Campaña del ejército chileno contra la Confederación Perú-Boliviana en 1837 · Unidad 41 de 75
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El 22 de Octubre llegó un parlamentario del enemigo con comunicaciones que el jeneral Blanco dejó reservadas, i al dia siguiente salió para Tambo e Islai una compañía de infantería de los cuadros peruanos, que rechazó una banda de montoneros que interceptaba el camino entre Islai i Arequipa. El 24, el coronel Landazuri se presentó en el cuartel jeneral como parlamentario del enemigo, pidiendo suspensión de armas. El 26 apareció con el mismo carácter el mayor Cerecera, i pocas horas después otro oficial con pliegos del jeneral Herrera, pidiendo una entrevista al jeneral Blanco. Estos pasos tenían evidentemente por objeto entretener en Arequipa al ejército restaurador, hasta reunir los refuerzos que el enemigo aguardaba de Bolivia, Puno i Lima. El 28 llegó a Arequipa la
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columna expedicionaria que habla recibido el encargo de ocupar a Cobija, i que después de ocuparla por pocos días, se reembarcó para reunirse con el grueso del ejército.
El 29 de Octubre marchó a Chuc¡u]bamba i Majes el teniente coronel Espinosa con 90 hombres de los cuadros peruanos, i en dichos lugares se batió con fuerzas destacadas poreljcneral Vijil, las cuales habian salido de lea t Lima para hostilizar al ejército restaurador. Espinosa, después de recojer algún ganado, se puso en retirada, sin .ser perseguido por el enemigo que se encontraba anulado po'r la fatiga de una larga travesía i por la deserción (3).
Una partida numerosa de tropa enemiga dejóse ver el 31 de Octubre sobre los altos de Cangallo en las goteras de Arequipa, lo cual introdujo la consternación entre sus habitantes, que atribuían aquel avance a la inmovilidad del ejército restaurador. Blanco, comprendiendo al fin los inconvenientes de esta situación, destac'' al coronel Nccochea el dia siguiente con un escuadrón de caballería i cuatro compañías de cazadores para sorprender o provocar a un combate a la vanguardia enemiga. Necochea marchó en dirección a Poxi i sorprendió una avanzada, una legua antes de aquel pueblo, tomando 24 pri.sioneros, un jefe i dos oficiales, í dejando dos muertos en el campo, sin pérdida alguna de su parte. Con la noticia de este suceso, las tritpas protectorales se retiraron de Poxi, i Necochea contramarchó a Arequipa. Se ha creído que si la fuerza de Necochea hubiera marchado en pos de la tnopa enemiga, que se retiró de Poxi en gran desorden con el coronel Montes, en pocas horas habría podido alcanzarla i destruirla o dispersarla por completo. El enemigo, entre tanto, volvió a ocupar a Poxi con tres compañias de infantería. El jeneral en jefe intentó informarse sobre el estado del campo de Puquina; pero, en vez de ocupar para este fin a Poxi i destacar sobre Puquina su excelente caballería, se redujo a enviar un parlamentario a Cerdefla para pedirle la regularízacion de la guerra con relación a los perua-
(3) Síibre estii campaíl:! de Espinosa liai diversa,-! versiones contradici rias. El mismo Espinosa, al retirarse, escribió a Blanco man i fes tan dolé q no tenia fuerzas para resistir a Vijil. (Diana de SutcUfe.)
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nos que el Protector había ¡iroscríto. El parlainentario fué deteniJo en Poxi, donde entregó los pliegos al enemigo. Cerdcüa c«ntestó con insolencia a la comunicación de Blanco, que solo sirviii para disipar el temor con que fué recibida en el campo del Protector la noticia del arribo de la expedición chilena.
