Cartas a un obrero · Unidad 156 de 195
Unidad 156 · CARTAS A UN OBRERO 37 I
Texto completo en español de una edición de dominio público con fuente y huella registradas.
CARTAS A UN OBRERO 37 I
•emanen del Estado, y se organizan huelgas, y se agolpan motines, siendo así que en esto, más que en nada, influyen la opinión, la inmoralidad y la ignorancia. ¿Quién da grandes sueldos á los toreros? Tú y tus amigos, ^no sois los que principalmente contribuís á su prosperidad? ¿Quién da grandes ganan- \"ias á las modistas 3^ á los sastres en boga? ¿Quién paga pródigamente á las bailarinas? ¿Quién sostiene tantas tabernas y tantas casas de juego y de prostitución? ¿Quién deja en la pobreza, tal vez en la miseria, al trabajador honrado y asiduo que, con la obra de sus manos ó de su inteligencia, no puede dar pan á su familia? La inmoralidad y la ignorancia. Estas son las grandes culpables, pródigas ■cuando se trata de pagar al que satisface sus -caprichos, avaras cuando hay que remunerar al que provee á sus necesidades materiales y á las que debe tener todo espíritu, si no ha de ■depravarse en la abyección.
¿Por qué los banqueros y los hombres llamados de negocios realizan á veces ganancias tan superiores á su trabajo y á su mérito? Porque hallan corrupción é ignorancia en torno suyo; sin estos poderosos auxiliares, seguro es que no medrarían tanto. Y no es sólo arriba donde se prospera á favor de la ■inmoralidad y el descuido, sino también en medio y abajo.
Los que han explotado las Sociedades de •crédito, lo han hecho á favor de la ignoran- ^cia y de la incuria de los asociados.
372 OBRAS DE DOÑA CONCEPCIÓN ARENAL
El dueño de un café gana cada día en la cerveza que vende, el ico por loo, advirtiendo que no suele poner capital, porque cobrando al contado, paga en la fábrica por plazos vencidos.
Un revendedor de billetes de teatro ó de los toros, gana más que un honrado jornalero. ¿Quién tiene la culpa de estas y otras muchas ganancias exorbitantes, y todavía de peor género? El público que paga.
Y cuando en todas las esferas la opinión extraviada ó pervertida y el descuido van retribuyendo el trabajo sin equidad ni razón, ¿cómo pretender que la riqueza esté bien distribuida? Fíjate bien, Juan, en el resultado que ha de dar esta infracción general y continua de las leyes de la equidad, y comprenderás que el mal, al menos lo más grave del mal, está aquí, y que no hay acuerdo de las Cortes, ni decreto del Gobierno, ni medida revolucionaria, que puedan hacer que el trabajo se retribuya conforme á razón cuando no la tienen los que le pagan.
Lejos estoy de pensar que la sociedad remunera á cada uno según sus merecimientos; pero no comprendo que este mal pueda disminuir sino á medida que aumenten la ilustración y la moralidad. Desde el momento en que tú, yo y todos paguemos las cosas, no por el valor que deben tener, según el trabajo y el mérito que representan, sino por el gusto que nos dan, establecemos una categoría de obreros privilegiados, y contribuímos eñ-