Bulevar arriba, bulevar abajo: psicología al vuelo · Unidad 71 de 121

Unidad 71 · 168 BULEVAR ARRIBA, BULEVAR ABAJO

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presentar su candidatura, en sustitución de Francois Coppée. Los periódicos han hablado mucho de esto y el retrato del fondista, por señas, en mangas de camisa, con la servilleta debajo del brazo (sorprendido sin duda en momentos de limpiar las mesas) adorna la primera página de algunas circulantes revistas.

— ¿Qué se ha propuesto usted presentando su candidatura? — le preguntó un repórter. — Y el fondista no ha ocultado que su móvil principal ha sido llamar la atención, ó mejor, el estómago del público hacia su fonda. Por otra parte, el fondista escribe; es un grafómano, y al decir del repórter, se cree con derecho á pertenecer á la Academia. Sus libros puede que no sean cosa del otro jueves. Lo que sí me atrevo á afirmar es que deben ser sustanciosos.

Ya que he citado la Academia, hablemos de Jean Richepin que, \ desde ayer, pertenece al areópago tan ingeniosamente puesto en solfa por Alphonse Daudet en El Inmortal. Á muchos sorprenderá que el autor de Miarka, que fué toda su vida un rebelde enamorado de la realidad áspera y abyecta, se siente donde se sentó y se sienta tanto personaje empingorotado, cejijunto y ceremonioso.

La Academia, mal de su grado, va perdiendo su antigua actitud hierática. ¡ Hasta la grave y tradicionalista Inglaterra se va democratizando mal que pese á los lores ! Ya no parece asustarse de nada (la Academia). Verdad es que hoy se necesita ser muy microcéfalo (ó muy hipócrita) para asustarse de algo. Abre sus puertas, como un hospicio, á casi todos los que tocan á ella. Sólo con los muy cucurbitaceos y con los que la denigran sin ambajes, se muestra sorda é inflexible.

Richepin tiene un mérito que justifica su entrada en la Academia : es un prosista de léxico abundante y cálido; es además un hablista que cuida con esmero su lengua.

Dada la misión de la Academia, de velar por los fueros d

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lenguaje, no se puede calificar de intruso á Richepin, toda vez que es uno de los mas fervorosos panegiristas de la lengua de Voltaire, en términos de considerarla « la más rica, la más clara y la más dúctil de todas ». Y al castellano que le parta un rayo.

Lo mejor, en mi sentir, que ha salido de la pluma fastuosa del literato argelino es Miarka, novela en que se pinta con fulgurante estilo y conmovedora intensidad dramática, la vida y costumbres de los romanichels, esa gente nómada que va paseando de país en país sus latrocinios, su cazcarria y sus piojos. El tipo de la vieja gitana, devorada de orgullo y de odio de raza, es magnífico. Las descripciones de Picardía, — lugar donde pasa la acción — huelen á campo, á crimen, á polvo, á tierra removida, á estiércol, á yerba recién cortada ; están borrachas de sol, como el trigo en agosto ; han recogido, como un viento que presagia lluvia, los aromas y los detritus de los sitios que evocan.

Richepin como poeta lírico brilla por lo personal y enemigo de toda convención; á veces por lo macabro y paradójico. Sus Blasfemias, poesías en que no deja de haber cierta pose lúgubre y demoniaca, diríase que fueron escritas poar épater les bourgeois. El poeta, á fuerza de blasfemar, acaba por ponerse en ridículo.

El teatro produce mucho; mucho más que la novela. Por eso todo el que maneja una pluma, mal ó bien, ya se sabe, farfulla su comedia ó su drama, sin temor á tomates, zanahorias y otras legumbres arrojadizas. Los mismos novelistas dramatizan sus novelas. ¡ Ah, la lucha por la vida es terrible ! Tener que mover la pluma diariamente para poder llevarse