Al dia siguiente del regreso del parlamentaría de Blanco. llegó a Arequipa el coronel Guilarte con una carta uel jeneral Herrera en la que éste pedia una entrevista al jeneral en jefe, que la otorgó al momento. Hfrrrra i Blanco conferenciaron secretamente durante dos dias. E! pueblo, que miraba con recelo estos recíprocos mensajes i conferencias, se reunió en la callu sobre la casa del jeneral Blanco, i cuando I-Ierrera salía de ella acompañado del jeneral Aldunate i otros oficiales chilenos, la muchedumbre prorrumpió en gritos de muera Sania Crus, muera el tirano, muera Herrera i todos los malvados que le sir ven. Blanco manifestó el mas profundo disgusto por esta mani' festacion, i creyendo comprometida su delicadeza, envió al capí tan Murillo a dar satisfacciones a Herrera. El cual contestó con la chocante ocurrencia de que él no podia darse por satisfecho del ultraje recibido, pues solo al jeneral Santa Cruz correspondía estimar la satisfacción ofrecida,
Herrera habia hecho concebir al jeneral Blanco la esperanza de que Santa Cruz se retirara con las tropas bolivianas, dejando libre al Perú, sin necesidad de una batalla, El mismo Blanco habia dejado entender esto, después de su conferencia con He-. rrera. Por mas que se hiüD, no se consiguió disuadir de esta idea al jeneral en jefe, f convencerlo de que Herrera había ¡do a Arequipa solo a entretenerle, mientras Santa Cruz descabezaba la sierra i por detras de los altos de Cangallo se dirijia a Puquína. Cuando Blanco tuvo noticia de este movimiento, se decidió a mover el ejército sobre Poxi, donde, según se aseguraba, Cerdeña acababa de situar su división para cubrir las operaciones de Santa Cruz. Se puso en marcha el ejército a las 1 1 de la noche i a las lO del dia siguiente estaba a la vista de Poxi, Mas, se reconoció que allí no había sino una columna de 400 hombres al mando del jeneral Herrera, la que trepó luego las alturas de Poxi en actitud de retirarse. El jeneral Blanco ordenó contramarchar sobre Arequipa.
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Santa Cruz había llegado a Puquina con su columna en muí mal estado, por la precipitada i larga marcha que había tenido que hacer, i a fin de rehacerla i reunir la división de López, que había salido de Moquegua, ordenó al jeneral Herrera que pidiera un armisticio. Herrera lo solicitó notificando a Blanco estar autorizado por el Protector para negociar un tratado.
Se abrieron conferencias en Sabandía,a legua i media de Arequipa, estipulándose una tregua de cuatro días. Don Antonio José de Irizarri fué a juntarse en aquel lugar con Herrera. La tregua había sido solicitada por el enemigo con el objeto de mover sin peligro sus columnas de Puquina a Poxi. Las conferencias de Sabandía dieron por resultado un proyecto de convenio preliminar, concebido en tales términos, que indignaron al jeneral Blanco i le arrancaron una áspera reconvención al coronel Irizarri, por haberlo acordado. Herrera pidió una tregua de dos días mas, en la que no se arribó a ningún acuerdo definitivo, pero que sirvió para hacer descansar, reconcentrar i poner en mejores posiciones las tropas del Protector.
Al finalizar la última tregua, supo el jeneral Blanco que Santa Cruz se movía de Poxí para situarse detras de Cangallo, a 4 leguas de Arequipa, i entonces dirijió al jeneral Herrera la propuesta de un combate parcial entre dos columnas destacadas de los dos campos contrarios, para decidir la suerte de la campaña. Herrera contestó diciendo que creía que la proposición seria aceptada por Santa Cruz.
Esta peregrina propuesta fué un nuevo pretexto para prolongar la inacción del ejército chileno, cuyo prestijio fué disminuyendo de día en día en el concepto del enemigo. El 12 de Noviembre, Blanco propuso una entrevista a Santa Cruz.
Desde el principio de las conferencias de Sabandía no cesaron de presentarse en el campo del ejército chileno los emisarios del enemigo, sin otro objeto en realidad que esparcir noticias alarmantes en el pueblo, obtener noticias convenientes i entretener al jeneral Blanco con una correspondencia artificiosa i ganar tiempo para conseguir la reunión del batallón 5.0 de Bolívia, que iba de Huancayo, í el 2.0 que iba de Tupiza.
El 14 desfilaba Santa Cruz con su ejército desde Cangallo en
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dirección a Paucarpata. Al ver este movimiento el jeneral Blanco dio inmediatamente orden de salirle al encuentro (4). Santa Cruz, que sospechó esta determinación, procuró conjurarla enviando a Blanco un edecán con comunicaciones en que accedía a la entrevista que aquél había solicitado, i le protestaba sus deseos de un arreglo amigable. Blanco se prestó inmediatamente a la entrevista, i a las cuatro de la tarde del mismo día se trasladó con una pequeña escolta al campo de Santa Cruz.
