Compendio de las lecciones de filosofía que se enseñan en el Colegio de Humanidades de San Felipe Neri de Cádiz · Unidad 75 de 142

Unidad 75 · INTRaDUCGION.

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INTRaDUCGION.

I^ercifMi primera.

DK LOS SIGNOS.

Pregunta. Por qué empezamos el estudio de la gramática í»eneral por la noción de los signos^

Respuesta. Porque el lenguaje, cuyos principios fundamentales examina, la gramática general^ es'un sistema de signos acomodados para expresar y traducir el pensamiento. Conviene, pues, si hemos de proceder con método, que antes de hablar del lenguaje y de sus leves, digamos algo acerca de la naturaleza y funciones propias del signo; materia que no hicimos mas que indicar en la Psicología (t), ¡lor cuanto reservábamos su explicación para este lugar.

P. Qué es el signo?

R. El signo es un fenómeno, un hecho, ó una cosa perceptible por los sentidos, que tiene la virtud de revelar á la inteligencia otro fenómeno, otro hecho, ú otra cosa que actualmente no se percibe. Asi el humo que vemos, nos revela la combustión que no vemos; el quejido que oimos, la existencia de una criatura humana que padece algún dolor: asi pronunciando ú oyendo pronunciar la palabra caballo, nos ocurre la imagen del cuadrúpedo que lleva este nombre, y distinguiendo los colores de la bandera, se despierta en el ánimo la idea del pueblo que la ha tomado por ensena. Dicho se está, que ni el humo es la combustión, ni el quejido es el dolor, ni el sonido que forma la voz al articular la palabra caballo es el cuadrúpedo que designamos con ella, ni la bandera es el pueblo que representa. Estas ideas son distintas, y los hechos y los fenómenos son de diverso orden; pero están relacionados de inodo, que conocidos los unos, inmediatamente venimos en conocimiento de los otros; } los primeros, sin dejar de ser lo que son, tienen la propiedad designificar ó de despertar en el alma la idea de los segundos.

P. Qué debemos concluir de es! a explicación?

R. Estos dos corolarios: 1." que lodo signo siiponela existencia de un hecho, de un fenómeno, de una cosa significada; de lo con-

!.l

(n 2.» part. sec. \ » lee. 8.*

trario no sería si?no: 2.^ que lodo signo es un fenómeno interpuesto entre la inteligencia y la cosa signiticnda, pues que la inteligencia viene á conocer la cosa signilicada mediante el conocimiento del signo. .. , ^^^ .

P. Qué se nesesila para que el signo sea medio de conocer la

cosa significada? , , ^i„^:^«

R. Se necesita indispensablemente que haya alguna relación

entre el signo y la cosa significada, y que la inteligencia cuando percibe el signo, tenga conocimiento de esta relación. Ambos extremos son evidentes: una cosa no puede ser signo de otra sino en virtud de cierta relación especial que tiene con ella, y que no tiene con las demás; de otro modo sería imposible dar razón de por qué, v. g. el (lueiido es signo de dolor v no de alegría; por qué la palabra cabaUo reproduce la imagen de tal cuadrúpedo determinado, V no la de otro objeto cualquiera Pues ahora si lo que hace que una cosa sea signo de otra, es la relación esiamecida entre las dos; claro es (lue el signo no lo puede ser para la inteligencia, sino á condición deque esta conozca su relación con la cosa signilicada. La palabra caballo no signilica nada para el eslrangero que ignora nuestro idioma, porque el eslrangero no sabe, como sabemos nosotros, la relación que hav entre esla palabra y el objeto que representa. Lo mismo sucedería con el quejido, si ignorásemos la relación (pie hav entre este fenómeno lisiolóííico V el hecho psicológico, ó sea la sensación dolorosa que expresa y significa. La ley es general, y no admite excepción de

ninírun ííVnero. . , • • . i^ i,

P. (iomo se eslablece en la inleligencia el cí-nocimiento de la

relación enlre el síííuo v la cosa significada?

W. Mediante la as(níaci(m (le las d(»s nicas.

P. Lsla asociación la formamos arlificialmenle, o se forma u\ nosotros por o]>ra de la nnhiraleza?

K. Muchas de I:ís relaciones enlre los signos y las cosas significadas necesilamosde aprenderlas; olr.\s hay (pie la na uraK za nos ensena, \ que nosolros hallamos establecidas en el alma, sin haber concurrido nosolros a su formación. Ki con.uimienlo délas primeras supone alcun estudio, mas o menos lenaz yrelle\no, ei de bis seííundas no; e^las se conocen por inspiracnin > por \n>- linio. Los sonidos rahnlln, árbol casa, despiertan en el alma cieitas ideas delerminndas, imniue desde nmos aprendimos a ligar tlichos sonidos con eslas ideas. Las personas (|ue nos rodeaban nos mostraban los objeb^s v al mismo liempo los nomhraDan: nosotros nolál»amos la coinculencia, y á fuerza de repeluse > de notarla, vino á establecéis/ en liueslra mente una correspondencia tan estrecha v l.m necesaria enlre el objelo) su nombre, entre la idea V su expresión, «pie no podemos concebir a(piella,sin tener esla presente, ni oír esla, sin que aipiella luego se despierto Asi ai)rendimos el idioma propio, y lo mismo identicamenh aprendemos después los eslníios. sin tiue haya mas dilerencia, sino que en el propio, aprendimos á reunir y asociar inmediata-

