Compendio de historia argentina para uso de escuelas y colegios · Capítulo real 5 de 16

CAPITULO Vi

Texto completo de esta unidad literaria, reunido aunque el lector la divida en 3 tramos técnicos para mejorar el rendimiento.

CAPITULO Vi

1806 á 1807 Invasiones inglesas

43 — Inrasiones inglesas — Beresford — 44 La Reconquista—45 Whitelocke— La Defensa — Rendición de los inglefes— Conduc*^a heroica de Pueyrredon. Limera i compañeros de Armas.

43 — Después de la declaración de guerra de España á Inglaterra en 13 de Octubre de 1804, esta ultima nación dueña i señora del mar por su victoria de Traíalgar, pensó en operar sobre las colonias españolas mandando fuerzas navales al Rio de la Plata.

El Virei Sobre- Monte puso en regular estado de defensa á Montevideo, i creó el corso que emprendieron algunos particulares sobre las costas de África.

El 8 de Junio, la escuadra inglesa al mando de Sir Horne Popham, se avistó en las aguas del Plata, i el dia 25 desembarcó en la» costas de Quilmes 1635 hombres al mando del Mayor Jeneral Guillermo Carr Beresford.

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El Virei despachó una lijera coliiinna que los invasores dispersaron al primer amago, tomando tres cañoneS; i siguieron su niarcliaá la ciudad que fué tomada sin disparar un tiro el dia 27 de Junio, haciendo en seguida tremolar sobre las murallas del Fuerte (1) el pabellón inglés.

El pusilánime Sobre-Monte habia huido con su familia i caudales de Tesoreria, que fueron devneltos de Lujan i embarcados paia Inglaterra, con el caudal de Aduana i otras sumas que ascendieron á pfts. 1.138;198.

Mientras Buení)S Aires se encontraba sometida á la lei que le imponía el vencedor, este estaba sorprendido de su misma obra, i temeroso de nna reacción que eia de esperarse en una población que contaba con mas de cuarenta mil habitantes i que podia recibir auxilios de Montevideo(aunque estaba bloqueada), se apresuró á pedir refuerzos paia conservar su presa.

Los preparativos para reconquistar á Buenos Aires comenzaron con el mayor empello, por la propaganda ardiente de D.Juan Martin Pueyrredon, D. Martin Alzaga i i). Santiago Liniers, hombre de nobles antecedefites guerreros i á quien se le inició en el projecio i planes que se meditaban.

Liniers íué encargado para requerir auxilios

(I) Este fuerte ePtabü eu el lugar qne actiialmente ocupim la casa del Gobierno Nacional, i la de Correos i Tcl estratos.

de Montevideo, mientras Pueyrredon movia i organizaba las milicias de Lujan, Pilar, i poblaciones de la costa.

Beresford salió con 500 hombres i batió i dispersó á las milicias de campaña en la Chacra de Perdriel á cuatro leguas de la ciudad, volviendo el Jenerai vencedora Buenos Aires.

Liniers, que habla encontrado muy buena acojida de parte del Gobernador de Montevideo D. Pascual Ruiz Huidobro, fué encargado del mando de la espedicion auxiliadora que desembarcó en las Conchas el dia 4 de Agosto, con ],141 hombres de infantería i artillería.

En marcha sobre la capital, se le agregaron milicias en el camifio, reuniendo un total de 1,600 hombres, con los que tomó posesión de los Corrales de Miserere que hoi se llama 11 de Setiembre, é intimó rendici(»n á Beresford, quien contestó que estaba dispuesto á defenderse.

Liniers comenzó su emnresa de la reconquista i después de un lijeio combate, tomó el Retiro i parque que los ingleses tenían en aquel punto.

El vecindario se puso sobre las armas, i desde entonces el fuego de guerrilla se sintió por todas partes, reduciendo á las fuerzas inglesas á solo el lugar que ocupaban : el Fuerte i la Plaza.

Este mi -rno dia, después de un ataque jenerai que llegó hasta la Pla/a, teniendo que replegarse el enemigo al Fnerle. levantó bandera de parlamento, é izando luego la bandera

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española en presencia de la actitud del pueblo i convicción de su impotencia para resistirle, se rindió á di.'^crecion.

Los ingleses estuvieron en posesión de Buenos Aires mes i medio, i perdieron en esta lucha 250 bo.mb res entre muertos i heridos, quedando prisionero el resto que fué internado al interior del pais.

