Aromas de leyenda · Unidad 3 de 7

Unidad 3 · OBRAS DE VALLE-INCLÁN S

Texto completo en español de una edición de dominio público con fuente y huella registradas.

OBRAS DE VALLE-INCLÁN S

Y en el balcón de piedra Una niña sonríe Detrás de los cristales, Entre los matinales Oros, que el sol deslíe. ¡Detrás de la vidriera, La niña se sonríe!...

Los desvalidos hacen Un alto en la mañana. El dolor pordiosero Gime desde el sendero, La triste caravana. ¡El dolor de nacer Y el de vivir mañana!

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¡El dolor de la vida, Que es temor y dolor!... ¡Hermano peregrino Que vas por mi camino, A los labios en flor Detrás de unos cristales, No digas de dolor!

FUXE MEU MENINO QUE VOU A CHORAR. SÉNTATE N'A PORTA, A VER CHOVISCAR.

FLOR DE LA TARDE

OR LA SENDA ROJA, qfap ENTRE MAIZALES, GUIAN SUS OVEJAS LOS NIÑOS ZAGALES,

Volteando las ondas con guerrero ardor,

Y al flanco caminan, como paladines

Del manso rebaño, los fuertes mastines,

Albos los colmillos y el ojo avizor.

Tañen las esquilas lentas, soñolientas. Las ovejas madres acezan sedientas Por la fuente clara de claro cristal,

Y ante el sol que muere, con piafante brío Se yergue en dos patas el macho cabrío,

Y un epitalamio dice el maizal.

En el oloroso atrio de la ermita, Donde penitente vivió un cenobita, La fontana late como un corazón. Y pone en el agua yerbas olorosas, Una curandera, murmurando prosas Que rezo y conjuro juntamente son.

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Como en la leyenda de aquel penitente, Un pájaro canta al pie de la fuente, De la fuente clara de claro cristal. ¡Cristal de la fuente, trino cristalino, Armoniosamente se unen en un trino, Que aroman las rosas de un santo rosal!

PRO SOBRE O ROSAL VOA UN PAXARIÑO QUE LEVA UNHA ROSA A JESÚS MENINO.

PROSAS DE DOS ERMITAÑOS <0¿m

LA AUSTERA Oíp*> QUIETUD DEL MONTE cjf^s? Y EN LA SOMBRA DE UN PEÑASCAL, Nido de buitres y de cuervos Que el cielo cubren al volar, Razonaban dos ermitaños: San Serenín y San Gundián.

— SAN SERENÍN, padre maestro, Tu grande saber doctoral Que aconseja á Papas y Reyes, Puede mi alma aconsejar, Y un cirio de cándida cera Encender en su oscuridad?

— SAN GUNDIÁN, padre maestro Y definidor teologal, Confesor de Papas y Reyes En toda la Cristiandad, El cirio que encienda mi mano Ninguna luz darte podrá.

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— SAN SERENÍN, padre maestro, Mis ojos quieren penetrar En el abismo de la muerte, El abismo del bien ó el mal Adonde vuelan nuestras ánimas, Cuando el cuerpo al polvo se da.

— SAN GUNDIÁN, padre maestro, Quién el trigo contó al granar,

Y del ave que va volando Dice en dónde se posará,

Y de la piedra de la onda

Y de la flecha, adonde van?

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— SAN SERENÍN, padre maestro, Como los ríos á la mar, Todas las cosas en el mundo Hacen camino sin final, Y el ave y la flecha y la piedra Son en el aire Eternidad.

— SAN GUNDIÁN, padre maestro, Todo el saber en eso da: Cuanto es misterio, en el misterio Ha de ser por siempre jamás, Hasta que el cirio de la muerte Nos alumbre en la Eternidad,

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— SAN SERENIN, padre maestro, Esa luz que no apagarán Todas las borrascas del mundo, Mi aliento quisiera apagar. ¡El dolor de sentir la vida En otra vida seguirá!

— SAN GUNDIÁN, padre maestro, Mientras seas cuerpo mortal

Y al cielo mires, en el día La luz del sol te cegará,

Y en la noche las negras alas Del murciélago Satanás.

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Sobras de valle-inclán I

Callaron los dos ermitaños

Y se pusieron á rezar.

San Serenín, como más viejo, Tenía abierto su misal,

Y en el misal la calavera Abría su hueco mirar.