Análisis del pensamiento racional · Unidad 5 de 290
Unidad 5 · *3 WWWWV VW^
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LECCION PRIMERA.
REFLEXION GENERAL SOBRE EL MODO COMUN HISTORICO
DE PENSAR Y CONOCER.
. Particularidad é individualidad habituales en el pensar común. — 2. Dificultad y repugnancia inherentes contra el modo de pensar filosófico; su significación y remedio. — 3 . Camino seguido ordinariamente en nuestro estudio; resultados inmediatos á que conduce en nuestro espíritu.— 4. Presentimiento de relaciones entre las ciencias; modo de considerar hoy estas relaciones. — 5 . Principios, preparación y fines comunes entre varias ciencias; estado actual de estas relaciones generales.— 6. El propio libre pensar (el idear — la idealidad — y en sentido laxo: Filosofía); su estado presente.— 7. Falta de verificación de nuestra particular ciencia en todas sus relaciones científicas. — 8. Temor de hallar, al lado de nuestro objeto y ciencia, otro objeta esencial y ciencia verdadera. — 9. Repugnancia á reconocer nuestro error y rectificarlo. — 10. Cómo tememos igualmente hacernos cues* tion entera, libre, objetiva de nosotros mismos, según razón. — 11. Resultados de este particularismo científico en casos prácticos. — 12. Reflexión final sobre lo que es y cómo es hoy nuestra ciencia. — Adiciones .
1. Conviene ante todo mostrar qué de diferente es, y cómo lo es, el estudio filosófico del histórico, ó literario, ó filológico, ó del sentido y experiencia común; y conviene mostrar esto aquí determinadamente en el modo de pensar y estudiar y prepararse al estudio el sujeto.
Para ello consideramos, primero, cómo estudian (hacen estado de pensamiento) y piensan, y, consiguientemente, cómo aprenden y conocen áun los mejores que se ocupan de ciencias partícula-
res, según ellas piden; de donde, al mismo paso, se hace en ellos, con el uso de pensar de determinado modo, para determinado intento y fin, hábito y estado y carácter total de pensamiento y de espíritu; el cual hábito se asimila al punto en nuestro individuo y con él íntimamente y con la historia, cada vez individual, contemporánea, común ó científica ó literaria, en que vivimos y pensamos. Y todo con tal íntintacion entre esta relativa individualidad (histórica, literaria, científica y áun filosófica) y la propia individualidad intelectual en cada cual, y con tal fuerza, pues, de combinación histórica en la particularidad é individualidad de pensamiento, que se hace imposible (cuanto en temporal imposibilidad cabe) que de tal cerrado y habitual y como congénito estado intelectual vengamos inmediatamente , como si pasáramos de uno á otro particular modo de pensar y conocer, al modo de pensar y estudiar, y, consiguientemente, de conocer filosófico ó racional (en el propio y entero sentido); ni, mucho menos, á hacernos estado y hábito de este superior y para nosotros hoy nuevo modo de pensar, no sólo en la Filosofía, sino en toda cualquiera ciencia ó ciencias que tratemos filosóficamente.
Necesitamos, pues, una propia é intencional reflexión sobre todo nuestro estado presente de pensamiento y conocimiento hasta reconocer lo que este estado no tiene, su imperfección científica, con cuya previa reflexión podamos levantarnos sobre él á más altó modo de conocimiento. Esta reflexión y como revisión retrospectiva, llana en sí y naturalísima, y que el joven puede hacer fácilmente, ofrece grandes dificultades al espíritu formado y de largo habituado á un determinado modo de pensar y conocer, si no está preparado á ello desde joven.
2. Según lo dicho, se concibe claramente que, prevenidos desde la infancia, sin interrupción, de tal modo y hábito dé pensar particular, y en él individualizados, consideremos, en estado semejante, como imposible la Filosofía y el pensar filosófico; y que, no sólo lo pensemos, sino que lo sintamos tál y lo queramos \pues el conocer toca también al punto é influye en el sentir y el querer), y, póf tanto, que nos hallemos fríos é insensibles, para entrar en el modo de pensar y estudiar y conocer racional cientí-
co (tanto reflexivo cómo objetivo, como superior sobre ambos
absolutamente), y áun lo repugnemos. Y así, cuanto es más pronunciada y tenaz esta dificultad y la enemiga consiguiente contra la Filosofía y el modo de pensar filosófico (como en muchos lo parece rioy en dia), significa esto, rio que tal modo común de pensar es el verdadero, áún el verdadero filosófico (pues el mismo se declara anti, nó sobre-filosófico, y es un pensar en pura relación, cuando el filosófico es pensar én razón, y en razón aun de la relación misma), sino que significa solamente el mero hecho de pensar así, á saber, de tal pensar, que es, por un lado, negativo y repugnante, ó es negación y repugnancia de otro saber y pensar — el filosófico. — Y con esto mismo atestigua en su hecho que este pensar y conocer, negado y repugnado, es, precisamente el que nos falta; y, cuanto más repugnante es, más de manifiesto pone en su misma negación su particularidad é inferioridad; y muestra en su mero hecho que hay y se dá el modo de pensar que él repugna y contraría.
