Apuntes acerca de varios cultivos cubanos · Unidad 23 de 46

Unidad 23 · AJONJOLÍ Ó ALEGRÍA.

Texto completo en español de una edición de dominio público con fuente y huella registradas.

AJONJOLÍ Ó ALEGRÍA.

La isla de Cuba posee incontestablemente una gran riqueza, ni siquiera sospechada por la generalidad de sus habitantes , en las plantas oleaginosas que pueden desarrollarse en sus terrenos. El ben, diversas palmas, la nuez de la India, piñón, diferentes especies de palma-Christi , girasol, maní, ajonjolí, las semillas del mamey colorado, la peregrina, etc., son otros tantos vegetales que nos podrían suministrar gran acopio de aceites, unos susceptibles de ser exportados , otros capaces de favorecer un gran comercio interior, tan beneficioso para un estado; todos, en fin, con aplicaciones locales de la mayor importancia. Y nótese que no nos ocupamos por ahora de aquellas plantas de las cuales es posible extraer aceites dotados de propiedades medicamentosas.

La higuereta crece en todos los terrenos , no exige cuidados de gran costo, sus distintas especies las hemos encontrado agrestes en nuestras sábanas , lugares húmedos a diversas alturas, y en tierras de todas suertes. Como, por otra parte, duran esos arbustos vigorosos y fructíferos largos años , es por demás evidente que bastaría una pequeña extensión de terreno para producir todo el aceite que para ciertas aplicaciones se necesitase en algunas fincas. — El aceite extraído de las semillas del ben es incoloro, inodoro y de un sabor dulce agradable ; se enrancia difícilmente, y puede conservar sin alteración de ningún género los olores más delicados ; propiedades todas que le hacen

— i59 — buscar para usarlo en varias aplicaciones de la perfumería.— El aceite de piñón (jatropha curcas) es trasparente, algo amarillo , arde muy bien sin producir humo ni olor, ademas se saponifica fácilmente. Con él se realiza un comercio muy lucrativo en el Brasil y en las islas de Cabo Verde. — Mas, dejando para otro tiempo relatar circunstanciadamente cuanto á esas plantas se refiere, vamos á contraernos al ajonjolí, el cual, junto con el maní, nos parecen los dos cultivos de este género llamados por excelencia a adquirir un gran desarrollo.

«Esta planta, nos dice Gasparin, es el rival más peligroso de todas las oleaginosas, sin exceptuar el olivo. — Si en todos los terrenos frescos y susceptibles de gozar los beneficios del regadío, colocados ademas en los climas convenientes, se cultivase el ajonjolí, sería preciso renunciar á cualquier otro cultivo productor de aceites. — Pensamos que la Europa conserva aún semejantes cultivos, porque su agricultura se encuentra más adelantada que la de esos países ; pero el dia en que esos territorios se pueblen y civilicen, por fuerza disminuirá nuestra producción. Si el olivo no pudiese vegetar en los suelos de calidad inferior, se encontraría tan amenazado por esa concurrencia como las otras plantas, pues el aceite de ajonjolí es dulce comestible, y cuando está bien fabricado, reemplaza muy bien el aceite de olivo.))

El aceite refino de ajonjolí es exquisito, y aun en Francia se consumen grandes cantidades de él, a más de los aceites refinos de olivo. En vez de usarlo solo, muchos fabricantes lo mezclan con el aceite, ya algo rancio, de olivos, el cual de este modo se bonifica y puede ser con-

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sumido con agrado. — Los turcos y árabes lo prefieren al aceite de olivo , y no solamente se aplica en el Oriente para esos usos, sino que aun goza de un favor especial, destinado á varias preparaciones de perfumería; se le atribuyen propiedades cosméticas muy marcadas y poderosas.

Las semillas de ajonjolí contienen hasta cincuenta por ciento de aceite. Existen distintas variedades, que en algo se diferencian respecto de su rendimiento en aceite y en la calidad de éste. 'Nosotros precisamente poseemos la mejor variedad, que es la de semilla blanca. Debemos, sin embargo, advertir que en el buen cultivo reside de una manera general todo el secreto de aumentar la riqueza oleaginosa de estas semillas, y en cuanto a la calidad, los métodos de extracción pueden hasta cierto grado igualar los productos, cualquiera que sea su origen. Para fabricar el aceite de calidad más superior conviene, según nuestras propias observaciones, comenzar por dejar depositadas en agua las semillas durante cuatro ó seis horas ; al cabo de este tiempo se estrujan ligeramente con las manos, y así se despojan de la película, la cual se elimina por completo por medio de repetidos lavados. Así preparadas las semillas, producen en frió un aceite de la mejor calidad, sin color, sabor ni olor alguno. En grande escala, esta operación podria ejecutarse con máquinas dispuestas al intento.

