Américo Vespucio · Capítulo real 17 de 17

Capítulo 14

Texto completo de esta unidad literaria, reunido aunque el lector la divida en 5 tramos técnicos para mejorar el rendimiento.

Quien merecia haber dado su nombre al Nuevo Mundo--Inocencia de Vespucio--Cuando apareció el nombre de América--Opiniones sobre este nombre--Carácter de Vespucio--Nobleza de sus sentimientos--Paralelo entre Colon y Vespucio.

Ha dicho un gran poeta francés que hay hombres desgraciados respecto á sus descubrimientos; Cristóbal Colon no pudo dar su nombre al Continente que descubrió y Guillotin no pudo quitar el suyo á la máquina que inventó.

Pero, bien miradas las cosas, ni Colon ni Américo tenian un derecho perfecto á cubrir con sus nombres la inmensa extension de los Continentes Americanos, sí este derecho derivar debiese de la prioridad del descubrimiento ó de la exploracion completa de sus costas.

Colon recien en su cuarto viaje tuvo evidencia de que era un Continente la tierra que tenia delante, pues en su tercer viaje, como lo hemos dicho, no hizo sinó conjeturarlo.

Vespucio exploró muchísima mas extension de costa y tuvo ántes que aquel la evidencia de que eran las de un Continente. Ninguno de los dos exploró un palmo de terreno en la América del Norte, de modo pues que el fallo de la posteridad no puede pronunciarse en favor de uno ni de otro nombre.

Á lo que Colon tiene incuestionable derecho es al Océano, pues aun admitiendo como verdaderas las expediciones anteriores de los Escandinavos á la América del Norte, Colon fué el primero que se lanzó cientificamente por el anchuroso piélago, buscando la solucion del mas grandioso problema económico de los tiempos modernos. Así pues el Atlántico debiera llamarse Océano de Colon.

La conciencia universal prescindiendo de estas consideraciones, ha querido honrar á Américo sirviéndose de su nombre para señalar la tierra de promision que debe resolver mejor que las que se buscaban, aquel gran problema de la humanidad.

Sí hay en esto injusticia debe reconocerse que Américo no contribuyó á ella, no usurpó derechos ajenos, no lanzó imposturas, como se ha pretendido, para conseguirlo.

Ya hemos dicho que en sus últimos viajes, convencido de que las tierras que habia descubierto, no eran el confin del Asia como lo habia creido en los primeros, las llamó Nuevo Mundo.

En España esas tierras eran conocidas con el nombre de Indias; sus Reyes se llamaban _Hispaniarum Indiarumque_; los códigos que dictaban para ellas se llamaban: _Leyes de Indias_; todas las provisiones y documentos llevaban ese título de _Indias_.

El nombre de América no aparece en carta geográfica alguna publicada ántes del año 1535. Encuentrasé una, en una edicion de Tolomeo impresa en aquel año en Lyon; la fecha de la carta, sin embargo es anterior y su título es: _Orbis Typus Universalis Juxta Hidrographarum tradictionem exactissime depicta_--1522. En esta, carta hácia el Polo Antártico se vé una lengua de tierra que no puede discernirse si sea Isla ó Continente, y en un vacio cerca del Brasil se lee--_América_. Pero es de notarse que del otro lado de La Línea Equinoccial se lee tambien _Caput S. Cru_, debiéndose tener presente que el Brasil era llamado _Terra Sancta Crucis_ y que esta es una carta de navegar, por lo cual debe suponerse que ha sido sacada de las cartas dibujadas por Vespucio.

En cuanto á las opiniones sobre el orígen del nombre de América, hay muchas y muy variadas. La mas antigua de todas es la de Natalio Conte que en su historia de las turbulencias de Francia habla de la emigracion de Villegagnon con los Hugonotes á un rincon del Brasil y asegura que esos deportados franceses llamaron á aquel pais América, por haberla descubierto Américo Vespucio. Pero esta emigracion tuvo lugar en 1555 y el nombre de América estaba ya en uso desde 1512.

La segunda opinion pertenece á Tiraboschi, que á este respecto dice lo siguiente: "El empleo dado á Vespucio le dió ocasion de inmortalizar su nombre, aplicándolo á las provincias nuevamente descubiertas. Así pues debiendo dibujar las cartas para navegar, comenzó á indicar á aquellos países llamándolos _América_; este nombre usado por los navegantes llegó á ser universal." Antonio Herrera dice solamente: "Porqué era necesario que uno quedase en Sevilla para hacer los marcas, pareció que de esto era mas práctico Américo Vespucio, y se mandó que se le encomendase con título de Piloto Mayor.... y de aquí tomaron aquellas partes de las Indias del Medio dia el nombre de Américo, etc."

Es indudable pues que al principio no se dió el nombre de América sinó á la costa del Brasil que este habia descubierto, á las que hemos visto que habia llamado Nuevo Mundo. Por lo demas, la opinion de Tiraboschi, no se funda sinó en la afirmacion de Herrera, pero este no afirma que Vespucio diese su nombre á las tierras descubiertas.

Prévost, mas bien parcial contra Vespucio, dice lo siguiente: "Diaz de Solis y Yañez Pinzon recibieron órden de ir á la Corte con Américo Vespucio y Juan de la Cosa.... y fué órdenado que los descubrimientos continuasen hácia el Sud á lo largo de la costa del Brasil.... el Rey hizo equipar dos carabelas, que fueron confiadas á tan famosos pilotos. Pero se juzgó necesario retener uno de ellos en Sevilla para que hiciese los itinerarios y Vespucio fué nombrado para este oficio. De esta eleccion y de las cartas patentes dadas en Burgos confirmando esto, ha tomado el Nuevo Mundo el nombre de America. La justicia y la razon exigian, segun Herrera, que hubiese tomado el nombre de Cristóbal Colon á quien se debia su primer descubrimiento, pero la declaracion del Rey de España llegó á ser una ley para toda la Europa etc."

Y cualquiera que sea el documento que se consulte, cualquiera el autor que se estudie, por enemigo que sea de Vespucio, no se hallará una razon que justifique que haya querido atribuirse la gloria de dar su nombre al Nuevo Mundo descubierto, siendo desautorizada, cualquiera opinion, que como la de Tiraboschi, se pueda presentar en contra.

La tacha que tambien se le ha hecho de haber antedatado su primer viaje, aparece desmentida por la carta que él mismo escribió á Lorenzo de Medici y que permaneció ignorada hasta mediados del siglo XVIII en que se descubrió uno de sus códices y en la cual aparece la verdadera data de ese viaje.

En sus relaciones resalta la modestia de su carácter presentándose como que iba simplemente á _ayudar á descubrir_, mientras que de los hechos mismos resulta que esos descubrimientos no se hubieran llevado á cabo sin sus conocimientos astronómicos y cosmográficos.

No es de suponerse que un hombre semejante hubiese concebido el plan de apropiarse glorias ajenas.

Su mérito fué bien apreciado por los Soberanos de España al extremo de hacerles olvidar que se hubiese puesto al servicio del rey de Portugal.

Los motivos en que se basaba su carta de naturalizacion eran los importantes servicios que había hecho á la Corona de España.

Por ese tiempo Cristóbal Colon estaba en desgracia y Américo con una hidalguía que pocas veces se halla entre los émulos contemporáneos, tendió una mano amiga al caido y se valió de su influencia en la Corte para abogar por su causa.

Esta nobleza de sentimiento no es propia del mezquino corazon del envidioso usurpador de la gloria ajena.

Entre Colon y Vespucio habia esta diferencia: aquel tenia génio, le devoraba una ambicion inmensa y á las borrascas de su alma respondian las borrascas de su suerte. Hoy el apoteosis, mañana las cadenas y la cárcel; hoy la embriaguez del triunfo y del mando, mañana la humillacion del motin y la profanacion de la canalla; hasta en su vida privada se alzan y se abaten estas ondas de la fortuna: hoy la fatiga del peregrinage, la amargura de la viudez, mañana el reposo entre los jardines de Andalucia y los poéticos amores de una de esas mujeres de alma ardiente y de seductora belleza. La vida de Colon es el drama de la alta vida del génio, semejante á las calmas y á las borrascas del alto Océano.

Vespucio no tenía génio ni ambicion, por eso no nos queda de él sino la historia desmantelada de sus descubrimientos. Interroga á las estrellas, sorprende la conjuncion de los astros y cálcula friamente las distancias, graba sobre el papel el perfil de las costas que descubre y acepta resignado la mision de señalar á los nuevos descubridores el itinerario que debian seguir. Por eso Vespucio ni sube á las alturas de la gloria ni desciende á los abismos de la contrariedad.

Pero nadie puede despojarlo del mérito de ser uno de los que mas colaboraron al descubrimiento de la América y su nombre aunque no designase los mas grandes Continentes del Mundo, estaría siempre bien colocado al lado de los nombres de Toscanelli y de Colon.

* * * * *

FIN.

APÉNDICE

APÉNDICE

CARTAS Y RELACIONES

DE

Américo Vespucio

(Traducidas del texto Italiano.)

I.

