Campaña del ejército chileno contra la Confederación Perú-Boliviana en 1837 · Unidad 1 de 75
Unidad 1 · CAMPAÑA
Texto completo en español de una edición de dominio público con fuente y huella registradas.
Jí''
CAMPAÑA
DEL
EJERCITO CHILENO
COSm U COKFEDIUCIOK PitD-BOlIVUU
E33Sr 1837
CAMPANA
DEL
EJÉRCITO CHILENO
CONTRA LA COMFEDEHACIOM FEHÜ-BOimANA
E335T 1.837
MEMORIA PRESENTADA A LA UNIVERSIDAD DE CHILE
POR
RAMÓN lOTOMAYOK^VALDES,
Miembro ACAoéMico de la Facultad de Filosofía i Humanidades de dicha Universidad I correspondiente de la Real Academia EspaRola
* ' - '
>^m
SANTIAGO DE CHILE IMPRENTA CERVANTES
BANDERA, 73
17,93^' — Imp Cervantes, Bandera, 73.
Hxiuxijgiiiux^
CONTRA LA CONFEDERACIÓN PERÜ-BOLIVIANA EN 1837
INTRODUCCIÓN
Los sucesos que abarca esta Memoria, se desenvolvieron en un breve período de tiempo, durante el cual la República i su Gobierno demostraron una suma de habilidad, de patriotismo, de firmeza í de virtudes cfvicss, como jamas talvez en ninguna otra ocasión i como apenas seria posible hallar parecido ejemplo en' la historia de los mas heroicos pueblos.
No bien desembarazada la República de las dificultades consiguientes al ensayo de un nuevo orden político, que había comenzado en 1850; con una población escasa, con pobres recursos, con un ejército diminuto, que apenas era suficiente para guarnecer las fronteras de los bárbaros í alguna que otra plaza interior, vióse comprometida en una guerra exterior con un enemigo evidentemente mucho mas poderoso, pero cuyo poder, fundado en la usurpación i en el prestijio de la fuerza,
— 6 —
bien lejos de poner miedo a los hombies que gobernaban nuestra Repilblica, solo sirvió de excitar su celo i su grandeza de alma i levantar sus miradas políticas a una altura digna de los mas grandes hombres de Estado.
Después déla primera expedición libertadora del Perd, en ia que tan señalada parte tomó Chile, para asegurar la independencia i autonomía del continente sud-americano; después de erij'idas las diversas naciones a que la gran guerra de emancipación dio lugar, la política exterior del Gobierno de Chile sabiamente habíase ceñido a cultivar amistosas relaciones con todas ellas, a observar una perfecta neutralidad lo mismo en sus conflictos intestinos, que en sus cuestiones internacionales, no sin ofrecer oportunamente en muchos casos su consejo i su mediación amistosa, para allanar dificultades i conjurar peligros en beneficio de la armonía í de la paz común.
Durante algún tiempo el rasgo dominante de la política del Gobierno chileno fué favorecer la industria nacional i asegurar i extender el comercio de la República, particularmente con las demás naciones híspano-americanas. Con este propósito habia conseguido ajustar en 1835 con el Gobierno del ferú, presidido a la sazón por el jencral Orbcgoso, un tratado de amistad i comercio en que se estipularon mutuas franquicias sobre el pié de perfecta igualdad. Mas, antes de que este pacto fuese ratificado por el Gobierno del Perú, alzábase en aquella República, lisiada de revoluciones, un nuevo caudillo, el audaz Salaverry, que en pocos dias se señoreó de casi todo el pais, dejando a Orbegoso arrinconado en el departamento de Arequipa. Salaverry se apresuró a acreditar un Ministro diplomático para ante el Gobierno de Chile, que con la mira de observar neutralidad, no vaciló en reconocerlo como a representante de un Gobierno de hecho, sin perjuicio de reconocer al Plenipotenciario que poco después le enviaba Orbegoso desde Arequipa, pues en realidad el Peni estaba dividido entre dus gobiernos. La urjencia de regularizar de una vez las relaciones comerciales entre los dos países, i la circunstancia de hallarse Salaverry en posesión de la capital i de la mayor parte de los departamentos del Perú, indujeron a nuestro Gobierno a negociar con aquel caudillo la ratificación del pacto de comer-
— 7 —
cío. Este acto, a que se prestó con gusto Salaverry, haciéndolo celebrar con demostraciones de público regocijo, previno a Orbegoso contra el Gobierno de Chile, al cual consideró como favorecedor i aliado, sin que en realidad lo fuese, de Salaverry..