Después de extraido el aceite, queda un residuo que con gran ventaja puede emplearse para alimentar animales, especialmente cerdos, vacas lecheras, gallinas y pavos ; las carnes de estos últimos adquieren en esas circuns-

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tancias un gusto particular. Este residuo contiene cerca de ocho por ciento de ázoe; los tallos y hojas también encierran el propio elemento, lo cual explica cuan importante es en este cultivo emplear abonos azoados. A primera vista, sin examinar con detenimiento el particular, se podría creer que, puesto que lo que se extrae es aceite, el cual no contiene ázoe, bastaria abonar bien el campo al principio, y en lo sucesivo devolverle los tallos, hojas y residuos de la extracción, para mantenerlo continuamente en el mismo grado de fertilidad; mas una discusión prolija del asunto demuestra que no es posible llegar tan directa é inmediatamente á ese fin. En efecto, comencemos por admitir dos hcehos muy distantes de estar bien probados: aceptemos, no sólo que esos restos de la vegetación contienen todo el mantillo necesario á la vida y desarrollo de la planta, sino que aun encierren la cantidad1 de materias azoadas, indispensable, no tan sólo al crecimiento, sino también á las reacciones que deben efectuarse en el terreno. Suponiendo ambas circunstancias, no se conseguida de momento lo que se desea, agregando á la tierra esos despojos, pues es preciso considerar su estado, el cual no permite se distribuyan con uniformidad, ni tampoco los hace á propósito para ser utilizados tan luego penetren en la tierra, pues para eso sería preciso que sufriesen una descomposición previa. — El método más acertado de proceder en este asunto consiste en usar el bagazo para alimentar los animales, obligándolos á permanecer sobre los despojos del vegetal, que así forma un lecho absorbente, y se impregnan de principios fertilizantes , los cuales facilitan su descomposición,— Recogiendo todas las excrecio-

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nes y el lecho, acumulándolas en un lugar dispuesto al efecto, se formará, según las reglas del arte, el mejor abono para este cultivo. Por otra parte, es posible completar su composición, agregándole alguna materia fertilizante dotada de propiedades especiales. De todas maneras, bueno será que insistamos acerca de la necesidad de emplear abonos susceptibles de ser absorbidos con prontitud, es decir, bien descompuestos, y que ademas sean distribuidos con"' uniformidad por todo el suelo; circunstancias esenciales cuando se trata de una planta que tiene que desarrollarse en tan corto tiempo, reclamando una gran cantidad de alimentos para llegar á su apogeo de crecimiento. — Los buenos abonos, empleados en las cantidades convenientes, aseguran un gran rendimiento en aceite, y un residuo muy alimenticio.

Se dispone el terreno para esta siembra, principiando por drenarlo si fuese preciso ; en seguida se modifican sus propiedades físicas y composición química por medio de los correctivos y abonos más adecuados, los cuales se incorporan á todas las partículas del suelo en la exacta y conveniente proporción, practicando labores profundas, rompiendo el subsuelo, desmoronando los terrones por medio de los rodillos, mezclando todas las partes, y arrancando las malas yerbas por la acción de las gradas, etc. Una vez que el terreno, por naturaleza ó con los auxilios del arte , se encuentre dotado de la frescura requerida por la planta, y rico en materias alimentosas, se procede á la siembra, la cual se puede llevar á cabo, ó trazando surcos, ó abriendo hoyos á las oportunas distancias. Es más útil abrir surcos á la distancia de una vara, y en la direc-

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cion de ellos depositar las semillas de media en media vara, ó á mayor distancia, si así conviniese para el más completo desarrollo de las plantas. Los surcos deben ir dirigidos de Norte á Sur, dado que las circunstancias del terreno nos lo permitan. — Nacido el ajonjolí, se le deja crecer, y más tarde se le aclara en el caso de encontrarse muchas matas juntas, lo cual es posible, recordando la pequenez de la semilla; sería fácil imaginar un bastón sembrador , que sólo depositase el número de semillas necesarias en cada golpe. La separación que deba mediar entre los pies que se encuentren juntos, es punto de la mayor importancia; cuando las plantas se encuentran muy aproximadas , se desarrollan mal, sus hojas se enferman, producen menor número de cápsulas conteniendo menos granos', y éstos de calidad inferior. — Por otra parte, esas plantas se desarrollan con desigualdad y maduran á intervalos muy diferentes. Los cuidados del cultivo se reducen á aporcar internamente, en el caso de haber sembrado en surcos, practicar algunas rejacas, y mantener por medio de escardas oportunas el campo limpio de yerbas adventicias. Si el terreno es muy* fresco, y si las lluvias se repiten con frecuencia, no se necesitará regar el plantío; mas, de lo contrario, preciso será hacerlo tantas veces como lo reclamen las circunstancias. En este país, sembrando en la época de las lluvias, se puede evitar el riego. — Las siembras de ajonjolí se realizan por los meses de Abril á Mayo, á la entrada de las aguas.

Una vez que la planta ha llegado á su último término de vida, se corta, se reúne en haces, y se la deja secar en en un lugar limpio, en el cual sea posible recoger las se-

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millas que caigan. Más tarde se separan por completo las semillas , golpeando con palos los haces.

Hoy los negros en sus conunos ó en las guardarayas de las fincas, siembran el ajonjolí sin preparar el terreno; se contentan con abrir los hoyos por medio de la azada.

En la actualidad este cultivo no figura de un modo notable en nuestra explotación agrícola, y como sucede con el maní , sólo los negros en sus conucos, ó algunos estancieros, cosechan un corto número de quintales, los cuales se destinan, por lo común, á preparaciones culinarias; mas, atendiendo á las variadas é importantes aplicaciones de ambos granos, no tardará mucho el dia en que veamos sus plantas ocupar más extensión de nuestros terrenos. Entonces el aceite entrará de algún modo en el régimen de muchos individuos, que en la actualidad no adicionan á sus alimentos ningún cuerpo graso. Otras aplicaciones importantes tomarán incremento tan luego como la materia prima se obtenga á bajo precio, y entonces figurarán esos productos entre nuestros artículos de exportación.