Aromas de América · Unidad 9 de 54
Unidad 9 · CAPÍTULO VE
Texto completo en español de una edición de dominio público con fuente y huella registradas.
CAPÍTULO VE
Objetivos de mi viaje. — Fundación de Chuquisaca.—La Real Audiencia de Charcas, su jurisdicción y principales atribuciones. — Un testamento original. — El Arzobispado de Charcas. — La Universidad de San Francisco Javier. — Los Carolinos. — Parodiando «a Rioja. — Aristocracia boliviana. — Clima de Sucre. — Su edificación y aspecto.
Potosí, Suere, Cuzco y Lima, eran los objetivos primordiales de mi viaje que me atraían con fuerza irresistible. Sabía lo que fueron, anhelaba conocer lo que eran y guardaban de su antigua erandeza, de su historia y de sus blasones. Las transformaciones operadas por erandes que ellas fueran, no habrían borrado las huellas luminosas del pasado, aventando al viento del olvido las reliquias artísticas, los monumentos coloniales o incásicos, las tradiciones de cultura superior que inmortalizaron el nombre de aleunas de ellas.
Chuquisaca, La Plata, Charcas, hoy Sucre, fundada en 1538 por el marqués de Campo Redondo D. Pedro Anzures, de orden de Francisco Pizarro, en la ranchería de Charcas, Sede 'del Obispado (1) y luego Arzobispado (2) de La Plata, asiento de la Real Audiencia de Charcas (3), de jurisdicción vastísima y de la Real y pontificia Universidad Mayor de San Francisco Javier (4), una de las más célebres del continente americano, tiene a la verdad títulos más que suficientes para
) Se erigió el Obispado por Bula de Julio 111 de 5 de Julio de 1552, ) Bula de Paulo V de 20 de Julio de 1609, ) Fundada por Cédula de 18 de Septiembre de 1559, fechada en
Valladolid.
(4) Bula de Gregorio XV de 8 de Agosto de 1621 y Real Cédula de 22 de Febrero de 1622; pero solo, en 1623 comenzó a funcionar la Universidad.
interesar y despertar la curiosidad de cuantos conocen su historia y saben que durante siglos fué el centro más selecto de cultura y sociabilidad alto peruanas, do los hábitos de señorío y distinción eran naturales y congénitos a su aristoerática. familia, y cuna a la vez, por su claustro universitario, sus doctores y letrados, de las ideas de libertad y de democracia que más tarde habían de influir, más que las armas, en la emancipación americana.
La mayor parte de la vastísima zona, conocida en la antieiiedad, con el nombre de Charcas, con su principal caserío Chuquisaca (puente de oro) fué incorporada en 1250, por el inca Rocca, al imperio de Tahuantisuyo, pasando, después de la conquista española, a ser encomienda de Gonzalo Pizarol (Els)
Fué después del completo sometimiento de los Charcas y de la capitulación del valiente Tituw cuando Francisco Pizarro envió a Anzures para que en la ranchería de Chuqui-Chaca fundara una ciudad, nombrándole 4 la vez su Luearteniente y Gobernador.
La fundación de la Real Audiencia de Charcas en 1559 vino a normalizar la situación de la ciudad que, gobernada en los primeros años bajo un régimen esencialmente militar, pasó por un período de turbulencias suscitadas por la ambi-
ción de los caudillos.
Conocida es la vastísima jurisdicción de este tribunal que abarcaba todo lo que hoy es Bolivia, Argentina, Paraguay y Urueuay aun hasta después de la creación del Virreynato de Buenos Aires en 1776, y que vino a cesar sólo en 1810, con el levantamiento de las colonias españolas.
El escritor Brusen de la Martiniere (1740) dice: “Las Audiencias podían destituir o substituir a los virreyes y capitanes generales, se comunicaban directamente con el Rey; formaban planes de gobierno y administración. Estos tribunales estaban compuestos de letrados, obispos, alcaldes de
(1) Gobernábala en representación de éste que se encontraba en el Cuzco, el Capitán Diego de Rojas.
corte, honrados con el título de Alteza, siendo los oidores personas de talento y mérito que sostenían su ministerio con decoro. La Audiencia de Charcas tuvo especial fisonomía, tanto porque los oidores que la formaban hacían carrera para pasar a la de Lima, cuanto por la distancia a que ella funcionaba, así como la importancia de los litigios en que entendía, le dieron gran renombre... El Presidente tenía atribuciones peculiares y llevaba el título de Intendente y Capitán General de la ciudad de La Plata, el cual desde mediados del siglo xv, fué militar, teniendo su asesor. La justicia se administraba a nombre del Rey y con sujeción a las leyes de Indias y en su defecto a las de Castilla””.
