históricos muy importantes y sujetos á rectificaciones, y por lo tanto, en lo que se refiere á los restos del nauta gloriosísimo, no basta un informe deficiente ni un fallo de docta
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corporación basado sobre aquél. Hoy se ahonda más en las cuestiones históricas, se emplea mayor severidad para juzgarlas que aquella adoptada por D. Antonio López Prieto.
Hombres de alta ciencia como el historiador Bankeroff, Alfonso Pinard, el difunto emperador D. Pedro del Brasil, y reales corporaciones como la de Nueva Jersey, Génova y otras, inclínanse á creer que las cenizas de Colón están en Santo Domingo, y esto después de maduros estudios, de consultar datos, de prolijo examen de localidades, prueba la más concluyente y sin réplica para con entera rectitud y justicia llegar
al fondo de la verdad.
Hoy Santo Domingo levanta arquitectónico monumento, panteón suntuoso que ha de encerrar las cenizas del hombre más singular y grande que vieron los pasados siglos, ni verán las venideras centurias; pensamiento inspirado en la gratitud debida al marino que en bien de la civilización y de la humanidad y en gloria de España, dió cima á una empresa de tan portentosos resultados.
Colón resolvió también un problema para la ciencia: la circunvala-
ción del globo terrestre no era una utopía.
Poco importa que el polvo terrenal del piloto sapientísimo se guarde,
en Cuba ó se encierre en urna venerada en la Catedral dominicana, si tiene santuario en todos los corazones americanos.
Es cosa segura que pasarán los siglos y se sucederán las generaciones, sin que se resuelva de un modo definitivo el problema histórico, por más que competentes y eruditos investigadores, votos autorizados y la evidencia y la voz de la historia, hayan dado su fallo en esa peregrina controversia ?.
Si las cenizas de Colón han dado origen á grandes acaloradas polémicas, si repetidas veces ha sido puesto en tela de juicio el lugar de su nacimiento, * disputándose ciudades y aldeas tan glorioso suceso, tam-
1 Mr. Alf. Pinard en su libro de etnología americana. — Mr. Harris. — Mr. Bankcroff y otros que hemos consultado á más de las investigaciones hechas sobre el terreno.
2 Créese indiscutible que Colón nació en Savona, á juzgar por un documento de 1540 encontrado en los archivos de las órdenes militares en Madrid.
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bién se ha intentado arrebatarle el laurel inmarcesible que ciñó á su frente el descubrimiento de América, atribuído á noruegos, chinos, árabes, polacos, franceses y portugueses.
Otra injusticia mayor. Aquellas tierras, hijas de su ciencia, de su fe y de su heroica energía, no llevan su nombre esclarecido. Tamaña impropiedad debiera repararse, que si todo lo que se refiere á Colón es prodigioso, séalo también la reivindicación de un derecho justísimo, que el transcurso de cuatro siglos haría más colosal y digno de aquel genio singular, descubridor de un mundo.
Hijos excelsos de las tierras colombinas han intentado rectificar en este siglo aquel inconcebible apelativo, y la república de Colombia responde con su nombre clásico al pensamiento reparador, que hizo práctico otro inmortal insigne: Simón Bolívar.
En la fiesta de continentes y de pueblos, única en la historia universal y glorificadora de Colón, alzóse la voz en asambleas españolas, de no pocos defensores en el pleito más elevado y noble que vieron las edades: la usurpación sancionada por el hábito dió pábulo á proposiciones que la gratitud, la hidalguía y la justicia aplaudieron y aceptaron. ¿Continuará el Nuevo Continente desposeído del nombre que etimológicamente le corresponde? Propios y extraños, en obras monumentales, vienen de siglo á siglo refutando y protestando contra la denominación, que agravio es del famoso nauta, y el sereno criterio apremia para que se adjudique al mundo de Colón el título que le dió vida.
¿La palabra imposible puede existir en el siglo x1x? Somos de aquellos que no la aceptamos.
Si unido en estrecho, indisoluble lazo está en la historia el gran Almirante de las Indias con la sublime y egregia figura de Isabel la Católica, no menos en relieve destácanse las de aquellos dos frailes, eficaces patrocinadores de la empresa que tales horizontes descubría y abarcaba: Fray Antonio de Marchena, el profundísimo sabio y astrónomo, y fray Juan Pérez, guardián de la Rábida, antiguo confesor de la Reina espahola. Y evocamos los nombres de ambos religiosos, porque eruditos publicistas han hecho una sola individualidad de los dos protectores y amigos de Colón, confundiéndolos en el apellido Pérez de Marchena. Quien más en claro pone la cuestión y dilucida este punto histórico, es el Reverendo P. fray José Coll, definidor general de la Orden franciscana, en su libro Colón y la Rábida; y como mucho de lo que al descubridor se refiere, anda envuelto en manto de nieblas, al recoger datos de aquí y de allí se
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conseguirá la plena luz en detalles de tanta valía para la historia y al
referirse á la gran personalidad de los siglos XV y XVI.
Si en nuestra inteligencia estuviera el dar todo el exacto y brillante colorido al cuadro general del continente nuevo, resaltarían en la moderna civilización gráficas pinceladas, que al rendir acatamiento imparcial á los hombres de saber y de progreso, fueran una fotografía de la cosa pública, en cuanto se refiere al bien y provecho de la humanidad y á la florescencia de los pueblos, que, de repente, se ponen en evidencia, después de haberse mantenido años y años entre borrascosas brumas y en internas y tristes rivalidades políticas.
El adelanto moral y material de la que fué isla Española, hoy República Dominicana, es de esos que sorprenden y admiran por lo mismo que surge venciendo arraigados abusos, y el espíritu de revuelta que despóticamente se imponía.
Hoy cumple como buena la misión de las naciones libres que prosperan bajo el pabellón del orden y de la ley. Por ese camino se va muy lejos, mucho más cuando en todas las esferas se hace sentir la convulsión benéfica y progresista: en el desarrollo de la agricultura, en el mejoramiento de las vías, motor esencialísimo para el comercio, en las obras públicas que embellecen las poblaciones, dotándolas con edificios que revelen el amor á la estética, en el ramo de instrucción pública que yacía decaído y casi abandonado en las épocas revolucionarias de amarga memoria.
Es mayor el mérito de los gobernantes que llevan á cabo reformas de tanta monta, cuando los recursos escasean y el crédito del país está muerto. Necesaria ha sido fuerte suma de capacidad hacendista, para llenar esas lagunas de manantiales agotados, buscando nuevas y saludables corrientes en beneficio de la patria. Todo esto requería también elevadas condiciones diplomáticas, que dieran nueva vida al extinguido prestigio exterior, comenzando por resolver cuestiones arduas, como la franco-dominicana, en la que amistosamente fué España mediadora. Francia y Santo Domingo reanudaron las relaciones diplomáticas y restablecieron la cordialidad que lleva consigo ventajosas transacciones
comerciales, aliento de la industria y base de preponderancia social.
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Hay en las provincias dominicanas no pocos recursos, los que mane-
jados por una recta y juiciosa administración, serán real y sólida base
de feliz porvenir, juzgando por el aumento que han conseguido las entradas en las cajas del Tesoro público, y por la distribución que de ellas se hace, honrosa para la República, pues que se atiende en primer término á la vigilancia de las extensas costas, con una escuadrilla creada de poco tiempo, pero con excelente organización y oficiales profesores pertenecientes á la armada de guerra española, porque teniendo en mucho la fraternal unión hispano-americana, cimentando el pensamiento político de aquélla, el gobierno dominicano quiso y solicitó para su fuerza naval instructores españoles.
No haremos caudal de olvido con determinados, importantísimos adelantos, como son la línea ferroviaria central, que ha unido la patriótica Santiago de los Caballeros con la comercial y laboriosa Puerto Plata, y que se prolongará hasta la capital, que se mira ufana en las tumultuosas corrientes del Ozama y se extiende cada día más por sus frondosas márgenes, empresa que grandes bienes promete para distritos ubérrimos, industriosos, agrícolas, y que ha crecido en población trabajadora y en desarrollo notable, debido en sus principios á la inmigración cubana que por los años de 1870 á 1874 llevó á las playas dominicanas sus capitales y su inteligente laboriosidad.
Consideremos lo salubre de aquellos campos, las abundancias fluviales, la lozanía asombrosa y las condiciones inmejorables, para que las cosechas tengan ópimos resultados.
Las feraces campiñas cibaeñas, regadas por el caudaloso Yaque, han de ser á poco plazo centro de los más importantes rendimientos, sobre todo si afluye la inmigración, si brazos numerosos ensanchan los trabajos en agricultura, momentos ahora por demás propicios, pues que la locomotora y la canalización del Yaque dan poderosos medios para exportar el tabaco, el café, el cacao y el campeche.
Santiago y Puerto Plata tienen asegurado su alto puesto mercantil en el siglo xx, que ha de ser luminoso para el mundo colombino, si el florecimiento de hoy continúa marchando con la rapidez de este último tercio centurial.
Brinda la tierra dominicana maderas de valor inmenso, que explotadas en buenas condiciones han de asegurar pingiies fortunas. A cada paso fíjase la mirada en el corpulento caobo con su hermoso ramaje que desde la ancha copa desciende hasta tocar el suelo; en el altísimo roble;
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en la hacana incorruptible; el recio guayacán; el rojo candelón; el capá amarillo, de sólida duración; la oliente cávima; la ceiba secular que al abrir el cáliz de sus mazorcas, regala suavísimo vellón, fino y mullido como la pluma; el espino pajizo que en vistosos muebles transforma la industria; el valioso cedro; el ébano preciado, el granadillo negro, el nazareno de moradas vetas y en tantas variadas palmas y diversos erandes árboles, que sería difuso enumerar.
A más la sabrosa caña de azúcar, que al decir de estudiosos escritores debe su origen á las islas Canarias, y la fauna y flora privilegiada y propia de las comarcas americanas.
Allá en los breñales empinados y en la rocallosa serranía se encierran los poderes soberanos absolutos en el universo: el oro abundantísimo, la plata y el cobre; esmáltanse los ríos y los arroyos con arenas de oro, y como en el Ecuador, ruedan de las montañas gruesas pepitas, que arrastran las aguas del Yaque y se pierden tal vez en las hondas inmensidades del Océano.
No escasean los panoramas seductores en los hermosos llanos que las elevadas é imponentes cumbres de la cordillera central encierran en caprichoso marco, los conucos del indio y las modernas agrícolas construcciones.
En la famosa Vega Real hay prados hermosísimos; allí está el Santo Cerro, custodio de histórico símbolo redentor, la cruz santa, que de las ramas de un níspero mandó hacer Colón. El árbol sagrado existió hasta fines del siglo anterior en el patio del convento de la Merced que se levanta en el Santo Cerro, en el propio sitio donde el Almirante ganó la célebre batalla llamada de la Vega Real.
Nos dice la tradición que los indios intentaron varias veces incendiar la cruz gloriosa, desarraigarla ó cortarla, sin que lograsen su intento, á pesar del poderoso esfuerzo que emplearon impulsados por la creencia de que era el talismán que vigorizaba y sostenía á los odiados conquistadores. Asegura el P. Infante que cuando las sombras de la noche envolvían los campamentos, habíase visto sentada sobre uno de los brazos de la cruz á una mujer de singular hermosura con un niño en los suyos; sobre ella llovieron las flechas de los indígenas, pero algo sobrenatural las rechazaba y volvía contra los mismos que las disparában. La imaginación y el fervor religioso fueron por aquel tiempo potentes auxiliares; ellos contribuyeron á que el poder de España se afianzara y extendiera por el Nuevo Mundo.
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¡Qué elocuentes han de ser para el viajero pensador las ruinas de la primera universidad de América, que en gran espacio se extienden y son objeto de excursión interesante para el forastero!; las suntuosas de San Francisco conservan en pie alguna capilla y las del palacio que hizo fabricar Diego Colón en una altura escarpada, míranse en las aguas del caudaloso río Ozama, glorioso por sus recuerdos históricos. ¡Cuántas veces sus ondas juguetonas habrán reflejado la pensadora figura de Colón, ya radiante con la alegría del triunfo al pisar por vez primera aquellas riberas lozanas, ya más tarde agobiado por la ingratitud y el infortunio!
Santo Domingo es un universo de memorias, es un libro abierto lleno de leyendas, de impresiones, de glorias imperecederas, ya se refieran á la época del coloniaje ó bien á las que pertenecen á su historia nacional y á sus luchas con los haitianos, verdaderos combates de independencia, en los cuales resaltó siempre el valor indómito que ha distinguido á los dominicanos.
La región cibaeña tiene en la mano todos los elementos de riqueza territorial, y precisamente las líneas telefónicas y el influjo de las ferrocarrileras han dado la pujanza poderosa que necesitaba.
Por otra parte, la navegación por el Yaque abre horizontes inmensos, descubre sendas fáciles y de magna trascendencia.
La República Dominicana posee un elemento inapreciable para su prosperidad. Crúzanla en todas direcciones anchos y hermosos ríos, riachuelos y arroyos, que hacen más fecunda aquella tierra fertilísima. Por las siempre verdes llanuras del Cibao serpentean las cristalinas y serenas corrientes, nervios que dan vida al tabaco, al café y al cacao. Los frutos son exquisitos, y las flores abundan y embelesan por la variedad y fragancia.
Los bosques rebosan en maderas de alto precio que activamente se utilizan y exportan, porque el pueblo cibaeño es esencialmente trabajador; más aun, civilizado, hospitalario y franco.
En aquel hermoso rincón de América, encuéntrase, como en Costa Rica, muy dividida la propiedad, y en su mayor parte cada campesino es propietario. Tal condición constituye un ser inteligente, iniciador y dispuesto á proteger cuanto redunde en favor del progreso nacional y de sus propios intereses.
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El general Ulises Heureaux y sus ministros han sido los motores de gran poder para el desarrollo de todas las ventajas que en el Cibao descuellan y que son cimiento hermoso de un porvenir sin par.
No en menor escala se fomentan los dones de la feliz naturaleza en los campos de Azua, aprovechando todos los factores que el progreso pone al alcance de la industria, del comercio y del más importante ramo, que es la agricultura, y afirmaremos que ahora y por primera vez Santo Domingo adquiere verdadero poderío.
Más que reconstituir ha sido inventar, construir en totalidad, dar nueva y completa forma á lo que sólo era un boceto, en cuanto se considere que para el vasto ensanche no se contaba sino con los
recursos propios y con la virilidad del pensamiento, extraño á replegarse niá empequeñecerse
ante la magni-
tud de la ímpro. MUELLE, ADUANA Y PUERTO DE Santo DomINGO ba labor.
En la grandiosa bahía de Samana, en los puertos escalonados, en la dilatada costa, repercute la acción organizadora, y el movimiento importativo y exportativo acusa el despertar de un pueblo á la vida de la civilización.
Multiplícanse las vías de vapor; los hilos del telégrafo transmiten la idea; cuarteles, parques de guerra, hospitales, oficinas fiscales, acueductos, se edifican por todas partes dando el pan del trabajo á las clases obreras; la instrucción popular se fomenta y se instala bajo idóneas condiciones, y en todas las esferas surge el interés por el estudio, paralizado por los choques revolucionarios.
Acude á la mente el nombre de una educacionista insigne, que empleó todas las fuerzas de su ser y todos los vigores de su inteligencia para ilustrar al sexo hermoso, preceptor sabio de los pequeñuelos en el hogar doméstico. Salomé Ureña de Henríquez comenzó la tarea cuando era
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buscar en sí propia y que encontró en su claro talento y en su corazón generoso y levantado, que hasta su postrer latido no amortiguó un instante su entusiasmo, creador de esposas y de madres cultas, útiles á la familia y á la sociedad.
La sabia maestra rendía también culto á las letras, y del dominio público son inspiradísimas composiciones poéticas que no sólo brillan por el ingenio y la corrección, sino también por patrióticos vuelos y progresistas pensamientos.
Mujeres ilustradas y cabales, y hombres de alto saber literario cuenta Santo Domingo, y pudiéramos citar nombres y apoyar con publicaciones notables el valer de esos ingenios *; pero nos desviaríamos de nuestro principal objeto, haciendo sin embargo una excepción en gracia de una obra que por su índole histórica realza la galanura del lenguaje, los tipos perfectos que en ella se destacan, y los interesantes episodios que la hábil pluma de Manuel de Jesús Galván ha dibujado con hermosas filigranas. Enriquillo es el título del precioso libro, nombre que lleva una laguna famosa en la historia dominicana, y una isla, refugio un día del cacique Enrique, que sublevado contra el dominio español, y en armas mantúvose durante largo espacio de tiempo, sostenido por sus aptitudes morales y por su prestigio.
La antigua isla Española, dividida hoy en dos repúblicas, la de Haití y la de Santo Domingo, es en toda su extensión la mayor de las Antillas después de Cuba, y hasta hace algunos años, su población al Este, ó sea en la nación dominicana, era escasa relativamente á su territorio.
La nueva próspera faz, la protección que el Gobierno presta y las garantías que ofrece, han hecho practicable la inmigración, siendo ella elemento capital agrícola, creador de industrias nuevas, obrera infatigable y útil para hacer prácticos los ideales modernos, uniendo su esfuerzo al espíritu general del pueblo que es su patria de adopción, considerándose en ella como hijos de su suelo identificándose con su adelanto y haciendo comunidad de intereses.
1 Tenemos en preparación un Diccionario histórico-literario, en el que tendrán cabida los > |
escritores de toda América.
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Cambio tan favorable dará á Santo Domingo un total de 600 á 700,000 habitantes.
En la maravillosa rotación universal, en el torneo de las civilizaciones, el observador imparcial y práctico ha de tener aplauso en los labios para las personalidades que graban sus ideas regeneradoras en un pueblo, y ha de rendir acatamiento á los hombres que moral, intelectual ó socialmente cambian la faz de una nacionalidad y son el verbo en los progresos patrios.
Nuestra nota laudatoria podrá servir de primera piedra en el monumento biográfico que la posteridad levantará en honra y prez de los inmortales.
El general Ulises Heureaux, primero como ministro de Interior y Policía bajo la presidencia de un hombre ilustrado y en pensar profundo, monseñor Meriño, y después al asumir el supremo poder, ha desplegado dotes tan excepcionales para el mando, que la historia ha de consignar y enaltecer.
Uno de sus grandes méritos es haberse evidenciado por su propio brío y voluntariosa energía.
La pujanza de su brazo; el valor indómito y temerario, al-que nada arredra; las ideas nuevas, regeneradoras, y el amor á todo progreso, han llevado al general Heureaux hasta el sillón presidencial.
En su primer período del 82 al 84 y después en los del 87 hasta la fecha, no han escaseado ni conatos de rebeliones, ni dificultades para el cobernante; pero jamás pudieron doblegar su arrojo ni desviarle de sus propósitos fundamentales. La consolidación de la paz nacional: la fusión de los partidos que largos años disputáronse el poder empobreciendo y desgarrando al país: la fraternal amalgama de las tres razas dominantes en aquél.
Hoy los descendientes de africanos, indios 6 europeos no forman sino una sola familia, que individualmente ayuda á realizar el hermoso ideal político del jefe del Estado.
Rodéanle y forman su gobierno, hombres de diferentes principios políticos, y del mismo modo están desempeñados los cargos de mayor importancia y responsabilidad.
Hay en el general Heureaux perseverancias inquebrantables, propias de quien persigue el completo éxito de una idea.
Meditativo para todos sus actos, revisten éstos la madurez de la reflexión y llevan el sello de facultades intelectuales vigorosas al par que
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sólidas y prácticas, empleadas sin descanso en los asuntos públicos que despacha é investiga personalmente 4 todas horas, porque su anhelo más fervoroso es elevar el crédito de la República, establecer en ella un adelanto perdurable y extenso.
GENERAL ULISES HEUREAUX, Presidente de la República
En una de sus últimas cartas nos decía:
«Cuando V. tenga ocasión de volver á visitarnos, notará los cambios ventajosos que la paz y mi decidido empeño han realizado en este país.
El progreso empieza á tener manifestaciones positivas en todos los órdenes de la vida social, sin localizarse en centros determinados, sino
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generalizándose y extendiéndose hacia las más apartadas comarcas de la República. »
Al rostro asoma el entendimiento claro y despejado á la vez que el espíritu observativo para conocer y juzgar á los hombres y la cosa pública. Feliz inteligencia necesita el jefe de un Estado, para buscar y encontrar el sendero conductor hasta el corazón de las masas populares, y el general Heureaux, hábil 6 afortunado, lo eligió desde luego.
La política americana ó política europea le es familiar, y emite apreciaciones exactísimas que acusan el completo conocimiento y el prolijo examen de los sucesos.
Altos hechos dan lustre á la vida militar del mandatario dominicano, y traducen el valor que en múltiples ocasiones ha demostrado y que reconocen hasta sus más encarnizados enemigos políticos.
Recordamos que en Costa Rica y en un ataque sangriento contra el general Heureaux, narraba un emigrado algunas de sus hazañas y hacía, sin pensarlo ni desearlo, un brillante panegírico del guerrero intrépido y del sagaz y popular presidente, á quien el pueblo y el Congreso dieron en 1888 el hermoso título de Pacificador.
Su trabajo más arduo y provechoso es haber sostenido la tranquilidad pública durante largo período, pues con ella el bienestar crece y la riqueza nacional y el progreso echan raíces hondas.
Es tenaz en sus ideas, laborioso por hábitos y por naturaleza; en costumbres, sencillo; en dignidad raya á la altura lógica en el jefe de una nación. Como hijo de América es hospitalario y dejará el recuerdo de generosidades y de rasgos especialísimos, que acreditan el espíritu elevado y la grandeza de un alma republicana. La elocuencia es fácil y tiene la precisión de conceptos que convence y halaga.
En uno de los aniversarios de independencia decía:
« Dominicanos: Continuad demostrando al mundo civilizado lo que puede la voluntad y el querer de un pueblo, aunque sea pequeño, para levantarse en alas del progreso moderno y hacer respetable y respetuosa su soberanía. La República Dominicana marcha á sus destinos, asimilándose en lo posible todos los bienes de la civilización moderna. Nosotros no lo sentimos tal vez, como no se siente el movimiento del planeta; pero el observador sabe verlo y la estadística lo demuestra y comprueba. »
El voto unánime nacional ha hecho precisa dos veces la reelección del general Ulises Heureaux, para que la educación política de la patria
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dominicana no sufra retroceso ni encuentre obstáculos su perfeccionamiento y desarrollo moral y social.
Tal es el perfil, 4 grandes rasgos, del general Ulises Heureaux, y el lisonjero cuadro de la República.
La rotación luminosa de las naciones americanas ha de llegar necesariamente á su apogeo en la primera década del siglo xx, y nada podrá acarrear un retroceso si el orden y la paz sobre todo, continúan amparando el valor de la propiedad, las importantes utilitarias empresas y los poderes públicos, cuando éstos consagran por entero su autoridad á normalizar la situación política administrativa, á proteger las felices condiciones sociológicas de cada pueblo y 4 rematar la obra grandiosa
redentora.
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ALGO DEL PASADO.—LA REPÚBLICA HAITIANA.-—DOS HOMBRES EN RELIEVE
CONCIENCIAS BLANCAS Y ROSTROS MORENOS
>> Un remontarnos á los albores del prodigioso descubrimiento, ni
á los primitivos tiempos de la conquista, no parando atención - en Cosas que han dado extenso asunto para los historiadores, ni ocupándonos del apogeo de Haití* como centro de las colonias españolas en América, pasando de largo sobre la fundación de la ciudad que dió su nombre á toda la isla histórica, tomaremos puerto de partida en la colonia francesa que bajo tan diversas alternativas tuvo su base en la isla de la Tortuga, situada al Noroeste de Santo Domingo y en las costas del Cabo francés, en aquel período aventurero que trae á la memoria episodios atrevidos, odiosos atentados, caballerescas defensas y sangrientos combates sostenidos por los famosos boucaniers * en los mares americanos contra las escuadras, sus perseguidoras. Los piratas y salteadores de mar paseábanse por ambos Océanos y hacían á mansalva temerarias correrías para recoger á veces inmenso
* Nombre que los naturales daban á toda la isla, llamada por Colón la Española. 2 Bucaneros, piratas franceses.
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botín, dejando rastro de muerte y de lágrimas en la mayor parte de los puertos del mar del Sur d Pacífico.
En aquellas fechorías hubo algunas individualidades que adquirieron celebridad bien triste, y su nombre resonaba en Europa y América con sobresalto y con horror supersticioso, como temerosa evocación de la violencia, del saqueo y de los desafueros más sombríos é inhumanos.
La mujer hermosa, el laborioso propietario, el artesano honrado, el mercader acumulador de riquezas para nuevos fines comerciales, estaban á merced de la rapacidad pirática y de su formidable atrevimiento; expuestos á la deshonra, al cautiverio, al enganche forzoso, á la tortura hasta entregar el oro codiciado, y á la muerte en los profundos abismos del mar.
La bandera de aquellos devastadores enemigos de la humanidad, era de exterminio en las costas ubérrimas y hermosas, en las comarcas de mayor lozanía y producción.
Aquel siglo xvi fué sembrado de peripecias y sobresaltos para las colonias de corto tiempo creadas, hasta que sucesivas derrotas y el apresamiento y destrucción de los buques piratas, pusieron término á sus rapiñas y devolvieron la tranquilidad á los colonos españoles.
Entretanto habíase agrandado considerablemente la colonia francesa del Cabo; el nido marítimo de buitres se convertía en centro de trabajo, donde la agricultura tomaba creces; numerosos esclavos africanos hacían prosperar la naciente población ya reconocida oficialmente por España y Francia como colonia, que en 1790 contaba medio millón de habitantes, pero divididos por encarnizado antagonismo de razas.
La revolución de ideas más propiamente social que política, fué tomando carácter agresivo; el elemento blanco formó dos bandos semejantes á los que en Francia se agitaban y ponían los cimientos para la cruenta lucha monárquico-republicana, y por el pronto las pasiones se enardecían y la pobiación caucásica rechazaba á los que ella misma había establecido para provecho de sus intereses y que regando la tierra con el sudor de su frente, cooperaban para dar mayor lustre á la riqueza territorial. Derechos políticos no tenían ninguno, ni los hombres de pura
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casta africana ni los mulatos, y se comprenderá á primera vista que estaban alejados en absoluto de las esferas administrativas.
Acentuáronse los principios de libertad: hubo planes de constitución : refundiéronse en una las tres asambleas que manejaban las tres provincias, y se reflejó el conato de independizarse, esto sin admitir el concurso ni mancomunidad con las clases de color, que habían de seguir excluídas y parias en aquel movimiento de igualdad y fraternidad.
Era lógica la sublevación de los ánimos y había de subir á su más alto grado con la ejecución de un desgraciado mulato, Lacombe, culpable, si la frase es propia, de haber intentado defender los derechos que se negaban á su clase.
Hubo también otro motivo para que aumentara la efervescencia y fué el motín popular contra el magnánimo proceder de Beaudiére, plantador francés, que interponía su influencia en favor de las razas desheredadas.
El populacho lo sacrificó sin piedad, y pagó con su vida el justiciero y generoso impulso.
Los efectos de tales atentados fueron desastrosos, y al grito de rebelión acudieron numerosos descontentos, y en armas, se declararon en favor de la emancipación de su raza. Capitaneó esta insurrección un mulato ilustrado, Vicente Ogé, quien en París había fortalecido y ensanchado sus ideas independientes al roce amistoso con inteligencias superiores como las de Brissot y Lafayette. La tentativa fué por demás desgraciada, y el iniciador, con un hermano suyo, murió descuartizado.
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Tamañas crueldades produjeron en Francia honda sensación, y la Asamblea Constituyente hizo algo para contrarrestar las consecuencias de aquéllas con el decreto dado en Mayo de 1791, declarando que gozarían de todos los derechos de ciudadanos franceses, aquellos hombres de color nacidos de padres libres.
La colonia protestó, mirando lo resuelto como un paso para la abolición de la esclavitud, y formularon enérgica reclamación, dando pábulo á que tomara mayores proporciones el encono de razas, pues los hasta entonces humildes esclavos se irguieron con toda la impetuosidad selvá-
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tica africana: el desorden llegó 4 su colmo, y los sublevados, exasperados, se vengaron cruelmente de sus opresores.
El gobernador, alarmado, puso un dique al desborde funesto, ofreciendo el eumplimiento del decreto por el cual los mulatos obtenían las prerrogativas de hombres libres. Pero el paliativo no cicatrizó la herida, y la llaga fué más profunda cuando la Asamblea francesa revocó todo lo dictado por la razón y á favor de las ideas que la Francia proclamaba.
Entonces aglomeráronse los acontecimientos: la
guerra sin cuartel; los partidos en convulsión; los
mulatos y los africanos organizados para pelear hasta conseguir el triunfo, y para colmo de males, la invasión de españoles y de ingleses, enemigos de la Francia, que en el desquiciamiento general, en guerra interior y exterior, y á raíz de los lúgubres sucesos del 93, pensó en guardar sus colonias amenazadas reanimando los espíritus y unificando los partidos y las razas, aboliendo de un golpe la esclavitud, medida que había de oponer á la invasión el robusto apoyo de los africanos.
Pero sobrevino el poder británico conquistado por
imponentes fuerzas de mar y tierra; vióse la colonia perdida y el general francés Leveaux sin elementos para hacer frente al enemigo poderoso, que se hubiera señoreado del país á no mediar una de esas circunstancias extraordinarias que en ocasiones deciden el futuro de los pueblos 4 por lo menos ejercen predominio inesperado en sucesos capitales. Vacilaba el general Leveaux ante la humillación de verse vencido y llegar á la patria francesa con la mengua de su derrota, y hubiera deseado más bien muerte
oscura en el campo de batalla 4 vivir para contar el
triunfo de los ingleses y el abandono de la colonia. Todo se presentaba sombrío: la gloria de Francia y la suya propia estaban empeñadas en aquella región, y fuerza era recuperarla. ¿Pero cómo? En los instantes de mayor desaliento preséntase un hombre valeroso, un liberto lleno de entusiasmo, que ofrece ponerse al frente de hombres acostumbrados á la pelea en la desastrosa guerra civil. El socorro llegaba tan á tiempo, que en él vió Leveaux su salvación.
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De propósito hemos hecho brevísimo relato de algunos acontecimientos para llegar á este importantísimo, en el cual Santos Louverture ocupa elevadísimo puesto en la historia haitiana.
Cerca de la ciudad del Cabo y en la hacienda Breda, había sido esclavo desde niño el hombre que intentaba vencer al invasor inglés.
Dotado de natural inteligencia, había tenido esmero para cultivarla con el estudio, consagrándose particularmente al de la botánica, adquiriendo con él profundos conocimientos de las plantas medicinales, que empleó después como médico de una de las partidas que se alzaron en épocas anteriores.
Santos Louverture se había distinguido también en los combates, yá su arrojo unía gran serenidad, benevolencia suma, gran rectitud y amor á la justicia de la causa francesa.
Los hombres de su raza, los libertos, le consideraban muy superior á ellos y se sometían gustosos á su influencia.
El auxilio no podía ser más propicio para el general Leveaux, y desde luego Louverture fué nombrado general de brigada: después asumió el mando en jefe, por el acierto en las operaciones y la eficacia desplegada no sólo para hostilizar al enemigo, sino también para allegar recursos, no desalentándose jamás, ni perdonando medio para el crecimiento del ejército puesto á sus órdenes, y, moralmente, influir en los ánimos decaídos, inspirándoles confianza en el triunfo, que no tardó en coronar al liberto patriota.
La cesión de la parte española de Santo Domingo, hecha por España á la Francia en el tratado de Basilea, dejó el terreno más despejado de enemigos, y Louverture no tuvo que combatir sino á los ingleses y alcanzó tales ventajas que á poco tiempo les hizo abandonar el campo.
Santos Louverture era de raza africana y tenía contra sí á los mulatos envidiosos de sus aptitudes y de la altura lograda por su bizarría, que hubo de emplear más de una vez en otras contiendas y sublevaciones de aquellos enemigos suyos.
Justa recompensa merecía quien servicios tan grandes había hecho, y el general Leveaux cumplió como bueno al nombrarle teniente gober-
nador de toda la isla pacificada por él, apreciando más que nunca las
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capacidades de un hombre nacido para legislador. Sus facultades sobresalieron en la metamorfosis que tuvo la colonia: en su progreso, en la hacienda pública bien administrada, en el hábil fomento del trabajo utilizado en reedificar edificios y poblaciones, donde la guerra había dejado huella nefanda; y guiado por sus sentimientos liberales creó un gobierno, diremos autonómico, aprobado por la Asamblea comunal y presidido por el mismo Toussaint Louverture, arrogándose mando vitalicio que, á no dudarlo, hubiera vigorizado los elementos constituyentes para una nueva nacionalidad.
La cesariana voluntad de Napoleón echó por tierra cuanto en favor de independencia se había adelantado en la colonia, y el primer cónsul de un país que por conquistar libertades había llevado al patíbulo á sus reyes, derramando á torrentes la sangre para hacer triunfar los principios republicanos, fué reaccionario hasta el punto de que se decretase no abolida la esclavitud, restableciendo derechos de soberanía y el antiguo y caduco régimen, apoyando aquéllos con 36 buques de guerra y 30,000 soldados que, mandados por el general Leclerc, surcaron el Océano y fueron á desembarcar en la anchurosa y segura bahía de Samaná.
Era tan injusta y arbitraria la conducta de Napoleón Bonaparte, que la tentativa había de ser infructuosa moral y políticamente.
Encendióse la saña contra los franceses: los odios de otros tiempos renacieron, y Santos Louverture fué una vez más el caudillo en aquel empuje violento que se prolongó sin grandes ventajas para unos ni para otros,
Con sobrado fundamento juzgó Leclere que la lucha había de ser no sólo estéril, sino de éxito dudoso para la Francia, y apeló á la buena fe de Louverture para ejecutar un plan que en su mente había germinado. Cansados ambos ejércitos del combatir incesante, recibieron con regocijo la propuesta de una tregua, de una suspensión de armas, hecha por el general francés y aceptada sin desconfianza por el jefe de la colonia.
Entonces, lo que no había logrado Leclere en campal batalla, lo consiguió por la villanía y la traidora astucia: Santos Louverture fué preso y deportado á Francia.
Allí, el infortunado haitiano murió en un tenebroso calabozo de Besangon.
Un año después se proclamó la independencia de la colonia, recobrando desde aquel suceso el nombre indígena de la isla: Haití.
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AMÉRICA EN FIN DE SIGLO 90
Hay en la historia haitiana una típica figura de grata memoria para América, no sólo porque se enlaza con la del heroico Simón Bolívar, sino también por haber sido fidelísimo á las ideas republicanas y benefactor del país, donde ejerciera suprema autoridad.
Alejandro Petión nació en Puerto Príncipe, en 1770, de padre francés y madre esclava: en su niñez fué herrero, más tarde platero; y como desde la infancia aborreciera el régimen colonial, sentó plaza de soldado raso y tomó parte en una de las primeras insurrecciones contra la esclavitud. Petión, no sólo tenía inteligencia natural, sino cultivada por la educación, y esto hacíale influyente y apto para dominar á los sublevados.
Pacificada momentáneamente la colonia, cruzó Petión el mar y habitó en Francia algunos años, hasta que en 1802 regresó á la isla de Santo Domingo con el grado de coronel. Habiíale otorgado Napoleón para asegurarse el concurso del inteligente mulato, afirmándole que la expedición Leclerc no llevaba otra misión que la de tranquilizar la colonia.
No tardó Petión en conocer el engaño. Su alma generosa y sus sentimientos liberales le hicieron avergonzarse de haber acompañado á un ejército que se imponía tiránicamente y abrigaba el propósito de remachar las cadenas de la esclavitud, cuando lo más sagrado á sus ojos era la libertad del hombre.
Petión huyó á las serranías, y aprovechándose de su prestigio é inspirándose en la razón, reunió partidarios, declarándose enemigo implacable de los franceses y apoyando á Dessalines en la cruda guerra que dió la deseada independencia á la colonia en 1804.
La intelectual capacidad de Petión y los rasgos característicos que le distinguían, fueron escalones para la presidencia y el pedestal de su celebridad, dándose el caso de la reelección por dos veces y hacerse al fin vitalicio el mando.
Palpable y directo fué el bien para la naciente república, y en su política exterior é interior desplegó Petión singular diplomacia, á la vez que francas y dignas cualidades.
Las manifestaciones más notables de su administración fueron el apo-
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geo de la riqueza industrial, el impulso agrícola, la constante labor en pro de la instrucción pública, que poco ó nada había adelantado en aquellos tiempos luctuosos de perpetua lucha. El comercio tomó vuelo y las costumbres sociales siguieron el movimiento general.
Había un gran fondo filantrópico en el presidente haitiano, y prueba grande fué la decidida protección suya para las libertades colombianas. Admiró á Bolívar, le acogió con agasajo y amor, cuando sin recursos, sin esperanzas y acompañado por muy pocos leales, llegó á la tierra haitiana solicitando hospitalidad.
Las sacrosantas aspiraciones de libertad y patria tuvieron en Petión el más eficaz y celoso bienhechor, y no escaseó armas, municiones, hombres y dinero para la primera expedición de los independientes venezolanos. De nada careció Simón Bolívar y todo lo obtuvo en la redentora amistad de Petión.
Nos transmiten los anales de aquel tiempo una escena sublime entre aquellos dos prohombres, grande uno por los pensamientos colosales que en la mente albergaba con pedestal de justicia y de libertad para todo un continente; noble y generoso el otro, en su elevada alteza de protector en la campaña creadora.
Despedíase Bolívar de Petión y no encontraba palabras que expresaran el reconocimiento que sus servicios merecían.
Conmovido el haitiano, estrechó al héroe venezolano entre sus brazos diciendo:
— ¡Que el buen Dios proteja vuestras empresas!
— ¡Que Él me conceda dejar á la posteridad un monumento de vuestra filantropía y nombraros el autor de nuestra futura felicidad!
— No pronunciéis jamás mi nombre; no. El único deseo que tengo cs el de ver libres á los que gimen bajo el peso de la esclavitud. Si emancipáis á mis hermanos, habréis pagado con creces mi amistad y lo poco que valgo.
Bolívar, al cumplir más tarde una idea capital en su credo político, pagaba la deuda contraída en Haití, y en Ocumare, en el mismo año 1814 y después en 1818, decretó la abolición de la esclavitud, reparando la sinrazón y el odioso atentado cometido contra una parte de la humanidad, desde hacía siglos.
En el Congreso de Angostura, en 1819, decía Simón Bolívar:
«Yo abandono al Congreso, y 4 su soberana decisión, la reforma 6 revocación de todos mis estatutos y decretos, pero imploro la confirmación
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de la libertad absoluta de los esclavos, como imploraría mi vida y la vida de la República. »
Alejandro Petión había muerto ya en 1818, en edad no madura, pues que sólo contaba cuarenta y ocho años, rodeado por el respeto y el amor de sus conciudadanos, con la satisfacción de la conciencia pura y del deber cumplido. Regístrase en la existencia del virtuoso haitiano un episodio pasional, una ternura única, la unión de dos corazones, desenlazados en la tumba.
Fué amado y amó con transporte ciego á una francesa, M. Jaio, que no queriendo separarse de los amados despojos, los hizo conducir á Francia. Aun en el clásico cementerio del Padre Lachaise se levanta el
monumento que á los restos de Petión consagró el cariño.
No ha tenido Haití, como otras Repúblicas del Nuevo Mundo, íntimo contacto con los pueblos europeos ni americanos, lo que en los principios de su vida política hizo no fuese tan rápido el movimiento progresista, contribuyendo sobre todo sus continuadas discordias civiles y sus frecuentes guerras con la vecina República Dominicana, que anexionada por Boyer y formando un todo con Haití durante veintidós años, recobró después todos sus derechos y nacionalidad, defendiéndose tenazmente y con gloria de las tentativas hechas por los haitianos para someterla á su dominio.
En las conflagraciones sangrientas, en los episodios y divisiones de los poderes públicos, destácanse hombres verdaderamente notables como Boyer, dotado de no escasas condiciones para el mejoramiento nacional, y que conservó su alto cargo veinticinco años. Faustino Soulouque, que á la sagacidad suma característica unía el tacto necesario para mantener la paz interior, siguiendo una política exterior que no alteró primero como presidente y diez años como emperador con mando absoluto. La figura de Fabre Geffrard está por más de un concepto llamada á ocupar elevado asiento en la historia de Haití, por haber emprendido la tarea de normalizar la hacienda, derrocando abusos y corrigiendo despilfarros; dar mano firme á la instrucción pública; establecer una marcha conciliadora y asaz diplomática en cuestiones de tan alto interés como fué la
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reincorporación de Santo Domingo 4 España, llevada á cabo en 1861 por el general Santana, sus ministros, el representante de la República Dominicana en Madrid, general Felipe Alfáu, y algunos partidarios de aquella entidad política que tanto había hecho en gloria de la nación dominicana, ya en las tentativas É invasiones haitianas, ó en pro del adelanto de la paz y del orden, hasta merecer el significativo dictado de Libertador.
A través de dictaduras y de angustiosos vaivenes políticos, vemos ele-
PAISAJE EN GOAVE
varse á la presidencia al general Salomón en 1879 y dar muestras de su capacidad en el arreglo del sistema fiscal, en el monetario y postal; en el realce del crédito, en la fundación del Banco nacional y particularmente en el primer paso dado para que el país tuviera con el cable submarino comunicación breve con los países extranjeros, dando la vida comercial con tan halagiieña innovación. Débese á Salomón el certamen agrícola que puso de manifiesto el gran concurso de aquella tierra
benigna y rica; el empuje dado á las plantaciones de café, producto
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AMÉRICA EN FIN DE SIGLO 103
principal en Haití, y la instalación de soberbios establecimientos en Goave, donde se limpia y prepara el grano: la exportación ha subido en los últimos diez años á 90 millones de libras, resultado doble ¿ inesperado. Una revolución formidable puso límite á la acertada magistratura de Salomón, y al poco tiempo de su caída murió en París.
Bajo la administración del general Hippolite, y á pesar de las turbulencias interiores, ha seguido la República ilustrándose, enriqueciéndose y aprovechando de los productos de su suelo. Las letras han tomado carta de ciudadanía; la prensa cuenta con hombres ilustrados. En Europa se han educadó y adquirido grandes conocimientos en derecho político, internacional, penal, comercial, en ciencias y en marina, los hombres que ahora hacen prácticos sus estudios transmitiéndolos y empleándolos en difundir las luces modernas por todos los ámbitos del país.
En la Revista Mensual de Legislación danse al público artículos profundos y meritorios, y en Chicago apreciábase la lectura de un libro escrito por los Sres. Gentil y Chauvet, en donde alienta el buen sentido práctico y la exactitud para dar á conocer la República de Haití, así como en la Historia de la Literatura Haitiana, por E. Selve, se juzgan los esfuerzos incesantes en favor de las letras.
Mucho se hace y se ha hecho en obras públicas, en mejorar los caminos, en teléfonos y telégrafos, en muelles y mercados y en concesiones ferroviarias, primero y gran elemento vital para los pueblos.
Todavía queda no poco que trabajar, para que alcance la región haitiana el grado de cultura á que las naciones aspiran en la civilización moderna; pero es labor fácil para el gobernante inteligente, por las dificultades ya vencidas y gracias también á la activa influencia del trabajo que predomina y acalla en general y en particular las pasiones de partido, los conatos ambiciosos de mando y el antagonismo de razas, unificadas por los intereses sociales así como especialmente ante el bienestar doméstico asegurado por el concurso de la estabilidad política y del orden.
Haití, en más alto grado que otros países, ha menester del consorcio con los grandes centros que le sirvan de estímulo y á la vez de ensenanza, tanto más cuanto que en las aptitudes características en la raza africana, hay la de identificarse con todo lo ventajoso y adaptarse á lo que tienda á su perfeccionamiento moral y ú la elevación de su raza, en las universales tendencias de ilustración y adelanto.
104 BARONESA EN WILSON
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En París, en uno de los asilos para niños abandonados, había una hermana de caridad muy joven y agraciada. Su patria era Haití, pero siendo sus padres ciudadanos de los Estados Unidos, allí habíase educado, permaneciendo en la Nueva Belford hasta cumplir sus diez y seis años.
Era hija de un hombre de corazón y nieta de Federico Bailey Douolass, escritor en la gran República norte-americana.
Al pasar bosquejaremos ambas figuras.
Bailey Douglass nació esclavo y fué huérfano desde la más tierna infancia. Demostrando inteligencia precoz que logró cautivar la atención de su dueño, enviósele 4 Baltimore, pero precisamente para que no alcanzase momento de sosiego que consagrar pudiera al estudio, temiendo el amo arbitrario el desarrollo de la intelectual capacidad de su esclavo.
Pero Douglass robaba al sueño lo que se le prohibía conquistar, el alimento para su espíritu entusiasta y soñador. La naturaleza de Douelass no tenía la robustez de su raza y más bien era débil y enfermiza, porque la vida refugiábase en el corazón y en la cabeza.
Encerrado en sí, ajeno á todo afecto de familia, altivo é independiente por naturaleza, era para todos serio, grave, huraño y nada dispuesto 4 rebajarse para conseguir la humillante piedad de su amo, que irritado por su altivez le vendió á un hombre reputado como domador de esclavos.
El carácter de Federico Bailey Douglass no se doblegaba, y al verse en poder del terrible Covey, formó el plan de libertarse y una vez pensado lo puso en ejecución, no sin haber sufrido las crueles consecuencias de dos tentativas frustradas.
En Nueva York perdieron su huella los implacables perseguidores, y Douglass bebió á grandes tragos en la fuente del saber, no sin buscar antes el calor de un corazón amante y crear hogar con los lazos del matrimonio.
Dícese que sus primeros escritos fueron antiesclavistas, lo cual dada la historia suya es lógico y natural, tanto como ia celebridad alcanzada en breve, siendo miembro de la Sociedad abolicionista, por la propagación de los principios que tanto le enaltecían.
Para enriquecerse con mayores elementos de ciencia y de progreso,
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viajó por Europa, y en Inglaterra fueron sus escritos aplaudidos hasta el punto de proporcionarle recursos abundantes para su rescate, pues que andaba fuera de la ley y expuesto á los rigores de su antiguo amo.
Se desvelaba por inculcar la idea de abolición de la esclavitud, haciendo campo de sus ideas La Abeja del Norte, periódico que fundó en Rochester, á su vuelta de Europa.
Sus memorias tienen sabor político-social, y de ellas se han hecho en Boston repetidas ediciones.
Pasaron los años: las doctrinas antiesclavistas habían tenido sus apóstoles y sus mártires, el más infortunado y más esclarecido entre éstos, Juan Brown, cuando en 1860 á 1861 estalló la guerra de los Estados del Sur contra los del Norte y apenas triunfó electoralmente Abraham Lincoln, candidato á la presidencia de la República y conocido por sus opiniones abolicionistas.
Aquello fué sangriento y llegó á tomar vuelo colosal: un millón de hombres estaban armas en mano y el año 1862 registra más de dos mil combates.
El 1.” de Enero de 1863 lanzó Lincoln la famosa proclama de libertad para los esclavos, extensiva en todos los Estados de la Unión norteamericana. La contienda civil tan empeñada y tenaz duró cuatro años. El 9 de Abril de 1864 se rindieron las tropas confederadas y lució la aurora de tan deseada paz.
Cinco días después, cuarto aniversario de la guerra, fué asesinado el presidente Abraham Lincoln en el teatro Ford, en Washington. Era el epílogo trágico de aquel período luctuoso.
Retrocedamos: en la memorable batalla de Munfreesboro cayó prisionero de los confederados un comandante, joven, bizarro y celebrado por su temerario valor.
Herido levemente, se le condujo á una fortaleza, donde los cuidados de la hija del gobernador fueron el bálsamo eficaz para su curación. En aquella faena caritativa enlazóse el corazón de ambos jóvenes con tan estrecho nudo, que no entendieron ni intentaron desatarlo cuando en consejo de guerra se decidió el fusilamiento del prisionero por ser uno de los jefes más decididos contra el Sur y de gran influencia en la campaña.
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La rubia hija del Norte no vaciló: era preciso huir para salvar la vida del preso á quien adoraba.
Todo lo combinó, todo fué previsto, y una madrugada abandonaron el fuerte disfrazados, y al galopar de los caballos internáronse con dirección á uno de los campamentos federales.
De repente, de una espesura salió un hombre y asió las bridas del corcel que montaba el comandante.
Era un negro alto, robusto, de facciones acentuadas, pero no toscas ni aviesas.
— Me encomendaron perseguir á V. y cumplo el compromiso — dijo cortésmente.
— Ignoro por quién nos tomas; te equivocas: déjanos el paso libre.
— No puedo engañarme; á pesar del disfraz de hombre, el compañero de V. es miss A.....
— Pues bien, sí, ¿para qué fingir? soy el comandante B.... ¿Pero qué beneficio puede resultarte al impedirme no sólo que salve mi vida, sino que vaya á reunirme con mis soldados? Si es por fuerte recompensa, yo te la daré más fuerte.
Y quitábase un soberbio solitario entregándoselo al que parecíale un esclavo.
—Es muy hermoso y rico — dijo tomándolo, — pero no podría aceptarlo.
— ¿Por qué, Tomás Bailey? — interrogó miss A...
— Usted me conoce; yo no soy esclavo: mi padre era libre; sirvo de secretario al gobernador por estudiar la marcha de la guerra. ¿Qué piensa V. de los negros, comandante?
— Que Dios los creó iguales á los blancos; que tienen alma grande y corazón impetuoso, capaces de abnegaciones, como todas las razas.
— Y está V. en lo cierto. Así, pues, el valor del anillo es muy crecido, y si fuera un esclavo que la voluntad de un amo tiraniza, tampoco lo aceptaría; prosigan Vds. su camino y Dios los salve.
— Pero á lo menos la sortija será un recuerdo nuestro.
— No; creería que mi acción hubiese tenido por móvil el mezquino interés.
Y Tomás Bailey desapareció en la frondosidad cercana.
En Honorina Bailey habían encarnado la inteligencia de John Douglass y la nobleza de Tomás Bailey: era una mujer sencilla, modesta,
pero ilustrada, caritativa y generosa.
AMÉRICA EN FIN DE SIGLO 107
Su padre habíase casado en Haití; después, siendo ella muy niña, se estableció en los Estados Unidos. Su entendimiento clarísimo se formó más amplio con el estudio. Algo había en ella de místico, —al pasar de la niñez á la juventud, — y naturalmente se inclinaba á la meditación y al recogimiento, pero no era vocación completa, ni pensaba en entregarse á las rigideces de la vida religiosa. A los quince años su alma tierna y sensible correspondió al amor de un joven francés de alto linaje, pero pobre, expatriado y sin familia. La gallarda mulata fué su ángel de consuelo y el espíritu redentor de sus pesares.
Los amores fueron un idilio purísimo: las dos naturalezas se hermanaban de tal modo que no había sino un pensamiento y una voluntad. El matrimonio fué cadena de flores de cortísima duración. Una pulmonía fulminante envolvió 4 Honorina en los tristes crespones de la viudez. Entonces la divina luz iluminó su alma y consoló sus aflicciones.
Sus padres habían muerto, y cumpliendo los deseos del emigrado, trasladó sus restos 4 Bretaña, donde sus antepasados habían tenido casa solariega, y apenas cumplió el deber sagrado, se consagró por entero á los pobres, á los niños y á los enfermos; al oir 4 sus compañeras, era Honorina el más bello ejemplar de virtud y amor á la humanidad.
Al bosquejar tres tipos especiales de la raza africana, hemos rematado nuestro estudio sobre Haití.