CARTA

_á Lorenzo el Magnífico hijo de Pedro Francisco de Medici._

Magnífico Señor: Hace algun tiempo que no he escrito á Vuestra Magnificencia; esto no ha tenido por causa ninguna otra cosa que no haber ocurrido nada de importancia y la presente tiene por objeto daros noticia de como, hace cerca de un mes, llegué de la India por la via del mar Océano á esta ciudad de Sevilla y de las cosas mas maravillosas que he observado, por cuanto creo que V. M. tendrá placer en conocerlas. Y si soy algo difuso, sirvase leerla aunque sea en sus ratos de ocio, como se toma el postre despues de servida la comida. V. M. sabrá como por comision de este Rey de España, partí con dos carabelas el dia 18 de Mayo de 1499 para ir á descubrir hácia la parte del S. O. del mar Océano y y tomé mi camino á lo largo de la costa de África, navegando hasta llegar á las Islas Afortunadas que hoy se llaman las Canarias: y habiéndome provisto allí de todas las cosas necesarias, hechas nuestras oraciones, hicimonos á la vela de una isla que se llama la Gomera y pusimos la proa al S. O. (_Libeccio_) y navegamos veinticuatro dias con viento fresco, sin ver tierra alguna, al cabo de los cuales avistamos tierra y reconocimos haber navegado cerca de mil trescientas leguas, contadas desde la ciudad de Cádiz, al rumbo S. O. Vista la tierra dimos gracias á Dios y largamos los botes y con diez y seis hombres fuimos á tierra y la encontramos tan poblada de árboles que era una maravilla, no solo por la grandeza de ellos, sinó tambien por su verde follaje pues jamas lo pierden y por el aroma que exhalaban recreando mucho el olfato. Recorrimos lo largo de la costa por ver si encontrabamos lugar donde saltar en tierra y como era tierra baja, nos afanamos todo el dia hasta la noche sin poder hallar desembarcadero, pues nos lo impedia no solo lo bajo de la tierra sino tambien la espesura de los árboles; de modo que acordamos volvernos á las naves é ir á descubrir la tierra en otra parte: y vimos una cosa maravillosa en este mar y fué que ántes de atracar á tierra, á quince leguas, encontramos el agua tan dulce como la de un rio, tanto que llenamos todos los cascos vacios que teniamos. Cuando estuvimos en las naves, levamos anclas é hicimos vela poniendo la proa al medio; porque mi intencion era ver si podia doblar un cabo de tierra, que llama Tolomeo Cabo de Catigara que da paso al _Seno Magno_ que segun mi opinion no estaba muy distante de este punto, segun los grados de latitud y longitud como mas abajo referiré. Navegando hácia el Sud á lo largo de la costa, vimos salir de la tierra dos grandes rios, uno que venia del Poniente y corria hácia el Levante y tenia de anchura cuatro leguas, es decir diez y seis millas: y el otro corria del Sud al Norte y tenia de anchura tres leguas: y creo que estos dos rios hacian que el mar estuviese dulce por causa de su grandeza. Y viendo que todavia la tierra era baja, acordamos entrar en uno de estos rios con las barcas y navegar tanto en él que encontrasemos disposicion de saltar á tierra ó de hallar alguna poblacion; arregladas nuestras barcas y llevando mantencion para cuatro dias, con veinte hombres bien armados, entramos por el rio y á fuerza de remo navegamos por él cerca de dos dias, en una extension como de diez y ocho leguas, habiendo tentado desembarcar en muchas partes: y siempre encontramos que era tierra baja y tan poblada de árboles que apenas un pájaro podía volar por ella; y navegando asi por el rio vimos señales ciertas de que la tierra era habitada: y porqué habíamos dejado las carabelas en lugar peligroso si soplaba el viento de traves, acordamos al fin de los dos dias volvernos á ellas y lo pusimos en práctica. Vimos una infinidad de pájaros de distintas formas y colores, y tantos papagallos de tan variadas clases que era una maravilla, unos colorados como grana, otros verdes y amarillos; y el canto de los otros pájaros que estaban en los árboles era tan suave y de tanta melodía que nos deteniamos muchas veces á gozar de su dulzura. Aquellos árboles eran tan bellos que nos creíamos en el Paraíso Terrestre y ninguno de aquellos árboles ni sus frutos tenían semejanza con los nuestros. Vimos á orillas del rio mucha gente de extraordinaria figura ocupada en recorrerlas ó en pescar. Una vez en los buques nos movimos teniendo la proa siempre á medio dia y hallándonos surtos en el mar cerca de cuarenta leguas, nos hallamos en una corriente de mar de S. E. (Scirocco) al N. O. (Maestrale) que era tan grande y venía con tal furia que nos puso en cuidado y nos trajo gran peligro. La corriente era tal que aquella del estrecho de Gibraltar y aquella del Faro de Mesina son como un estanque en comparacion de esta: de modo que como ella nos venía por la proa no haciamos camino á pesar de tener viento; y asi viendo el poco camino que haciamos y el peligro en que estábamos, resolvimos volvernos al N. O. y navegar hácia el Norte y puesto que si mal no recuerdo, V. M. entiende algo de Cosmografía pienso describirle nuestra marcha por via de longitud y latitud; así pues sabrá V. M. que navegamos tanto hácia la parte de medio dia que entramos á la Zona Tórrida, dentro del Círculo de Cáncer; y habeis de tener por cierto que en pocos dias y navegando por esa Zona, hemos visto las cuatro sombras del sol por cuanto este se hallaba en el zenit á mediodia; esto es estando el sol en nuestro meridiano, no teníamos sombra alguna y todo esto me acaeció muchas veces é hícelo ver á toda la compañía, tomándola por testigo, porque la gente ignorante no sabe como la esfera del Sol marcha por su círculo del Zodiaco; pues unas veces veía la sombra al Sud y otras al Norte, ora al Occidente ora al Oriente y algunas veces (una ó dos horas al dia) no teníamos sombra alguna. Navegamos por la Zona Tórrida á la parte Austral hasta hallar que nos encontrabamos bajo la Línea Equinoccial, y que teníamos uno y otro Polo al fin de nuestro horizonte; pasamos la línea en seis grados sin ver ya la estrella del Norte y apénas divisábamos las estrellas de la Osa Menor y deseoso de determinar la estrella del otro Polo, perdí muchas veces el sueño para contemplar el movimiento de las estrellas de ese Polo para determinar cual de esas tenía menos movimiento y que fuese mas fija, sin poderlo conseguir por mas malas noches que pasé y apesar de haber usado del cuadrante y del astrolabio. No determiné estrella que no tuviese ménos de diez grados de movimiento al rededor del firmamento: y miéntras me ocupaba de esto me acordé de un dicho de nuestro poéta Dante en el primer canto del Purgatorio, cuando finge salir de este hemisferio y encontrarse en el otro, pues queriendo describir el Polo Antártico, dice:

Io mi volsi á man destra e posi mente All'altro Polo, e vide quattro stelle Non visto mai, fuor che alla prima gente: Goder pareva il Ciel di lor fiammelle; O settentrional, vedovo sito! Poiché privato sei di mirar quelle!

A mi parecer el poéta en estos versos quiere describir por las cuatro estrellas, el Polo del otro firmamento, y no desconfio hasta aquí de que aquello que dice sea la verdad, por que noté cuatro estrellas que tenian poco movimiento; y si Dios me da vida y salud espero volver á aquel hemisferio y no regresar sin demarcar el Polo. En conclusion digo que nuestra navegacion se extendió tanto á la parte del medio dia que nos alejamos del camino de la latitud de Cádiz sesenta y medio grados; porqué sobre la Ciudad de Cádiz alza el polo treinta y cinco grados y medio y nosotros habiamos pasado la Línea Equinoccial en seis grados: Esto baste respecto á la latitud. Habeis de notar que esta navegacion ocurrió en los meses de Julio, Agosto y Setiembre, que como sabeis el Sol reina mas de continuo en este nuestro hemisferio y hace mayor el arco del dia que el de la noche: y mientras que estabamos en la Línea Equinoccial ó cerca de ella, á cuatro ó seis grados, en el mes de Julio y Agosto la diferencia del dia á la noche no se sentia y casi el dia con la noche eran iguales. En cuanto á la longitud, os diré que mucho trabajo me costó saberla y que tuve grandísima dificultad en conocer ciertamente el camino que habia hecho; y tanto trabajé que al fin no encontré cosa mejor, que observar de noche las oposiciones de un planeta con el otro, sobre todo de la Luna con los otros planetas; por que el planeta de la Luna tiene marcha mas rápida que ningun otro; y comparabalo con el Almanaque de Juan Monterregio, que fué compuesto para el meridiano de la ciudad de Ferrara, concordándolo con los cálculos de las tablas del Rey Don Alfonso: y despues de muchas noches que hice esperiencia, una de estas noches, encontrándome á 25 de Agosto de 1499 (que ocurrió la conjuncion de la Luna con Marte, la cual segun el Almanaque debia tener lugar á las doce de la noche ó media hora despues) encontré que cuando la Luna se alzó á nuestro horizonte que fué hora y media despues de ponerse el Sol, habia pasado el planeta á la parte del Oriente; os digo que la Luna estaba mas al Oriente que Marte cerca de un grado y algunos minutos mas y á las doce de la noche estaba cinco grados y medio mas al Oriente poco mas ó menos; de modo que hecha la proporcion siguiente: Si 24 horas me dán trescientos sesenta grados, que me darán 5 horas y media? Encuentro que me darán ochenta y dos grados y medio; y tan distante me hallaba en longitud del meridiano de Cádiz que, dando á cada grado diez y seis leguas y dos tercios, me encontraba mil trescientas sesenta y seis leguas y dos tercios que son cinco mil cuatrocientos sesenta y seis millas y dos tercios, mas al Occidente de la ciudad de Cádiz. La razon porqué calculo diez y seis leguas y dos tercios por cada grado es, por que segun Tolomeo y Alfagrano, la tierra mide 24,000 millas, que equivalen á 6,000 leguas las cuales distribuyéndolas en 360 grados viene á tocar diez y seis leguas y dos tercios á cada grado; y esta observacion la rectifiqué con los apuntes de los pilotos y la encontré verdadera y buena. Paréceme, Magnífico Lorenzo, que las razones de la mayor parte de los filósofos aparecen desmentidas en este viaje, por cuanto dicen que en la Zona Tórrida no se puede habitar á causa del excesivo calor; pues yo he tenido ocasion de recocer en este viaje todo lo contrario puesto que el aire en esa region es mas fresco y templado que en otras; y que es tanta la gente que en ella habita que sobrepasa en número á la que habita en otras regiones.