44— Después de la reconijuistM, el pueblo exijió ante la jnnla de notables que se habia formado, que el Yirei que venia en marcha de Córdoba á Buenos Aire?, fuera desconocido en su autoridad i se nond»rase en su remplazo á Liniers, lo que se verificó, pasando SobreMonte á Montevideo con las fuerzas que traía del Interior,

Eu previ.sion de nuevas agresiones por parte de la Inglaterra; el gobierno interino dio principio al arreglo de las milicias que venian desde Cu3'0, Comentes i pueblos intermedios, ascendiendo estas á mas de 8,000 hombres.

Los principales jefes fueron: Liniers, Saavedra, Romero, Urieu, Gana, Ruiz, Oyuela, Merlo, Cervino, Guarda, Murguiondo, Terrada, Ballester, Balbiani, Velazquez i Elio, cada uno de los cuales tuvo nn batallón á su mando.

Esos cuerpos tenian las denominaciones siguientes: patricios, arribeños, correntinos, naturales, buzares, marinos, blandengues, granaderos i cazadores.

Los vecinos españoles formaron cinco ter-

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cios, que se llamaron de gallego?, cántabros, catalanes, montañeses i andaluces.

Con tales elemento?, era de esperarse qu^ en caso de una nueva agresión, Buenos Aires no seria tomada, ó lo seria con mucha dificultad.

En Diciembie, ya estaban los ingleses en el Rio déla Plata con fuerzas de Inglaterra! del Cabo de Buena EsperíHiza, que mandaban los Jenerales Samuel Ackmuty Crawfurd, John Whitelocke, Guillermo Lumley, i 20 buques de guena al mando del Almirante Joije Murray.

Con todos estos elementos i fuerzas de ocupación que sacaron de Maldonado, AckuiUty se dirijió á ^Montevideo, que tomó por asalto el dia 3 de Febrero de 1807, después de varios combates i de una formal batalla, sin que llegaran á tiempo los batallones que Liniers llevó de Buenos Aires i sin que prestase auxilio alguno la división que al mando del inepto Sobre-Monte esquivaba aproximarse á Montevideo.

La Plaza perdió entre muertos i heridos 700 hombres, quedando el resto prisionero con su jefe Ruiz Huidobro, que fué mandado á Inglaterra con otros jefes i oficiales.

Sobre-Monte, en castigo de su cobardía, fué preso i remitido á España^ asumiendo la Audiencia el gobierno del Vireinato.

45- Los ingleses se reconcentraron en la Colonia, donde el ejército que debia operar sobre Buenos Aires, fuerte de 9800 hombres,

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se dividió en ciialro divisiones al mando de los jeneralas Crawfurd, Ackmiity, Lumley i Coronel ^lalion.

E! Almirante Mnrray llegó con sn escuadra á la Ensenada de Barragan, i el dia 28 de Junio desembarcó el ejército que desde luego ee puso en marcha llegando su vanguardia el dia 2 de Julio hasta Quihnes.

Liniers salió á recibir al enemigo con 6860 hombres i 53 cañones^ formando en batalla sobre la costa del Riachuelo, pero el enemigo eludió el combale, i pasando) por el Paso Chico, se diiijió á la ciudad que estaba casi desguarnecida, pero que bajo la dirección deD. Martin Alzaga organizó las fuerz<ís que tenia i se aprestó á la defensa, de tal modo que el dia 3 cuando la ciudad recibió intimación de rendirse, esta rechazó semejante proposición.

JjOs ingleses dispusieron su plan de ataque, formado por el Jeneral Lewison Gower i aprobado por el Jeneral Whitelocke, i en su viitud, se llevó el ataque el dia 5 al amanecer, en dos alas : la derecha con 2600 hombree que debia ocupar la parte sud, i la izquieida con 3500 hombres, la del norte de la ciudad, para caer simulíáueamente sobre el centro i Fuerte. La reserva de 1100 hotnbres, quedó en los corrales de Miserere, sin incluir 2000 hombres dejados en Quihnes á las órdenes de Mahon.

Las columnas de la izquierda tomaron el Retiro con su arlilleriai municiones, pero fueron rendidas á discreción las del Mayor Van-

deleur, i Comandante Duí'f, que quedaron prisioneras de los arribeños i patricios.

La pelea fué encarnizada, hasía que los ingleses, cuyas pérdidas eran mui numerosas, se ccncentjaron al Retiro, dejando las c¿dles sembradas de cadáveres.