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CAPÍTULO VII
MINAS Y CONFLICTOS INTERNACIONALES. -—— LA GUAYANA. — LA GUAIRA
Y CARACAS. — EL GAÚCHO VENEZOLANO. — BAGATELAS
A La controversia existente y prolongada entre la Gran Bretaña y
Venezuela requiere por nuestra parte un examen descriptivo ó una ligera reseña de aquella tan disputada hoya del Orinoco, ¿E porque fuera imposible hablar de la región ambicionada injustamente por Inglaterra sin dar una idea del rico país que, descubierto por Alonso de Ojeda y explorado por Pinzón, tiene límites naturales é indiscutibles, que fueron frontera entre las posesiones españolas y holandesas.
Más de dos siglos han corrido sin que las fronteras de la antigua colonia española hayan sido puestas en tela de juicio, y en diversos tratados dábase por límite el río Esequivo, considerando España como suyo aquel territorio que se extiende por el Oeste, cubierto de selvas enmarañadas entre rocas, peñascales y moles graníticas, que dividen el Amazonas y el Orinoco. Bosques coetáneos del mundo antediluviano, habitados por reptiles venenosos que se arrastran en acecho del hombre ó suspenden de las flexibles ramas el anillado cuerpo, para caer de pronto sobre el atrevido invasor de sus dominios.
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110 BARONESA DE WILSON
En lo desconocido de las espesas malezas, de los arbustos y corpulentos árboles que se pierden en la altura infinita, se escucha el rugir terrorífico del tigre, del jaguar, 6 el más prolongado del puma, soberano absoluto de aquellas frondosidades.
La posesión de las bocas del Orinoco es de importancia capital para Inglaterra, y su conservación fuente de abundancia para Venezuela y punto de amor propio y de justicia. ¿En qué funda la egoísta potencia europea su derecho para pretender aquella región? Invoca la cesión de Holanda en 1814 de las posesiones al Oeste del río Esequivo, y por otra parte se funda en imaginario abandono de la república, puesto que desde su independencia no había ocupado los sitios discutidos.
En 1884, los ingleses se adueñaron de ciertos puntos en la gran boca del Orinoco, subieron por el río y en territorios venezolanos se instalaron como en casa propia, y hasta dióse el caso de quitar y poner autoridades y como si no existiera un Gobierno que pusiera dique á su audacia.
Las gestiones diplomáticas fueron infructuosas ante la terquedad favorable á los intereses británicos, y en 1887 cortáronse las relaciones y se entró en el terreno tirante y agresivo contra la Guayana, que'en ambas márgenes del Orinoco corre del Sur al Sudoeste, hasta el Río Negro y las posesiones brasileñas.
En Barima, donde no existía población hace algunos años, vense ahora numerosos caseríos y establecimientos ingleses en los terrenos usurpados, que aumentan su importancia y florecen cada día más, por el laboreo del oro descubierto en Barima, riquísimo filón que atrae y seduce, como aquellas fabulosas minas de California, y 4 su brillo acuden los europeos y los indios y pueblan los antes solitarios campos para explotar los pláceres auríferos descubiertos y los yacimientos que se buscan activamente.
La inmigración ha sido inmensa, y la orilla derecha del Amacuro y las ambicionadas riberas del Orinoco, han de convertirse en poderosa colonia inglesa, y esto contra todo el derecho que asiste á Venezuela.
La usurpación se hace hábilmente, creándose partidarios entre los indígenas, á los que se les exime de pagar impuestos, se les ayuda para las ventas y Compras en los mercados, se les mima y regala vestidos, pólvora, machetes y objetos de utilidad y de codicia para el indio, que con mayores ventajas trafican con el oro, con las pintadas plumas de la gran diversidad de pájaros, con los textiles propicios para la industria, con las maderas ricas y buscadas en los mercados europeos, y á la vez para
AMÉRICA EN FIN DE SIGLO 111
la comodidad de los nuevos señores del territorio, les brindan frescas hamacas, frutas delicadas y sabrosas, la vainilla, el caucho, el cristal de roca y tantos productos como encierra la entraña venezolana.
No pocos ingleses, como viajeros curiosos, ocupáronse hace años de
reconocer llanos y bosques, de levantar mapas, de hacer hermosas colec-
UN PAISAJE Á ORILLAS DEL ORINOCO
ciones mineras y de rendirse cuenta exacta del país que habían pensado hacer suyo, hasta el punto de que Barima fuese declarado puerto británico, que si la hace desarrollarse rápidamente, arruina por eso mismo la industria minera en la República, porque el afán de la ganancia y las ventajas que se ofrecen á los mineros del Yuruary y de otros puntos, les
A BARONESA DE WILSON
hacen dar la preferencia á los ingleses, que incansables construyen vapores, barcos á vela, y alfombran los ríos con lanchas y botes, para el fácil transporte y pronta comunicación.
No tienen los hijos de las nieblas británicas los rasgos característicos que habían de hallar origen en aquéllas; son activos por naturaleza, tenaces y osados en cuanto á su comercio importa ó á la preponderancia de su patria, y sabido es que el sistema colonizador consiste en crear poblaciones, dotándolas en seguida con iglesias, escuelas, mercados y Bancos, ejemplo transmitido á los Estados Unidos y que éstos han empleado, para absorber y crear con pasmosa celeridad. A pesar de esto no se conforma la gran República con el arraigo de sus progenitores en el Sudeste de Venezuela, porque les daría la dominación fluvial hasta el corazón de la América meridional por el Orinoco, que no sólo abarca toda la República y una parte colombiana por su tributario, el Meta, que es de fácil navegación hasta las proximidades de Bogotá, sino que se reune con el Amazonas y lleva por sí y por los hondos caudales de otros ríos que en el Orinoco tienen desembocadura, á exuberantes dominios, no explotados aún, que prodigarían sus tesoros á manos llenas en favor de esa Inglaterra, tan avara de la supremacía mercantil.
Las orillas del Guaima, del Barima, la isleta de este nombre y las márgenes del Amacuro, han sido puntos estratégicos y de avance para grandes compañías exploradoras que desentrañan los ricos criaderos en las comarcas que son el foco de aquéllos.
Las venas del Orinoco al alcance y en posesión del Gobierno inglés, serían un mundo de riqueza y de poder y rayaría su valor en lo fabuloso, porque hay vastísimos terrenos que la planta del hombre no ha hollado jamás, y por ellos veloz se precipita el Casiquiare, tributario también del Orinoco que á la vez confunde sus ondas con las del impetuoso Río Negro.
Júzguese si tales elementos en la mano de un pueblo asaz conocido por su espíritu comercial y codicioso, darían en breve resultados maravillosos para la soberbia Albión.
El despojo adquiere dimensiones gigantescas y la pérdida para Venezuela es de tal magnitud que no puede avalorarse.
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AMÉRICA EN FIN DE SIGLO E ES
A Venezuela le hacen falta brazos para la agricultura, y en los nuevos establecimientos de la colonia inglesa sobran, porque 4 más de la inmigración llamada por la sed del oro, hay como 115,000 trabajadores que la India británica prodiga, hombres acostumbrados á la vida colonial, y que tienen con el poderoso aliciente de la ganancia la seguridad de un futuro dichoso para sus familias, á las que anualmente envían grandes sumas, depositadas para acumularlas en una caja de ahorros bien esta-
blecida y segura. No pocos inmigrantes han vuelto á la India, con un
SELVA EN LA GUAYANA
capital respetable, lo que aumenta el prestigio de la Guayana inglesa, porque el trabajo es fecundo en bienes para el obrero y nada altera ni paraliza aquél.
El positivismo, tradicional y característico en los gobernantes ingleses, dicta todos sus actos y les da ese aplomo y solidez que constituye su fuerza.
Al extender su dominio por las riquísimas comarcas venezolanas, donde las minas de Yuruari y de Guacipati son el atractivo poderoso, lo establecen sobre sólidas bases, teniendo particular cuidado para que en la próspera colonia no haya elementos políticos antinacionales y evi-
114 BARONESA DE WILSON
tando toda mancomunidad con los indios, es decir, imponiéndose como señores.
Francia, Inglaterra y Holanda obtienen rendimientos considerables de las Guayanas, y las tres colonias cada día son más importantes y ricas. Las dos primeras no descansan en su propósito de aumentar el tesoro territorial que les disputan, Venezuela á la Gran Bretaña, y el Brasil á la Francia.
Aquella naturaleza es por demás pródiga, y si el oro y las piedras preciosas abundan en la tierra generosa, no menos caudal guarda en los bosques umbríos, donde hay plétora de maderas las más hermosas y envidiadas en Europa.
Las regiones en litigio entre la práctica Inglaterra y Venezuela, han de producir no escasos conflictos, y si la actualidad es nebulosa, en lo porvenir no sabemos si la cuestión llegará á recrudecerse y á encomendarse á las armas resolverla, por más que una de las potencias sea un átomo y la otra un coloso. Las usurpaciones en la Guayana son un hecho consumado; pero Venezuela ha de precaver otras nuevas, y creemos que hay demasiada virilidad en el corazón de sus hijos y sobra de fuerza y brío en su brazo, para defender su territorio hasta vencer Ó morir. Por su parte, Inglaterra, aun cuando por sus diseminadas colonias y por sus formidables escuadras encuentre el paso franco, no tendrá 6 no debe tener la aspiración inmoderada de llevar al terreno de las armas la cuestión de la Guayana.
Claro está que á su lado Venezuela es un pigmeo, pero el patriotismo puede tornarla en gigante, y aquel pueblo de héroes vendería cara la victoria en el caso de alcanzarla Inglaterra.
Estudiando la situación geográfica que ocupa la República y las condiciones especiales de aquella tierra, situada á la cabeza del continente sudamericano, con extenso litoral en el Atlántico y climas variados, se comprende que excite el espíritu absorbente británico, llevándole hasta el punto de provocar un conflicto que, por el pronto, subleva los ánimos y enardece todo corazón noble y generoso.
Esa guerra, si llegase á estallar, no encontraría apoyo en los principios del derecho internacional, y sería altamente deshonrosa para los invasores. |
Todavía la República está convaleciente de las heridas causadas por las últimas luchas civiles, 4 pesar de haber transcurrido cerca de cinco años; restaura poco á poco sus fuerzas y robustece los grandes intereses
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AMÉRICA EN FIN DE SIGLO 115
sociales; pero, no obstante, si Inglaterra intentase cometer una injusticia
apoyada en el derecho de su fuerza, no se arredraría Venezuela, y fiel á sus tradiciones y á su historia, sería una vez más heroica y grande. Desde la enriscada cima del Avila hasta las márgenes del caudaloso Orinoco, no se escucharía sino un grito: ¡á las armas!; y un pueblo que pelea en su terreno y que se levanta como un solo hombre, triunfa siempre.
Venezuela es la tierra clásica de América, la cuna de guerreros intrépidos é inmortales como Miranda, Bolívar, Sucre y Páez.
Precisamente la prueba de que en momentos supremos, cuando peligra la patria, se olvidan las rencillas políticas y no hay partidos, fué el noble comportamiento del insigne general Guzmán Blanco, que si por su edad y achaques no pudo en los momentos más tirantes empuñar la espada, puso á disposición del presidente de la República cinco millones de pesetas para ayudar á los gastos de la guerra que parecía próxima á estallar.
La cuestión de límites está en pie y los horizontes cuajados de tormentas, si las autoridades británicas de Demerara continúan en su propósito y llevan más adelante la invasión para posesionarse de toda la Guayana venezolana. En cuanto ¿4 retroceder de la línea colonial que han señalado, es un punto indiscutible, porque según el dicho de un arrogante parlamentario, «la Inglaterra no retrocede jamás ».
Por tal axioma flamean las banderas de luto en la tiranizada Irlanda; languidecen en las cárceles las víctimas de doctrinas liberticidas, contrarias á los derechos que sancionan la razón y el espíritu avanzado del siglo xIx. Mientras por las espaciosas calles londonenses cruzan los áureos coches escoltados por lujosa comitiva, que luce blondas, pedrería, vistosos y ricos uniformes, entorchados, cruces y condecoraciones, resuenan gritos fatídicos de los encadenados á la avaricia inglesa y al egoísmo de su política. En la apoteosis de la emperatriz-reina, en el festín de la vanidad y en el homenaje rendido á largos años de dominio no siempre benévolo y justo, viéronse protestas elocuentes, manifestaciones de alta significación, actitudes hostiles de un pueblo doblegado bajo el férreo yugo y privado hasta del justo derecho de censura, de combate parlamentario, de la defensa noble que la civilización reclama en favor de las opresiones injustificables y sostenidas á cañonazos ?!.
1 Mientras se celebraba el jubileo de la Reina Victoria, hubo en Dublín serios trastornos reprimidos por la fuerza militar.
116 BARONESA DE WILSON
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Afortunadamente, Venezuela no es Irlanda, y las lides de límites con la Guayana no alcanzarán mayores proporciones, dado el incontestable derecho que tiene la República en aquel territorio disputado, que, á no dudarlo, contaría con el apoyo de las naciones, 4 más del patriotismo que rebosa en todo pecho venezolano en determinadas circunstancias. Tristísimo es entretanto ver flotar el pabellón usurpador en tierra venezolana y encontrarse con los puestos mineros ingleses, apenas se llega ¿ las quebradas de Guayumón en las orillas del Cuyuni, resguardados por la elevada sierra Manaripará. ]
Los ingenieros británicos guardan con estricta severidad la frontera que en dominio ajeno han hecho límite propio, incluyéndose en ella la desembocadura del Mazaruni y del Mina, sitios de admirables paisajes: valles lozanísimos, cascadas naturales, enramadas rientes y frescas, que convidan á los éxtasis del pensamiento; cerros graníticos con apariencia de señorial fortaleza en la Edad media; precipicios incomensurables, fantásticas perspectivas, atronador estrépito de las aguas en la catarata soberbia llamada el Salto Pachichi, que se despeña hasta una profundidad de más de cien metros, descomponiéndose en colores incomparables.
En desconocidos lugares hay tribus indias semisalvajes, en absoluto estado primitivo, que difícilmente dejan penetrar al viajero explorador y hacen penosísimo el estudio de aquellas regiones que los ingleses anhelan colonizar.
No faltan caribes que conservan la tradicional ferocidad y las costumbres que tenían en la época de la conquista. Los waicas, no más suaves en sus hábitos, que no se despegan de aquellos de sus antepasados y siguen sometidos á la autoridad de sus caciques.
Aquello es lo desconocido en toda su esplendidez natural, y leguas y leguas inexploradas, campo infinito para nuevas y prodigiosas adquisiciones para la ciencia, para la industria, para la fantasía que no huelga un momento, entre admiraciones y terrores, entre asombros risueños y temibles revelaciones.
Pensamos que hay mucho de apocalíptico en las grandes soledades, en las selvas interminables, en las augustas maravillas de la tierra vir-
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gen, dondé todo, absolutamente todo es gigantesco, hasta el riesgo no previsto, el ataque de los hombres ó de las alimañas.
En lo imperfecto del trazado puede calcularse que, para los ingleses, había de ser como el descubrimiento de un nuevo continente, un nuevo imperio, un joyel riquísimo para la diadema real.
Por ahora, la Guayana inglesa cuenta como colonia 280,500 habitantes, y Venezuela 2.500,000 en todo su territorio, que abarca 223 leguas de longitud y 287 de latitud, con una superficie de 1.539,398 kilómetros cuadrados.
Gracias 4 las importantes obras que en espacio de algunos años se han llevado á efecto en el puerto principal de la República, la Guaira es hoy un hermoso fondeadero, tan seguro para el desembarco como anteriormente era difícil y hasta peligroso.
La imponente cordillera que se destaca al acercarse á costas venezolanas reviste carácter majestuoso y pintoresco por lo variado de sus ondulaciones, por los galanos matices que esmaltan las accidentadas laderas perdurablemente verdes, frescas y embalsamadas, despertando memorias que se renuevan en todo el continente donde Colón dejó profunda, imperecedera huella ?.
El muelle ó lajamar, de reciente construcción, ocupa vasto espacio y ha evitado las serias dificultades para el desembarco en botes, en una bahía combatida por recios vendavales.
Mucho ha ganado el puerto, y la ventaja para el viajero es incalculable, sin contar la que resulta para la carga y descarga de los vapores y buques mercantes á vela.
Como punto esencialísimo para el acrecentamiento del comercio y de no menor valía para la exportación é importación, imponíase desde hace años la construcción de la línea férrea que enlazase el primer puerto de la República con la capital, y esa vía ha dado ya un empuje extraordinario d los motores más eficaces en el progreso general de las naciones. El tren asciende velozmente y recorre en dos horas 38 kilómetros, ele-
vándose hasta 900 metros sobre el nivel del mar. La pendiente es acen-
1 En la obra América y sus mujeres hemos hecho una detallada descripción geográfica.
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tuada; las curvas cortas y atrevidas; el impulso rapidísimo, y los paisajes aparecen y desaparecen como el relámpago, produciendo efecto fantástico al encontrarse en las cumbres de la serranía, suspendido el tren sobre abismos de tal profundidad que se pierde la vista sin encontrar el fondo. Sembrados en los recodos del camino hay vallecitos y praderas resplandecientes con esa lozanía fresca y frondosa que enamora; con luz y ambiente embelesadores, 4 propósito para dar placidez al ánimo y reposo á los nervios excitados por la ascensión semi-aérea, escalando alturas y llegando á las planicies para esparcir la mirada sobre variadísimos cuadros de la naturaleza y de la vida campestre.
La «Silla de Caracas» asombra por su extraña estructura, que no parece sino mirador granítico abierto de propósito en un pico de la sierra, para la contemplación del mar que á lo lejos se extiende y ondula suavemente abrillantado por el sol. En las hondonadas, entre árboles y verdes huertecillos, asoman los techos de algún caserío 6 el humilde rancho, albergue de toda una familia indígena que vive sin aspiraciones, ocupada en el trabajo agrícola necesario para la subsistencia, y más felices que aquellos seres expuestos á las decepciones sociales y á la lucha
incesante, á la batalla áspera ¿ ingrata siempre, bajo diversas formas y en todas las esferas.
Como las ciudades sujetas á las evoluciones del progreso, Caracas ha ensanchado, ha crecido, pero de un modo especial, único y ajeno á todo lo conocido.
Descuella airoso entre las obras nuevas el Arco de la Federación, recuerdo glorioso de las instituciones federativas y de aquel importante cambio político.
Artista venezolano ha dado hermosa forma á la idea, Juan Hurtado Manrique, y no es la única labor arquitectónica que lleve en Caracas el sello de su ingenio.
La capital de Venezuela parece un jardín recostado melancólicamente en la falda de las risueñas lomas que coronan el valle, asiento de pueblos de recreo medio escondidos entre follajes exuberantes, vestidos con tonos alegres que prestan las flores variadísimas, los huertos producto-
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res y las plantaciones de cafetos y de cacaos, abundantes en aquella zona pintoresca.
En la falda de un monte que engalana feraz verdura de perpetuo Abril, tendida está, cual virgen musulmana, Caracas la gentil, y la corona de flotantes brumas que se cierne en la cima secular, parece un velo de nevadas plumas que Dios la quiso echar.
El poeta D. José Heriberto García de Quevedo, ha perfilado en esos lindos versos, la situación que ocupa la capital de Venezuela.
Todo seduce y atrae en aquel canastillo caprichoso, cobijado por suaves neblinas y defendido por las altas mesetas y majestuosas cumbres del Avila, que Alejandro Humboldt escaló en 1799.
Tiene la ciudad culta y galana mucho de orientalismo; algo típico en sus costumbres; rasgos caballerescos, al par de las dulzuras patriarcales hermanadas con los tintes finísimos de la ilustración y de los adornos delicados de esta época en sus demostraciones más perfectas.
En otros extensos estudios americanistas hemos fotografiado algunas figuras políticas y los grandes hechos que las colocan en primera línea en la historia americana.
Está Venezuela á la altura intelectual que es lógica en un país donde la imaginación es tan ardiente como los fulgores del sol incomparable que abrillanta los campos venezolanos y los alimenta con savia sin fin.
Cantan los poetas, como Abelardo Gorratochegui, inspirándose en las costumbres originales, en las guerras y en las pasiones de la raza india, y esto con el colorido envidiable, con la poética tristeza, rasgo fotográfico de la casta sometida y humillada. Es Aramare un poema donde late el corazón amante, donde vive y alienta el alma fuerte y salvaje, donde rebosa la ternura saturada en las auras aromosas de las florestas y en los efluvios de bosques primitivos.
Creemos que en Venezuela, es la primera gallarda producción que descubre é invade un campo no trillado anteriormente.
En las nuevas evoluciones de la idea surge Rufino Blanco Fombona, poeta de acción luchadora, en algunas de sus composiciones poéticas; de gráfico realismo en otras, y con tonos acentuados, briosos y patrió-
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ticos, como en la Oda á la Patria, que conquistó premio significativo y lauro perdurable. No desdeña tampoco el estilo juguetón y revoltoso, ni la travesura del mozalbete imberbe que muerde con deleite en la fruta del placer y se embriaga con el licor de juveniles ilusiones.
Fombona es ilustrado, y su prosa tiene el corte de crítico de talla y de escritor que en el estudio se absorbe y le consagra todas las fuerzas de su ser.
Interesante figura literaria es la de Felipe Tejera, que á su correcto estilo reune un tacto delicado para juzgar á las entidades y á las producciones de la inteligencia, patentizando en sus escritos el buen gusto clásico de la escuela española, que habrá estudiado con amor cuando tanto se refleja en sus labores intelectuales. Tiene el don de ser florido y ameno en su lenguaje, sin cortes excéntricos ni extraños merodeos, ajenos á la pureza y á la forma hermosa del idioma castellano. La Academia Española ha dado puesto en su seno al escritor venezolano, honrando así su erudición é ingenio.
Con pluma fácil y fantasía no escasa en bellezas, con lirismos poéticos que embellecen la prosa de sus artículos literarios, forma en las filas de las bellas letras Jerónimo Maldonado.
Así también el semihelénico Andrós A. Mata tiene brotes y perfiles de aquel sublime mártir su tocayo
Andrés Chenier; notas risueñas y
Nicaxor Boner Peraza apasionadas rimas como Alfredo de
Musset; baladas tristes que recuer-
dan las nieblas y suaves melancolías del Rhin; naturalismos de fin de
siglo, en estrofas pesimistas de bizarro contraste con ideales del corazón que siente y que ama.
La generación de estos últimos veinte años es fecunda en ingenios, y en la patria del clásico Andrés Bello, del historiador Baralt, del castizo Calcaño, del infatigable Rojas y de tantos que rinden y han rendido culto á la inspiración y al saber, pudiéramos formar un núcleo de entidades jóvenes aún y ya notables; pero baste con lo dicho para que se
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juzgue ventajosamente del movimiento actual y de la cultura que desarrolla las naturales facultades y el gusto estético que ha de presidir en toda tarea intelectual.
Prosista originalísimo y que está dotado de fantasía rica y facultades superiores es Nicanor Bolet Peraza. Engalana cuanto brota de su fecunda pluma con mosaicos tan finos y delicados, que deleitan el espíritu, y no repara en neologismos ni en osadías, que tiendan á enriquecer la literatura con brillantes concepciones, forjadas en aquel molde singular que es idealista, filosófico, poético y artista selecto y atildado que completa sus cuadros con esos coloridos hermosísimos reservados para los grandes ingenios. No se limita Bolet Peraza á pensar y á sentir, sino que domina el pensamiento, lo pule, dándole giros y esmaltes, naturales, en su temperamento americano, pero que adquieren radiación extraordinaria pasando por el crisol de la cultura y del estilismo puro y refinado.
Observador profundo, liberal eximio, ha levantado en su pecho un altar á la patria, y hombre práctico en ideas políticas, admirador de todo progreso en sus menores detalles y repliegues, extrae con sagaz maestría los asuntos más interesantes para retratarlos con hábil pincel en su periódico Las Tres Américas 1, consagrado á las o'lorias del mundo colombino y á los relieves de las inteligencias sobresalientes.
Científicamente hablando, así como también en el terreno industrial, no creemos esté Venezuela en el grado de adelanto relativo con otras de las grandes Repúblicas, en parte motivado porque la mayoría de sus grandes riquezas radican en propiedades rurales y en las rentas que éstas proporcionan de mayor 6 menor cuantía, según la abundancia de productos, sujetos á los caprichos atmosféricos ó bien á las trepidaciones políticas, que en mucho han influído en aquella tierra lozana y tan henchida de robusto jugo.
Por el año 1891 á 92 empezaron á sentirse los latidos precursores de un gran cambio político, propendiendo á mantener incólumes los principios constitucionales, hollados en perjuicio de la legalidad nacional.
Que fermentaba el levantamiento, era incuestionable; que la crisis
2 Se publica en Nueva York.
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presentábase aguda, tormentosa y cuajada de incertidumbres, era también la creencia general, cerniéndose en los espacios de la idea la transformación radical próxima.
Es el caso que si en América han existido individualidades despóticas, soportadas á veces por los pueblos durante largos años, hay un fondo típico, diremos de raza, que es refractario á las tiranías: éstas se han hecho imposibles hoy, y apenas se dibujan, sufren la reprobación general.
Entre un tirano y un déspota media un abismo, y sin embargo suelen confundirse ambos en el criterio vulgar.
El primero independiza su potente voluntad y sacrifica lo legalmente constituído á los fines de su autoritaria personalidad, y el segundo, si acata la ley, si en la marcha gubernativa no hay ataque ni presión armada, ejerce su poder y se impone por la fuerza moral.
¡Napoleón fué un déspota, pero nunca un tirano! Simón Bolívar lo era también en el absolutismo de su mando, pero ajeno á los abusos y á las violencias execrables de la tiranía, cubierta siempre con púrpura sangrienta.
Tal fué la base de la última revolución de Venezuela.
En el supremo mandatario hubo apariencias y tal vez fondo de mando esencialmente democrático, pero de repente, sin transición, asumió aquél todas las condiciones que caracterizan la tiranía. Declaróse partidario de la reelección cuando el país, no estando en circunstancias anormales que pudieran disculpar aquella falta constitucional, había de juzgar arbitrario tal proceder. Abiertamente empleáronse las coacciones por todos los estados; abiertamente holláronse las instituciones apelando á todos los medios para llegar al fin de la apostasía republicana, y de lleno se invadió el camino de los mayores abusos para alejar á los ciudadanos que ocupaban cargos públicos, si no eran propicios á la premeditada reelección.
Esto nos recuerda un curioso episodio. El presidente de uno de los Estados venezolanos habíase manifestado hostil á la farsa política, emitiendo desde luego franca y lealmente su opinión; pero acaso reflexionando que la palabra es orador más elocuente que la pluma, se trasladó á Caracas sin vacilar; combatió de viva voz la descabellada idea que tendía á imponer la voluntad autoritaria y personal sobre las bases fundamentales de la República.
El empeño fué inútil y sólo alcanzó malquistarse con el primer magis-
idad
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trado de la nación. Entonces, animado por su celo patriótico, quiso volver al territorio donde tenía autoridad y disfrutaba indisputable prestigio. Pero si su palabra había sido libre, no lo era su persona, y comprendió
se le detenía con pretextos fútiles para vedarle la salida de la capital.
FENERAL CRESPO, Presidente de la República
Así las cosas, una noche buscó seguro asilo, y no sin riesgo abandonó la ciudad antes de amanecer, acompañado por un amigo fiel. A corta distancia les aguardaban dos briosos caballos y en pocas horas llegaron al puerto de la Guaira, embarcándose en una goleta que debía hacerse
á la vela al día siguiente.
194 BARONESA DE WILSON
Ya en Caracas habíase susurrado y traslucido la desaparición del hombre que á toda costa interesaba permaneciese sin acción y bajo la vigilancia del Gobierno, diré del presidente, pues en aquel entonces es indudable que algunos de los ministros hacían causa común y se identificaban con los hombres que no admitían ni sancionaban las pretensiones insensatas de funesto ejemplo. La noticia voló de casa en casa cuando ya el telégrafo trabajaba sin cesar, comunicando órdenes que se apresuraron á cumplir las autoridades del puerto. Cuantos buques se hallaban fondeados recibieron la visita oficial acompañada por la fuerza armada, haciéndose un registro escrupuloso pero estéril. Lo curioso es que en una goleta se encontraba el prófugo disfrazado y presenciando impasible las impotentes investigaciones.
A los dos días recibió el Gobierno un cablegrama de Curacao; decía así: «Aquí estoy á sus órdenes. R. Parra. »
El levantamiento fué formidable; el general Joaquín Crespo respondió al unánime llamamiento de su partido poniéndose al frente de la insurrección y usando del terrible derecho de apelar á la fuerza en oposición de un plan amenazador para el orden social y político.
Recuerdo con este motivo un famoso programa ó manifiesto presidencial que sancionaba el derecho de alzamiento para combatir á un go-
bierno tiránico. « Yo reconozco en los pueblos — decía, en 1892, el general D. José María Reina Barrios, al ser electo presidente de la República de Guatemala —el derecho de insurrección cuando no está bien cumplido el mandato confiado á los gobiernos y son ineficaces los medios que la ley pone en sus manos para reivindicar sus derechos conculcados. »
Al leer el párrafo anterior se ocurre pensar en la actitud que tomaría el autor de aquél al verse frente á frente de las masas populares amotinadas y descontentas por su marcha gubernativa, si ésta era contraria al bien del país.
Por el deseo de cortar los males producidos por una política falsa y para evitar otros mayores se recurre á las armas, y sólo en tales casos puede ser justificable una revolución; en esas condiciones se inició la de Venezuela, la cual, si se creía imprescindible, habíanse empleado todos los medios de persuasión para hacer comprender los perjuicios que siempre y en todo caso resultan para los puebios en un estado de lucha civil; el abatimiento y paralización de todas las fuerzas; la ruina, los odios, las tristezas y las abrumadoras crisis financieras, consecuencia lógica de
los grandes trastornos.
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Los acontecimientos se precipitaron no dando lugar á vacilaciones, y los primeros relampagueos fueron un alarde violento, pues que nada se había preparado para romper las hostilidades. Faltaban todavía armas, vestuario, víveres, pero el campo de operaciones era como si dijéramos terreno propio para el general Crespo. Estaba allf en su atmósfera, en su casa, entre vecindarios dispuestos á secundarle en todo, y sólo así se comprende que, careciendo de elementos indispensables, tomara cuerpo y crecimiento el incendio para contrarrestar las fuerzas del Gobierno.
Tales sucesos estaban sujetos ú tristes represalias: cada partido obstinábase más y más.
Antagonista del general Crespo en la contienda civil era el Dr. Andueza Palacio, que á un talento despejado y á una ilustración vastísima, reunía fácil oratoria y habíase distinguido en altas lides parlamentarias.
A todas luces, el gobernante andaba extraviado por senderos imposibles, intentando ganar prosélitos y allegarse voluntades, contra la opinión general que le era adversa, mientras que la firmeza de su contrario y la elevada responsabilidad que pesaba sobre él, tenía por sólida columna el recto criterio de la gente sensata y el derecho legal.
De los dos bandos, el primero había de contar con las simpatías de las masas porque era defensor de noble causa, y, en efecto, no sólo se popularizó sino que se impuso por razón natural. Y mientras allá en el campo de batalla se jugaba y decidía la suerte del pueblo venezolano, la mujer en Caracas vivía ligada íntimamente con la revolución, ocupándose sin descanso en proveer al ejército de cuanto creía indispensable en campaña, identificándose con la vehemencia propia de su corazón y de su alma, fortaleciéndose en el amor patrio, para acallar la idea del peligro que corrían los que, resueltos á morir, buscaban el triunfo de las instituciones establecidas.
En su tenacidad tropezó el jefe del Estado con otra tenacidad mayor, y no era difícil adivinar que ante el juicio severo de la censura se estreMarían las bravezas del que había defraudado las nobles esperanzas concebidas, cuando hechas las elecciones entró á ocupar el puesto que legalmente le entregaba el caballeresco Dr. Rojas Paul, quien en tiempos azarosos, en circunstancias por demás difíciles, había gobernado con acierto, rectitud, nobleza y cordura.
Lo que no puede explicarse es la obcecación que achica, que cubre con espesa venda el entendimiento, aun cuando éste haya dado pruebas
126 BARONESA DE WILSON
de ser fecundo y penetrante, llegando á un grado de resistencias inconcebibles y violentas que aceleran el triunfo de una revolución.
Como el humo se desvaneció el prestigio conquistado en los primeros tiempos de mando; fué transitorio el entusiasmo popular, tornándose en protesta estrepitosa, en poderoso sacudimiento 4 favor de la Constitución amenazada, del orden social y político, que por la fuerza se intentaba reformar. Triunfante la insurrección, cayó el presidente, y al abandonar el país, dejó el mando en manos de un Gobierno provisional más bien hostil que favorable á los vencedores; pero, depuesto á su vez, alcanzaron aquéllos el lauro de la victoria. La República entera batió palmas al respirar una atmósfera de orden y sosiego después de tantos meses de zozobra, reanimándose el decaído espíritu comercial y consagrándose á cicatrizar las llagas abiertas por la infausta guerra civil.
Esa misma perturbación, esa incesante labor del pensamiento, esa prodigiosa evolución que gradualmente se opera en las clases sociales, que da nuevo giro á las ideas, perfeccionándolas y engrandeciéndolas, ha dado margen á los desórdenes y cataclismos, á las rebeliones de principios contrariados por el espíritu retrógrado que resiste á la marcha natural y lógica de la civilización. De ahí la gravedad de los problemas sociales que toman carácter feroz y á veces criminal. De ahí las víctimas inocentes, sacrificadas en aras de esa exaltación, hija de evoluciones reprimidas por la fuerza que engendra violentísimas crisis, crueles combinaciones, efervescencia de la sangre, y que sin reparar en medios busca la solución que, si es reprobada por el sentido común y la justicia, tiene un gran fondo de enseñanza para los gobiernos.
Es cierto que el individualismo ha entrado por mucho en las revoluciones hispano-americanas, la ambición de mando y la costumbre de apelar á las armas para dirimir errores 6 cambiar la faz política; pero también es verdad que esa serie de trastornos, esas banderías que frecuentemente se disputan los escalones presidenciales y el sillón soberano, han sido á veces el dique poderoso contra la anarquía amenazadora ó tiránicas pretensiones.
En el presente reinan en Venezuela risueñas esperanzas de días serenos y de prácticos resultados para la industria, una vez que pacífica-
AMÉRICA EN FIN DE SIGLO 127
mente se resuelva la situación económica y se desarrollen los grandes recursos que se encierran en las minas y en los productos agrícolas, consolidándose la nación sin que nuevos disturbios civiles se interpongan y
acarreen un retroceso transcendental, lamentable en todos los terrenos
DR JPA ROTAS PAUL
y tristemente paralizador. La actual generación, y, 4 no dudarlo, las venideras, propenderán á dirimir las cuestiones sociales en las asambleas y congresos como aconseja é impone la razón.
El principio de libertad, basado en el orden, se afianza con profundas
raíces en todos los pueblos, y ahora mismo Venezuela es una palmaria
128 BARONESA DE WILSON
demostración. Efectúanse en estos momentos las elecciones para elegir presidente, concluido el período constitucional del general Crespo.
Los partidos, al presentar sus candidatos, no los imponen, sino que libremente dejan que opere la voluntad del país, y esperemos acatarán al favorecido por aquélla.
El Gobierno contempla la evolución sin tomar participación ni mezclarse en los combates eleccionarios, para en su día, con la conciencia tranquila, despojarse de la pesada carga en el Capitolio, encomendando á un nuevo Gobierno el dar mayor solidez al edificio comenzado, impulsando la agricultura ya muy floreciente, protegiendo las empresas industriales, uniformando la administración en todos los ramos; cimentando las innovaciones que útiles sean para el fomento progresista de la nación.
Son los venezolanos en su mayoría descendientes de una raza indómita y porfiada en todos sus propósitos: que al carácter esencialmente belicoso, arrogante y emprendedor reunen una dosis increíble de perseverancia y caudales de probidad llevados hasta la exageración.
Batalladora en las antiguas universales guerras; partícipe y auxiliar en la defensa del patrio territorio; raza de soldados, de marinos excelsos, de varones ilustres, de investigadores audaces. Raza activa, laboriosa, amante del trabajo y tan propia para empuñar la espada como para el manejo del arado.
América es una gallarda prolongación de España, y allá también tomó carta de naturaleza la raza vascongada, y si de ella y á través de los siglos vemos esparcidos sus generosos brotes por el anchuroso continente, fué en Venezuela, donde la famosa Compañía guipuzcoana opuso á los agiotistas holandeses su brazo robusto y su inteligencia creadora. Rápida efectuóse la metamorfosis, y los valles incultos, los bosques virgenes transformáronse en oasis de abundancia; los montes y malezas desaparecieron y á poco la tierra feraz, agradecida al labrador, premió sus afanes con usura.
Por todas partes ejercieron los vascos su benéfica influencia, y el comercio y la industria prosperaron. Aquel país empobrecido y humillado por aventureros sin conciencia, adquirió vida propia y puertos y Ciudades debieron el ser á las colonias vascongadas, que en Venezuela grabaron las santas creencias, las virtudes cívicas, la religión augusta del deber y del trabajo, las costumbres puras, sanas, patriarcales, legadas como herencia y conservadas con religioso amor en los hogares vene-
zolanos.
AMÉRICA EN FIN DE SIGLO 199
Conocimos en Puerto Cabello á un hombre de ochenta años, de constitución aun robusta, de viril energía, que había perdido á la mujer compañera y amada, á los ocho hijos que debían perpetuar su nombre honrado, y á tres nietos, frescos retoños de aquéllos, á más todo su haber en una empresa funesta; pobre, solo como tronco secular, se mantenía erguido luchando siempre contra la adversidad, proclamando muy alto que jamás se achicaba ni abatía.
Aquel hombre era un vasco, fuerte para las desventuras y reveses, tenaz en el trabajo necesario para la subsistencia, intrépido en la batalla sostenida contra la tiránica presión de la desdicha.
Era reflejo fiel de su indomable raza, que ha extendido sus ramas vigorosas por todo el universo. Á esos descendientes de la numerosa familia cantábrica, en vástagos insignes, como el Libertador Simón Bolívar, le está encomendado coronar la obra civilizadora comenzada por sus antepasados.
Todo es propicio ahora. La época fecunda en asombrosos adelantos; el espíritu general ajeno á los poderes que radican en la fuerza armada; el anhelo de bienestar individual y la convicción de que la riqueza nacional mengua con las sangrientas manifestaciones y. crece en la bonanza del mar político.
El vapor y la electricidad harán el resto, garantizando la iniciada
prosperidad y el incremento que en los últimos años del siglo xix ha tenido la República venezolana.
AS ASS A di A A cl AA AA AAA A SS AAA AAA A A AAA AAA
CAPTFULO: Y PEL
ALGO DE, TODO: UNA CARTA Á «LA ESTRELLA» DE PANAMÁ. —-: DETALLES CAMPESINOS.
LOS PARTIDOS. Y PUNTO "DE: PARTIDA. =— UN: PUEBLO: -EELTZ
> Repúblicas hispano-americanas, tanto en la marcha administrativa seguida desde su independencia, cuanto en su fiso-
nomía social y física, y justamente tal efecto causa la nación costarricense, que desde sus albores se organizó tal vez más sólidamente y no ha estado sujeta 4 las encarnizadas ambiciones ni á las discordias sangrientas que han tenido y aun tienen perniciosa influencia en el gran núcleo de las Repúblicas hispano-americanas, que no hace mucho han sufrido el choque de grandes conflictos civiles, como Chile, Venezuela, el Brasil y el Ecuador. No es decir que hayan escaseado en Costa-Rica las transcendentales batallas de ideas ni las divisiones que trae consigo la cosa pública, no; pero jamás han tenido ese carácter desastroso y anárquico, entrañando consecuencias desconsoladoras y perniciosas.
Desde luego ha de atribuirse también al carácter de su pueblo, que si ha dado pruebas de estar sobrado de valor y viril energía en ocasiones
1392 BARONESA DE WILSON
como aquella de la celebérrima guerra del filibustero Walker contra Nicaragua, es más inclinado á pacíficas soluciones y á ventilar en camino ancho y limpio de sangre, todo lo que puede interesar á la nación y á su aprovechamiento y bienestar.
Costa-Rica ha vivido, puede decirse así, aislada de sus hermanas centro-americanas, sobre todo desde la época en que la Federación, creadora de una potencia fuerte, de una patria con ambiciones grandiosas y de un todo preponderante, naufragó por causas que pertenecen á la historia, en la cual aparece radiante y heroica la figura del general Morazán, caudillo y mártir de aquel pensamiento elevadísimo.
La unión centro-americana, la confederación de las cinco Repúblicas es tan indispensable para su engrandecimiento político, social y comercial, para la acción ineludible del progreso, que verdaderamente no se comprenden las rémoras ó indiferentismo ante la magnitud de un porvenir que ha de realizar el portentoso sueño de Morazán y de otros hombres que, llevados de ardiente patriotismo, miraron en el eumplimiento de ese ideal la pirámide de eterna gloria y de incomensurables resultados para las regiones de la América Central, digna por todo de ser una potencia rica, feliz y adornada con todas las preseas de la civilización.
Como los hijos de aquel suelo, y con el mismo entusiasmo, anhelamos luzca la gran aurora gloriosa y se agrupen en provechosa confederación esos jirones que aislados, nunca podrán alcanzar el poderío al que tienen justísimo derecho.
¿Cómo no ha de ser para nosotros grato el que esas Repúblicas hermanas por su origen, por su historia, mancomunadas hasta por sus intereses, formen una nacionalidad que sea contrapeso para las ambiciones de otros pueblos que tienen la vista fija en cada faja de tierra hispanoamericana?
Las hazañas y grandezas de América son nuestras también, así debe
pensarse, porque como ha dicho un inspirado cantor boliviano !:
Las glorias de esa raza de América, son gloria También para los hijos del gran Pelayo, sí,
Común para ambas partes de España fué la historia, Y antiguos fastos dieron orgullo al pueblo aquí.
* Ricardo Bustamante, en su poesia contestando al Saludo á América, de la autora de
este libro.
AMÉRICA EN FIN DE SIGLO 133
Hay vinculos muy firmes que hoy día sí, cual antes, A España con América debieran siempre unir:
Las letras, los recuerdos, la lengua de Cervantes Le muestran una sola familia al porvenir.
Quisiéramos prolongar nuestra vida, alentar el tiempo preciso para que en esas evoluciones que necesariamente han de efectuarse, llegáramos á batir palmas, no sólo por el pacto confederativo de los países extendidos en el istmo central-americano, amorosamente arrullados por las ondas del Pacífico y del grande Océano, sino también porque la unión ibero-americana sea tan estrecha, tan íntima, tan grande y útil para todos, como inquebrantable, y esto que ardientemente deseamos y para lo cual hemos trabajado sin descanso y con todas las potencias de nuestro ser, ha de conseguirse con poco esfuerzo, porque la materia está dispuesta y sólo precisa fomentar activamente las relaciones comerciales, literarias, industriales y políticas, impulsando el espíritu generoso y el amor natural entre la madre y unas hijas que tanto la honran y enaltecen. |
En este fin de siglo reinan el sentido común, la inteligencia y la cultura, cimientos sólidos para poner en práctica las grandes ideas.
No andamos lejos de los resultados apetecidos, que si la funesta guerra en Cuba puede comprometer, queda la esperanza de soluciones francas y dignas de ambos pueblos.
Volviendo á Costa-Rica, donde germina y brota la cosecha del progreso, ha tenido en las últimas décadas las fluctuaciones propias de las crisis económicas y de los problemas político - religiosos, úlceras de dificultosa y larga curación, por la intensidad que había alcanzado el mal.
No diremos que relativamente y 4 pesar de esto no haya prosperado el país y continúe observándose en él un equilibrio afortunado entre la clase rica y las masas populares. ¡
Mercantilmente hablando, ha ganado en quinto y tercio, desde que la gran vía exportativa é importativa presta su concurso para el Atlántico por Puerto Limón, camino anteriormente dificultoso por extremo, y que hoy, merced al ferrocarril, se recorre en corto espacio.
134 BARONESA DE WILSON
Reproduciremos algo de las impresiones que hace cuatro años con-
signamos en cartas dirigidas á La Estrella de Panamá, y que se refieren
á la segunda excursión desde Curacao á las regiones centro-americanas.
Señor Director de La Estrella.
Mi estimado amigo: Cuando esperaba encontrarme en agradables coloquios con V. y mis antiguos amigos en la risueña Panamá, he aquí que escribo desde Centro-América y recién llegada á esta plácida meseta costarricense, después del trayecto feliz de Colón y de nueve horas escasas que se emplean, desde la salida de Puerto Limón hasta las planicies de la sierra, hasta esos alegres valles coronados por las altivas crestas del temible Barba. Mi viaje por el camino mencionado fué puramente casual y debido á la existencia de la fiebre amarilla en Puntarenas, la cual me hizo desistir — y bien sabe Dios de muy mala gana — de mi itinerario pensado y acariciado en Curacao. Según él, debía desembarcar en Colón, continuando por el ferrocarril hasta las atractivas y amigas playas panameñas, y después de descansar en ellas algunos días consagrados á las dulzuras de la amistad, embarcarme para las regiones centrales.
He nombrado á Curacao, la graciosa Venecia holandesa en América, y en verdad que de buen grado le dedicaré un recuerdo en esta carta, cumpliendo hasta un deber de gratitud, pues gracias 4 su clima sano y hermoso recobré la salud quebrantadísima por la asidua labor intelectual y por la serie no interrumpida de viajes, por más que tan familiarizada esté con ellos. Desde mi primera visita se han efectuado grandes cambios en la colonia holandesa, la que 4 más de su progreso comercial, ostenta gallardamente la extraña y variada arquitectura de las nuevas construcciones, de las lindísimas casas que, sin tener semejanza entre sí, forman un conjunto armónico que alegra y encanta. Téngase en cuenta que los canales cortan la ciudad y que las anchas y sólidas embarcaciones llamadas ponches, surcan las olas á todas horas, completando la poesía de la perspectiva seductora para el viajero que la contempla desde la cubierta de un vapor, al penetrar en el cómodo puerto por entre dos castillos y previo que el bonito puente giratorio haya dejado el paso franco.
¿Qué diré del fantástico aspecto que presenta la ciudad bañada por la suave luz de la luna? Entonces Curacao aparece como un palacio de
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plateada filigrana, rodeado por las olas mansísimas esmaltadas por diamantinas reverberaciones.
Conste que cuanto llevo dicho no es poesía, pero sí bella realidad. En todo y por todo es Curacao una población sui generis, y sólo en lo hospitalaria tiene semejanza con las demás ciudades americanas. Los holandeses son francos, sencillos y amables; reciben al extranjero con la cordialidad más exquisita, y de ella dan ejemplo las autoridades; hablo con
pleno conocimiento de su modo de ser. Aparte de esto, repito, es singu-
EN EL CAMINO DE PUERTO LIMÓN Á San Josk
larísima hasta en el idioma, pues si bien domina el castellano, háblase en lo general una especie de dialecto, compuesto de varios idiomas, 6 mejor diré, descompuesto, llamado papiamento.
Volviendo al fracaso de mi itinerario, confesaré que si me pesó en un principio, no fué lo mismo después. La línea ferrocarrilera que conduce de Puerto Limón á la capital de Costa-Rica, no existía, cuando hace algunos años visité este país, y por cierto que tiene inmensas ventajas para el comercio y es la gran arteria exportativa é importativa para el Atlántico, amén de haber dado al traste con aquellas famosas jornadas á caballo, pesadas y no exentas de peligro, las que más de una vez experi-
menté en mis largas correrías por varias de las Repúblicas hispano-
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americanas y que, dicho sea de paso, no dejaron de ofrecerme emociones indescriptibles, novedad y atractivo. También tiene todo lo dicho la nueva línea que me condujo hasta San José, la que es por extremo atrevida y hasta peligrosa. Casi constantemente marcha el tren por las orillas de un río, oculto 4 veces por la exuberante vegetación que tiene raíz en profundos precipicios. Las lluvias torrenciales suelen ocasionar el reblandecimiento del terreno y como lógico resultado terribles derrumbes que imposibilitan el camino durante algunos días, y esto cuando la crecida no se lleva un puente 6 causa mayores estragos. Así y con todos esos temores, es una vía preciosa, accidentada, pintoresca, vestida con todas las pompas de la naturaleza tropical y con todos los colores, que en vano intentaría reproducir el pintor más hábil.
El trayecto desde Puerto Limón á San José, es de estudio y solaz, por-
que la bienhechora madre tierra, pródiga derrama sus dones engala-
nando las praderas y orillas de los ríos con productos de zonas templa-
das y tropicales, que de ambas temperaturas disfruta la República.
La costa del Pacífico es sana, fértil y alegre; la del Atlántico húmeda y enfermiza. En el interior disfrútase de clima primaveral, pero excesivamente lluvioso.
Puerto Limón, aislado anteriormente, ha tomado hoy gran importancia y movimiento, porque es único fondeadero costarricense, habilitado en el gran Océano y en comunicación directa con toda la República, la que encierra 240,000 habitantes, en su mayoría de bella raza europea.
Mucho y favorablemente ha ganado Costa-Rica en el espacio de pocos años en el orden moral, social, industrial, mercantil é intelectual.
Desde la estación del ferro-carril se empieza á fijar la atención en los establecimientos públicos, en las calles de corte moderno, en las tiendas elegantes y en los amenos y bonitos paseos. Obsérvase animación en las transacciones comerciales.
Su principal puerto en el Pacífico es Punta Arenas, que ha perdido algún tanto de su importancia, porque siendo más difícil y menos rápido el viaje á la capital, que se hace en gran parte 4 caballo, por pintoreseos escalones de la sierra, por valles que respiran lozanía y abundancia, se busca Puerto Limón, por las facilidades que proporciona la nueva vía
ferroviaria.»
AMÉRICA EN FIN DE SIGLO 1
Exporta Costa-Rica por grandes valores en concha, abundante en el Centro-América y que es muy hermosa y transparente, palo de Brasil y
zarzaparrilla; el tónico café, tabaco, cacao, la nítida perla, el oro, el
a O | - p : A
EL Mar CARIBE
maiz, cueros y maderas, cargamentos de plátanos, van para los Estados Unidos, y la Gran Bretaña tiene también comercio activo de exportación é importación.
Los productos de España abundan en la República: los ricos vinos de Jerez y Málaga y el áspero catalán; las pasas renombradas, la olorosa albucema, la seda y las cintas, los paños de fino tejido, los pañuelos de crespón que la gallarda y seductora mujer costarricense luce sobre los
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hombros. ¡Qué poética es la hija de aquella región, qué suave en el trato, qué dulce en sus pasiones; qué cutis parecido al de nuestras valencianas por lo lácteo y rosado, qué andar airoso de gaditanas, qué cuerpo que se cimbrea como el flexible tallo del cinamomo! Tienen algo de la oropéndola en su donosura y esbeltez, y en su mirada, esa luz ardiente tropical que enamora y anuda con lazo inquebrantable.
Aun en los campos conservan la gracia seductora, y parece que el sol no ejerce sus rigores en las mejillas frescas y en los redondos y blancos brazos de las labradoras.
El campesino y la campesina viven alegres y felices; la tierra es feraz y jamás les priva de cuanto necesitan para el sustento y para la ganancia fácil y segura.
¿Pero, Costa-Rica vive sin ambiciones? ¿no hay en ella el afán de elevarse, de salir de su modesto presente para ser una estrella en la constelación centro-americana? ¿La patria de Zamora, de Carrillo, del Dr. Castro y del presidente Mora, ha de quedarse sin tomar puesto en el festejo nacional?
El tráfico, que de llevarse á cabo la obra grandiosa del canal de Nicaragua, resultaría inmenso y manantial de riqueza para la América Central, hace indispensable esa unión é identidad de aspiraciones. Aquella parte del mar Caribe rebosaría en repletos barcos y el puerto franco de San Juan del Norte llegaría á un apogeo incalculable. Límite de los Estados de Costa-Rica y Nicaragua y de capital interés su posesión, está ahora, si no de derecho, de hecho en manos de los Estados Unidos, que le dan el nombre inglés Greytown.
