América en fin de siglo : actualidades, sucesos, apreciaciones, semblanzas, datos históricos · Unidad 122 de 173
Unidad 122 · AMÉRICA EN FIN DE SIGLO 217
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AMÉRICA EN FIN DE SIGLO 217
y limpiar los fondos: por ahora no hay que pensar en ello; ya veremos más adelante. ?!
— Con usted va la victoria.
— Y si nos abandona, moriremos, repuso con espartano estoicismo, y se alejó de nosotros sonriéndose.
Con tales propósitos y en completa abnegación de sí mismo, lanzóse Grau al mar.
Aquel gran carácter no avaloraba las desventajas, sino la angustiosa situación del país que á su acierto y arrojo había confiado las operaciones navales de las que tal vez surgiera la salvación del Perú.
El viaje resultó una epopeya homérica de gigantesco recuerdo, en la que el bravo contralmirante prodigó cuanto en su ser había de entusiasmos heroicos que triplicaban los medios de acción puestos á su alcance.
Aun refléjanse en las olas que se estrellan en las costas de Iquique y en los peñascos de Antofagasta, la sombra del monitor sosteniendo reñidos combates con los blindados chilenos, cubriéndose de gloria en cada encuentro, y despertando la admiración general.
Consígnanse en los anales de la campaña naval, dos fechas esplendorosas. Una, el 21 de Mayo de 1879: la segunda, el 8 de Octubre del mismo año. En ambas fué pedestal de gloria la cubierta de El Huascar: para Arturo Prat, primero: después para Miguel Grau.
El hielo del sepulcro extingue los enconos más arraigados, y en cambio agiganta y purifica los acontecimientos. transmitiéndolos á la posteridad.
Todavía, y al cabo de diez y siete años, están latentes las memorias de aquellos heroísmos, como también vive en muchos corazones la gratitud por la clemencia de Grau, demostrada en múltiples circunstancias.
Cítanse rasgos admirables, y entre otros el que se refiere al buque chileno Matías Cousiño. Hallábase éste á la merced del marino ilustre, y estaba en su mano echarlo á pique; pero antes previno al capitán noblemente, aconsejándole salvara en botes á la tripulación; hidalgo y humanitario comportamiento, mencionado en los periódicos de Chile, sin embargo de estar á la sazón, en los comienzos de la guerra, cuando los ánimos estaban rebosando rencores que amortiguan todo sentimiento justiciero.
No pocas veces empeñó batalla contra los fuertes y baterías de puer-
1 Histórico.
218 BARONESA DE WILSON
tos enemigos, pero jamás permitió se causara estrago en poblaciones indefensas, no empañando con órdenes ni actos arbitrarios su inmaculada gloria.
En su triunfal carrera regístranse notables episodios, todos en honor suyo.
Era preciso que el postrer detalle de su vida fuera el más culminante, el más hermoso florón en los anales de la patria, y cometeríamos verdadera profanación suprimiendo algo del suceso que abrió al gran marino las puertas de la inmortalidad. Por eso á grandes rasgos lo evocamos, rindiendo á la vez justo homenaje á la memoria del Churruca peruano.
Batiéndose sin tregua, y luchando á la vez que con los hombres, con los elementos, pues recios temporales pusieron más de una vez en peligro al monitor, recorrió Grau los mares y costas de Chile en son de guerra, haciendo presas, penetrando en puertos, cumpliendo con su plan de operaciones y dando señaladísimas muestras de su pericia y valentía.
Y tornaba de aquella expedición habilísimamente llevada á término, cuando por la proa de El Huascar aparecieron tres barcos enemigos: Ll Blanco Encalada, La Covadonga y El Matías Cousiño.
El criterio maduro y reflexivo de Grau, le aconsejó burlar á sus contrarios, y variando su rumbo y ganando terreno, logró su propósito.
Por breve tiempo navegó el monitor sin peligro, pero de repente presentóse á su vista la segunda división de la escuadra chilena: El Cochrane, El O Higgins y El Loxa.
Retroceder era imposible; avanzar, tampoco. Por el Sur y por el Norte le estaba cerrado el paso.
Había llegado la hora del sacrificio; el momento supremo.
Era preciso se salvase La Unión, que navegaba al costado del monitor, y Grau ordenó que se alejara, confiando en sus buenas condiciones de marcha.
Quedóse, pues, solo El Huascar, contra toda la escuadra. Afírmase que Grau hubiera podido intentar á su vez la huída; pero, 4 no dudarlo, su carácter caballeresco rechazó tal probabilidad.
El inició el combate; la batalla encarnizada; el duelo á muerte. El disparó el primer cañonazo. Los inmensos espacios del mar repercutieron el ronco estallido de las bombas y de la metralla.
Aquel espíritu varonil, ni se arredró, ni pudo conformarse con la defensiva; con su arrojo de león peleó, embistió, y uno contra todos, acre-
centó sus bríos, y el alma intrépida y generosa hubiera deseado desapa-