Las columnas de la derecha, al mando superior de Crawínrd, llevai'on su ataque, pero fueron destruidas, la del Coronel Cadogan que fué rendida á discreción, i la del JeneralCrawfnrd, que capituló después de haberse defendido cuanto le filé posible en el convento de Santo Domingo, su último refugio •, de esta fecha datan las balas que se ven incrustadas en la torre derecha de e.-a iglesia i proceden de un cañoiK'ito con que los batía desde una casa cercana el jefe de los montañeses D. José de la Ojuela.

La reserva que avanzó por las calles del cend'o fué rechazada con grandes pérdidas i tuvo que refugiarse en el hueco de Lorea é iglesia de la Piedad.

Eldia 5, el Jeneral Liniers mandó la siguiente intimación:

Exmo. Señor: los mismos sentimientos de humanidad que animai'on á V. E. sin conocer mis fuerzas, á proponer el capitular^ me animan hoi, con el pleno conocimiento de las de V. B., con 80 oficiales de todas graduaciones i iOOO soldados prisioneros, i á lo menos con el doble de muertos, sin que los ataques hayan llegado al centro de mi batalla.

Para evitar mayor efusión de sangre i dar

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á V. E. una nueva piuebade la generosidad española^ vengo en proponer á V. E. que siempre que se quiera reembarcar con el residuo de su ejército, evacuar á Montevideo i todo el Rio de la Plata, dejándome rehenes para la seguridad del tratado, no solamente le devuelvo todos los prisioneros que tengo en el momento en mi poder, sino todos los que tengo hechos á su antecesor el Mayor Jeneral Beresford-, en la inteligencia que no admitiendo V. E. esta propuesta, no respondo según el enardecimiento de mis tropas de que esperimenten las sujas todo el rigor de la guerra*, estando tanto mas exasperadas cuando que tres de mis edecanes, han sido heridos, habiéndose presentado á diferentes puntos en que se habían asomado banderas parlamentarias, motivo por el cual envió á V. E. esta por uno de sus oficiales, esperando su respuesta en el término de una hora.

Tengo el honor de ser de V. E. su obediente servidor.

Buenos Aires, 5 de Julio de 1807.

Santiago Liniers.

Exmo. Señor Juan Whitelocke.

<(P. 1).— Después de escrita la presente, ha caido prisionero el Jeneral Crawfurd con toda su división, i muchos oficiales de varios rejimientos.»

A esta nota contestó el Jeneral Whitelocke, proponiendo una suspensión de armas para

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recojer muertos i heridos, pero Liniers por toda contestación, mandó romper el fuego sobre la Residencia que estaba ocupada por el Rej ¡miento núm. 45 qne mandaba el Teniente Coronel Guard.

El Jeneral inglés envió un nuevo parlamento, ofreciendo mandar al Mayor Jeneral Gower con algunas proposiciones, las que efectivamente llevó este gefe al Fuerte, donde fué recibido por Liniers, Dichas proposiciones eran las mismas de la nota trascrita, señalándose dos meses para su completa ejecución.

El 7 se ratificó el tratado i las tropas inglesas se reembarcaron del 8 al 13 con 7,800 hombres délos 11,360 de que constaban las dos espediciones.

El Jeneral Whitelocke fué somet.do en su país á un consejo de guerra i degradado de gus investiduras militares.

CAPITULO yii

lia RevolncioM de Majo

1808 á 1812

46— Ideas de emancipación — 47 Sociedad de los si<ite — Manifestaciones públicas— Casación de Cisneros, último virei del Rio de la Piata— Junta de Gobierno— Primer Gobierno Patrio — Juctatí de Gobiernes en las provincias — 48 Trabajos reaccionarios en Buenos Aires, Montevideo, Córdoba i Alto Perú — Espedicionos al Paraguai i Alto Perú— 49 Fusilamientos en la Cabeza del Tigre — Batalla de Suipacha— Combate de Aruhuma i 6UB consecuencias — 50 Belgrano — Victoria del Capichuelo — Tacuari— 51 Escuadrillas al mando de Micli«3lena i de Azopard — 52 Desavenencias en el seno de la Junta de Gobierno — Moreno— 53 Primer Trumvirato.

46— Los sucesos de 1807, dieron á estos pueblos la conciencia de su poder i alentaron á los hijos de la tierra á entrar en la ardua empresa de reivindicar sus derechos, que habían iniciado deponiendo al Virei. armándose i tomando participación en la administración

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de la cosa pública que antes era regalía de los peninsulares.