mente las >ocesconlas ideas: v. g. la i)alabra casa con la idea de edificio habitable; pero cuando estudiamos una lengua eslraña, lo que inmediata y directamente aprendemos es á ligar una voz ó un sonido articulado con otra \oz ó con otro sonidí) articulado: V. g. donmscm casa. Esta observación demuestra que son innumerables los signos cu> a inteligencia, es decir, cuya relación con la cosa significada, la debemos á la enseñanza de los hombres, en términos que sin esta instrucción preliminar, ni entenderíamos los signos, ni se nos pudiera ocurrir el emplearlos. El que no ha estudiado el idioma latino, ignora que domus es signo de casa, así como un inglesquenohaaj)rend¡doel nuestro, ignora quecftsa es signo de edificio habitable; el signo de esta idea para él es house, poniue este es el sonido con que aprendió á ligarla.— Mas hay otra serie de signos, los cuales interpretamos y empleanios frecuentísimamente sin haberlos aprendido nunca, sin que nadie nos los haya enseñado; como, i)or ejemplo, los gritos y las gesticulaciones con que se expresan el dolor, el gozo, la sorpresa etc. ^Üuién nos ha enseñado á conocer y fomar las a arias inflexiones que recibe la voz, y las distintas modificaciones oue toma el semblante al esperimehlar el alma ciertos afectos? ¿Quien nos ha dicho que un grito dado de tal modo es signo de dolor? que tal otro significa espanto? que tal expresión de la fisonomía es siiiiio de amenaza? que tal otra lo es de cariño, etc.? JSadie seguramente: y sin embargo, todo el mondólos comprende y los usa. Ahora bien; si como demostramos antes, para que el signo tenga este carácter, es indispensable que la inteligencia conozca la relación que tiene el signo en la cosa significada, habrcá de seguirse que esta relación, en los fenómenos de que estamos hablando, se establece naturalmente sin el auxilio del arte. . , . rt

P. Cómo se denominan estas dos especies de signos?

R. Los primeros se llaman artificiales; los segundos natura es.

P. Pue(!e haber algún signo que no se reduzca a alguno de

estos dos órdenes? .

R. Ninguno; porque ó la relación que constituye el carácter pr(U)io del signo ha sido establecida por el hombre, o por la naturaleza: no cabe medio en esla alternativa. En el primer caso el signo es artificial, en el segundo natural, y ambos nombres son

propios y exactísimos.

P. Todos los signos lo son del pensamiento?

R. Todo signo supone inteligencia capaz de conocerlo, y ningún fenómeno recibe el nombre de signo sino con relación a la inteligencia, que es la que únicamente puede interpretarlo. 1 ero no todo signo es signo del pensamiento; son innumerables los (|ue representan cosas que no son pensamientos, ni aun en el senmas lato de esta palabra.

lieecloii se^uiicla*

\)\. \Á)> suiNos m:!- im.nsamvemo. PKtOLMA. nucbccnlicudepor .dignos del pensamient-?

Respuesta. Se da esle uoiubre á los signos con que ne represeiiluu los sentimientos, las ideas, las >oliciones, y en general lodos los tenómenos interiores del alma.

P. V cual de las dos series en que se dividen los signos, corresponden los del pensamiento?

U. \ entrambas; el pensamiento tiene sus signos artificiales, y también los tiene naturales.

P. Cuáles son los signos artificiales del pensamiento?

K. Las voces articuladas 6 las palabras.

P. Pues no hemos dicho lo contrario en la psicología? .1)

H. So; lo que digimos en la psicología fue, que la palabra ó sea la facultad de significar y expresar las ideas con voces articuladas es una [)ropiedad na'tiva del hombre, uno de los atributos esenciales de su naturaleza como ser inteligente y sociable; pero ya advertimos entonces que esto no quiere decir que las voces reciban su significación de la naturaleza. Es el hombre quien se l.i dá; él es quien establece la relación entre cada sonido articulado y la idea que el sonido representa: de consiguiente las palabras son > erdaderos signos artificiales, sin (jue por esto deje de >»er cierto que el habla es una facultad natural.

P. Cuáles son los signos naturales del pensamiento?

li. Las voces inarticuladas ó los gritos, los gestos y ciertos ademanes ó movimientos del cuerpo expresivos de ciertos afectos interiores del alma.

