Cánticos y armonías sobre la Pasión · Unidad 50 de 96

Unidad 50 · CANTICOS Y ARMONIAS SOBRE LA PASION.

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CANTICOS Y ARMONIAS SOBRE LA PASION.

De aquella agua milagrosa, Sin mal nineuno salia.

A un paralítico de años, Que allí entre muchos habia, Y al que con burla miraban Los demas en su camilla:

Que muera para que el pueblo Su poder eche á la risa.

Jesus, el encono viendo De un pueblo que no le estima, A su bella Cafarnaun Nuevamente se retira.

-—¿Qué haces? le dice Jesus.

—Aguardar en la Piscina

Un milagro que me alibie

De esta enfermedad continua.

Mucho tiempo hace que vengo

A velar la hora y el dia;

Mas no hay quien me arroje al agua,

Cuando el agua es removida.

Jesus le dice: —Levántate,

Toma en hombros tu camilla,

Anda, que podrás andar

Y salir de la Piscina, Levantóse el paralítico,

Y tomando su camilla,

Publicaba aquel prodigio

Trasportado de alegría.

Llegó á oido de los doctores,

Los sacerdotes y escribas,

Y escandalizados vieron

Que era sábado ese dia.

¡Curar en sábado! dicen,

Su virtud és un sofisma:

La ley de Moises ultraja,

¡Profanacion inaudita!

¡Sacrilegio! dicen otros,

Castiguemos su falsía.

CAPITULO, XII,

JESUCRISTO SE COMPADECE DE LA VIUDA

DE NAIN.

Despues de premiar la fé de Jairo, volviendo la vida 4 su hija Talita, Jesucristo hizo su segunda visita 4 Jerusalen, donde la curacion milagrosa del paralítico de la Piscina, hecha públicamente y en sábado, dia consagrado por los judíos á la oracion y al descanso, le atrajo todo el odio de los escribas, fariseos, sacerdotes y doctores, que no yiendo en Jesus más'que un infractor de la ley de Moises, resolvieron darle muerte para poner así, un dique á la agitacion asombrosa que por toda la Judea se dejaba sentir; y que, semejante á una avenida, amenazaba trastornarlo todo, su religion, sus ideas, sus leyes y hasta sus costumbres.

La fama de Jesus aumentaba dia á dia. En los círculos de familia, en los corrillos, en todas partes, en fin, se citaban con entusiasmo y respeto, las curaciones prodigiosas; los portentosos milagros de que toda la Palestina era testigo irrecusable. Ademas, la multitud que le seguia, podia, segun ellos, armar una rebelion que turba-

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se por completo la paz del reino, trastormando el órden de las cosas.

Jesus vió lis maquinaciones de sus enemigos; y como su hora áun no llegaba, abandonó 4 Je rusalen, volviendo á Cafarñaun

Cafatnaún, ciudad agraciada con la presencia casi continúa del Hijo de Dios, digna de la envidia universal por el señalado favor que le erá dispensado, no agradecia, sin embargo, “tal boné dad como debiera agradecerla. Porque, aunque es verdad que amaba al Salvador y que admiraba sus hechos grandiosos, sin desileñarse de escuchar su Doctrina siempre pura; elevada y sublime, no lo; es mérios, que. la. recibia. en- su alma con una mezcla de indiferencia: indiferentismo que no la dejó vécojer sús-ópimos y saludables frutos.

Al dia siguiente de su regreso, se dirigió Jesus á una apartada orilla, extensa llanura en'que se, elevaba una pequeña .eminencia festonada de árboles y desmembrada, hácid -su- parte superior, de un mónte oscuro y elevado:

Josus: subió. alí, sinsque nadie -osasé bnrbar su soledad.

En. la llanura buscó, ¡sitio, el gentío que le segia.

El Señor, despues de, orar, llamó ¡:4,sus discipulos: Pedro, Andrés;. Juan, Santiago, elipe, Bartolomé y: Mateo.

Iba á formar su apostolado; á' escojer hombres, que aceptaran los, trabajos, la pobreza, los malos tratamientos y»hasta la, muerte, como testimonio de su Sátita' Doctrifia.