Los ingleses hablan dejado la simiente de la independeiícia, que comenzaba á jernnnar en el seno de la sociedad.

El carácter altivo de los hijos del país se manifestaba de un modo inui pronunciado, llegando hasta crearse un antagonismo entre criollos i españoles, dando oríjen á las designaciones de godos i de insurjentes.

La conducta de la Junta Central de Sevilla, laRejencia i las Cortes de Cádiz que ninguna regalía acordaron parala prosperidad comercial é industrial de estos pueblos, reavivaba los rencores del pasado, i traia átela de juicio el monopolio i la esplotacion que se habia consumado sobre la riqueza del país.

La Casa de Contratación de Sevilla fundada en 1503, que introdujo el sistema restrictivo i odioso de los monopolios, habia íijado como únicos puertos comerciales de entrada i salida en la América, á Portobello en el Atlántico i á Panamá en el Pacífico, lo que recargaba las mercaderías i frutos del país con derechos exhorbitantes, con gastos de transporte en millares de leguas, con un retardo inmenso de tiempo, i mas que todo, con la odiosa falta de competencia en la oferta, lo que hacia de la demanda una verdadera extorsión en bien de los comerciantes de Cádiz.

La conducta deD. Vicente Nieto en la Ciudad de la Plata, la de I). José Manuel de Go-

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yeneche en la Paz, i los sucesos de Quito en 1809, hicieron revivir los recuerdos de las matanzas de 1780 i el martirio de Tupaj-Araarú. Mr. de Santenay, ájente de José Bonaparte que dominaba la España, hizo conocer la situación estrema de este país, i es indudable que la idea de independencia que desde 1807 jerrainaba en todos los espíritus, hallaba propicia la situación aflijente de España para poder consumar sus planes. La conspiración de 1 "^ de Enero de 1809, que abortó, pero dejó de raanitiesto todo el odio comprimido de !os españoles hacia los naturales, hizo mas profunda la separación que ya los dividía.

Las ideas de emancipación qne comenzaron á manifestarse públicamente por medio de la «Estrella del Sur», periódico de Montevideo, i después por el «Correo del Comercio», «El Telégrafo», «El Semanario de Agricultura», verdaderos precursores de la «Gaceta de Buenos Aires*, (1) habia hallado eco en todos los pueblos, de tal modo, qne la cuestión quedaba reducida á elejir un momento oportuno.

Se ha dicho que los revolucionarios del Plata aprovecharon la decadencia, desgobierno i anarquía de la España, para lanzarse á la revolución.

Es cierto, i el mismo Virei Cisneros lo anunció al público el 13 de Mayo, que solo Cádiz i la Isla de León se hallaban libres del yugo de

(1) Este periódico redactado por el Dr. Mariano Moreno apareció el 7 de Junio 1810.

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Napoleón, i como le argüía el Presidente déla' Junta, ¿eete inmenso tenitorio, sus miltones de habitantes, lian de recoaoceír soberanía en los comerciantes de Cádiz, i ios pescadores <le la Isla de Loon?

AfiadireiQos mas, si la Espaíía linbiera tenido mavores elementos i su situación financiera iaubíese^idootra,es indudable que las colonias no se hubieran independizado entonces.

Pero estas mismas eran como quiera un poder inferior á la España, sin elementas de ninguna clase, sin crédito, de tal modo que ni el derecho de belíjerantes se nos recoaocia; hemos luchado 14 años acechados por el Brasil, combatidos por la Metrópoli, i devorados por la anarquía, i en tan desesperante situación, el Gobierno mismo dio los primeros pasos buscando el protectorado de otras naciones, como lo veremos mas adelante.

Estuvimos solos en la lucha, i no hai un solo pueblo cuya libertad se haya regado con mas sangre que la nuestra.

Además, es una leí de la historia, que lo mismo ge manifiesta en los individuos que en los pueblos, que cuando estos pueden bastarse á sus necesidades i tienen elementos propios de vida, la emancipación es la consecuencia lójica de aquel hecho, verdad de derecho natural que el derecho civil i político ha tenido que consignar en sus códigos.

La América ya podia ser dueña de sus actos, ya debia ser libre, porque habia llegado á su mayor edad, sin que fuera necesario el tute-

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laje á que había estado sujeta por mas de tres siglos.

Su población, sus riquezas, su estension territorial, i sus progresos de trdo género, exijian que estos pueblos gazasen de su autonomía.

