Cantos del hogar · Unidad 13 de 41

Unidad 13 · LA VELADA i 43

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LA VELADA i 43

De la luna al reflejo macilento, V; ^: j '.'■'/

Iba cobrando vida y movimiento. y ; ;

I Ali! yo lo vi después, y estremecido

De respeto y pavor, casi-al oído ' : ;

Díjele : '* Padre, ¿ sueño es lo que veo,

O es una realidad ? ¿ Miente el deseo ? "

Volvió otra vez sus ojos al retrato,

Y allí los tuvo fijos largo rato... «r 0^ Si algo me respondió no lo recuerdo,

De aquel minuto la memoria pierdo ; ^

-Sólo sé que el salón estaba oscuro, Que la luna, filtrándose hasta el muro, ^ Iluminaba el cuadro en ese instante,

Y que en él vi lo que diré adelante :

Vi la apacible faz, la frente cana, Vueltas cual otro tiempo carne humana ; Vi aquellos ojos húmedos moverse, Vi las hebras de plata estremecerse ; ií

Y en medio de un silencio pavoroso Reflejo de otro mundo misterioso. Mi padre y yo, ya trémulos, oímos,

Y en el alma los dos las recogimos. Estas palabras, fuentes de consuelo

Que desde el muro pronunció mi abuelo :

" Hijos, yo vivo aún : no soy extraño En vuestro hogar y siempre os acompaño j El alma por la carne revestida Teme dejar los goces de la vida, Pero al romper su tosca vestidura,

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LA VELADA

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Ya libre y ya feliz, desde la altura Vela por los que quedan en la tierra Con la miseria y el dolor en guerra. Hoy os habla el espíritu, no el hombre ; Guardáis con honra limpio vuestro nombre,

Y si hay mil que se llaman de igual modo

Y alguien "arrastra el nombre por el lodo, Ved que siempre es así la historia humana ; Lucrecias son la Borgia y la Romana,

Y ambas con patria igual, con nombre mismo» Separadas están por un abismo.

Os amo como sois, os quiero humanos; Limpias de sangre y cieno vuestras manos ; Si sufrís, esperad; á todo duelo Dios y el tiempo dan término y consuelo ; Con fe y resignación todo se alcanza; Nunca alentéis rencores ni venganza

Y cuando halléis un pérfido enemigo, Recordad, para darle su castigo.

Que no hay ningún castigo en la existencia Más duro que la fría indiferencia. Yo ya no moriré ; tengo esa vida. Sin miserias, sin llanto, sin medida Que Dios reserva al justo; en ella quiero Veros alguna vez... allí os espero. " 4^

-' .' *

Calló el solemne y desusado acento ; La luna se apagó, quejóse el viento.

Y nosotros, nosotros aterrados, Juzgando como sueños disipados

Tan extraños sucesos, ¡ ay ! nos vimos,

Y mudos de dolor nos despedimos.