Una plaza, pues, de oidor, era un bocado harto codiciado y apetitoso. Tal era el poder, influencia y prestigio de los oidores de la Real Audiencia y tan grande el acatamiento que el pueblo les rendía, que un piadoso vecino de La Plata (Chuquisaca) del siglo xvHr, tuvo la picaresca ocurrencia de dejar en su testamento la suma de mil duros “para que se comprase al Santísimo Sacramento un traje de oidor, con la explicación siguiente: “Lo hago porque he notado que a los oidores les guardan mucho acatamiento y nineuna a nuestro Ámo”” GC). La zumba era cruel y desapiadada, pero el chuseo se había puesto ya a buen reseuardo y no sería por cierto arrastrado al tribunal de la Audiencia.
Elevada más tarde la Sede de Charcas a la categoría de Arzobispado, del que eran sufragáneos los Obispados de La Paz, Santa Cruz de la Sierra, la Asunción del Paraguay, Tucumán, Buenos Aires, Santiago de Chile, la Imperial (hoy Concepción) todos desmembrados de la Sede Limeña y creada después la célebre Universidad de San Francisco Javier, por cuyos claustros pasaron Castelli, Moreno, Monteagudo, Aráoz, Passo, Gorritti y tantos otros, puede calcularse el prestigio y la fama de esa ciudad, llamada justamente la Atenas americana. Como vínculo de unión entre la Audiencia y la Univer-
(1) El Conquistador Francisco de Aguirre por el Pbro. Luis Silva Lezaeta. Nota de la pág. 206.
— 59 —
sidad, existía también desde 1776 un centro literario-jurídico que, con el nombre de Academia Carolina, funcionaba bajo la dirección y dependencia de un oidor, y los auspicios y protección del Arzobispado, en cuyo palacio se reunía. Allí hacían estudios prácticos de jurisprudencia los que habían ya cursado los estudios universitarios y se preparaban para recibir los grados que les diesen ingreso al claustro de Doctores y que era a su turno, antecámara de la Audiencia. Y ese centro de Carolinas ““grupo de doctorcillos revoltosos””, según una frase ya célebre, fué como la cuna de la revolución. En él, a espaldas mismas del Arzobispo y del oidor, se fomentó y dió forma a la idea de emancipación en el Alto Perú, la que, en un momento dado y en unión con los libres del Sur, debía rastornar la existencia de todo el continente americano.
Por esto el doctor Luis Paz ha escrito: “Aquí están las erandes miliarias de la conquista y de la colonia, de la revolución y de la independencia con sus erandiosas epopeyas; la euerra civil con sus eclipses sombríos, con sus tempestades de barbarie; aquí se siente y se palpita todavía la unidad nacional en sus primeras potentes revelaciones; la organización nacional, las concepciones de los padres y fundadores de la patria... La emancipación americana desde mucho tiempo antes de aparecer realizada en un hecho consumado, fué preparada lentamente por las luces espzreidas por las congregaciones religiosas en sus establecimientos de enseñanza. Ha hecho más en nuestra emancipación política la ilustración que partió de la Universidad de San Francisco Javier que las armas que la consumaron, porque la ilustración hizo las armas que conquistaron la libertad y preparó los hombres dienos que habían de manejarlas??.
Se enardece el espíritu al rememorar las glorias pretéritas de esta urbe, mas al reflexionar sobre su estado actual, hay para llorar con el profeta de los Trenos y parodiando a Rioja, exclamar :
Estos, Fabio, ¡ay dolor! que ves asora Campos de soledad mustio collado Fueron un tiempo Charcas la famosa...
Capital definitiva de la República por ley del Congreso Constituyente del 12 de Julio de 1839, pasa hoy día por la singular humillación de su capitis diminutio al habérsele arre. batado su capitalía efectiva, con el traslado a La Paz del Poder Ejecutivo y Legislativo, y dejándole únicamente el
Judicial, como un retazo de neera toga, ya que no de púrpura, con que pueda cubrir por aleún tiempo más su desnudez y enjugar las lásrimas de su triste viudedad.