Este era el estado de las Colonias de la América española cuando comenzó el aflo 1810, teniendo lugar los sucesos que pasamos á referir.

47 — Sobreexitados los ánimos con las divisiones i discordias internas, no menos que con ía suerte que esperaba al Rio de la Plata en consecuencia de los acontecimientos que se desarrollaban en la Península, el Alcalde de Primer Voto Don Juan José Lezica, hizo co^ nocer al Virei, el estado agresivo del pueblo que contaba con el apoyo de los jefes militares i sus cuerpos de criollos.

El Virei alarmado con estas noticias, hace citar á los jefes i los concita á la, obediencia i fidelidad a su soberano.

El Comandante Saavedra i los demás jefes acojieron con tibiesa la exhortación, lo que ponía de manifiesto que no eran estrañas á los rumores i movimientos que se notaban en la población.

La comisión directiva de los naturales que se hablan organizado en asociación política, í qae se flaraó la Sociedad de los siete (1),

(1) Señores Manuel Belgrano, Nicolás Rodriguea Peña, Agustín Dpnao, Juan José Paspo, Manuel Alberti, Hipólito Vieytes i Juan José Castelli.

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tenia mui madurados sus proyectos i estudiados los planes que iban á ponerse en ejecusion, por lo cual era ya tardío el anuncio que le llegara al Virei, i débiles todos los obstáculos que quisiese oponer á los sucesos que se desarrollaban.

El Cabildo convocó (dia 21 de Mayo) al vecindario, para tratar en la forma de plebiscito, la actitud que debia asumirse en presencia del estado de España. El 22 tuvo lugar la reunión del pueblo por medio de sus mas dignos i notables vecinos, i la primera proposición á tratar fué: si se consideraba haber caducado ó nó el Gobierno Supremo de España, proposición que en el debate tomó esta forma neta: si debia cesar el Virei, asumiendo en consecuencia el mando el Cabildo ; votada la proposición, nominalmente, así se acordó, lo cual se comunicó al dia siguiente al Virei que disimuladamente se hallaba arrestado sin poder salir de Buenos Aires.

El Cabildo nombró una Junta Gubernativa (1) de cuatro personas presididas por el Virei, pero no llegó a funcionar, porque fué anulada á las pocas horas de su nombramiento, obligando al Virei á renunciar su cargo.

Mientras tanto se reunían firmas pidiendo al Cabildo la destitución del Virei.

El dia 25, los cuerpos de guarnición estaban sobre las armas en sus cuarteles respectivos,

(1) Comandante Don Cornelio Saavedra, Dr. José Sola (presbítero), Dr. Juan José Castelli i Don Joaé Santos Incháurregui.

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i los dos revolucionarios French i Beniti ocupan la plaza de armas al fíenle de las multitudes que acaudillan, i desde allí, piden á gritos la deposición del Virei i el nombramiento de una Junta de Gobierno compuesta de personas que ya tenia señaladas el entusiasmo popular i el acuerdo de los que acaudiliaban las masas.

El Virei dimitió el mando, sin restricción alguna, i el Cabildo cediendo á la presión del pueblo, proclama como Junta de Gobierno la que se le imponia.

Presidente -Comandante de Milicias, Don Cornelio Saavedra.

Vocales— Coronel id id, Don Miguel Azcuénega.

Cura de San Nicolás, Don Manuel Alberti.

Secretario del Consulado, Don Juan José Castelli.

Comerciante, Don Domingo Malheu.

Id Don Juan Larrea.

Secretarios — Dres. Mariano Moreno i Juan José Passo.

Esta Junta, que fué la Primera Autoridad de las Provincias Unidas, pasó inmediatamente al Fuerte, donde se instaló, i su primera resolución fué hacer saber su instalación á los pueblos del Interior, ordenando se elijiesen á votación popular los diputados de cada provincia para la formación de un Congreso que debia instalarse en Buenos Aires. Al llegar la noticia de estos sucesos á los

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piielitos del liiterioi-, esto* &e plegaron al movimierito, i. Cuyo, Rioja, Galamarca, Coj^rieur tiSs, Sanla-Fé i sucesivamente los Jemas pueblos á donde la Junl*a mandó sus comisionados^ IbrmíU'On sus Ju.ntas de Gobierno eiv las caoitales de provincicis, i las Juntas Subalternas, Sub-delegaciones i Comandancias: de Armas en los Deparlamentos, autoridades que fueron los ajenies celosos que la Junta de Buenos Aires tuvo en los pueblos del Interior, que desde luego q.uedaron militarizados.

