Baltasar; drama oriental en cuatro actos y en verso · Unidad 2 de 24
Unidad 2 · SERENÍSIMO SRÑOIU
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SERENÍSIMO SRÑOIU
A L. R P. de V. A.
utthmdté uotues CV SLoJttu^a»
PERSONAJES.
ACTORES.
1LDA , sobrina de Daniel (joven
de \ 6 años) Sha. Rodríguez.
NITÓCR1S, madre de Baltasar
(oV I años) Sra. Martin.
BALTASAR, rey de Babilonia
(de 28 á 30 años) Sr. Valero.
JOAQUÍN, o\-reyde Judea(muy
anciano) Sa. Calvo.
RÚBEN, nieto suyo (de 20 años.) Sa. Zamora. DANIEL, profeta hebreo (de 40
.; i., años) Sr. Bermohet.
RABSARKS, cortesano (también
,1,. mediana edad) Sr. ***** (D. Lázaro).
NEREGEL, ministro (id.) Su. Coria.
SÁTB \l'\ 1 " Sr. Sánchez.
¡I>\|)\ o." Sr. Hia.NANiU'Z.
MAGO i.". .". Sl1- ''
MACo |.« Sr. Toas.
gazapas.— Cortesanos.— Mujeres del rey y del sequilo de la re¡na.— Esclavos.— Guardias.— Pueblo.
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ACTO PRIMERO.
Prisión de Joaquín. Puerta al foro y otra pequeña a! lado izquierdo, que conduce al dormitorio del preso. A la derecha una ventana alta , con reja de hierro, por la que penetra la débil luz que alumbra únicamente aquella lúgubre estancia.
(La derecha é izquierda que se seríala en todo el drama , debe entenderse siempre con respecto al actor.)
ESCENA PRIMERA.
Joaquín, Eloa. El primero sen'ado en un banco de madera, y pobremente vestido á la usanza hebrea. La segunda sentada á sus pies , leyendo en alta voz el libro de los Profetas , que apoya sobre las rodillas del anciano.
Elda. (Leyendo.) «¡Cuan triste y solitaria de cieD provincias la ciudad señora! La que ayer reina, hoy viuda y tributaria su duelo ostenta y su baldón devora.
Luto visten sus valles; no hay en las aras de su Dios ofrendas; la yerba crece en sus desiertas calles, y guarda muda soledad sus sendas.»
Joaq. Hija, suspende un momento
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tu triste y santa lectura.
¡De ese cuadro la amargura
grabada en iry alma siento! Elda Voz tambii a pe Jeremías
es esta : escude , sen ir,
y mitiguen tu dolor
las sagradas profecías.
(Leyendo.)
((Llegará tiempo en que del pueblo mió,
—dice el Sur,— escucharé las prec
y su cáliz fatal romperé pió
antes que apure las postreras heces.
¡oh, virgen de Judá! deten el llanto
y suspende la voz de tus gemido
que aun se unirá tu jubiloso cauto
del címbalo y salterio á los sonidos!» Ioaq. Arrodíllate y ben
de tus padres al Dios ju
que por su profeta augusto
ya aplacado ous predice
misericordia y perdón. Elda. (Arrodillada.)
I Bendito, bendito a
y que cumplida se vea
la dichosa predicción! Joaq, [Acariciando la cabeza de Ella con su IréniuLi mano.)
(Pobre ilor, qu i tu perfume cu fsia mazmorra exhala-, v cuyas virgíneas galas uii triste aliento consume!... [Flor, que nacida entre abrojos ni aun llanto licúes por riego... pues ni aun lágrimas, del cíe conservan los muertos ojos!... ¡Lúa a pronto, luzca el día
qUC. DÍOfl te | heee piadoso,
y al pobre ciego rep
dé entóneos la tumba íria!
Elda. ¿tú m uir?... No; ten presente
que eres del Seüor ungido, y que al trono que lias perdido
- ti —
aun quiere alzarte clemente; pues si alcanza redención el pueblo que fué tu grey, volverá en triunfo su rey al solio de Salomón.
Joaq. De la grandeza pasada
ya ni aun conservo memoria. ¡Huyó cual humo mi gloria... miré mi púrpura hollada! ¡Kl cetro!... mi flaca mano alzarlo pudiera apenas, después que infames cadenas arrasíra de un vil tirano. Para diestra mas pujante guárdelo el Dios de David; y aquel Supremo Adalid me otorgue, cuando triunfante á sus hijos rescatados bajo su escudo reúna, que en la tierra de mi cuna rinda mis huesos cansados.
Elda. ¿Pero y tus hijos?
Joaq. Mis hijos...
¿No me han prestado consuelo del cautiverio en el suelo y entre pesares prolijos? Déles Dios la recompensa, y á tí también , Elda mia: á tí, que animosa y pía, en esta atmósfera densa marchitando tu beldad, tu juvenil atractivo, eres para este cautivo ángel de santa piedad.
Elda. Sirvo á mi rey y á mi padre;
¿qué hay en ello que te asombre?
Joaq. ¡Ah!... Suprime el primer nombre: basta que el otro me cuadre. Tu padre , si ; de adopción lo he sido siempre, y espero serlo en breve verdadero por una plácida unión.
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Llegue, llegue presuroso,
cual Rúben anhela amante,
de vuestra boda el instante. Elda. En tu nieto generoso
no impera solo el amor;
que aunque nacido en destierro
y bajo el yugo de hierro
del mas indigno opresor,
no en balde sangre real
siente correr por sus venas...
¡Al compás de las cadenas
no alzará el himno nupcial.
Aguardemos : confianza
tengo en la augusta prometa. JOáQ. (levantándose )
Mi alma en el Dios que confiesa
pone también >u esperanza.
May ¡ay! no ha mucho que on vano
presumí que en nuestra suerte
cambio causase la muerte
de nuestro dueño inhumano,
j Nabucodonosor
ya duerme eo la tumba hela la,
sin que nada ablande, ¡nada!
á so infausto sucesor. Elda. Calla, que se acerca a'tiuno.
JOAQ. NO BOU paSOS de mi liirl.i.
Elda. Suele venir sin objeto tu carcelero ¡mp trtuno. (Se adelanta á ver quien entra.)