Cantos de rebeldía · Unidad 21 de 34
Unidad 21 · 122 JOSÉ DE DIEGO
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122 JOSÉ DE DIEGO
Esa Cruz tiende un brazo de Hércules a la angustia
[cubana, esa Cruz tiende un brazo de ángel a la fe borincana, es de Ojeda, Velázquez y Ponce en tierras y mar, de Caonabo, de Hatuey, de Agueybana...
1 India, española, cristia^na ! j Sirve lo mismo para una trinchera que .para un altar 1
I Cruz redentora dominicana 1
¡Cruz encendida sobre el Baluarte!
j Cruz del acero que esgrimió Duarte !
¡Cruz Antillana! Borinquen sola la gracia espera del brazo angélico que forma parte
de tu bandera, y si no puedes aquí elevarte por la plegaria, por el derecho ni por el arte, ni en la victoria de una trinchera...
¡ven a posarte sobre las tumbas en que mi Patria luchando muera!
¡Tu eras el «signum» de la parábola de Isa'asl ¡ el estandarte con que al Planeta, como el Zodiaco, ciñes y abrazas!
I Por ti cantaron las profecías! I Por ti vinieron a nuestra América convocados pueblos
[y razas I
CANTOS DE REBELDÍA 123
Parada en medio de los abismos, en pie sobre ondas de sangre y llanto, no maldecías de horror y espanto I santificaste de ¡amor y gracia los heroísmos de las Naciones que desgarraban su p'opio sonó fuerte
[y fecundo y así alumbraron por sus heridas al Nuevo Espíritu
[del Nuevo Mundo I
Súbito rompe la génesis en los cataclismos, surge la Vida estallante de una convulsión... I América tiene en sus trágicas luchas los mismos estruendos y saltos gloriosos de la Creación I
No así el Estigio junto a sus bordes,
en que se encienden las locas guerras,
llama tus brazos misericordes
para los cielos, mares y tierras, en que el Espíritu del ]\Ial agita sus rojos brazos
y so derrumban montes y sierras P a cañonazos...
Mas tu Evangelio de libertades guardas perenne, unges a im hombre de nuestra América bajo la egida
y se alza el amplio verbo sol'nmií que repercute por los confines como una r;'if;iga do
[amor y vida.
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Con siete vueltas cercando a Europa ruge el Estigio, y el magno verbo que en el fastigio
del Capitolio recoge el austro, difunde el bordeas, envuelve ] oh Procer ! vuestro prestigio
y va cantando de polo a polo con el prodigio
del resonante vuelo invisible de vuestras Águilas in-
[corpóreas.
De vuestras Águilas... Una de ellas, que tuvo el vértigo de la altura, precipitada de las estrellas cayó en la sombra, perdió su espíritu, tornóse oscura. Águila negra de alma de cuervo, rapaz y torva, de pico acerbo, de garra corva, en cada pueblo libre de América tendría un siervo
y así el destino y el rumbo estorba de las potentes águilas líricas de vuestro verbo...
«Si las circunstancias nos han obligado alguna vez a ocupar territorios que de otro modo nimca hubiésemos intentado adquirir, yo sé que digo la verdad declarando misión nuestra solamente administrar esos territorios, no para nuestro uso exclusivo, sino para el de los pueblos que los habitan y, al echar esta carga sobre nuestras conciencias, jamás plensamos que esos