En el orden económico, debemos hacer notai", que en: 1809, la Tesorería de Buenos Aires gastaba anualmente tres millones de pesos, con la sola entrada de un millón doscientos mil, i que las franquicias dadas al comei'cio por loá hombres de la Revolución, hicieron subir las entradas en 1810 á cinco millones i medio de pesos fuertes..

Aunque estos actos de la Junta eran á nombre de Fernando VII, cuj'a autoridad protestaba acatar i reconocer^ ejerciendo su autoridad á. nombre de aquel monarca,, no fué suticiente esto para encubrir las verdaderas miras de la Revolución, i desde aquel instante, Córdoba, Montevideo i Paraguai, ponen en movimiento sus fuerzas que se organizan paracombalir la autoridad revolucionaria,

Ebta se puso á la altura de las circunstancias,, i con. luiano firme dio impulso á la RevoLu,4'ion, probando así que era digna de la alta i difícil misión que se le confiaba.

48 — El partido español se puso de pié, i

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comenzó sus -frabajos de refeislencia ú la Hevolucion, abrigando la mira de aliogar aqnel movimiento.

Córdoba bajo el gobierno de D. Juan Gutiérrez de la Concha, Coronel 1). Santiíigo Allende i Jeneral Liniers que se ofrece espontáneamente para caer sobre Buenos Aires, contando con las milicias que se reúnen en (.Córdoba, con el poder naval que ya bloquea á Buenos Aires, i con los auxilios que Nieto puede mandarles del Norte i Elio de Montevideo, se aprestan para subyugar la Ccipitai sublevada.

Los españoles residentes en Buenos Aii*es trabajan á su vez con grande empeño, lo que obligó á la Junta á embarcar para Canarias al ex- Vire! Cisneros, Oidores i otras personas que le ayudaban en sos trabajos reaccionarios (22 de Junio 1810).

Montevideo; bajo el mando de D. Francisco Javier de Elio que se decia Vire! del Rio déla Plata, por el nombramiento que le habia venido de España, pero que en virtud de la Revolución hacia de su Gobierno un Vireinato imaginario, comenzó á armarse pam atacar á Buenos Aires, contando á este fin con algunas fuerzas navales que hablan de ser la ocasión para ilustrar ante la historia el nombre de Brown.

Los jefes militares del Paraguai que por rencillas i pequeños odios eran contrarios á la Revolución, trataron desde el primer momento de sustraer este pais á la influencia de

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Buenos Aires. Charcas, la Paz, i otros pueblos del Alto Perú, se encontraban sumidos en la pasiva obediencia á que los habían sujetado JMieto i Goyeneche, después de los sucesos del año anterior, i esa docilidad forzada hacía de ellos un elemento oprimido que necesitaba una ocasión propicia para reaccionar.

La Junta de Buenos Aires, no podía encerrarse en estrechos límites, i trató desde luego, de estender su esfera de acción llevando á todos los pueblos la idea de redencioii i buscando en ellos los elementos necesarios para combatir á los enemigos que iban á asediarla.

Dio principio á estas tareas decretando la intervención armada sobre el Alto Perú, i Paraguai, organizando una espedicion de 1150 hombres, cuyo mando se confió al Comandante D. Francisco Antonio Ortiz de Ocampo que sale para el Alto Perú el 7 de Julio, i la que se destina al Paraguai al mando de D(m Manuel Belgrano con los elementos que se reúnen en San Nicolás de los Arrojos, Santa Féi Paraná.

49 — Al aproximarse Ocampo á la ciudad de Córdoba, los enemigos de la Revolución huyeron al norte, i se asegura que en esa ocasión se presentó un falso amigo que había sido comprado en 20,000 pesos fuertes i debía incendiar el parque de municiones de la columna espedicionaría, hecho que exaltó los ánimos i debía refluir fatalmente sobre la suerte de los jefes de la reacción en Córdoba.

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Lacoliunna siguió su maroha, i al llegar á Las Piedritas, lugar entre Córdoba i Santiago, fueron tomados el dia 7 de Agosto, Liniers, Concha, Rodríguez, Allende i Moreno que fueron reiriitidos presos á Buenos Aires, como igualmente el Obispo Oreliano de Córdoba que era también de los complicados.