Cuando Bolivia se constituyó en nación independiente, su territorio abarcaba unos tres millones de kilómetros cuadrados; hoy después de los tratados celebrados con el Brasil. Chile, la Argentina, sólo tiene 1.568.241, con una población de casi dos millones de habitantes, de los cuales 658.000 son blancos, 614.000. mestizos, 725.000 indios y 3.000 neeros. De su población total, sólo 400.000 saben leer.
Claro está que la raza blanca es la directora de los destinos de la nación. Los que la componen son sveneralmente descendientes de los conquistadores españoles o inmierados de antiguos tiempos, cuyos ilustres apellido llevan, conservando en gran parte las costumbres y tradiciones hispánicas- eracias a la falta de comunicaciones y aislamiento en que han vivido. Son por lo general despiertos, inteligentes, generosos y hospitalarios, si bien algo desconfiados y retraídos. No se distineuen en el espíritu de iniciativa; todo lo esperan del Estado. Y si bien es este un defecto común en toda la América latina, aquí es más acentuado. La empleomanía parece estar tan arraleada como en los mejores tiempos del coloniaje.
Huelga decir que la aristocracia boliviana, reside, gene- 'almente hablando, en Sucre. Sus principales familias conser-
van ese sello de distinción y de cultura pero llano y sencillo, de verdadera cepa española, que fué también entre nosotros la característica otrora de los antieuos hogares de abolengo y que tiende a desaparecer absorbida por un formulismo exaeerado y cursi de la moderna sociedad. En muchas eudades de Bolivia los suerenses desempeñan los careos principales, acaso por su honorabilidad y preparación mayor.
El cielo de Sucre es limpio y diáfano; su clima suave y muy agradable, eozándose, al decir de los chuquisaqueños, de una primavera perpetua, pues, su temperatura media es de 15 erados, sin que pase de los 30 en verano, ni desciende a más de 2 bajo cero en invierno. Por eso se oye decir por ah, con sonrisa entre taimada y picaresca, que si el cielo se rompiera, sólo con un pedacito de Suere se remendará.
Sopla sin embareo sobre la ciudad perennemente un vientecillo noreste, llamado mojotorillo, colado y fino, muy aeradable y tonificante, pero un tantico traicionero y del que hay que percatarse, cubriéndose la boca para evitar los resfríos. Gatita al parecer inocente, sieila tras el terciopelo de su patita blanca, sus uñas afiladas.
No ha perdido aún esta ciudad su corte típico, su aspecto serio, silencioso y tranquilo de las urbes españolas. Predomina en ella la construcción de tipo genuinamente colonial, si bien no tan pronunciado como en Potosí. Las casas solariegas tienen amplios patios rodeados de galerías, de los que arrancan espaciosas escaleras, que llevan al piso alto, provisto también de anchos pero bajos corredores. Aleunas de éstas ostentan portadas talladas en piedra y coronadas por heráldicas inseripeiones y simbólicas figuras que acusan el título de nobleza de sus dueños primitivos. En su interior reina un confort relativo y hasta lujo en alfombrados, cortinajes y muebles antienos, reliquias de aristocrático aboleneo. Muchas, empero, llevan ya el sello moderno en su arreglo interior. La construcción privada por lo demás aunque sea moderna, es modesta y sencilla, sin aquella esbeltez y eracia de estilo que caracteriza a las urbes más adelantadas de otras naciones. De
sus familias distineuidas son muchas las que han viajado por Europa, no obstante la enorme distancia que las separa y los sacrificios que comporta un viaje semejante.
El aspecto de la ciudad, de radio relativamente estrecho (diez y seis cuadras por doce), sin ser bello es pintorese y
Sucre. — Vista general
eracioso, máxime si se tiene en cuenta que, después de atravesar mareantes precipicios y soledades inmensas, agrada y sorprende no poco dar con un apiñado caserío, de calles rectas, aunque no tan planas y limpias como fuera de desear, pero “inundadas de sol las diez horas que tarda el dios de los antiguos charcas en recorrer el espacio comprendido entre el límite horizontal del naciente y las cumbres del Malmisa, al occidente””. Casi rodeada como se encuentra de pequeñas montañas, da la sensación de una concha de bordes ondulados y salientes.