Blanco fué recibido en el alojamiento de Santa Cruz por una chusma prevenida por este mismo para gritar: "viva el Protector— Mueran los chílenosn. Pero yi^rr^r €íy afectando indignación ^ impuso silencio a aquella jente, para retornar la cortesía de Blanco para con él cuando fué insultado con ocasión de su entrevista de Arequipa. Entre tanto, el ejército de Santa Cruz tenia colocadas sus avanzadas hasta media legua de Arequipa para estrechar mas al ejército chileno e impedir el ingreso de víveres en la ciudad, lo cual alarmó mucho a la población, que empezó a huir i trasladarse a otros puntos.
A las 12 de la noche del 15 regresó Blanco a la ciudad, i el 16 por la mañana reunió una junta de guerra en que entraron los jefes chilenos i el teniente coronel Irizarri. En esta junta espuso Blanco las razones que, en su concepto, hacían necesario tratar la paz con el enemigo. El consejo convino en ello. Momentos después de esta junta salió Irizarri para la quinta de Trístan, donde debía reunirse con Herrera i Quiros, plenipotenciarios de Santa Cruz, a fin de redactar "el tratado de paz acordado ya definitivamente en sus bases fundamentales en la entrevista de Paucarpata.il El ejército chileno recibió esta nueva "con sombrío i silencioso descontento,!» manifestando deseos de
(4) Esta resolución de atacara Santa Cruz la ha negado Irizarri (Impugnación a los artículos publicados en /:/ Mercurio etc) i ha citado en su apoyo el testimonio del jeneral Aldunate, que, con efecto, en un articulo publicado en Jí i Mercurio de Valparaíso del 20 de Febrero de 1838, afirma que no se pensó atacar a Santa Cruz en su tránsito a Paucarpata. — Don Felipe Pardo en los artículos publicados en El Araucaíio contra la («Defensa del tratado de ])az de Paucarpata^» dice sobre este punto la verdad, a sabir: que el jeneral Blanco pensó hacer una retirada con el ejército el 16 de Noviembre.
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batirse con el enemigo. Pero le fué preciso resignarse. El tratado quedó concluido en la mañana del 17 i trasmitido a Blanco, quien, a la una del mismo dia, ordenó »»que el ejército estuviera pronto para marchar sobre el enemigo, i envió a Irizarri para que terniinase sus conferencias i se retirase, si no se accedia en el acto a ciertas modificaciones que exijia en el tratado, el que parece contenia cláusulas sobrado vergonzosas i humillantes para Chile, n
Dos horas después de Irizarri se dirijió a la quinta de Tristan el jeneral Blanco acompañado de una pequeña escolta, i desde allí envió orden al jefe de Estado Mayor para que retirase el ejército a sus cuarteles, pues acababa de firmar los tratados de paz. Al anochecer del 17 se anunció por bando este suceso a la ciudad i se mandó repicar en todas las iglesias para celebrarlo.
Acerca de las razones fundamentales expuestas por Blanco en la junta de guerra del 16 para llegar al tratado de paz, hé aquí la verdad de los hechos, según el autor de la narración que estamos exponiendo:
El 19 de Noviembre, es decir, dos dias después de firmado el tratado, presentó en revista el jeneral Santa Cruz el cuerpo entero de sus fuerzas, que algunos jefes chilenos calcularon en 4,500 hombres como máximum, siendo de advertir que solo el 18 se incorporaron al ejército los batallones 2.° i 5.0, que representaban en suma una fuerza de 1,100 hombres; de suerte que Santa Cruz en los dias 16 i 17 de Noviembre no podia disponer sino de 3,400 hombres, siendo de advertir que en esta fuerza figuraba el batallón 7.0 compuesto de cívicos i reclutas de La Paz, arrastrados violenta i precipitadamente por Santa Cruz sobre Arequipa, i que en los demás batallones había, cuando menos, 500 reclutas de Puno i otros lugares. El ejército chileno, entre tanto, contaba en estos mismos dias con 2,200 infantes, 560 jinetes, i ademas 300 infantes i 150 caballos de la columna peruana que estaban en Arequipa el 16 de Noviembre. Blanco estaba satisfecho de la exactitud de estos datos, i el 15 por la mañana aseguraba públicamente que, en caso de tratar con el Protector, no lo haria sino sobre la base de la independencia del Perú i consiguiente evacuación de su territorio
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por Santa Crui. Por avisos fidedignos sabia Blanco que losl tallones 2." \ 5." no podrían llegar el 16, n¡ el 17 al campo de Santa Cruz, ¡ que aun en el sui>uesto de reunírsele, de poco podrían servir, en consecuencia del cansancio i fatiga de una larga marcha, mientras el ejército chileno estaba perfectamente descansado i lespuesto, ardía en deseos de batirse i tenia una caballería indisputablemente superior a la enemiga. Así, pues, Blanco debió marchar sobre Paucarjiata, con lo que Santa Cruz habría tenido que moverse hacia Cangallo para reunirse con los batallones que esperaba {el 2." i el ^.'>), verificando una oeligros/sima retirada a la vista del enemigo, o aceptar batalla en Pau. cárpala, donde no habría podido prolongar por muchas horas su resistencia.
