Cincuenta cuentos anecdóticos · Unidad 59 de 142

Unidad 59 · CUENTOS ANECDÓTICOS I 53

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CUENTOS ANECDÓTICOS I 53

arrebañar los f rarmentos encombustible^ der planeta tirraquio.'' Y apostrofando a los ausentes, a ios que, como gobernantes que eran, estaban residiendo en la Corte y no podían escucharle en Sevilla, añadía, encendido en santo furor patriótico: *'No queréis república, porque buestro orjeto desclusibo es encantaros der bajío de la muía der porta de Belén, y arrancarle el enri a Cristo crusificao, en la escuridá tinibrosia del profimdo declise der Mártir moremundo der Gárgota/'

Pero, con Pipelet o sin él, ¿ podían faltar en el ventilado club de la Alameda personas y ocurrencias que celebrar por notables entre todas las del orbe? ¿Era quizás barro la ultrademocrática franqueza con que cierto Demóstenes forastero, Diógenes por la ropa, pedía algún socorro para sí y para un su colega, todavía más fachoso que él? Decía:

"Siudadanos: el orador que ha jablao no tié un cuarto; yo, ni un meta; ¡y lo que dambos queremos es jarina, jarina!"

Y a estas últimas palabras, muy reídas y celebradas por el auditorio, acompañaba la acción conveniente, restregando una con otra las yemas del pulgar y el índice, como quien cuenta dinero.

Eran frecuentísimas las interrupciones de los oyentes, y, a lo mejor, el monólogo oratorio se convertía en familiar y chispeante diálogo, con unánime regocijo y generales risotadas. Y aunque todos los oradores defendían la buena cau-

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sa y en el fondo de lo que pudiéramos llamar doctrina estaban conformes, a veces no lo estaban en otros puntos accesorios, y hasta dejaban entrever graciosamente sus quisquillas y particulares resentimientos. Recuerdo que un hojalatero borrachón, orador latoso por naturaleza y por razón del oficio, acabó una de sus peroratas o perolatas diciendo :

"De manera, siudadanos, que para bibir sin clérigos ni iglesias y como Dios manda, jase f arta muncha liberta, muncha iguardá y muncha fratemidá. He dicho."

Y no bien hubo bajado de la cátedra, subió a ella otro locuaz tribuno, zapatero remendón, que, por más señas, tampoco le hacía ascos al vino, y comenzó su discurso con estas palabras :

"Siudadanos: tié rasón er priopinante: pa bibir como Dios manda jase farta muncha liberta, muncha iguardá y muncha fraternidá; pero también jase farta una mijita de bergüensa. Digo esto porque er latero que me ha presedío en el uso de la palabra me debe dos duros jase tres años y no hay poer dibino que se los saque, ni con un sacacorchos."

No necesito decir con cuánto alborozo recibió el público esta importante declaración económico-política.