Hasta aquí he referido lo que he navegado hácia el mediodia y el Occidente; restame deciros ahora cual es la disposicion de la tierra que encontramos y cual es la naturaleza de los habitantes y sus costumbres, de los animales que vimos y muchas otras cosas que se me ofrecieron dignas de recuerdo. Despues de dirigir nuestra navegacion al Norte, la primer tierra habitada que encontramos fué una isla que distaba diez grados de la Línea Equinoccial y cuando arribamos á ella apercibimos gran multitud de gente á la orilla del mar que nos miraban como á cosa maravillosa, y desembarcamos con veintidos hombres bien armados; viéndonos en tierra y que eramos gente de distinta naturaleza á la suya (porqué no tienen barba ninguna, ni visten de manera alguna tanto los hombres como las mujeres, y andan como vinieron al mundo; y tanto por la diferencia del color que en ellos es gris ó leonado) de modo que teniéndonos miedo huyeron al bosque y con gran trabajo por medio de señas los tranquilizamos y nos pusimos en práctica con ellos; y encontramos que eran de una generacion que se dice de caníbales que (casi la mayor parte de esta generacion ó todos) viven de carne humana y téngalo por cierto V. M. No se comen entre ellos, pero van en ciertas naves que tienen y que se llaman _canoas_ á buscar presas en las islas ó tierras comarcanas de una generacion enemiga, de la cual reservan las hembras, y de esto nos cercioramos en muchas partes donde encontramos tal gente, hallando las cabezas de algunos que se habian comido, sin que por otra parte lo nieguen, mucho mas que nos lo refirieron sus enemigos que siempre estan por eso en alarma. Son gente de gentil disposicion y de esbelta estatura; andan desnudos; sus armas son flechas que llevan consigo y escudos; son de gran esfuerzo y de buen ánimo; son grandes tiradores; en conclusion nos entendimos con ellos y nos llevaron á una poblacion suya que estaba en el interior cerca de dos leguas y nos dieron de almorzar; y cualquier cosa que le pediamos nos la daban, creo que por miedo mas que por generosidad: despues de haber estado un dia con ellos; nos volvimos á las naves dejándolos como á amigos.

Navegamos á lo largo de la costa de esta isla y vimos á la orilla del mar otra gran poblacion; fuimos á tierra con las lanchas y encontramos que nos estaban esperando cargados de viveres; nos dieron de almorzar muy bien de lo que tenian: viendo que eran tan buenas gentes que nos trataban tan bien, no osamos apoderarnos de nada y nos hicimos á la vela llegando á un golfo que se llamó despues golfo de Párias; fuimos á salir al frente de un grandísimo rio que es causa de ser dulce el agua de este golfo; vimos una gran poblacion que estaba inmediata al mar y habia tanta gente que era maravilla hallándose todos sin armas y en actitud de paz; desembarcamos y nos recibieron con gran cariño y nos llevaron á sus casas donde tenían preparado muchos víveres. Aquí nos dieron para beber tres clases de bebidas hechas de frutas como la cerveza que encontramos muy buena, aquí comimos muchos _mirabalanos_[7] frescos que es una real fruta, y nos dieron muchas de otras clases, todas diferentes de las nuestras, de muy buen sabor y muy aromáticas. Nos dieron algunas perlas pequeñas y y once gruesas; diciéndonos por señas que si queriamos esperar algunos dias irian á pescarlas y nos traerian muchas de ellas; no nos preocupamos en recibir muchos papagayos de varios colores y nos despedimos con mucha amistad.

Por esta gente supimos que aquellos de la isla referida eran caníbales y que comian carne humana. Salimos de este Golfo y costeamos la tierra viendo siempre mucha gente, y cuando teniamos ocasion tratábamos con ellos dándonos de lo que tenian. Todos van desnudos como nacieron sin tener verguenza de ello; si á este respecto fueramos á referirlo todo, sería entrar en deshonestidades que es mejor callar. Despues de haber navegado cerca de cuatrocientas leguas contínuamente por la costa concluimos que esta era tierra firme, que juzgué el confin del Asia por la parte de Oriente y el principio por la de Occidente; porqué muchas veces tuvimos ocasion de ver varios animales como leones, ciervos, jabalies etc.

Internándonos un dia con veinte hombres, vimos una serpiente de cerca ocho brazos de largo y gruesa como mi cintura. Muchas veces pude ver animales feroces y grandes serpientes y navegando por la costa cada dia descubriamos infinita gente que hablaban diferentes idiomas, al extremo que, despues de haber navegado las cuatrocientas leguas, empezamos á encontrar gente que no querian nuestra amistad y nos esperaban con sus armas que eran arcos y flechas y otras mas: y cuando ibamos con las lanchas á tierra nos prohibian saltar á ella de modo que nos veiamos obligados á combatir con ellos, aunque siempre al fin de la batalla, quedaban mal parados, pues como estaban desnudos haciamos en ellos gran matanza, así muchas veces nos sucedió que diez y seis de los nuestros combatiesen con doscientos de ellos desbaratándolos al fin. Una vez vimos muchisima gente dispuesta á impedirnos que bajasemos á tierra, armamos veintiseis hombres y fuimos con las barcas cubiertas para defendernos de las saetas que nos tiraban, pues siempre herian algunos de los nuestros antes que pudieramos saltar en tierra. Apesar de haber hecho una defensa obstinada, pisamos la tierra y combatimos con ellos con grandísimo trabajo, pues no habiendo esperimentado aun nuestras espadas, estaban envalentonados con su superioridad numérica, cargándonos con tal ímpetu que nos hicieron retroceder. Pero uno de nuestros marineros dirigió algunas palabras de aliento á los otros haciéndolos volver al combate con lo cual pusimos á los indígenas en fuga, matando ciento cincuenta de ellos y quemándoles sus casas: como casi todos nos hallábamos heridos, nos volvimos á los buques y nos refugiamos en un puerto, donde estuvimos veinte dias para que el médico pudiera curar á los heridos, que salvaron todos menos uno, cuya herida era en el pecho. Volvimos á nuestra navegacion y dimos con una isla que estaba separada de la tierra como unas quince leguas; bajamos á ella y hallamos un camino por donde nos internamos hasta llegar á una poblacion en la cual no había sinó algunas mujeres de colosal estatura, que nos recibieron amablemente; tentados estuvimos de llevarnos dos de ellas para presentar al Rey como cosa sobrenatural, pero desistimos de ello al ver llegar algunos hombres tambien de colosal estatura y armados como hasta ahora no habíamos visto, á quienes persuadimos que estabamos en disposicion de paz y nos volvimos á los buques sin mas consecuencia. Notamos que la mayor parte de los árboles de esta isla son de campeche y tan buenos como los de Oriente. De esta isla pasamos á otra cercana en la cual habia de particular que las chozas estaban construidas sobre el mar como en Venecia y fuimos á verlas: quisieron sus habitantes impedirnos la entrada, pero habiendo probado como cortaban las espadas, nos dejaron entrar. Hallamos en esas casas mucho algodon finísimo; hicimos provision de esto y de campeche y volvimos á los buques. Sin que sea exajeracion puedo aseguraros que estas producciones son aquí tan abundantes que podrian cargarse con ellas todas las naves de Europa. Continuamos navegando como unas trescientas leguas, en cuya navegacion notamos que las poblaciones hablaban muchas lenguas distintas; admirándome de que se haya dicho que en el mundo no hay sinó setenta y siete lenguas. Hallándonos con los buques muy averiados, la tripulacion cansada y faltos de provisiones, resolvimos arribar á la Isla Española, aquella que descubrió Colon seis años hace.

