Campaña del ejército chileno contra la Confederación Perú-Boliviana en 1837 · Unidad 39 de 75

Unidad 39 · ACORDAR UNA RESOLUCIÓN SOBRE LAS NEGOCIACIONES UE PAZ PENDIENTES CON SaNTA CrUZ.

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ACORDAR UNA RESOLUCIÓN SOBRE LAS NEGOCIACIONES UE PAZ PENDIENTES CON SaNTA CrUZ.

"Convocados los jefes del Ejército por orden del señor jeneral en jefe, en la casa de su morada i en el dia de esta fecha, para esponerlcs cuáles son lai circunstancias en que se halla este ejército i el del enemigo, con ti objeto de oír las diversas opiniones de los señores jefes, por via de ilustración, para adoptar las medidas que crea convenientes a los intereses de Chile, se espuso por S. S.: que hasta aquel momento en que el enemigo se hallaba a una legua de esta ciudad, con una fuerza cuasi dupla de la del ejército de Chile, no habia podido éste impedir la reunión de los cuerpos que el jeneral Santa Cruz habia hecho venir del norte i del sur de la Confederación; i que esto habia

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sido debido a la nulidad de los auxilios que ha prestado al ejército el Gobierno provisorio que se nombró a la llegada a esta ciudad; que este Gobierno no solo ha puesto al ejército de Chile en la imposibilidad de moverse, sino que se le ha dejado muchas veces sin rancho absolutamente, i mui pocas veces se ha dado éste al tiempo conveniente; que si estos recursos habian sido hasta ahora de mui poca consideración, ya estaba visto que quedaban enteramente agotados, pues en los cuatro días últimos no se ha dado cosa alguna para el rancho de los cuerpos i manutención del hospital; que todas las esperanzas que se tenian de cooperación de los pueblos del Perú i de Bolivia, debían perderse ya, pues se habia visto que en lugar de recibir estos pueblos como un apo) o suyo al ejercito de Chile, se han levantado en masa los habitantes de Chuquibamba contra la división mandada allí por el teniente coronel Espinosa; que en Arequipa no hemos podido tener una sola alta en los cuerpos i que de este modo es visto que tan lejos de poder el ejército de Chile aumentar sus fuerzas en proporción a las que exijen las circunstancias, se halla en el caso de no poder reemplazar las bajas que ha tenido i que pasan de doscientos hombres; que las provincias unidas del Rio de la Plata no han cooperado tampoco, como se esperaba, a entretener siquiera la división boliviana de la cual, después de la acción de Humahuaca, ha enviado el jencral Brown hasta el campo enemigo que tenemos a la vista, la mejor parte de las tropas que debían entretener a los arjentinos; que en el caso en que se halla este ejército, no tiene otro partido que retirarse sobre Uchumayo en la esperanza de que el enemigo, confiado en la superioridad de su fuerza, nos persiga i podamos entonces darle la batalla en la llanura, fiados en el valor i entusiasmo de nuestras tropas i en la superioridad en calidad de nuestra caballería. Pero que debe temerse que dejándonos ejecutar nuestra retirada a Quilca, hagamos ésta con bastante dificultad, por la escasez de subsistencia, atendiendo a las operaciones de la división Vijil. Pero que, dado que se ejecute el reembarco de nuestra infantería, sin pérdida alguna en su marcha, nuestra caballería tiene que continuar por tierra hasta Pisco, sin mas que sus caballos, los que después de quince o veinte días de camino, debemos suponer que llegarán en

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mui mal estado, teniendo también que arreglar nuestra navegación a su marcha. Que por lo que hemos visto cu esta ciudad, debemos sacar la consecuencia de lo que encontraremos en aquel punto de la costa, que nos presentará el mismo cuadro que Islay i Quilca, i sin poder obrar inmediatamente sobre Lima, atendiendo a que en aquella ciudad se hallan Tuerzas mui superiores a las que tenemos. Que las noticias que se nos dieron del número de las tropas del Protector, han sido falsas, así como cuanto nos hacían esperar de la cooperación de los pueblos, de sus recursos, aumento del ejército, etc; que creyendo superiores (sin duda se quiso decir inferiores) nuestras fuerzas a la empresa que hemos proclamado, parecía no quedar otro medio que hacer una paz honrosa i ventajosa, o combatir contra el doble de nuestras fuerzas, i con la confianza de que si no fuésemos vencedores, el honor de las armas de Chile quedaría bien puesto. Que los intereses sagrados de Chile, depositados en este ejército, nos aconsejaban aquel paso, teniendo también en consideración otras mil causas que no se escondían a los señores jefes i que nos hacían ya ver lo doloroso que seria para Chile i al ejército los resultados de sus sacrificios i de su sangre, aunque la fortuna nos coronase con el triunfo.