Sólo resta, por tanto, explicar el origen de esta repugnancia en el mismo modo de pensar que la manifiesta, reflexionarla, para entender nosotros la razón de ella en nosotros mismos, y de aquí, en cuanto sabemos y podemos, vencerla también. Esta nuestra intención y propósito sobre el estado común de nuestro conocimiento es precisamente ya filosofar y filosofía, ó es, por lo menos, la inmediata preparación á ella, pues es ya un pensar y conocer racional, razonando, en razón del mismo sujeto cognoscente y pensante, y de su estado, lo cual mismo es reflexionar .
Consideremos, pues, cómo estudiamos y pensamos, y cómo, en consecuencia, conocemos ordinariamente.
3. Comenzamos ordinariamente á pensar y conocer y nuestra vida intelectual, desde luego, con determinado propósito, ó decididamente predominante, ó con tendencia final á ello, en particularidad de asunto y género científico, y en consiguiente particularidad de ejercicio y modo y hábito de pensar, según el particular asunto de nuestro trabajo. Y, en aquel mismo particular objeto, pensamos y estudiamos y conocemos todavía, limitándonos á esferas y ciencias, de grado en grado particulares, áe aquel género; y además, según un particular autor y según la particular manera de entender aquel autor el que nos lo explica ó habla de
¿l Y de tal modo nos afecta y modela nuestro espíritu, y nos va limitando y menguando este ejercicio particular de nuestro pensamiento, que se nos hace grandemente difícil, cuando no repugnante ó indiferente, otro modo de entender el mismo autor u otro autor de contrario 6 aun sólo diferente modo de ver que el nuestro (como decimos) y cada otro asimismo, y los mas lejanos en tiempo y lugar o modo de pensar, tanto mas, y esto aun dentro del que llamamos nuestro asunto y género y ciencia. De modo, que en la pendiente de limitación de objeto ó asunto científico en que desde luego é imprevisamente (sin conciencia ni razón determinante ni plan previo para ello) nos ponemos, y tras la que nos dejamos llevar pasivamente, parece que á cada grado de tal pendiente acompaña el cerrar á nuestros ojos parte del asunto y objeto total de la ciencia y de nuestro conocer y pensar natural, de nuestra libre entera inteligencia y facultad nativa de pensar y conocer. Así, solemos perder, en el progreso de nuestro estudio de una ciencia, la vitalidad, la flexibilidad y asimilatividad, el entusiasmo, la riqueza de pensamiento y presentimiento intelectual con que la comenzamos, como el hecho nos muestra: pues hácia tal otra y otras partes del mismo género científico, y hácia tal otro y otros pensamientos y modos de ver sobre el mismo, nos hallamos, de hecho, ó ignorantes ó indiferentes ó aún repugnantes y enemigos en nuestro pensar sucesivamente limitado y particularizado, aunque todo vfcrsa sobre lo mismo, y todo entra y cabe, ello en sí, en la misma común manera de pensar y estudiar y conocer tal ó cual ciencia. De modo, pues, que en nuestro camino y progreso (según el modo individual de ver de cada uno) de conocimiento y ciencia, acompaña crecientemente, bien mirado, un progreso efectivo de ignorancia de objeto, y de mengua y limitación de pensamiento é inteligencia, que hace verdadera la exclamación de los sinceros en momentos de lucidez racional: / Nada sabemos ! ¡El mejor saber es el saber que ignoramos ! Este camino que llevamos, tras un rayo de ciencia, que el mismo no nos suele satisfacer, nos trae una atmósfera y mundo entero de ignorancia.
4. Hoy, por foituna, comienza a entenderse más comunmente, y a comprenderse mejor, que hay relaciones entre las ciencias
y entre las inteligencias; y nos esforzamos por seguir este camino de las relaciones al lado del propio asunto y objeto científico que cultivamos, y del propio modo de estudiar, y por buscar las relaciones de nuestra particular ciencia con otras. Pero este saber de las relaciones científicas y las lógicas está hoy en indicación y anuncio más que en la clara, viva, conciencia del que estudia: no es conocido como un propio saber y propia ciencia, bajo su propio principio, ni con sistema; ni es, por tanto, con útil intención ni con plan dirigido. Y, hoy por lo ménos, suele acabar en confusión del objeto y de los límites de cada ciencia con todas , y en descaracterizacion y enervación de las inteligencias, como así debe suceder, cuando las relaciones entre las ciencias son consideradas á modo de un simple parecido y aproximación y de particulares servicios délas unas á las otras, no como una relación sostenida, sistemática, fundada en la propiedad de cada ciencia y en la ley misma de las relaciones, y extensiva á todas las ciencias sistemáticamente.