Y como ella está habitada por cristianos esperabamos hallar auxilio para reparar nuestras naves, dar reposo á las tripulaciones y proveernos de lo necesario, pues de esta isla á Castilla hay mil trescientas leguas de mar sin encontrar tierra alguna. Alli estuvimos cerca de dos meses y antes de partir descubrimos todavía muchísimas islas todas pobladas de gente pacífica. Se tomaron doscientos prisioneros y tratamos de regresar á España, habiendo llegado en sesenta y siete dias á las Islas Azores, de donde pasamos á las Canarias y de ellas á Cádiz. Empleamos en este viaje trece meses, corriendo muchos peligros y descubriendo mucha tierra del Asia y gran cantidad de islas, casi todas habitadas, habiendo hecho la cuenta de haber navegado mas de cinco mil leguas. En conclusion, pasamos la Línea Equinoccial en seis y medio grados y volvimos á la parte del norte en que la estrella polar se alza sobre nuestro horizonte treinta y cinco grados y medio y á la parte de Occidente navegamos ochenta y cuatro grados contados del meridíano de Cádiz. Recogimos en este viaje perlas y oro, entre ellas dos piedras una color de esmeralda y otra de amatista durísima, de un medio palmo de largo y de tres dedos de grueso. Estos Reyes han hecho gran aprecio de ellas y las han guardado entre sus joyas; trajimos un pedazo de cristal que algunos joyeros dicen que es _berilo_ y segun decian los indios habia alli gran cantidad de ella. Tambien trajimos catorce perlas encarnadas que mucho contentaron á la Reina y muchas otras piedras; de todas estas cosas no trajimos gran cantidad por no habernos demorado mucho en ningun paraje. En Cádiz vendiéronse los esclavos y á pesar de eso muy poco fué lo que á cada uno tocó de las utilidades del viaje, pero todos se contentaron de haber salvado de los peligros que corrimos. En cuanto á mí, cogí unas tercianas de las que espero salvar porque no tengo escalofrios. Están armándome tres naves para que vaya nuevamente á descubrir y creo que estarán prontas á mediados de Setiembre próximo. Quiera Dios darme salud y buen viaje que otra vez espero traer grandes noticias y descubrir la isla Trapobana que está entre el mar Indico y el mar Gangético, y despues espero volver á la Pátria y descansar pasando allí mi vejez.

He pensado Magnífico Lorenzo, enviaros dos figuras de la descripcion del mundo hechas y ordenadas por mi propia mano, las que serán una carta en figura plana y un Mapa Mundi en cuerpo esférico, las cuales enviaré por mar á cargo de Francisco Lotti, nuestro fiorentino, que se halla actualmente aquí y creo que os agradarán, pues poco tiempo há, hice uno de estos para S. S. A. A. estos Reyes y lo estiman mucho. Era mi ánimo ser yo mismo el portador, pero me lo impide la resolucion de ir nuevamente á descubrimientos. No falta en esa ciudad quien comprenda la figura del Mundo y que tal vez quiera enmendar alguna cosa en esa obra; pero ruego se espere á mi regreso, que podré defenderme.

Creo que V. M. habrá sabido ya las noticias que ha traido la flota, que hace dos años, el Rey de Portugal mandó á descubrir por la parte de Guinea. Tal viaje como ese no lo llamo yo descubrir sino andar por lo descubierto, porque como lo vereis por la figura, su navegacion es de contínuo á vista de tierra y recorren toda la costa de Africa por la parte Austral, que es andar por una vía de la cual hablan todos los autores de la Cosmografía. Cierto es que la navegacion ha sido de gran provecho, lo que vale mucho en estos tiempos de codicia y máxime en este país donde mas desordenadamente reina. Entiendo ya que han pasado al Mar Rojo y han llegado al Seno Pérsico, á una ciudad que se llama Calcuta, que está entre el Seno Pérsico y el rio Indico; nuevamente han vuelto para el Rey de Portugal doce naves con grandísimas riquezas, habiendo enviado otras naves á las mismas regiones y por cierto que harán gran cosa si llegan á salvamento.

Estamos á 18 de Julio de 1500 y no habiendo mas de que hacer mencion, Nuestro Señor guarde la vida y el magnífico Estado de Vuestra Señoría y Magnificencia.

De V. M. servidor:

AMÉRICO VESPUCIO.

II.

CARTA DE AMÉRICO VESPUCIO,

Á PEDRO SODERINI.

Magnífico Señor: Despues de la humilde reverencia y debida recomendacion etc. Tal vez V. M. y notoria sabiduría se admirará de la temeridad con que oso escribirle tan minuciosamente, teniendo su atencion ocupada siempre en los consejos y negocios del buen gobierno de esa Excelsa República, y me tendrá por presuntuoso y vano por ponerme á escribirle cosas impertinentes á vuestro Estado, que ni tampoco son recreativas y que fueron ya referidas á Fernando Rey de Castilla; pero la confianza que tengo en vuestra indulgencia y en la novedad de mis noticias, que no se encuentran escritas ni por los antiguos ni por los modernos: me deciden á hacerlo. La causa principal que me mueve á escribiros ha sido el habermelo rogado el portador de la presente, Benvenuto Benvenuti, nuestro compatriota, muy servidor de V. M. y muy amigo mio, que encontrándose en esta ciudad de Lisboa me rogó que diese parte á V. M. de las cosas vistas por mí en diversas playas del mundo, en cuatro viajes que he hecho para descubrir nuevas tierras, dos por mandato del Rey de Castilla por el Gran Océano, hácia el Occidente y los otros dos por órden del poderoso Don Manuel, Rey de Portugal, hácia el Sur, diciéndome que V. M. encontraria placer en ello y además me he decidido á hacerlo porque creo que V. M. ha de contarme en el número de sus servidores, recordando como en el tiempo de nuestra juventud, era vuestro amigo, aprendiendo juntos los principios de la gramática bajo la buena direccion y doctrina del Venerable religioso de San Márcos, Fray Jorge Antonio Vespucio, tio mio, cuyos consejos y doctrinas pluguiese á Dios hubiera seguido, que como dice el Petrarca, seria otro hombre de lo que soy. De cualquier modo que sea algo he aprovechado porque he practicado siempre la virtud y aunque estas mis frivolidades no convengan á vuestra seriedad, diré como decia Plinio[8] á Mecenas: _en algun tiempo soliais recrearos con mis chanzas_. Aunque V. M. esté ocupado en los públicos negocios, alguna hora tendreis de descanso para gastar algun tiempo con las cosas ridículas ó recreativas, y asi como el hinojo[9] se dá despues de las deliciosas bebidas para disponerlas á mejor digestion, asi podreis por descanso de tantas ocupaciones, mandar leer esta mi carta, para que os aparte algo del asíduo pensamiento en las cosas públicas.

V. M. sabrá como el motivo de mi venida al Reyno de España fué por causa de comercio y como seguí en esta ocupacion por cerca de cuatro años, en los cuales conocí las variaciones de la fortuna y los cambios de sus bienes transitorios, teniendo de repente al hombre en la cima de la felicidad y ya los priva de esos bienes que pueden decirse prestados, de modo que conocido el contínuo trabajo que se pone en conquistarlos sometiéndose á tantos disgustos y peligros, resolví dejar el comercio y dedicarme á cosa mas laudable como ir á ver el Mundo y sus maravillas, para lo cual se me ofreció tiempo y oportunidad habiendo el Rey Don Fernando de Castilla ordenado que saliesen cuatro buques á descubrir nuevas tierras hácia el Occidente, habiendo sido electo por Su Alteza para que fuese en esa flota á ayudar á descubrir. Partimos del puerto de Cádiz á 10 de Mayo de 1497[10] y tomamos nuestro camino por el Océano; en cuyo viaje empleamos diez y ocho meses y descubrimos mucha tierra firme é infinitas islas, casi todas habitadas, de que no hablan los antiguos por no haber tenido noticias, pues si bien recuerdo, he leido que este mar era tenido por deshabitado y de esta misma opinion fué Dante, nuestro poeta, en el Capítulo XXVI del Infierno, en que finje la muerte de Ulíses; en cuyos viajes vi cosas muy maravillosas, como daré cuenta á V. M.

VIAJE PRIMERO.