El presidente * actual de Costa-KRica, hijo de un hombre ilustre, por su esclarecida inteligencia y por sus servicios políticos, D. Rafael Iglesias, asume gran responsabilidad, y el talento claro y el criterio desapasionado, finalizarán el perfeccionamiento de la idea, que ha de agitarse en la mente del supremo magistrado.
¿Y los partidos? El nacional preclaro, el independiente, credo y brazo del pueblo, y el de la Unión católica, no pueden ni deben formar sino uno solo en la magna cuestión de alteza de la patria y de horizontes
más vastos y prácticos.
Sentimos no haber recibido el retrato que habíamos solicitado.
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CAPÍTULO TX
AL PIE DEL MOMOTOMBO. — EPÍSTOLA NICARAGUENSE. — EL CANAL.
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por un instante para ceder puesto á otras ya culminantes y
E actualidad, ya pintorescas, amenas ó familiares, pero todas con ese reflejo naturalista y de carácter propio del croquis 6 grabado hecho sobre el terreno, con ese colorido local y con los olores misteriosos y compuestos en la variedad riquísima de la flora americana.
Sin bruñido ni aliño nuevo, sin maduro ni reconcentrado examen, las damos cabida en estas páginas, que á más de actualidad transparentarán sentimientos de nuestros más ardientes ideales.
Managua, Marzo de 1892. «Con placer cumplo la palabra empeñada enviando la segunda de mis correspondencias centro-americanas, y Ciertamente no será ésta la que menos exigirá grandes condiciones descriptivas, porque el viaje
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desde San José de Costa-Rica 4 Puerto Limón y de allí 4 San Juan del Norte y Managua, es de lo más pintoresco, luminoso y risueño que hubiera soñado la imaginación del artista ó del escritor. Empezaré por traer á la memoria las horas de solaz que pasé en la Ubita, preciosa isla, paraíso en miniatura, que allá en las plácidas aguas y frente al puerto costarricense surge, brindando con frondosas arboledas, con frescos y sabrosos cocos, dulcísimas piñas, ambiente regenerador y baño tranquilo en las mansísimas ondas que rodean aquel pedacito de tierra tan lozano y saludable.
No olvidaré nunca un sabroso almuerzo, rociado con Málaga y Manzanilla, amén del rico Burdeos, las aceitunas de los feraces campos sevillanos, la mortadella de Mallorca y el celebrado salchichón catalán. Es de advertir que en el paseo y festín, iniciado por el amable gobernador de Puerto Limón, hallábanse algunos paisanos míos, y dicho esto bastará para comprender que reinaron el bullicio y la alegre cordialidad propia de la raza latina, y más si se considera que hispano-americanos y españoles tienen grandes puntos de contacto característicos y que se confunden y fraternizan, con la mejor voluntad; ¿y cómo no ha de ser así, cuando todo, todo nos une con lazos sagrados y que deben ser indisolubles? De corrido haré mención de una merienda improvisada en la isla Ubita y cuando ya las sombras de la noche hicieron necesaria la luz de algunas linternas, que se suspendieron de los árboles, mientras que otras colocadas sobre una larga mesa alumbraban un cuadro tan fantástico como original y que visto desde algún buque, había de semejar reunión de conspiradores ó campo de contrabandistas.
Allá á lo lejos y atracado al muelle, mecíase el Avón, vapor de la Mala Real inglesa, que no esperaba sino completar su carga para conducirnos hasta el vecino puerto de San Juan del Norte. La travesía fué corta y las encrespadas olas del mar Caribe hicieron difícil el transbordo al vaporcito remolcador; pero confesaré ingenuamente que después de la rápida navegación hasta el muelle, salté gozosísima en tierra nicaragiiense, que tan benévola y hospitalaria había sido para mí diez años antes.
A juzgar por el aspecto del pintoresco pueblo, podría creerme en uno de los Estados Unidos del Norte, y sus casas y las tiendas acusan tal procedencia, esto sin contar que por todas partes se oye hablar inglés y se tropieza con tipos de pura raza sajona, lo que hoy es frecuente en
todas las Repúblicas hispano-americanas, donde los hijos de la gran
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nación creada por Washington, se encuentran muy á su gusto y toman parte activa en las empresas proyectadas, en el comercio y en la industria, como representantes de un pueblo al que en materia de innovaciones nada detiene ni arredra. ¡Cuánto me sorprendió en México, ver pulular á los norte-americanos, oir su idioma por calles y plazas, observar su influencia creciente de día en día, y que se impone suavemente y sin esfuerzo! ¡Quién sabe los resultados que dará en lo porvenir esa mancomunidad de razas, de principios y de costumbres!
En el hotel decíame un compañero de viaje, un vascongado de esos que llaman al pan, pan, y al vino, vino:
— Lo más gracioso de nuestra estancia aquí es tener que hablar inglés por fuerza: ningún criado sabe ni la jota de español y hasta el capitán del puerto es yankee.
Con el gobernador de San Juan, hombre cortés y amabilísimo, visitamos la línea del ferrocarril, las oficinas, los almacenes para los trabajadores en La Fe, los hospitales en la naciente colonia llamada «América », y me causó satisfacción completa ser la primera de mi sexo que navegaba en las aguas del canal de Nicaragua, abierto ya, hasta una distancia de tres á cuatro millas. Diré que todo cuanto encuentro nuevo por estas Repúblicas y que tiende á elevar su prosperidad y á darle mayor prestigio, es para mí motivo de contento y de verdadero alborozo. Cada nueva vía de comunicación es manantial de riqueza, porque facilita el conocimiento de los productos y aumenta el tráfico y la exportación de aquéllos.
Llegó el día de emprender el viaje por el río para penetrar en el San Juan. Un vaporcito, el Coboury, nos condujo hasta la boca del Colorado, no sin lucha contra las embravecidas olas del mar, en puena en encontradas corrientes por desviarse de las turbias aguas, que buscan desagiie natural en la inmensidad del Atlántico. Pasada la barca recobramos la tranquilidad y poco después distinguífamos el vapor Hollenbeck y la bandera costarricense, que señala el puertecillo en la boca del río Colorado, perteneciente á la vecina República, cuyos límites con Nicaragua no están aún completamente definidos.
Las orillas me parecieron deliciosas, de una lozanía admirable y con esa exuberancia de vegetación que es á mi modo de ver la principal galanura de las regiones tropicales. El lujo de la naturaleza produce una especie de arrobamiento y tal era el efecto que nos causaba el enmara-
ñado bosque, muralla del río por uno y otro lado. Mágico es el aspecto
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que presentaba la tupida selva bañada por los dorados rayos del sol poniente filtrándose por las ojivas de follaje, por los pórticos de enredaderas y por los pabellones de heno enlazado con artísticas y lozanas grecas. A todo esto habíamos entrado ya en el San Juan, y en un sitio llamado «Machuca » abandonamos el vapor y seguimos camino en gran-
des lanchas sobre movediza arena
ó salvando pedregales que no dejaron de causar retrasos, imponiendo mayor trabajo á los remeros, quienes con frecuencia arrojábanse al agua para hacer el oficio de remolcadores. Hay sitios penosísimos,
pero en cambio, ¡qué paisajes tan
bellos, qué curvas tan pintorescas, qué entradas tan variadas! Á veces el río forma como lindísimas ensenadas, como apacibles lagos: el
manso oleaje, los bosques olientes
y frescos, el trinar de los pajarillos y el aire tibio y primaveral, brindan reposo para el espíritu y alimento para la imaginación. Aseguro que la subida del río San Juan hasta el lago de Nicaragua es maravillosamente bella. Después de las lanchas seguimos en el
vaporcito Adela, y al día siguiente
nos transbordamos al Managua,
PAISAJE EN EL RÍO SAN JUAN
uno de los más cómodos del río; aquella tarde desde el castillo, luvar del transbordo, hasta llegar á las «Bocas del Toro» y al «Jabato », que presenta seductora perspectiva y donde se encierran saludables aguas termales, disfrutamos ratos deleitosos.
Y al caer la tarde rieló la luna en la cristalina superficie y en el firmamento centellearon las estrellas, como divino complemento, cual nota suavísima en aquellas armonías de la creación, en aquel poema que no puede traducirse ni pintarse. Sentados en el segundo puente mis dos
compañeros y yo, el vascongado, á quien mencioné en párrafos anterio-
PD IN!
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AMÉRICA EN FIN DE SIGLO 143
res, y un inteligente colombiano, pasamos como dos horas en dulcísimo éxtasis, admirando, soñando, grabando en la mente el cuadro que nos encantaba los ojos y sojuzgaba nuestras voluntades.
No es mi intención olvidar que en el San Juan hay también como en el río Magdalena, grandes caimanes que no permiten disfrutar de las delicias del baño bajo los entoldados de los manglares y de las palmeras. La piel del lagarto 6 caimán es muy apreciada para varios usos, y cuando está seca y curtida forma como conchas duras y fortísimas, aprovechadas en Rusia para fabricar calzado.
En el sitio llamado «San Carlos», célebre en la historia nicaragúense en la época de las guerras contra Walker y sus filibusteros, nos despedimos del Managua, transbordándonos al Victoria, para surcar el famoso lago de Nicaragua ó mar dulce en miniatura, proceloso y turbulento, con grandes marejadas y olas que combaten al vapor con fuertes convulsiones. Océano con inmensos horizontes, en donde se destacan tres volcanes: en un lado el Madera, de admirable y Correcta forma, y el Mombacho; en el otro el Ometepe. Isletas primorosas y cubiertas de verdor regocijan la vista, y otras de mayores proporciones, como la Zapatera, despiertan en la mente y en tropel curiosos recuerdos históricos. Allí existen restos de los pueblos aborígenes, porque la isla, así como la de Ometepe, estaban destinadas al culto, y en ellas se han encontrado ídolos muy notables y objetos -lindísimos de barro, que á través de los siglos conservan inalterables barnices.
En medio de sendos balances y combatido el vapor Victoria por un brisote que arreciaba de instante en instante y embravecía más y más las olas del lago, llegamos á la histórica Granada, fundada por el conquistador Hernández, hijo de Andalucía, y que en memoria de la capital morisca dió su nombre á la que se levantó en las márgenes del lago.
Y por cierto que en los diez años últimos se ha embellecido y reparado los estragos causados por Walker: los vestigios de los incendios han desaparecido; un vasto y bien construído mercado acusa mayor movimiento comercial; en vías de fabricación hay un buen hospital y otros edificios que dan aspecto moderno á la antigua ciudad.
Dos días pasamos en su seno y en una hermosa mañana seguimos en el ferrocarril para Masaya; la florida, la lozana población que guardo perdurable en la memoria, y donde encontré solaz y expansión en el hogar de antiguos y queridos amigos. La línea férrea nos condujo á la capital de la República, 4 Managua, donde me esperaba á la llegada el
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agasajo y la hospitalaria cortesanía del Gobierno nicaragiiense. Verdad es que el hábil presidente que hoy rige los destinos de este país, el caballeroso Dr. Sacasa, y yo, éramos antiguos amigos '. No fué poca mi sorpresa cuando el carruaje del jefe del Estado atravesó las calles para conducirme al alojamiento preparado. La Managua que yo había conocido, revestía otra forma. Muchos de sus atavíos campesinos han desaparecido y en su lugar se cubre con el vestido moderno, con el manto de la civilización y del progreso. Calles extensas, rectas, engalanadas con edificios elegantes y nuevos. La impresión primera fué satisfactoria y se hizo más grata cuando con más reposo visité el utilísimo y bien construído depósito ó arca de aguas; la penitenciaría, que empieza á levantarse sobre sólidos cimientos; la iglesia de la Candelaria y multitud de casas gallardas y espaciosas. Dos hermosos hoteles completan la transformación del antiguo pueblecillo en capital.
El palacio de Gobierno es hoy un bello ornato público, con espaciosas oficinas y salones que atraen las miradas por lo adecuados para el objeto y por sus hermosas proporciones.
El presidente Sacasa, hombre de buen gusto y amantísimo del progreso, ha prestado singular impulso á todo lo que sea ventajoso en la capital y fuera de ella, pues que en sitios antes agrestes y solitarios se crean ciudades, y los nuevos habitantes prestan impulso 4 la agricultura, principal riqueza del país; 4 propósito de esto, Managua ha desarrollado también vigor industrial y agricultor, y multiplica sus recursos y llama á su seno muchas fuerzas vitales que anteriormente andaban errantes.
Para despedir á la familia del presidente, que se dirigía á León, hicimos un alegre y animado paseo por el lago Managua, recreándonos los tonos azulados del volcán Momotombo y de su compañero el Momotombito. Otra sorpresa me aguardaba al llegar á la orilla opuesta, otro paso dado en el camino de la civilizazión: la línea del ferrocarril, que ahora lleva directamente hasta las orillas del Pacífico, pasando por León y por la riente Chinandega.
Entre las satisfacciones intelectuales que he disfrutado, la más preciada ha sido ponerme como si dijéramos al habla con uno de los hombres que son honra y prez de esta tierra querida nicaragiiense: el correcto historiador José D. Gámez. Su nombre es popular y simpático y
* Téngase en cuenta que esta carta se publicó en 1892.
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la historia de Nicaragua que tengo á la vista, me revela tal cual es al concienzudo y laborioso escritor. Ocupábase á la sazón en dirigir grandes excavaciones por el territorio de Rivas, buscando antigiiedades de gran mérito arqueológico que guarda en sus entrañas la tierra desde hace siglos y siglos. »
A raíz de las anteriores apreciaciones, alteróse en Nicaragua la concordia de los partidos, y á pesar de los esfuerzos del Gobierno por mantener la paz á toda costa, no logró se restableciese sino después de corta lucha y de la renuncia del poder hecha por el honrado presidente don Roberto Sacasa *, que unía á un nombre ilustre, la lealtad ingenua en su familia, y la decisión por todo lo favorable al auge nacional.
Otro levantamiento de mayores proporciones y convertido en lucha á mano armada, puso en peligro la administración del presidente Celaya, y extendiéndose por los departamentos del Oeste, hizo precisa la intervención y ayuda del general Bonilla, mandatario en Honduras, y que acudió con 2,000 hombres para favorecer al Gobierno nicaragiiense.
Como el suceso de mayor empuje y más significativo, que ha de influir grandemente para ensanchar los horizontes de la política, debemos mencionar el pacto de Amapola, que celebrado entre Honduras, Nicaragua y San Salvador, aseguró la unión de las tres naciones denominadas desde entonces República Mayor del Centro América.
Este avanzado paso augura un mundo de provechos materiales y dibuja la suma de sagrados intereses que han de estar en juego para llenar cumplidamente el programa federativo.
En él no pueden tener cabida sino las ambiciones fecundas para el bien general, aislando, arrinconando toda idea personal y mezquina, sacrificada en aras de un pensamiento levantado y grande: el amor patrio.
El Dr. Policarpo Bonilla, el general R. Gutiérrez y el presidente Santos Celaya * se han impuesto deberes de significación gloriosa, y la historia ha de justipreciar el generoso arranque de los tres mandatarios, que
El general Dr. Roberto Sacasa falleció en León en 1896.
No poseemos el retrato del presidente del Estado de Nicaragua, D. Santos Celaya, y sentimos no darle cabida en este libro.
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manteniéndose en los límites de la federación, guardando la autonómica forma grata necesaria á todos los pueblos, habrán llenado una misión noble y regeneradora, que ha de llamar á su seno á Guatemala y á CostaRica para complemento de la augusta idea federativa, en la que parte muy extensa tomaron los ministros de Relaciones exteriores de cada República, M. C. Mattus, por Nicaragua; Jacinto Castellanos, por el Salvador; y Constantino Fiallos, por Honduras. De antiguo conocíamos las ideas generosas y patrióticas y la personalidad del primero; también desde la conferencia americana habida en Washington en 1889, en la que figuró como delegado, acopiábamos noticias referentes al Dr. Castellanos *, y ya la opinión pública avaloraba su talento, su acierto y su franca apreciación en cuestiones de tanta valía, que arraigaban en el más acrisolado americanismo, del que no menos hizo gala honrosa en Amapola el Dr. Fiallos, apoyando con ahinco la federación que ha de constituir al Centro-América en vasta y poderosa nación con las ventajas autónomas en cada Estado y en el seno de un todo político, eficaz para el florecimiento general de los pueblos que, unidos entre sí por estrechos vínculos, marchan de común acuerdo para conseguir un fin propicio á
sus intereses morales y materiales.
Hay además para el país centro-americano otra importante cuestión, que hace aún más necesaria la mancomunidad de intereses mercantiles, industriales y políticos; el canal de Nicaragua, obra tantas veces puesta en tela de juicio, desaprobada por muchos, encomiada y defendida por otros, y que la vista de águila norte-americana considera de gran importancia, quién sabe si únicamente comercial 6 también política, puesto que tanto pugna por estar en posesión de esa comunicación rápida entre ambos Océanos, y á pesar de las dificultades que surgen en cada nuevo proyecto para su realización.
Ya hemos indicado que el punto de arranque, San Juan del Norte 6 Greytown, es un lugar más norte-americano que centro-americano y en entero forma como una colonia de la gran República. Si el canal llega á
1 Véase el capítulo siguiente.
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AMÉRICA EN FIN DE SIGLO 147
ser un hecho, puede juzgarse cuál serán los magnos negocios en juego y el futuro del Estado de Nicaragua y de los otros Estados federativos.
Téngase en cuenta la situación topográfica nicaragiiense, con 300 millas de costa en el Atlántico y 200 en el Pacífico, con hermosos puertos, con 148,000 kilómetros cuadrados de un territorio tan feraz y lozano que á poco esfuerzo es fuente de abundancia y de no escasos rendimientos; sobran riquezas vegetales en aquellos bosques, rebosando esencias muy valiosas para el comercio; pintorescos campos, propios para trabajadora inmigración, y tesoros fluviales que mantienen la tierra fresca, riente y fecunda.
En los finales del siglo xix todo se aquilata y se investiga bajo el punto de mira agrícola é industrial, y los estudios más que idealistas son esencialmente prácticos y analíticos, puestos al servicio del espíritu de empresa que todo lo abarca é invade.
En medio de ese positivismo, no huelga la inspiración: allí, en los lagos apacibles y al pie de los volcanes, tienen solio las musas y á su dulce influjo se rinden las fantasías privilegiadas.
Anda por el mundo un genio soñador que tiene en su mente todas las fantasías líricas y todos los idealismos aderezados con peculiares exquisitos hechizos, nota culminante en el Parnaso nicaragúense. El por sí solo, y amén de otras categorías que á la historia y á la política dan realce, es la opulenta y robusta muestra de lo que vale la savia intelectual en la patria de Rubén Darío, del originalísimo bardo de las filigranas, vaciadas en molde hermoso, saturadas con fragancias helénicas y búcaros orientales.
Permítasenos apartarnos de la prosa en gracia de un fragmento de corte singular, tomado á la composición Automnal.
Una vez senti el ansia de una sed infinita. Dije al hada amorosa: — Quiero en el alma mía tener la inspiración, honda, profunda, inmensa luz, calor, aroma, vida. Ella me dijo: —¡ Ven! — con el acento con que hablaría un arpa. En él había un divino idioma de esperanza. ¡Oh sed del ideal! — Sobre la cima de un monte, á media noche,
BARONESA DE WILSON
me mostró las estrellas encendidas. Era un jardin de oro
con pétalos de llama que titilan. Exclamé: — Más... La aurora
vino después. La aurora sonreía
con la luz en la frente,
como la joven timida
que abre la reja, y la sorprenden luego ciertas curiosas, mágicas pupilas.
Y dije: — Más... Sonriendo
la celeste hada amiga
prorrumpió: — Y bien... ¡Las flores! Y las flores estaban frescas, lindas, empapadas de olor: la rosa virgen,
la blanca margarita,
la azucena gentil, y las volúbiles
que cuelgan de la rama estremecidas.
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FRAGMENTOS *. — UN VIAJE DE RECREO.
REVOLUCIÓN Y EVOLUCIÓN POR TELÉGRAFO. — POLÍTICA SALVADOREÑA.
UN EPISODIO REALISTA
Al — "7. ., , . e . . La el vapor Costa Rica alejábase rápidamente de Corinto, el pinla toresco puerto nicaragiiense, y todavía llegaban á mis oídos 07 e los melodiosos acordes de la música, que allá en el muelle AS
despedía á la huésped española y le enviaba como un postrer
adiós. La noche era pacífica y hermosa; el firmamento semejaba un velo de diáfano tul bordado con estrellas plateadas y luminosas, y hasta muy tarde permanecí sobre cubierta disfrutando del ambiente suave y de las variadas riquísimas esencias que desde las vecinas costas despedían las flores, embalsamando la atmósfera y completando el encanto voluptuoso de aquella navegación.
Tras breves horas fondeamos en Acajutla, puerto salvadoreño, escondido entre montes y breñas, que forman graciosas ensenadas y canales algo peligrosos para la salida. En La Unión y en La Libertad, primeros puertos de la república, empecé á disfrutar de la cariñosa hospitalidad del
1 De una carta dirigida á La Estrella de Panamá,
150 BARONESA DE WILSON
Gobierno y del pueblo, manifestándose aquélla por extremo en Acajutla al pisar la arenosa playa. Acompañábanme el amigo mío vascongado y mi secretario colombiano á más de Ida, mi fiel camarera francesa.
Inmediatamente me encontré como en mi casa y tuve el singular placer de recibir afectuosas demostraciones de antiguos amigos míos, contando muy particularmente entre éstos al galano y ocurrente escritor Francisco A. Galindo, comandante á la sazón del puerto de Acajutla, y que por su quebrantada salud acababa de abandonar la cartera de Relaciones exteriores. Habíalo conocido diez años antes en Guatemala, y me recordaba su presencia la cortés y entusiasta acogida de aquella República.
Un tren expreso, puesto galantemente 4 mis órdenes, nos condujo hasta el lugar llamado La Ceiba, donde nos aguardaba un coche especial para llevarnos á Santa Tecla. El trayecto en ferrocarril fué amenizado por las festivas ocurrencias de mi amigo Galindo y por la verbosidad del general Salazar, gobernador militar de Sonsonate; ambos me acompañaban por disposición del supremo Magistrado del Salvador. Mucho disfruté con las perspectivas lozanas del camino y con la majestuosa belleza del Izalco y de otros soberbios volcanes, que se levantan en la enriscada cordillera salvadoreña.
No dejaré pasar por alto la grata sorpresa que experimenté cuando al abrirse la portezuela del carruaje resonó en mi oído una voz muy conocida, y dos manos se tendieron para estrechar las mías: — Juan Cañas — exclamé con regocijo.
Efectivamente, era el noble, inspirado poeta, el antiguo y leal amigo mío. A su lado vi una gallarda figura, vestida con uniforme correcto y elegante. — El gobernador de Santa Tecla, D. Angel Guirola — me dijo Juan Cañas.
Ambos permanecieron largo rato conmigo, evocando recuerdos de diez años atrás y complaciéndose con las ocurrencias de mi amigo y acompañante el vascongado, que visita 4 América por vez primera.
Al día siguiente muy temprano salimos para la capital, y una vez más admiré la célebre é histórica Ceiba, que como una página imperecedera se encuentra al mediar el camino. Bajo su extensa y frondosa copa tuvo lugar la última conferencia del infortunado Gerardo Barrios con el general Carrera, el presidente que en 1857 proclamó 4 Guatemala República independiente, cortando de ese modo la Unión centro-americana; la mancomunidad de estos pueblos, que han sufrido, han luchado
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y han visto correr arroyos de sangre, en favor de aquella idea grande, regeneradora.
Llegué yo al Salvador en un momento propicio para mis estudios contemporáneos: hallábase reunida la Dieta centro-americana, la que entre paréntesis lleva un hermoso nombre: la Dieta de la Paz. A pesar de que sus sesiones eran secretas ó mejor diré íntimas, traslucíase el objeto de ellas y resaltaban las patrióticas intenciones del sagaz y pensador ministro nicaragiiense general Isidro Urtecho; las nobles y filosóficas ideas del hábil hondureño Dr. Adolfo Zúñiga, y nótese que el Gobierno de Honduras fué el iniciador de que se reuniese la Dieta para establecer sobre bases sólidas la paz de Centro América: unido con ambos diplomáticos estaba el representante de Guatemala, Díaz Mérida, partícipe en un todo de los deseos y aspiraciones de sus compañeros con el ilustrado presidente del Congreso extraordinario Dr. Gallardo.
Observaremos que de las cinco Repúblicas sólo Costa Rica desempeña el papel de mera espectadora, sin tomar parte en ese torneo internacional, en el que los campeones han empleado las armas de la elocuencia, del talento, del patriotismo y de la sana razón.
Entre los días gratos pasados en San Salvador, cuento el de mi visita al hermoso ingenio de Bogen, industrial alemán, por extremo amable y obsequioso.
La elaboración del azúcar se hace allí en grande escala y con todos los elementos y máquinas que el progreso ha puesto en las manos del hombre laborioso y emprendedor.
Causa placer y recrea la vista el territorio salvadoreño, cubierto de bien cultivadas fincas, de cafetales inmensos, lozanos, acusando el amor al trabajo y la riqueza pública. Difícilmente podrá verse país más activo; por todas partes caseríos, ranchos, humildísimas chozas; y los potreros alfombrados por el pasto abundante y fresco que el ganado saborea con deleite.
Tuve mejor ocasión de observar tan risueño panorama en mi viaje de la capital 4 Santa Ana, segunda ciudad de la República: en ella habitaba el general Antonio Ezeta, quien habíame convidado para ir con el presidente y con los representantes de la Dieta, pero prolongándose aún las sesiones, resolví adelantar mi viaje por estar próximo el día de mi embarque para Guatemala.
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Amanecía, y los primeros rayos del sol bañaban la bella «Case Blanca» 6 palacio presidencial, cuando abandonaba yo mi residencia situada frente por frente del bonito edificio mencionado, y á poco seguía el camino que conduce á Santa Tecla, y que dentro de poco tiempo la vía férrea en construcción habrá inutilizado, con general contento y en favor de pasajeros y del comercio.
El calor era insopor-
table, y al montar á ca-
ballo sentí como una lluvia
de fuego sobre mi cabeza, á pesar del jipijapa que la cubría; mis compañeros,
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IRA AMARO racha oifimacon E A GE UIT ACUDE ACE UADALA AE 3
a aun cuando la costumbre a Mn
es segunda naturaleza, no dejaban tampoco de lamentar los esplendores de
aquel sol tan hermoso, La «Casa Branca.» — Palacio Nacional pero que materialmente nos abrasaba, y aprovechábamos de un momento de reposo, cuando á largas distancias se nos presentaba un oasis de frescor y de follaje. Son como cuatro leguas desde la estación del ferrocarril al sitio llamado «La Joya», donde nos esperaban con un suculento almuerzo.
De las dos 4 las cuatro descansé y después continuamos para Coutepeque, y allí pasé la noche, porque mi cerebro parecía una jaula de grillos y el dolor de cabeza me abrumaba: no habían sido estériles las caricias del sol tropical.
Repuesta por completo, madrugué y rodeada de galantes salvadoreños, salí para Santa Ana, subiendo y bajando cuestas, no tan penosas como las que en otros tiempos había escalado por el Ecuador y Colombia, pero tampoco muy descansadas. Más allá de una finca llamada «Los Li-
AMÉRICA EN FIN DE SIGLO 153
mones» y en una altura risueña, fértil, llena de luz y de aromas, vi un grupo de caballeros y en el centro á una graciosa amazona !.
Entre otras satisfacciones disfruté. la de encontrarme con algunos compatriotas míos que tenían alto puesto en el ejército salvadoreño.
Santa Ana es una ciudad importantísima en la República y Cuenta en el Departamento de su nombre con 85,000 habitantes y en la capital pueden calcularse unos 20,000. El café es su principal comercio y la fuente de su bienestar. Metapán, Chalchuapa, célebre en la historia del Salvador, y Santa Ana son tres distritos departamentales. En la actualidad se trabaja para que una vía ferrocarrilera vaya á unirse con la del puerto de Acajutla y por consecuencia con la capital del Salvador. Creo que esa obra ventajosísima se finalizará en breve, pues se acumulan los trabajadores y no se perdonan medios para concluirla rápidamente.
Mis propósitos de permanecer cortísimo tiempo en Santa Ana fueron inútiles, porque la exigencia amable y la hospitalidad cariñosa me obligaron á quedarme algunos días más de los pensados. »
Apenas habían transcurrido algunos meses desde que diéramos vuelo en la prensa á las impresiones recogidas en la última excursión por San Salvador, cuando se precipitaron los sucesos en aquella República bajo el dominio del antagonismo político entre el Gobierno constituído el 22 de Julio de 1890, y el general Gutiérrez. Pocas fueron las peripecias de aquel corto período revolucionario, merced á la curiosa y audaz estratagema de cortar el telégrafo y poner un aparato de transmisión entre San Salvador, capital de la República, y Santa Ana, residencia del presidente D. Antonio Ezeta. El resultado fué tan pronto como seguro para los revolucionarios. Por un telegrama falso, enviado á la capital y firmado Antonio, se anunciaba al presidente hermano de aquél que las tropas fieles á su causa habían sido derrotadas, que todo el país se levantaba, que el ejército de la insurrección encaminábase á San Salvador, que la resistencia era imposible y la fuga indispensable. Por su parte, el general Antonio Ezeta recibió un parte por el cual se le hacía saber que la capital estaba en armas contra el Gobierno y que el presidente Carlos Ezeta había buscado asilo 4 bordo de un buque alemán.
1 Esta señora, dotada de altas cualidades, era la esposa del general Antonio Ezeta y falleció
meses más tarde.
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Ambos hermanos juzgáronse derrotados, y sin vacilar creyeron que en la huída estaba su salvación, puesto que las fuerzas del general Gutiérrez habían logrado la victoria.
Es la primera vez que se ha llevado á feliz término una revolución por telégrafo, sin haber disparado un tiro y sin producir en el país perturbaciones ni desórdenes.
Por entonces agitábase Honduras, y en combates sangrientos luchaban dos partidos hasta que la insurrección armada contra el G+obierno obtuvo el triunfo.
Lo particular es que ambas administraciones derrotadas debían su ser á la revolución, pues que á su vez combatieron á las anteriores y se elevaron sobre las ruinas de aquéllas, cosa frecuente en América.
Los hombres que mandaban en el Salvador desde el 22 de Junio de 1890, habíanse sublevado para derribar al sin ventura general Menéndez, quien, rindiendo culto á la verdad, era honrado y abrigaba ideas de generoso patriotismo, que tendían á poner en práctica el sano propósito de unir las cinco Repúblicas. También había escalado la presidencia después de cruenta guerra, que produjo la caída del Dr. D. Rafael Zaldívar, personalidad gubernativa, que intelectualmente pesaba por entonces en la balanza política del Centro-América. Alta capacidad, profunda ilustración, hombre de Estado á la par que hombre de ciencia, pero que se encontró en pugna con sus compromisos políticos y con la resuelta actitud popular, cuando decretada la unión centro-americana por el autócrata de Guatemala general Rufino Barrios, falló la opinión pública del Salvador en contra de aquél, y por consecuencia hubo Zaldívar de conceptuar como un deber la declaración de guerra, de acuerdo con los deseos del pueblo, aun cuando faltase en ello á lo pactado con el presidente de Guatemala.
La muerte de éste en las trincheras de Chalchuapa, cortó la campaña, y á ella siguió de cerca el desmoronamiento del prestigio y poder de Zaldívar.
En el presente se encuentra el Salvador en una era creadora y rehabilitadora. Los sacudimientos que ha sufrido de algunos años á esta parte, harán más indispensables las agrupaciones de fuerzas pacíficas para contrarrestar el retroceso que inevitablemente resulta, después de múltiples contiendas civiles y de crisis financieras, económicas é industriales, que se han adueñado de la mayoría de las naciones americanas
> europeas.
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AMÉRICA EN FIN DE SIGLO 155
Los veneros salvadoreños son pródigos, muy pródigos, y complace esparcir la mirada por los cafetales y cañaverales, traductores no sólo de la fecundidad del terreno, sino también del amor al trabajo, prenda de los que nacen en aquel suelo. El país es rico, posee todos los elementos, y sus caminos están cubiertos de fincas, ranchos, caseríos y cabañas.
La locomotora ha ejercitado allí también su acción vital, y, mercantilmente hablando, llama la atención la actividad que reina.
En el Estado del Salvador toma alto vuelo la instrucción pública: se fomentan las bellas artes, crujen las prensas, traductoras de la idea, se tienden rieles y se entroncan rápidos con los que á la costa conducen, y este movimiento, del que participarán todos los Estados de la República Mayor del Centro América, es precursor de los muchos bienes que traerá consigo el nuevo régimen, anhelo cons-
tante de políticos previsores, que para su realización
tomaron la iniciativa. Cábele la gloria al general Menéndez, de haber
GENERAL GUTIÉRREZ, residente del Estado de San Salvador
reunido el tercer Congreso para hacer práctico aquel * pensamiento grandioso.
Veamos cómo se expresaba meses antes de la revolución de Julio, en la cual perdió el mando y la existencia el benemérito patriota.
Hay en lo que se relaciona con la repentina muerte del general Menéndez versiones muy distintas, pues que, según afirmación de muchos, sucumbió de un ataque al cerebro, producido por la noticia del motín inesperado y del ataque al palacio, precisamente en momentos de una fiesta, mientras que otras opiniones achacan á una bala casual ó traidora el desgraciado suceso, que al correr del tiempo tendrá debida aclaración en la historia; dejándolo por ahora en el dominio de ésta, extractamos los fragmentos de una carta interesante.
«San Salvador, 16 de Enero de 1890.
Sra. D.*? Emilia Serrano, Baronesa de Wilson. BARCELONA.
Distinguida señora: Al fin se han visto coronados los esfuerzos del patriotismo centro-americano con la pacífica evolución que efectuó el tercer Congreso de Delegados, suscribiendo aquí el Pacto Provisional de
Unión.
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Pláceme que ese convenio fraternal le haya merecido 4 V. calurosos aplausos, porque su ilustrada opinión en este asunto, en un todo fayorable á lo que se efectuó, es una garantía más de que se ha procedido con tino y prudencia y de que merece la aprobación de las personas importantes que en Europa se interesan por nuestra suerte.
Es casi seguro que la mayor parte de las respectivas Asambleas ratifiquen el Pacto, con lo que, sin duda alguna, reaparecerá la antigua y respetable patria el 15 de Septiembre próximo.
Grato me sería que la ilustre escritora, que anhela por la prosperidad de la hermosa Centro-América, visitara dentro de poco nuestra tierra, bajo los anchos pliegues de la bandera de Unión.
Quedo aguardando el proyecto de su Historia Americana que me promete.
Con las consideraciones de siempre, me es grato repetirme su att.” $. y afectísimo amigo,
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Nuevas juveniles inteligencias activan el progreso con sus producciones literarias, porque en el Salvador han sido siempre amantísimos de las letras y como esto no bastaría, han descollado ingenios que les dieran lustre y nombradía.
Entre los modernos hay poetas como Francisco A. Gamboa, con notas líricas bellísimas, con inspiraciones idealistas, que toman vida en fluidas, correctas y dulces melodías, en versos que en lengua francesa corren ya traducidos.
En el físico de Gamboa está fotograbado el talento, y en los ojos rasgados y pensadores, en la frente ancha y serena, campea la elevada facultad del pensamiento.
En Alberto Masferrer hemos admirado altas aptitudes para escribir bien y atraer al lector por medio del misterioso atractivo que emana de todo lo que es bello, rico en sentimiento y en colorido.
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AMÉRICA EN FIN DE SIGLO 157
En esa generación robusta y que trabaja sin descansar, hay inspiración verdadera, y las ideas generosas, las frases que fluyen con la facilidad de manso, límpido arroyuelo, los brotes pasionales, los versos que hablan al alma y la conmueven, la poesía colorista, estética, fructifica espontánea, abundante en tierra salvadoreña.
Y aquí viene como de molde en ese lienzo radiante en luz y cuajado de esmaltes á manera de rica joya morisca, un cuadro de puro realismo, argumento para novela típica, que encarnase en aquellas felices creaciones de Balzac, denominadas La Comedia Humana, que palpita, ama, ríe ó llora en
el escenario universal.
A los cinco años vióse Carlota huérfana, pobre y abandonada. Su padre había muerto á la salida de un garito inmundo á manos de un jugador, que vengaba en él la pérdida de toda
su fortuna. La madre sucumbió
, á los pocos meses, ahogada por
J. CASTELLANOS,
los pesares y por la miseria, Y — ministro do Relacionos exteriores en el Estado del Salvador la niña, recogida por una ve-
cina, vivió de la mendicidad, sufriendo hambre y golpes cuando no recogía lo necesario para dar pasto ád las embriagueces, que en su casuca eran el pan de cada día.
La amargura de aquellos dos años dejaron en la mente de Carlota eterna huella. Una noche, al volver cansada y hambrienta, con el escaso resultado de su correría por las calles y plazas de Sevilla, se encontró con un hombre flaco, tieso, de mirada recelosa, que tenía mucho de felina cuando acecha su presa y en todo su aspecto algo del ave de rapiña. Supo con asombro que era hermano de su padre, y que canjeada por algunas monedas, desde aquel momento salía del tugurio para cambiar
de dueño, en menos áspera condición.
158 BARONESA DE WILSON
No escasearon para Carlota, ni los malos tratamientos ni el trabajo
penoso, muy superior 4 lo que su corta edad permitía; tampoco el alimento era abundante para restaurar sus fuerzas ni vigorizar su temperamento, que de robusto tornóse raquítico, nervioso y asustadizo. Con los años aprendió á conocer y á juzgar cuanto la rodeaba. Su tío era egoísta, avaro por extremo y explotaba el infortunio, prestando sobre el jornal del obrero, 6 acaparando joyas, con el crecido interés que doblaba la cantidad en corto tiempo.
La desgracia sutilizó, refinó, abrillantó la inteligencia de Carlota, desarrollándose en ella el tesoro de ternura y de compasión que en su alma guardaba, al contacto de tantas lágrimas, de tantas miserias, de amarguras infinitas que á la vista tenía. Unico ayudante en la casa de préstamos, era un muchacho huérfano y desheredado como ella, viviendo en aquella atmósfera de usura con la modestísima mensualidad, remuneración de su labor incesante.
Eran dos seres igualmente exóticos en la casa de Garcés; ambos vegetando en el aislamiento y en la mansedumbre; ambos rebosando blandura y benevolente amor por la humanidad, que para ellos se reducía á la mísera, triste y anémica, que daba la sangre del trabajo al USUTero.
Carlota y Francisco debían comprenderse y se comprendieron; debían amarse y se amaron. Estaban solos en el mundo, sin afectos íntimos, sin porvenir, sin familia. Concentráronse buscando en ellos mismos el todo, concedido á los seres más insignificantes de la creación.
Aquella casa sombría, donde sólo se escuchaban sollozos y súplicas, alcanzó para los jóvenes las proporciones de un paraíso, engalanado por el amor con los colores de rosa más puros y más perennes.
El viejo avaro no observó la transformación, ni dióse cuenta de que Carlota parecía más alegre y activa, hasta el punto de sorprenderse á sí misma gorjeando como los pájaros.
Sus confidencias tenían lugar por la noche, cuando Garcés salía para echar su partida de tresillo, único despilfarro que tenía, y esto cuando le tocaba perder, cosa inaudita en su astucia.
Francisco hacía partícipe 4 Carlota de sus esperanzas, fundadas en que un hermano de su madre habitaba en California, y allá irían cuando pudieran casarse y abandonar la casa maldita, buscando nuevo sol y nuevos ambientes regeneradores.
Por el pronto, su amor purísimo daba tregua á su deseo y era felices
DIA IA ACA
AMÉRICA EN FIN DE SIGLO 159
sin pensar cómo ni cuándo se realizarían aquellos sueños venturosos, que eran el tema de sus conversaciones y la base de todos sus planes.
Carlota, que tanto había sufrido sin quejarse, habíase hecho necesaria para el hombre sin corazón, verdugo de su infancia, y al caer doblegado bajo el peso de un catarro pulmonal, que tomó creces imprevistas y rápidas, se aferró en tener á Carlota constantemente á su lado, fijándose por vez primera en que la joven desempeñaba las faenas más rudas y pesadas, que á su físico delicado le debía ser difícil soportar.
Todo esto bullía en la mente de Garcés, mientras que su sobrina euidábale con esmero, cumpliendo asiduamente lo ordenado por el médico que asistía al enfermo, merced á los ruegos de Carlota, ya dueña y señora de aquella voluntad hasta entonces terca y absoluta. El tigre estaba domado, pero no sin rebeldías súbitas, que se apagaban en las alternativas de la enfermedad.
Carlota había olvidado la vida miserable, los crueles tratamientos, la indiferencia cruel y el egoísmo de Garcés; su corazón se desgarró viéndole sufrir, y 4 su muerte sintió un vacío indescribible, un dolor sincero y amargo.
El ser heredera del avaro no la sorprendió, pero sí prodújole asombro grande, el enterarse de la fortuna considerable que poseía Garcés, á quien creyó siempre pobre, viéndole negarse á sí propio hasta lo más necesario.
A poco Carlota, riquísima, hizo partícipe 4 Francisco de los bienes inesperados, y para cumplir sus esperanzas y deseos emprendieron viaje á California, paseando su dicha por el Centro-América, como desocupados y ansiosos de ver mundo y sociedades nuevas.
Tal fué la causa de conocer su historia, aumentando con ella el caudal en los episodios de viaje.
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CAPITULO XI
ENTRE SELVAS Y RISCOS. — TESOROS DE TERRITORIO. — LOS INDIOS.
EL PRESENTE
y ser posible levantar las primeras capas en todo el territorio
+ hondureño; registrar sus selvas enmarañadas y extensas, ó las cumbres de altura sorprendente; las grietas y aberturas de las rocas, las cadenas y laderas de montañas, prodigiosas, sin precedente, se encontrarían las más ricas minas del universo, y el oro, la plata, la pedrería variada y de fabuloso valor.
Literalmente, se pisa sobre metales, que satisfarían las ambiciones del industrial más exigente y llenarían las arcas de los que sueñan con los tesoros perstacos ó con el fausto de los reyes del Asia.
En aquellos 120,490 kilómetros cuadrados hay soledades inmensas, inhabitadas, vírgenes, con el intacto y augusto sello de la creación. Pinares frondosísimos que visten las escabrosas montañas, encinas corpulentas que parecen tocar al cielo, bosques embalsamados por el palo de rosa, abundante en ellos, y caobas finísimas, que en las riberas del río Ulúa crecen gigantescas.
Feracísimo es el terreno como el que más, en aquel tercer Estado de la República Mayor del Centro-América; pero debido á los inmensos
1692 BARONESA DE WILSON
inconvenientes creados por la falta de vías cómodas para la comunicación con la costa, pugna por alcanzar el crecimiento que requieren sus vastísimos productos.
Ya durante la presidencia de Marco Aurelio Soto, comenzó á crearse la atmósfera regeneradora progresista, extendiéndose la industria minera, que es la más culminante y andaba descuidada de largo tiempo.
También se dió impulso al ferrocarril interoceánico, fuente provechosa para que se exploten las escondidas vetas, que han de producir rentas cuantiosas.
El abundante ganado, que tienesabroso y nutritivo pasto en valles fertilísimos y á orillas de anchos y hondos ríos, compone un ramo exportativo y de gran lucro para los eanaderos, y el hilo telegráfico cruza el país en bien del
comerciante y del labrador.
El suelo patrio de Cabañas
PAISAJE EN EL INTERIOR. — Honduras
y de Morazán, los iÍnclitos apóstoles de la Federación, ha tenido momentos de letargo, aniquilado por el continuo combate civil, los cambios administrativos, las revueltas interminables y las aspiraciones nunca realizadas para mejorar su marcha moral y política.
Ahora, constituída como el Salvador y Nicaragua, tiende á que sean prácticos sus acariciados ideales, los mismos de todo pueblo culto, que se aparta de crisis desastrosas y de sacudimientos contrarios á su verdadera libertad y perfección.
Tacto, madurez y suerte ha menester ahora que se levanta de su
AMÉRICA EN FIN DE SIGLO 163
postración y mira despejados los horizontes, antes envueltos en brumas revolucionarias. La conquista saludable de orden, concordia y confianza resolverán los problemas económicos, levantando el espíritu para acometer la empresa magna de acabar con rencores de partido, y sobre cimientos firmes construir el edificio de la Federación.
El laborioso trabajo del pensamiento, el análisis en la serena esfera de la razón, han desterrado absurdos, optimismos, y la perfección humana señala el valor real y práctico á las palabras /yualdad, Libertad y Fraternidad, entre todas las clases, para todos los derechos del hombre y sin diferencia de raza.
Lo mismo que en capítulos anteriores hemos apuntado referente á la raza africana, repetimos aludiendo á la indígena, que en el Centro-América es aún numerosa.
No son escasos los ejemplos de las aptitudes y perspicacia que distinguen al indio, cuando la instrucción ha dado vuelo á sus
condiciones intelectuales, y
Un CORTE DE CAOBA EN EL Río ULUÚA
en la historia política, literaria, y artística regístranse los nombres de ciudadanos insignes, de escritores sapientísimos y
de genios que han brillado en las artes.
No prueba, no, la nulidad de esa raza el estado general en que se encuentra: sus hábitos, su ignorancia no acusan más que el descuido, la suma de indiferentismo con que se les mira desde la conquista, y la condición degradada, permanente, que los aleja de la ancha senda del progreso. |
El indio en su mayoría es benévolo, trabajador incansable y, sobre todo en los países centro-americanos, servicial y humilde.
Verdad es que se observa gran diversidad entre los diferentes pueblos de la raza indígena, siendo notorio, como es tradicional, el valor y la arrogancia en los araucanos, la bondad y mansedumbre en los indios del Paraguay, el plácido carácter de los bolivianos, á la par que los feroces instintos de los apaches en México y de las tribus que aun son numerosas en las orillas del Napo y del Pastasa en el Ecuador, así como
164 BARONESA DE WILSON
en otras regiones de América; pero en la humanidad, en el universo entero, son contrastes naturales y lógicos, y, como ha dicho el historiador de Nicaragua, D. Tomás Ayón, sin esa desigualdad sería imposible la existencia humana.
En las transformaciones políticas y sociales de cada nacionalidad americana, al sobreponerse la raza vencedora á la vencida, al perder ésta la conciencia de su libertad, se aletargó, cayó en ese marasmo, en ese indiferentismo que mata la inteligencia; y sometido el nuevo continente al poder europeo, la raza indígena ha vivido, de generación en generación, extraña á las innovaciones, empobrecida, aislada entre sí y sin estímulo ni ambición que impulsara su ilustración.
«La raza de Nezahualcoyotl, el Platón indio y dulcísimo poeta, la raza de Cuauhtemoc, Tecum y Caupolicán, se ha visto condenada á ser extranjera en su patria, en la América republicana, en la América progresista; es extranjera en la Amé-
rica opulenta, la raza semidesnuda, que vive con-
forme con su miseria y confiada en que la prestan
DA sis GT Presidente
Arudas e as alimento los árboles y ha de encontrar albergue
en los bosques; es extranjera en la América de Bello y de Irizarri, la raza que habla idiomas desconocidos, dialectos extraños, donde la lengua de Cervantes domina para conversar con Dios y para enseñar la libertad á los pueblos.
» Tal raza será incompatible con la democracia, mientras no se revenere por el crecimiento intelectual, moral y económico » ?.
En los grandes fines de la América Central debe comprenderse la elevación de la clase indígena para crear ciudadanos útiles á la patria doblemente suya, alentando legítimos deseos, que entran de lleno en la organización liberal y en el círculo de las doctrinas innovadoras.
Si en Honduras la instrucción pública, muy deficiente aún, pero ya en vías de mayores progresos, alcanza la altura que requiere la época actual, no podrá menos de entrar la raza indígena en esa hermosa comunión, traduciendo en realidades el verbo santo de la igualdad y fraternidad, consagrado por eternas luchas y cruentos martirios. |
Hagamos un paréntesis.
1 Párrafos de un artículo publicado en el Salvador.
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Allá en la ciudad de Nueva York y en el reducido parque de City Hall, sobre extraño pedestal elévase una estatua de bronce, fiel trasunto de un mártir de veintiún años. Apretadas ligaduras sujetan sus pies y manos, mientras el cuello se muestra descubierto, como esperando la cuerda fatal.
Hay mucho de augusto en la arrogancia de la fisonomía, en la altivez de la mirada, en el todo de la expresión, reveladora de las elocuentes palabras que brotan de los labios: «Sólo siento no tener más que una vida que dar por la libertad de mi patria. »
Aquella figura se impone á la admiración universal, y el interés crece cuando, remontando la imaginación á la época de la independencia norte-americana y al combate de Kip's Bay, vemos á un bizarro soldado de Washington, Nathan Hale, que, prisionero de los ingleses y condenado á morir en la horca, demostró la sublime grandeza que le inmortalizó. El estoicismo valeroso llegó al punto de irritar 4 sus verdugos, que tomaron la ruin venganza de quemar las cartas que el patriota excelso dirigía á la familia como supremo adiós.
La estatua del invicto Hale se alza en el propio sitio que ocupó el patíbulo.
EN :
Constituída Honduras, salvada de los vaivenes políticos, no podremos calcular hasta qué límites llegará su florecimiento nacional, su pujanza y el raudo vuelo de sus industrias y de su agricultura.
La vida desborda en sus campos; la riqueza en el corazón de la elevada serranía; gérmenes de inagotable abundancia brotan y se desenvuelven en los intrincados laberintos de los bosques.
A los hombres que han resuelto tan acertadamente el problema de su organización política, toca proseguir con brío la obra iniciada para
mantenerla, asegurarla y engrandecerla.
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CARÍTULO: 06
LA CIUDAD DE LOS VOLCANES. — PROGRAMAS PRESIDENCIALES.
EL CUERNO DE LA ABUNDANCIA. — UN NUEVO HERCULANO
Alo ha tomado parte Guatemala en esas convulsiones y Crisis
continuas, aun cuando después de la muerte del general Barrios sostuvo la guerra injustificable € injustificada con el
Salvador; estéril en glorias y sin más resultados que la pérdida de algunos hombres y la paz sin ventajas. El país permaneció como en un letargo hasta que llegó la hora de iniciarse el actual período presidencial.
Materialmente hablando, ha sido escaso el adelanto de Guatemala en estos últimos diez años, observación que merece un rápido comentario. En la nación guatemalteca estriba la riqueza pública en el trabajo agricultor, en el crédito mercantil y en el interés del capital, mayor ó menor según el estado administrativo del país; mas como el sistema de gobierno que presidió el general Barillas dejaba mucho que desear y en todos los ramos reinaba lamentable desorden, de aquí el decaimiento moral y material que sufrieron la industria y el comercio.
En Marzo de 1892, asumió los altos deberes de presidente el general J. M. Reina Barrios y tal acontecimiento coincidió con nuestra segunda
168 BARONESA DE WILSON
llegada al suelo guatemalteco, renovándose desde el pintoresco puerto de San José las impresiones de antaño, por extremo risueñas y cuajadas de recuerdos perdurables. Es indescribible el efecto que produce encontrarse en lugares ya conocidos, donde los más mínimos detalles tienen el doble relieve que el corazón y la cabeza les presta, al reanudar el pasado con el presente, que en el prodigioso laboratorio del espíritu se puebla con fulgores más brillantes y con las magníficas tintas de la idealidad.
A la veloz carrera del tren saludamos las olitas azules que riza suavemente la brisa en el lago de Amatitlán; las lomas que lo ciñen como vistoso cinturón de esmeraldas; las chozas rústicas que el indio fabrica con troncos y anchas hojas de palma y los collados que más lejos realzan el paisaje con tonos verde oscuro y bronceado, produciendo arrobamientos y dulzuras indefinibles.
En curvas atrevidas remontábase el tren hasta las planicies del volcán de Agua, multiplicando las perspectivas admirables.