Pero hé aquí que la escena política del Perú cambia i se complica repentinamente, apareciendo en ella como interventor i pacificador, a la cabeza de un ejército de 5,000 hombres bien aparejados para la guerra, el Presidente de la República de Solivia, don Andrés Santa Cruz, el cual hace saber a los pueblos peruanos que, solicitado por sus autoridades lejítimas, es decir, por Orbegoso, i comprometido por un tratado solemne, viene a poner paz i orden en el pais, profundamente desmoralizado i perturbado, i a destruir la tiranía de Salaverry. Mas, al mismo tiempo i a los mismos pueblos hace también entender que, al intervenir en sus conflictos como pacificador, es su propósito, i así lo ha acordado con el Presidente Orbegoso, cambiar la organización política del Perú i promover la federación entre los departamentos del norte i los del sur, debiendo también entrar en este nuevo arreglo la República de Bolivia, pues solo en este nuevo orden político está cifrada la paz i la felicidad duradera de los pueblos peruanos.
Salaverry declara que hará a Santa Cruz una guerra a muerte, i Santa Cruz responde que hará la guerra en conformidad con las leyes i principios de los pueblos cultos; pero pone a precio la cabeza de Salaverry i amenaza de muerte a sus principales colaboradores.
La campaña de pacificación, que es también una campaña de sojuzgamiento del Perú, favorece a Santa Cruz con las victorias de Yanacocha i de Socabaya (Agosto de 1835 i Febrero de 1836). El jencral Salaverry i ocho de sus principales jefes son sometidos, de orden del vencedor, a un consejo de guerra i pasados por las armas en Arequipa. Humillado c intimidado de esta suerte el partido que defendia la independencia del Perú; satisfecho i envanecido el pueblo de Bolivia con sus triunfos militares, sin acertar todavía a darse cuenta de las verdaderas miras políticas de su Presidente, seducidos los peruanos que seguían a Orbegoso con la ilusión de un nuevo orden de cosas que mejorase la condición política de su pais, todo pare-
ció allanado i aparejado a los propósitos del jcneral Santa Cruz, que con el auxilio del Presidente Orbegoso, puso ininediatamente mano a la ejecución de su mas acariciado designio. Divídese el Perú en dos Estados, mediante las asambleas de Sicuani i de Huaura, que lecibcn sumidas las órdenes de Santa Cruz, le decretan honores i la dictadura de ámbns Estados con el título de Protector, declarando que entre éstos i Bolivia debe formarse una nueva entidad política bajo el réjimen federal. El Congreso lejislativo de Bolivia sanciona por su parte este plan, sin siquiera discutirlo, i Santa Cruü se apresura a declarar establecida la Confederación Perú-boliviana i se proclama Supremo Protector de clla(Ociubrede 1836). Pocos meses después reúne en Tacna, a manera de Convención o Congreso constituyente, una asamblea de nueve plenipotenciarios (tres por cada Estado confederado) para queden la leí fundamental de la Confederación. El mismo Santa Cruz nombra los plenipotenciarios; él mismo formula i les presenta el proyecto de Constitución, que en pocas horas queda sancionado. Tal fué el famoso Pacto de Tacna.
