América en fin de siglo : actualidades, sucesos, apreciaciones, semblanzas, datos históricos · Unidad 158 de 173

Unidad 158 · 278 BARONESA DE WILSON

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278 BARONESA DE WILSON

la naturaleza y á los peligros de los bosques, propios para robustecer la delicada y blanda condición de la mujer.

¿Y la boca? Se entreabría con una sonrisa adorable y burlona, sí, provocada por la expresión de sorpresa que el semblante de Armando traducía.

Atracó la piragua, y la desconocida, saltando en tierra con soltura, hija de la costumbre, tendió la mano 4 Chauvet, diciéndole en correcto francés:

— Por lo menos ha pensado V. que estaba en un palacio encantado.

— Y continúo creyéndolo — respondió Armando, sin ocultar su admiración.

— Pues todo es lo más natural del mundo: se lo explicaré 4 V. para convencerle.

En el largo paseo que dieron por aquella paradisíaca región, supo Chauvet que su salvadora era hija de acaudalados propietarios en Manaos, pero que una grave dolencia en la edad difícil que convierte á la niña en mujer, había hecho aconsejar largas estancias en el campo agreste y la vida en íntima unión con la naturaleza.

La salud recobrada por entero y después la costumbre y la afición cobrada por los bosques, por los ríos, por los paisajes grandiosos, habían hecho que la mayor parte del año viviera allí, unas veces con criados fieles, otras con sus padres gozosos y felices, viéndola alegre y saludable.

La casualidad la condujo al sitio donde Armando dormía, y comprendiendo los peligros de una noche en las selvas americanas, había concebido el pensamiento de salvarlo, y de acuerdo con su carácter soñador vistió con misteriosos matices la forma para efectuarlo. Conoció que era europeo y supuso fuese francés, puesto que la comisión científica había visitado Manaos y otros puntos del Brasil.

Acostumbrada á la vida en los bosques, familiarizada con la defensa precisa muchas veces en los comienzos de la noche ó en las madrugadas, cuando los pumas ó los tigres buscan ó6 abandonan los antros donde habitan, no la intimidó ver brillar la pistola en la mano de Armando, y un movimiento rápido la apartó de que la puntería la hiciese su víctima.

Las horas de aquel día fueron un relámpago para ambos jóvenes y tuvieron para Chauvet sorpresas inolvidables. María da Gloria, nombre de la hechicera portuguesa, tenía todas las audacias naturales en aquella existencia independiente y activa, todos los candores de un corazón ingenuo, todas las sensibilidades de la mujer, todas las vehemencias del