El volcán de Fuego perdía su alta cima entre las nubes, y en el llano destacábase la ciudad, cobijada en aquel momento por un cielo con tonos grises oscuros, iluminados de vez en cuando por el vivísimo fulgor de los relámpagos. En la sierra accidentada repercutía el trueno, semeiando cerradas descargas de artillería. La lluvia copiosa como nutrida catarata inundaba los campos, envolviendo á la gentil sultana de aquellos valles en pardas neblinas y en vapores que se amontonaban sobre los dos agrestes atletas, rivales en poderío destructor.
Y lo más extraño es la hermosa lozanía que en sus laderas y á sus pies se ostenta, con todos los vigores y perspectivas galanas que pueden soñarse en la más variada vegetación. Huertos, jardines, verdes y grandes árboles, haciendas, caseríos alegres y pueblecillos entre flores, esmaltan las cercanías de Guatemala, todo esto con un tinte melancólico, algo indefinible, que sumerge eu dulces tristezas, en meditaciones inspiradas en las enhiestas cumbres de la cordillera, en el paisaje teñido con los colores del iris, en las ruinas soberbias, que á lo lejos se extienden en histórico llano, encerrado entre los colosos volcán de Agua y volcán de Fuego, y más allá, enterrándose en abrojos, capas de tierra y abundante maleza, los restos de la Ciudad Vieja, que remonta su origen á4 la conquista y fué anegada en 1541 por el terrible aluvión del volcán de agua. Aquella tumba inmensa guardará perdurablemente los restos
de la hermosa Beatriz de la Cueva, consorte del conquistador de Guate-
AREA RS IN Pe sd
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mala, Alvarado, y que pereció en la capilla del palacio invadido por las
aguas.
La República más importante del Centro-América no ha tenido retroceso en los últimos años; pero si bien, comercialmente hablando, ha visto aumentar la exportación de su celebrado café, del tabaco, cacao, azúcar y otros productos, es indudable que el adelanto no ha sido grande desde la muerte del presidente J. R. Barrios. La agricultura, que es fuente riquísima para el país, tomó por entonces considerable impulso, y algo se hizo en las minas y mucho en otros ramos de industria, que la región fertilísima haría más pre-
ponderante si hubiera menos falta de brazos para el cultivo de terrenos inactivos en su producción, hasta que la mano del hombre utilice los elementos que posee en vastísima exten-
sión.
Gran ventaja es para el extranjero que en Guate- Tearro NACIONAL mala se establezca, el clima templado, sano, agradable, que en el interior se disfruta, garantía para el europeo que fácilmente crea porvenir holgado y á veces fortuna considerable. El radiante futuro político-social estriba en la eterna cuestión de unidad federativa, y mientras no se resuelva, fnterin no se lleve á término, no alcanzará Guatemala toda la opulencia que los recursos prometen.
No exentos de emoción llegamos á Guatemala, donde uno de los júbilos más puros y dulces fué el que sentimos al abrazar estrechamente á una amiga de largos años, 4 la madre de un ángel, que había sido el lazo de ternura entre las dos, porque recordaba siempre á otro ya perdido y que dejó la vida desierta, vacía y solitaria.
Era reciente el cambio de situación política, é iniciábase á nuestra llegada el nuevo orden administrativo, la nueva era ó perfodo presidencial. La prensa se ocupaba extensamente de las reformas indispensables
170 BARONESA DE WILSON
y deseadas, con tanta más razón cuanto que estaba fresca la publicación del credo 6 programa del general José María Reina Barrios.
En torno del nuevo astro, todo era conciertos, banquetes, veladas y demostraciones múltiples de simpatías; y en todos los labios estaban las frases más culminantes del célebre programa publicado el 14 de Enero para el caso de realizarse la elección, como efectivamente se realizó.
El 15 de Marzo tomó posesión de la presidencia el general Reina Barrios y dió un manifiesto ratificando «sus principios políticos», manifestados anteriormente.
En una República organizada definitivamente — y esto no excluye reformas lentas necesarias en el curso de la evolución política; — en una República como los Estados Unidos de América, 6 Francia, los programas de candidatos para la presidencia podría decirse que no tienen razón de ser. Basta que los individuos sean conocidos y que sus antecedentes favorezcan la elección, para que se fijen los partidos en los hombres que participan de sus principios, refiriéndose éstos particularmente á cuestiones legislativas sobre materias de administración. Pocas veces surgen en lo que se llama campaña eleccionaria incidentes constitucionales, pero los candidatos muéstranse prudentes con exceso y aventuran lo menos posible declaraciones de principios. No se hallan ciertamente en esas condiciones las Repúblicas hispano-americanas, donde los cambios sustancialísimos en punto á constituciones ocurren con frecuencia ó al cabo de algunos años, cuando parecía que la organización era definitiva y no daba lugar sino á cuestiones administrativas Ó secundarias.
Aun así, y bajo el punto de vista de la necesidad que pueda acarrear reformas constitutivas, ha de juzgarse que los candidatos para la presidencia no son los llamados á discutir extensamente proyectos de reformas en la base fundamental de un país, ni han de hacer amplias manifestaciones de doctrinas, cual si á tratarse fuera de la oposición á una cátedra de derecho público.
De los partidos fundamentales que, con distintas formas y diversos nombres, hay en toda nación más ó menos avanzada en el gobierno popular representativo, liberales y conservadores, tienen individualidades que descuellan y que son conocidas y celebradas, no tan sólo por sus opiniones, sino por la suma de habilidad, por la honradez y lealtad en
sus convicciones.
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AMÉRICA EN FIN DE SIGLO Lin
Precisamente esa falta de parsimonia en el hablar y en exhibirse, nos ha sugerido algunas reflexiones en América, al encontrarnos en períodos eleccionarios presidenciales, y esto mismo dió margen, en Guatemala, para trazar apuntes que creemos oportuno darles cabida ahora en este libro, en cuanto que al renovarse los poderes gubernativos, pudieran tener carácter de actualidad.
En el credo político del general J. M. Reina Barrios — sobrino de aquel dictador muerto en Chalchuapa, que, si acumulaba grandes defectos característicos, poseía en cambio reconocidas y notables aptitudes para el mando, — destacábanse los deseos más nobles en pro de la patria, y expresaban el amor por las reformas en el ejército, en la hacienda; en el empeño por fomentar la industria y desarrollar las vías de comunicación, amén de otras muchísimas mejoras en favor de la prosperidad nacional: todo lo cual suena como deliciosa música en los oídos de propios y de extraños, despertando patriótico entusiasmo y risueñas esperanzas y promoviendo aplausos que son el estimulante para los hombres públicos, que en sociedades nuevas tienen mucho que hacer para llenar cumplidamente su programa.
El deseo del general Reina era que la administración de justicia recta, independiente y expedita estuviera confiada á magistrados dignos y honrados, elegidos sin atender más que á sus méritos y á sus condiciones de talento, ciencia y laboriosidad, propósito digno de aplauso y por extremo laudable en todo gobernante.
Esmerábase también en recordar el cuidado que se debe al cultivo de las relaciones internacionales cumpliendo los tratados con toda exactitud y observando estrictamente el « Derecho de gentes». Otra promesa. Esta era de las mejores, no cabe duda, y en verdad que hasta hoy ha sido en Guatemala una hermosa realidad; ¡se han visto tantas promesas falseadas y tantos programas reducidos á pavesas! ¡En cuántos se ha jurado ser liberales irrevocables y morir envueltos en la augusta bandera liberal, lo que no sólo ha quedado sin cumplimiento, sino por el contrario, con los propósitos más bellos sin duda, hase renegado del dicho convirtién-
172 BARONESA DE WILSON
dose el autor en despótico mandarín, en autócrata absoluto, dueño de
vidas y haciendas, á manera de antiguo señor feudal! ! 7)
Siguiendo el hilo del programa que nos ocupa, se nos ocurrió refrescar la memoria apelando á la lectura de la Constitución vigente, en la que abundan prescripciones sensatas y de alta justicia, principios consienados con precisión y claridad suma. En 11 de Diciembre de 187) se promulgó el famoso documento.
Por el artículo 63, que señala un período de seis años para el mando, rige naturalmente la alternatibilidad en el poder, que en el programa del general Reina Barrios se preconizaba como si no estuviera ya perfectamente establecida y aceptada sin reelección.
Había en el programa presidencial altas manifestaciones en favor de la independencia de los poderes públicos, y para ello no hay sino apelar á los artículos 3, 4 y 5, donde cada cual tiene sus atribuciones definidas propias y exclusivas, así como también el artículo 50 que prohibe vayan á la Asamblea Legislativa empleados ejecutivos y judiciales, cosa propia en constituciones republicanas y esencia en los principios liberales.
En cuanto á la seguridad personal que el general Reina Barrios en su credo de reformas manifestaba garantizar, no queda, no podía quedar en el vacío, pues los artículos 30 y 36 de la Constitución llenan todas las condiciones y exigencias para evitar actos arbitrarios y prohiben el servicio militar forzoso 6 lo que muy impropiamente se llama reclutamiento, de modo que bastará sujetarse al estricto cumplimiento de aquéllos para no caer en abusos censurables y perjudiciales que se cometen á4 pesar de los códigos fundamentales; pero de ellos son responsables los encargados de respetar y hacer que se respeten las leyes, y según mi humildísimo criterio en cuestiones de tal vuelo, no hay principio más hermoso que el del artículo 17, que consigna: «Todo poder reside en la Nación: los funcionarios no son dueños, sino depositarios de la autoridad, sujetos y jamás superiores á la ley y siempre responsables por su conducta oficial. »
Declarábase el general Reina Barrios por el sufragio universal como
1 ¡Paz á los muertos y censura histórica para sus extravios!
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A td A re DAS AA A di a ia
AMÉRICA EN FIN DE SIGLO 173
reforma necesaria, pero suponiendo que la ciudadanía sin restricción (tal es el sufragio á nuestro parecer) produzca buenas elecciones, debe creerse que en ningún país exista más amplia que en Guatemala, según el artículo 8.” constitucional, por el que sólo se exige tener medios de subsistencia, la muy corta edad de 21 años y para los militares 18, y esto sin comprenderse el por qué,
No trataba el presidente de Guatemala de la abolición absoluta de la pena de muerte, que es la prueba de las libertades genuinas, según creemos; redúcela á ciertos y determinados delitos militares, que, «destruyendo el orden y corrompiendo la disciplina, pondrían en riesgo eminente la vida de la República.» Parece que en esos casos deben ser aplicables las consideraciones de que la pena capital no corrige, ni intimida, ni aun disminuye los errores ó los crímenes, sino que más bien excita las pasiones vindicativas y destructoras, propendiendo así al aumento de los delitos que aquélla quiere extirpar. Tal vez traducimos esa cuestión bajo el punto de vista de los sentimientos y del corazón de mujer.
Amplia libertad otorgaba á las masas en el programa presidencial y hasta iba más lejos que la mayoría de los liberales, puesto que decía: «Yo reconozco en los pueblos el derecho de insurrección, cuando no está bien cumplido el mandato confiado á los Gobiernos y son ineficaces los medios que la ley pone en sus manos para reivindicar sus libertades y hacer efectivos sus derechos conculcados.» Por nuestra parte deseamos sinceramente — esto por amor á Guatemala y á la paz que es inagotable fuente de bienes para las naciones, — que no llegue el momento previsto en el documento que analizamos; pero si llegase, ya veríamos la aptitud del mandatario al verse frente á frente con una parte del pueblo amotinado y descontento por la marcha gubernativa. Pensando lógicamente, siempre hay fundamento para las convulsiones populares, y dignísimo es el empeño de no dar motivo para insurrecciones.
Pocos son los hombres que se arman hasta los dientes contra la ambición, contra los aduladores de oficio y resisten á la tentadora idea de reelección, dominante hoy en América, y que sólo en casos excepcionales y en bien de los pueblos, para su florecimiento y consolidación, puede hacerse práctica; de lo contrario es indudable que gasta á los hombres políticos, que los desprestigia, y convierte en monarca absoluto al hombre que debe tener virtudes y severidades de verdadero patriota. Y mientras domine el espíritu personal y la camarilla ad hoc, ni las naciones serán libres, ni los presidentes liberales.
174 BARONESA DE WILSON
Uno de los incrementos mayores que nos fué grato observar, es el de la instrucción pública obligatoria; la ilustración para todas las razas; el saber al alcance de clases altas y bajas; el salvoconducto que abre todas las puertas, allana las grandes dificultades de la vida y no encuentra fronteras. Es uno de los mayores bienes de la civilización, el principal lustre para un pueblo, y el empeño más noble para un Gobierno ha
de ser el impulsar todo pro-
Ec py e foo ME. PE e (5 A greso intelectual.
a | Guatemala es un gran país; Guatemala abriga
virtudes augustas y dotes
morales, intelectuales y materiales que piden á voces su prominencia en el Gobierno de la Federación centro-americana, la
( E a AA IZ forma grandiosa, bella y | | liberal que dará verdadero carácter de solidez y pros-
peridad á los cinco Estados EscueLa DE MEDICINA que Morazán soñó unidos y poderosos.
En bien escrito y razonado libro que no ha mucho publicó el sabio guatemalteco Lorenzo Montufar, se laborea el estudio de aquella turbulenta época desde 1828 hasta 1842, en la que culminante y gloriosa aparece la figura del general Morazán, el ínclito planteador de la Federación.
El juicio sobre el héroe es razonado, profundo y como debe de ser toda labor histórica: un análisis justo de los hechos, y hábil retrato del guerrero y del político hondureño, sin olvidar nada de lo que tienda a presentar bajo el verdadero punto de vista al reformador preclaro, y esto señalando cuánto en favor de su esfuerzo resulta ó los errores que en la vida pública pudiera cometer.
Es el más perfecto y atinado trabajo que se ha hecho referente al
más insigne de los centro-americanos.
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AMÉRICA EN FIN DÉ SIGLO 1
Al tratar de tesoros intelectuales acude á la memoria el nombre de Máximo Soto Hall, el prosista y poeta guatemalteco que, de los más jóvenes, tiene ya página radiante en los anales literarios y ha vivido como si dijéramos mano á mano y en amistoso consorcio con el autor del Gran Galeoto, con Núñez de Arce y Campoamor, tres astros de soberbia magnitud en las letras españolas, los que al prodigar los plácemes que alientan, estimularon la inspiración de Soto Hall, que á más de ser muy bella tiene acentuada corrección en el estilo y en la forma que resalta en Poemas y Rimas, con delicadísima ternura y toques deliciosos, que se llevan la palma en sentimiento espontáneo y no fabricado.
Dijes y Bronces, es otra
producción que lleva en alas de la fama el nombre de su autor con atildado prólogo del ingeniosísimo y galano Salvador Rueda.
Parece que á los méritos
reconocidos en el escritor
centro-americano habría
que añadir otros también
en el terreno crítico y que
InNnsrtriruro NacioNAL
la sutileza de su inteligencia sabe avalorar con exquisito criterio é imparcial reflexión los talentos literarios.
Al vuelo de la imaginación consignamos las impresiones de actualidad, sembrando en estas páginas los puntos luminosos que sean un conjunto de progresos, de bellezas, acatamientos al ingenio, 6 justo homenaje á las extensiones civilizadoras en el Nuevo Mundo.
Hay en Guatemala 1.500,000 habitantes aproximadamente, de activas condiciones, de robusto impulso, de sanas costumbres y de entusiastas aspiraciones.
La banca, el comercio y la agricultura, tienen la vista fija en los resultados salidos de su laboriosidad que ha dado abundante fruto para
el prestigio y el crédito nacional cada día más creciente, debido al valor
176 BARONESA DE WILSON
de sus productos en los mercados europeos, y en los que sólo el café representa en estos últimos años una entrada de 76.000,000 de francos.
El cacao, si bien en menor escala, es otro de los grandes elementos para el actual ensanche de los intereses generales en la República.
El azúcar y la vainilla, los cueros y las maderas multiplican las rentas anuales, y lógicamente son motores para el aumento de instrueción popular y superior, en notables centros como el Instituto Nacional, la Escuela de Medicina, la Facultad de Derecho, las Normales y aquellas de primera enseñanza y establecidas en todo el interior de la nación desde la ¿poca en que el general J. Rufino Barrios, era presidente de Guatemala.
Los sabios arqueólogos y el viajero estudioso encontrarán también curiosos restos, interesantes ruinas de ahora ocho ó más siglos, y al pie del volcán de Agua, los nuevos vestigios que de tiempos remotísimos surgen ahora por las investigaciones asiduas que se han hecho, levantando capas de ceniza y de lava, que escondían una ciudad de antigiiedad incalculable, una Pompeya americana.
En prodigioso basalto negro está esculpido un guerrero acostado, obra maestra si se atiende á la apartada edad en que se trabajara la estatua y la ímproba labor del escultor, que había de carecer por completo de útiles auxiliares para la ejecución. Afírmase que las facciones y la barba son admirablemente artísticas.
Vense también entre las volcánicas cenizas, ídolos, mazas, puñales de pedernal afiladísimos, joyas de extrañas formas, y sobre todo asombran algunas copas de cristal, donde resaltan inscripciones de hermoso colorido, que no ha marchitado la influencia de las centurias, ni la abrasadora lluvia del volcán.
Verdad es que en otras comarcas americanas hemos visto cinturones, residuos de tela y mantos de reyes, de matices tan vivos, cual si fuesen de moderna fabricación.
Júzguese por todo lo apuntado si Guatemala tiene sobrados derechos
para alcanzar suerte envidiable en las modernas sociedades.
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CAPÍTULO XEH
CARTAGENA. — PARTICULARIDADES. —OJEADA HISTÓRICA POLÍTICA.
HOY Y MAÑANA. — MONSEÑOR VELASCO.
UANDO el vapor avanza majestuosamente por las alegres costas colombianas y se distinguen á lo lejos, confundidas con el hori-
zonte y como surgiendo de las olas, las altivas cúpulas de San
Juan de Dios, acuden en tropel á la memoria los legendarios recuerdos de la ciudad que fué riquísima joya engarzada un día en la diadema de los reyes españoles. Poco á poco destácanse también como ceñidas por el mar las preciosas casas de El Cabrero, donde mecen sus elevadas y flexibles copas los altivos cocales. La vista se recrea en los plácidos panoramas, fijándose particularmente en los castillos levantados por la nación descubridora que parecen desafiar todavía, con las murallas formidables y las fortalezas de Bocachica, á los piratas audaces y codiciosos. La bahía de Cartagena de Indias, como se la nombraba por los siglos xvu y xvi, es amplia, segura, encerrada entre las fortificaciones aun imponentes y los hermosos cocales de alta rendimientos para sus poseedores.
Cartagena era poderosa en tiempo del coloniaje; allí se depositaban las grandes riquezas que los virreyes enviaban á España, y su importan-
00)
papa
178 BARONESA DE WILSON
cia como plaza fuerte de primer orden era incontestable. Domina á la ciudad el histórico cerro La Popa, y á su pie bulle y se agita el vecinda- * rio del nuevo barrio que lleva el propio nombre de la colina. No exageramos al decir que Cartagena es una de las poblaciones más avanzadas en ideas, así como está adelantadísima materialmente hablando, por las importantes reformas efectuadas, por la vitalidad que se refleja en el comercio, por la gradual y fecunda elevación adquirida en aquel puerto, que es el primero en Colombia por su situación topográfica ventajosísima.
A pesar de haber variado en mucho la antigua perspectiva de la ciudad, no ha perdido su gráfico timbre y el corte especial de todas las poblaciones españolas del siglo xvI, que será eterno mientras existan iglesias suntuosas como la Catedral y San Juan de Dios, y costosos baluartes que traducen el pasado esplendor de España. En las páginas de la historia cartagenera, hay más de una gloriosa que enlaza y se confunde con las de la nación á la cual debe su origen.
Hoy los hermosos parques y jardines; los edificios nuevos; el Dique, arteria utilísima para la navegación del río Magdalena y comunicación con activos pueblos del Estado de Bolívar; el arsenal restaurado donde hay extraordinario movimiento; las obras de defensa contra las furiosas embestidas del mar de leva; el desenvolvimiento mercante é industrial, vasto y rápido en el corto espacio de doce años, aseguran el porvenir de la que fué segunda capital del virreinato. En Cartagena nació el presidente doctor Núñez, capacidad extraordinaria y filosófica, motor y elemento potente y benéfico en la nueva faz de Cartagena y que ejerció en Colombia influencia vital.
Pintoresco por extremo es el sitio llamado El Cabrero, que en 18381 era un caserío combatido por agitados oleajes con aspecto agreste y constantemente amenazado por el mar que le ceñía, salvo cortísimo espacio de tierra.
La actividad de una mujer ha variado por completo aquel lugar, que disfruta condiciones de salubridad inmejorables y perspectivas deliciosas.
Veíase en El Cabrero una casita á orillas de las inquietas ondas del mar Caribe, que pertenecía á un español honrado y querido en Cartagena, el que á su muerte la dejó en herencia á su hija Soledad Román, que en sus principales rasgos característicos, descollaba por el espíritu entusiasta y la inteligencia práctica y emprendedora.
Había de entrar por mucho en su predilección por aquel sitio el culto
filial. el recuerdo del hovar paterno, y después, más tarde, cuando con ) S 1 0 ) >
AMÉRICA EN FIN DE SIGLO 179
el lazo sagrado unió su suerte á la del doctor Núñez, persiguió su idea con mayor ahinco, y por sí misma la puso en ejecución: embellecer El Cabrero, formar un precioso verjel, donde el hombre de Estado, el escritor profundo, el pensador austero, encontrase el sosiego moral, el reposo
que el ímprobo afán administrativo hace necesario,
ALREDEDORES DE CARTAGENA
El terreno movedizo é inseguro se terraplenó y allanó adquiriendo solidez, ensanchándose y hermoseándose con alamedas frondosas, parques, edificios bellísimos, complemento de aquel lugar de recreo, uno de los más plácidos, risueños y galanos en los alrededores de la ciudad heroica, que si conserva, como Popayán y Tunja, las tradicionales é históricas galas, está por el presente revestida con las transformaciones que
encarnan en la idea del adelanto universal.
180 BARONESA DE WILSON
Para engrandecer su ciudad natal, no perdonó medio el doctor Núñez, y á lle debe, entre otras muchas, las obras llamadas de defensa, soberbio dique puesto por la mano del hombre al tumultuoso mar de leva,
amenaza perpetua y peligrosa para la población legendaria.
La entidad política y literaria, el pensador que por larguísimo período fué el árbitro en la organización política colombiana, murió en la modesta pero alegre quinta de El Cabrero, donde habitaba alejado del mando, pero sin abandonar privadamente la marcha substancial del país y señalando los derroteros que su espíritu abarcaba como insigne conocedor de los hombres y sostenedor de lo que él llamaba la paz científica.
En la vida tempestuosa y agitada del hombre público, fuera difícil no defraudar esperanzas ó herir de frente susceptibilidades de partido, sobre todo al tratarse de reformadores como el doctor Núñez, que buscan la solución de los problemas sociales en las ideas prácticas, y se afanan por establecerlas sobre cimientos indestructibles, y esto aconsejado por su propio criterio, modificador tal vez de sus más ardientes aspiraciones.
La muerte del doctor Núñez fué por extremo transcendental si se atiende á la situación expectativa de los partidos en Colombia, á la lucha que entre ellos había de sobrevenir después de tantos años reprimida por la sagacidad extraordinaria, por la clarísima inteligencia y por las facultades singulares de aquel colombiano ilustre, que ejerció omnímoda autoridad en uno de los países más empapados en las ideas avanzadas y liberales.
Era el doctor Núñez hombre de gran talla y una de las figuras más culminantes de este fin de siglo, en América. Durante cuarenta años permaneció en la escena política, y la historia desmenuzará ciertos actos que lo colocaron en dificilísima situación; pero el vasto entendimiento y el finísimo raciocinio del gobernante logró salvarla abandonando resueltamente las antiguas tendencias bajo la potente acción de nuevos ideales, creados tal vez por la experiencia y por la penetración singular que le caracterizaba. ¡Quién sabe á qué convicción obedecían, 4 qué hondísimo pensamiento se sujetaban! Es lo cierto que no es posible analizar aún, si hubo error ó veleidad en el gran estadista 6 profundo conocimiento de
AMÉRICA EN FIN DE SIGLO 181
las necesidades y exigencias de la nación, que había hecho turbulentos ensayos en caminos avanzadísimos, no obteniendo por entonces sino fatales resultados que le aconsejaran la prudencia para efectuar cambios radicales que su propio partido defendía.
El doctor Núñez era prudente en sus determinaciones hasta la exageración, y según él, un Gobierno debía ser, no sistemático antagonista de la sociedad, sino el guía, el mentor, el apoyo de aquélla para desviarla de libertades prematuras, de peligros, ó de empresas que pudieran alterar la apacibilidad augusta de la república.
Tenía sentimientos y principios esencialmente liberales, pero gobernó más bien ajustado á las doctrinas conservadoras, aplicando á ellas sus teorías filosóficas.
La historia, justa é imparcial, no hará en verdad omisión de la influencia personal y de los servicios que el doctor Rafael Núñez prestó á la patria en 1855, cuando formó parte en el Ministerio bajo la presidencia de J. Ovaldia y la vicepresidencia del célebre M. M. Mallarino, sobresaliente personalidad que asumió la difícil misión de pacificar la república, calmar las agitaciones populares, encauzar el revuelto oleaje de los partidos y crear una vía de reposo indispensable para el desarrollo moral y material del país. Aquel período merece una página de oro en la historia colombiana. Fué uno de los compañeros del doctor Núñez, en el Ministerio, D. José María Plata, el celebérrimo ciudadano, la inteligencia altísima, la notable figura que en 1861, siendo gobernador del estado de Cundinamarca, perdió la vida en los combates contra el presidente Ospina.
El recto criterio y la imparcialidad más estricta señalarán en futuros anales los méritos del doctor Núñez, en la tarea trabajosa de pacificación, revelándose entonces sus altas dotes gubernativas, llamando la atención pública y atrayéndose el aplauso general. En años consecutivos conquistó mayor prestigio en la política y gran celebridad en la literatura como escritor profundamente filosófico á la par que poeta.
En 1879 al 80 subió por vez primera á la presidencia, y en aquel período comenzó su labor reformista, iniciada cuando á los dos años entró 4 ocupar su puesto el austero doctor Zaldua.
Fecunda en borrascas fué la segunda presidencia del sabio cartagenero, y por todas partes en los Estados colombianos ardió la tea de la discordia, estallaron rebeliones, los motines fueron el santo y seña, y por último, como consecuencia de tal estado anormal, lanzó el Gobierno un
182 BARONESA DE WILSON
célebre decreto en 10 de Septiembre de 1885. Se quería convocar un Consejo nacional que había de reunirse en Noviembre del mismo año para reformar la Constitución, cumpliéndose la idea sin obstáculo, y una vez que las bases fueron sometidas á la aprobación popular por intermedio de los municipios, los que del mismo modo hicieron ratificar la elección para el segundo período presidencial del doctor Núñez.
El 4 de Agosto de 1886 se promulgó la nueva Constitución que centralizaba el Gobierno nacional y concedía facultades omnímodas al primer magistrado durante seis años con carácter de dictaduras. Según el sapientísimo diplomático y eximio publicista panameño, doctor Justo Arosemena *, permitían las reformas constitucionales la elección para el Congreso de los empleados ejecutivos, lo que unido al vero más eficaz que anteriormente, daba al presidente una influencia preponderante en la acción legislativa. »
LEI
Pasaron ocho años. En ese larguísimo período presidencial, el Gobierno contuvo con mano de hierro todo conato de insurrección, y desde la risueña y ya histórica quinta de El Cabrero, donde con frecuencia buscaba tranquilidad y alivio el supremo jefe del Estado, se ocupaba de la ardua tarea política, siguiendo infatigable la vía emprendida hacía largo tiempo, dedicándose á la vez á un extenso trabajo intelectual relacionado con la obra gigantesca de la reorganización política-social, hasta que la muerte dió el mando por entero á otro hombre esclarecido, Miguel Antonio Caro, haciéndole árbitro en la dificilísima situación de Colombia, erizada de peligros y henchida de responsabilidades. Por los años 1889, se publicó una de las obras más culminantes del doctor Núñez, La Reforma Política en Colombia.
Hay párrafos que se nos antoja reproducir como un modelo de lenguaje, de alteza en ideas, de doctrinas que retratan de cuerpo entero al pensador, al estadista, al político, y que desarrollan los problemas de
interés general en el anchuroso campo del progreso.
* Aquel hombre ilustre falleció en Colón en 1866.
AMÉRICA EN FIN DE SIGLO 183
«El triunfo de los partidos se debe más á la falta cometida por los contrarios, que 4sus intrínsecos méritos. La reacción puede ser muy lenta, pero es infalible porque procede del poderoso instinto de conservación. Alguien lo ha dicho: el molino de la Providencia muele despacio, pero muele siempre. »
«Las reacciones que se cumplen por medio de la guerra civil, son de ordinario insuficientes y pasajeras. Los males sociales son siempre la viciada prole de un mórbido engendro que puede bien sintetizarse con la palabra injusticia.»
Al tratar del monopolio del poder, y ya sabemos cuán frecuente es en los países hispano-americanos, dice el doctor Núñez en el mismo y ya citado libro: «cuando éste (el monopolio ), implica, como es natural, el predominio constante, obligado de determinados intereses y de determinadas ideas, produce en las esferas del Gobierno el mismo maléfico efecto que la falta de renovación del aire en un edificio, porque hay ciertamente asfixia moral, como la hay material. En política es muy fácil tomar la pendiente que lleva al abismo en lugar de la que conduce á la cima.»
Al extenderse en lo que el sabio colombiano titula Vía sacra de las ideas en la conexión del espíritu de justicia con el sentimiento religioso, hace un retrato gráfico en algunas pinceladas magistrales:
«Todos reconocemos que el pueblo de la Gran Bretaña es un gran pueblo. La grandeza de la Gran Bretaña no la medimos por sus poderosas escuadras; ni por sus vastas fábricas; ni por sus espaciosos astilleros; ni por la prodigiosa cantidad de oro que en los sótanos de sus bancos se acumula; ni por lo que publica su incomparable prensa; ni menos todavía por el esplendor de sus palacios. Medimos solamente esa grandeza por el espíritu de equidad que prevalece en ese movimiento social y político. A ese espíritu de equidad debe la Gran Bretaña el haber podido verificar en los últimos cincuenta años, sin sacudidas ni alarmas, el milagroso fenómeno de convertir en República práctica una secular Monarquía aristocrática; que es lo inverso precisamente de lo que el vértigo de la pasión política, entre nosotros, ha pretendido. El espíritu de justicia que, como lo hemos dicho y todo el mundo lo sabe, caracteriza especial-
184 BARONESA DE WILSON
mente al pueblo británico, proviene seguramente del asiduo cultivo del sentimiento religioso. »
Este lienzo de vivísimos colores, tiene su detalle sombrío: Irlanda. «Punto obscuro del que sale sangre que empaña el brillo general del suntuoso cuadro, que atormenta á los pensadores y estadistas ingleses, como una pavorosa pesadilla. Hay una verdadera fuerza moral que gobierna á los hombres, y que sólo velan ilusorios accidentes; y los partidos que obran con desconocimiento de esa fuerza, caminan rectamente al suicidio. Su agonía puede no ser corta; pero su muerte es infalible, como lo es el término de todo movimiento de descenso. »
Cada página de este libro trascendental es una enseñanza práctica, cortada en molde clásico; un estudio donde se aprende la filosofía profunda de la política y de la historia, bajo diferentes objetivos y en diversas épocas.
¡Qué hermosas ideas, qué apreciaciones de elevado aliento, qué lecciones para propios y extraños en el terreno de la razón, de la probidad, de la inteligencia aplicada á las libertades y á las conquistas sanas, pacíficas y filosóficas!
Campea en la mayoría de las obras del doctor Núñez la tendencia á la estabilidad y conciliación de los partidos, alejándose de los desvarios y exageraciones que suelen llevar muy lejos en las sacudidas que sufren las sociedades nuevas y los pueblos de poco tiempo creados.
El doctor Núñez vivió y murió modestamente; no fué nunca opulento ni tuvo vanidades, ni ostentaciones anti-republicanas; preciándonos de justos é imparciales, debemos consignar que vivía con sencilla holgura y dependiendo de sus propios recursos, pues que, al dejar ostensiblemente de ejercer el mando, renunció al sueldo que hasta en aquel instante había disfrutado y á la pensión de 30,000 pesos votada por el Congreso.
Que realizó en el país importantes transformaciones y que tomó provechosas iniciativas, es un hecho justificado con el fomento de la Instrucción pública, de la Agricultura y de la Industria. Las rentas públicas se emplearon en mejorar el servicio de correos, de telégrafos, en llenar los vacíos de la Estadística con trabajos útiles, y las escuelas militares, los museos y las bibliotecas, tuvieron extensa parte en las reformas y en el adelanto nacional.
La probidad en el manejo de los caudales públicos, fué llevada al grado más estricto, creciendo aquéllos á medida que se abrían vías fáciles de transporte, motores indispensables para la exportación é importa-
AMÉRICA EN FIN DE SIGLO 185
ción. El espíritu regenerativo del hombre que durante cuatro lustros empleó sus excepcionales facultades en cumplir el propósito que acariciaba, está estereotipado en los muchos obstáculos vencidos á favor de mejoras que de largo tiempo eran necesarias en toda la organización de la república colombiana, que por sus condiciones geográficas ha menester de mayores sacrificios y de grandes empeños para que logre positivo desarrollo mercantil por lo apartado de los Estados, lo difícil de los caminos y, sobre todo, la carencia de brazos en una superficie de 504,735 millas cuadradas y contando únicamente con 5.878,600 habitantes, entre los que se cuentan 220,000 indios, unos civilizados y otros no civilizados.
Moral y fisiológicamente, era el doctor Núñez grave y reflexivo; tenía mirada sagaz é investigadora, con expresión vaga y melancólica; la nariz aguileña, la barba canosa y abundante, así como el cabello; la frente alta y despejada, como asiento de inteligencia superior, lúcida y vigorosa. En el gobernante colombiano la vida estaba en el cerebro, pues físicamente era débil y enfermizo.
En los últimos años había en él una especie de excitación nerviosa, acusando el hondo pensar, el trabajo asiduo, el cansancio resultante de la agitación del pensamiento en la vida tempestuosa de la política y de la incesante labor de la mente, que buscaba el complemento para la obra administrativa y reformadora, á la que consagraba todas las potencias y todos los bríos intelectuales.
Sobrio en palabras, lo era también en el alimento, que apenas bastaba para su naturaleza decaída. El perdurable estruendo de las olas del mar Caribe, el bosque de cocoteros, que se extiende por detrás de la casa, en El Cabrero; la capilla al frente; más lejos, á la derecha, la antigua ciudad española con sus baluartes típicos y su aspecto de la Edad media, aquel especiaJísimo conjunto, era el panorama donde el hombre de Estado buscaba el reposo, ó nuevas ideas para engrandecerlas y desarrollarlas.
Tal es, á rápidas pinceladas, el retrato físico-moral de una personalidad que señaló una nueva era en Colombia, que marcó época y dará extensas páginas á la historia americana.
Finaliza el siglo y los destinos futuros de Colombia están en manos de un conservador austero, de un espíritu elevado, de un entendimiento perpicaz, de un hombre que, apoyado en la legalidad, ha de arraigar aún más la tolerancia de doctrinas y la unión en los partidos, bajo la fianza del orden y de la estabilidad gubernativa.
186 BARONESA DE WILSON
Miguel A. Caro es una de esas entidades que poseen la elevación de sentimientos al igual del talento práctico y de la riqueza y fecundidad de ideas siempre fijas y altísimas en sus manifestaciones dignas, filantrópicas y de una probidad inmaculada.
Es el gobernante colombiano atildado y eximio vate, con purísima y correcta forma poética, no menos que escritor de gran alcance en el terreno de la política demostrada hace años, cuando M. A. Caro redactaba El Tradicionalista, y en trabajos posteriores propios de un espíritu recto y de una imaginación, donde sólo tienen cabida nobles concepciones y propósitos que, al conquistarle las voluntades, han de tener el don de satisfacer las ne-
cesidades públicas y colocar 4 Colombia en el grado
prominente que le corresponde,
Ha de fijarse particularmente la atención en las sendas dificultades que en el inmenso territorio colombiano se presentan, para que hasta el presente no esté cruzado por múltiples líneas ferroviarias, Como acontece en México y en otras repúblicas hispano-americanas.
El terreno escarpado y montañoso, la población aglomerada en determinados lugares y escasísima en otros, las distancias intermedias entre los grandes centros y los vastos campos deshabitados, han hecho infructuosos los proyectos que desde largo tiempo se formaron en provecho de explotaciones que habían de acarrear gastos inmensos, sin esos resultados que en pocos años se obtienen en otras repúblicas, pues reconociendo los valiosos elementos naturales en el suelo colombiano, es tal vez por ahora una rémora el que tenga una extensión tan hermosa, sin brazos para el cultivo, y que esto mismo dificulte la creación de empresas que fomenten los diversos ramos productivos.
Las plantaciones de café y los rendimientos de este importante artículo serían para Colombia un filón de incalculable riqueza el día en que numerosos inmigrantes puedan explotar la exuberante savia de aquellas zonas, que, por sus diversas temperaturas, son propicias para toda clase de productos, ya tropicales, en regiones cálidas, ya aquellos
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AMÉRICA EN FIN DE SIGLO 187
que brotan á favor de climas suaves ó en las comarcas donde imperan
las heladas brisas y las nieves eternas.
De todos modos, los viajes para el interior, aun dificilísimos, hacen desmayar para el planteamiento de grandes empresas industriales, que necesitan personal extranjero, no acostumbrado á los serios inconvenientes que se presentan en leguas y leguas de camino poco menos que despoblado y en donde se carece, con frecuencia, hasta de lo más indis-
pensable para el reposo necesario tras larga jornada,
PAISAJE ENTRE VILLETA Y GUADVA. — Colombia
No es decir que las vías ferrocarrileras construídas ya, y esto 4 costa de inmensos sacrificios, de subvenciones crecidísimas, de costosos adelantos, no den su provechoso fruto y no respondan á las más perentorias y justas exigencias comerciales; pero Colombia, excepción hecha de los Estados de la costa, necesitará algunos años todavía para que los tesoros de su naturaleza, por demás generosa, se exploten y se exporten, dando un apogeo fabuloso á la nación.
Entretanto sigue su marcha progresiva y realiza cuanto en la actua-
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lidad puede alcanzarse, gracias á un soberano y potente auxiliar: el río Magdalena.
Si de conocer tratase el lector lo que puede y vale la hermosa arteria fluvial, no habría de apagar su deseo sino leyendo las apreciaciones y estudios hechos por un escritor profundo, hacendista de altos vuelos y brioso campeón en lides parlamentarias.
Salvador Camacho Roldán ha detallado en un libro que lleva un modesto título, Volas de viaje, el itinerario desde Bogotá hasta Honda, sin escatimar el detalle más pequeño para darnos 4 conocer el cultivo y las producciones de aquellos campos colombianos y la mayor ó menor importancia de aldeas y ciudades, esto con clara imparcialidad y sin que deje de señalar el atraso relativo de lo que se llama tierra caliente ó el progreso industrial que se acentúa en la Sabana de Bogotá.
De panorama en panorama, conduce al lector hasta el río Magdalena, que es y será por largo tiempo la arteria vital para el comercio y el paso indispensable para el viajero, deleitándole con la poesía de los grandes bosques que sombrean y engalanan las márgenes del río.
Numerosos ríos pagan su tributo al Magdalena, algunos caudalosos como el Cauca, y puede considerarse que por 600 leguas es navegable el primero.
Parecerá casi fabulosa la extensión territorial de Colombia y que el eran valle del Magdalena tenga una área de 10 á 12,000 leguas cuadradas, que no constituyen sino menos de la cuarta parte del total.
Cartagena, Barranquilla y Santa Marta, son por hoy los puertos de mayor tráfico para la exportación, principalmente los dos primeros, pues á pesar de la ventajosa situación de Santa Marta y de su bahía segura y extensa, ha decaído en su actividad mercantil, se ha estacio-
nado tal vez para larguísimo tiempo.
Surge en la mente un pronóstico asaz curioso que se relaciona con la culta república de Colombia, publicado no ha mucho en periódicos británicos. Afírmase que entre los manuscritos inéditos del barón de Humboldt, había extensas páginas y notas consagradas á sus viajes por América. «No será Colombia, decía en una de aquéllas, la más dichosa para los tiempos venideros, y los sabios debieran apresurarse para estudiar
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la privilegiada región, donde existen tantos tesoros para la ciencia, y que desaparecerán del mapa á corto andar de los años.
» La hermosa tierra que un día visité — continúa el célebre viajero, — ese paraíso con montañas altísimas, con volcanes hermosos y terribles, con árboles que levantan sus copas frondosas hasta el firmamento, con praderas siempre lozanas y con vegetación sin par, desaparecerá, se perderá dentro de pocos años, porque las capas de tierra son muy delvgadas; poco á poco se agrietarán hasta sumergirse en inmensidades de agua. La proximidad de tal cataclismo se demostrará por temblores de tierra frecuentes, por notables transformaciones en el clima, por veranos prolongados y sofocantes.
» La cadena de montañas que en la parte oriental de Colombia tiene por nombre Sierra Nevada, bajará lentamente: sus altivas cimas perderán su blancura inmaculada hasta formar llanuras incomensurables y desaparecer sin dejar huella. El siglo xx consignará el desastre en sus anales. »
La extraña predicción, repleta de ansiedades y peligros para futuras generaciones colombianas, recuérdanos otra clara y precisa de un misionero francés, á quien el celo evangélico habíale llevado 4 Riohacha y á la Guajira, después de haberse internado por regiones apartadas, en la parte oriental, donde hubo de sostener ruda lucha con las tribus salvajes que intentaba conquistar para el catolicismo.
Era geólogo, botánico y arqueólogo profundo: en su vida errante y cuajada de peligros no había descuidado el ensanche intelectual y tenía extensos conocimientos en todas las esferas del saber, muy especialmente en las ciencias exactas.
Afanábase en llevar su misión con heroica perseverancia, y la idea del martirio, la muerte en aquellas soledades á manos de los indígenas, convertíase en aspiración fervorosa y sublime.
En lo que referíase 4 Colombia no andaba lejos de Humboldt, y más de una vez tendía la mirada por campos y montañas, diciendo:
«Para las futuras centurias será Colombia una nueva Atlántida; desaparecerá del mapa, dejará su nombre en la historia y en la tradición. »
Convengamos en que al hermanarse las dos profecías, dan lugar á serios temores y á la preocupación y estudios de los sabios.
Meses después de haber conocido al misionero francés, volvimos á encontrarlo en Barranquilla. Estaba triste y su mirada franca y serena revelaba hondo pesar.
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La muerte de Monseñor Velasco, arzobispo de Bogotá, habíale herido y desgarrado el corazón. Era su amigo más íntimo, casi su hermano por la severidad religiosa y el fanatismo en el cumplimiento del deber.
Apuntaremos algunos detalles del sacerdote, que hace pocos años
sucedió en el episcopado bogotano, al docto y amable Monseñor Paul.
Tenía singularísimas condiciones: era austero anacoreta con rigores y penitencias cristianas, que á poco de elevarse á pastor de numerosa grey, le hicieron famoso en toda Colombia, repitiéndose sus palabras de boca en boca y mencionándose sus acciones.
Bajo el punto de vista psicológico ponderábase su firmeza en los propósitos y la energía para llevarlos á término: la sobriedad de frases y la abundancia de ideas prácticas, que le hacían observador y esclavo de su deber como pastor de almas.
Difícil hubiera sido hacerle transigir con la falta más leve, pues nunca acertó á disculparlas, antes más bien las corregía, pero reprendiendo severamente. Hay rasgos curiosísimos y algunos detalles á raíz de su instalación, que fueron las primeras pinceladas características del prelado.
Era el señor Velasco refractario á recibir visitas, no siendo aquéllas relacionadas con los asuntos eclesiásticos, y rara vez se lograba verle ni hablarle en la intimidad.
Había los pretendientes que se desesperaban con la imposibilidad establecida por el arzobispo; después los importunos y los curiosos, no faltando quien se propusiera aguardarle en la calle ó en la iglesia, para solicitar una entrevista.
Entre otros contábase una mujer que á todas horas acudía al palacio, importunando á porteros y á secretarios, y que viendo lo inútil de sus esfuerzos, aprovechó una festividad religiosa y á la salida se acercó humildemente al austero sacerdote.
— Señor — dijo, — varias veces he intentado ver á Su Señoría llustrísima, sin poder conseguirlo.
— ¿Y qué desea V.?
— Saber cuándo tendré el honor de ser recibida.
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La mirada investigadora del arzobispo se fijó un instante en la importuna, y después contestó con gravedad:
— Nunca.
Generalmente el señor Velasco prestaba buena acogida á todos aquellos consagrados á la instrucción pública, y como el director de un colegio solicitara presentarle algunos jóvenes alumnos, le recibió sin demora y con agasajo.
Después de mencionar los nombres de sus discípulos, añadió el profesor :
— Los he escogido para que vengan á saludar á Su Ilustrísima, porque entre todos los niños son los que pertenecen á las familias más esclarecidas, más ricas y más cristianas de Bogotá.
— Celebro conocerlos, puesto que sus padres son buenos católicos; por lo demás y en lo tocante á que sus familias sean esclarecidas y ricas, es cosa en que no paro mientes, porque jamás investigo el origen de los caudales, único medio para saber si son dignos de estimación los poseedores, y me extraña que V., el encargado de formar y educar el corazón de estos niños, les recuerde las riquezas y la nobleza para fomentar su vanidad.
Excusamos describir el estupor y la mortificación del educacionista al verse tratado con aquella dureza y severidad.
El espíritu recto del señor Velasco, traducíase en todos sus actos, rechazando sin apelación lo que le parecía contrario á la modestia y á las buenas costumbres.
En la primera visita que había hecho por la diócesis, llegó de improviso á un pueblo, desviándose de su itinerario. El párroco era joven, de carácter alegre, expansivo, y gozaba de gran prestigio entre sus feligreses. La presencia del arzobispo produjo en el sacerdote cierta zozobra y malestar, aumentando cuando en la hora de la comida sorprendió la mirada penetrante y adusta del prelado, fija en la joven y gallarda sobrina que servía á la mesa.
Se habló poco y fríamente, y el señor Velasco se retiró temprano á la habitación que en el curato habíasele preparado.
Al encontrarse á solas con el párroco, le dijo bruscamente:
— Pienso enviar á V. á otro pueblo y le aconsejo que en mi próxima visita nos sirva una mujer que peine canas, única que un sacerdote debe tener en su Casa.
La rigidez del arzobispo no soportaba la menor infracción ni abuso,
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y bien puede afirmarse que era un modelo de rectitud y de virtudes cristianas.
Al recorrer las poblaciones estudiaba el aspecto, las costumbres y necesidades, en lo que pudieran los párrocos contribuir 4 mejorarlas, y si sorprendía descuidos, injusticias ó abusos, era segura la provechosa reforma.
No había influencia capaz de hacerle retroceder en el cumplimiento estricto de sus deberes, y la austeridad era para el prelado la regla natural y lógica de su vida.
Estaba en su mente combatir vanidades y oscurecer orgullos, y tan pronto como llegó á su noticia que un sacerdote disfrutaba gran favor y tenía por hijas de confesión 4 las damas más encopetadas de Bovotá, hízole llamar y le dijo cortésmente, pero con acento que no tenía réplica:
— Quiero que se marche V. 4 un pueblo: escoja V. mismo cuál ha de ser.
— Pero, Ilustrísimo Señor, yo no deseo salir de Bogotá.
— Por eso mismo; piense V. en un curato y me avisa dentro de tres días; es el plazo que tiene V.
Perplejo, asombrado y poco avenido con lo resuelto por el arzobispo, se retiró á su casa para meditar y consultar consigo mismo.
Pasaron las horas, y al cumplirse las que el señor Velasco habíale fijado, se presentó en el arzobispado.
— ¿Cuál es el curato que ha elegido V.?
— Ninguno, Ilustrísimo Señor, porque he pensado hacer un viaje por Europa.
— Perfectamente; sólo le encargo que se marche pronto: á lo más tardar dentro de un mes.
No hubo otro remedio sino obedecer.
Aunque el prelado tenía asperezas é intransigencias propias de un carácter justo y que todo lo sacrificaba al cumplimiento de la misión sacerdotal, era bondadoso en el fondo y encerraba gran nobleza de sentimientos.
La aspiración más hermosa la cifraba en alcanzar el mayor acopio de virtudes para su clero, y por eso la falta más pequeña tenfa á sus ojos doble trascendencia, así como desconfiaba cuando la generalidad se hacía lenguas de algún sacerdote.
Entre otros había uno de gran fama por su piedad evangélica y la
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vida virtuosa y ejemplar. El arzobispo quiso cerciorarse por sí mismo y de repente se presentó en la casa del joven presbítero.
La fisonomía, la palabra, la inteligencia y las ideas agradaron desde luego al señor Velasco, pero temió dejarse arrastrar por la primera impresión.
— ¿Vive V. solo? —1le preguntó á quema ropa.
— En compañía de mi madre y hermanas, Señor Ilustrísimo.
— Preséntemelas. Me complaceré conocióndolas.
Felizmente no cabía duda: el mismo aire de familia, como suele decirse, y la honradez y lealtad asomadas al rostro.
Aquel era el ideal del ministro de Dios, y el arzobispo no resistió ya á la atracción que le impulsaba hacia él.
Su comenzada obra para reorganizar el clero, era propicia para investigaciones, y en ellas encontraba y señalaba á los que podían secundarle en sus propósitos.
Entre las cosas que más opuestas andaban con su carácter, era todo aquello vestido con ropajes de relumbrón. La hojarasca, según su dicho, le desagradaba, porque allí no había grano, ni semilla que diera fruto.
Llegado el caso, no le detenía ninguna consideración, ni aun tomábase el trabajo de ocultar su disgusto, sin fijarse tampoco en que su censura pudiera herir susceptibilidades ni parecer injusta.
Visitando un colegio tuvo que escuchar la lectura de un informe, correcto en la forma y abundante en hermosas teorías.
— Frases, frases — dijo el prelado al emitir su opinión, — pero nada práctico, nada de lo mucho necesario.
Y se retiró imperturbable como si hubiera prodigado el mayor elogio.
Cuando el señor Velasco tropezaba con personas de costumbres sanas y sencillas, regocijábase interiormente y sentía una inmensa placidez de ánimo, asegurando de lleno su amistad y su apoyo, porque nadie en más alto grado era admirador de la virtud y de la modestia.
— Esas son — decía — las riquezas que resisten á todos los azares de la suerte. Lo demás debe mirarse como vanidades y miserias.
En su elevado cargo tuvo por norma y gala dar ejemplo de exactitud en el desempeño de sus obligaciones y en el alejamiento de cuanto pudiera halagar el amor propio ó fuese ajeno á la vida sosegada y contemplativa de un siervo del Señor.
Tal vez su celo fué en ocasiones exagerado para este siglo: las ideas
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tenían carácter intolerante y las palabras eran más bien secas y descarnadas que suaves y conciliadoras.
Pero en él se admiraba el móvil guía de sus actos: la fe y la santidad de los propósitos y el afán íntimo y de acuerdo con su criterio, de extirpar resabios de largo tiempo dominantes.
No sabemos si el señor Velasco se propuso hacer una completa evolución en la grey encomendada á su fervor religioso; pero es el caso que sintiéndose con facultades reformadoras, intentó extenderlas hasta donde alcanzasen sus poderes y su fuerza de voluntad.
Su gobierno pastoral fué breve, pues aun no hacía dos años que lo desempeñaba, cuando la muerte cortó los vuelos á sus ideales que tanto había anhelado realizar, cual si viera cercano el fin de su carrera.