El año del Señor de 1497, á los 10 dias de Mayo como arriba dije, partimos del puerto de Cádiz cuatro naves de conserva y empezamos nuestra navegacion derecho á las Islas Afortunadas que hoy se llaman la Gran Canaria, que están situadas en el mar Océano, al fin del Occidente habitado, en el tercer clima, que alza el Polo del Setentrion fuera de su horizonte veinte y siete grados y medio y distan de esta ciudad de Lisboa, 280 leguas al rumbo entre mediodia y S. E. donde permanecimos ocho dias proveyéndonos de agua y leña y otras cosas necesarias. Hechas nuestras oraciones, desplegamos velas empezando nuestra navegacion por el Poniente, tomando un cuarto al S. E., navegamos hasta que al cabo de treinta y siete dias fuimos á dar con una tierra que la juzgamos tierra firme, la cual dista de las Islas Canarias hácia el Occidente cerca de mil leguas dentro de la Zona Tórrida, porque encontramos que el Polo del Setentrion alza fuera de su horizonte seis grados[11] y mas Occidental que la Isla Canaria setenta y cuatro grados, en la cual anclamos á una legua y media de tierra. Largamos los botes y tripulados de gente armada, fuimos á tierra y antes que llegaramos á ella vimos mucha poblacion en la playa, de lo cual nos alegramos y vimos que esa gente estaba desnuda. Mostraron tenernos miedo y se retiraron á un monte y á pesar de nuestras señas de paz y de amistad, no quisieron venir á hablar con nosotros; de modo que viniendo ya la noche y porque las naves estaban surtas en lugar peligroso, por ser la costa brava y sin abrigo, acordamos al otro dia movernos de aquí é ir á buscar algun puerto ó ensenada en que asegurar nuestras naves. Navegamos por el N. O. que en esa direccion estaba la costa, siempre á vista de tierra y viendo en ella mucha gente. Habiendo navegado asi dos dias, encontramos un lugar seguro para las naves, yendo á tierra con cuarenta hombres, consiguiendo con algun trabajo y por medio de algunos dones que hicimos, que la gente viniese á hablar con nosotros. Al dia siguiente volvimos á tierra y hallamos la poblacion muy bien dispuesta y cargada de víveres que pusieron á nuestra disposicion.[12]

Acordamos partir de este punto y andar mas adelante, costeando siempre la tierra en la que hicimos muchas escalas y tomamos informes de los habitantes y al fin de algunos dias, fuímos á dar á un puerto donde estuvimos en grandísimo peligro, del cual salvamos gracias al Espíritu Santo. Habia en este puerto una poblacion fundada sobre el agua como Venecia; componíase de unas cuarenta y cuatro casas grandes, en forma de cabañas, sostenidas sobre palos gruesísimos y sus puertas en forma de puentes levadizos, pudiéndose asi desde una casa recorrer todas las demas; viéndonos sus habitantes, mostraron tener miedo de nosotros y alzaron al instante todos los puentes. Mientras estábamos viendo esta maravilla, vinieron por el mar cerca de veintidos canoas (que son las naves que usan, fabricadas de un solo árbol) las cuales rodearon nuestros buques, manteniéndose lejos de nosotros. Viendo que á pesar de nuestras demostraciones de amistad no conseguíamos atraerlos, fuimos hácia ellos pero huyeron haciéndonos entender con señas que esperasemos y que ellos volverian. Fueron hácia un bosque inmediato del cual regresaron pronto trayendo consigo diez y seis doncellas, poniendo cuatro de ellas en cada uno de nuestros buques como rehenes; pero bien pronto las mujeres que estaban en la costa dieron grandes gritos y demostraciones de desesperacion y los hombres cambiaron sus señales de amistad por señales de guerra, trayéndonos un formidable ataque que nos puso en la necesidad de defendernos y matar algunos de ellos. Continuamos la navegacion y al fin de unas ochenta leguas descendimos en otro punto de la costa, donde vimos que la poblacion preparaba su alimento asando unos animales que nos parecieron serpientes y haciendo una especie de pan ó masa con unos pequeños peces y muchas otras clases de alimentos y frutas. Propiciada la amistad de estas gentes, hicimos una excursion como unas diez y ocho leguas al interior. Volvimos á las naves, siguiéndonos muchos de los habitantes y cuando estuvieron en ellas, resolvimos hacer algunos disparos de artillería á cuyo ruido nuestros huéspedes se lanzaron al mar con la misma ligereza que las ranas saltan al pantano.

Esta tierra es muy poblada y muy regada de rios, rica en animales que poco se asemejan á los nuestros. No tienen caballos, ni mulos, ni asnos, ni perros, ni ninguna clase de ganados. Las aves son innumerables de varias clases y colores. La tierra es muy amena y fructífera, llena de grandísimas selvas y bosques y siempre está verde pues los árboles no pierden las hojas. Muchas son las frutas y todas diferentes de las nuestras. _Esta tierra está dentro de la Zona Tórrida, bajo el paralelo que describe el Trópico de Cáncer, donde alza el Polo sobre el horizonte veintitres grados. Partimos de este puerto cuya provincia se llama_ _LARIAB y navegamos á lo largo de la costa siempre á la vista de tierra, haciendo unas ochocientas setenta leguas aún hácia el N. O._[13]

Habíamos estado ya trece meses en el viaje y los buques y sus aparejos estaban muy deteriorados y para repararlos ganamos un puerto, el mejor del mundo, en el cual estuvimos treinta y siete dias, al cabo de los cuales resolvimos volvernos á España, llevando doscientos veintidos prisioneros tomados en un combate que tuvimos últimamente y llegamos al puerto de Cádiz el 15 de Octubre de 1498.[14]

VIAJE SEGUNDO.

En cuanto al segundo viaje y á lo que en él ví mas digno de memoria voy á exponerlo del modo siguiente: Partimos del puerto de Cádiz con tres naves de conserva el dia 16 de Mayo de 1499 y empezamos nuestro camino derecho á las Islas del Cabo Verde, pasando á vista de la Isla de la Gran Canaria, hasta llegar á una isla que se dice _Del Fuego_[15] donde hicimos nuestra provision y partimos de ella tomando rumbo por el S. E. y en cuarenta y cuatro dias fuimos á dar con una tierra nueva, que la juzgamos tierra firme y contigua con la arriba mencionada, la que está situada dentro de la Zona Tórrida y mas allá de la Línea Equinoccial por la parte del Sur, sobre la cual alza el polo del Meridiano ocho grados y dista de dicha isla por el S. E. ochocientas leguas. Encontramos que eran iguales los dias con las noches, cuya tierra la reconocimos toda anegada y llena de grandísimos rios, al extremo de no poder acercarnos á ella con nuestros botes. Vimos por las orillas señales de ser la tierra poblada; levamos anclas y fuimos á descubrir un punto mas practicable. Encontramos en esta costa que las corrientes del mar eran de tanta fuerza que no nos dejaban navegar y todas venian del Sur, resolviendo por esta razon, dirigirnos á la parte del N. O. por donde navegamos hasta encontrar un bellísimo puerto, que estaba formado por una gran isla que protejia la entrada.[16]

Partimos de aquí y entramos en la ensenada donde encontramos tanta gente que era una maravilla é hicimos amistad con ella, obteniendo ciento cincuenta perlas en cambio de algunas bagatelas. Aquí vimos que los habitantes bebian un líquido hecho con frutas y semillas como la cerveza y entre esas frutas pudimos gustar los _mirabolanos_ que es una fruta muy gustosa y saludable.

La tierra es muy abundante de alimentos y la poblacion muy pacífica. Estuvimos en este puerto veinte y siete dias viendo mucha poblacion que venia del interior á vernos, maravillándose de nuestra figura, de nuestras armas y vestidos y de la forma y grandeza de nuestras naves. Por esta gente supimos como existia hácia el Poniente otra poblacion que eran sus enemigos y que poseian infinitas perlas diciéndonos como los pescaban y de qué modo nacian.

Partimos de este puerto y navegamos por la costa viendo de contínuo gente en la playa; al cabo de muchos dias fuimos á dar con un puerto porque necesitabamos reparar unas de nuestras naves que hacia mucha agua, pero la poblacion aqui era tan esquiva que no pudimos tratar con ella y fuimos á una isla que distaba de tierra unas diez y ocho leguas, que encontramos estar habitada por una gente de feo aspecto, pero con la cual pudimos entrar en relacion;[17] despues de haber desembarcado en la Isla de los Gigantes que asi la llamo por la alta estatura de sus moradores, resolvimos volver á Castilla porque habiamos estado en el mar ya cerca de un año, carecíamos de víveres y los pocos que quedaban estaban perdidos á causa de los grandes calores, porque siempre habiamos navegado por la Zona Tórrida y _atravesado dos veces la Línea Equinoccial_, pues como dije arriba, fuimos hasta el grado ocho de latitud Sur y aqui estamos en diez y ocho grados latitud Norte. Con esta resolucion tuvimos la suerte de llegar á un punto donde hallamos una poblacion que nos recibió muy amistosamente y obtuvimos de ella gran cantidad de perlas. Detuvímosnos aqui cuarenta y siete dias, habiendo sabido cómo y dónde pescaban estas perlas, habiéndonos dado muchas ostras en las cuales estaban aun incrustadas las perlas; llegando á saber que si no están en sazon y no se desprenden por sí mismas, no sirven, ni tienen lucimiento alguno. Partimos de aqui y fuimos á dar á la Isla Antilla que es la que descubrió Cristóbal Colon algunos años antes, donde hicimos provision y estuvimos dos meses y diez y siete dias, pasando muchos peligros y trabajos con los mismos cristianos que nos hostilizaban, creo que por envidia. Partimos de dicha isla el 22 de Julio y navegamos un mes y medio al cabo de los cuales entramos al puerto de Cádiz, el 8 de Setiembre.

VIAJE TERCERO.