5. También de la cultura general nos vienen por otro modo ojeadas y sentidos y fines comunes de relación entre las ciencias, como sucede, en cierto modo, en la educación general y conocimientos generales preparatorios del hombre científico, ó en el estudio de varias ciencias para el fin común de una carrera, ó en el comercio general y social de los hombres de ciencia entre sí. Pero el cultivo de estas relaciones mediatas y generalísimas con la ciencia particular que estudiamos consiste hoy, más en un cierto sentido y saber culto ó literario (muy estimable en sí), que en un sentido científico, en saber qué es y cómo obra directa interiormente la cultura general (social ó literaria) en nuestra ciencia particular y en el modo y hábito intelectual consiguiente de nuestro espíritu, y en dirigir la misma cultura común literaria ó social útilmente, según este sentido.
6. Apuntan hoy también y se anuncian en el fondo del espíritu científico ciertos movimientos del pensamiento propio (1), que, por contraste á la ciencia aprendida tradicional, suelen llamarse libre examen, libertad de pensar, idea é idealidad cientíh-
(]) Espontaneidades del pensamiento-ideas: Esas son mis 1 deas .
ca y en un amolísimo, laxo sentido, Filosofía ; y este es un germen’ precioso que, bien cultivado, puede ser fecundísimo. .
Pero, aquí entramos en un campo abierto y como sin horizonte de todos lados, donde falta una verdadera universal objetiva regla y ley, que bien sabemos que no tenemos, ni para ello venimos preparados (la Filosofía como ciencia real). De donde volvemos á declinar pronto y acaso mas hondamente en nuestra habitual particularidad y limitación del pensamiento, que recae ahora, no va sobre una ciencia y conocimiento real objetivo, aunque par-
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cial, sino sobre una opinión subjetiva, una idea nuestra. Toma, pues, cada cual una idea ó aspecto ó modo propio de pensar por universal (filosófico); sirve con él á un fin ó interés ó preocupación (que en su conciencia es el que él quiere); y, pues es de razón necesaria que seamos lo que y como una vez pensamos y nos proponemos ser, la libertad de pensar suele parar en libertinaje y anárquica lucha y perversión de ciencia y de conciencia científica, que despierta á su vez por contraste el deseo impotente (como de un mejor saber) del franco y modesto particularismo pasado (escolasticismo). Y, sin embargo, este camino del libre exámen y la propia libre idealidad, que en particular parece (y relativamente lo es) descamino y perversión, es, en general, camino derecho, ó, por lo menos, el único posible de abajo arriba, en nuestra limitación científica é intelectual, hácia la ciencia real y racional y á este superior modo de pensar y conocer (i).
7. Consideramos cada objeto de ciencia y la ciencia á él correspondiente, y nuestro modo de pensar á ello relativo, á lo más, en alguna próxima determinada relación á otro determinado objeto y c ^ enc i a y modo relativo de conocer, cuando lo definimos; pero
(1) Porque en esta desatada arbitrariedad de pensamiento en que ho) están las llamadas ideas y el idear, en la confusión propia v anar-
qUe de aquí se en g endra tarde ó temprano, y en la imposi nidad de volver á lo pasado, experimentamos con tristísima evidencia y con profundo dolor, y somos nosotros mismos; el fruto amargo del parncukrismo irracional en que la tradición científica pasada nos m , e y hundl dos, á saber: el particularismo en nuestro
:r° y Ubre pCnSar * Y est0 ’ sabid0 7 sentido, es el punto crítico > preparación para una reforma radical y entera en la ciencia
no llevamos ni extendemos libre ni sistemáticamente este mismo procedimiento á otros y otros y todos los objetos y ciencias y sus relativos modos de pensarlas y conocerlas, que están á nuestro alcance;, no verificamos nuestro objeto y ciencia y modo particular de pensar en todcfs los objetos de su género; y así ascendiendo, y en las ciencias respectivas por el mismo orden en ra^on absoluta de conocer y de las leyes del conocimiento, no preguntamos qué es nuestro objeto y cómo es á todos los demás y con todos.
Pensamos, pues, los objetos con un pensar y ciencia siempre de lado y en relativo y parcial pensar, no en derecha y entera y libre razón y racionalidad de pensar y conocer; y ántes bien, somos, hoy todavía, indiferentes á ello, y áun lo repugnamos, y nos hacemos como desentendidos de este fin y ley capital de todo conocimiento, olvidando que, en la unidad de la ciencia, cada ciencia particular, bajo su propia definición, admite y funda y exige, para su propio complemento y entera verdad científica, tantas definiciones relativas cuantas relaciones tiene, debiendo ser verificada en todas ellas y recíprocamente, en razón absoluta de la verdad y de la verdad científica.