"Los sertores jefes hallaron que era exacto el juicio que había formado su sefioría el jcneral en jefe, de la posición en que se enconlraba el ejército de Chile; i haciendo todas las protestas mas solemnes de sacrificarse en el servicio de la República, aunque llegase el caso de hacerlo, sín la menor esperanza de conseguir el triunfo, solo con el objeto de dejar bien puesto el honor de las armas de Chile, conocían que los intereses de esta República, su mismo honor, su tranquilidad interior i su gloria qucdaiian asegurados, siempre que en las circunstanciasen que se halla el ejército, consiguiese hacer una paz honrosa al frente de un enemigo poderoso,

i'Con esto se terminó la junta de guerra firmando la presente arta los señores que la suscriben, en la ciudad de Arequipa a lóde Noviembre de 1837 — firmado: Manuel Blanco Encalada. — José Santiago Aldunate. — A. J. de Irizarri. — Eujenio Necochea.— Lorenzo Luna. — Manuel García. — Juan Vidaurreel Leal.

— Mariano Rojas. — José Inojosa. — Carlos Olavarrieta. — Es copia del orijinal.— yttíí» Henrique Ratninsu (i).

Esta acta no se publicó jamas, acaso porque no se le clió importancia bastante. El mismo Blanco, a quien mas coíivenía publicarla, se limitó a entregar una copia de ella al consejo de guerra que lo juzgó. Esta pieza está agregada al proceso.

Paz Soldán hablando de los tratados de Paucarpata ¡ siguiendo i casi copiando la opinión de Irixarri en este particular, dice: "Conociendo Encalada (Blanco Encalada) mnjor que nadie, su critica posición, i convencido de que los términos del tratado que le proponía Santa Cruz, eran honoríficos a Chile, aunque no fuesen los que la exajeracion de las pasiones habían dicudo desde el palacio de Santiago, se decidió a aceptarlo; pero antes convocó una junta de guerra (Noviembre i6) en la que unánimpa reconocieron todos los jefes que en la crítica situación en que se encontraba el ejército, la transacción o tratados propuestos salvaban e! ejército, el honor i los intereses de ChilcFi. I para no malograr la ocasión de decir dislates contra este pais, añade en una nota al pié de la pAjina: "Esta acta la ocultó el Gobierno de Chile, i no la ha publicado, porque en ella se comprueba que el temor se apoderó de todos los jenerales i jefes chilenos de aquel cjércitou.

Si ios tratados propuestos por S^nta Cruz salvaban, seguí) Paz Soldán, el ejército, el honor i los intereses de Chile, i en esta virtud fueron unánimemente aceptados por la junta de jenerales i jefes chilenos, ¿qué motivos tcnian éstos para llenarse de terror, ni para dejar en el acta la comprobación de su miedo? Ademas ¿cómo se impuso Paz Soldán de esta acta que, según él mismo afirma, el Gobierno no quiso publicar i la ocultó deliberadamente? Poco mas adelante, después de dar cuenta del tratado de Paucarpata, dice que el ejército chileno "atravesó el desierto, humillado i peor que derrotado, porque las derrotas no deshonran cuando se ha peleado con valor, que .sin dUda faltó tanto a su jencral en jefe, como a los jefes de los cuerpos.

(i) Del legajo: íEjércitu Rest.iurador del Perú, 1837-1839,» teriu de la Guerra.

II el Minia*

— 253 - Se embarcó en Quilca en número de 2,500 hombres esca'^os, habiendo dejado en Arequipa, entre desertores i bajas por enfermedades, como 500; ninguno tuvo el glorioso consuelo de recibir la muerte de manos del er\f^mÍgo,..—( Historia del Perú independiente, iSss-'Sj^-J

Instrucciones dadas a don Mariano egaSa como Ministro Plenipotenciario de Chile cerca del Protector DE LOS Estados Sud i Ñor peruanos.— Octubre de 1836.

Copiamos solamente lo principal de estas instrucciones, que es lo siguiente:

"El grande objeto de que va encargado V. S., puede espresarse en esta breve frase: Independencia de Bolivia. La incorporación de las dos Repúblicas en una, bajo la forma federativa u otra cualquiera, pone en maniñesto peligro la seguridad de los Estados vecinos, i no nos es posible consentir en ella, sin dejar a la merced de la mas funesta continjencla la suerte futura del pais. Que el jeneral Santa Cruz mande en Bolivia o en el Perú, nos es indiferente: lo que nos importa es la separación de las dos naciones, que mandadas por un solo hombre (i un hombre que ciertamente no se ha mostrado insensible al falso brillo, tan costoso a la humanidad, de las adquisiciones territoriales) nos acarrearia una existencia de continuo cuidado i ;;o;{obra, de costosos e interminables esfuerzos para procurarnos una seguridad precaria, preñada de recelos i motivos de desavenencia, que al cabo nos arrastrarían a la guerra, con menos probabilidades de buen éxito. No faltarán personas que acusen de temeraria i presuntuosa esta conducta del Gobierno de Chile. Para responderles basta recordarles la historia de Europa en los últimos tres siglos. La adquisición de una sola provincia ha dado a veces motivo a guerras sangrientas. Si el Austria o la Francia se apoderasen de la España o la Italia, de un golpe de mano, para formar con esta nueva agregación un solo cuerpo político gobernado por una sola autoridad, ¿lo mirarían con