Retrocedamos un poco para contemplar la actitud del jeneral Orbegoso cun respecto a Chile, cuando con ocasión de haberse movido Salaverry con su ejército hacia el sur, salió aquél de Arequipa ¡ocupó de nuevo a Lima. Su primer cuidado fué abrogar el tratado con Chile, no obstante haber sido bien aceptado por el comercio del Perú. La buena fortuna del Presidente de Bolivia envalentonaba cada vez mas a Orbegoso, que ya no disimuló su mala voluntad al Gobierno de Ctiile. Era notoria la intimidad que mediaba entre estos dos caudillos, i el ascendiente ilimitado que era razón que Santa Cruz ejerciese sobre Orbegoso desde el principio de la intervención, i asiera mui lójico suponer lo que muchos datos no tardaron en confirmar, a saber: que Orbegoso no se habría atrevido a derogar el tratado con Chile, sin el consentimiento i apoyo de Santa Cruz. En su correspondencia íntima ambos jefes se preocupaban mucho de la opinión i actitud del Gobierno chileno con relación al nuevo réjimen implantado en las Repúblicas de! Perú i de Bolivia. Ya el 17 de Febrero de 1836, el día mismo que Santa Crus hacia fusilar en Arequipa a Salaverry i sus ocho
— 9 —
compañeros de armas, escribía confidencialmente a Orb^oso con referencia al Gobierno de Chile: "un tal gobierno es peligroso, i no debe merecer la menor atención de nuestra parte.n Decía esto, porque nuestro Gobierno se habla negado a venderle el bergantín Agutíes, no queriendo faltar a la neutralidad que se había impuesto como un deber, durante la complicada guerra civil del Perij. Las desconfianzas í recelos de Santa Cruz fueron aumentando de día en dia i a medida que avanzaba en la ejecución de sus planes.
El Gobierno de Chíle había guardado cierta reserva i circunspección durante el curso de la campaña de Santa Cruz sobre el Perú. Pero en esto mismo había creído encontrar el caviloso pacificador un síntoma de disgusto í mala voluntad de parte de Chile con respecto a los actos i consecuencias políticas de la intervención. Por otra parte, ios emigrados peruanos, que habían hallado en Chíle un jencroso asilo, hacían cruda guerra en la prensa a Santa Cruz ¡ a sus empresas, mientras tomaban su defensa en escritos de la mas encarnizada polémica los ajentes diplomáticos de Bolivia i del Presidente Orbegoso, que no podían perdonar al Gobierno chileno su actitud tolerante i prescindente, que después de todo no era mas que la consecuencia de su respeto a la leí que reglaba i garantía la libertad de la prensa en nuestro suelo. Estos mismos ajenies diplomáticos, unidos con algunos chilenos enemigos de la administración del jeneral Prieto, se empeñaban en prevenir los ánimos de Santa Cruz i de Orbegoso contra la política de nuestro Gobierno i buscaban los medios de derrocar a éste í producir un trastorno en la República.
Resultó de estas intrigas i maquinaciones la malhadada expedición revolucionaría, emprendida desde el Callao en dos barcos de la marina de guerra del Peni, por un puñado de emigrados chilenos, a cuya cabeza aparecía e! prestijioso jeneral Freiré (julio de 1836). Junto con la noticia de esta expedición, recibió el Gobierno de Chile informes e indicios que acusaban a Santa Cruz í a Orbegoso de favorecedores í cómplices secretos del complot. En esta ocasión el Gobierno chileno, inspirado i dirijido entonces por el espíritu perspicaz i resuelto de Portales, abandonó su prudente reserva en sus relaciones con el Perú,
— 10
í mientras se daba trazas para debelar i vencer a los expedicionarios apoderados de Chiloé, mandaba el bergantin AqiiÜes a sorprender la marina peruana en el Callao. El Gobierno acertó ambos golpes. La empresa de los revolucionarios fracasó, cayendo su jefe i sus principales auxiliares en las manos del Gobierno; i el Aquíles volvió del Callao trayendo capturados tres de los principales bajeles de guerra del Perú. Este acto, que la prensa i los documentos oficiales del jeneral Santa Cruz, constituido ya en este tiempo en Protector supremo de los Estados Ñor i Sur peruanos, calificaron de piratería i denunciaron al mundo, cual un hecho de atroz alevosía, no era, sin embargo, mas que una precaución necesaria i autorizada por el golpe alevoso preparado en el Callao contra las autoridades de Chile. Así lo declaró el mismo jefe comisionado para la captura de los barcos peruanos, el cual manifestó al Protector que el ánimo del Gobierno chileno era solo retener en prenda aquellos buques, mientras aguardaba las satisfacciones a que creia tener derecho, por la expedición revolucionaria de Freiré.
