Cincuenta cuentos anecdóticos · Unidad 62 de 142

Unidad 62 · CUENTOS ANECDÓTICOS 1 59

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CUENTOS ANECDÓTICOS 1 59

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cuando, se levantaba, o, mejor dicho, se apeaba de su sillón, y, pidiendo la venia, tentujeaba el cráneo de los examinados.

Tocaba ya el turno al buen don Felipe, y, como si tal persona no hubiese en la cocina, el Abate saltó al sujeto inmediato y siguió haciendo diagnósticos y pronósticos de Frenología. Don Felipe le dejó hacer, por no interrumpirle; pero cuando las experiencias se acabaron, dijo, entre jovial y resentido:

— ¿Y yo? Pero, ¿y yo, señor don José?

■ — Señor mío — respondió con calma el Abate— , usted es el dueño de la casa, y aun nuestro anfitrión ; que algo entreoí de traer unos dulces y una poca de agua cristalina para con ellos. Con usted, pues, no reza este examen que de sus contertulios hacía. Y aun pido mil perdones a estos respetables señores por todo aquello en que no haya acertado, y en que, acertando, les haya sido molesto. La verdad es licor siempre amargo, y más bien se tragan dos onzas de miel, por mucho que empalague, que una gota de hiél.

— Pues bien — reponía don Felipe — , la verdad quiero ; la verdad monda y lironda. ¡ Soy uno de tantos y deseo saber cuál es mi carácter!

— Repare usted, señor...

— j No reparo nada ! — gritaba fuera de sí don Felipe — . ¡ Mi carácter ! ¡Mi carácter ! | Tomaré a ofensa, pero a grave ofensa, que no me diga usted cuál es mi carácter!

— ¡ Ea, pues! Ya que usted loquiere, sea — dijo

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rodríguez MARÍN

el Abate — . Lo diré en dos palabras y para que todos me entiendan. El carácter de mi señor don Felipe está total y enteramente caracterizado por... la característica ausencia de todo carácter.

Una explosión de carcajadas acogió las últimas palabras del abate Marchena.

¡ Había dicho la verdad !

Y para darle la razón — que ya él, sin que se la dieran, la tenía — , dirigióse don Felipe, también riendo, al famoso Abate, y le dijo:

— i No sé cómo me ha conocido usted tan pronto! ¡Qué diantre de hombre!... ¡De seguro tiene usted algún diablillo familiar !

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JUSTICIA... DISTRIBUTIVA

Si a cada uno de nuestros adelantos meramente materiales correspondiese otro en la esfera de la moral, viviríamos como en la gloria. Por desdicha, no sucede así, y aun podemos decir a veces lo que decían los antiguos trajineros andaluces: que "lo que se gana en la pasa, se pierde en el higo''.

Esto no obstante, algo hemos progresado, aunque a pasitos lentos y menudos, a causa de algunas reformas legales que transcienden a lo moral, y con eso debemos contentarnos, si no queremos andar siempre tristones y cariacontecidos. La perdurabilidad de los empleos en todos los órdenes y la consiguiente seguridad en que, por lo común, vive el empleado de haber dado cima a la gentil hazaña de la conquista del pan, perdedero tan sólo por las faltas y sobras que pueda cometer, han desterrado de los vastos domi-

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