Asesinato Del Sr Florencio Varela · Unidad 2 de 25
Unidad 2 · 6 ASESINATO DEL SEÑOR TARELA.
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6 ASESINATO DEL SEÑOR TARELA.
pues de un larguísimo periodo de silencio sepulcral, oía dentro de sí mismo una voz que le hablaba de libertad y de justiciar que lo esperanzaba con mejores dias; que lo ilustraba sobre su situación propia, sobre sus intereses mismo 8 ; que le imponía del verdadero estado de las cuestiones internacionales con que Rosas osaba comprometer la suerte de la República; que le señalaba con uno exactitud rigorosa la marcha de los acontecimien* tos, sin extraviado ni alucinarlo jamás; que llorando sus desgracias y su esclavitud, le recordaba su felicidad y su gloria de otros tiempos; que encarando la situación presente, preparaba las opiniones y el espíritu público para las situaciones futuras, cuando la paz, la libertad y el orden, sostituyan la guerra, la esclavitud y la relajación de hoy; y que "con el enojo santo del Apóstol” arrastrfaba esa tiranía espantosa á comparecer ante el terrible exámen de sus delitos.
Animado así por este medio indirecto, el espíritu público de oposición en Buenos Ayres, el periódico buscado al principio por simple curiosidad, mas tarde por interés, era solicitado al cabo por entusiasmo; y era ya un honor, un acto de valor re* volucionario puesto en moda, el comunicar si Editor del Comercio del Plata, los hechos inauditos del sistema interior de Rosas.
La importancia y el inmediato interés de la cuestión con los Gobiernos interventores, poniendo en una justa ansiedad á todas y especialmente a la clase comercial, era otro y eficaz estímulo para procurarse el periódico político y diplomático por exelencia, y en donde no se hallaba nunca sino la narración fiel, y la apreciación desapasionada é intelijente de los negó* cío?. Y t si, á la llegada del Paquete de Europa á Buenos Ayres, se buscaba con preferencia á todos, el número del Comercio que correspondía aldia siguiente del arribo del Paquete á
Montevideo, en la seguridad de hallar en él el compendio de todas las noticias relativas á la cuestión del Plata, como los principales acontecimientos recientes de la Europa, vaciados en aquel periódico, de la considerable cantidad que de otros estranjeros recibía el Sr. Vareta, como también de su vastísima correspondencia privada. Y. una vez recorrido el último Comercio que conducía el Paquete, la opinión quedaba formada sobre la situación, sin que pudiera variarla ó extraviarla en los siguientes dias, la palabram embustera de la Gaceta de Rosas; tal era el crédito que habia adquirido un periódico, cuyo redactor había hecho de la verdad el primero de sus deberes.
Hasta aquí solamente, y ya se entrevée, lo que un escritor tal debia ser á los ojos de un Gobernante como Rosas, y de Oribe cuya vida y cuyas pretensiones, están pendientes de la existencia política de aquel.
La situación de Rosas era difícil. Una medida de terror* una ó dos víctimas por la lectura del Comercio, le era una co« sa bien fácil y que habría hecho huir todas las manos, de eso periódico que se convertía en sentencia de muerte al que lo leía, á lo menos en la pobjácion nacional, Pero tal cosa le echaba por tierra una especulación siniestra en que se ha esmerado en los últimos años, y que después de haber obtenido no pocos resultados de ella, acaba de darle fin en el asesinato de J)oña Camila O’Gorman. Hablamos de esa aparente tolerancia con que ha estado invitando la emigración á volver ó su país; despejando así el horizonte de su poder, de una parte con* siderable de sus contrarios, que, regresando, pasaba por necesidad á ser un pretexto para declamar Rosas su triunfo, su jenerosidad, y el nacionalismo de su cuestión con los Europeo?, Sueño dorado del dictador» y por cuya realidad no perdonaría paedio alguno.