Otra razón expuesta en el consejo de guerra del 16 por el jeneral Blanco para probar la necesidad de tratar, fué la falta de víveres para el ejército. A mas de Inexacta esta consideración, ella entrañaba precisamente, a ser verdadera, la prueba concluyante de la necesidad de atacar a un enemigo que, situado a 4 millas de distancia, era la causa de aquella escasez. Pero la verdad es que no se puede concebir tal escasez de vitualla para un ejército de 3,500 hombres en una población de 35,000 habitantes, circuida de campos cultivados i provistos de abundante subsistencia. Ei 16 de Noviembre se vendia en Arequipa (a carne de vaca a menos precio que en Valparaíso; la verdura era mucho mas barata, i en el cercado de la ciudad había centenares de bueyes i vacas i abundancia de granos.
Otras razones alegadas por Blanco en el consejo del i6, fueron: que c! ejército a su cargo no tenia movilidad; que el jencral Vijil estaba en Vitor a retaguardia con 800 a 1,000 hombres, i que era preciso conservar el ejército, porque en él estaba la garantía de la tranquilidad pública de Chile. "Esta última razón, que parecerá increíble (aftade e! autor de los artículos) ha sido aducida por el jeneral Blanco repetidas ocasiones después del tratado de Paucarpata» (5).
(s) Este argumento 'calificado de increiile, tiene su explicación en la exajerada importancia que dio Blanco al decreto suprema que se rejlstra M este apéndice bajo la letra L.
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Cada batallón tenia algunas muías ¡ 25 burros; el cuartel jencral 21 muías; las comisarías chilena i peruana 20, i el parque ICO. Habia ademas como 500 burros para cargar enfermos í rezagados, i la caballería estaba perfectamente montada. En cuanto a Vijil, no tenia mas que 2Cxd infantes! 100 montoneros, por toda fuerza, i no alcanzó mas que a Majes, 40 leguas al norte de Arequipa. La vuelta de Islai i Quilca estaba libre. Vijil no habría alcanzado ni a las fronteras del departamento de Arequipa, si Chuqui bamba hubiese sido ocupado oportunamente i con mayor fuerza.
El 18 de Noviembre empezaron a desfilar los cuerpos del ejército sobre Quilca, con escepcion del Portales i del Valdivia, que presenciaron el 19 la entrada triunfal de Santa Cruz en Arequipa i le rindieron honores militares. »»E1 cuerpo del ejército chileno (dice el articulista aludiendo al batallón Portales) que llevaba el nombre de la ilustre víctima del Barón, haciendo honores a Santa Cruz!... Faltaba este nuevo vilipendio para completar sin duda la serie de desaciertos que por resultado de la última campaña, han dado, en lugar de la independencia de dos naciones americanas i de la libertad de dos pueblos hermanos, el tratado de Paucarpata, transacción tan precaria como indigna de las altas razones políticas i de los justos motivos en que Chile apoya la guerra que ha declarado el tirano del Peni i de Bolivia.ii
(De un articulo publicado en lU Mercurio de Valparaíso de 9 de Marzo de 1838 por el autor de la Memoria sobre la cCampuña del ejército restaurador.»)
Entra de nuevo en algunas consideraciones para demostrar los desaciertos cometidos en la campaña, i particularmente el de haber omitido el jeneral Blanco atacar a Cerdeña en Puquina.
Según este escrito, el 12 de Octubre estuvo el ejército chileno en los cuarteles de Challapampa, a una milla de la ciudad de Arequipa. En Puquina, Cerdeña no tenia mas de 1,200 hombres, cuya mayor parte estaba fatigada en consecuencia de una larga marcha por la cordillera. De Arequipa a Puquina median