P. Qué diferencia hay entre los signos artificiales del pensamiento, y los naturales?

K. La misma que notamos antes al hablar de los signos en general, conviene á saber; que en los primeros la relación entre el pensamiento > su signo la forma el hombre, y en los segundos es obra de la naturaleza, esto es, de Dios, autor de la naturaleza, que ha querido que á determinadas modificaciones del alma correspondan ciertas modificaciones en la organización material á que está unida. El conocimiento de los artificiales lo debemos á la ♦'nsenanza; el de los naturales es instintivo. De aquinace que los primeros ni los comprende ni los puede emplear sino el que los lia aprendido; pero los otros los entienden y los usan todos los hombres sin necesidad de estudiarlos: que a([úellos son variables e inconstantes; pen» estos inalterables y permanentes. Articúlense |H>r ejemplo delante de un ingles que ño sepa nuestra lengua, las voces fVíí, omem-zay desprecio: estos sonidos serán tan insignificantes a su inteligencia, como los de anger, ihreat y scorn lo son para la de un español que no siibc el idioma de aquellos isleños. Pues haga el español un gesto de ira , de amenaza, ó de desprecio delante ilel ingles; ó hágalo el ingles delante del español: entrambos se comprenderán perfectamente». Tomemos otro ejemplo: reunamos í'ierto numero de hombres nacidos en diversos paises; mostremos a su vista un objeto cuahiuiera; un edificio fabricado pa-

P 2' pan. sec. 1* Ice. »^

ra habitación del hombre, y pidámosles que lo nombren: el español dirá casa, el francés maison el ingles hoUse, y asi los demás: los nombres serán muchos y muy diversos los unos de los otros. Pues hagamos que esperimenten todos á un mismo tiempo una grande alegria, un gran terror, una sorpresa, ó cualquier otro sentimiento súbito y enérgico: todos lo expresaran con un mismo grito, unos mismos gestos, unas mismas actitudes. Y esto que vemos ó podemos ver ahora, siempre se ha visto: los signos naturales del pensamiento jamas y nunca han vanado siempre lian sido los mismos y siempre se han entendido y se han empleado por lodos los hombres en todas partes con la misma umversalKtad

y constancia. . ^ ^ .

P. Esto es evideüte; pero puede decirse otro tanto respecto del carácter de espontaneidad que les atribuimos? Porque un signo sea uatural, ha de inferiii^e que sea instintivo?

R. No por cierto: signo natural de la combustión es el humo, signo natural del fuego es el calor, signo natural de la vida es la respiración; y sin embargo ninguno de estos signos puede llamarse instintivo, ninguno revela el fenómeno que significa, ninguno es signo para la inteligencia, mientras la inteligencia no ha observado la relación que la naturaleza ha puesto entre los dos fenómenos, el significante y el significado. Mas no puede decirse lo mismo de los signos naturales del pensamiento; y la demostración es decisiva, advirtieado que estos signos se entienden ¡ierfectamente desde que se ven, sin necesidad de la observación ni <le la experiencia. El niño comprende un gesto amenazador o alagüeño, mucho antes que él mismo sea capaz de formarlo: un grito arrancado por el dolor se comprende desde la primera vez que se ove, aunque el que lo oye, nunca haya sentido dolor, ni visto padecer anadie. Esta revelación súbita, instantánea, anterior a todo examen pone fuera de duda que el fenómeno es instintivo, y qae en su formación no tienen parte la observación ni la

experiencia. , , i •

P. Es fatal y necesario, ó voluntario y libre, el uso de los signos naturales del pensamiento? .

R. En la infancia empleamos instintivamente los signos naturales; pero este instinto, como lodos los del hombre, entra en la jurisdicción del albedrio desde que se forman en el alma la razón V la \oluntad (V-. Así vemos que el hombre es dueño de suprimir el signo del fenómeno interior, aunque esté sintiendo el fenómeno, V. g. de no dar el grito significativo del dolor que experimenta; de no expresar con los gestos el afecto ó la pasión de que está vivamente poseído: vemos también que emplea, cuando ijuiere, los gritos, los gestos y los ademanes significativos de dichos fenómenos, sin existir estos: un cómico !)inta perfectamente en su fisonomía, en su acento, en sus movimientos la pasión (leí persimage que representa sin sentirla, y tal vez estando ginticii-

1) I. parí, scc 5. lee 2.

do |;i pasi'»u contniriii; !;i falsa urbanidad liacc que afecte modales benévolos \ simpál.icos el homlne cuyo corazón eslcá helado l»or el egoísmo. En una palabra, los hechos interiores del alma pueden disimularse y jiueden simularse: en ambos casos se destruye la relación \ coiresnondencia enlie los hechos y los sijínos, lo cual sería impo'síble si la relación fuese falal y necesaria: lúe- "O no lo es

P. Cómo se llaman la> dos series de signos expresivos del pensamiento? „ , , , ,

U. Lenííuapes: la de los artificiales se llama lenguaje hablado, ó de palabras; la de los naturales lenguajie de acción. (,laro es que el nombre lenííuage, derivado de Imijiia, no coin lene con propiedad mas que al primero, auní|ue liguradamente se apluiue a la colecci(m ó conjunto de los signos naturales con que expresamos, si no el pensamiento y sus intinítas modiíicaciones, pero si muchos de los fenómenos interiores del alma.

lieccloii terrera.