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indiferencia las otras naciones? ¿No correrían a las armas? ¿Recibirían como garantías de independencia las protestas de moderación, la perspectiva de mejoras en los países incorporados, i las virtudes personales del conquistadc>r? I si añade V. S. a tan poderosa razón los motivos particulares de desconfianza que ha tenido Ch'le a vista de la conducta reservada i misteriosa al principio, hostil i pérfida que la Administración peruana, i aun boliviana, han observado últimamente con este Gobierno, ¿quién habrá que le culpe de temerario, sino el que equivoque la prudencia con la pusilanimidad i con el abandono de los mas santos deberes? Escuso estenderme en consideraciones que se presentarán por sí mismas a V. S. La independencia de Bolivia es una condición indispensable de paz.»

"He dicho que es indiferente para nosotros que el jeneral Santa Cruz mande en Bolivia o en el Perú. Pero al darlo a entender así, procurará V. S. hacerlo de modo, que en caso de guerra, no arriesguemos la popularidad de nuestra causa con el pueblo peruano, a quien no será sej^uramcnte mui grata la dominación de un estranjero que ha derramado tanta sangre peruana en los patíbulos i que se ha hecho tan odioso de tiempo atrás, por sus mal encubiertos designios, promovidos con arterías i manejos, que han tenido no poca parte en las convulsiones de aquella República. V. S. i)rocurará conciliario todo del mejor mod(^ cjuc pueda. Por lo demás, separados el Perú i Bolivia, nada nos importa que una de estas dos naciones o ambas ado[^tcn el réjimen federal u otro cualquiera. El que diese mas garantías de orden i prosperidad al porvenir de estos pueblos, seria el mas satisfactt^ric) para nosotros. fi

El Plcni[)otenciario de Chile dcbia exijir del Protector de los Estados peruanos:

"i.o Una satisfacción honrosa por la violencia cometida en la persona del Encargado de Negocios don Ventura L?*valle.

2P La independencia de Bolivia i del Ecuador, (i) que Chi-

(i) Debe entenderse que lo que se trataba de pedir o de imponer al Protector, era que respetara la independencia del Ecuador, que el Gobierno de Chile creia amenazada per la vecindad de la Confederación Perúboliviana.

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le mira como absolutamente necesaria para la seguridad de los demás Estados sud-amcricano»;.

3.0 El reconocimiento de la suma de dinero que el Perú debe a Chile, tanto en razón del empréstito i de los auxilios en la guerra de la independencia, como de la indemnización a que CKile tiene derecho por los daños que ha causado al pais la expedición de Freiré.

4.0 Limitación de las fuerzas navales del Peni.

5.0 Reciprocidad en cuanto a comercio i navegación, colocando cada Estado al otro sobre el píe de la nación mas favorecida.

6.° Exención para los chilenos en el Perú como para los peruanos en Chile de toda contribución forzosa a título de empréstito o donación, i del servicio compulsivo en el ejército, milicia i armadaí'.

Instrucciones a Irizarki

(Seliembte de 1837)

Dos comisiones puede tener V. S. que desempeñar en el Perú, como representante de Chile: la de Encargado de Negocios cerca del Gobierno peruano restaurado, i la de Plenipotenciario cerca del Gobierno del jeneral Santa Cruz.

Como Encargado de Negocios de Chile cerca del Gobierno peruano restaurado, promoverá V. S. con todo el celo posible la amistad cordial i buena armonía entre Ambos paises, disipando todo motivo de desconfianza, satisfaciendo a las quejas, interponiéndolas por su parte con la moderación debida cuando por desgracia fuesen necesarias, i no perdiendo nunca de vista los intereses bien entendidos de Chile. Empleará V, S. también la mayor actividad ¡ celo en incitar al Gobierno peruano a que coopere eficazmente a la guerra, aumentando la fuerza de sus tropas i reclutando sus filas, como también, a que provea de todos los artículos necesarios al ejército restaurador,

^me medidas oportunas para c! pago regular de sus sueldos^

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La acertada dirección de las operaciones militares, i la conservación de la buena intciijencia entre ambas naciones, deben ser los objetos prin.eros de la solicitud de V. S.: el Presidente deja a la prudencia de V, S. la elección de los medios.