El celo cristiano jamás desfallecido, las virtudes católicas y las originalidades de carácter dejaron un recuerdo latente del venerable prelado.
A poco fué víctima de sus sentimientos redentores el misionero francés. Allá en la Goajira sufrió cruento martirio entre las tribus bárbaras, y con tres compañeros españoles conquistó la palma gloriosa de su apos-
tolado.
En las facultades admirables descollantes en Colombia campean, rebosan, se derraman como fulgurante pedrería, con profusión, con lujoso alarde las intelectuales, como arroyuelos de plácida corriente; como caudales tributarios de ilustración nacional, naturales é indispensables para el engranaje civilizador.
El hermoso abolengo literario no mengua ni decae jamás en tierra colombiana, madre fecundísima de ingenios que en el templo universal de los inmortales tienen asiento predilecto !.
Abunda la inspiración en sus formas perfectas y en imágenes gallardas y embelesadoras con derroches de luz, de matices y de armonía. Abunda el pensamiento filosófico y científico; abunda el idealismo y el naturalismo, en libros selectos y en trabajos de estudio prolijo y de larga meditación.
1 Citaremos en el Diccionario bioyráfico-literario-histórico que está en preparación.
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Las producciones surgen nutridas, ricas y espontáneas, como brotan en las florestas los lirios, las rosas y los claveles, Ú con la majestuosa erandiosidad de la selva imponente, misteriosa y colosal.
En las poblaciones de la costa, acusa la evolución de ideas estar forjadas en cerebros más fogosos, más ardientes, más entusiastas. En el interior traducen el pensamiento pulido, refinado, diluído con mano maestra en Crisol más sólido, más profundo y con acabados perfiles artísticos, ya en el terreno social, literario ó político.
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La costa y valle del Magdalena son hoy los territorios más poblados y sobresalientes en la vida mercantil é industrial de la República, y pasará de tres millones el número de habitantes que se encierran en aquel importante foco de actividad que comprende el alto, el central y el bajo Magdalena.
En los distritos más cultivados y galanos, en las regiones fertilizadas por el río, afluye la población para buscar en la faena agrícola el sustento diario y el capital de la familia, muchas veces expuesto 4 perderse en las fuertes avenidas y en las desviaciones del cauce propio, que destruyen casas, plantíos, dehesas repletas de ganado, aldeas y todo lo que las aguas encuentran á su paso rápido y destructor.
¡Cuántas veces el campesino ha perdido hacienda y vida en los desastrosos cataclismos, por desgracia frecuentes en la época de las grandes lluvias y de las crecidas formidables, que al inundar las llanuras las convierten en anchuroso río, en lagunas y pantanos que por meses y meses arruinan toda esperanza en los infortunados vecindarios errantes, sin hogar, viviendo como tribu nómada al frágil abrigo de chozas improvisadas Ó de cobertizos, techados con cañas ó con tablas recogidas en el naufragio y entrelazadas con el flexible y sólido bejuco!
A raíz de una de las temibles invasiones fluviales, nos tocó presenciar las consecuencias crueles y el estrago que por leguas y leguas había ocasionado.
Aun había gentes sin pan y sin albergue; aun el hambre, la miseria, la destrucción, la ruina eran huéspedes implacables en aquellos prados antes galanos, fragantes y productores.
¡Qué tristeza en el cuadro general, qué amargura en los rostros
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escuálidos y en las miradas vagas de las infortunadas víctimas! El corazón se oprimía y las palabras faltaban para expresar el sentimiento y la piedad que sobrecogía el ánimo, á la vista de la irreparable desgracia.
Han pasado los años, se han hecho estudios, se han formulado proyectos para remediar esos males y defender las orillas del Magdalena contra la fuerza de sus caudales, que en determinadas estaciones paralizan todo impulso emprendedor y condenan la tierra fecunda á deplorable inactividad.
Hay además en Colombia, un elemento paralizador que por todos los medios convendría combatir. El espíritu refractario á la idea de asociación, tan poderoso en otros países, palanca de grandes empresas, Cimiento de prosperidades, solución de problemas imposibles para resolverlos sin el esfuerzo colectivo. No diremos que tan desventajosa teoría sea general en la República, pero sí que subsiste en algunos departamentos donde limita todo florecimiento comercial en grande escala; centraliza los recursos abundantes, reduciéndolos á escasos rendimientos y aleja ese desarrollo fabril que en distritos y en poblaciones ricas, riquísimas, podría crear fortunas, ensanchar horizontes y consolidar el engrandecimiento del país.
La opulencia de las zonas colombianas es indescribible, y 4 manos llenas ha derramado el Creador augusto, dones inagotables en comarcas de magnitud prodigiosa con auxiliares de ríos navegables, al servicio de los intereses nacionales y con fáciles desembocaduras en el mar. Aquéllos y la construcción de carreteras y vías ferroviarias, corrientes de inmieración robusta y trabajadora, desarrollo en las plantaciones, explotación minera, laboreo de regiones vírgenes todavía, empresas poderosas contribuyentes al gran conjunto, transformarán la nación colombiana, que en la primera década del siglo xx saboreará el abundante fruto de sus libertades y la hermosa cosecha del saber, del trabajo y de la acti-
vidad.
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CAPÍTULO XIV
PODERES RETRÓGRADOS Y DICTATORIALES, — ESPÍRITU ASOCIATIVO. INDIOS, PÁJAROS Y REPTILES.
PODERES PROGRESISTAS. — BONANZAS
Sy o hay que desconocer ni pecar de parciales al tratarse de algunas regiones americanas que más lentamente que las otras
van perdiendo su añeja corteza para vestir el flamante ropaje
de la civilización. Sea por la continuada pelea en los campos de batalla, por el alerta contra los enemigos de los Gobiernos constituídos, por el triste dominio que sobre las masas han ejercido ciertos elementos refractarios al progreso, así como también por la autocracia de individualidades que han mantenido 4 los pueblos en premeditado oscurantismo conveniente á sus planes despóticos, el caso es que apenas comienzan en el Ecuador 4 darse cuenta de lo imprescindibles que son las reformas materiales, sociales y políticas, en un país que cuenta con no pequeños elementos para ocupar puesto más alto entre las naciones americanas.
El célebre presidente García Moreno, hombre de luces y de profundos conocimientos, pero que por su política personal paralizó la marcha
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civilizadora en el Ecuador, iniciada ya en la mayoría de las Repúblicas colombinas, detuvo el vuelo de las aspiraciones, amordazó la emisión del pensamiento, y en vez de favorecer la ilustración de los ecuatorianos, los mantuvo con mano de hierro en los estrechos límites de las preocupaciones y del misticismo exagerado é intolerante.
Y no puede pensarse que el gran talento de García Moreno fuera ajeno al progreso ni á las ideas templadas y conciliadoras; pero con ellas es probable que no hubiera logrado por entonces gobernar quince años ni imponerse como rey absoluto, ni conducir cual manso rebaño á las multitudes dominadas por el terror ó por el fanatismo. Creemos que su índole no era ultramontana y que por propia conveniencia se apoyó en la fuerte columna de la Iglesia para hacerse invulnerable.
El Ecuador vegetó sin protestar, y cuando un vil asesino, el colombiano Rayo, hizo soltar los grillos y quitó las mordazas al pueblo, éste anatematizó el crimen, lloró la muerte de García Moreno y no supo qué hacer de aquella libertad inesperada á la que no estaba acostumbrado, perdiendo un tiempo precioso, favorable para rechazar la organización que le había oscurecido y amilanado. Durante la dictadura de García Moreno la prensa libre no existía; la discusión franca y razonada fué un imposible, y las tendencias de libertad un mito. En el Ecuador el sosiego político-social era la paz del sepulcro, la falta absoluta de vida y movimiento: todo estacionaba, todo languidecía.
La constitución ecuatoriana, reformada en 1869, á raíz de una revolución militar que dió el poder 4 García Moreno, era ampliamente centralizadora y autocrática, pues que señalaba un período presidencial de seis años, el derecho de reelección y el de asumir facultades extraordinarias en el caso de la más insignificante rebelión.
Las facultades eran dictatoriales. García Moreno era un dictador. Aun no está averiguado el móvil que puso en manos de Rayo el arma
homicida, si la guió el espíritu de venganza ó un rapto de locura.
En la costa, en Guayaquil, tomaban nacionalidad las doctrinas avanzadas republicanas; se discutían, comprendiéndolas y analizándolas, las franquicias del ciudadano, y los programas democráticos estaban al
alcance de todos. Pero ¡qué distancia tenían que atravesar para incul-
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carse en las villas, pueblos y ciudades del interior! Y así como en el invierno pasaban meses y meses incomunicados por los rigores del clima y por las barreras que la naturaleza acumulaba en los caminos intransitables, así era lenta la comunión de ideas; entre ellas se interponían los Andes.
Añádase á esto las asonadas, los pronunciamientos, las reyertas campales para escalar el poder, los frecuentes cambios de gobierno, y todo ello dará la clave del estado presente del Ecuador, que si bien más avanzado de doce años acá, necesita actividad, estímulo para despejar los anchos horizontes y medirse á la misma elevación de las otras Repúblicas hispano-americanas. Como ellas, tiene hombres de notoria fuerza intelectual, hombres científicos, publicistas eminentes, ciudadanos animados por el espíritu de empresa, campos admirables para la agricultura, selvas que rebosan en maderas ricas y en productos valiosos con fácil salida para la costa por la vía de Yaguachi. Y en el litoral, ¡qué exuberancia de frutos, qué pastos, qué naturaleza, qué abundancia de ríos caudalosos y qué vegetación tan privilegiada!
La fuerza del Ecuador estriba en Guayaquil: allí vibra el nervio de la banca, del comercio, del tráfico con el interior; allí la asociación, la colectividad activa, los negocios bursátiles extienden el campo de las transacciones con el extranjero, contándose entre las colonias más importantes la alemana, que posee fuertes capitales y los utiliza en empresas bancarias sólidamente establecidas.
El «Banco del Ecuador» tiene gran crédito y es uno de los más prósperos en América, puesto que al año suben sus dividendos al 33 por ciento.
El «Banco Internacional» de Guayaquil y el de «La Unión» en Quito asumen garantías notables y son de alta importancia. Franceses, ingleses, españoles y norte-americanos prestan su cooperación laboriosa, su inteligencia, sus intereses y sus energías, para fortificar y robustecer el movimiento general en todas las esferas industriales y en el gran empuje que tiene la importación y la exportación.
A dos millones aproximadamente sube hoy el número de habitantes, dividido en raza caucásica, africana, mixta é indígena. La extensión del territorio ecuatoriano es de 127,205 millas cuadradas, cubiertas de vegetación arrogante, soberbia, hermosa y de alto producto, como es en primer término el cacao, de superior calidad y que constituye el más valioso elemento en el Ecuador. La caña de azúcar se cultiva con esmero
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y hay ingenios importantes en las provincias de Los Ríos, Guayas y Manabí, que representan grandes sumas empleadas y fortunas respetables.
«La Matilde» es un ingenio en situación por extremo pintoresca y riente, con maquinarias 4 vapor y modificando cada día las condiciones para que el resultado práctico sea inmejorable. El café es otra explotación que produce millones de pesos, y la del tabaco, aun cuando no sea en tan elevada escala.
A más de las producciones naturales en las tierras americanas, á más del arroz preciado, del suavísimo algodón, del marfil vegetal, de la cascarilla, de la infinita variedad de plátanos y de la aromática vainilla, hay plantas no conocidas en otras Repúblicas y de salutíferas condiciones, sólo estudiadas y conocidas por los indios, y algunas enriquecen ya la botánica europea y figuran en los específicos modernos en bien de la
humanidad. TFT
Al abrigo de las serranías gigantes, de las cumbres coronadas por blancos, purísimos cendales, de cortes y obeliscos admirables en su forma como el Cotopaxi, majestuosas como el Chimborazo y el Tungurahua en las cimas orientales, pobladas de tradiciones fabulosas, de históricas leyendas que remontan el pensamiento humano á las edades que rayan en lo inmemorial, como en la escabrosa cima del Pichincha, rey de la cordillera occidental, allá en el corazón del Ecuador, al pie de colosales escalones, extiéndense los vastos arenales, los campos agostados por la abrasadora lava en las frecuentes convulsiones seísmicas, los prados y llanuras hermosísimas, los valles y dehesas de incalculable riqueza para el agricultor, donde la eterna primavera derrama sus primores y viste los sembrados con galas esplendorosas que al extensísimo valle de Quito transforman en fantástico paralso.
La naturaleza ha sido no sólo pródiga, sino amorosa en una elevación de 9,500 pies sobre el nivel del mar, bordando con extraordinaria esplendidez las planicies de Ambato á 8,500 pies de altura y la de Cuenca á 7,800, regalando terrenos de prodigiosa abundancia, que fructifica el
indio con asidua laboriosidad.
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AMÉRICA EN FIN DE SIGLO 201
ls inagotable el estudio de la naturaleza en las selvas americanas y curioso por extremo el conocer ciertos detalles en la vida variadísima de los extraños animales que pueblan extensos territorios, desconocidos todavía.
Las riberas del Napo y del Pastassa, en el Ecuador, están habitadas por indios salvajes, pero hospitalarios y de carácter apacible y risueño. Hay algo en el tipo de algunas tribus que les da parecido con los chinos, sobre todo en la de los záparos, así como entre la familia de los jíbaros encuéntranse muchos con rasgos europeos, cutis muy blanco y barba poblada, lo que tal vez tenga por base el cruzamiento de raza á fines del siglo xv1, cuando los indígenas sublevados robaron numerosas mujeres españolas internándolas en territorios donde no podían penetrar los conquistadores. Existen marcadísimos puntos de contacto entre los jíbaros y los araucanos; como éstos, son aquéllos belicosos, incansables en la pelea, coléricos y celosísimos; sus mujeres tienen, á semejanza de las mahometanas, aposentos independientes, y jamás una jíbara se presenta en las habitaciones donde el indio recibe á sus amigos. Es del caso advertir que los indios son generalmente polígamos, consistiendo el tener mayor 6 menor número de mujeres, según la prosperidad que disfrutan.
Záparos, jíbaros, anguteros y otras tribus, han perdido muy poco de sus primitivas costumbres, y hoy, lo mismo que entonces, ventilan con las armas sus querellas, sus venganzas y sus celos. Cautelosamente procuran sorprender á sus enemigos espiando la ocasión más á propósito, y cuando se presenta los atacan, los matan y les cortan la cabeza como trofeo de guerra. Pero esas ferocidades no son ya tan frecuentes; se han modificado con la influencia de los misioneros y el contacto con europeos que visitan aquellos lugares 6 comercian con algunos de sus productos.
Sin embargo, aun se ven indígenas medio desnudos, con las trenzas de sus enemigos pendientes de la cintura, y en sus tambos ! la temible y aguda lanza de hierro, las flechas 6 una especie de sable de madera, pero de forma singular.
En las tribus civilizadas domina el clero, y el taita ?* es el dueño de
Casa ó choza.
2 Señor, padre, dueño, en idioma quechúa.,
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sus voluntades y de sus haciendas, por más que en la interioridad conservan las ideas que profesaron sus antepasados, y arraiga entre ellos, entre otras, la creencia de la metempsicosis, quién sabe si transmitida por emigraciones del Asia: dan crédito á las brujas, á los hechiceros y á los genios malignos; son supersticiosos, y aun los católicos amalgaman y confunden los antiguos dioses con el Supremo Creador.
Son fuertes en la caza y caminan leguas y leguas á pie sin rendirse al cansancio, y esto 4 pesar de ser indolentes por naturaleza. El indio, en la generalidad, es poco locuaz y por extremo desconfiado, lo que puede atribuirse á los abusos de que ha sido víctima su raza en América.
No sólo en el oriente del Ecuador, sino en México, Perú y otras regiones americanas, gusta el indio de bebidas fermentadas, sea el pulque, la chicha de jora, de piña, de plátano y de yuca, y abusan hasta embriagarse con no poca frecuencia.
La raza americana ó indígena es numerosa en el Ecuador, y como ya indicamos, desempeña el servicio doméstico así como la arriería y el tráfico de frutos y de reses desde las costas al interior, ya subiendo los ríos en canoas, ya atravesándolos á caballo, ya internándose por selvas espesísimas pobladas de reptiles, donde ha de abrirse paso con su machete y librarse del tigre negro, de la onza, las panteras, osos, pumas y otras fieras enemigas del hombre. Pasma el exacto conocimiento del terreno que tiene el indio y la agilidad asombrosa con que salva riscos y sube y baja por las cordilleras, que parecen inaccesibles, sobre todo en la estación de lluvias.
Pero volvamos á las provincias de Oriente, á las proximidades del Napo y del Amazonas ó Marañón. Parece imposible la riqueza y variedad con que se visten las florestas americanas, cuajadas de animales rarísimos con plumaje brillante y colores primorosos.
¡Qué alegre bullicio el de las primeras horas de la mañana, en lo más enmarañado de un bosque! Allí cantan, chillan, gorjean, arrullan, los azulejos de color de cielo, la oropéndola con matices naranja y negros, el brujo de rojas plumas, el melódico ruiseñor, los infinitos picaflor ó pájaro mosca, verdes como la esmeralda con cuello granate y pecho de rubí. Los guacamayos y loros de pintados y chillones atavíos; los monos de cabeza negra y cara rosada; los titís de larga cola y melena blanca; los graciosos y pequeñísimos chichicos; todo el lujo de la creación, todas
las pompas de la naturaleza, fertilizada por juguetonas corrientes de
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arroyuelos ó ríos majestuosos, ya encauzados en quebradas hondas y pedregosas, ó deslizándose por lechos de oro y arena.
En aquel mundo de maravillas y de sorpresas, hay también luchas civiles, odios excepcionales, invasiones, conquistas sangrientas y dramas de interés palpitante.
Para completar el cuadro narraremos algunos.
Atravesábamos á caballo por una selva que tiene sus límites en el Amazonas, y á larga distancia vimos un árbol gigante de ancha y frondosa copa que cubría gran espacio. Profusión de ramas delgadas y flexibles inclinábanse hasta tocar la tierra ocultando el tronco en toda su cireunferencia; pero lo singular é inexplicable era la oscilación continua de las ramas doblegadas como bajo un peso extraño, á la vez que caprichosas, y centenares de ondulaciones amarillas, verdosas, plateadas y negras, ofrecían un espectáculo original que adquiría mayor encanto cuando aquel oleaje viviente pasaba por un rayo de sol.
Arriba, en la cima del follaje, agitábanse multitud de cabecitas color canela y negras, pertenecientes á una familia de monos anidada en el árbol. Su algarabía era extraordinaria y lanzaban chillidos de terror.
Moderamos el paso de los caballos y poco á poco nos acercamos al árbol. «Son las culebras á caza de monos» —dijo uno de los indios que nos acompañaba.
Debe comprenderse que estas palabras aguijonearon nuestra curiosidad. Efectivamente, los reptiles avanzaban, se replegaban, tomando posiciones para hacer segura la victoria, mientras que los monos, tronchando ramas y desgajando cortezas, herían á sus enemigas y procuraban ganar tiempo para que las hembras huyeran con los hijuelos, cosa que efectuaban con la ligereza peculiar en los cuadrumanos, suspendiéndose de una rama para ganar la más próxima de otro árbol cercano. Muchas cayeron en poder de las culebras y la batalla se hizo general y encarnizada. Allí quedaron muertas no pocas de las invasoras, pero triunfantes y dueñas del terreno, donde apoderándose de los monos más pequeños satisficieron su voracidad.
No puede verse pájaro más bello que el cereba del Brasil; su manto de plumas es de colores azules indescriptibles, hermosísimos, claros, obscuros, y con fajas negras como azabache; una de éstas le sirve de corona y termina en el lomo, admirablemente combinada, y en el cerco que forma en la cabeza encierra una moña esmaltada de azul y verde; este
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pájaro construye su nido tejiéndole de un modo artístico con hierba y fibras vegetales. El cereba azul es del tamaño de un gorrión.
Uno de los volátiles que más se defiende, sea de las serpientes negras, de los perros y de pájaros enemigos suyos, es el sinsontle, que llama la atención, no por su plumaje, que no es bello, sino por la facultad de imitar con su canto á diversos animales y por la valentía y tenacidad con que defiende su nido.
Cuando la serpiente negra intenta subir hasta él, es generalmente vencida; el sinsontle la ataca á picotazos, buscando en la cabeza del reptil el sitio más sensible, hasta que los aletazos y el pico han dado cuenta del invasor.
Visitando en el Brasil una finca, nos internamos por las alamedas hasta llegar á un bosquecillo que ofrecía sombra y atractivo para descansar.
A poco de escoger para asiento el tronco de un árbol chamuscado por el rayo, vimos llegar 4 un hermoso pájaro gris claro y colocarse sobre un nido, lanzando un chillido suave y singular. Inmediatamente sentimos el revoloteo de otro que fué á posarse sobre una rama cerca del primero, y de allí, aleteando en torno, llegó al nido, arrulló un momento con su compañero instalándose después en el interior. Comprendí que era la hembra, pero no tardó en aparecer una parejita cenicienta y negra evolucionando de rama en rama, y acercándose al nido del que probablemente eran legítimos propietarios. Los dos machos se acometieron encarnizadamente, y viendo la imposibilidad de recobrar su vivienda, huyeron lanzando chillidos lastimeros, ínterin el vencedor se erguía orgulloso y reparaba el desorden de su plumaje.
Desde hace quince ó veinte años ha experimentado la república ecuatorial aumento notable en sus ingresos, y esto á pesar de los cambios y vaivenes políticos. El estado de su hacienda dista mucho de ser precario, sino más bien es lisonjero, puesto que por datos recientes se juzga que de 1891 4 1896 ascendieron á 12 millones los efectos de importación, y los de exportación sumaban de 10 á4 12. En las últimas estadísticas, los derechos de importación daban un resultado de 3.508,00. Aumentando
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á esto las contribuciones, las entradas del timbre, aguardiente, pólvora y las de las salinas de Charapató, no sólo cubren ampliamente los presupuestos, sino que el sobrante pasa de un millón, y esto atendiendo á los establecimientos benéficos, á la instrucción pública, al culto religioso y 4 proteger empresas de utilidad general.
Las salinas de Charapató son riquísimo filón aun no bien explotado, por reclamar organización más perfecta; y de hacerse así, calcúlase una extracción de 800,000 á 1.000,000 de kilos por año.
La minería, hoy de escaso incremento, ha de ser tras breve plazo la fuente maravillosa, la nueva California, el tesoro de Claudica en el Canadá. El oro, la plata, el rubí, el cristal de roca, el mármol y el alabastro, tienen su terreno propio en las cabeceras de los ríos y en la escabrosa falda de las cordilleras. Lomas y cerros hay de azufre nativo, sin mezcla, bosques de quina y entre los peñascos asoma la esmeralda abrilantada por el sol.
Con tales valores intrínsecos, y con el carácter del pueblo, dado al trabajo, con los rieles tendidos entre el litoral y el interior, y á más con nuevas leyes para la colonización, ¿qué le faltará al país para un encumbramiento positivo, sobre ancha granítica base?
Los ríos, que pasan de noventa, con márgenes escondidas entre arbustos y árboles seculares, con perspectivas sorprendentes, alegres y variadas, se esparcen majestuosos por territorios fertilísimos, acariciando al pasar los cafetos, los naranjos, los limoneros y los cañaverales lozanos. Muchos son tributarios del regio Amazonas; otros recorren leguas y leguas hasta desembocar en el mar Pacífico, llevando entre sus ondas ricas muestras auríferas. Algunos llevan sus caudales por desiertos ignorados, por oasis vírgenes, por bosques de laureles, por florestas y arboledas pobladas de pájaros canoros, que mezclan su armonía con los trinos y gorjeos del ruiseñor en consorcio con variadísimas familias de loros, monos, cotorras y ardillas. No escasean los insectos y las aves de extraño plumaje que bullen en verdes prados y se esconden entre hierbas gigantescas. La vegetación del Ecuador es la más brillante, la más altiva y asombrosa de América, por sus típicas grandezas.
El brazo del indio ha sido el sostenedor de la agricultura ecuatoriana, y 4 esa pobre, mísera y humillada raza, se debe el cultivo de los campos, el encanto de los valles, literalmente cubiertos por sementeras de toda clase y por lozanos pastos. El indio es el ganadero cuidadoso, el infatigable y habilísimo guía para el extranjero que desde Guayaquil ha
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de atravesar, hasta Quito, caminos imposibles, cordilleras peñascosas, estrechas gargantas, puentes colgantes de guadua, hondos fangales donde los caballos se hunden en mares de lodo y agua.
Allí está el indio, en aquellas subidas de la montaña, en las angosturas del camino que limita por un lado el paredón de roca y por el otro el incomensurable abismo. Es tan maravillosamente grande el espectáculo, que apenas la imaginación se detiene á comentar los peligros.
Se baja á las planicies, se vadean los ríos, llueven rayos ó arrecia la lluvia, y el indio no pestañea, ni se conmueve, ni teme, pero es el alma en esas expediciones.
Pensamos con fundamento debieran tenerse en cuenta los servicios
que presta y reconocérselos con mayor remuneración.
V ]
La revolución, ó más gráficamente hablando, la radical transformación operada en el Ecuador en 1896, ha sido la de mayor trascendencia para el país, porque su triunfo no era el de un partido, no el de una bandería política, sino la victoria de las doctrinas democráticas, acaudilladas por un hombre que durante quince años ha sido invicto é incansable luchador, apóstol de la regeneración ecuatoriana y de un programa político-social madurado por los sacrificios y defendido con energías incansables y tesón sin tregua.
No ha llegado aún á vincularse en el Ecuador todo el sistema de combinaciones que para su desarrollo material y moral se necesita, y fuera superfluo avalorar las ventajas que comienzan á señalarse y tomaron iniciativa á raíz de los últimos sucesos políticos, aun cuando la fermentación lógica, producida por el derrocamiento de añejos procederes y de instituciones caducas en todo pueblo culto amante de la libertad, de las luces intelectuales, de la robustez del prestigio nacional, haya retrasado los planes de aquel Gobierno.
Lo que hay de cierto es que la política del general Eloy Alfaro tiende á la conciliación de los partidos exacerbados por largos años en el Ecuador, y á grandes pasos, apoyándose en la justicia y guiado por su patriotismo, se eleva en los afectos y en la confianza popular.
REP IO
AMÉRICA EN FIN DE SIGLO 207
El Tácito ecuatoriano, el cervantesco escritor Juan Montalvo, muerto en París no ha muchos años, era el fogoso heraldo del civismo que alentaba en el pecho del caudillo liberal Eloy Alfaro, viviendo como él en amarga expatriación, entre privaciones y tristezas de la contienda em-
peñada y de las alternativas que surgen en la batalla política.
GENERAL ELoY ALFARO, Presidente de la República
A la idealidad patriótica han sacrificado ambos próceres de la idea el personal bienestar, el goce íntimo de los afectos más dominantes en el corazón y la reposada existencia doméstica.
El victorioso adalid ecuatoriano representa los ideales de un pueblo culto, las aspiraciones de largos años dominadas, la moralidad administrativa, la creación de poderes sociales que descubran extensos horizon-
tes velados hasta hoy.
208 BARONESA DE WILSON
yaHl
Por el año 1892 vivía en Costa Rica el persistente revolucionario en un alegre y risueño pueblo cercano á la capital. Su aspecto empeñaba las simpatías. Los ojos penetrantes brillaban al asomarse á ellos las esperanzas que en el corazón vivían. La mirada, al reconcentrarse, parecía leer en lo futuro, abstraerse en algo recóndito, medir las dificultades y enorgullecerse ante la idea de vencerlas.
— Será reñida la pelea para alcanzar la victoria, pero no me arredra, — decía.
La estatura del general Alfaro es mediana: su cabeza vigorosa se destaca sobre los anchos hombros, y el semblante refleja la voluntad inquebrantable y las aptitudes de un ser superior, responsable de grandes empresas.
Para conseguir su empeño, hubiera dado su vida, si por ella instantáneamente se realizaba el programa grandioso para el Ecuador.
Obtenido el triunfo, tuvo dos pensamientos de grande alcance.
La reforma general, discutida y elaborada en una Convención nacional.
La iniciativa para la reunión de un Congreso americano que estableciese sólidas garantías favorables al comercio y defendiese la integridad territorial en América.
Al dirigirse al secretario de Estado en Washington y acreditar al
plenipotenciario ecuatoriano, decía en nota oficial:
« Ensanchar las relaciones políticas y comerciales entre los dos países y ocuparse en dar á los intereses de este continente, por medio de un Congreso internacional, toda la fuerza de cohesión de que han menester para la mutua prosperidad y grandeza de las naciones del Nuevo Mundo, son las labores á que dedicará el representante del Ecuador sus prefe-
rentes esfuerzos. »
En la guerra valerosísimo, en la resistencia infatigable, en la paz clemente y en la administración honrado y severo. Tal es el caudillo de
la idea que en el Ecuador ha florecido y, como chispa creadora, se ex-
ii it dd
AMÉRICA EN FIN DE SIGLO 209
tiende por todos los ámbitos de la República. La democracia impera
personificada en Eloy Alfaro, y ejercerá su benéfico, superior influjo en
la civilización ecuatoriana.
Saludemos la nueva era, como engendradora de prosperidades y como ejemplo práctico de lo que puede y alcanza el patriotismo en hermosa unión con el amor á la libertad, identificado con el respeto á las leyes, que no han menester ni bayonetas, ni ejércitos, ni cañones para ser acatadas en el uso de sus benéficas facultades, salvaguardia del orden y
de los intereses generales.
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CAPITULO XV
AYER, HOY Y MAÑANA. — MIGUEL GRAU.-— CORRIENTES FEDERATIVAS.
— o ”
¿LTA significación y preferente lugar tuvieron entre las colonias
españolas en América, México y el Perú, por su historia y : organización primitivas, por sus riquezas, por las especiales condiciones de su clima y también porque fueron desde luego centros á donde afluyeron familias españolas de alto linaje, que formaron núcleos sociales, les dieron vuelo y centuplicaron la población y la fuerza moral colonizadora. Grabado quedó en la historia y en la leyenda, lo fabuloso de sus tesoros, los palacios y monumentos encontrados por los conquistadores, los rasgos característicos de sus reyes, las sublimes, heroicas defensas del territorio invadido y los esplendores mágicos de aquellas civilizaciones desconocidas que hoy, á través de los siglos, de las transformaciones y de la luz que derrama el progreso, sirven de estudio para el sabio y de inspiración para el poeta.
¡Qué singularísimo vemos al Perú primitivo cuando á raíz de la conquista comenzó á ganar terreno en su desarrollo, aun cuando á la sazón los atrevidos descubridores se alzaban en armas unos contra otros, sembrando semilla de abusos y disturbios fecundísima después! La poderosa
HZ BARONESA DE WILSON
ciudad de los reyes, Lima, la gallarda, alegre y gentil, la capital del virreinato, fué emporio de riqueza, centro de alegres zambras, de lujosos festines, de caballerescas aventuras.
Reflejábase allí la España de capa y espada, la luchadora contra los árabes, la guerrera de Carlos V y de Pavía, y era cosa corriente las pendencias por amorosas causas y campeaba la galante divisa: « Por mi Dios y por mi dama», que los nobles limeños tenían á gala y sostenían á punta de lanza.
Gustaron los virreyes de embellecer la capital peruana, y puede afirmarse sin dar espacio á error, que entre los cuarenta representantes españoles hubo rivalidad en levantar edificios, realzando y avalorando el virreinato del Perú, por el que abrigaron particular predilección, favoreciendo las ciencias, las letras y la instrucción pública.
En su mayoría, fueron los virreyes de elevadísima alcurnia y 4 más hombres de vasta capacidad, de notoria iniciativa para la industria y la agricultura, y aunque fuera prolijo citar nombres, acude á la memoria el de Manso de Velasco, trigésimo virrey del Perú, que gobernó con prudencia suma, con notoria actividad y aquilatada honradez.
No fué menos descollante D. Agustín de Jáuregui, ni ganó menos honrosos recuerdos, si bien ande mezclada con ellos la triste rebelión de Tupac Amaru y el desastroso fin del infeliz guerrero indígena. Es de notar que el virrey Jáuregui murió tan pobre, que observan Córdoba y Urrutia, no tuvo su familia para costear el entierro, y esto tres meses después de haber sido reemplazado en el virreinato más opulento de América.
Es curiosa la atracción que ejercía aquel país en los gobernantes y el cómo enorgullecíanse de haber desempeñado tan elevadísimo cargo.
Como de molde viene citar las palabras de frey Francisco Gil, que nombrado por el rey, ministro de Marina y cumplido el acto de prestar juramento, bajaba las escaleras de palacio, cuando de manos á boca tropezó con la noble condesa de Torrejón.
— Gil — díjole la aristocrática dama, — recibid mis parabienes.
— ¿Por qué, señora? — preguntó sorprendido.
— ¿Acaso no sois ministro de Su Majestad?
— Y creéis que por ello haya de recibir enhorabuenas quien ha sido ya virrey del Perú?
Quedóse la condesa perpleja y mortificada, mientras que el ministro,
saludándola respetuosamente, descendía las escaleras.
PRE A TARA A
AMÉRICA EN FIN DE SIGLO JS
La importancia y crecimiento de la rica y lejana colonia estaba á la altura de tan noble interés, y celebrábase en Europa su prosperidad, que hoy se revela en edificios, paseos, carreteras, existentes en el clásico Imperio de los Incas.
Digna de mención es una coincidencia asaz extraña y curiosa. En el antiguo palacio de los virreyes hubo un salón donde, en marcos destinados al objeto, colocábanse por orden los retratos de aquellos prohombres que desde el conquistador Francisco Pizarro habían gobernado la colonia, y precisamente quedaba uno, cuando llenó el hueco el general La Serna, último virrey del Perú.
El espantoso terremoto de 1687 dió por tierra casi totalmente con el histórico palacio y su costoso balconaje de cedro, y corrieron algunos años, hasta que el conde de la Monclova hízolo reedificar, si bien con tan mala suerte, que otra convulsión séismica lo destruyó en 1746.
Los exiguos restos de la morada virreinal sirvieron para levantar el que es ahora palacio de gobierno, irregular, falto de toda estética, y sin el menor detalle artístico; pero aun conserva la sala famosa con los retratos de los antiguos mandatarios españoles, que representan una verdad indiscutible y honrosa para la nación ibérica, y es que los monarcas escogían con especial cuidado para virreyes 4 los hombres que por su prosapia, sus antecedentes y sus luces, pudieran llenar cumplidamente la misión á su capacidad encomendada en las remotas y extensísimas colonias, que por entonces tenían tan difícil y tardía comunicación con la Metrópoli, haciendo difíciles las modificaciones de errores ó corregimiento de abusos, sino á largos plazos y cuando ya resultase infructuoso.
No es del caso registrar sucesos ni reproducir crónicas en las que descuellan entidades de honrosísima memoria y leyes sabias, justas y celebradas por propios y extraños, por más que convengamos en la colonización defectuosa y en un todo diversa de aquella planteada por Ingla-
terra en sus colonias americanas.
del
Al independizarse el Perú, al crearlo nación el invicto San Martín en 1821, y el egregio Simón Bolivar en 1824, cambió en la forma su sistema administrativo, pero no así en el fondo, que de haber sido radical,
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no adoleciera de gravísimos defectos que dieron el militarismo por resultado, la dictadura, las convulsiones internas y paulatinamente el decaimiento moral y material más acentuado en el Perú, por el apogeo á que había llegado la riqueza fabulosa que el huano sostenía, y las fortunas improvisadas con facilidad grande, lo que por lo mismo hizo contraer hábitos dispendiosos, impulsando á la vez á los gobiernos al aumento del ejército permanente, á costear crecidos sueldos de empleados numerosos, y á no precaver las eventualidades que pudieran surgir en lo futuro.
Aquella época fué brillante pero ficticia y en un todo perjudicial á los intereses de la república, y sin embargo, ¡cuán digno de mejor suerte ha sido y es el Perú! País hospilatario, benévolo, con zonas inmejorables y ubérrimas, con hermosos climas de eterna primavera en algunos departamentos, con recuerdos inmortales, históricos y prehistóricos.
Vestigios de centurias remotas incitan á la investigación y atraen al viajero; minas de gran poder se descubren á poco esfuerzo en el corazón de las serranías, y otras ya en explotación producen los metales de alto precio, indispensables para la vida universal.
| Lima la riente, la coqueta ninfa del Rimac, la
Presidente de la República. Vistosa y bella ciudad que un tiempo fué el París
de América, la celebrada y cantada por los poetas,
vegeta en esa especie de cansancio moral que es la consecuencia de las
fuertes tormentas sociales, y sólo á ellas débese la actual parálisis, el ma-
lestar y la postración del comercio, la mengua creciente de los capitales particulares.
La guerra que Chile inició en 1879 contra el Perú y Bolivia, fué una de las principales causas para ese agotamiento de fuerzas morales y materiales en que el Perú se encuentra.
No pertenece á este libro hacer un relato de la campaña sangrienta, ni poner sobre el tapete las cuestiones que, razonadas ó no, la motivaron.
Labor dificilísima ha de juzgarse la de narrar sucesos contemporáneos que para todos los lectores carecerían tal vez de imparcial criterio por más que á Cl estén sujetas estas páginas.
Por extremo interesante para la historia será el luctuoso período de combates, invasiones y hazañas gloriosas que han dado carácter legen-
dario y homérico á la guerra que desató por entonces los lazos que
AMÉRICA EN FIN DE SIGLO 215
, , E de . , . . unian á las tres repúblicas hermanas. En las páginas de gloria peruana, es la más culminante la muerte de Grau v la pérdida del FHuascar. Con-
sagraremos algunas páginas al héroe.
4h:
Naturaleza vestía sus galas más risueñas ( ideales, cuando en una apacible mañana y en risueña quinta de las cercanías de Lima, conocimos al marino caballeresco, que hoy es héroe inmortal, no sólo en los históricos anales peruanos, sino ejemplo gloriosísimo hasta para los pueblos lejanos de Piura, cuna feliz de Miguel Grau.
Habíasele convidado á un almuerzo de despedida en la víspera de su marcha para aquella expedición postrera, que formaba el segundo período en la famosísima campaña durante la cual El Huascar y su comandante lograron fijar la atención de ambos mundos, y en verdad que el monitor peruano estuvo tan estrechamente unido con Grau en glorias y hazañas, tan identificados ambos, que no sabríamos desligarlos, ni fuera posible hablar del abnegado y singular patricio, sin poner en relieve la nave teatro de sus triunfos y tumba de nobilísimas aspiraciones.
Tanto y tan extenso se había dicho del marino y de su barco, que sentíamos verdadera fiebre de impaciencia desde el día anterior, y fuéranos imposible dar cuenta de la impresión que produjo la presencia de aquel hombre que, tras breve plazo, había de ocupar un puesto culminante en el templo de la historia peruana.
Tenía Miguel Grau varonil figura; dulce afabilidad en el semblante; cutis tostado por el sol de los trópicos y curtido por las salobres brisas que desde muy niño habíanle acariciado. La estatura pasaba de mediana; la complexión robusta y vigorosa, propia para hacer frente á los peligros y vencerlos con titánica entereza.
La frente era alta y espaciosa como forjada para ceñir laureles.
Los ojos negros, hermosos y rasgados, traducían el valor indomable, la serena intrepidez del hombre resuelto á sacrificar su vida en defensa de los sagrados intereses patrios.
Avasallaba el marino por su trato cortés y delicado, por la franca expansión de su carácter, por el ardiente y noble entusiasmo bélico.
Temible adversario en el combate, demostraba en la victoria toda la
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magnanimidad encarnada en su gran corazón, elevado y generoso. Así lo pregonan amigos y adversarios.
Aseguran sus más íntimos que la modestia de Grau llegaba á la exaseración, hasta el punto de negarse todo mérito en los culminantes servicios hechos 4 su patria, sorprendiéndose de que hubieran alcanzado resonancia y avergonzándose de las ovaciones, que, según él, eran inmerecidas.
Miguel Grau era amantísimo de la vida tranquila, apacible y familiar, y precisamente desde muy joven y siendo guardia marina reveló sus altas capacidades, su enérgica bravura, y esto al ponerle en relieve le apartó de sus sencillas ambiciones, para que en campo vastísimo llenase su misión y dejara huella perdurable y luminosa.
Miguel Grau fué la sublime personificación del amor patrio, y éste erabó en oro y en bronce la página más brillante de la historia peruana en la centuria décimanovena.
El prestigio adquirido por El Fluascar en la primera expedición, tenía hasta cierto punto, y con sobrado motivo, algo de fantástico, porque el genio de Grau prestaba su empuje y daba alas al monitor que, surcando rápidamente las ondas del Pacífico, aparecía y desaparecía ante la flota chilena como un meteoro, siempre adquiriendo una ventaja ó burlando los planes enemigos.
Triunfante en las aguas de Iquique, donde valerosamente sucumbió el navío chileno La Esmeralda, legando á la gente venidera el nombre del bizarro Arturo Prat; feliz y audaz en su ataque contra las baterías y fuertes de Antofagasta; glorioso en su encuentro con el Blanco Encalada y habilísimo en aquella retirada, había enaltecido su nombre eslabonado con las glorias de Grau.
Jamás olvidaremos la despedida del marino, después de algunas horas de íntimo cambio de ideas y de sublimes esperanzas.
— Hasta la vuelta, exclamaron todos, y que sea pronto.
— Adiós, le dijimos, asaltados por vago y triste presentimiento.
— Hasta la vista, nos respondió conmovido.
No sabríamos cómo explicar el carácter solemne de aquel instante. Parecía que todas las futuras tristezas pesaban sobre nuestros corazones.
— ¡Ojalá que El Huascar sea tan afortunado como en la anterior expedición!
— ¡Quién sabe!, contestó pensativo: mi barco sufrió mucho en su
combate con La Esmeralda; hubiera sido preciso reparar algunas averías
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y limpiar los fondos: por ahora no hay que pensar en ello; ya veremos más adelante. ?!
— Con usted va la victoria.
— Y si nos abandona, moriremos, repuso con espartano estoicismo, y se alejó de nosotros sonriéndose.
Con tales propósitos y en completa abnegación de sí mismo, lanzóse Grau al mar.
Aquel gran carácter no avaloraba las desventajas, sino la angustiosa situación del país que á su acierto y arrojo había confiado las operaciones navales de las que tal vez surgiera la salvación del Perú.
El viaje resultó una epopeya homérica de gigantesco recuerdo, en la que el bravo contralmirante prodigó cuanto en su ser había de entusiasmos heroicos que triplicaban los medios de acción puestos á su alcance.
Aun refléjanse en las olas que se estrellan en las costas de Iquique y en los peñascos de Antofagasta, la sombra del monitor sosteniendo reñidos combates con los blindados chilenos, cubriéndose de gloria en cada encuentro, y despertando la admiración general.
Consígnanse en los anales de la campaña naval, dos fechas esplendorosas. Una, el 21 de Mayo de 1879: la segunda, el 8 de Octubre del mismo año. En ambas fué pedestal de gloria la cubierta de El Huascar: para Arturo Prat, primero: después para Miguel Grau.
El hielo del sepulcro extingue los enconos más arraigados, y en cambio agiganta y purifica los acontecimientos. transmitiéndolos á la posteridad.
Todavía, y al cabo de diez y siete años, están latentes las memorias de aquellos heroísmos, como también vive en muchos corazones la gratitud por la clemencia de Grau, demostrada en múltiples circunstancias.
Cítanse rasgos admirables, y entre otros el que se refiere al buque chileno Matías Cousiño. Hallábase éste á la merced del marino ilustre, y estaba en su mano echarlo á pique; pero antes previno al capitán noblemente, aconsejándole salvara en botes á la tripulación; hidalgo y humanitario comportamiento, mencionado en los periódicos de Chile, sin embargo de estar á la sazón, en los comienzos de la guerra, cuando los ánimos estaban rebosando rencores que amortiguan todo sentimiento justiciero.
No pocas veces empeñó batalla contra los fuertes y baterías de puer-
1 Histórico.
218 BARONESA DE WILSON
tos enemigos, pero jamás permitió se causara estrago en poblaciones indefensas, no empañando con órdenes ni actos arbitrarios su inmaculada gloria.
En su triunfal carrera regístranse notables episodios, todos en honor suyo.
Era preciso que el postrer detalle de su vida fuera el más culminante, el más hermoso florón en los anales de la patria, y cometeríamos verdadera profanación suprimiendo algo del suceso que abrió al gran marino las puertas de la inmortalidad. Por eso á grandes rasgos lo evocamos, rindiendo á la vez justo homenaje á la memoria del Churruca peruano.
Batiéndose sin tregua, y luchando á la vez que con los hombres, con los elementos, pues recios temporales pusieron más de una vez en peligro al monitor, recorrió Grau los mares y costas de Chile en son de guerra, haciendo presas, penetrando en puertos, cumpliendo con su plan de operaciones y dando señaladísimas muestras de su pericia y valentía.
Y tornaba de aquella expedición habilísimamente llevada á término, cuando por la proa de El Huascar aparecieron tres barcos enemigos: Ll Blanco Encalada, La Covadonga y El Matías Cousiño.
El criterio maduro y reflexivo de Grau, le aconsejó burlar á sus contrarios, y variando su rumbo y ganando terreno, logró su propósito.
Por breve tiempo navegó el monitor sin peligro, pero de repente presentóse á su vista la segunda división de la escuadra chilena: El Cochrane, El O Higgins y El Loxa.
Retroceder era imposible; avanzar, tampoco. Por el Sur y por el Norte le estaba cerrado el paso.
Había llegado la hora del sacrificio; el momento supremo.
Era preciso se salvase La Unión, que navegaba al costado del monitor, y Grau ordenó que se alejara, confiando en sus buenas condiciones de marcha.
Quedóse, pues, solo El Huascar, contra toda la escuadra. Afírmase que Grau hubiera podido intentar á su vez la huída; pero, 4 no dudarlo, su carácter caballeresco rechazó tal probabilidad.
El inició el combate; la batalla encarnizada; el duelo á muerte. El disparó el primer cañonazo. Los inmensos espacios del mar repercutieron el ronco estallido de las bombas y de la metralla.
Aquel espíritu varonil, ni se arredró, ni pudo conformarse con la defensiva; con su arrojo de león peleó, embistió, y uno contra todos, acre-
centó sus bríos, y el alma intrépida y generosa hubiera deseado desapa-
AMÉRICA EN FIN DE SIGLO 219
recer con Ll Huascar en el insondable Océano, antes que considerarlo presa del enemigo.
Y la muerte fué piadosa para el hombre extraordinario. Un cañonazo hizo volar la torre atalaya de Grau: otro destrozó el cuerpo inerte, en
torno del cual caían uno á uno los defensores del monitor glorioso.
PAISAJE EN LA COSTA PERUANA
El más memorable de los episodios en la guerra funesta fué el que hemos relatado, puesto que pocos, muy pocos de la tripulación sobrevivieron á su jefe denodado: la cubierta estaba sembrada de cadáveres.
¡Caso extraño! la bandera roja y blanca no se arrió: fué encontrada sobre el ya histórico puente de El Huascar, con el pico y driza que la sostenían toda vía.
Miguel Grau murió como mueren los héroes, y al inmortalizarse inmortalizó á la vez el lugar del sacrificio: la punta de Angamos.
Aquel hombre era la encarnación del patriotismo. Era el verbo au-
gusto de la guerra,
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La devolución de sus restos, cuidadosamente conservados en Chile, fué una ovación inmensa, una soberbia apoteosis, rivalizando en los honores póstumos el Perú, cuna del marino, y la nación caballeresca, un tiempo su adversaria.
En grado superior á otras Repúblicas americanas, está el Perú temeroso por su porvenir é indeciso para escoger los medios que hayan de emplearse en la restauración del edificio que amenaza ruina.
No sabemos si las ambiciones políticas ó la abnegación patriótica hará fructífera la idea anticentralizadora que levante al país, haciéndole salir de esa terrible inacción, de ese marasmo que lentamente le conduce á la nulidad moral y material.
Quién sabe si la salvación está en otra forma constitutiva, en la república radicalmente demócrata, bajo un régimen federalista, reforma no difícil de efectuar. El centralismo no ha sido fuente de prosperidades sólidas para el Perú, y la historia desde su independencia lo demostraría ampliamente.
El conocimiento exacto de las repúblicas hispano-americanas nos sugiere el pensamiento emitido, y precisamente el Perú, con una área de 463,747 millas cuadradas de territorio y 3.350,000 habitantes, incluyendo 350,000 indígenas no civilizados, tiene condiciones geográficas, corte á propósito para la demarcación federal, sistema esencialmente republicano, fuerza regeneradora para reconstituir el viciado organismo político y darle nueva vida, con el goce de esa autonomía bien definida en la que todos de común acuerdo trabajan en pro de los intereses locales y generales.
Un suceso reciente ha demostrado que en la República peruana existe el convencimiento de que los poderes centralizados, el monopolio del mando, no son, no pueden ser los llamados á salvar la situación presente, sombría por extremo, triste y precaria sobre todo desde la infausta guerra de hace diez y seis años.
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AMÉRICA EN FIN DE SIGLO 221
El 2 de Mayo de 1896 inicióse en Iquitos, provincia de Loreto, un pronunciamiento federalista, acaudillado por el coronel peruano M. J. Madueño, quien sin otros elementos que la fuerza de voluntad, la fe y la con-
. .— . ze . ¡2% . . , i vicción en la idea, la hizo práctica, ayudado instantáneamente por
numerosos y entusiastas partidarios de la Federación,
JARDÍN BOTÁNICO. — Lima
No es Iquitos, al decir de muchos, población capaz de alentar un movimiento por su insignificancia material, y sin embargo, allí tienen asiento notables establecimientos mercantiles, que extranjeros acaudalados han fundado y sostienen.
En las condiciones excepcionales de aquella extensísima región puede suponerse que la escasa importancia atribuída á Iquitos es relativa y que al desentrañar los ricos veneros escondidos en aquellas soledades,
subiría rápidamente hasta un grado incalculable la preponderancia, no
18)
22 BARONESA DE WILSON
sólo de Iquitos, sino de todo aquel suelo donde se extiende la provincia litoral de Loreto, regada por anchurosos ríos navegables, que el indio surca en balsas, en monterías, en canoas y en gariteas?.
La mayoría de las caudalosas vías fluviales son afluentes del Amazonas, como el hondo Éé impetuoso Huallaga, como el Ucayali, río que después del Marañón ? es el que más importancia asume en la República y que puede en lo porvenir poner en comunicación con el Océano Atlántico la vasta región oriental peruana, cruzada también por el aurífero Napo, que desde el Ecuador lleva sus mansos caudales hasta el Amazonas y es navegable á vapor por más de cien leguas. Las corrientes del ecuatoriano Pastaza, navegables también, se esparcen por los terrenos vastísimos de Loreto y desaguan en el gran río. Pueden contarse como notables más de cuarenta en aquella privilegiada zona, y esto no mencionando innumerables que son tributarios de los principales.
Dilatadísima es la provincia donde se planteó la idea federalista, que en su día ha de ser, á no dudarlo, de alta trascendencia en el Perú, por lo que pensamos tenga algún interés el bosquejo de aquel país notabilísimo.
Como territorio, casi rivaliza en extensión con el total de la República; confina por el Norte con el Ecuador y por el Este con el Brasil; al Sur tiene los departamentos del Cuzco, Ayacucho y Junín, y al Oeste, el último, Libertad y Amazonas. El terreno es montañoso y accidentado: alta ramificación andina atraviesa la provincia y corona los valles y los campos verdes y lozanos.
El clima es bastante cálido y húmedo por extremo, sin duda 4 causa de las frecuentes torrenciales lluvias.
Dificilísimos son los caminos en toda la provincia, más aún por estar en su mayor parte despoblados y ser escabrosos, largos y no exentos de peligros.
