Cantos de rebeldía · Unidad 4 de 34
Unidad 4 · 14 JOSÉ DE DILGO
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14 JOSÉ DE DILGO
visión jmlás agudiai y dietallada de l;ai naturaleza y del Imlundioi psíquiciOi; peiro, en lo que a nuestnai Almiérica ooncierne, piairecía que la espléndida eviOr lución iba la, pervertirse en una fiebre de griO|- sera lujuriíaj y en atáviqos gestpis de feudal se^- ñorío. Se glorificaba al amior con las crudas vor oes de un tratiaidioi de pja;t|ología sexual, y, si el pioetá busciaibaí para exiailtar un tipioi de pasados tielmpiQS^ enciontraba: siempre a un Caballero feudal cuailquieirai e!n ejercicip del derech|Oi de pernada...
El imlás grave diañiOi del esta¡ literatura en América fué quei lapartó de| la tierra, del ^|mjbiente, de lios setiti)m|ienti0is e ideales paitrios lai inspiración y el ,aián dei l,ois piOjetais nacidos en aquellois dolorosos países, tiain necesitados del concurso de sus filóspfois, de sus artistiais, de! sus hotoibre de Estado, de todap sus fueirzais (mío rales y o¡rgáni^ cas, len Lais trelmlendas crisis de su creciimientioi naciioniail. Li^ Grecia antiguai, el Japón imlodemo, dioses pagiaíios, elmlperat rices, hetairas, geishap y lobispos endiabLados y Imlarqueisitas galaintes y todo 1(0 «jmiuy sigliOi diez y ochoi», cantiaidos por poetas que tetiían en sus naitivois lares las bellezas mías grandeis de liai Creíación y lois eimpeñois más altos
CANTOS DE REBELDÍA 15
de la lucha por el triunfo de la libertad y por la subsistencia y el pred|0|miinio de nuestrai raza opritmiida y escairnecida en las tristes patriáis del hefnlisferioi lajm'ericianio.
DaríiQ., que sei elevo desde unai pequeña República ooimio el poeta del Universo, podía hacerlo así y extender La.s alas de su genioi por los horizontes Imiundiales; pero lo hizo mejor y en su Imiagnificent© lohrai nada hay más grandioso que la salutación a las «ínclitais razas ubérrilmias» ni ¡miás dulce y tierno que el idilio al «buey que vi en Imli niñez echando vaho un día, — bajo el nicaragüense sol de encendidos oros»...
Dichosalmiente paisó comió una áurea nube aquella convencioiíail literatura y hoy la A'miéricaí hispana puede imiO'Strar con orgullo «sus» poetas, los insignes poetas de su paisaje, de su historia, de su libertad, de su vidaí, de su ra^^a y de la futuüa' hegelmiooiía de los pueblos de su rao^a en las cunv bres del Tlaneta. '
Puerto Rico sufrió támibién la racha de aquella] vanaJ literatura y goza ta|mibién ahora del rcnacilmiiento de su poesía: viejos y jóvenes líricos (miarchan a la cabeza del ¡movimiento nacional, qo|mio iban los ajUiguos bardos anglosajones a la