Luego que el Gobierno peruano hubiese adquirido alguna consistencia, procederá V. S. a ta celebración de un tratado de alianza con é\ contra el jcneral Santa Cruz. Este tratado comprenderá ademas de las cláusulas jenerales, las particulares que V. S. encontrase convenientes para hacer efectiva su cooperación en la presente guerra, a la pronta i regular submínistracion de todos los efectos necesarios para la subsistencia i actividad del ejército restaurador. Se estipulará expresamente que ninguna de las dos partes podrá hacer una paz separada. Se acordará asimismo que las dos repúblicas ajustarán en tiempo oportuno un tratado de paz i amistad en que se diriman equitativa i satisfactoriamente las reclamaciones de fecha anterior a la presente guerra; i se renunciará expresamente por parte de Chile a toda pretensión que ceda en mengua de la independencia peruana o que coarte en lo mas mínimo la libre esprcsion de la voluntad nacional en el establecimiento de las instituciones que hayan de rejir al Perú.

Uno de los encargos que particularmente se someten a V. S., es el de obtener lo mas pronto posible el reembolso de las anticipaciones que se han hecho aquí para la habilitación de laí fuerzas peruanas, a cuyo efecto se trasmiten a V. S. las cuentas con los comprobantes que ha sido posible recojer. Este reembolso podrá reglarse en el tratado de paz, de! modo que V. S, creyere mas conveniente, en el supuesto de que este Estado solo aspira al pago de las anticipaciones a plazos moderadoa i con un Ínteres equitativo. V, S. exijirá que esta deuda particular se satisfaga por separado i con preferencia a las otras.

Ademas de las relaciones que como Encargado de Negocias deberá V- S. cultivar con el Gobierno peruano re'staurado, quiere el Presidente que mantenga V, S. una correspondencia seguida con el jefe de las fuerzas chilenas. V. S. le dará todas las noticias, advertencias i consejos que le pida, í aun se las ofrecerá espontáneamente, cuando le parezca que las circunstancias lo exijen.

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Como Plenipotenciario para con el Gobierno del Jeneral Santa Cruz tiene V. S. por colega al jeneral en jefe don Manuel Blanco Encalada. Según la letra de los plenos poderes, será válida toda convención que hagan los dos plenipotenciarios chilenos o cualquiera de ellos con el plenipotenciario o plenipotenciarios del jeneral Santa Cruz; disposición que ha parecido necesaria para obviar continjencias de las que ocurran durante la guerra, i para no embarazar con las funciones de negociador las otras de que va encargado el jeneral Blanco, obligándole talvez a separarse de puntos en que su presencia pudiese importar mas para las extjcncias de las operaciones militares. Sin embargo, la intención del Presidente es que ambos plenipotenciarios en todo asunto grave procedan de acuerdo, i que llegado el caso de celebrar una paz honrosa con el enemigo, intervenga en el tratado el jeneral en jefe, como Plenipotenciario con solo ser acompañado de V. S.

Sí por alguna fatalidad llegase esta República a verse privada de los servicios del jeneral en jefe, ejercerá V. S, por sí solo la plenipotencia.

En cuanto a las reglas a que deben sujetarse los dos plenipotenciarios o cualquiera de ellos en las estipulaciones que ajusten con el enemigo, me remito a las instrucciones dadas a ambos en oficio del dia de hoi.

"Campaña del Ejército restaurador.!

Con este título se publicó en El Mercurio de Valparaíso (Enero de 1838) una serie de artículos que contienen la historia de la campaña del ejército chileno en 1837. Esta relación anónima parece ser la obra de un testigo presencial de la expedición.

De ella tomamos los datos mas esenciales que van en seguida.

En vísperas de partir, el ejército expedicionario constaba de estos cuerpos:

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Un batallón de la columna peruana ]

en cuadro 130 f Columna

Un escuadrón de id 120 ( peruana. 420

Dos cuadros de batallón 170

Batallón Portales 640

Id. Valdivia 680

Id. Valparaíso 680

Id. Colchagua 510 ( Tropas de

Tres escuadrones de caballería 480 [ Chile.... 3,2CX>

Una compañía de artillería lijera.. 60

Escolta del jeneral en jefe.. 70

Dos compañías de cívicos 180 ■

El ejército partió el 15 de Setiembre. El 14 habia dado la vela para Cobija el trasporte Napoleón convoyado por la goleta de guerra Peruviana, llevando un cuadro de reclutas voluntarios (la columna del comandante FrijoUt) que debian ocupar aquel puerto e iniciar una diversión militar en combinación con las tropas arjentinas, para lo cual se habia prevenido al jeneral Heredia que destacase una columna sobre Atacama.