Bien á través de bosques enmarañados, vadeando rios, subiendo y bajando por cuestas imposibles que orillan torrentes y precipicios, ó en las agrietadas mesetas de los cerros, las dificultades son grandes á pesar de haberse procurado modificarlas en varias direcciones, que hace algunos años eran verdaderamente intransitables.
Dividese la provincia en distritos, siendo su capital Moyobamba, con
1 Embarcaciones de cuatro clases usadas por los indígenas. 2 Nombre que indistintamente se le da al Amazonas en determinados sitios del Perú y del Brasil,
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CERRAR TUE TIO IAS
AMÉRICA EN FIN DE SIGLO 223
10,000 habitantes poco más ó menos, muy comerciante en sombreros, llamados de Guayaquil, algo semejantes á los de Panamá.
Los terrenos son fecundísimos, pero escasamente cultivados, porque el aislamiento con el resto de la República, las distancias fabulosas y la falta de brazos amortiguan el impulso agricultor, lo paralizan, así como el comercio, más activo en los pueblos cercanos al Amazonas ó á los ríos propicios para la navegación á vapor, como Iquitos, cabecera del distrito y situado en la orilla izquierda del río-mar, que tal nombre suelen aplicarle 4 ese coloso fluvial, formado por el consorcio del Marañón con el Ucayali, sembrado de isletas pintorescas y sujeto á fuertes vientos y peligro-
sas turbonadas Óó tormen-
tas, que á veces han hecho zozobrar las balsas y ca-
noas indígenas.
PIDE Z ds: A LR
Ea ELIAS
Hay un sitio que no
PIERA,
debemos dejar en la obscuridad. El Pongo 6 Punco
(puerta) de Manseriche,
estrecho que altos y peñascosos cerros forman y EL Poxao ve MAnseRICHE
por el cual se precipitan
en tumultuosa carrera las aguas del Marañón, que al desembocar por el extremo opuesto, abandonan la parte montuosa y se esparcen undosas por la inmensa llanura ó soberbia hoya del Amazonas.
A grandes rasgos hemos delineado la provincia de Loreto; reanu-
demos ahora las ideas sugeridas por la hermosa bandera de la Federa-
924. BARONESA DE WILSON
ción, enarbolada en Iquitos, como generosa iniciativa de un sistema nuevo, contra el régimen que, adoptado hasta el día, no resuelve los magnos problemas que harían sentir su influjo práctico, dando fuerza social y material para la salvación de la patria peruana.
No ha de considerarse como suceso aislado la organización federal en Loreto, ni falto de trascendental importancia el ensayo pacífico hecho en Iquitos por el coronel Madueño, sino que, al decir de un republicano egregio, federalista de vuelo altísimo, F. Pi Margall, era «sentar un precedente que facilitara en lo futuro la realización de sus ideas, llamar la atención de sus conciudadanos sobre su nuevo sistema de gobierno. No se propuso en manera alguna imponer la federación por la violencia, ni agravar, como Cl indica *, la situación nada lisonjera de su patria. Habría podido aumentar sus fuerzas y resistir, pero no lo hizo: cedió y se retiró en cuanto vió bajar sobre Iquitos las tropas de la República. Quiso con esto demostrar que no le habían movido ni codicia de mando ni ideas de separatismo. »
Estos párrafos del austero republicano español son el resumen del manifiesto que el coronel Madueño dió á los pueblos y al ejército federal de Loreto, desde Pernambuco (Brasil), cuando el Gobierno central peruano, desvirtuando su noble empresa y dándola carácter separatista, le hizo abandonar su propósito y el suelo de la patria.
Significativo por demás es que, planteada la república federal, organizada sin desórdenes ni sangre, nombradas las autoridades y funcionando éstas en la provincia, cual si de largo tiempo rigieran las doctrinas federalistas, se mantuviera dos meses sin obstáculo ni protesta, lo cual demostrará que en corto plazo pudiera transformarse toda la República, y sin lucha entrar en la espaciosa vía de un cambio radical y provechoso, apoyado por el presidente Pierola, que tiene por lema en su bandera la Federación.
Y se nos ocurre que en vez de combatir y de ahogar al nacer el patriótico empeño del caudillo federal, debió más bien el presidente de la República secundarlo, y dando ensanche á sus propios principios, hubiera hábilmente conducido el país hasta conseguir la reforma apetecida.
El coronel Madueño, que ha tenido la gloria de alzar el estandarte
federalista en el Perú, es hombre ilustrado, concienzudo en política,
1 Alude al manifiesto del Sr. Madueño, dado en Agosto de 1896.
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AMÉRICA EN FIN DE SIGLO 225
poeta y escritor. La estatura es mediana, la expresión del rostro animada, los ojos revelan viveza y sagacidad. En el trato es ameno y acusa su capacidad intelectual y su índole progresista, avanzada y hasta filosófica. Hay además en su vida militar rasgos que enaltecen, como fué la resistencia, estéril sí, pero heroica contra la invasión chilena y el arrojo demostrado en Huamachuco, combatiendo bajo las órdenes del valeroso y patriota general Cáceres.
Registrando algunos documentos relativos al levantamiento del 2 de Mayo, en Iquitos, extractamos varios párrafos del manifiesto para dar á conocer con mayor exactitud las doctrinas políticas del coronel Madueño.
«El Perú, tomando en conjunto todas sus condiciones, sólo podía haber sido con éxito feliz, 6 monarquía constitucional 6 república federativa. Ya no es posible que sea lo primero (ni habría convenido que lo fuese nunca) en un Continente donde ha desaparecido, para transformarse en adelantada República, el último Imperio que subsistía; pero puede ser, y está llamado á ser, lo segundo con ventaja, sin correr, ni de lejos, los peligros de mayor desorden y de disolución nacional que señala, sin suficiente fuerza probatoria, el arraigado espíritu centralista.
»Basta tender una rápida mirada en torno del Nuevo Mundo para convencerse de ello. ¿Cuáles son las Repúblicas más poderosas, adelantadas y felices? Las que han adoptado la forma federal: los Estados Unidos, México, la Argentina, Brasil y otras. ¿Cuáles las más atrasadas? Las que á pesar de sus condiciones de raza y de territorio, persisten en la forma llamada unitaria, que no es más que la monarquía electiva y á plazo, con todos los inconvenientes de la verdadera monarquía y ninguna de sus ventajas.
» Tales Repúblicas son: el Ecuador, Bolivia y el Perú especialmente, que no sólo se ha momificado en el camino de la prosperidad, sino que marcha hacia atrás con increíble fuerza de retroceso. La capital no tiene vida ni suficiente poder para arrastrar hacia adelante, como locomotora moderna, el pesado tren de los departamentos, ni éstos, por falta de iniciativa y vida propia, fuerza para impulsar á la capital hacia la brillante situación en que se han colocado las ciudades de México, Buenos Aires, Río Janeiro y otras. En América, la única República unitaria próspera y feliz es Chile; pero ¿quién ignora las causas especialísimas de esta excepción? La República de Chile, por la configuración
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de su territorio y por otras circunstancias, soporta bien la forma centralizada; el sistema federal es en ella, por ahora, menos exigente.
»La federación tampoco favorece las disensiones y guerras civiles; por el contrario, esteriliza y anula el espíritu de revuelta general, dando, como ya lo he dicho en otra ocasión, fácil y legítima salida á todas las ambiciones, localizándolas y comprometiéndolas en el propio terreno con el atractivo de los numerosos cargos públicos, ya legislativos, ya gubernamentales, que apareja ese sistema en cada provincia.
» Cesa de ser el Gobierno Supremo ó general, el blanco único de todas las aspiraciones; si alguna vez se turba el orden, el mal queda circunscrito 4 una localidad; y si éste es de trascendencia para la nación, las demás localidades, por conveniencia propia, concurren con el Gobierno general á detenerlo y ahogarlo en su invasora marcha.
»Normalizado y arraigado el sistema federativo, aun las disensiones locales irían haciéndose muy raras, é imposibles las de carácter general: las conmociones que afligen casi periódicamente á toda la República, desaparecerían por completo, extinguiéndose también, de hecho, los partidos puramente personales que hoy existen y que son la causa pertinaz de esas convulsiones: la federación es para éstas el único remedio radical.
> Con la federación, las agrupaciones y círculos de hoy tomarían mayor extensión y fuerza elevándose á la categoría de verdaderos partidos políticos y de principios, y la República entera un aumento de vida, de poder é importancia, imponderable. La provincia de Loreto, sobre todo, adquiriría proporciones gigantescas, y "el Occidente brillaría, además que por sí propio, por los esplendores del Oriente.
» Es sólo un exagerado y pueril temor á lo nuevo lo que retrae de la federación en el Perú á algunos espíritus esclarecidos, haciéndoles ver fantasmas y peligros donde todo es realidad, tranquilizadoras perspectivas y seguro y rápido desenvolvimiento.
. . . e . e . * . .
» El 2 de Mayo de 1896 es la fecha de la primera revolución de principios que, sin el menor asomo de personalismo, se ha verificado en el Perú después de la magna causa de la independencia. Y vosotros los que habéis tomado parte en ella, ya como simples ciudadanos, ya como empleados, ya como soldados del primer ejército federal, no tenéis motivos sino para enorgulleceros y ufanaros, no sólo por la bondad intrínseca de
AMÉRICA EN FIN DE SIGLO DD
la idea, sino porque esa revolución significa y entraña un principio de emancipación del personalismo ó sea el primer arranque de protesta contra el envilecedor espíritu de caudillaje, tan arraigado en nuestro país y que tanto ha contribuido y sigue contribuyendo á la degradación de los caracteres y al decrecimiento cada vez más alarmante en consecuencia, del noble sentimiento del patriotismo.
» Tan hermosa cuanto radical revolución, surgida sólo bajo vítores y manifestaciones de alegría, no apareja en su historia sino hechos loables y de cumplida moderación; pues así como puse el mayor empeño, y lo conseguí, en darle un nacimiento completamente pacífico, esforcéme en conservarla con el mismo carácter de orden y de paz, no obstante las mezquinas causas que después actuaron con tendencia á perturbar ese propósito; la situación en que me vi por esto colocado fué por demás difícil y singular: dudo que otro político en el Perú se haya encontrado en medio de circunstancias semejantes, vencidas sólo á fuerza de sagacidad, de paciencia y de dominio de mí mismo: la explicación de esas circuns-
tancias no tiene juicioso lugar en este manifiesto. »
«Crear, saliendo de la pura teoría y de las aspiraciones vagas, un verdadero partido de principios, con un programa claro, concreto y reducido á una sola palabra: Federación, sin mezcla de otros asuntos y como punto capital, único y bastante de un propósito político, es obra buena, patriótica y sensata, 4 que todos los que simpatizamos de verdad con esa forma de gobierno debemos concurrir, colocandonos sincera y resueltamente en torno de la bandera que la simboliza, para hacerla tremolar, en día no lejano, en la capital y en todas las ciudades de los A A DAI e A AN O NR IS >
En los horizontes de las nuevas doctrinas dibújase un porvenir menos miserable para el indio, que en el Perú como en el Ecuador y en otras repúblicas no compone masa de ciudadanos, ni tiene derechos, ni puede abrigar aspiraciones para él irrealizables. Hay durezas y menosprecio para esa clase infeliz, y pocos años hace que la remuneración de sus ser-
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vicios era tan escasa, que apenas podía subvenir á los deberes de padre y esposo, mientras que el trabajo rudo, las asperezas de faenas agrÍcolas y hasta el producto de sus ganados, la hermosa lana y la piel codiciada de alpacas y vicuñas, aumentaba el haber del dueño de la finca donde vivía, y aun aquellos que en ranchos míseros habitaban, no se veían libres del despojo, soportado con humilde resignación.
La indiada, expresión usual en los departamentos, era una cosa que se transfería al vender una propiedad, y aun todavía se usa y se abusa del indio, para utilizarlo como criado, para servirse de él en las inclemencias de los páramos y en las heladas cordilleras, ya para los rebaños, ya en las labores del campo, donde á veces duerme al raso, indefenso contra el frío, el aguacero y la miseria. s
En diferentes ocasiones, bien por escrito 6 sobre el terreno, hemos abogado por esa raza que, á más de vigorosa y ágil, es apta para educarse y tener franca entrada en la colectividad social. Esas multitudes semiesclavas, esos humillados hijos de América, esas generaciones del siglo x1x, el avanzado en principios, en luces, en libertades para todas las clases, en reformas, en redenciones, no pueden continuar en la servil degradación. Lo reclaman el deber, la justicia y el progreso, y toca á los gobiernos atajar los abusos y proteger á esa numerosa parte de población útil y trabajadora, para que forme núcleos importantes en las democracias de todo el continente americano, y entonces no sólo será el indio el agricultor práctico, sino el industrial creador y el ciudadano que apoye y defienda las instituciones patrias.
En la actualidad cuenta el Perú con atrevidas y costosas líneas ferrocarrileras; con ciudades adelantadas y hermosos centros industriales; con puertos en el Norte y en el Sur, de no escasa importancia. Rebosa el ingenio y chispea en individualidades conocidas y celebradas: el culto en los altares de Apolo centellea y ni se entibia ni decae, dando á diario gallardas muestras de su vigor y lozanía. En el escenario político hay hombres doctos y de altas virtudes cívicas que analizan el estado de la República, lo avaloran, estudian las causas y el enérgico remedio que, á más de neutralizar el mal, cicatrice el cáncer devorador y extirpe la raíz.
La opulencia del territorio es garantía de bienestar social, de bonanzas
di is ii dc
AMÉRICA EN FIN DE SIGLO 229
no lejanas, y los trastornos revolucionarios han sido provechosa y lógica escuela en favor del orden y de las transformaciones pacíficas que tiendan al olvido de un pasado fecundo en nebulosidades y al arraigo de bienes futuros y de brillante esplendor.
A tales efectos deben consagrarse todas las inteligencias, todos los bríos, todas las voluntades, todos los partidos refundidos en uno solo, representante genuino del espíritu patriótico, de las evoluciones salvadoras y excelsas y de las ideas que han sido cimiento sólido de preponderancia creciente en algunas de las naciones americanas.
ODVILNVS V OSIVAVITVA YA TIAIAVOOYYUIA TA NA TANOL XA ALNIOd
OXPITELO- ANT
LO QUE HA SIDO Y LO QUE ES. —CUADROS DE ORO Y CUADROS DE SANGRE.
OBSCURIDADES Y ESPLENDORES
A TE E
“bN aquella velada al aire libre, sobre la cubierta de El Imperial, > no se trató de otra cosa sino de los acontecimientos que ha-
bíanse desarrollado en Chile, dando margen á comentarios, P
observaciones y recuerdos de ese pueblo que en la América latina había sido por largos años ejemplo de cordura, de recto eriterio y de moralidad política en la revuelta atmósfera de las repúblicas sudamericanas.
Aquellas naciones, agitadas por eternas discordias civiles y forzosamente empobrecidas por la perdurable anarquía reinante desde la época de su independencia, habían mirado con respeto y admiración el orden, la legalidad y el crédito interno y externo que disfrutaba Chile, y que, aumentando de día en día, cimentaba sólidamente la propiedad particular y la riqueza nacional.
Pudiéramos decir que Chile estuvo aislado mientras se libraban serios combates entre nacionalidades vecinas y hermanas, y desde las trincheras levantadas por la especialísima forma y severidad administrativa de
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su gobierno, presenciaba las evoluciones, los agitados vaivenes, la relajación constitucional y las borrascas continuas, muchas veces inesperadas, pero siempre terribles y fecundas en naufragios de individualidades que, elevadas á gran altura por un capricho de la suerte, 4 favor de la casualidad, por la fuerza bruta ó el valor temerario, convertíanse de seres vulgares y desprovistos de toda condición para el mando, en héroes 6 en semidioses.
Ocasiones hubo en las que de los abismos, de las profundidades tenebrosas, del caos, surgía la luz redentora, y por legítimo valimiento descollaban hombres-genios, patriotas insignes que se imponían como se impone, el verdadero talento, y entonces, á pesar de la tempestuosa marejada y de los recios vendavales, salvaban las instituciones y las libertades, arrostrando el furor de las corrientes contrarias.
Claro está que Chile era espectador neutral de las contiendas, pero abría generosamente sus puertas á los vencidos, haciéndoles menos amargo el pan del destierro.
Chile, en su organización política, en sus hábitos, hasta en sus reformas y agitaciones sociales, ha diferido por completo de todas las repúblicas hispano-americanas, y jamás allí tuvo imperio el militarismo, tan nocivo en algunas nacionalidades, ni dominaron las ambiciones y tiranías, funestas para los pueblos y propicias para el retroceso moral y material.
En Chile se sobrepuso el espíritu conservador que entraña aún ahora en la mayoría de sus hijos, y esto con aspiraciones democráticas que dieron lugar no ha mucho á una sangrienta revolución.
No median en Chile esas inmensas distancias que en otros territorios separan los grandes centros, los aíslan y hacen penosas y lentas las comunicaciones. La situación geográfica es favorable y en la extensión de la República, 293,970 millas cuadradas, se disfruta de una temperatura muy análoga á la del Mediodía de España, con estaciones bien marcadas que protegen los productos de las zonas templadas y estimulan el trabajo agricultor.
Sin el lujoso ropaje tropical, tienen los campos de Chile frescos verdores, abundantes y nutritivos pastos, ricas y sabrosas frutas, rientes, perfumados vergeles. Las opulentas praderas brindan el rubio grano en la dorada espiga; en dehesas feraces muge el toro bravío, trisca el cordero, y sobre muelle alfombra pace el manso rebaño, completando el
cuadro de los valles pintorescos.
A E A A O
AMÉRICA EN FIN DE SIGLO 233
El chileno es particularmente minero ó agricultor, amante del trabajo, inclinado también á la marina; es soldado valeroso con algo de fiereza indomable á no estar sujeto por severa disciplina.
La raza pura española, vascongada en gran parte, ha legado á ese pueblo sus rasgos más sobresalientes, y es tenaz, duro para la fatiga, esforzado, sobrio y enérgico.
Chile ha visto crecer rápidamente su población, que sube á 3.500,000 habitantes, aumentando á la vez su territorio con el de Tarapacá, Tacna y Arica, conquistado al Perú en la guerra de 1879, y á más el de Atacama que pertenecía á Bolivia.
UNA CALLE EN VALPARAÍSO
En el presente, la instrucción pública ha llegado, en Chile, á una altura culminante y asume en los institutos y colegios todos los adelantos, todas las innovaciones alemanas y francesas.
Es prodigioso el incremento industrial y la vida que se observa en sus transacciones bancarias, sobre todo en Valparaíso, puerto importantísimo, rico y muy comercial.
A bordo del vapor El Imperial hacíamos la travesía de Antofagasta á Valparaíso, y lógicamente rodaba la conversación sobre revoluciones y
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guerras de fecha reciente, evocando triunfos y conquistas sujetas 4 discusión y que en tiempos venideros podrán originar serios conflictos.
Comentábanse ataques virulentos hechos 4 voces por la prensa, polémicas sensatas, justos reproches, apasionadas invectivas y clásicas heroicidades, que han dejado luminosa é inmarcesible memoria.
Se habló de Arturo Prat y de su postrera dramática hazaña, y hubo lujo de hermosos detalles que darían argumento para un poema épico. ¡Qué hermosa abnegación, qué existencia tan corta y tan fecunda! *
Era muy joven cuando descolló por sus valerosas aptitudes, que años después diéronle nombradía y fama imperecedera en los históricos anales americanos.
Era el marino de carácter apropiado para la lucha con los elementos, y tenía las audacias y las arrogancias que arrostran el peligro y lo destruyen.
Hemos dicho en un trabajo dedicado al héroe ? que tenía gráficos puntos de contacto con el invicto marino español Jorge Juan y que estaba forjado en el hermoso molde de los genios.
Su inteligencia andaba al par con su bizarría y atesoraba extensos conocimientos hidrográficos, que le llevaron al desempeño de difíciles comisiones, revelándose en ellas la magnitud de su talento.
Creemos que el ocio era palabra vana para Arturo Prat y que jamás se dió tregua en la activa labor del entendimiento.
Su presencia, el influjo de la juventud, la cultura propia en quien había recibido esmeradísima educación, le adquirían amigos y general aprecio.
Era entusiasta por aquel suelo donde abrió los ojos á la luz, é irradiaban aquéllos con fulgores indescribibles cuando se trataba de conquistar laureles para la patria.
En aquella naturaleza había predilecciones para la ciencia y con ahinco profundizó Prat en la astronomía, en la botánica y en las matemáticas, no desdeñando trabajos profundos forenses que abrillantaron su
prestigio.
1 Carecemos de retrato para que el inmortal marino figurase en estas páginas. 2 Semblanza publicada en la /lustración Artística, Barcelona.
PAN"
AMÉRICA EN FIN DE SIGLO 235
Y estalló la guerra desastrosa. Y comenzaron á surgir los tristes episodios que en las ciudades y en los campamentos sembraron afanosa impaciencia y terribles incertidumbres.
Por entonces, fué investido Arturo Prat con el mando de la división naval chilena, que mantenía el bloqueo en los puertos enemigos, y ú bordo de La Covadonga recibió instrucciones del Gobierno para trasladarse á La Esmeralda y tomar el mando.
Por de pronto latió de entusiasmo bélico el valiente corazón de Prat; los sueños de gloria para la patria, los lauros ambicionados para ella, estimulaban los bríos para cumplir sus ideales patrióticos; pero instantáncamente se nubló el semblante y sintióse el marino dominado por hondísima tristeza, por algo indescribible é incalificable.
Un recuerdo santo había acudido á la memoria, que no empequeñecía sus facultades ni menguaba un ápice su levantado esfuerzo, pero hacíale volver los ojos á la tierra chilena, al hogar donde en zozobras y angustiosa inquietud vivía la mujer amada, anhelando los triunfos y las victorias que en honra de Chile redundarían, pero que también pudieran agostar sus ilusiones y dejar huérfanos á sus hijos, y escribir la primera página de luto en su vida hasta entonces risueña y tranquila.
Aquella impresión pasó como el relámpago, no sin sugerir tal vez el pensamiento, de que la guerra es una especie de fiebre, de vértigo que arrastra lejos, muy lejos, hasta insondable abismo donde caen, se confunden en revuelta confusión, los hombres con las instituciones, los amigos con los enemigos, la razón y las injusticias políticas.
La guerra es una amenaza horrible y una realidad sangrienta, pero que hace arder la sangre en las venas, exalta los espíritus y evoca todas las tradiciones de gloria haciendo latir unísonos los corazones.
Arturo Prat sintió poderoso sacudimiento, y tendiendo la mirada vió el mar tranquilo y terso, las olas rizadas por tenues bonancibles brisas, el cielo purísimo y azul; todo en calma, todo sosegado, todo ajeno á la cruenta y próxima lucha.
El sol resplandecía en las áridas costas peruanas, cabrilleaba sobre las ondas y enrojecía la agreste «Punta Gruesa».
Tal era el cuadro y tales las impresiones que avasallaban el ánimo
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de Arturo Prat, al tropezar en las aguas de Iquique con los dos blindados enemigos: El Huascar y La Independencia.
Entáblase el combate; seis horas se prolongó sin desfallecimientos ni tregua y con sin igual denuedo, hasta que, herida de muerte la Esmeralda por el certero y poderoso ariete del monitor, dió margen á Miguel Grau para intimar la rendición.
Estaba solo Arturo Prat y frente á frente con El Huascar.
La Covadonga se alejaba perseguida por La Independencia; pero los hombres como el nobilísimo chileno, no aprenden á rendirse: saben morir.
No cabía en la mente de Prat un término medio; no se resignaba á desaparecer con su barco en las inmensidades del Pacífico, y menos aún á verse vencido y prisionero en Ll Huascar.
Súbita cruzó una idea grandiosa por su cerebro: la de arrostrar el todo por el todo; la de sucumbir luchando cuerpo á cuerpo.
Su resolución fué inquebrantable.
Tres hombres invictos le secundaron: el contraalmirante de la escuadra, Luis Uribe y Orrego; Ignacio Serrano, náutico habilísimo, y el sargento Juan de Dios Aldea.
— ¡Al abordaje! — gritó Arturo Prat.
Y aferrándose al Huascar saltó sobre el puente seguido por el intrépido Aldea, y batiéndose denodadamente perdió la vida el singular chileno.
En la pelea murieron también Serrano y Aldea, mientras que el heroico Uribe, con el pabellón chileno izado en el palo mayor de La Esme-
ralda, echaba el buque 4 pique para quitar al enemigo un trofeo de:
guerra.
Era el 21 de Mayo de 1879; Arturo Prat tenía 31 años, cuando al dar su vida por la patria legaba su nombre á la historia en el último tercio del siglo.
Ivy
Es imponderable el cambio feliz que observamos en Valparaiso, cuando abandonado El Imperial, cruzamos por calles y plazas bellísimas, donde suntuosos edificios entretenían la atención.
Fué verdadera sorpresa ver que los cerros habían desaparecido en
AAA AA MAA
BEANS AAN
AMÉRICA EN FIN DE SIGLO 234
gran parte y en su lugar erguíanse modernas construcciones, establecimientos de alta banca, comercios soberbios, cuarteles y asilos espléndidos.
No tardará Valparaíso en perder su aspecto de fortaleza con murallas de granito, y la transformación será completa 4 medida que las plazas se allanen más y más, ensanchando la ciudad con el desmoronamiento de las rocas que aun obstruyen las perspectivas.
Valparaíso es puerto de tráfico sorprendente y sus almacenes y adua-
nas ponen de manifiesto que allí la exportación y la importación han
CALLE ÁLVAREZ. — Viña del Mar
llegado á ser considerables. En 1875 contaba la hermosa ciudad 97,575 habitantes; en 1896 pasaban de 110,000.
Animado y bullicioso es el aspecto general de la población, y refléjase en todo el bienestar de un pueblo avanzadísimo y que marcha sin dificultad al perfeccionado desarrollo. Valparaíso es centro de grandes fortunas; las costumbres son francas y hospitalarias, el trato por extremo cortés, agradable y culto.
La línea que une al puerto principal de la República con su capital Santiago, tiene bellezas y perspectivas cautivadoras, como la de aquel oasis que se llama Viña del Mar, en el antiguo y alegre valle Penco de los indígenas, ó sitio de agua, sin duda porque fácilmente brota de sus
poros en la tierra galana, donde tienen asiento las quintas más bonitas
238 BARONESA DE WILSON
y alegres de Chile, que ya en los finales del siglo xvi tenía el cimiento
de su nombre propio, para despertar amor á los goces campestres, al so- ) O )
siego y á la soledad en alamedas frondosas, al deleite y á la meditación
tranquila, mil veces interrumpida en los mundanales ruidosos centros.
Aquel lugar paradisíaco tomó incremento y vida, adquirió por extenso los honores de sitio de recreo, cuando la locomotora, interrum-
) ) piendo el silencio de los campos, lanzó en ellos el silbido atronador y sus penachos de humo se elevaron hasta amortiguar los rayos del sol.
Viña del Mar, por su clima primaveral, es tan amena en la estación veraniega, como saludable en la de invierno, y jamás pierde su alfombra de flores, ni su manto semitropical, pues que brinda los frutos europeos
) ) y los de zonas ecuatoriales, con sin par abundancia, y su ambiente derrama los perfumes que exhala aquel jardín siempre lozano y vistoso, estación más próxima de Valparaíso.
El puente y túnel «Los Maquis» es otra de las grandiosidades entre las muchas que descuellan en esa hermosa vía ferrea, que ha costado como 17.000,000 de pesos, perforando la cordillera majestuosa, abriendo
PTS . , . . 5% puerta monumental al espíritu comercial y dando alas á la imaginación para colosales transformaciones.
El ingenioso norte-americano Meiggs, el mismo que en el Perú construyó la línea más atrevida del universo, llamada de la Oroya, fué el
. ) ) empresario que de Valparaíso á Santiago realizó la obra magna, venciendo obstáculos incopiables, en la subida hasta 2,659 pies sobre el nivel del mar, ó sean 753 metros.
El puente y túnel «Los Maquis », levantado y abierto entre los numerosos contrafuertes andinos, es obra admirable y podrá juzgarse á primera vista, fijándose en lo escabroso de las montañas, en la elevación, pues que el macho central tiene 124 pies desde el fondo de la quebrada.
Débele su nombre á una frutilla que se da con profusión en aquellos contornos, dulcísima y pequeñita, agradable y hasta útil por el filamento de su corteza, que el campesino emplea como ligadura para los sar-
mientos.
Sin alardes exagerativos puede afirmarse que Santiago es de las ciudades más suntuosas de América por los soberbios, artísticos edificios,
por las calles anchas y prolongadas, por las plazas y paseos atendidos
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AMÉRICA EN FÍN DE SIGLO 239
con esmero y engalanados con estatuas de próceres ilustres y con jardines que embalsaman la atmósfera.
En la capital chilena no faltan universidades donde la juventud se familiariza con la sabiduría humana, y hay derroche de ateneos, casinos, círculos literarios, científicos y grandes colegios. Existe verdadero esplritu de estudio y fervores por el progreso y la ilustración, que desde las auroras de la independencia ha creado en Chile literatura propia, hoy nutrida y robusta, ciñendo lauros históricos, líricos y dramáticos. No menor acopio de honores ha hecho en el campo filosófico y en el político, en la tribuna parlamentaria y en el púlpito sagrado de los hermosos templos arquitectónicos, donde se rinde culto á la religión católica, preponderante en la República y mantenida en toda su pureza. Santiago es cl gran centro de labores políticas y el escenario donde se agitan los diputados y senadores; los banqueros y los industriales; los hombres de Estado y los artistas; los alegres estudiantes y los austeros magistrados; los escritores de alto bordo y los literatos principiantes. La ciudad es una colmena inmensa, es el corazón de Chile y á la vez la cabeza pensadora.
Asombradas quedaron Europa y América al recibir un día la noticia de la revolución chilena, con los detalles del pronunciamiento de la escuadra y pormenores del doloroso prefacio en la contienda civil.
Fué general la extrañeza, porque Chile habíase salvado hasta entonces y durante largo período, de la guerra desastrosa interna, y de súbito aparecía arrastrada por el torbellino revolucionario.
El corazón sufría y la mente abismábase en comentarios y conjeturas sin atinar con las causas, cimiento de aquel inesperado temporal político.
En la presidencia hallábase un hombre de altas prendas intelectuales, práctico en la administración; de aptitudes no vulgares, de antecedentes puros y liberales, de convicciones inquebrantables en el terreno de las reformas; enérgico defensor de ideas emancipadoras y soldado atrevido en la vanguardia contra las diversas fracciones políticas que deseaba constituir en dos: «Liberales y Conservadores. »
Era personalidad eminentísima que abrigó propósitos y soñó con la organización más democrática, tomando por modelo á los Estados Unidos en la independencia del Congreso y autonomía de los poderes representativos de la nación.
Su avanzado criterio todo lo invadió y sometió á un análisis profundo para allanar el camino á las reformas que intentaba consolidar, entro-
240 BARONESA DE WILSON
nizando un equilibrio sensato entre el Gobierno y los derechos del pueblo libre.
Grabó la huella de su talento en todos los motores poderosos que dan á las naciones fuerza moral y material, y aseguran su engrandecimiento.
En los poderes judiciales, en el régimen penitenciario que consideró defectuoso, en obras públicas, en la instrucción pública, en la marina, en todos los ramos, su potente iniciativa señaló nuevos derroteros, fundando institutos, conservatorios, escuelas especiales, como la politécnica, cárceles, bajo el plan de los sistemas modernos; empezó á levantar hermoso palacio para la Escuela de Artes y Oficios y otro para fomentar la minería y la agricultura.
Si en los vastos proyectos de Balmaceda pudiera hacerse prolijo examen, daría la-idea más colosal del hombre y del gobernante como reformador modelo y hacendista preclaro, demostrándose también que todo su conato y sus desvelos tendieron á constituír en potencia la nación chilena, á dejar el Tesoro nacional repleto y muy alto y en alza el crédito del país.
Abstengámonos de emitir opiniones ni de reseñar detalladamente sucesos no exactamente fallados ni dilucidados aún, que pudieran inducir á error; sólo hemos de consignar que de 1888 á 1891 se agitó Chile en formidable convulsión; los partidos ardieron; las agrupaciones nombradas Nacionales y Sueltos, se empeñaron en imponer su candidato para la presidencia de la República; los Radicales buscaron mayor fuerza aliándose con los Sueltos, y consiguieron que una fracción de los Liberales del Gobierno pasara á sus filas.
Esta fracción tomó el dictado de Mocelones.
Desde la elección de Balmaceda, había encono en los partidos contra- )
rios á ella, y á pesar del espíritu conciliador que desde un principio animó al jefe del Estado, no pudo conseguir la deseada fusión de todo el partido liberal histórico, dividido en fracciones: Liberales del Gobierno, Nacionales, Radicales y Sueltos.
Se desencadenó la borrasca en la prensa y en el Congreso; un cambio
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de ministerio dió nuevo pábulo á la discordia, y otro le sucedió menos
combatido en su principio, pero que después levantó sombras y tempes-
AMÉRICA EN FIN DE SIGLO 941
tades con la personalidad del Ministro de Obras públicas Sanfuentes, en quien sospecharon un candidato oficial para las cercanas elecciones. Acentuándose la oposición, hubo el Ministro de renunciar su cargo, yá poco andar, todo el Ministerio. El nuevo, compuesto de Sueltos, Radicales y Liberales del Gobierno, no alcanzó sino muy corta duración, haciendo más penosa y difícil cada día la marcha gubernamental. En Octubre de 1889 se formó un Gabinete en el cual había cuatro ministros de la coalición, pero no por esto se calmaron los ánimos, y no había corrido un mes, cuando hízose necesaria nueva transformación ministerial en el propio seno de la coalición duradera hasta Enero de 1890.
A primera vista salta la perturbación que habría en toda la República y la suma de habilidad y diplomacia existente en el hombre de Estado, para combatir elementos tan hostiles y siempre preparados á poner trabas á sus nobles propósitos políticos.
Y continuó la lucha y se agrió más
PALACIO DE GOBIERNO LLAMADO DE «La MONEDA »
y más el espíritu de (Santiago de Chile)
choque, basado al
parecer en la candidatura oficial atribuída al presidente de la República, que éste declaraba no existir, corroborando su dicho la actitud del pretendido candidato señor Sanfuentes, quien al aceptar de nuevo una cartera, dirigió una circular á las autoridades de las provincias, en la cual concluía de este modo:
«Esta organización ministerial tiene el siguiente significado político: la eliminación irrevocable y absoluta de mi persona, cualquiera que fuesen las emergencias futuras, de todo trabajo á mi favor, en la designación de candidato y elección del presidente de la República. >
Tales seguridades no evitaron el que, al reanudarse los trabajos parlamentarios, y aun antes de conocer el credo ministerial, se formulase un voto de censura, descubriéndose á la vez otra idea tan extraña en el fondo que sorprendiese á todos. "Tratábase de conceder al Congreso un
249 BARONESA DE WILSON
poder dictatorial con menoscabo de las facultades que pertenecían cons titucionalmente al Jefe supremo de la nación, desde aquel momento reducido á defender el derecho legal y á entablar lucha franca contra el Congreso.
La situación era difícil y complicada, tomando carácter agresivo y revolucionario, exaltando á unos, intranquilizando á otros, obscureciendo los horizontes tan diáfanos y puros y llevando por todos los ámbitos del país la convicción de que algo muy grave se cernía en la atmósfera político-social.
Repetimos, que ni tenemos espacio ni intención de analizar aquel período que reducía á escombros los esfuerzos de tantos años y el trabajo de altos estadistas en provecho de la estabilidad, orden y progreso de la república chilena.
Por el pronto quedaron las cosas en tal estado, entrando en funciones un Ministerio sin color político, sin compromiso con las Cámaras ni con los gobernantes, pero incapaz de resolver el conflicto y sin fuerza moral en cireunstancias tan excepcionales, y por tanto su acción fué pasajera sin disipar ni por un instante las nebulosidades cada vez más opacas, más cuajadas de electricidad y más amenazadoras.
La tormenta arreció y D. Manuel Balmaceda, echando mano de su autoridad y fortaleza, aceptó el combate, y salvando la valla clausuró las Cámaras, y en el revuelto mar de los sucesos vió finalizar el año de 1890, publicando el 1. de Enero del 91 el famoso Manifiesto á la Nación, documento histórico, estudio notable, detalles y consideraciones sobre los actos que la actitud de las Cámaras ocasionaron.
Precisamente habían pasado siete días cuando sublevóse la escuadra al mando del capitán de navío Jorge Montt, nombrado comandante general de la Armada y del Ejército.
Patriota, honrado, modesto, ajeno á la agitada vida política era el hombre á quien se confió el triunfo de aquella revolución sui géneris que en nada se asimilaba con las conmociones frecuentes en otras repúblicas sud-americanas. ¿A qué ideales obedecía el capitán Montt al aceptar responsabilidades de tan alta magnitud?
Su vida estuvo siempre consagrada anteriormente al cumplimiento de sus deberes como marino; en la Guerra del Pacífico tomó parte honrosa, y en Europa había vigilado la construcción de los últimos buques.
Al organizarse el Gobierno provisional en 1quique, fué el designado
como Jefe del Poder Ejecutivo.
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AMÉRICA EN FIN DE SIGLO 243
Hubo dos hombres que fueron el alma de la revolución, la cabeza activa y pensadora, los directores, los iniciadores y los que en su mano anudaban y desanudaban los hilos de la madeja, siendo ellos el comité revolucionario en Santiago.
Walker Martínez y Donoso, quien en su casa, por aquel entonces en construcción, reunía los conspiradores, y de allí emanaban las órdenes para la policía especial creada por ellos, y salían proclamas, manifiestos y comunicaciones para jefes, oficiales, periódicos y agentes en el extranjero.
La mujer chilena simpatizó, se encariñó con el levantamiento y no anduvieron escasas en prodigar su abnegación, en exponerse, en llevar poderoso auxilio á la Revolución.
Desde la dama encopetada que vive en la opulencia y brilla en los salones, hasta la humilde menestrala y modestísima obrera, todas á una rivalizaron en ese entusiasmo sublime que impulsaba y atraía hacia la causa revolucionaria, y con energía y valor espartano daban sus hijos para coadyuvar al triunfo deseado.
Se conspiraba en los palacios con ingeniosa inventiva, y con los alegres compases del minué, 6 los arrebatadores del vals, se apagaba el ruido de las prensas que en lo interior de la suntuosa morada traducían en las hojas de El Congreso el pensamiento de rebelión, y lejos, 4 los puertos, 4 los focos donde hervían las pasiones y se agitaban los enconos, á las filas donde los corazones no alentaban sino por la victoria de un ideal, donde los cerebros no abrigaban sino un pensamiento único, allí, para mantener incólume el fuego patriótico, allí llegaban las hojas, la voz elocuente, la proclama, las cartas, las comunicaciones, muchas veces ocultas en el seno de mujer animosa y fuerte ó en menudas fajas rodeadas á la cintura esbelta.
En un cataclismo político-social es la mujer elemento invencible, y cuando ella toma parte, puede darse por seguro triunfante desenlace.
Así pues, repetimos que las matronas chilenas y las hechiceras juguetonas mariposas del hogar, con blondas guedejas 6 aterciopelada cabellera, fueron el nervio de los constitucionales y el robusto empuje contra el gobierno de Balmaceda.
944 BARONESA DE WILSON
Destácanse en el crecido número de gallardas figuras, la hermosa y arrogante Sara del Campo de Montt, ardiente emisaria portadora muchas veces de notas secretas y oficiales.
Sobresale Adelina Ortuzar del Campo, descendiente valerosa de conquistadores compañeros de Pedro de Valdivia, osada en su misión revolucionaria y no menos activa que fué Matilde Larrain, inteligencia clara y perspicaz, agente acertadísimo del comité.
Ingenio, belleza y donaire eran notas culminantes en las Applegat, que demostraron su origen británico en la forma de su propaganda patriótica.
En los salones rebosaba la alegría, brillaba el júbilo en la mirada y la sonrisa en los labios, y el animado sarao no daba espacio á sospechas, mientras en apartada habitación crujía la máquina sin descanso acumulando ejemplares del diario La Revolución.
¡Cómo no mencionar, siquiera sea de paso, aumentando caudales históricos, á Irene Cuevas de Ortuzar, florón preciado en la alta sociedad chilena; á la virtuosa y magnánima Juana Ross de Edwards y á su nuera la hermosa revolucionaria María L. M. de Edwards! Hay en los servicios inmensos que con su riqueza, influencia y talento prestó el bello sexo, mucho de recuerdos heroicos, evocaciones luminosas de patricias romanas, de aquellas madres y esposas de la gloriosa Lacedemonia. Siéntese el perfume de la Fronda y puntos de contacto con la gentil duquesa de Chevreuse, y la seductora Ana Genoveva de Longueville; parece que se destaca la figura pensadora de Madame Roland, y sin salir del territorio chileno surge la abnegada Javiera Carrera, Antonia Salas y la insigne Jara Quemada.
El despejo y cultivada inteligencia de Ana Swinburn de Jordán tuvo su cuadro singularísimo en el periódico inglés The Times, como asiduo corresponsal, en la época de la Revolución.
Fuera un imposible recordar todos los nombres, en su mayoría de ilustre abolengo, pero otro salta en la memoria y aparece en el conjunto en elevado pedestal. La alcurnia, las virtudes, la belleza de patricia veneciana y el nombre inmortal de Vicuña Mackenna, dieron á Victoria Soubercaseaux, su noble viuda, realces y relieves, agigantados por el fervoroso auxilio que en su casa y en su corazón tuvieron los perseguidos por la causa que triunfó en Concón y en la Placilla, cuando faltaban sólo 21 días en el período presidencial.
AMÉRICA EN FIN DE SIGLO 245
Mientras tanto había hecho Balmaceda los esfuerzos más titánicos para romper el círculo de hierro, y una vez abierto el nuevo Congreso, había solicitado facultades extraordinarias, cosa que en igualdad de circunstancias hicieron predecesores suyos en el mando.
La alta capacidad no discutida del presidente-dictador creó una reforma liberalísima y total de la Constitución, que fué presentada al Congreso Constituyente, agotando los medios para dar satisfacción cumplida de su conducta, pero se resistió ante la idea de abandonar el puesto sin defender el principio fundamental y del derecho.
En el mes de Abril de 1891 escribió la siguiente carta, que definía sus propósitos y no alteraba sus resoluciones:
«He leído su carta con el interés que merece. Sus juicios y apreciaciones, derivados del espíritu que ha guiado su criterio político, le inducen en conceptos exagerados de la revolución y deprimidos de la situación real del Gobierno. — No busco yo, ni puedo buscar la solución patriótica sino defendiendo resueltamente el principio de autoridad y el orden público. — Si en ello tengo fortuna, bueno, y si no, me inclinaré aplastado por el acontecimiento, pero aplastado, aunque ello me cueste la vida. Esta es la condición impuesta hoy á mi deber. — No se me oculta que se hacen graves daños á Chile, pero yo no los he procurado, ni se los he traído. — Si se me propone una solución que salve el principio que sostengo, y que sea decorosa, no debemos cerrar los oídos. Oiremos y discutiremos con los amigos. Pero que llame yo á hombres muy distinguidos y muy respetables sin duda, pero que son conservadores, para deliberar con ellos y con ellos salvar la situación, no es de buena lógica política, ni posible. — He guardado y guardaré la unidad de criterio que ha servido de base á mi administración. Dispuesto á oir, no me es dado llamar á nadie, ni tomar la iniciativa. — Cree V. que pueden venir momentos peores. Los afrontaré. Yo no mido hoy sino la justicia de mi causa, y creo que Chile no se salva en lo futuro, sino sosteniéndome aunque sea con mi sacrificio final. Pero no voluntario, sino sacrificio de los que han podido más y me venzan. — Su amigo. — J. M. BALMACEDA. »
246 BARONESA DE WILSON
A la batalla de Placilla, ganada por los revolucionarios el día 28 de Agosto de 1891, siguió la dimisión del Sr. Balmaceda; es documento histórico que debemos reproducir:
«Santiago, 29 de Agosto de 1891.
» Considerando que al resistir á la revolución en armas, iniciada por la Escuadra el día 7 de Enero último, he cumplido el deber elemental de mantener el principio de autoridad sin el cual no hay Gobierno posible;
» Que mi patriotismo y deberes de chileno han puesto límite á mis esfuerzos, pues no cumple á un gobernante honrado prolongar una lucha que no puede mantenerse con expectativas razonables de éxito;
» Que no habiendo sido favorable á la causa que sostengo, la suerte de las armas en la última batalla de Valparaiso, he resuelto por mi parte poner término á una contienda que tanto menoscaba el crédito de la República y el bienestar común, decreto:
» Que el ciudadano, general de división Sr. D. Manuel Baquedano, queda á la cabeza del Gobierno, encargando en consecuencia á todos los jefes, oficiales y soldados, y 4 los intendentes, gobernadores y demás funcionarios, que le presten el debido acatamiento y obediencia.
» Publíquese y comuníquese por telégrafo. — BALMACEDA. — Manuel A, Zañartu.»
La tragedia política tocaba 4 su fin. Al descender de su elevado puesto, abandonó Balmaceda el palacio de Gobierno, y buscando asilo en la legación argentina, ocultó allí sus dolores, sus decepciones y sus AMArguras.
Era á la sazón plenipotenciario, D. José M. Uriburu, presidente de aquella República en la actualidad.
Amigos y contrarios estuvieron bajo el mismo techo: la compañera ilustrada de uno de los jefes del Comité encontrábase allí al amparo de la amistad que la unía con la esposa del ministro argentino, y su nobleza de alma no delató al prófugo, y pensamos que el secreto no se divulgó hasta que el Gobierno provisional y el Cuartel general estaban ya en Santiago.
Tres semanas habían transcurrido cuando con estupor y dolorosa impresión en muchos, circuló por la ciudad un rumor tristísimo, que tuvo confirmación inmediata.
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AMÉRICA EN FIN DE SIGLO 947
El dictador se había suicidado.
Su gran corazón nada esperaba ya: todo habíale sido contrario. ¿Qué podría ofrecerle lo futuro? El ostracismo.
¡Qué misterio profundo el de su pensamiento en aquellos postreros instantes de su atormentada existencia! ¿Obedeció su resolución tal vez á dos móviles generosos de su alma grande y elevada?
Con su muerte cesarían todos los odios, todas las persecuciones, y la gran familia chilena volvería á unirse fraternalmente, cuando él no fuese un obstáculo entre los partidos.
¿Quiso apartar un conflicto de la casa que le daba amplia hospitalidad?
El móvil, la idea que le arrastró, yace
con él sepultada para siempre.
En la superficie tranquilizóse la República; todo volvió á entrar en nor-
malidad, y el jefe del Poder ejecutivo, comandante Montt, electo poco después,
JorGE MoNtr,
ha desempeñado la presidencia de la Re- O Jefo de la escuadra sublevada y después
pública, hasta que constitucionalmente Presidente de la República
entregó el mando en manos del Sr. Erra-
zúriz*, que por antecedentes y familia, ha de ser apóstol de la libertad y
del derecho.
El crédito de Chile aumenta de día en día, su riqueza crece; en todos los ramos, en todas las esferas hay cimiento práctico, positivo, y se extingue el espíritu revolucionario que dominó algún tiempo.
El predominio de la República en las costas del Pacífico es un hecho y habrá de encauzarse en un círculo de unión entre las naciones vecinas, como Perú y Bolivia, que deben tener mancomunidad de intereses comerciales los que necesitan impulso para desenvolverse en grande escala.
¡Qué misión tan generosa y digna para Chile!
¡Ojalá que en la patria chilena vuelva á imperar para siempre la
1 De quien no poseemos retrato.
248 BARONESA DE WILSON
tendencia, el empeño por la estabilidad política, la solidaridad en las determinaciones y en las ideas administrativas de aquellos que están investidos con altas facultades, elevándose y sobreponiéndose á esas efervescentes pasiones políticas, enemigas del orden y peligrosas para los intereses nacionales.
Lo exigen así la floreciente altura de Chile y su hermoso prestigio, para que éste sea fuerte y duradero; lo pide la misma preponderancia de esa República, que tan eminente lugar debe tener en las cuestiones que surjan en el Pacífico; lo quieren la civilización, la justicia, los derechos internacionales y el buen sentido práctico. Le corresponde á Chile ser la balanza en aquella región americana; la iniciadora en todo lo que
sea grande y benéfico para las tres repúblicas hermanas.
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EL MONOLITO DE TIAHUANACU
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CAPÍTULO XVII
HORIZONTES ANCHOS. — RUINAS DE ANTAÑO Y PROGRESOS DE OGAÑO. ANTIGUEDADES Y ACTUALIDADES.
TIAHUANACO: ARTES UNIVERSALES. —RECUERDOS
LÓCALE turno en muestro bosquejo de fin de siglo á la región maravillosa boliviana, á esa gran meseta que dos gigantescos ramales andinos forman, donde el histórico lago Titicaca ondula y extiende sus aguas, pobladas de leyendas fabulosas, de recuerdos antiquísimos, de ruinas que en las orillas se escalonan ó se
ocultan entre arbustos y malezas, excitando la curiosa investigación. Nos cuenta la leyenda, que de aquel mar dulce salió Manco Capac /rico de virtud), el fundador del Imperio de los Incas, y como la mente es dada á soñar con lo desconocido como la aparición del hombre extraordinario, será eternamente enigmático, y por más que los sabios intenten dar solución al problema, ahora y en siglos venideros, tendrá el lago famoso todo el atractivo de la tradición, todo el encanto de la fábula y toda la poesía de las añejas crónicas y del conjunto que le rodea.
Y no sólo producen admiración las ruinas del palacio del Inca y llaman la imaginación á reflexiones hondas los escombros reveladores de edificios antiquísimos, los murallones y terraplenes que en inmenso
250 BARONESA DE WILSON
espacio se extienden por las faldas de los cerros, ó la entrada regia para un jardín en su tiempo risueño, con mirador al fondo que dominara el lago, la campiña y las lomas; si perplejo queda el ánimo en aquel mundo extinguido y se remonta la fantasía á los tiempos en que laderas y campos, palacios y templos de sacerdotisas estuvieron habitados por una raza de dudosa genealogía, que legó á los descubridores muestras de su avanzada civilización; si tanto poder tienen sobre el organismo el lago manso y los derruídos muros, cuál no será el deslumbramiento al contemplar desde empinada cima los colosos andinos, los nevados de altura prodigiosa que circundan la gran meseta, el hermoso Illimani (6 sea Condor de nieve), el ancho y soberbio Illlampu /Copo de nieve), el Mururata, apropiadísimo nombre para su forma extraña /Cerro cercenado), y por último el majestuoso Huaina Potosí /Hombre canoso), que irradian con esplendores de apocalíptica grandeza y hacen rápido el camino que conduce á La Paz, capital de Bolivia, esparcida en profundísima quebrada á 200 pies bajo el nivel del lago, en el valle Chuqui-ya-pu, que traduciremos del aymará con el poético título Sementera de oro, regado por el río del mismo nombre. Cataclismos sucesivos de la naturaleza volcánica, derrumbamientos considerables, han creado caprichosos y productores valles, donde hoy asientan fincas de alto valor, casas pintorescas y jardines amenos.
El lago ha replegado su extensión, ha disminuido según estudios veológicos recientes, dejando huellas exactas de su estancia en terrenos
muy alejados ahora de las orillas.
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Por florido verjel resbala en la actualidad la política boliviana, y los desafueros y motines que ensangrentaron en otras épocas su suelo, han cedido el puesto á la revolución de ideas y al adelanto moral, intelectual y social.
Un verdadero cambio se ha operado desde la guerra fratricida de 1879, y los tratados con Chile, de hechura reciente, han de afirmar su adelanto comercial, mediante se le otorgue un puerto en el Pacífico, que facilite la transmisión de sus productos para el extranjero.