El Protector comprendió que se las había con un pueblo í un Gobierno cuya enemistad era temible, i deseando conjurarla, al menos mientras afirmaba el réjimen político que acababa de fundar, procuró tratar con el mismo captor de los barcos peruanos, i antes que dejase las aguas del Callao, le llamó i lisonjeó, protestando tener en mucho la amistad de Chile i no haber intentado jamas en manera alguna turbar su paz interior. Resultó de aquí el convenio firmado a bordo de la fragata inglesa Talboty en el que el Protector, a pesar de su vanidad, hizo alarde de una condescendencia i mansedumbre inverosímiles, que solo sirvieron para descubrir con mayor claridad su política falsa e insidiosa i su propósito de conservar a toda costa la presa que ya tenia en las manos. El Gobierno de Chile no aprobó el convenio de la Talbot. Ademas nuevos datos i comprobantes habian robustecido en él la idea de que el jeneral Santa Cruz no era inocente en la empresa fraguada para revolucionar a Chile, i de que no era dable contar con la amistad sincera ¡ desinteresada de aquel caudillo. Nuevas tentativas de revuelta se descubrieron en la República, i alguna hubo que debió estallar en la capital (Noviembre de 1836) i en cuyo
plan entraba el asesinato del ministro Portales. En esta conspiración, denunciada a tiempo, se creyó implicado al Encargado de Negocios de Bolivia, es decir, al ájente diplomático de Santa Cruz en Chile.
Al fin, el Gobierno chileno acabó por contemplar í juzgar a Santa Cruz i su obra política, a la luz de los mas altos i obvios principios de la moral i del derecho. Vio claramente en aquel caudillo a un soldado que, sin grandes dotes militares, gustaba del brillo de las armas i tenia la monomanía del mando. Hábil, trabajador i con buenas dotes administrativas, había organizado cierto orden en Bolivia, pero con el propósito de crearse en este país una base sólida para sus futuras empresas de ambición, pues desde años atrás lo dominaba el deseo de formar un gran Estado en la América del Sur, siquiera fuese reuniendo por de pronto el Alto i Bajo Perú, lo que le pareció mas hacedero, i dejando a las eventualidades del tiempo el aumento i desarrollo de esta nueva entidad política. Lleno i preocupado de este antiguo ensueño habia visto con gusto caer a San Martin, a Bolívar, a Sucre, a todos los cuales habia secretamente emulado (por no decir envidiado), sin que las vicisitudes i final suerte de estos grandes capitanes le enseñaran a moderar su ambición, ni a ver quimeras en sus proyectos favoritos. Tenia fé en su astucia i habilidades maquiavélicas. Él habia soplado constantemente el fuego revolucionario en el Perú i aun en la República Arjentina, i tomando protesto del estado de conflagración de las naciones vecinas, se habia hecho otorgar por los crédulos i condescendientes lejisladores de Bolivia, exorbitantes facultades, con que esperó la ocasión de lanzarse sobre su deseada presa, so capa de pacificarla i regularizarla. La campaña de pacificación del Perú no habia sido, en efecto, mas que una campaña de sojuzgamiento i de conquista, velada apenas con las formas de banales resoluciones i pronunciamientos arrancados a unas asambleas de pura apariencia, que reunidas a la sombra de las armas del pacificador i dominadas por el miedo o por la seducción, no fueron sino una tosca parodia de representación popular.
