Apuntes para la zoología de Tabasco : vertebrados observados en el territorio de Mascuspana · Unidad 1 de 35
Unidad 1 · UNAM ‘ “ I ‘ “
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UNAM ‘ “ I ‘ “
INSTITUTO DE GEOLOGÍA - CU
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TABASCO
UNAM
QL606
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INSTITUTO DE GEOLOGÍA - CU
biblioteca
APUJSTTES
PARA LA
ZOOLOGIA DE TABASCO
VERTEBRADOS OBSERVADOS EN EL TERRITORIO DE MACUSPANA
POR
JOSE N. ROVmOSA
•SOCIO dh NúsrERO dk i,a
«SOCriíDAD MEXICANA DE HISTORIA NATURAL.»
MÉXICO
IMPRENTA DE IGNACIO ESCALANTE,
BAJOS DE SAN AGUSTIN, NUM. 1.
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COORDINACION DE CIENCIAS
DONACION 03 0CT.?
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1 LOS SBííORES PROFESORES DEL MUSEO RAOIORAL
Y DISTINGUIDOS NATURALISTAS MEXICANOS,
DOCTORES D. JESUS SANCHEZ, D. JOSE RAMIREZ, D. MANUEL M. VILLADA, D. ANTONIO PEÑAFIELY D. M A N U EL U R BI N A:
AL REPUTADO QUIMICO, DOCTOR D. FERNANDO ALTAMIRANO.
Testimonio de amistad del Autor.
INTRODUCCION.
Cuando se dirige uno hácia la región meridional de Tabasco remontando la corriente del Chilapa y del majestuoso Tepetitan, después de corta navegación, si se viaja en buque de vapor, ofrécese á las miradas del espectador, desde el Torno de los Pedernales, el cuadro más bello con que la naturaleza y la mano del hombre adornaran las encantadoras riberas de aquellos caudalosos rios.
La hacienda San Diego con su gran caserío, ocultándose entre pinos, maculices y cocoteros, aparece en primer término en el paisaje, esbeltas palmeras per¬ fectamente alineadas, robustos árboles de caoba y bosques seculares en el fondo, y en lontananza, perdiéndose en la región de las nubes, maravillosamente esla¬ bonadas á manera de bellísimo anfiteatro, la Sierra de Tulijáy las abruptas y gi¬ gantescas montañas de Túmbala, sobre cuyas crestas parece descansar la bóveda celeste. ¡Cuán gratas son las sensaciones que se apoderan del espíritu al contem¬ plar aquel delicioso sitio! Acostumbrado el viajero á la monotonía del paisaje, á no ver en los litorales más que humildes chozas, pobres cabañas, solitainos rediles, y al aspecto uniforme de un suelo perfectamente nivelado por los aluviones, ex¬ perimenta esa dulce expansión con que nos sentimos animados cuando algo gran¬ de é imponente viene á despertar en nosotros el sentimiento de lo bello.
Aquellas agrestes campiñas guardan las impresiones de mis piámeros pasos; en sus florestas vi deslizarse tranquila la época más preciosa de mi juventud, y en sus lagos y sus rios, sus bosques y sus prados, formé de los cuadros de la naturale¬ za un templo y del estudio de sus obras un culto. Acostumbrado desde niño á la Observación constante del variado conjunto de séres que en admirable muchedum¬ bre se disputan la posesión de aquellas comarcas, me persuadí, llegado el perío¬ do de la vida en que principia á manifestarse la razón en el hombre, que allí, en esa lucha sostenida por tan diversos organismos, en la actividad de la materia ani¬ mada, debia buscar el reflejo de las leyes que determinan la armonía universal, las de compensación que rigen á todo lo creado y acaso la explicación de algunos
de los misterios en que está envuelta la existencia del hombre. Tales considera¬ ciones, unidas á un deseo ardiente de ver figurar en los cuadros de producciones del suelo mexicano las que son peculiares de Macuspana, me inclinaron al estudio de laHistoi’ia Natural, estudio cuyos resultados, bien pequeños por cierto, tengo el honor de ofrecer hoy, en parte, á esta respetable Sociedad.
Al presentarme en este augusto recinto á dar lectura á mi humilde trabajo, he querido pagar justo tributo á la gratitud, dedicándolo al honorable Presidente de nuestra Institución y á sus dignos miembros. Su saber, su celo por el adelanto cien¬ tífico de México, su prudente exáraen en todas las cuestiones directamente liga¬ das con los altos fines que los unen, me hacen esperar que, no obstante sus im¬ perfecciones, encontrará entre ellos la indulgencia que se sirvieron dispensar á mis primeros ensayos.
México, Diciembre 9 de 1886.
José N. Pv,ovirosa.