Es cierto que los territorios del litoral quedan propiedad de Chile, pero con ellos se cancelan la deuda y los créditos que Bolivia reconoció
AMÉRICA EN FIN DE SIGLO 251
á favor de ciudadanos chilenos, por daños y perjuicios sufridos en la campaña del Pacífico.
Lo que no podemos asegurar es, si el Perú ganará ó perderá en las bases establecidas y aprobadas.
Desde Antofagasta hasta el interior de Bolivia conduce la línea ferrocarrilera, y Chile tiene autoridad de propietario en ella, desde estaciones muy cercanas á Oruro, punto donde muere la vía, que ha de prolongarse
UNA PERSPECTIVA EN LA SUBIDA HASTA HUANCHACA
en breve hasta La Paz, llevando por la altiplanicie todo su séquito progresista.
Un ramal ó entronque no lejano de Antofagasta facilita el viaje y los transportes desde Huanchaca, la riquísima mina de fabulosos rendimientos.
Pulacayo está 4 una altura de 14,000 pies. El socavón ó túnel tiene 3,380 metros y se recorre en tren en 25 minutos.
El motor principal Cornliss, en Huanchaca, tiene fuerza de 150 caballos, haciendo mover 13 tinas de 40 á 45 marcos de metal. Se benefician de 25 4 30,000 marcos mensuales plata fina — marco, 8 onzas. Los cal-
252 BARONESA DE WILSON
deros tienen fuerza de 260 caballos. — La fundición quincenal, de 154 20,000 libras.
Cinco molinos alemanes muelen en 22 horas 1,200 quintales españoles. La empresa emplea 600 empleados, y el pueblo de Huanchaca y Pulacayo se compone de 8 á 10,000 almas, todas sostenidas por la empresa, trabajadores y familias.
En Pulacayo, la máquina compresora de aire, sistema Cornliss, tiene fuerza de 300 caballos, la que hace mover á otra que se encuentra en el interior de la mina. Hay una máquina de luz eléctrica que puede dar 1,000 luces en un radio de 1,000 metros. En el interior de la mina trabajan 4 máquinas de vapor para extraer metales.
250 mujeres están empleadas en la palla, ó sea para escoger el metal en la cancha ó gran patio donde se depositan los pedrones.
Hoy Pulacayo se considera como la mina más rica del mundo, si se fija la atención en que es una sola veta la que da tales productos.
En la entrada del socavón se lee:
Socavon de S. Leon al N. á corta Veta y á desag” á la mina Tajo, de los 55 Patron* de este miner! de Pulacayo D.J.* J. Rio D. Mar? Ramirez Doña Tadea Carm" Ozio q" compr" el año 33 Guanchaca habilitaron sus minas y este Socavon se principió el 28 de Jun” de 842 siendo Admor. Vicente Velchif Peon” P* Michel....
(Lo demás es indescifrable.)
En Antofagasta está el establecimiento llamado Playa Blanca, para la elaboración y amalgamación de los minerales. Es sitio muy bello, á orillas del mar y con todos los adelantos del día.
La rueda del motor principal da 60 vueltas al minuto y tiene fuerza de 1,000 caballos, diferenciándose de la de Huanchaca en que funciona toda al gas, sostenida por un cimiento de piedra de 13 metros.
La máquina de luz eléctrica tiene fuerza de 100,000 bujías. 600 trabajadores se emplean en la construcción que data de tres años.
Costo aproximado, 4 4 5 millones. La bomba de agua puede extraer 2 millones de galones en 24 horas. La chimenea principal tiene 75 metros de altura.
AMÉRICA EN FIN DE SIGLO 253
El período del presidente Dr. Mariano Baptista ha sido fecundo para Bolivia por la sensatez del gobernante, su genio activo, sus dotes oratorias parlamentarias, que en difíciles momentos le valieron triunfar de sus enemigos políticos.
Periodista de lucha y tribuno de libertades, ha ejercido saludable influjo en la política boliviana, para llevar á feliz éxito las soluciones que en estos últimos años se relacionaban con intereses nacionales.
El arreglo definitivo con la República Argentina y las diversas cuestiones pendientes con Chile favorablemente zanjadas, hacen laudatoria la época de su mando, durante la cual presidió el espíritu conciliador del presidente Baptista.
Ilustrado, recto y de probidad altísima, conceptúasele como uno de los hombres más patriotas y
eminentes por la profundidad de
S. FERNÁNDEZ ALONSO
doctrinas y por el atractivo de su Erosiacuto de la Ropáblaca palabra, fácil, correcta y espon-
tánea. Carácter superior, escondido bajo las sencillísimas manifestaciones de su amable cultura y de su modestia.
Al semblante asoma la benevolencia del corazón y así también revela el pensamiento del diplomático ingenioso y hábil, del hacendista, esclavo de sus deberes y austero en todos sus actos, del hombre sin ambición, pero dispuesto á sacrificarse por el bien de la patria.
En 1896 hizo la transmisión legal del mando, poniéndolo en manos del que á su lado lo había compartido como vicepresidente de la República.
Joven, entusiasta, con antecedentes brillantes en el Congreso y en el
Senado, perspicaz y elocuente, abrigando principios inalterables y espe-
254 BARONESA DE WILSON
ranzas nobilísimas. El foro lo cuenta entre sus adeptos, el periodismo como avanzado paladín en los torneos de la idea: la política lo atrajo 4 sus filas y el partido constitucional lo ha proclamado, para bien y gloria de Bolivia.
Un escritor boliviano de gran prestigio, José Vicente Ochoa, ha dicho que el Dr. Fernández Alonso ha sido el Barnave de las Cámaras de su patria y el lujo y ornato en la soberanía nacional.
Es caballeresco: tiene alta la frente, franca la mirada, tipo fino y elegante, carácter vivo y de una actividad prodigiosa.,
El conjunto físico y moral es propio para recoger voluntades.
Es uno de esos caracteres, que si bien respiran agudeza y espontaneidad, meditan, sin embargo, largo espacio para resolver, á pesar de la viveza de imaginación. Sagaz y observativo, ha enarbolado con mano firme la bandera del progreso, comprendiendo que en este fin de siglo tienen los pueblos que adelantar rápidamente, si han de ponerse al nivel de otras naciones.
El programa de Fernández Alonso es la fusión de los partidos, la paz y fraternal unión para bien de Bolivia, y la probidad por base en su política interior y exterior. Hoy es prenda de venturoso porvenir, y liberales, demócratas y constitucionales miran en él al hombre que se ha encumbrado por el voto popular para la felicidad de la República.
En un territorio de 800,000 millas cuadradas con una población de 2.400,000 habitantes ha de haber necesariamente grandes terrenos despoblados y no poca necesidad de aumentar las fuerzas agricultoras, ya que en gran número se emplean en el laboreo de las minas.
Por el año 1892 á 93 tuvo una exportación de plata en barra que ascendía á 21 millones de pesos, y esto únicamente para Inglaterra.
Variadísimos son los productos en un país tan extenso y en comarcas tan diversas por su temperatura, muchas ricas en pastos y abundantes en ganados.
Por las regiones de los caudalosos ríos, donde impera la vida primitiva, por las incomensurables soledades atravesará un día la locomotora dominando enormes distancias, que por el presente necesitan semanas y semanas para vencerse, con infinitos riesgos y trabajosos incidentes.
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AMÉRICA EN FIN DE SIGLO 9255
Felizmente para Bolivia, habrá terminado esa oligarquía que ha dado lugar á tan cruentas luchas, en las que el país era víctima resignada: el militarismo, audaz, revoltoso, abusivo, con sed de mando, con ambiciones que transformaban la República en un campo de batalla, hasta que instituciones más liberales, garantías constitucionales, mayor acopio de ilustración, y Gobiernos que tienen por guía el civismo y la moderación, han comenzado los modernos anales bolivianos.
CASA NACIONAL DE MONEDA. — Potosí
Existe en Bolivia, entre curiosidades dignas de mención, la célebre Casa Nacional de Moneda en la ciudad de Potosí, construída de 1753 á 1713 por los Gobiernos españoles, que ocupa un espacio como de dos manzanas de la población.
Es de piedra sillería, sólida y bien labrada, con artesonados de hermoso cedro de Chuquisaca, Pilaya y Pilcomayo. Las vigas y tablones tienen dimensión colosal, tanto más extraordinario, dadas las dificultades de entonces para la conducción de las maderas.
Encuéntranse en América soberbias muestras de arquitectura, parti-
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cularmente en los templos que á profusión levantaron los conquistadores en acción de gracias al que había conducido los bajeles de Colón en mar bonanza, hasta las playas desconocidas, cosa que en verdad tiene mucho de milagro, si juzgamos por la deficiencia de los barcos, por la distancia y por la lucha con los terrores y preocupaciones.
Hay en América gran estudio que hacer en arqueología, y á más de aquellos que llevan el sello del coloniaje, existen los vestigios que de su civilización nos legaron los pueblos de la América Central, de México, del Ecuador, Perú y Bolivia, que posee las ruinas más gigantescas, admirables y de origen perdido en la insondable noche de las edades: lo curioso es que encontrándose á cuatro leguas del lago, existe la convicción, adquirida por el estudio, de que las aguas invadían todo el terreno libre hoy hasta la ciudad de Tiaguañacu, que á juzgar por la extensión de las ruinas debía ser capital de un imperio, ó de las más notables de aquél.
Está averiguado que su fundación pertenece á los mayas, pueblos del Yucatán, y esto variaría el sentido que en quichua y en aymará se le diera hasta hoy. Tihai Gruanacu, según la primera versión, nos daría la palabra siéntate 6 reposa, guanaco, frase que un Inca dirigiera al correo veloz, portador de noticia importante, y que llegó á la presencia del soberano, cansado y sin aliento.
En el aymará se le ha dado diversa significación. Tía 6 Thia quiere decir orilla, Guañacu, seca, por lo que el sabio fraile Escobari, muerto en 1889, filólogo paceño, y á quien debimos amplios detalles, reproducidos más tarde en su obra Analogías filosóficas del Aymará, dice: Thia- WañaAhke, Hombre de la orilla seca, para diferenciarlo de aquel habitante de lugares pantanosos.
Sin embargo, posteriores investigaciones derivan el nombre de las ruinas famosas del maya Ti-a-i-hun-ableu, significado de País sobre el agua del Dios Omnipotente, que corrobora el filólogo francés Brasseur, y si á esto añadimos que varios nombres en Bolivia, como (Copa cabana [tierra pequeña en medio del agua), Goati (país pequeño sobre el agua), Chucuito, de chucay, en maya, pescar, puede creerse á Tiaguanaco fundado por los mayas, sometidos después por los quichees, que á su vez perdieron la nacionalidad por las conquistas de los quichuas, Incas peruanos, que dominaron en la altiplanicie andina, donde el idioma era el aymará.
De todos modos, los monolitos granitoides muy anteriores á la era incásica, son demostrativos de una edad grandiosa que ni la ciencia ar-
ARES
AMÉRICA EN FIN DE SIGLO 237
queológica, ni los estudios etnológicos han logrado precisar ni descubrir el origen.
Al fijarse en las piedras colosales y hermosas, esparcidas aquí y allá, la extensión de los escombros, el acueducto que los atraviesa á gran profundidad y las soberbias huellas de población populosa, no se puede menos de juzgar que era nación potente, dominada más tarde por otras razas distintas.
Las capas sedimentarias formadas por el trabajo delossiglos, cubren una gran parte de las ruinas imponentes, que tienen exacta analogía con las más antiquísimas egipcias. Allí, desafiando el tiempo, se alzan las portadas admirables con preciosos y complicados detalles simbólicos, de inapreciable valor arqueológico.
Ya no quedan de la «Fortaleza »
sino unas piedras
truncadas, y del RUINAS
«Salón de Justicia»
los asientos tallados en granito. Hemos visto que se hunden en la tierra,
tendiendo á desaparecer, preciosas grecas y cornisas de edificios monu-
mentales, destacándose entre ellos una figura monolítica que los soldados
acantonados en el pueblo habían tomado por blanco de sus tiros. Rindiendo culto á las artes y á las memorias del pasado, nos suble-
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vamos contra la destrucción, interesándonos con el Gobierno para que los restos ciclópeos se conservasen en un museo. Así nos lo ofreció el presidente de la República D. Mariano Baptista.
Tal vez era la estatua, dios de aquel templo pagano, situado al pie de una colina, en el que ocuparía el centro sobre pedestal que poco á poco van cubriendo los oleajes de tierra. ¡Quién pudiera descifrar los signos y jeroglíficos del gigantesco libro de granito!
Llámase Puma-Chaca ó Puma-Puncu el lugar cubierto por los vestigios del templo, y el nombre indica arco no concluido. Manco Capac le dió el nombre de Chucagua, Ciudad de piedra; pero en quiché expresa violencia 6 tomar por fuerza, todo lo cual corrobora la idea de que Tiaguanaco fué conquistado y destruído en la guerra.
Con alborozo debe celebrarse el que háúyase llevado á efecto por el Gobierno boliviano la idea de conservar aquellos hermosos restos arqueológicos en un Museo, que se estableció en 184, evitando que cada cual destruyese ó se apropiase paso á paso las piedras admirables de Tiahua-
naco para construcciones particulares.
El arte primitivo tiene en América muestras portentosas que revelan el gusto egipcio y el de civilizaciones inmortales, que rindieron culto á las artes en las obras de artífices excelsos.
En las aguas del histórico Nilo reflejáronse los primeros destellos de _su ingenio, allí descorrieron los velos que ocultaban los maravillosos secretos de las artes y éstas aparecieron en todo su esplendor. El Egipto embelesado leyó en el templo de Karnak el poema del arte naciente que aparecía dominando desde luego al universo.
La escultura fué desde un principio más bien realista que idealista, y asombra hoy la perfección y la vida que prestaron al mármol los inmortales de la antigiiedad. Es verdad que las reglas y el clasicismo no existían; pero, en cambio, ¡cuánto sorprende la naturalidad y la energía de los detalles!; sus estatuas son seres animados, son prodigios y verdaderas copias de la naturaleza.
En la primera exposición de París, causó profunda admiración una estatua de cedro extraída de una tumba egipcia. Representaba á Ra-emke, personaje que figuró en Egipto en dos ó tres reinados de la quinta dinas-
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AMÉRICA EN FIN DE SIGLO 259
tía: es decir, que cincuenta ocho y siglos han respetado la obra del hábil cincel. Y la creación es de mano maestra, maravillosa, delicada, perfecta; en los labios jugueteaba la sonrisa, ardía en la mirada la expresión natural, el cristal de roca formaba el globo del ojo, bajo del cual algo brillante le prestaba asombrosa realidad. La cabeza era un prodigio del arte.
Épocas anteriores nos han legado las gigantescas estatuas de los Faraones, ornato de las sepulturas en las Pirámides. Es decir, el poder y la grandeza inmortalizados. La historia de la remota gente en páginas de mármol y de granito. Tebas, Palmira, Memnon, nombres que han llegado hasta nuestros días por los colosales vestigios admirados y admirables.
Obeliscos, avenidas formadas por esfinges, pórticos de gigantesca altura, piedras y columnas de dimensiones fabulosas que acusan la importancia de aquellos templos y de aquellos escombros. Los obeliscos, como el de Luxor existente en París, conservan inscripciones en jeroglíficos, así como las paredes de los salones de los palacios ó de los santuarios.
Las pinturas son finas, delicadas y de una solidez que asombra, pues á4 través de los siglos han conservado intacto el brillo y los colores. En los paños de estuco de los muros, en los artesonados riquísimos hay pinturas hermosísimas y algunos reproducen instrumentos de música; rara coincidencia: hay algunos que semejan la quena de los indios peruanos.
Existe en Berlín un museo egipcio en el que la imaginación se pierde entre las brumas de los siglos. Allí se ve una puerta de la pirámide de Sakkra, de una antigiiedad fantástica, inverosímil. Siete á ocho mil años, durante los cuales se han sucedido generaciones y generaciones, y el sorprendente trofeo, creado por la mano de un hombre, existe aún.
Dice Lenormant que no era el Egipto un pueblo salvaje en la remotísima época citada; lejos de eso la civilización traducía una labor de centurias anteriores y las ciencias y las artes habían llegado á tener maravillosa perfección. Las regias y extrañas tumbas de los Faraones son los anales del Egipto antiguo, y las pirámides de Djizek el libro de su primitiva civilización. Alternativamente los escultores egipcios emplearon el mármol, el jaspe, el pórfido y el granito. Sería imposible en este siglo de los descubrimientos y de las invenciones encontrar, ni en la
piedra mejor labrada, tal delicadeza en los detallos como la que resulta
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en las esfinges y en los dioses de ébano y marfil, que tienen privilegiado puesto en los museos europeos.
Recordando la colosal estatua del Faraón Schafra, que figuró en la primera Exposición francesa, acuden á la memoria las antigiedades americanas por su extraordinario parecido con las de Egipto y Siria. Por supuesto, la escultura egipcia tenía mayor perfección, detalles más gráficos y rasgos más delicados que los que sobresalen en las ruinas del imperio de los Incas y en las de la América Central. Pero, sin embargo, unas y otras acusan idéntico origen.
En la República Argentina, en el Chaco, fortín de Samaipata, se ve un disco curiosísimo, esculpido de relieve en la roca, y en el centro una figura felina, tigre Ó jaguar, semejante á las primitivas y toscas esculturas de las ciudades asirias y á las que se ven de la India inglesa, reproducidas en grabados. Cerca de Charqui, en los límites del Ecuador con Colombia, existen ruinas notables, que hacen creer con más certeza en esa comunidad de origen que en Bolivia en las ruinas de Tiahuanaco, en el Perú, en la frontera mexicano-guatemalteca, y en otros puntos de la América Central se manifiesta en cada piedra, en cada monolito, y por fin en todos los colosales restos prehistóricos, y en aquellos menos lejanos, pero anteriores 4 la conquista.
El arte en Egipto tuvo sus épocas de desfallecimiento, de postración, de agonía, y encerrado en estrechos límites, sujeto á determinadas leyes, no alcanzó nunca la altura relativa con la perfección de los tiempos primitivos. La naturalidad y originalidad del arte en su aurora presenta mayor belleza que ya perfeccionado en siglos posteriores, hasta el punto que más bien entonces pudiera creérsele en la infancia. Durante cinco siglos vegetó 6, mejor dicho, se extinguió el gusto artístico; la guerra y la invasión sarracena amortiguaron la llama del genio.
Sin embargo, á semejanza de Europa tuvo Egipto su renacimiento, que llevó la arquitectura y la escultura 4 un apogeo asombroso. Los destellos del genio fueron como la vivísima luz de una antorcha que despide sus postreros resplandores. Como el peregrino que abrumado por el cansancio vacila, desfallece y cae, volviendo á levantarse con febril esfuerzo, y al fin falto de fuerzas sucumbe sin llegar al término de su viaje, así el arte hizo supremas tentativas, despidió fuleores pasajeros, sembró la idea en mármoles y maderas, luchó valerosamente, fué grande, impetuoso, lleno de luz ó sombrío y melancólico, sin duda al adivinar que el cetro de la soberanía se escapaba de sus manos demasiado débiles para sostenerlo.
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El arte murió en Egipto. Su historia civil y religiosa, sus actos domésticos y hasta sus costumbres las más íntimas, se ven fotografiadas en las ruinas con prodigiosa realidad, inmortalizando en ellas la civilización egipcia.
No es menos grandiosa por su antigiiedad y su riqueza la historia del arte en Siria, ni es menos imponente y admirable que en Egipto el espectáculo de la destrucción de aquel pueblo. En aquel país, cuna del Cristianismo, existe algo más sublime que en el suelo de los Faraones.
Entre Jerusalén y Tebas hay un poema cuyo último canto es trágico, sublime. La huella de sus personajes ha quedado indeleble en esa tierra en donde se cumplió uno de los acontecimientos de más trascendencia de la humanidad.
Allí los obreros del arte tuvieron inagotables fuentes de inspiración, porque la idealidad viste la mente con flores de perdurable lozanía. Entre los mirtos, entre los laureles que embellecen las orillas del Oronte, al pisar los valles que el río fecundiza, sería muy difícil encontrar hoy los restos de la soberbia Antioquía, lujosa residencia de emperadores romanos y silla del obispado que allí estableció San Pedro.
Más que ruinas se buscan en Siria los recuerdos, y al poderoso influjo de la imaginación vuelven á ser Babilonia, Nínive, Menfis, y se admira á Damasco en el Líbano oriental. ¡Qué emoción experimenta el viajero cuando admira los vestigios de los monumentos descubiertos desde 1842! ¡qué esmaltes, qué estatuas, qué admirables puertas que revelan toda la erandeza y esplendor de la escultura en Siria!
Los palacios subterráneos de Koyundjek ponen de manifiesto los bajos relieves, el alabastro esculpido, las pasmosas gigantescas figuras que se admiran en el Museo del Louvre en París, y en el Británico en Londres. En el mármol se ven caballos de pura raza árabe, de tal naturalidad que revela una perfección casi inverosímil en el artista. No puede dudarse que la civilización siria tuvo en Grecia mayor influencia que la egipcia, y desde las orillas históricas del Éufrates se extendió hasta Roma.
En las llanuras de Damasco, en los desiertos calcinados por el sol ardiente, ha de perderse el pensamiento entre la niebla de los siglos; ha de evocar á la hermosa reina de Palmira, que 0só luchar contra el poder de Roma, y que vencida y encadenada fué á morir triste y sola junto á las cascadas del pintoresco Tívoli.
En ese cuadro luminoso de las edades primitivas, en esa epopeya del
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arte, también los etruscos poseyeron el cetro de oro y sus obras se confunden hoy con las greco-romanas; un mundo de ideas encarnado en el bronce, la misteriosa intuición de lo bello revelada en admirables cin-
celados,
Sucesivamente y á través de los siglos han surgido concepciones sorprendentes; pero hoy, en esta última década del siglo x1x, del siglo portentoso que deja en la historia una huella grandiosa, han legado las artes 4 su apogeo esplendoroso, no siendo la música menos favorecida en esa labor de los siglos, ni la que menor influencia ha ejercido para dulcificar las costumbres desde los tiempos más remotos, que hoy se pierden entre la espesa bruma de las centurias.
Imposible sería, en estrechos límites siquiera, hacer rápida y entretenida excursión por las viejas leyendas y clásicas tradiciones, que pondría en claro la singular preponderancia que ejerció la música en las épocas heroicas y entre griegos, egipcios, hebreos y romanos. Tampoco nos será dable buscar su origen en las remotísimas edades, en los pueblos primitivos y hasta semisalvajes, que entretenían sus ocios con la flauta y aprestábanse á la pelea al son de aquel instrumento pastoril ó de la lira, y enardecíanse para el combate con la trompa guerrera ó con rudos estridentes atambores, cual usaban Jos indios aztecas, 6 cantaban sus pesares acompañados por la tristísima quena, propio de los indios peruanos; ese instrumento rinde sonidos de tal melancolía, que en raudales acude el llanto á los ojos y llena el corazón de indefinible dolor.
Es indiscutible que la música es entre las artes la que más directamente conmueve y electriza el corazón, ejerciendo tan poderoso influjo en el organismo, que á su antojo inspira entusiasmo patriótico, melancolía sublime, ideas é ilusiones risueñas ó arrobamientos deleitosos. El lenguaje de la música es por extremo más expresivo que el del cincel, .el del buril ó el hermosísimo también del pincel, al que tan gráfica alteza presta el genio; pero sin el mágico poder de la música que puebla el aire con efluvios misteriosos, con solemnes y brillantes notas, con embriagadores ecos de guerreras y valerosas huestes, estremeciendo la naturaleza humana bajo el impulso de atracción indescriptible é i¡nexpli-
cable. Tengo para mí que el ser ajeno al dominio de la música carece
AEREA AS A
AMÉRICA EN FIN DE SIGLO 263
de expansiones delicadas y de ternuras benditas que son vida de nuestra vida y ser de nuestro ser. Un poeta de la edad medioeval dijo que la música era la voz de los cielos en sus diversas manifestaciones y en sus augustas idealidades.
Sentados estos principios en absoluto, pasaremos á través de las centurias hasta llegar á los comienzos de la civilización europea, época en que ya los instrumentos habían adquirido perfección relativa para tomar el piano desde su origen.
A mediados del siglo xvi empezaron los estudios y ensayos para la creación del piano forte, cuyos precursores fueron el psalterio, el tímpano y el clavicordio con sus variedades.
Desde hace un siglo viene trabajándose activamente en el perfeccionamiento del piano: Francia, Inglaterra, Alemania, Estados Unidos, hanse disputado con frecuencia el cetro de su fabricación, á cuyo último grado de adelanto creeríase haber llegado, si se pudiera hacer caso omiso de la monotonía del sonido, deficiencia que en vano han tratado de llenar renombrados constructores, ideando una serie de instrumentos híbridos, que no otra cosa son el piano-arpa, piano-armonio, pianoquatuor y tantos otros que ningún fin artístico llenaron jamás. Todos los innovadores partieron de un principio falso: la imitación. Su propósito fué, sin duda alguna, hacer del piano un instrumento expresivo y variado, y para ello creyeron indispensable desfigurarlo, alterando su naturaleza: he ahí el escollo donde se estrellaron y del que con gran pericia se ha librado un innovador español, en afortunado invento.
Y para lograr el éxito, ¡cuántas luchas! ¡cuántas decepciones! Toda empresa grandiosa tiene rémoras incalificables, hasta llegar á los fines
que la fuerza de voluntad se propone realizar.
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Tiene el genio precocidades admirables y que tórnanse luego en manifestaciones de alteza selecta.
Ya desde muy niño demostró Baldomero Cateura sus aficiones musicales y el culto que había de rendir á la armonía en su expresión más sublime. En imperfecto instrumento que le deparó la casualidad, hizo sus primeros estudios intuitivos, sin método ni profesor, y hasta contra-
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riando la voluntad paternal que le imponía otra enseñanza adecuada para seguir carrera.
La bandurria fué por entonces su bello ideal, y sus progresos rápidos y sorprendentes, dieron razón á sus predileceiones por el arte.
En Palamós (Cataluña), en antigua casa solariega soñaba el niño con elorias y laureles, y apenas adolescente encaminábase á Barcelona, ávido de escuchar grandes maestros en certamen artístico.
Cateura tenía catorce años: su arrogante presencia, su belleza varonil y el sello del genio, no podían menos de llamar la atención y más cuando modestamente solicitó se le permitiera tocar la bandurria.
El niño transformóse de súbito en artista; del instrumento, bajo su inspiración, brotaron torrentes de armonía y había en ella originalidad, bellísimos alardes de imaginación rica y fecunda.
Uno de sus deseos más ardientes era viajar, extender sus conocimientos musicales, admirando á la vez á los más esclarecidos artistas.
Venciendo grandes dificultades, visitó de los diez y seis á los veinte años las grandes capitales europeas, y sorprende el prestigio y celebridad que adquirió durante aquellos cuatro años, empleados en purificar su buen gusto, en estudiar, en instruirse y en profundizar y sorprender los secretos del arte, consolidando su natural ingenio y deleitando en los palacios, en los torneos musicales ó en populares círculos por lo brillante de su estilo y por el sentimiento exquisito que sobresale en su ejecución.
Primero los viajes y después largos años de meditación y tenaces combinaciones, han dado resultados hermosos para las artes.
Cateura, á más del Pedalier, ha creado el instrumento más encantador y gracioso, el más dulce y tierno, dotándolo con un método: Escuela de la Mandolina española, tam completo que desde los primeros estudios conducen al niño hasta ser acabado profesor.
Amén de esto sobresalen curiosos detalles, lujosas apreciaciones y un caudal de útiles conocimientos artísticos.
Correspondiendo al fin de siglo tan bellísimas innovaciones, las señalamos en este libro porque asumen importancia capital, y continuando el paréntesis, daremos una idea del Pedalier, que resuelve un gran problema artístico, produce verdadera revolución en el piano, y que en América, la tierra clásica por excelencia para todo lo que es progreso y adelanto, ha de encontrar su terreno propio y natural.
El sistema Cateura consiste en la aplicación al piano de tres pedales denominados sordina, claro y armónico, que producen efectos tan nuevos,
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variados y sorprendentes, que, valga la verdad, producen vivísima impresión en el mundo musical. Los citados pedales se combinan perfectamente con los ya conocidos fuerte, celeste y de retención.
Existe en la música un grado de delicadeza de tan subidos quilates,
BALDOMERO CATEURA, inventor del «Pedalier »
de tan excelsa idealidad, que jamás ha podido alcanzar pianista alguno hasta la aparición del pedal sordina, que por sí solo constituye, en la historia del piano, un verdadero acontecimiento.
Sorprende el pedal claro por la frescura y variedad de los sonidos, cuyo timbre, maravillosamente dúctil, ofrece á cada paso contrastes in-
266 BARONESA DE WILSON
verosímiles y cambios no imaginados. Grave y majestuoso en la música religiosa, juguetón y pintoresco en las escenas pastoriles, vibrante y argentino en las composiciones épicas, se amolda y caracteriza con propiedad singular á toda clase de música instrumental y descriptiva. Interpretando á los antiguos clásicos, evoca los sonidos históricos del clavecín ó la espineta, dando resuelto el problema del piano primitivo dentro del piano moderno, que, tantos años ha, se agita en Francia, Bélgica y otras naciones.
Llegamos al pedal armónico, que en sí mismo reune dos efectos magistrales. Es uno de ellos el ligado de octava, que en el piano representa lo que el arrastre en ciertos instrumentos de cuerda, y que se produce con exquisita perfección con sólo bajar momentáneamente el pedal después de pulsar una ó más notas á piano natural.
En la nota no percutida se observa una prolongación ó dilatación del sonido, que á las veces, sosteniendo la tecla ó valiéndose del pedal de retención para quedarse con las manos libres, permite se puedan ejecutar al mismo tiempo una sucesión de acordes con sordina, consiguiéndose por este medio una fusión de colores que tienen incomparable belleza.
La aplicación de los armónicos en el piano puede calificarse de portentosa innovación. Con este efecto conviértese en el más dulce, poético, tierno é ideal de todos los instrumentos, de tal suerte, que en punto á delicadeza ni la misma cajita de música podría comparársele.
Su ejecución exige extraordinaria finura de pulsación y el empleo simultáneo de los pedales celeste y fuerte.
Es de presumirse que el Pedalier, sistema Cateura, obtendrá en América un éxito prodigioso. El arte músico debe y deberá á su inventor eratitud perdurable. ¡Cuántas hermosas páginas obtendrán verdadera interpretación, sin faltarles toda la poesía y todos los detalles que hasta hoy eran imposibles en el piano! En adelante los pianistas compositores podrán crear grandes obras clásicas, inspiradas en un instrumento rico en efectos y en artísticos recursos.
La invención del concertista y estudioso catalán queda desde ahora entre los joyeles artísticos de este siglo y será una página de oro en la historia del arte español.
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AMÉRICA EN FIN DE SIGLO 267
Una pincelada para poner punto final á la excursión hecha por el campo fecundo de la idea y de la pujanza artística en todos los tiempos.
En el núcleo del arte hay uno que posee cualidades especiales y que en América empieza á cultivarse con probabilidades de gran éxito, tanto más cuanto que las armonías de aquella naturaleza son inspiradoras, y se prestan admirablemente para las artes decorativas, que tienen su acción en todo lo bello, en todas las manifestaciones que el admirable Boucher puso de relieve en sus cuadros, en aquellos amorcillos sin par, en sus graciosas pastoras, en esos detalles que, sobre todo en El Baño de Diana, resaltan y le dieron nombradía universal. Sus obras artísticas se buscan hoy con empeño y los aficionados las pagan á peso de oro.
Las escenas campestres de Watteau, lo risueño de sus paisajes, el colorido, la gracia, la chispa que rebosa en el todo, la espiritualidad atrevida en la composición, forman una escuela del arte decorativo.
En todos los grandiosos monumentos esculturales resplandece el decorado, digámoslo así, tanto en la antigiiedad como en la presente centuria, si juzgamos por la profusión armoniosa de los bajos relieves, de los medallones, de las estatuitas que embellecen las suntuosas fachadas, los pedestales ó los sepulcros; en todos los rientes efectos de luz y colores, en la ornamentación de los salones, en las más sencillas aplicaciones que la fantasía engalana y enaltece.
Tal es el arte decorativo que ha brillado en todos los siglos, que en regiones americanas hermosea las ruinas en su más remota antigiiedad, que resplandece en muchas de las obras inmortales de Rafael y del Ticiano, y sonríe en los paisajes bellísimos, en el colorido que Claudio Gelée, llamado de Lorena, robó á la naturaleza, tal es la realidad que se destaca en sus creaciones.
Volvamos á nuestro punto de partida, después de haber paseado la imaginación por los hemisferios del arte. Bolivia acumula y guarda no pocas fechas históricas, no escasos y
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magnos recuerdos, ya nebulosos y trágicos, ya heroicos y de perdurable grandiosidad.
Hay en Sucre, la antigua Chuquisaca, que es la capital de la República, un callejón triste y angosto: allí se yergue un vetusto cuartel, llamado en la época de la independencia, «de los Granaderos de Colombia », el cual conserva la gráfica, imperecedora muestra de la ingratitud humana.
Amotinados los granaderos, el 18 de Abril de 1828, osaron hacer blanco de sus tiros al inmaculado general Sucre, primer presidente de la República recién creada y uno de los hombres que mayores servicios había prestado á la causa de independencia. Una bala le fracturó el brazo derecho.
«Llevo — escribía el gran mariscal de Ayacucho — la señal de la ingratitud de los hombres en un brazo roto. »
En una pobre celda del convento de Recoletos, situado en la falda de una colina dominadora de la población, fué herido á balazos y rematado á estocadas el infeliz general Blanco, á breves días de su elevación al mando supremo.
En lindo, arquitectónico templo, levantado entre árboles y estatuas mutiladas, enciérrase sombrío episodio de las luchas violentas y de las dictaduras ya imposibles.
Y sin embargo, á ellas débele el santuario su construcción.
En aquel lugar cayó acribillado á balazos el general Isidoro Belzu, el ídolo de la indiada, el más popular de los tiranos, presidente de Bolivia por los años de 1848 4 1855, y después en 1865. Los conjurados dejáronle por muerto y dieron por triunfante la revolución.
Pero Belzu vivía: en la pobre casa de una india que caritativa habíale socorrido, curaba sus heridas, y horas después volvía á su palacio escoltado por tropas leales, mientras que sus enemigos huían espantados.
El palacio de gobierno de la Paz ha sido escenario también de hechos inauditos.
Entre otros, el por demás audaz asesinato del general presidente Belzu.
En continua pugna estuvo siempre con un caudillo feroz, sombrlo, astuto como el tigre y sediento de sangre como la fiera. Atrabiliario, ignorante; arrogándose fueros de señor feudal; atropellando la honra, la vida, la hacienda; no perdonando á grandes ni pequeños cuando en ciudad hostil entraba; no dando cuartel ni evitando saqueos ni embria-
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gueces soldadescas, ni violencias, ni excesos que él cometía también en grande escala.
¡Qué figura de tiempos bárbaros y primitivos la del general Melgarejo! Fisiológicamente era un Hércules; talla elevadísima, barba negra y poblada, ojos penetrantes que tomaban en ocasiones reflejos siniestros, cutis pálido, acentuado por el color rojo de la capa, que generalmente cubría las hercúleas formas.
Rasgos característicos: todo lo turbulento, lo borrascoso, lo indómito, lo terrible. Tratábase de combatir y era un rayo, un espíritu exterminador, sin temores, sin miedo y con la osadía por bandera.
Fijábase en una belleza femenina: nada la salvaba del hombre que no conocía valla para sus deseos.
En tierra extraña era sempiterno conspirando, acechando la hora de las represalias.
¿Y podrá crerse que en aquella naturaleza salvaje y cruel hubiera fibras sensibles para la poesía? Y sin embargo, afírmase que en los momentos de mayor peligro escribía versos y torturaba la mente para redondear una idea y darle forma poética.
Luchando contra Belzu, atrincherado en la Paz, fué derrotado y sus tropas huyeron á la desbandada.
Al verse frente á una barricada y rodeado por unos pocos fieles, exclamó, dirigiéndose á los soldados que huían: «O me seguís, ó me levanto la tapa de los sesos;» y apoyaba el revólver sobre su frente. Los prófugos corrieron á su lado; la barricada fué tomada y las tortuosas y empinadas calles de la Paz se alfombraron con muertos y heridos de ambos bandos.
Melgarejo, victorioso un momento, fué de nuevo vencido. Entonces apeló á un recurso audaz y sin ejemplo. A pie encaminóse al palacio de eobierno, penetró en él matando de un tiro al primer centinela, se lanzó por la escalera, y encarándose con el presidente Belzu, disparó sobre él, á quemarropa, y sin detenerse abrió de par en par el balcón más próximo y gritó: «Belzu ha muerto, viva Melgarejo.»
Seis años vivió Bolivia bajo su tiránica dictadura y siendo testigo de su inmoralidad y de sus vicios.
Una revolución le arrojó del país en 1871, y la mano del general Sánchez le asesinó en Lima.
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Bolivia ha luchado, ha sufrido, y señala en su historia épocas de nobles y viriles Gobiernos, de heroicos sacrificios, de esfuerzos para constituir una confederación con el Perú, llevada á efecto por el general Santa Cruz en 1837 y disuelta en 1839.
Fulgores de progreso y de doctrinas más de acuerdo con su época brotaron en tiempo de Ballivian, pero se extinguieron entre guerras civiles sucesivas y entre motines de cuartel.
¡Bien venida la luz protectora de la ilustración que ha de iluminar todos los ámbitos de la república! ¡Salud al reciente poderío moral, material é intelectual! ¡Cuánto bien resultará de las reformas escolares, y qué misión la de los maestros para dilatar la esfera de la enseñanza y difundirla entre las tribus indígenas, destruyendo primitivas costumbres que aún subsisten y que son nota discordante en las sociedades civilizadas!
Las escuelas de Taquigrafía y de Ingenieros, creadas recientemente, completan en Bolivia las facilidades para cursar todas las carreras.
Importantes oficinas de Estadística, Inmigración y Propaganda Geográfica se han establecido en Oruro, y en la Universidad de Cochabamba se instalan clases, con plan extenso, para los estudios agrónomos, de positivas ventajas para el país.
¡Adelante! Unidos todos los prestigios y todos los talentos que brillan en Bolivia, levantarán el obelisco imperecedero de la regeneración nacional basado en la paz, en la industria y en la democracia.
A OI RIA De IS ANS, O O
EN LAS COSTAS DEL BRASIL
PAISAJE
CAPÍTULO XVI
BASES DE PUEBLOS NUEVOS. ADELANTOS FICTICIOS Y PROGRESO VERDADERO. — PRODUCCIONES.
UN CUENTO DE HADAS
[owocipo es cómo el Brasil imperio se transformó en República federativa, proclamada el 15 de Noviembre de 1889, constituyendo los Estados Unidos brasileños, regidos en su
principio por un gobierno provisional hasta 1891, año pri-
mero del gobierno constitucional en el nuevo régimen.
El movimiento revolucionario republicano que derrocó el trono del democrático, ilustrado y benévolo emperador D. Pedro de Braganza, no tuvo los sacudimientos ni las penosas y tristes convulsiones sufridas en los países hispano-americanos; no hubo lucha ni derramamiento de sangre, ni se retorcieron los partidos ni aniquilaron sus fuerzas para destruir el pasado y plantear la nueva organización política, genuina demostración de la voluntad popular.
Puede considerarse como un cambio pacífico en lo cual el país no tuvo que lamentar pérdidas, ni represalias, ni que pedir al tiempo la aplacación de rencores ó espíritu de venganza, cosa lógica, después de meses y meses de exacerbación bélica y de contienda á mano armada,
212 BARONESA DE WILSON
que el Emperador fué el primero en rechazar exhortando á sus partidarios para no alterar la paz y sacrificarse en aras del patriotismo.
En el código legislativo que promulgó el gobierno republicano, tienen relieve algunos de los artículos, entre otros aquel muy sabio, razonado y digno de la cultura presente, por el cual sienta como principio que el Brasil no podrá ni por sí, ni aliado con otra nación, empeñarse en guerras de conquista.
El poder judicial es inamovible según la Constitución, y se conceden altas facultades al Supremo Tribunal, pues que en casos ya previstos puede intervenir y hasta juzgar al Jefe del Estado.
Radicalísimos son los principios establecidos en lo que se refiere á la
absoluta independencia de la Iglesia con el Estado.
En el actual orden legislativo, es el matrimonio civil el único válido, quedando por consecuencia exento el G+obierno de todo impuesto á favor del culto religioso.
Admítese la tolerancia y libertad de cultos.
El divorcio no desliga, no rompe el lazo conyugal; únicamente permite la separación de bienes y la de las personas.
La duración del mando presidencial es de cuatro años y la reelección inmediata no puede tener efecto.
Tales son las más culminantes bases de los nuevos Estados del Brasil.
Si perturbaciones tuvo el ex imperio al encauzarse por la senda reción abierta, no han presentado el carácter agresivo de las repúblicas hispanoamericanas, ni el de ambición personal señaladísima, ó sea el de caudillaje, por más que en el presente late la guerra civil sostenida por los fanáticos contra el Gobierno federal.
El partido Jacobino, alentado por el general Glycerin, se ha propuesto combatir al Presidente Moraes en todos los terrenos á su alcance.
En la toma de Canudos, los fanáticos derrotados se refugiaron en las iglesias después de combate encarnizado y de una mortandad horrible y lamentable.
¿Entrará el Brasil en ese camino fecundo en males que ha empobrecido á varias de las regiones americanas y las ha envuelto con frecuencia en los horrores de la anarquía?
Puede ser que las ideas de ahora ejerzan su poderoso influjo para evitarlo y que el nuevo período constitucional que ha de comenzar en Noviembre de 1898, substituyente al de P. Moraes, sea más feliz para resolver el conflicto que hoy se impone.
AMÉRICA EN FIN DE SIGLO 273
Háblase de que el nuevo gobernante electo, Campos Salbes, Gobernador de San Paolo, en los momentos del trabajo electoral, es hombre de capacidad, de patriotismo, de carácter muy á propósito para dominar circunstancias difíciles y vencer resistencias; con tales condiciones ha de abrigarse la esperanza de que la exuberante república brasileña consolide sus aspiraciones y entronque sus proclamados ideales con el orden, indispensable motor para desenvolver en anchísimo campo las grandes riquezas que naturaleza prodigó en aquel suelo, donde el oro y los diamantes han producido caudales sin cuento, tesoros que parecen fabulosos.
El laboreo de las minas que tal nombradía gozan es una de las principales industrias, y la agricultura es otro de los manantiales más abundantes cada día, porque el Brasil rebosa en productos diversos y valiosos en los mercados de Europa, acrecentando de año en año el movimiento de importación y exportación, que es de los más importantes en América.
Hace pocos años, en 1868, ascendía la población á 8.000,000 de habitantes, en un territorio de 8.337,218 kilómetros cuadrados, y aumentando rápidamente, cuenta hoy 13.000,000 según los últimos censos.
Presidente de la República
El regio Amazonas es el soberano fluvial de la región bellísima, que confina con siete de las Repúblicas, sus hermanas, Uruguay, Paraguay, la Argentina, Bolivia, Perú, Ecuador y Colombia.
Es Río Janeiro no sólo una de las capitales de más tráfico en América, sino grande y hermosa, sobresaliendo la bahía como la mejor del Nuevo Mundo.
En la ciudad forman contraste extraño los panoramas pintorescos y risueños de los montes y cerros, con los grandiosos edificios que visten y adornan la ciudad y dan muestra ostensible de su adelanto, porque en su mayoría son magníficas escuelas, entre éstas la Central, colegios ele-
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mentales; una Biblioteca Nacional que encierra obras notabilísimas; el Instituto Histórico-Geográfico; la Academia de Medicina; la Sociedad de Agricultura; la Aduana; la Casa de Moneda y la Academia de Ciencias; á más de todo esto templos majestuosos, paseos y plazas que visten la lujuriosa vegetación, con variadísimos matices, altaneras palmas y flores, siempre renovadas por la rica y perdurable savia.
En Río Janeiro hay asombros tropicales y decepciones que anonadan: el descuido y falta de policía para el aseo era lamentable en la población, hace muy pocos años: del indolente aplanamiento que produce la fuerza del calor, se resiente todo en general y parece la ciudad una especie de mosaico, brillante y precioso á trechos, caprichoso en otros, sin rival en los tonos de luz y de poéticas perspectivas en muchos y envuelto
en sucios harapos á cada paso. Tal es Río Janeiro.
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Producción de valor incontestable es el café y su prosperidad llega 4 un grado que constituye el ramo agricultor más floreciente y lucrativo.
Los cambios y desórdenes políticos no influyen en las haciendas de la aromática producción, y el alza y baja de los valores no afecta á las grandes entradas anuales.
No sólo se cultiva en los Estados próximos al central de la República, sino en los valles y selvas del Amazonas. El puerto de Santos adquiere para la exportación superioridad sobre Río Janeiro, y es en el presente el mercado más concurrido y más importante para el café.
Puede juzgarse de los rendimientos y del consumo al conocer la cifra, en libras esterlinas, que representa la exportación de doce á quince años á hoy: 333.000,000, refiriéndonos únicamente á Santos y Río Janeiro, pues hay otros puertos, que como el de Bahía, hacen también gran comercio con el café, que en Europa se vende, dándole diferentes nombres. Moka, Borbón, Java, etc., y en su mayoría procedente del Brasil.
El azúcar, el tabaco, el algodón, el cacao, el cauchú, el arroz y una inmensidad de resinas, de maderas preciosas, de gomas, de plantas medicinales y de vainilla, producen incalculables sumas anuales y favorecen esa riqueza, siempre creciente.
Y qué diremos de los prados repletos de ganado, de aquellas magni-
ficencias de terreno que allá por la hoyu del Amazonas no tienen rival,
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AMÉRICA EN FIN DE SIGLO 275
en la profusa variedad de árboles con troncos que el arte transforma en incomparables ricos muebles y en objetos pagados á peso de oro.
Es preciso confesar que hay mucho, mucho por explotar é infinitamente más que hacer para que con mayor eficacia pueda extraerse cuanto la tierra regala, y pasarán los postreros años de este siglo y los primeros de la próxima centuria antes de que el Brasil alcance el apogeo completo que le prometen las dilatadas selvas y los valles ubérrimos,
vitalizados por el Amazonas.
Numerosas han sido las comisiones científicas que han explorado diferentes regiones de América, y no pocas anteriormente á la del insigne Agazis se han internado por las misteriosas soledades del Brasil. Hay sitios que Naturaleza ha vestido con todas sus pompas y galas, sobre todo acercándose al Pará, ó buscando impresiones en las soberbias perspectivas del Amazonas.
Refiérese un hecho asaz curioso y más todavía singularmente poético. Un joven francés, seducido por la frescura de la tupida selva, se internó por ella, huyendo del sol abrasador.
Fácilmente encontró sitio 4 propósito para su intento, bajo corpulentos árboles, á orillas del gran río, con mullida alfombra, convidando al sueño.
Por el pronto y después de largo tiempo no se dió cuenta al despertar del sitio en que se hallaba ni de las horas transcurridas. Era de noche: estaba solo en aquel lugar apartado y era posible que sus compañeros en la expedición científica, hubieran perdido su huella.
La luna cabrilleaba en el río, pero en el bosque espesísimo la oscuridad era completa. El ambiente era tibio y estaba saturado por esos mil variadísimos aromas que emanan de las majestuosas espesuras tropicales.
No era tranquilizador encontrarse perdido en la noche y con la única compañía de las fieras ó reptiles, que no habían de faltar en torno suyo. Armando Chauvet estaba acostumbrado á los peligros y era valiente, pero no llevaba más arma que una pistola y no tenía la facultad de distincuir á sus enemigos entre las sombras. De repente sintió crujir las hojas secas y pensó en la salvación encaramándose al árbol más cercano. Ni
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aun ese recurso le quedaba: primero llamaría la atención y antes de conseguir su objeto tendría encima al adversario. De nuevo se renovó el rumor, pero más cerca: eran pisadas que se aproximaban cada vez más. Chauvet amartilló su pistola, buscó punto de apoyo en el grueso tronco de un árbol que estaba á su espalda y esperó lo imprevisto y desconocido.
De pronto sintió como un rozamiento y algo que se movía á su lado, y disparó.
Todo fué instantáneo; al fogonazo vió una sombra que no consiguió definir; sintió los aleteos de los pájaros despertados por el ruido que resonaba y repercutía, dando el alerta á los habitantes feroces de la selva.
No tuvo tiempo Chauvet de observar los efectos de la bala ni de exponerse al resultado. Dos manos enlazaron las suyas; pareciéronle pequeñas y suaves, y sin rendirse 4 reflexiones siguió el impulso de la misteriosa aparición y se dejó conducir á través los enmarañamientos oscuros y que debían ser familiares para aquel inesperado salvador.
La luna se había ocultado cuando llegaron á las orillas del gran río, silencioso, tranquilo y envuelto en las sombras que proyectaban las anchas y altas copas de los árboles.
Á pesar de la densa obscuridad, reconoció Chauvet que era una mujer la que le conducía, pero no alcanzó á distinguir sus facciones.
Por la ligereza en el andar debía ser joven, y cuando entraron en la montaria, barco largo y estrecho, cubierto en un extremo por un techado de hojas, observó Chauvet que era esbelta, á pesar de la especie de túnica que la cubría y que usan las indias bolivianas que á menudo suben ó descienden por el Amazonas, con piraguas ó canoas cargadas de frutos y de otros productos.
Atravesaron el río en toda su anchura y desembarcaron en la orilla opuesta. La aventura tomaba proporciones novelescas y éstas crecieron cuando sobre alfombra de musgos y helechos y por un sendero ó alameda, donde los árboles se cruzaban formando pabellón, llegaron á una casa escondida entre arbustos y trepadoras, que la luz vaga y tenue de la madrugada hacía más pintorescos y lozanos.
Al penetrar en la habitación subió de punto la sorpresa de Armando. Guirnaldas de flores extrañas y aromáticas tapizaban las paredes, ocultando troncos de los cuales pendía una hamaca, convidando al descanso que tanto necesitaba Chauvet después de noche tan agitada.
Estaba solo: su conductora había desaparecido, y poco después un
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negrito como de ocho á diez años ponía delante de Armando un taburete rústico. Á poco, le sirvió diversas frutas y en una especie de calabaza el famoso «assahy, bebida semejante al chocolate, que se extrae del fruto de la palmera assahy, menudo como una fresa, de un color purpúreo, y endulzado con azúcar y farinha de agoa, procedente de la yuca.
Chauvet quiso interpelar al negrito, pero sólo se entendió con él por señas, pues no le comprendía; entonces y después de saborear la rica fruta y el brasileño assahy, se tendió en la hamaca y en breve dormía profundamente.
Al despertar tuvo un deslumbramiento: creyó que soñaba; pero los rayos del sol que se deslizaban por entre las hojas, el aire juguetón y fresco de la mañana hermosísima, los gorjeos y arrullos de las avecillas y los olores sin rival de aquella naturaleza sosegada poco antes, y que al sentir el beso matutino del astro rey de la creación, correspondía con todos sus halagos, con sonrisas de amorosa voluptuosidad, con armonías de imposible descripción, mezclándolas al suavísimo rumor de las aguas que en el Amazonas son tan mansas que apenas rizan la superficie; todo el conjunto hizo convencer al explorador francés de que realmente estaba despierto.
Se incorporó en la hamaca, pero no vió en torno suyo sino las guirnaldas que se entrelazaban, las rosas perfumando la habitación ó mejor cuadraría llamarla glorieta caprichosa, las guías verdes y lozanísimas, y el taburete rústico y sobre él servido un frugal desayuno.
Pero entonces había soñado. Al abrir los ojos le pareció haber visto una mujer, esbelta, joven, hermosa, que fijaba en él sus ojos negros, aterciopelados, soñadores. Todo lo que le sucedía era tan extraño, que su fantasía forjábase quimeras y creáúbase ideales que no podían llegar á ser realidad.