Nada mas irrisorio, en efecto, que la obra de las asambleas que respectivamente establecieron los Estados Sud i Ñor- peruanos. Elejidas ambas por los ajentes de Santa Cruz, aprobaron
— 12
sin discusión los proyectos que el pacificador les hizo presentar, i lo colmaron de poder i de honores. La Asamblea de Sicuani, dominada por el doctor Torrico, que tomó parte en sus deliberaciones, sin tener otro carácter que el de secretario jeneral de Santa Cruz, sancionaba precipitadamente la erección del Estado Sur-peruano, i lo entregaba aUpoder discrecional i absoluto del pacificador, dándole el título de invicto^ asignándole una pingüe renta i decretando en su honor medallas, retratos i una estatua ecuestre. La Asamblea de Huaura fué mas lejos todavía, pues en la misma lei por la cual constituyó la existencia del Estado Nor-peruano i su federación con el Sur-peruano i con Bolivia, no solo dio el mando supremo de aquel Estado con facultades ilimitadas al jeneral Santa Cruz, sino que también le anticipó sus votos para Supremo Protector de la Gran Confederación, i dejó al arbitrio del mismo jeneral la designación de los plenipotenciarios que, en representación de los norperuanos, debian concurrir a la Asamblea de Tacna para dar la constitución definitiva de la Confederación Perú-boliviana. Por lo demás, confirmó a Santa Cruz el título de invicto pacificador y mandó erijirle una estatua sobre un arco de triunfo, colocar sus retratos en las salas de gobierno, de congresos i tribunales, acuñar medallas con su busto, convertir su natalicio en dia de fiesta cívica, i ofreció cien mil pesos a la esposa del nuevo Alejandro. No podia levantarse mas la marea de la abyección i del servilismo!
Todo esto no significaba mas que la falsificación i la burla cruel del réjimen político aceptado i consagrado por la América española después de su emancipación. En el fondo no habia mas que una dictadura militar que amenazaba prolongarse indefinidamente. Semejante estado de cosas ¿podia merecer la aprobación, ni siquiera la tolerancia de un Gobierno honrado?... Desde que el de Chile comprendió todo lo que habia de violento e injusto en el nuevo orden político creado por Santa Cruz, i todo lo que habia de falso i pérfido en el carácter i en la política de este caudillo, no vaciló ya en tomar la ardua resolución de salirle al encuentro i poner a raya su desatada ambición. No se trataba ya de defender los intereses mercantiles de Chile positivamente lastimados por la política del Protector; no de hacer que el Perú
reconociese i pagara la deuda que de tiempo atrás le reclamaba el Gobierno chileno; otro interés mas alto, otra causa mas sagrada se presentaba a la contemplación de la República de Chile i preocupaba a sus gobernantes: era la paz í la independencia de los pueblos vecinos a la Confederación Perú-boliviana i por consiguiente de Chile mismo, que acababa de experimentar el golpe preparado por alevosa mano contra su orden i paz interior; era, en ñn, la salvación de las instituciones a que la América había vinculado su felicidad i su porvenir.
El Gobierno chileno dio una mirada excrutadora a la situación i circunstancias del pueblo que gobernaba, í sompesó los elementos que le ofrecía para emprender la guerra: recursos pocos, patriotismo mucho, virilidad de sobra. I esto le bastó para decidirse a derribar la Confederación Perú-boliviana i el poder/o de Santa Cruz, declarando que aquel nuevo Estado, a mas de ser obra del artíñcio i de la violencia, constituía también una amenaza para los Estados vecinos, i proclamando en consecuencia la mutua i absoluta independencia del Perú i de Bolivia.