Estando en Sevilla reposando de tantos trabajos que habia pasado en estos dos viajes, y deseoso de volver á la tierra de las Perlas, ocurriósele al Rey Don Manuel de Portugal querer servirse de mí; y vino un mensajero con letras de S. M. en las que me rogaba que fuese á Lisboa, prometiéndome favorecerme. Fuí aconsejado para no ir y despedí al mensajero disculpándome. Pero en seguida envióme otro mensajero que lo era Bartolomeo del Giocondo, con instrucciones para llevarme de cualquier modo, y por fin me decidí á venir, lo que fué mal visto por los que me conocian, pues en Castilla estaba muy considerado y en buena posicion y lo peor fué que me partí _insalutato hospite_; pero en fin, así lo hice y presentándome ante este Rey, mostró tener placer de mi llegada y me rogó que fuese con tres naves que estaban prontas para descubrir nuevas tierras, y como un ruego de un Rey es mando, tuve que acceder y partimos de este puerto de Lisboa el 10 de Mayo de 1501 y tomamos nuestra derrota por la Isla de la Gran Canaria, pasando á vista de ella y de ahi fuimos por la costa de Africa hácia el Occidente en un puerto que se dice Bisenegue en Etiopía, que está dentro de la Zona Tórrida á los catorce grados y medio de latitud, donde estuvimos once dias haciendo nuestras provisiones. Partimos de este puerto y navegamos por el S. O. tomando un cuarto al Sur y á los sesenta y siete dias llegamos á una tierra que distaba de dicho puerto cien leguas al S. O. y en esos sesenta y siete dias esperimentamos el peor tiempo posible á causa de aguaceros, turbonadas y tormentas; porque estábamos en tiempo contrario, pues casi toda nuestra navegacion fué por el paralelo de la Línea Equinoccial. Plugo á Dios mostrarnos tierra nueva lo que fué el dia primero de Agosto; echamos ánclas á media legua de la costa yendo en nuestros botes á ver la tierra, que era muy amena y poblada. Tomamos posesion de ella á nombre de este Serenísimo Rey y encontré que estaba cinco grados mas allá de la Línea Equinoccial hácia el Sur.[18]

Partimos de este lugar y seguimos nuestra navegacion entre el Este y el Sur, que asi corria la tierra é hicimos muchas escalas. Y asi navegamos hasta encontrar un Cabo que, le pusimos por nombre Cabo de San Agustin, distante cincuenta leguas del otro punto en que llegamos, cuyo cabo está á los ocho grados latitud Sur y de aqui corrimos hácia el Sur hasta el grado treinta y dos, donde no veiamos ya la Osa Menor y la Mayor quedaba muy baja y casi se mostraba al fin del horizonte y nos regiamos por las estrellas del otro Polo que son muchas, mucho mayores y mas lucientes. De la mayor parte de ellas dibujé sus figuras con la declaracion de los círculos que describian al rededor del Polo Austral, con sus diámetros y semidiámetros, como podrá verse en mis _Quattro Giornate_.[19] Recorrimos esta costa por cerca de setecientos cincuenta leguas; ciento cincuenta del Cabo dicho de San Agustin hácia el Poniente y seiscientas hácia el Sur. Y si quisiera referir las cosas que en esta costa vi no me bastarian otras tantas hojas; basta decir que hay infinita cantidad de árboles de campeche y de otros muy apreciados. Y habiendo estado ya en el viaje cerca de diez meses, resolvimos ir á navegar por otra parte, confiándoseme la direccion de las naves; ordené se hiciera provision para seis meses y despues empezamos nuestra navegacion por el S. O. y esto fué el 15 de Febrero, cuando ya el sol se acercaba al Equinoccio y tanto navegamos que nos encontramos en un punto en que el Polo alzaba sobre nuestro horizonte treinta y dos grados.[20] Ya no veiamos las estrellas de la Osa Menor ni de la Mayor, hallándonos distantes del puerto de donde partimos, unas quinientas leguas por el Sur y esto fué el dia 3 de Abril en que estalló una tormenta tan furiosa que nos hizo arriar nuestras velas y correr al palo seco, con mucho viento que venia del S. O.[21] Las noches eran muy largas, que algunas teniamos de quince horas pues en esta region se apróxima el invierno por este tiempo. Corriendo esta tormenta, avistamos nuevas tierras por las cuales navegamos cerca de veinte leguas; siendo las costas muy bravas y no viendo en ellas puerto alguno, resolvimos volvernos al camino de Portugal, y fué muy buen consejo, pues de cierto, si tardamos mas tiempo, nos hubiéramos perdido, y asi teniamos el viento de popa. Seguimos cinco dias hallándonos ya cerca de la Línea Equinoccial en mares mas templados y quiso Dios escapáramos de tanto peligro. Nuestra navegacion fué por el viento Norte N. E. porque nuestra intencion era ir á reconocer la costa de Etiopía de la cual distábamos mil trescientas leguas, á la cual llegamos el dia 10 de Mayo, en el punto que se llama la Sierra Leona, donde estuvimos quince dias al fin de los cuales partimos hácia la Isla de los Azores, que distan de aquel lugar cerca de setecientas setenta leguas, en cuyas islas estuvimos otros quince dias tomando algun descanso y por último partimos para Lisboa de la cual estábamos mas al Occidente trescientas leguas, entrando por fin á dicho puerto el 7 de Setiembre de 1502: habiendo empleado en este viaje cerca de diez y ocho meses y once dias.

VIAJE CUARTO.

Réstame decir las cosas que ví en el cuarto viaje y por estar ya cansado y además porque este viaje no se realizó segun me lo habia propuesto á causa de una desgracia que nos sucedió en el Atlántico, como tendré ocasion de referirlo, trataré de ser muy breve y conciso. Partimos de este puerto de Lisboa seis naves de conserva con propósito de ir á descubrir una isla hácia el Oriente que se llama Malaca, de la cual se tiene noticia de ser muy rica, y que es como el emporio de todas las naves que vienen del Mar Gangético y del Mar Indico, como Cádiz lo es de todas las naves que pasan de Oriente á Poniente y vice-versa, por la vía de Calcuta y esta Malaca está mas al Occidente que Calcuta y á mayor altura hácia el Mediodia pues sabemos que está á treinta y tres grados del Polo Antártico. Partimos el 10 de Mayo de 1503 y fuimos derecho á las Islas del Cabo Verde, donde hicimos nuestras reparaciones, empleando en ellas trece dias y al fin partimos para nuestro viaje hácia el S. E. Como nuestro Capitan Mayor fuese hombre presuntuoso y terco, quiso ir á reconocer la Sierra Leona, tierra de la Etiopia Austral, contra la voluntad de todos nosotros. Navegando asi, cuando avistamos dicha tierra, fueron tantas las turbonadas y el mal tiempo, que á pesar de haber estado por cuatro dias á vista de ellas, no pudimos atracar, viéndonos obligados á volver á nuestra verdadera navegacion, tomando rumbo S. O. Despues de haber hecho unas trescientas leguas, descubrimos una tierra que vimos ser una isla en medio del mar, de costa alta y solo de dos leguas de largo por una de ancho que no está habitada. En esta isla perdió nuestro Capitan Mayor su nave, dando con ella en un escollo no salvándose sinó la tripulacion. Por órden suya fuí á buscar un surtidero en esta isla, hallándolo bastante bueno é hicimos provision de agua y leña; partimos despues hácia el S. O. porque teniamos una órden del Rey por la cual, cualquiera nave que se perdiese de la flota, fuese á las tierras descubiertas en el viaje pasado. Descubrimos alli un puerto que le pusimos por nombre Bahia de Todos Santos, donde merced al buen tiempo llegamos en diez y siete dias pues dicha isla distaba como unas trescientas leguas.[22] Esperamos dos meses á nuestro Capitan y viendo que no venia, acordamos correr la costa navegando adelante como unas doscientas sesenta leguas, hasta encontrar un puerto donde resolvimos hacer una fortaleza; la hicimos dejando en ella veinticuatro cristianos que habia recogido de la nave Capitana que se perdió. En este puerto estuvimos cinco meses ocupados en construir la fortaleza y en cargar nuestras naves de campeche, no pudiendo continuar la navegacion, porque no teniamos gente y faltaban muchos aparejos, por lo cual resolvimos volvernos á Portugal. Esta tierra está fuera de la Línea Equinoccial diez y ocho grados[23] hácia la parte del Sur y treinta y siete grados de longitud de Lisboa á cuya ciudad llegamos en setenta y siete dias el 18 de Junio de 1504.

Dada en Lisboa á 4 de Setiembre de 1504.

Servidor:

AMÉRICO VESPUCIO.

III.

EXTRACTO DE DOS CARTAS

DIRIGIDAS POR AMÉRICO VESPUCIO

A LORENZO DE MEDICI,

RESPECTO A SU TERCER VIAJE,

CON OBSERVACIONES CRÍTICAS SOBRE ELLAS.