Armando salió de su nido campestre y pintoresco, y examinando el sitio y sus contornos, vió otros dos ó tres cobertizos floridos, formados por la vegetación.
Tomó por el sendero adelante y al llegar á las orillas del Amazonas vió una piragua cruzando el río, manejada por una mujer.
Era la misma: la que al despertar enajenó su pensamiento.
Cuánto más se acercaba la embarcación, más crecía su asombro.
La barquera vestía como las indias, pero el tipo era de pura raza portuguesa. Cabellera sedosa y negra, cutis tostado por el clima abrasador, pero fino y satinado, la mirada arrogante, como hecha á la vida de
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la naturaleza y á los peligros de los bosques, propios para robustecer la delicada y blanda condición de la mujer.
¿Y la boca? Se entreabría con una sonrisa adorable y burlona, sí, provocada por la expresión de sorpresa que el semblante de Armando traducía.
Atracó la piragua, y la desconocida, saltando en tierra con soltura, hija de la costumbre, tendió la mano 4 Chauvet, diciéndole en correcto francés:
— Por lo menos ha pensado V. que estaba en un palacio encantado.
— Y continúo creyéndolo — respondió Armando, sin ocultar su admiración.
— Pues todo es lo más natural del mundo: se lo explicaré 4 V. para convencerle.
En el largo paseo que dieron por aquella paradisíaca región, supo Chauvet que su salvadora era hija de acaudalados propietarios en Manaos, pero que una grave dolencia en la edad difícil que convierte á la niña en mujer, había hecho aconsejar largas estancias en el campo agreste y la vida en íntima unión con la naturaleza.
La salud recobrada por entero y después la costumbre y la afición cobrada por los bosques, por los ríos, por los paisajes grandiosos, habían hecho que la mayor parte del año viviera allí, unas veces con criados fieles, otras con sus padres gozosos y felices, viéndola alegre y saludable.
La casualidad la condujo al sitio donde Armando dormía, y comprendiendo los peligros de una noche en las selvas americanas, había concebido el pensamiento de salvarlo, y de acuerdo con su carácter soñador vistió con misteriosos matices la forma para efectuarlo. Conoció que era europeo y supuso fuese francés, puesto que la comisión científica había visitado Manaos y otros puntos del Brasil.
Acostumbrada á la vida en los bosques, familiarizada con la defensa precisa muchas veces en los comienzos de la noche ó en las madrugadas, cuando los pumas ó los tigres buscan ó6 abandonan los antros donde habitan, no la intimidó ver brillar la pistola en la mano de Armando, y un movimiento rápido la apartó de que la puntería la hiciese su víctima.
Las horas de aquel día fueron un relámpago para ambos jóvenes y tuvieron para Chauvet sorpresas inolvidables. María da Gloria, nombre de la hechicera portuguesa, tenía todas las audacias naturales en aquella existencia independiente y activa, todos los candores de un corazón ingenuo, todas las sensibilidades de la mujer, todas las vehemencias del
AMÉRICA EN FIN DE SIGLO 279
alma apasionada y ardiente, propia en aquellos parajes, donde el sol, el cielo, las brisas y la naturaleza en el completo de sus manifestaciones, encienden el espíritu con inefables voluptuosidades y lo arrullan con armonías embriagadoras.
Armando Chauvet, consagrado ¿ los estudios científicos que hasta entonces embargaron su mente, no había sentido el amor que María da Gloria le inspiró instantáneo, grande, potente, y tomó creces incomensurables durante los dos días que mediaron desde su encuentro hasta su embarque para Manaos, donde era probable estuvieran sus compañeros. María da Gloria tenía á su disposición no sólo varias montarias, sino otras embarcaciones: de éstas escogió dos para el viaje, y con Armando se embarcó para Manaos.
Los lagos, las islas, las corrientes de los ríos, las orillas que no hay pluma ni pincel capaz de reproducir, aumentaron la fascinación de Armando, y al llegar á Manaos no pensaba sino en abandonar carrera y porvenir para unirse 4 María.
Asombro produjo su llegada: la comisión científica creía perdido á Chauvet, devorado por las fieras, y se disponía á continuar sus exploraciones; pero al recobrarlo se opusieron al abandono meditado por Armando.
Pero si cumplió su deber, alejándose de Manaos, llevó en el corazón la imagen de María. Libre algunos meses después, volvió á reclamar una promesa, que llenaba su corazón de esperanzas y su mente de hermosas ilusiones.
Cuando Armando nos refería en París el novelesco suceso, miraba á su mujer con infinita ternura, y María da Gloria, hermosa á pesar de los veinte años transcurridos, sonreía, recordando sin duda con deleite el cobertizo cuajado de flores y follaje, el cielo luminoso, la luna que rielaba en el Amazonas, y el bosque umbrío donde se decidió su porvenir.
«CARMEN»
LA GRANJA
e ct td AAA AS delas
GRANDES INDUSTRIAS. — LA SULTANA DEL PLATA. — CRISIS.
LOS DOS RIVALES. — GRANDEZAS Y DECADENCIAS
SY Lon imponderables las elevaciones industriales alcanzadas en
y E : Mo América, de pocos años á hoy. En la República Argentina se han señalado tan ostensiblemente, que la industria es la co-
LSO lumna más sólida de su riqueza y preponderancia.
En una superficie de 1.125,086 millas cuadradas y con 5.000,000 de habitantes, que sucesivas inmigraciones aumentan de día en día, existen todavía extensas comarcas, donde la mano del industrial ha de tener ancho espacio para desenvolver ideas de magnitud asombrosa, creando establecimientos, como la Granja Carmen, situada en la riquísima provincia de Santa Fe, en la soberbia línea ferroviaria de aquel nombre, que transporta las doradas mieses y los ganados de aquella zona importantísima.
La Granja tiene la admirable extensión de doce leguas de campo colonizado en parte y en el resto consagrado á explotar las dehesas invernales de alfalfa, donde pueden pastar 30,000 cabezas de ganado; los campos de forraje, que dan cabida á 50,000 ovejas; los criaderos para raza caballar, mular, vacuna, ganado ovino y Otras razas. |
282 BARONESA DE WILSÓN
En grande escala se hace la fabricación de manteca, quesos y preparación de salazones y Carnes.
Ocúrrenos que la Granja Carmen es una de las demostraciones más prácticas y perfectas de la industria argentina y del grado superior á que ha llegado en la nación sultana del undoso Plata.
En las construcciones todas ha presidido un espíritu singular de acierto, una previsión en los detalles que no deja escapar el más pequeño en lo que se refiere á la vigilancia que ha de ejercerse para la marcha general del trabajo.
No estará de más presentar un cuadro general de lo que es y de lo que vale esa instalación modelo, que á juzgar por el bosquejo que nos sirve de base, está destinada á ser fuente de considerables rendimientos.
En el centro de una inmensa circunferencia,
4 vense instalados
AIN ds
la casa de resi-
dencia, el escritorio y habitación del mayordomo, la espaciosa cocina y panadería, dos almacenes y habitaciones de un capataz general, de un fiscal del trabajo, el depósito de carnes, la enfermería y comedor de peones, cuadra en servicio para los caballos de los dependientes, y cochera.
En el mismo recinto se encuentra el depósito de máquinas, la herrería, la carpintería, el almacén de fardos llenos de heno, el depósito de carros, el de agua, que surte á todas las instalaciones por medio de una verdadera red de cañerías. uN | Papa
Con rapidez y por medio de la comunicación eléctrica pueden darse órdenes desde las oficinas, ligadas entre sí por el mismo procedimiento.
Las instalaciones que mencionamos están ceñidas 6 rodeadas de un hermoso bosque que presenta galana perspectiva. Ocho alamedas des-
] |
P— AAA MISMA
AAA ASA A EEEAS A
AMÉRICA EN FIN DE SIGLO 283
embocan en un magnífico boulevard de circunvalación, orillado por corpulentos árboles y en el que hacen ejercicio los caballos.
Grandes galpones, diseminados en un área alambrada, encierran las ovejas, los bueyes, caballos y cerdos. Al frente de los alfalfares están los corrales y en ellos los establos para bueyes de trabajo, casa para el capataz, dormitorio de peones y depósito de todo lo que precisa la labranza.
En el abrevadero, que tiene 100 metros de largo, hay agua abundante de noria, la que rinde 5,000 litros de agua por hora.
Todo está previsto, todo calculado: los abrevaderos en diversos lugares, los puntos de abrigo para el ganado en caso de tempestad, las máquinas de gran fuerza, el servicio activo para el cuidado de tan numerosas instalaciones, la dirección atinadísima é infatigable, la esplendidez conciliada con la economía, un conjunto de laboriosidad sin el abrumamiento del trabajo, sino hasta su límite natural.
Tal era la riente perspectiva de la Granja Carmen en 1894.
Formidables sacudidas financieras ha sufrido la República Argentina en largo espacio de tiempo, y á no ser por la robustez de aquel gran todo, hubieran sido más desastrosas las consecuencias. Serios temores y alarmas por extremo fundadas, sembraron el pánico en las esferas comerciales, en la alta banca y en los centros industriales, y la paralización lógica ha puesto la nación más de una vez á la boca del abismo.
Y sin embargo y contra viento y marea, ha seguido por el ancho camino de engrandecimiento material y de ornato público.
¡Qué hermosos edificios levantados sobre los cimientos de aquellos vetustos de la primitiva ciudad! ¡qué vida y movimiento en las calles, plazas y paseos! ¡qué lujosa, brillante concurrencia en los teatros! Se diría que la nación nadaba en la abundancia y no empañaba los horizontes la nube más insignificante; pero profundizando en ese florecimiento rápido é incesante, veríamos la llaga abierta, el cáncer que corroe y tiene hondas raíces en ese país, gobernado por el sistema federal, si bien sea éste más bien externo que interno con ribetes de cen-
tralismo y, lo que es peor, presente en algunas provincias ese carácter
284 BARONESA DE WILSON
de caudillaje, de caciquismo tan funesto en los resultados ó por lo menos manantial de motines, de constante perjudicial desequilibrio, rémora para la marcha democrática, franca y libre de la República, y veto censurable para la elección de gobernantes.
En la nación argentina, como en todas las
potencias del universo,
la preponderancia mer-
La ADUuaANa Los LECHEROS
cantil está cimentada en el crédito nacional, que es como garantía de las transacciones entre los industriales europeos y los grandes centros productores, afianzando de eslabón en eslabón, hasta el honrado y modesto comerciante que tiene su centro de acción en círculo reducidísimo.
La crisis sigue latente y el malestar se cubre con talco y oropel, esperando la solución más ó menos lejana que la nueva administración inicie y lleve ¿d término después de tantos años que los gobiernos señalan derroteros escabrosos y vías difíciles, que no conducen sino 4 extraviadas y estériles fronteras, cuando tan cerca, á su alcance las tiene fecundas en prosperidades.
Por la renuncia del Dr. Sáenz Peña ocupó la presidencia el doctor J. M. Uriburu, y entonces se despertaron lisonjeras esperanzas, porque ya desde 1862 se le conocía como hombre político propagandista y partidario de la idea nacionalista, apoyada y defendida por el ilustre general Mitre.
La guerra con el Paraguay y la presidencia del Dr. M. Paz lo llevaron al Ministerio de Jus-
ticia, y en su desempeño
y en los cargos de Di-
CaBiLDO Y PoLicía La Apuana. Vista por el río
rector en las oficinas de tierra de Provincia y Juez federal de Salta, extendió su prestigio, consclidado en la carrera diplomática, siendo ministro en Bolivia y más tarde en el Perú. Sus aptitudes jurídicas y su actividad no fallaron en el Congreso americanista reunido en Lima en 1878; en aquel torneo de hombres ilustrados, como lo eran el peruano Dr. Arenas, el ecuatoriano
Ma ci dida. A AE AS a AA a a
AMÉRICA EN FIN DE SIGLO 285
Miguel Riofrío y el sagaz chileno Godoy, alcanzó el Dr. Uriburu justa nombradía por su ilustración y patriotismo.
Por aquel entonces hubo en la vida del ministro argentino un paréntesis poético, un episodio extraño á la política y á las lides parlamentarias.
El Cónsul general de república hermana, tenía una hija bellísima, gallarda como la palmera, donosa, adornada con todas las gracias de la juventud, con ricos dones de inteligencia, corazón de artista y alma apasionada. Al verse, se comprendieron, é identificándose, se amaron. La gentil limeña no tardó en ser la luz, el astro radiante en el hogar del austero diplomático: al darle su mano enlazó con él sus aspiraciones de mujer y de amante.
Estaba en Chile el Dr. Uriburu como ministro argentino cuando la nefanda revolución derrocó al presidente Balmaceda, obligándole á refugiarse en la legación del Plata, poniéndose bajo la salvaguardia de su bandera y de la caballeresca lealtad del plenipotenciario.
El suicidio del ilustre estadista chileno, no
dió lugar á que en un conflicto se aquilatara
aquella hidalguía.
J: M. UriBuRU
A poco fué á ocupar la Vicepresidencia de la República y después la suprema magistratura de
Presidente de la República
la nación, deslizándose el período legal entre financieras luchas y €sfuerzos sobrehumanos para salvar la difícil situación.
¿Será el general Roca, según se afirma, el sucesor de Uriburu?
La entidad política 4 que aludimos, ha demostrado en ocasiones varias, su alta suficiencia en el mando, y aunque parcos en elogios, creemos que la elección del general Roca será favorable para las arduas circunstancias en que se encuentra el país. No abrigamos la fatua pretensión de ser profetas, pero como continúan sin resolver problemas de capital trascendencia, en el zozobroso estado actual, ha de creerse que un gobierno nuevo tenderá con todo su patriótico interés á conjurar la tormenta, aunque para conseguirlo apele á un remedio heroico y radical.
La depreciación del papel moneda constituye un malestar general gravísimo, y el alza al cotizarse el oro ha sido presagio funesto desde hace más de tres años.
Las situaciones anormales que se prolongan y establecen una mar-
286 BARONESA DE WILSON
cha vacilante y sin rumbo fijo, han de tener siempre deplorable resultado
principalmente para el comercio, la industria y el crédito exterior; por
lo demás, hay una elevada cuestión moral que reclama todos los bríos y
gran suma de abnegación cívica
en los gobernantes para realizar esa transformación feliz, ese cambio de situación que en un país lleno de recursos, puede
llevarse á cabo.
Las empresas bancarias son
Banco Británico DE La AMÉRICA DEL SUR muchas en Buenos Aires E han
apoyado con loable empeño la
deseada solución. Entre los principales Bancos, recordamos el Nacional,
el del Comercio, el importantísimo de la Provincia; el Británico de la América del Sur; el Español del Río de la Plata; la sucursal del de Sabadell, el de Italia y otros muchos sólidos que disfrutan gran crédito en el mundo financlero.
Buenos Aires tiene paseos hermosísimos; construcciones modernas, verdaderos palacios como son el de Gobierno, tal vez el de mayores proporciones en América; la Bolsa del Comercio '; la Suprema Corte, con arquitectónico aspecto; la Prefectura Marítima; el Palacio del Congreso y el de Justicia.
En los santuarios religiosos resalta la catedral que recuerda la iglesia de la Magdalena, en París. Como vigente la libertad de cultos, hay templos protestantes, alemán, es-
cocés y otros, sin exceptuar los masónicos.
Banco EspAÑñoL DEL Rio DE LA PLATA
Grandes y hermosos hospitales; asilos; sociedades de beneficencia y
' Por carecer de fotografías buenas para el grabado, no hemos reproducido varios de estos
edificios.
AMÉRICA EN FIN DE SIGLO 987
literarias á maravilla instaladas; magníficos mercados surtidísimos; mo-
numentos que inmortalizan la memoria de primer orden, parques y sitios de recreo como El Tigre, y poéticos pueblos, cortesanos de la lujosa sultana del Plata, la metrópoli federal; el centro de los negocios; el ateneo de los poetas, de numerosa cohorte de escritores, de artistas, de científicos, de pensadores célebres, de eximios políticos y de hombres descollantes en todas las esferas. La ciudad es un hervidero de luces;
un foco de manifestaciones reveladoras
de patricios insignes; teatros
La CATEDRAL
del espíritu de empresa que allí domina; un animado palenque donde
late el corazón de toda la república.
Hay en sus creaciones mucho de esa actividad iniciadora de los Es-
tados Unidos, y un ejemplo palpable es la ciudad «La Plata», que no
cuenta veinte años desde su fundación y ha crecido como la espuma, do-
tada con todas las condiciones de una ciudad modelo, bajo el punto de
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SucursAaLn DeL Banco SaBaneLL. — Buenos Aires
vista de la estética, de los adelantos y conocimientos que garantizan la salubridad pública, la cómoda instalación, dando gozo á la vista las avenidas hermosas, los edificios colosales, la majestuosa perspectiva de parques y paseos y la animación que produce el tráfico de una gran población.
La locomotora impone
su fuerza y enlaza ciudades y provincias, borra las fronteras, lleva del
suelo argentino al chileno las seguridades de que los intereses mutuos y
288 BARONESA DE WILSON
la mancomunidad mercantil y agrícola, harán más inquebrantables los lazos fraternales que deben unir las dos repúblicas más adelantadas en aquella extensísima región americana.
Las dificultades se han vencido y el ferrocarril trasandino es un hecho portentoso consumado por dos grandes pueblos. Las cordilleras inaccesibles, las asperezas intransitables, las rocas de altura gigantesca, las frondosidades no holladas jamás, se han allanado, perforado y escalado, para el paso del tren, y el vapor, uno de los descubrimientos más admirables, ingeniosos y útiles del siglo x1x levanta sus cenicientos penachos, sus espirales plateadas, sobre los copudos centenarios árboles coetáneos de las generaciones primitivas, y sobreponiéndose á todos los riesgos y dificultades, transmite de una nación á otra nación el potente empuje del progreso, identificándose ambas en la noble tarea del fomento intelectual, moral y material en sus formas distintas, en el constante desarrollo de la humanidad, que obedece á la ley soberana de la civilización.
Como es exuberante la naturaleza, como en América se excede á sí misma, como se desborda con magnificencia incomparable, así también los cerebros arden, acumulan tesoros de ideas y en fantástico torbellino las siembran y hacen fructíferas con vertiginosa prontitud.
Una de las líneas que mayores ventajas ha tenido para la república, es la del Central Argentino, pues á su influencia débese el mejoramiento de pueblos y aldeas y el cultivo de comarcas antes desiertas é incultas, recorriendo en sucesivas etapas, desde 1863 á 1892, un trayecto de 746 millas aumentado ya por nuevas prolongaciones.
Ricas y populosas ciudades se encuentran en la línea central, y los productos abundantes tienen fácil transporte para los puntos lejanos y para la arteria capital.
El ferrocarril «Buenos Aires al Pacífico», el «Central Córdoba» y otras importantísimas líneas que tienen asiento en Buenos Aires, facilitan rápidos viajes con Europa, desde los más apartados territorios.
El río de la Plata, donde á merced de las brisas flotan orgullosas las banderas de todas las naciones, tiene al frente de Buenos Aires ocho leguas de anchura y es d veces peligroso por los arrecifes y bancos de arena y por la tumultuosa soberbia de las olas, encrespadas por el pampero, que sopla con violencia indescriptible.
El hermoso motor fluvial es la vida de la República argentina; es la vena más rica, exportativa é importativa; es el cimiento de su grandeza
y poderío.
A A AN
A NA AA AS A SN e A a O A A ii A A Ne E id
O e dl
AMÉRICA EN FIN DE SIGLO 989
Después del Plata, es el Pilcomayo, otro de los que tienen su primacía lógica porque establece la comunicación entre los puertos del gran río y Potosí en una navegación de 260 leguas, contadas desde su origen hasta el Paraguay.
Gran analogía existe y se observa en la manera de ser, legislativamente hablando, al estudiar la confederación del Río de la Plata y la República oriental del Uruguay, tan vecina y civilizada, tan semejante en producciones y tan unidas por gloriosos antecedentes y por los propios influjos del río de la Plata que refleja en sus aguas ambas capitales; la gentil Montevideo y la hermosa Buenos Aires, que cuenta
370,000 habitantes, de origen universal por la numerosa inmigración.
En las grandezas y decadencias por que alternativamente ha pasado la República argentina, debido en parte á los trastornos políticos y también tal vez á su deseo febril de crecimiento; en sus frecuentes alteraciones, hay algo muy notable, que demuestra el vigor y vitalidad que encierra, los recursos que desentraña y Crea; que jamás ha quedado estacionada en su cultura, en su empuje comercial, momentáneamente paralizado, ni en sus proyectos para lucrativas empresas. El movimiento ha continuado, y entre luz y sombras, con mayor 6 menor rapidez, ha seguido siempre por escala ascendente, ensanchándose más y más cada día en grandes proporciones.
En el Panteón de los Inmortales se ven grabados los nombres de ilustres patricios, de estadistas y sabios que han consagrado sus talentos ó sus aptitudes militares al lustre de la patria.
Entre los monumentos que á esos hombres ha levantado el amor nacional, yérguese el de Belgrano, uno de aquellos seres que, afortunadísimo, hizo valiosos servicios á su país, y á quien los reveses y la adversidad condenaron al desprestigio é injusta impopularidad, cambiada á poco en entusiasta admiración por el tipo caballeresco, noble, bizarro, indómito y perseverante, no menos grande en la cúspide gloriosa de Tucumán y Salta, que en la majestad del infortunio.
El porteño insigne que escribió las primeras páginas de la historia argentina, conquistó un culto inalterable que sólo rinden los pueblos al genio y al heroísmo.
290 BARONESA DE WILSON
No; nada falta en la tierra argentina para lucir en su pasado desde que fué nación independiente, hasta ahora que todo lo ha vencido con su extraordinaria predilección por el trabajo; por sus transformaciones imponderables; por la suficiencia de sus hombres; por sus investigaciones en pro de nuevas ideas prácticas que se han desarrollado en el Chaco, en conquistas protectoras, benéficas y civilizadoras.
Que el general Roca, si de nuevo sube al estrado presidencial, emplee su clara inteligencia y su profunda ilustración en arraigar soluciones que sean fiel intérprete de las esperanzas de sus conciudadanos, y la patria argentina llegará á la cumbre más alta que merecen sus esfuerzos, sus adelantos y el fabuloso valor adquirido por la propiedad y esto en un espacio de tiempo relativamente muy corto.
Así pues, no queda gran cosa que hacer cuando la fe, la voluntad y
todos los elementos ayudan y protegen.
A E ia A e a ci cid q. A a A a a id
EAT A A UA
CAPÍTULO XX
FOTOGRAFÍAS PARAGUAYAS. — BONANZAS EN EXPECTATIVA.
HISTORIAS DE HOY Y REFLEJOS DE MAÑANA.
A E o)
¿1 Paraguay, que se extiende en una área de 91,970 millas
cuadradas, tiene, á pesar de la guerra de 1864 con las naciones del Plata y del Brasil, 475,000 habitantes, generación nueva, robusta y heredera de esa bravura que hizo se fijaran en aquel país la atención universal y las simpatías de todas las potencias.
Encerrado en límites estrechos, entre el histórico Paraná y el caudaloso Paraguay, con un clima sano y ajeno á todas las enfermedades endémicas en la mayoría de las costas americanas.
En el Paraguay, salvo cometiendo excesos alcohólicos ó abusando demasiado de las viandas de cerdo, muy usadas en el país, la salud del europeo se robustece, vive feliz en aquel país delicioso, fértil, primaveral y abundante.
El territorio es pintoresco, con hermosos lagos, anchos y caudalosos ríos, sierras vestidas con fresca y eterna vegetación y bosques vírgenes donde tienen guarida los pumas, los tigres, el jabalí, el gato montés, el ciervo y gran variedad de carayás y titís.
294. BARONESA DE WILSON
reconstruyeron la nación bajo los principios de libertad en todas las esferas y de tolerancia religiosa.
El general Bernardino Caballero fué, como presidente, el hélice primordial en la nueva marcha del país; y el general Escobar, después con su honradez, prudencia y buen tino, avanzó por la senda ya iniciada, impulsando la industria que yacía agobiada por completa parálisis, protegiendo la agricultura, fomentando la inmigración y apoyando la idea de explotar extensas comarcas, destinadas á un futuro prodigioso y útil. Otras entidades, al empuñar con mano fuerte y enérgica el cetro del mandatario, han llevado más lejos el propósito noble y civilizador; han aumentado las fuerzas morales, materiales é intelectuales y la grande obra sube y sube cada día más alta, tocándose los resultados y las ventajas de las escuelas creadas para la enseñanza primaria y superior; de los establecimientos públicos que aumentan el valor de la propiedad; de la prolongación de la línea que de la capital va hasta la República Argentina, en contacto también por los vapores que semanalmente hacen la travesía de Buenos Aires á la Ásun-
ción del Paraguay.
El aumento de población ha sido consecuencia lógica, en la situación relativamente
GENERAL EGUZQUIZA Presidente de la República próspera, con el auxiliar del clima y de la pro-
tección que prestan los gobiernos.
Todo concurre al éxito apetecido. El ferrocarril hasta Villa Rica ha sido otro elemento en provecho público, pues que facilita el transporte, ya menos penoso merced á la reparación de carreteras y caminos vecinales y á las obras de puentes que el Gobierno ha emprendido, creando recursos y empleándolos con sabia parquedad.
En la capital no se descuida el ornato público: el palacio, las calles cruzadas por tranvías y los Bancos prestan aspecto moderno y embellecen la ciudad.
Las sociedades bancarias son: el Nacional, el del Comercio, el Territorial, el Agrícola y el del Paraguay y Río de la Plata.
Con pensamiento altísimo se ha creado la Universidad de la Asun-
AMÉRICA EN FIN DE SIGLO 295
ción, donde pueden adquirir desarrollo las facultades del hombre en las carreras de leyes, medicina y ciencias, ejerciendo noble influencia en la cultura del pueblo, educando sus aptitudes intelectuales.
Un país agrícola, inmejorablemente enlazado entre dos ríos como el Paraná y el Paraguay, ambos navegables en gran extensión y con inmensos terrenos solitarios, agrestes, despoblados, pide el arado del labrador, colonos laboriosos que transformen en granjas, en aldeas y en ciudades, los campos desiertos: que exploten las ricas vetas, buscándolas en el corazón de las rocas, que pidan el fruto del trabajo á la tierra pródiga, y en alianza inquebrantable se identifiquen con el risueño país que desenvuelve su industria y su comercio, á la bienhechora sombra de sus principios liberales.
El puerto de la Asunción es cómodo, abrigado y seguro, y la ciudad, recostada en la pendiente de las colinas, despierta impresiones gratas, serenas, dulcísimas. Al pie ondula el hermoso Paraguay surcado por grandes vapores. También se deslizan por la ancha superficie, balsas y lanchones cargados de ganado vacuno que las dehesas, fertilizadas por el Apa y el Aquidaban, nutren y erían con saludable robustez.
Ha celebrado el Paraguay tratados de comercio y fraternal amistad con las naciones extranjeras, y numeroso cuerpo diplomático y consular mantiene las buenas relaciones internacionales y disfruta en la capital paraguaya, de todas las prerrogativas que son propias en naciones cultas y sensatas.
Mucha parte ha tenido en la conclusión de esos tratados un hombre notable por su acertado criterio diplomático, por su talento y profundos conocimientos en el derecho internacional.
J. 5. Decoud, ministro de Relaciones Exteriores en diversos períodos presidenciales, es una entidad política á la cual debe la patria servicios inapreciables: posee indiscutible buen sentido práctico, elocuencia y energías de trascendental resultado: siempre en la brecha, cuando las
296 BARONESA DE WILSON
circunstancias lo han requerido, y feliz en las gestiones, para arreglos de la deuda exterior 6 en los combates parlamentarios, ha conquistado esa consideración general, que logran la rectitud de principios y el
austero cumplimiento del deber. Por el presente, es el general J. B. Egusquiza el jefe de la nación
paraguaya, desde la caída de González, depuesto sin sangre y sin lucha por los años 1893 á 94.
Comandante militar de varios departamentos, ministro de la Guerra, personalidad inteligente y naturaleza valerosa, son bases para que el general Egusquiza tenga en la historia política del Paraguay y en este fin de siglo, un puesto honroso y deje recuerdo agradable en la serena esfera de la razón y del progreso.
Ha llegado el día venturoso en que las ideas tienen anchísimo campo de acción y buscan pedestal y apoyo en las manifestaciones prácticas, extrañas por completo al choque siniestro de las armas y á los alardes SUCrTreros.
Todos los pueblos lo desean para su crédito y riqueza; todos los Gobiernos han de secundarlos en el filantrópico, pacífico y provechoso
pensamiento. Concluiremos con dos palabras de un político insigne, gloria del
mundo americano: «La sangre hace surcos de odios: con ellos se embrutecen los pueblos.
La palabra consigna una doctrina y la establece rápidamente espar-
ciendo la luz y el bienestar. »
ÚLTIMOS BOSQUEJOS. — MATICES ALEGRES Y DETALLES SOMBRÍOS.
EL URUGUAY. — EN LAS MINAS. — AMÉRICA EN FIN DE SIGLO
DEMOS llegado al final de la jornada, larga y superior á nues-
tras fuerzas; y como el viajero que tras prolongada agitación
| el reposo para el espíritu, y nos regocijamos con la idea de conseguirlo.
Hay entre el cansancio moral y la nerviosa febril impaciencia de llegar al término del trabajo emprendido, una tregua momentánea que presta nuevo impulso para salvar la corta distancia que nos separa de la cumbre apetecida; de la pura región donde soñáramos ver realizadas nuestras aspiraciones; la completa encarnación de nuestros ideales, que han tomado forma y se destacan en amplios horizontes, convirtiéndose en algo que llena los espacios vacíos dentro del molde que elaborara el cerebro, con las tendencias que en el orden moral, social y material habían de enlazarse y confundirse en el pensamiento fundamental, con la idea intuitiva, incolora en un principio y que por grados fué adquiriendo luz y matices, hasta ponerse en contacto con el mundo práctico y realista, en valeroso arranque de la voluntad.
Corta es ya la tarea que aun nos falta para completar el incorrecto
298 BARONESA DE WILSON
cuadro que á grandes rasgos ideamos trazar, y que si no responde en un todo al noble propósito que le dió vida, culpa será de nuestra insuficiencia que no alcance á reproducir con fonográfica exactitud, lo que la mente abarca, lo que la mirada contempla, lo que el estudio enseña y
aquilata.
Jamás hemos visto sociedades tan semejantes en su movimiento universal, ni pueblos que acumulen principios tan espontáneos y dispuestos á la asimilación del espíritu moderno, como las nacionalidades americanas, que si pecan por la tendencia revoltosa y apremian con la guerra civil, se dejan llevar en lo general por una idea esencialmente democrática, mal entendida á
veces, y que no
tiene la necesaria
CASA DE GOBIERNO madurez para
plantearse paso á
paso y abdicando la efervescente demostración de fuerza en favor de pacíficas soluciones.
En Guatemala apélase á las armas, menguando el principio de progreso y de lucha parlamentaria. En el Brasil agítanse las fuerzas del Gobierno contra las imponentes de los fanáticos. En algunas Repúblicas, y como quien dice á última hora, hay alboradas de rebelión y en otras se llega al crimen, al asesinato, para conseguir fines que traen aparejados irremediables desórdenes, paralización é intranquilidad pública. No ha mucho que el presidente de la República Oriental del Uruguay, Idiarte Borda, fué víctima de una mano agresiva, y en la expansión de alegre fiesta nacional perdió la vida, tornándose el festejo en duelo, cubriéndose las banderas y gallardetes vistosos, con negros, fúnebres crespones.
AMÉRICA EN FIN DE SIGLO 299
Creemos que el atentado se cometió del 25 al 26 de Agosto de 1897. La pasión política, el espíritu de partido que hace algún tiempo luchaba contra el Gobierno en el Uruguay, ha dado el funesto resultado señalado, cuando en Marzo de 1898 expiraba el período presidencial. Su muerte no ha hecho sino aumentar las dificultades de la situación por lo inesperada y porque ella puede hacer más desventajoso el estado de la República, aniquilada y empobrecida por la inseguridad política, por. la anemia comercial, por la tristísima perspectiva económica de la nación.
En el último mensaje presidencial con que el presidente Borda inició las sesiones de la Asamblea, ya se adivinaba algo gravísimo en muchas omisiones hechas que eran de alto interés para el país, y llamaron la atención y fueron señaladas por la prensa; relacionábanse aquéllas con la deuda brasileña, con las tarifas, con las contribuciones sobre artículos de primera necesidad.
Cerníasela tormenta; en todas las esferas había malestar, inquie-
tudes y hasta ren-
cores. Diariamente IDA abandonaban el país, emigraban 4 Buenos Aires ó salían para Europa, hombres importantes, y desde allí lanzaban con la voz potente de la prensa su grito de alarma, su patriótico anatema. Hacíase imposible la unión de los dos partidos principales que imperan en el Uruguay, el blanco y el colorado. La riqueza nacional disminuía. La decadencia de la notable región uruguaya era un hecho, en toda la faz social, bajo el punto de vista financiero, económico y práctico: todas las clases estaban abrumadas por la Deuda pública, que al no tener razón de ser en obras que redundasen en pro del país, ni en mejoras necesarias, agobiaba á la República, retraía su adelanto, hundiéndola en un mar de alternativas y de males sin próxima reparacion. La guerra civil puso el colmo á los desastres: corrió sangre; se enve-
300 BARONESA DE WILSON
nenaron las pasiones más y más, amenazando un desquiciamiento general; la avenencia se hizo dificilísima, imposible.
La muerte ha interpuesto su poderoso brazo, y ¿quién sabe si hiriendo á Idiarte Borda, habrá resuelto favorable 4 adversamente la cuestión? Dispútanse el mando las recientes agrupaciones de los dos partidos, y, por el pronto, dibújase la anárquica tiranía que sólo las virtudes cívicas pueden contrarrestar, asegurando el poder en manos de un ciudadano recto, experto, conciliador, que influya en la unión política y en la aglomeración de fuerzas y de sacrificios, que impone el amor patrio.
Si esto no sucede, la que era floreciente República se derrumbaría por un precipicio de incalculable profundidad.
Anotamos que la templanza será de imperiosa necesidad para curar emulaciones y antagonismos exaltados que, como chispa eléctrica, propagan el espíritu revolucionario y mantienen la excitación popular.
Los días serenos brillarán de nuevo en el lozano territorio que tantos merecimientos acopia para desearle indestructible bonanza en el círculo hermoso, donde se desarrollan sus grandes elementos.
El Uruguay, aun cuando la población ha tenido baja considerable en los últimos años, ó sea desde 1894, contará 650,000 habitantes aproximadamente en un área de 72,000 millas cuadradas, bajo un cielo bellísimo y puro, con benéfico clima, temperatura sin rival, brisas primaverales que no transmiten miasmas impuros, sino vivificante savia para el organismo humano. Los valles presentan seductor aspecto de frescura sin rival y perpetuo verdor, y el hinmo eterno de la naturaleza dispierta misteriosa gratitud por los favores de la creación.
En el Uruguay se trafica en grande con las miles y miles cabezas de ganado, que representan sumas cuantiosas, y vense cuajadas las praderas por centenares de reses que satisfacen su gula con los pastos abundosos y nutritivos, paciendo retozonas y apagando su sed en los arroyuelos y en los caudales del Uruguay ó del Plata.
¡Cal
Tiene el Uruguay un tipo singularísimo: el lancero. Describámosle. Moreno, arrogante, con la revuelta y larga cabellera tendida sobre la hercúlea espalda: vincha tradicional ciñe su frente, y cubre su cabeza con el sombrero redondo de alas anchas. Viste bombacho replegado
AB IIA ETT
J, IDIARTE BORDA
PRESIDENTE DE LA REPÚBLICA
AS os OS
AMÉRICA EN FIN DE SIGLO 301
hasta medio muslo, y luce el fornido brazo, desnudo desde el hombro. El poncho rojo se anuda á su cintura, y, sobre indómito corcel, agita en la potente mano la temible lanza que ha de hundirse en los pechos enemigos. ¡Guay del que á su paso pretenda detenerle! El lancero es el huracán. Hay en su organismo algo de fantástico, y salva las distancias con vertiginosa rapidez. Caballo y jinete parecen formar un solo cuerpo, y en alas de su valor, cae el lancero sobre el enemigo sin avalorar la superioridad de fuerzas ni medir el peligro. Se ceba, hiere, salta con su caballo sobre el moribundo, mata á otro, y sucumbe á su vez en la pelea. ¡Cuántas veces ha resuelto el éxito de un combate! ¡Cuántas el homérico campeón ha penetrado en las filas sembrando el espanto con su bizarría feroz, rompiendo las huestes, destrozándolas, y decidiendo la acción antes de romperse el fuego! Harto habían hecho con huir á la desbandada y defenderse
del lancero.
¡Qué hermosa
situación ocupa la capital del Uru- Carne 18 pr Junto guay!
Yérguese altiva á la entrada del soberbio río, que por el Paraná undoso y el hondo Paraguay, es navegable hasta confundirse con el legendario Amazonas; por la línea ferroviaria llega hasta la fuente del Uruguay, la comunicación de la capital con el interior.
En calles rectas y anchas levántanse casas y edificios suntuosos de moderna construcción como los que engalanan la calle 18 de Julio, que se extiende como vena principal de la población y la divide precisamente en los terrenos que ocupaban los puentes levadizos y la ciudadela en 1742.
Montevideo es una ciudad en donde impera el cosmopolitismo, y á esta circunstancia se debe la gran variedad que los edificios particulares
ofrecen.
302 BARONESA DE WILSON
La Bolsa, la Aduana, el Palacio del Gobierno y otras múltiples demostraciones del anhelo que ha presidido en los gobiernos para el ornato de la ciudad, la han transformado y convertido en bellísima capital.
Desde la Fortaleza, que tiene su base en el Cerro, se domina la perspectiva de aquella península con su conjunto de azoteas, recordándonos alvo 4 Cádiz, si bien no tengan semejanza las calles de Montevideo que, en perfecta simetría, bajan y rematan en el mar.
Aquí y allá sobresalen las elevadas torres de los templos mezclados con monumentales edificios, formando un todo de corte especialísimo con algo de orientalismo en el conjunto, en los celajes de su cielo, en los horizontes que un sol de fuego colora y enrojece, confundiéndose con el contraste ideal de los jardines y de las quintas, de los palmares y de las
verdes enrama-
das, que aumentan el atractivo irresistible.
Los vapores que en la segura bahía estacionan los hilos del telégrafo que forman red en to-
das direcciones;
el incesante movimiento de los
La BoLsA
muelles, acreditan que es un centro de brillante porvenir, como lo ha sido de iniciativas históricas para sí y para repúblicas hermanas; de sucesos de alta resonancia, de hidalga y generosa memoria; de arranques patrióticos; de protestas contra tiranías incalificables; de acción, como en su alianza con el Brasil para reducir á escombros el mando despótico de Rosas y hacer libre la navegación por el río Paraná. Orientales fueron también los que en 1889 anularon la palabra Imperio y dieron forma republicana al pueblo brasileño. Deodoro de Fonseca era uruguayo, nacido en las márgenes de Río Negro, no lejos del Rincón de los Tapes, fronterizo con el Brasil. En tierra oriental tuvieron origen sus opiniones democráticas, que, corriendo los
años, fraguaron el derrumbe de la única monarquía existente en América.
AMÉRICA EN FIN DE siGLÓ 303
Hay pueblos predestinados, y Montevideo es indiscutiblemente uno de ellos.
Todo se aduna: la bizarría natural, los antecedentes levantados, la feliz posición geográfica de su puerto, el primero en el Atlántico, favorable para la comunicación con el extranjero y no menos ventajoso por los ríos fáciles para la navegación y que enlazan á todo el continente colombino.
Su pasado glorioso; la emulación nobilísima que le arrastra siempre á distinguirse en Congresos y en cuestiones avanzadísimas de legislación universal; su positiva cultura y adelanto intelectual que hombres de talla como Elbio Fernández y José Pedro Varela alentaron con su clarísimo entendimiento, reformando la enseñanza pública en la nación uruguaya desde los promedios de este siglo; iniciando radicales transformaciones en las escuelas, y consiguiendo encauzar la instrucción pública para que alcanzara el notorio ensanche que ahora tiene, confirma la idea de que es un gran pueblo, con horizontes esplendorosos y con influencia política de trascendental ventaja, en la fraternidad de sus relaciones con las dos grandes potencias fronterizas, que disputáronse un día su posesión. ¿Quién sabe si en lo futuro las corrientes bonancibles acarreen un poderío real á que tiene derecho la República que, como colonia española, fué el baluarte en el Plata de la lejana patria? ¿Cómo puede adivinarse si estará llamado el Uruguay á combinaciones que le procuren sólido apogeo con los recursos propios y en comunidad con intereses que la experiencia hace considerar homogéneos?
Problema por demás arduo han de resolver los gobernantes ilustrados, sagaces y patriotas, y misión difícil le está encomendada á la prensa, numerosa y sensata, que en el Uruguay defiende intereses, proclama doctrinas, censura errores ó mina los abusos y los destruye con tesón.
Las colonias extranjeras tienen sus heraldos, tales como L'Ttalia, La España, la Union Francaise, The Montevideo Times, y Deutsche Zeitung, El Día, La Razón, La Tribuna Popular, La Época, La Nación, El Telégrafo Marítimo, El Pampero y otros diversos órganos políticos, militares, rurales y literarios, forman un grupo inteligente, activo y característico.
304 BARONESA DE WILSON
Núcleo de literatos refinadísimos, inspirados y de alta capacidad intelectual, es la República Oriental del Uruguay; ingenios espiritualistas y realistas, éstos en minúscula escala, porque el todo en América entraña idealidad, poesía y argumento para notables concepciones estéticas, más inclinadas al clasicismo romántico que al naturalismo desnudo, inarmónico y en pugna con el buen gusto artístico y con la delicadeza de sentimientos.
Hay realismo en la acción descriptiva, en los cuadros maravillosos de la naturaleza, en las costumbres, en los sucesos más humanos, pudiéramos decir, pero mantenidos en la noble esfera artística, poética y antirrepugnante ó repulsiva. Del idealismo empalagoso y exagerado al positivismo, que pone de manifiesto las úlceras cancerosas de la sociedad, las llagas abiertas por el vicio, la asquerosa podredumbre existente en todos los pueblos y herencia de siglos y siglos, hay un límite, una frontera, un término medio, con sombras y nieblas, con tempestades en el seno de la humanidad, con fotografías al natural, con negros nubarrones; pero en contraste consolador, dibuja auroras de espléndida luz, firmamentos de pureza inmaculada, mansos oleajes, sublimes destellos que refrescan y alegran el corazón.
Tal es á nuestro parecer el matiz de la literatura americana en general.
No pretendemos que aquellas sociedades rueden sobre un eje único y especial, no: siguiendo la ley universal, destácanse en ese mundo dolores y alegrías, hastíos y placeres, iguales desengaños, parecidas ilusiones, y por todas partes virtudes ó deslealtades, cortesanos ambiciosos que profanan la palabra honor, ya tan elástica, que apenas se distinguen los límites; políticos de buena fe con más ó menos conciencia, sirviendo hoy á los unos, adulando á los otros, cortesanos del sol que se levanta; hombres ilustres; necios con antifaz de sabios, encumbrándose á fuerza de arrastrarse; ingenios vegetando en el olvido y en la miseria; la virtud en la oscuridad, el vicio á la luz del día; usureros con careta de hombres de bien: comerciantes honrados ó estafadores con guante blanco; en tan inconcebible laberinto hay, como en el Viejo Mundo, gritos, carcajadas, sollozos y cantares; batallas en donde combaten hermanos contra her-
manos, y sublimes, generosas abnegaciones.
AMÉRICA EN FIN DE SIGLO 3009
La imaginación nos ha llevado lejos, muy lejos del círculo de nuestra acción, y retrocedemos para mencionar un manantial nuevo de riqueza, un horizonte deslumbrador para la República uruguaya.
En las famosas minas de « Corrales» ha surgido de la tierra fecunda, se ha revelado un filón, una veta, un criadero de oro fabulosamente rico, que promete crear fortunas pingiies, llamando á su seno especuladores, explotadores y mineros, ambiciosos de ganancia jamás soñada, puesto que una sola piedra ha producido cien yranos de oro.
Tal descubrimiento hace palidecer el celebradísimo de Alaska, en el Canadá, que al decir de periódicos y cartas, ha enriquecido en pocos meses á muchos de los que prácticos en minería acudieron á los campos auríferos, ya pródigos en más de dos millones de dollars.
En pocos meses ha tomado Dawson City carácter de población importante, y tal será también el resultado para el Uruguay en la ciudad más próxima de Corrales.
Por ahora en Dawson, se hacen los pagos en polvo de oro, y los víveres han subido 4 valor exorbitante. Los tesoros ya acumulados, las fortunas improvisadas dan la voz de ataque á los piratas chinos que prepáranse á correrías y á persecuciones renovadoras en los mares americanos, de las funestas, terribles escenas del siglo xv y xvut.
Felizmente en Corrales no estarán expuestos los mineros á los rigores del hambre, como sucederá en las regiones inhospitalarias de Klaudike, ni á las temibles consecuencias que el hielo y la nieve provocarán entre cinco ó seis mil hombres, mineros de todas las naciones, conducidos allí por la sed del oro y abrigando sentimientos más ó menos nobles ó gener OSOS.
Alaska fué teatro de una pasional aventura, que merece tomar puesto en las páginas de este libro.
Había llegado á San Miguel un vapor después de dos días de ansiedad pública, porque recios temporales acreditaban la idea de la pérdida del Portland,
306 BARONESA DE WILSON
La multitud ansiosa corría al puerto, se agolpaba en la orilla al circular la primera noticia de «buque á la vista», y con la mirada investigadora veíale avanzar lentamente, destacar en el horizonte su arboladura y por último entrar de lleno en el círculo al alcance de todos.
Era el Portland que muchos habían creído perdido; el conductor de compañeros esperados, el correo con noticias de la familia ausente y lejana; el mensajero de la patria, el portador de esperanzas futuras, de alientos cariñosos ó de decepciones amargas.
Con sombreros y pañuelos se demostraba el alborozo y dábasele la bienvenida.
Los grupos pugnaban por ocupar el primer puesto para no perder, al atracar el buque, las primeras y deseadas impresiones.
Algo rezagado había un hombre, triste é impaciente: no aguardaba á nadie, pero sí una carta, algunos renglones de su mujer amada: la nueva de que un retoño de su ser pertenecía al mundo y le aguardaba en risueña aldea de Alemania.
De pronto resonó una exclamación: un grito del minero melancólico respondió y echando á correr como un loco, enlazó en sus brazos 4 una mujer reción desembarcada. Tan apretado era el lazo, que atropellando á unos y ú otros, salieron ambos hasta el espacio más libre del gentío, mientras que enternecidas les seguían todas las miradas.
— ¡Juana, Juana! — exclamó el minero, — ¿y nuestro hijo?
— Lorenzo de mi alma, para traértelo he venido.
Detrás y á corta distancia les había acompañado una mujercita como de doce años, con una criatura en los brazos.
La ausencia penosa, el temor de que se prolongase la incertidumbre en que vivía, el nacimiento de un niño, tan deseado por Lorenzo, y el primero en cuatro años de matrimonio, fueron los móviles para que la valerosa alemana abandonara los tranquilos campos, la aldea pintoresca, el país nativo, y con su hermana, única familia que tenía, emprendiera el viaje á remoto país, pobre de recursos, pero rica de amor y de espe-
ranzas.
Hemos dicho la última palabra. Las minas nos sugieren el pensamiento postrero en este libro. El oro, la plata, las piedras preciosas enriquecen á la humanidad, le proporcionan el encumbramiento social. Los
AMÉRICA EN FIN DE SIGLO 307
metales con otros productos ponen la primera piedra en el apocalíptico edificio universal. Las artes, las ciencias, la cultura, la positiva grandeza de los pueblos son la obra del trabajo mental, de la experiencia, acumulada en el estudio de la historia, en la vida de sus inmortales, no menos que en aquella de sacrificios de los gobernantes modelo.
La constelación americana en los fines del siglo xix centellea con fulgores hermosos en el cielo de la ciencia política, del movimiento intelectual, de la sabiduría práctica y de justos legítimos alientos. Varios grandes proyectos trazados por hombres peritísimos y progresistas han de completar en el siglo xx el poderío del mundo de Colón, convirtiendo sus mares en prolongada arteria comercial; sus ríos y golfos en animado pórtico, en vestíbulo inmenso, donde los barcos universales se agiten en tumultuosa comercial actividad, importando y exportando, siendo germen de vida para los pueblos y heraldos del adelanto de sus campos y ciudades, que en fantástica competencia habrán escalado la cumbre del florecimiento, enmohecidas las armas y arrinconados los cañones.
Para nosotros, el ensueño ambicioso, el complemento de tales maravillas estriba en la unión sagrada de España con el Mundo de Colón, en el lazo más fuerte, más inquebrantable cada día de la nación descubridora, fundadora y civilizadora de aquellas tierras americanas, que ahora son naciones independientes, y que en el orden lógico han de sobreponerse á los pueblos más adelantados de Europa en el siglo xx.
o HA
DEDICATORIA TES
CARTA ABIERTA. -— Al lector. . . .
CaprítuLO 1. —Pinceladas. —Mi tercera excursión por América. — Puerto
Rico en la actualidad. — Una historia novela. — Campos y costas CarítULO 11. — Cuba. — Notas amargas. — La guerra. — Patriotismos CariruLo III. — La isla de Key West. — El húngaro Farenga Renyi.— Los Estados Unidos del Norte.— Costumbres. — El Niágara . . . . . CapítULO 1V. — Un país floreciente. — Páginas mexicanas. — El último emperador azteca. — El hoy y el mañana. . A O En CapriruLo V. — Los restos de Colón.— Errores históricos. — Crónicas dominicanas. — La primera universidad en el Nuevo Mundo. — Días alegres. CapiruLo VI. — Algo del pasado. — La república haitiana. — Dos hombres en relieve: conciencias blancas Y TOSÉETOS MOTOS y tn a Y CapíiruLO VII. — Minas y conflictos internacionales. — La Guayana. — La Guaira y Caracas. — El gaúcho venezolano. — Bagatelas CapiruLo VIMI. — Algo de todo. —
PÁGS,
Una carta 4 La Estrella de Panamá. — Detalles campesinos. — Los partidos y punto de partida. — Un pueIA A E SS CaprítULO IX. — Al pie del Momotombo. — Epístola nicaragúense. — El canal. — Fotograbados á pluma CaríTULO X. — Fragmentos. — Un viaje de recreo. — Revolución y evolución por telégrafo. — Política salvadoreña. — Un episodio realista . CaprítULO XI. — Entre selvas y riscos. — Tesoros de territorio. — Los indios. — El presente. ds CapítuLO XII. — La ciudad de los volcanes. — Programas presidenciales. — El cuerno de la abundancia. — Un DIO ON ercalano a e CarírtuLO XIII. — Cartagena. — Particularidades. —Ojeada histórica política. — Hoy y mañana. — Monseñor A RAN IS 7 CariruLo XIV. — Poderes ret y dictatoriales. — Espíritu asocia-
rógrados
tivo. — Indios, pájaros y reptiles. — Poderes progresistas. — Bonanzas . CapiTULO XV. — Ayer, hoy y mañana. — Miguel Grau. — Corrientes feATA Aa ado ie ajo
PÁGS»
CaríruLO XVI. — Lo que ha sido y lo que es. — Cuadros de oro y cuadros de sangre. — Obscuridades y esplen-
dores. AS E do CariírTuLO XVII. — Horizontes anchos. — Ruinas de antaño y progre: sos de ogaño. — Antigiúedades y actualidades. — Tiahuanaco: artes universales. — Recuerdos
CapiruLO XVIII. — Bases de pueblos nuevos. — Adelantos ficticios y progreso verdadero. — Producciones. — Un cuento de hadas