La Júntales formó juicio, i en la imposibilidad de deportarlos como lo habia hecho con Cisneros, por causa del bloqueo, en vista del carácter alarmante con que la reacción se levantaba en todas partes, i mas que todo, la importancia de los presos que constituían siempre un serio peligi'o para la Revolución en aquemomentos, la junla por votación unánime de todos sus miembros, los condenó á muerte.

La ejecución de la terrible sentencia asustó á Ocarapo que ocurriendo á medios especiosos, dilataba su cumplimiento, por lo cual, la Junta mandó á uno de sus miembros, Castelli, para que se cumpliese lo resuelto. Este los encontró el 2G de Agosto en el lugar denominado Cabeza del Tigre, i mandó ejecutar la sentencia. Ocampo fué pronto separado del mando, siendo sustituido en esas funciones por el Jeneral D. Antonio González Balcarce.

La columna espedicionaria reforzada con milicias de Tarija, Córdoba, Salta, Tucuraan i Santiago, siguió su marcha, i el 27 de Octubre hacia un falso ataque en Santiago de Coiagaiia, consiguiendo de este modo hacer nn reconocimiento prolijo.

Al siguiente mes (10 Noviembre), el Jene-

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ral Balcarce ganaba la batalla de Suipacha á 23 leguas de Cotagaita al ejército español que mandaba el Jeueral D. José Córdova i RojaSj^ tomando al enemigo 4 piezíis deaitirieria , una bandera,, municiones i algunos zurrones de diaero, según el parte que desde Tupiza pasa á la Junta D. Juan J. Castelli con fecha 10 del citado mes.

El resultado de este combate fué, la toma de Cotagaita i el dominio de las armas patriotas hasta el Desaguadero, límite norte del Vireiuato.

Las milicias de Cochabamba que como los demás pueblos del Alto Perú se habían pronunciado por la Revolución, ganaban un combate el día 14 de noviembre en Aruhuma sobre una columna que mandaba el Coronel español 1). F'ermin de Piérola.

El 15 de Diciembre eran fusilados en Potosí por Orden de Castelli, representante de la Junta, los Generales Nieto, Córdova, i el Gobernador Intendente de Potosí Paula Saenz, que habían sido tomados cerca de Oruro i pagaban de un modo tan tremendo las crueldades que habian ejercitado en los criollos.

50 — El General Belgrano se puso en marcha desde el Paraná con 950 hombres al concluir Octubre, i aumentándola en el trayecto á mas de mil, pasó el Rio Paraná el 19 de Diciembre, sorprendiendo una avanzada paragua3''a q,ue fué tomada al pisar el territorio de este país, en el lugar denominado Campichuelo.

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Esta lijera victoria le hace dueño del pueblo de Itapuá qne ocupó al dia siguiente.

El Gobernador del Paraguai, Velazeo, ee habia situado en la márjen del Paraguarí á 18 leguas de la Asunción con mas de 6000 hombres.

Las avanzadas se tirotearon en Maracaná el dia 18 de Enero de 1881. al siguiente, pe trabó una acción jeneral que costó á Belgrnno la quinta parte de su jente, pérdida que nn pudieron indemnizar, ni las acciones heroicas i los hechor gli.rioso's con que se cubrieron las armas de la Patria.

Belgrano retrocedió i trató de fortificarseen la mar jen izquierda del Tacuarí, donde rehizo sus pequeñas fuerza? i se dispuso á realizar •nuevas hazañas hasta conseguir jnejorar su situación, por un tratado, ja que la desocupación del territorio invadido no le era po-ible á la vista de un enemigo numeroso i envalentonado.

El 9 de Marzo es atacado por fuerzas raui superiores, pereciendo casi la mitad de la jente de Belgrano , recibiendo en consecuencia una intimación de rendirse so pena de ser todos pasados á cuchillo.

El Jeneral argentino que si no tenia grandes talentos militares, poseia el valor que comunica el patriotismo, pues las circunstancias lo habian improvisado Jeneral, se sublevó címtra semejante intimación i resolvió llevar un ataque desesperado para morir ó mejorar su situación con la esperanza de un arreglo.

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Después de los varios encuentros del dia 9 en que el valor hasta la exHJeracion, habia sido la obra de todos i cada uno de aquellos valientes, Belgrano nriandó un parlamentario al jefe enemigo D. Manuel Atanacio Cabanas, prometiendo evacuar el suelo paraguayo desde el dia siguiente, lo que le fué acordado al punto, mediante tijeras indemnizaciones i cumplimiento de otras cláusulas de menor importancia.