A mas de estas dos cartas, parece que Vespucio escribió:--1^o La relacion de sus dos primeros viajes, dirigidas al Rey de España, segun dice en el exordio de la carta á Soderini--2^o Un folleto titulado "Le Quatro Giornnate" en que minuciosamente relataba sus viajes y sus observaciones astronómicas, de cuyo folleto habla con frecuencia en sus cartas--3^o Un cuaderno ó diario de sus dos últimos viajes que dice retenia el Rey de Portugal--4^o Una carta dirigida tambien á Lorenzo desde la costa de Guinea, cuando iba para su tercer viaje.--Ninguno de estos cuatro escritos han aparecido hasta la fecha á pesar de los esfuerzos hechos por encontrarlos.

De las dos cartas dirigidas á Lorenzo de Medici, juzgo que fuese la primera la dirigida de la costa de Guinea, por las siguientes palabras de la carta publicada por Francisco Bartolazzi por primera vez en 1789 y cuyo exordio, dice:

"La última escrita á V. M. fué de la costa de Guinea, de un lugar que se dice Cabo Verde, en la cual os instruí del principio de mi viaje y por la presente lo haré de la continuacion y fin de ese mismo viaje."

Nótese que Vespucio dice:--_la última escrita á V. M._ etc., lo que quiere decir que ya habia escrito su carta referente al primer viaje que publicamos al principio de este Apéndice, y tal vez otra referente al segundo viaje, pero esta no se ha hallado, ni hay datos para creer que existiese, sino la conjetura racional que escribiendo sobre su tercer viaje, debia haber escrito tambien sobre su segundo,--tanto mas, cuanto que este exordio lo concluye can las siguientes palabras:--_por lo cual determiné dar á V. M. noticia de esta tierra como lo he hecho siempre respecto de mis anteriores viajes_.

Debemos pues deplorar tambien la pérdida de la narracion de su segundo viaje dirigida á Lorenzo de Medici.

Esta carta de que nos ocupamos, principalmente habla de la Zoología, Botánica y Antropología.--Respecto á la Cosmografía no contiene sino lo siguiente:

"Corrimos tanto por estas mares, (rumbo S. S. O.) que entramos en la Zona Tórrida y pasamos la Línea Equinoccial al Sud, hácia el Trópico de Capricornio, hasta que alzaba el polo sobre el horizonte cincuenta grados y navegamos cuatro meses y veintisiete dias, no viendo ya la Osa Mayor ni la Menor y por el contrario muchos cuerpos celestes que no se ven jamás al Setentrion etc., etc."

La otra carta se publicó por el padre Canovai, como la segunda de las halladas con direccion á Lorenzo de Medici; segunda es en efecto, en el órden del hallazgo, pero debe ser la última en el órden cronológico, por las razones siguientes:

En primer lugar Vespucio empieza la carta diciendo que hace poco refirió algo relativo á las partes del mundo donde fué con las naves del Rey de Portugal:

"Ai giorni passati pienamento diede avviso alla S. V. del mio ritorno: e si ben mi ricordo, le racontai di tutte queste parti del _mondo nuovo_ alle qualle io era andato con le caravelle del Serenissimo Re di Portogallo etc." Si esta carta siguiese inmediatamente á las referentes al primer y segundo viaje, no diria que _fué con las naves del Rey de Portugal sinó de Castilla_.

En segundo lugar, dice Vespucio, en el mismo exordio, que de estas tierras hablará ahora mas minuciosamente, lo que quiere decir que ha hablado ya de ellas mas someramente.

En esta carta ya el navegante Florentino se muestra desengañado de que estas tierras fuesen el confin del Asia:--"Sicché, dice, non senza cagione l'habiamo chiamato _Mondo Nuovo_, per ché gli antichi tuttí non n'ebbero cognizione alcuna e le cose che sono state nuovamente da noi ritrovate, trapassano la loro openione etc."

Concuerda esta carta con el capítulo tercero de la dirigida á Soderini en todo lo principal, justificándose nuestra opinion de que, si bien esta última carta fué antedatada y alterada, no es apócrifa y que se antedató y alteró solo para hacer creer que Vespucio llegó antes que Colon al Continente Americano, de modo que las alteraciones van desapareciendo á medida que nos alejamos del primer viaje.

Despues de referir la partida de Lisboa en 13 de Mayo de 1501, dato que no aceptamos y que solo aceptariamos si viesemos el original, por las razones expuestas en el capítulo XI, despues de referir la escala en la costa de Guinea, despues de narrar que anduvieron perdido y que hallaron el rumbo gracias á sus observaciones, dice:

"Esta tierra firme (la hallada) empieza mas allá (al Sud) de la Línea Equinoccial, ocho grados hácia el Polo Antártico y tanto navegamos cerca de esa costa que pasamos el Trópico de Capricornio en diez y siete grados y medio hácia dicho Polo y tuvimos el horizonte levantado á cincuenta grados."

Es notable la concordancia de esta carta con las otras aun en este error que ya hemos demostrado.--Es materialmente imposible que hubieren alcanzado los cincuenta grados sin tropezar con las islas de Falkland y sin notar las variaciones del clima frio.--Por otra parte las leguas que se dicen recorridas no dan esa latitud, ni ménos el tiempo empleado en el viaje.

Vespucio arribó en este viaje á ocho grados latitud Sud, esto es cerca de Pernambuco, de allí navegó proximamente _trescientas leguas al Sud_, donde halló un Cabo, _que está vuelto hácia medio dia_; trescientas leguas dan quince grados que, sumados á ocho, dan veintitres grados, latitud que corresponde á _Cabo Frio_; de este cabo, siguió algo la navegacion, pero por mucho que siguiese no podia ser arriba de ciento y tantas leguas, es decir siete grados mas; lo que nos dá una latitud de _treinta_ grados y no cincuenta--es decir la latitud de Porto Alegre, como demostramos en el Capítulo XI.--Un cinco puede confundirse con un _tres_, al menos es la cifra con que tiene mayor analojía de figurabilidad, y en la escritura antigua mucho mas que en la moderna.

En justificacion citaremos las palabras textuales de Vespucio:

"Fummo adunque tra noi de concorde parere di navigare preso di questa Costa e di non lasciarla mai di vista."

"Navigamo adunque tanto, que giungemno á un certo Capo di questa terra il quale é volto verso mezzo giorno, _questo capo, dal luogo dove prima vedemmo terra e lontano forse trecente leghe_."

Hasta aqui se combina la razon con los hechos; agrega Vespucio:--"Il capo di questa terra ferma ritrovata che volge verso mezzo giorno ci misse in magior desiderio di cercarla e considerarla diligentemente. Si ché di comune consentimento fu deliberato di cercar questo paese é intender i costumi e gli ordine di quella gente."

"Navigammo adunque presso de la costa quasi _seis cientas_ leguas, bajando con frecuencia en tierra, etc., etc."

¿Como deben entenderse esas seiscientas leguas?

Si del Cabo Frio, es decir de veintitres grados, se navegan _seis cientos leguas al sud_ se llegaria á la latitud _cincuenta y tres_, es decir á la altura del Estrecho. Pero fijemonos en el sentido preciso de la narracion; es despues de decir que resolvieron navegar adelante del Cabo Frio y de expresar el objeto de esa navegacion que era conocer bien el pais; es despues de concluido ese periodo, que dice, empezando uno nuevo:--"_Navigammo adunque preso della costa quasi seis cientas_ etc." Esto dá á entender que se habla de la suma total de las leguas navegadas desde el punto de llegada; el advervio _adunque_ indica _resumen, conclusion_, es advervio de modo que quiere decir:--_por consiguiente_:--y tal advervio no se emplea para enumerar una nueva distancia, sino para reanudarla con otra anterior; esa frase quiere decir: _navegamos por consiguiente seiscientas leguas_.

En segundo lugar, no dice Vespucio, que esas leguas fuesen medidas exactamente, sino que las calculaba aproximativamente:--_Navigammo adunque quasi etc_.--Asi pues, desde el grado ocho al veintitres, van _trescientas leguas_; quedan _trescientas_ mas del cálculo de Vespucio, de las cuales debe deducirse las que se incluyen por error ya que él mismo dice que eran calculadas, aproximativamente y deben deducirse tantas, cuantas demuestra la relacion del clima y del tiempo empleado en este viaje que no duró sino quince meses, segun el final del Capítulo III. de la carta á Soderini, tiempo insuficiente para llegar basta el Estrecho.

Debemos exponer aquí que en esta carta de Vespucio se lee un párrafo que aparentemente se opone á nuestra demostracion.--Ese párrafo es el siguiente:

"Adunque, siccome ho predetto, da Lisbona, donde ci partimmo, la quale é lontana dall' Equinoziale verso tramontona quasi per quaranta gradi, navigammo insino á quel paese che é di lá dall' Equinoziale, cinquanta gradi, i quali somati faranno il número di novanta, il qual número é la quarta parte del grandissimo cercolo, secondo la vera razione del número insegnataci dagli antichi. A tutti é adunque manifesto, noi aver misurato la quarta parte del mondo."