8. En tal estado y hábito del particularismo científico (ya sea particularismo en una ciencia dada (empirismo), ya lo sea en una concepción ó idea y modo propio libre de pensar, pero subjetivo, y en esto mismo particular), tememos hallar, al lado de un objeto determidado, su contrario relativo y la ciencia de este objeto, ante el que debamos dejar de mirar la que nosotros aprendemos ó concebimos (ó el modo libre de pensar en que vivimos) como única y entera y absoluta, ó, á lo ménos, como la primera y principal en que el espíritu y el deseo de ciencia descanse, y fuera ó sobre la que nada esencial haya que conocer, verdaderamente nuevo, ni nueva ciencia ó modo de conocer y de pensar, en que nuestra inteligencia deba educarse. Y bajo este sentimiento preferimos encerrar nuestro pensamiento tenazmente en la ciencia aprendida ó en la idea ó el modo de pensar formado, sin querer pensar en otro, ó pensándolo con pensamiento segundo, adjetivo ó relativo á nuestra ciencia ó idea ó modo de pensar, no primero y propio y entero, y propia v primeramente pensado en él mismo.
por su propia verdad científica, ó, cuando menos, en justa reíaclon con el nuestro.
q . Repugnamos, asimismo, con cierto terror intelectual (subjetivo), pensar resueltamente que hemos errado, ó que caminamos errados en asentir con todo nuestro pensamiento á nuestro modo de pensar ó estudiar y conocer, y al habito de ello quiza por toda la vida, y sujetarnos al modo de pensar o estudiar contrario, y además sobre-pensar sobre uno y otro (racionalmente), en qué consiste nuestro errado pensar y modo de entender, y de dónde es originado, para rectificarlo en consecuencia. En suma: repugnamos tenazmente verificar nuestro errado modo de pensar en el modo contrario, y discernir en este exámen y reafirmarnos en lo que tiene nuestra idea de verdadera, en vez de irnos pasivamente, conocido nuestro error, y con igual, aunque contraria, preocupación al pensar contrario, como de ordinario hacemos.
10. Tememos, asimismo, y profundamente, pensar nuestro mismo pensamiento en entera y libre conciencia y consciente discusión, y discusión contradictoria*, hallar en nosotros mismos, en nuestra interioridad práctica y teórica (la conciencia, la inteligencia) la afirmación, la negación sostenida, y áun la confusión de ambas y la lucha y dolor propio consiguiente, presintiendo que, en esta íntima discusión y propia confusión de nuestra presumida ciencia, vamos á caer y quedar en pura negación y vacío intelectual y como en el aire, sin dejar conocimiento ni afirmación en pié en nuestra inteligencia ni en nuestra ciencia. Tememos, pues, nó encerrar la mirada ni el ojo científico en objeto particular y la ciencia de este objeto, sino ver, sobre-ver aquel objeto y ciencia en su total superior objeto y ciencia, y, lo primero, nosotros mismos y nuestra ciencia, poniéndonos, digámoslo así, libre y. enteramente cada uno consigo mismo en medio de cuestión, en juicio severo imparcial, abierto consigo mismo y la propia ciencia, según razón.
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11. Consideremos, ahora, en nosotros* en casos prácticos, el ruto de este particularismo (relatividad) científico, al que venimos
diñados y en el que luego voluntariamente nos encerramos con tenacidad
a) Observemos, por ejemplo, cuando estamos solos con nuestro pensamiento, si éste es fecundo en pensamientos propios bien definidos y enlazados, libres, vivos además, y de los que nos alimentemos nosotros nlismos y que nos muevan con calor animador, gratQ, á desenvolverlos por puro motivo de ellos y de su verdad; — ó si solo hallamos inconexión, confusión, falta de principios , como decimos, y que nos mueven antes bien, á dejar el propio pensar, para entregarnos esclavamente al pensamiento hecho ageno, ó á trabajar por motivo exterior, ó á no trabajar ni pensar.
bj Observemos si en nuestras discusiones con otros, ó con el libro, ó con nosotros mismos, llevamos el. sentido franco, desinteresado, dócil, racional, á escuchar la opinión agena y estimarla ante todo, y salvo examen,, corno si fuera verdadera, y ponernos libremente entre ella y nuestra opinión, para tomar después la mejor conocida; — ó si desde luego nos choca é irrita la contrariedad, cegándonos , como es evidente, sobre lo mismo que decimos que sabemos, y yendo ya mal preparados para la libertad y equidad racional en el caso.