Al dia siguiente de la capitulación, 300 hombres marchan con su jeneral á la cabeza, llevando 4 cañones, carretas i bagages, desfilando á la vista de 2500 hombres que indudablemente no conciben tanto valor en un puñado de ciudadanos.

Belgrano fué pronto llamado á Buenos Aires, dejando no obstante en su desgraciada campaña al Paraguai las simientes de la Revolución.

51 — Montevideo encontrábase gobernado por D. Fi-ancisco Javier Elio, donde el elemento español ei-a fuerte, i comenzó sus hostilidades contra Buenos Aires disponiendo la salida de una escuadrilla sutil que, al mando de un Capitán de Navio D. Juan Ángel Michelena, se apoderó de la Concepción del Uruguai.

La Junta no solo tenia que sufrir las consecuencias del bloqueo por parte la marina española, sino que le faltaban las medios breves i rápidos de viabilidaii para atender i auxiliar sus espediciones al Interior.

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Apremiada pues por la necesidad, la Junta formó una esduadrilla de tres buques con alguna artillería lijera, la cual fué despachada para que remontase el Rio Paraná haciendo un crucero en los rios,

Al saberse en Montevideo la salida de la escuadrilla al mando del Capitán Juan Bautista Azopard, se despachó una división naval al mando de D. Jacinto Romarate que alcanza, bate i destruye la escuadrilla patriota á la altura de San Nicolás, el dia 2 de Marzo de 1811.

Desde entonces el bloqueo de Buenos Aires se hizo mas rigoroso, comenzándose asentir la necesidad de crear un poder naval que dominase los rios.

52 — La Junta seguia funcionando i ejerciendo las mas amplias facultades, lo que provocó serias resistencias contra ella por parte del pueblo i de los mismos miembros de la Junta, que comenzaron á abrigar celos contra su presidente.

Los diputados de las Provincias pretendieron formar parte de la Junta, porque sostenían, que aquella, que solo era la representa cion de Buenos Aires, no tenia autoridad para gobernar todos los pueblos.

La Junta por su parte argüía, que su gobierno era provisorio i que su misión cesaría cuando convocado un Congreso, este dictaminase al respecto.

Después de largos i pesados debates en que la idea localista se manifestó de parte de unos

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i de otros, se acordó resolver por votación la cuestión que los dividia, votando por la incorporación los diputados por Mendoza, Santa Fó, Corrientes, Salta, Córdoba, Tucuiuan, Tarija, Cataniarca^ Jujuí, i los miembros de la Junta Saavedra, [jarrea, Mathen, Alberti i Azcuénaga, declarando que aunque dicha incorporación no era conforme á derecho^, accedían á ella por conveniencia pública i política.

Estuvieron en contra los vocales secretarios Moreno i Passo (18 Diciembre 1810)

El Dr. Moreno, que habia sido el alma de la Junta en los ramos de Gobierno i Guerríi, que puede decirse fundó la libertad de Comercio con sn famoso «Memorial)), que habia dado un fuerte impulso á la educación común, fundado la Biblioteca i luchado en el parlamento i en la prensa eti bien de la emancipación de estos paises, renimció sus importantes fimciones, i con el alma herida por los desencantos, pues era el blanco de oposiciones sietemadas como jefe del parlido democrático, que en oposición al conservador, se habia formado en la Junta, aceptó como un ostracismo voluntario la comisión que se le confió ante la Corte en Londres, embarcándose en Buenos Aires á bordo de un buque inglés el dia 24 de Enero de 1811. Murió en alta mar el 4 de Marzo del mismo año á los 28^27' lat. sud; habiéndose ganado un lugar distinguido en la historia de su pais por sus talentos i sus servicios.

53 — La renuncia de Moreno trajo la separación de Ascuénaga i Larrea, la caída de su par-

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tido i el destierro de varios ciudadanos, so pretesto de una revolución simulada que tuvo lugar el dia 5 de Abril.

El Jeneral Belgrano que se hallaba en Montevideo, sirviendo á la Revolución, fué procesado, dejando el mando del ejército de operación en aquella Provincia al Jefe D. José Rondeau.

La Junta necesitaba mayor unidad de acción que la que ofrecía un gobierno compuesto de 18 personas, i á este íin, el 22 de Setiembre (1811), se nombró por aclamación un triunvirato formado por D. Feliciano Chiclana, ]). Juan José Passo i D, Manuel de Sarratea, i como Secretarios sin voto, los Sres. D. Bernardino Rivadavia, D. José Julián Pérez i D. Vicente López.