Conferencias filosóficas: Psicología (segunda serie) · Unidad 63 de 204
Unidad 63 · 142 IIONFER^CIAS FILOSÓFICAS
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calizar con bastante vaguedad el lugar de nuestro cuerpo en que se produce. Si entramos en una habitación, cuyo ambiente contenga partículas odoríferas, sentimos el olor, y lo más á que llegamos es á localizarlo en la región olfativa de la nariz. Por el contrario, la sensación de contacto se caracteriza por precisar exactamente el lugar de- la piel en que se verifica, y apenas se auxilia de la presión, (es decir, siempre en realidad, fuera de los casos anómalos) por indica)* de un modo indubitable la presencia de un objeto distinto del organismo. A esta capacidad de referir á las distintas partes de la periferia el contacto recibido, debemos el conocimiento de nuestro propio cuerpo, punto de partida para el conocimiento de todo lo exterior.
Desde el punto de vista fisiológico esta facultad se explica sin grandes dificultades, recordando la disposición terminal de- las fibrillas de ios nervios sensitivos, y recordando que la irritación comunicada á una fibrilla discurre aislada por ella, a pesar de entrelazarse con las otras en el haz común, hasta su célula terminal en el sensorio. De modo que servida cada parte de la periferia por su fibrilla especial, comunica su impresión coi) desigual intensidad, considerando solo la desigualdad del trayecto, al sensorio conuui. Este recibe la impresión, instantáneamente la refiere, la proyecta al lugar mismo del órgano terminal á que se aplicó el estímulo. Esta es la ley de las sensaciones excéntricas, que el fisiólogo acepta en virtnd de la independencia absoluta del hilo trasmisor. ' Para el psicólogo surge aquí yna nueva y mayor dificultad, como veremos dentro de poco, *
El mismo Weber ha demostrado que también para la pura sensibilidad táctil hay considerables diferencias en las diversas regiones del cuerpo. Para esto tocaba las diferentes partes de la piel de un mismo individuo, en direcciones distintas, con un compás con las puntas embotadas, y más ó menos distantes una de otra. Ha descubierto así que la ^distancia más pequeña á que se percibe el doble contacto de las puntas varía m. las diversas .partes del cuerpo, desde un tr^aíjta y seis av^os de ptuilgada hasta
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tres pulgadas. En las partes muy sensibles de la piel percudimos una impresión doble, aunque las puntas estén muy aproximadas; en las partes de sensibilidad menor no sentimos sino una sola punta, aunque las dos estén en realidad muy apartadas.
El punto más sensible, descubierto por este método, ha sido la punta de la lengua, la cual siente la doble sensación aun cuando la separación de las puntas sea de un sólo milímetro. Después viene la extremidad de los dedos, que distingue una distancia de dos milímetros. En la mano el sentido local disminuye gradualmente hacia la articulación carpiana; y es mucho más delicado en la palma que en el reverso, el cual á la distancia de cuatro ó cinco milímetros rio experimenta la sensación doble. En la región facial, los labios son los que presentan la sensación f local más delicada. En términos generales á medida que las puntas en el rostro se alejan de la boca son menos sentidas como distintas. La piel de la espalda es la que posee esta sensibilidad en el grado más obtuso. En los brazos y las piernas la sensibilidad táctil aumenta en razón á la distancia del tronco, y en proporción á la mayor movilidad.
Repitiendo estas experiencias en toda la piel, se han llegado á fijar determinadas áreas de figura circular, dentro de las cuales las dos puntas producen una sensación única; esta figura pasa algunas veces, como en el brazo, al óvalo y aun toma otras figuras; pero se han llamado estas regiones círculos de sensación; y es claro que iráp ^ siendo cada vez más reducidos según nos aproximemos á los lugares de mayor discriminación, y viceversa. Si dentro de uno de estos círculos se coloca un cuerpo de figura triangular, ó cuadrada, ó más complicada aún, como los caracteres de imprenta, no distinguimos su figura, porque la sensación de contacto es única; es necesario llevarla á esas regiones en que los círculos sean mucho menores que su superficie, para que se aprecie tal como es. I Se había creido poder explicar esta notable propiedad,
suponiendo que cada círculo de sensación recibía una so-