Argentina y sus grandezas · Unidad 116 de 520

Unidad 116 · 2i8 VICENTE BLASCO IBÁÑEZ

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2i8 VICENTE BLASCO IBÁÑEZ

Así pereció Garay, víctima de una extremada confianza. Sus triunfos le habían hecho creer en la completa sumisión de los indígenas, y se imaginaba poder atravesar solo todo el país sin riesgo alguno. Barco de Centenera, el Homero ramplón de la conquista del Plata, dice en su poema La Argentina:

Garay fué de prudencia siempre falto.

Un cacique obscuro y pobre, llamado Mañuá, con un grupo de indios famélicos, fué el que acabó traidoramente con la vida del capitán, vencedor en tantos combates.

Muerto Garay, el Adelantado Torres de Vera y Aragón, que aun seguía viviendo en el Perú, nombró gobernador á Torres de Navarrete, hasta que llegó él á la Asunción en 1587. El Adelantado era hombre de toga, habituado á la existencia tranquila de un Oidor, y poco experto en las luchas de la colonización. Durante su gobierno quedó fundada la ciudad de Corrientes, como lugar intermedio entre la Asunción y las nuevas ciudades del Paraná y el Plata, y se repartieron las tribus guaranís que poblaban dicho territorio. Pero cansado de las privaciones que él y su esposa sufrían en este país, y excesivamente rico, hizo renuncia del cargo, trasladándose á España. Con él terminó el Adelantazgo del Río de la Plata.

Cuando se retiró Torres de Vera y Aragón, los conquistadores recurrieron al antiguo privilegio contenido en una cédula real de 1 537. Según él, podían designar por sufragio á su gobernador, y nombraron en 1591 á Hernando Arias de Saavedra, generalmente conocido con el nombre de Hernandarias. Había nacido en la Asunción y fué el primer criollo que desempeñó gobierno en toda América, viéndose elevado á este cargo por la opinión pública á causa de sus méritos y servicios. En 1609 le relevó un gobernador que enviaron de España, D. Diego Marín Negrón. Éste falleció en 1 6 1 3 , nombrando el virrey del Perú para reemplazarle á Veaumont, cuyo gobierno sólo fué de dos años. En 1 6 1 5 quedó definitivamente Hernandarias al frente del Río de la Plata como gobernador y capitán general. La monarquía española hizo una provincia aparte del territorio platense, separándolo del Paraguay. Asunción y Buenos Aires no pertenecieron ya á un mismo gobierno. La ciudad fundada por Garay con los nombres de Trinidad y Puerto de Santa María, se llamó en adelante simplemente Buenos Aires, y fué la capital de la nueva provincia del Río de la Plata.

Con esto terminó la época que puede titularse de la conquista. Tres expediciones valiosas había enviado España en este período para la colonización del país: la de Mendoza, la de Alvar Núñez Cabeza de Vaca y la de Ortiz de Zarate. Armas, herramientas, municiones, víveres, cultivos europeos, caballos, vacas, ovejas, todo cuanto pudo enviar la Península, lo envió para las nuevas colonias, incluso mujeres jóvenes y animosas. En estas expediciones, que tuvieron que luchar con el Océano, los vientos, la pequenez miserable de los buques y las asechanzas de los indígenas, no sólo vinieron guerreros, sino artesanos y agricultores.

Se distinguieron en esto las expediciones al Río de la Plata de las otras expediciones á las Indias Occidentales, como si sus organizadores adivinasen el porvenir. Para Méjico y el Perú, durante muchos años, sólo se embarcaron soldados. Al Río de la Plata, desde el viaje de Alvar Núñez, fueron agricultores y artesanos, y las herramientas de labranza, semillas y animales domésticos ocuparon más sitio en las naves que el material de guerra.

Las grandes figuras de la conquista platense se diferencian también mucho de los otros héroes que envió España para la dominación de los territorios americanos.

Irala y Garay no ofrecen el interés militar de un Cortés ó un Pizarro: no tuvieron que luchar tampoco con civilizaciones casi formadas, cual las de Méjico y Perú; pero á falta del prestigio que proporcionan las glorias de la guerra, ofrecen el mérito de haber sido verdaderos