Segun este párrafo parece que el grado _cincuenta_ no ha sido error de copia, sino error de cálculo del mismo Vespucio,--pero la autenticidad de este párrafo es muy poco admisible;--en primer lugar, los grados que aquí aparecen en letras, se leen en cifras en todas las relaciones del navegante florentino; en segundo lugar, no es estilo suyo recapitular en párrafos sucesivos lo demostrado en párrafos anteriores; en tercer lugar, Lisboa no está en los cuarenta grados latitud Norte, sino en treinta y ocho grados y cuarenta minutos: en cuarto lugar, si el mismo Vespucio empieza el párrafo reconociendo que esa latitud no es exacta, no puede concluir diciendo _que habia medido la cuarta parte del meridiano exactamente, sinó casi la cuarta parte_; y si al arco que midió Vespucio hay que rebajarle cerca de dos grados, de parte de la latitud septentrional.--¿Con cuanta mas razon deberá bajarse el número de grados de parte de la latitud Sud, mucho menos conocida en aquellos tiempos?

En quinto lugar no se ven en esta carta voces españolas ó españolismos, como en las anteriores, porque el editor de este códice, ha reducido el texto á vulgar lengua Toscana, prueba evidente de que ha habido alteraciones en esta edicion.

La mano estúpida de los parciales de Vespucio se ha entrometido desde el siglo XVI á hacer alteraciones en sus escritos y esta oficiosidad indigna de quien pretende escribir la historia, es la que mas ha perjudicado la fama del pobre Américo,--que en este párrafo ha querido decir, sin escribir en letras el número de grados, que ha medido un arco del meridiano, muy cerca del cuadrante ó de los noventa grados.

Por confuso que sea un documento y por mas que quiera alterarsele, siempre queda un rastro que la sana crítica aprovecha, como de la luz extinguida, suele quedar una chispa que basta un soplo para reanimarla.

En este caso, quedó el deficit de la latitud de Lisboa y la palabra--_quasi_--usada al principio del párrafo y estos rastros, unidos con la combinacion de climas y de tiempo empleado en el viaje, nos han traido sin esfuerzo al descubrimiento de la verdad.

Es pues evidente que Vespucio no navegó sino hasta el grado treinta latitud Sur, á la altura de Porto Alegre y es evidente tambien que desde Lisboa, á treinta y ocho grados, cuarenta minutos hasta este punto, mensuró un arco del meridiano de mas de _sesenta y ocho grados_--ó casi el cuadrante del mismo.

Tal es nuestra opinion y los que quieran leer todos los textos de las relaciones de Vespucio, pueden consultarlos en la obra del Sr. Varnhagen que se halla en la Biblioteca Provincial de esta Ciudad.

* * * * *

FIN DEL APÉNDICE.

ÍNDICE.

pág.

Quien merecia haber dado su nombre al Nuevo Mundo--Inocencia de Vespucio--Cuando apareció el nombre de América--Opiniones sobre este nombre--Carácter de Vespucio--Nobleza de sus sentimientos--Paralelo entre Colon y Vespucio. 97

APÉNDICE.

I Carta á Lorenzo el magnífico hijo de Pedro Francisco de Medici 105

II Carta á Pedro Soderini 119

Primer Viaje 121

Segundo Viaje 125

Tercer Viaje 128

Cuarto Viaje 131

III Extracto de dos cartas dirigidas por Américo Vespucio á Lorenzo de Medici con observaciones críticas sobre ellas. 135

NOTAS:

[1] Un erudito notario de Génova certificó que de los libros bautismales de _San Stefano_ constaba que nació en esa parroquia y del registro de otro notario consta que tenia una casa en el _Vico de Mulcento_, que los monjes de _San Stefano_ le habian dado en censo. Este documento se ha encontrado en el archivo público de Génova.

[2] Nada hay como la cronología para rectificar los hechos; si Colon nació en 1447, entró á navegar de catorce años y navegó veinte y tres años seguidos, suspendió sus viajes en 1484, época en que, habiendo ya perdido su esposa y sus esperanzas de proteccion del rey de Portugal, dejó ese país y partió para Castilla. Pero si esto se confirma así, se rechaza la pretension de algunos de que en 1475 navegase con la armada Genovesa en el levante y aparece mas justificado lo que otros historiadores aseguran, esto es; que en 1470 arribó á Lisboa y se estableciese allí, aunque desde ese puerto continuase sus excursiones marítimas, para completar sus veinte y tres años de navegacion. De este modo quedan catorce años de residencia en Lisboa, á lo menos de tener allí su domicilio. Esos catorce años son necesarios para que se desarrollasen los siguientes sucesos:--1^o El matrimonio que contrajo--2^o El nacimiento de su hijo Diego--3^o Su correspondencia con Toscanelli, y la maduracion de sus planes de circunnavegacion, pues ya hemos dicho que la época de los trabajos del sabio florentino y de su correspondencia con el canónigo Martinez de Lisboa y con el padre Ximenez era por el año de 1474.

[3] Pedro Martire, era un sabio italiano que, como muchos otros fué á España en tiempo de los Reyes Católicos: fué historiador contemporáneo de Colon y mas de una vez tendremos que consultarle, pero en este caso nos suscita una duda en vez de darnos una luz. Dice que Colon fué á Génova á los cuarenta años de edad á ofrecer el descubrimiento al gobierno de esa República; pero habiendo nacido en 1447 tendría 40 años en 1487, cuando se hallaba en España, de donde no consta que saliese sinó para los mares del Occidente.

[4] El Señor Varnhagen observa con razon que esta expedicion no pudo salir de la Isla de Fuego, que ha sido y es posesion portuguesa porqué los buques españoles que iban á los descubrimientos llevaban órden de no tocar en ninguna tierra que hubiese sido descubierta ó estuviese poseida por el Rey de Portugal. Asi supone que en vez de esa Isla debió ser la Isla de Fierro; pero esta isla es una de las Canarias y en la relacion de Vespucio se dice que pasaron á vista de estas islas y fueron á las del Cabo Verde, lo que escluye la posibilidad de un simple error le palabra.

Esto nos convence mas de las alteraciones que ha sufrido esa carta dirigida á Soderini, que el Sr. Varnhagen supone tan digna de crédito y justifica mas el recelo con que la admitimos nosotros, no aceptando de ella sinó lo razonable y concordante con los demás documentos.

[5] Bueno es advertir que hemos tenido gran cuidado en establecer ciertamente la fecha del primer viaje, porque ella debe ser la clave para corregir las demas fechas. Así, siendo evidente que emprendió su primer viaje en Mayo de 1499 y que regresó en Junio de 1500, su segundo viaje que segun él mismo lo dice duró cerca de un año y que terminó en el mes Setiembre, debió haber empezado, como lo hemos explicado, fundándonos en lo que él mismo dice al final de su carta á Medici, que los buques estarian prontos á mediados de Setiembre, debia haber empezado decimos, en Setiembre de 1500, debiendo necesariamente concluir en Setiembre de 1501.

[6] Véase el apéndice, _Observaciones_.

[7] Voz griega adulterada por los portugueses y españoles que de _myrobalanos_ hicieron _mirabolano_ especie de bellota ó fruta muy sabrosa que se parece á la ciruela.

[8] Equivocacion de Vespucio, habrá querido referirse á Cornelio Nipote.

[9] Probablemente el hinojo, suplía al café, en aquellos tiempos en que no se conocia en Europa.

[10] Esta es la antedata á que nos hemos referido en el texto.

[11] En otros códices se lee diez y seis grados, pero hemos explicado en el Capítulo XI que es un error de copia y nos hemos fundado entre otras razones en la demostracion que hace el Padre Canovai en su Disertacion justificativa sobre Vespucio, Cuestion novena.

[12] Sigue aquí una larga descripcion de los indígenas y de sus costumbres que suprimimos por que no hace al caso que nos proponemos.

[13] Sobre esto véase nuestro Capítulo XI, página 73.

[14] Debemos advertir que en esta traduccion hemos omitido el detalle minucioso de las costumbres de los indígenas que ningun interés tienen hoy y que no dan luz sobre el descubrimiento de las tierras Americanas.

[15] Véase el Capítulo XIII, página 90.

[16] Se suprime el párrafo relativo al encuentro de habitantes y de canoas.

[17] Se suprime lo relativo á las costumbres de esta poblacion.

[18] Se suprime la relacion de las aventuras con la gente de tierra que nada tienen que ver con el descubrimiento.

[19] Este escrito de Vespucio, no se ha encontrado.

[20] Ya hemos demostrado que no pueden ser cincuenta y dos grados como dice el texto.

[21] Puede decirse que Vespucio fué el primero que esperimentó el Pampero que se hace sentir hasta en esas latitudes.

[22] Esta distancia es equivocada pues á trescientas leguas de la Bahia de Todos Santos no hay isla alguna.

[23] Esta latitud está evidentemente equivocada. Del puerto de Bahia navegó Vespucio _dos cientas sesenta_ leguas, segun lo dice arriba, que hacen trece grados. La latitud de Bahia son doce grados y medio, luego sumando los trece grados hacen veinticinco grados que es aproximativamente la latitud de Cabo Frio.

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1. Silently corrected typographical errors and variations in spelling.

2. Retained anachronistic, non-standard, and uncertain spellings as printed.