Conferencias filosóficas: Psicología (segunda serie) · Unidad 72 de 204

Unidad 72 · CONFERENCIAS FILOSÓFICAS 169

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que conserve al llegar á él. Decimos esto, porque siendo las vibraciones sonoras del aire longitudinales, su intensidad tiene que disminuir en razón del cuadrado de la distancia.

El volumen del sonido depende de la mayor superficie de la masa sonora. En igualdad de circunstancias, un sonido voluminoso es más grato al oido; quizás porque en realidad el volumen produzca una especie particular de sonido compuesto.

Pasemos al sonido musical. En cuanto á la fuerza ó intensidad del tono, nada hay que añadir á lo ya dicho. , depende del mismo fenómeno que la intensidad del sonido en general, y sólo hay que añadirle la regularidad y periodicidad que caracterizan el sonido musical. Respecto á la altura proviene del diverso número de vibraciones del cuerpo elástico en la unidad de tiempo, el segundo, por ejemplo. Una cuerda, cuya longitud sea como 1, ejecuta vibraciones que son la mitad más cortas que las de una cueraa de longitud 2: y la primera, en un segundo, ejecutará doble número de oscilaciones que la segunda. El resultado para nuestro oido serán dos notas de diferente altura, de la cual, la una se llama la octava de la otra. El sonido más bajo que podemos percibir, según Helmholtz, es producido por vibraciones en número de diez y seis por segundo; el más agudo por vibraciones en número de 'i8,000. Así podemos formarnos ligera idea del inmenso poder discriminativo del oido humano. En las orquestas, una de las notas más graves es el mí del contrabajo, que da 41i vibraciones por segundo, y la más alta es el re de la petitejlúte, que dá 4,752 vibraciones. Los pianos comienzan generalmente con el do de 33 vibraciones ó con el la más grave de 27 i vibraciones, y suben hasta el h''"' , de 3,520. Helmholtz se cree autorizado para aseverar que el cai'ácter musical de un tono no se produce sino con 28 ó 30 vibraciones. Los sonidos más graves no son musicales. En cuanto á los sonidos muy agudos son ílesiguáltnente perceptibles para los diversos individuos. Entre dos personas puede haber, para las notas sobre

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agudas, hasta la diferencia de dos octavas. Hay qnienes no oyen sonidos como la estridulación del grillo ó el grito del murciélago. En cambio un oido bien dispueirto ó bien ejercitado liega á percibir diferencias de tonalidad asombrosas, por ejemplo, los sonidos emitidos por dos diapasones vibrando simultáneamente, á razón el uno de 1209 vibraciones por segundo y el otro de 1210.

La combinación de la intensidad con la altura produce notables efectos musicales, de que son buen ejemplo las cadencias, uno de los i*ecursos más deleitosos de esta bella arte.

Por otra parte la combinación de sonidos- de diversa altura, emitidos al mismo tiempo, forma la parte capital de la música, y uno de los placeres más duraderos para el sensorio. Las combinaciones agradables toman el nombre de consonancias; las desagradables de disonancias. Considerando la combinación más simple, la de dos tonos, se ha determinado que las consonancias perfectas depencleu de la simplicidad de la relación numérica entre las vibraciones de los tonos combinados; así en la octava la razón es de 1 es á 2; en la quinta de 2 á 3, en la cuarta de 3 á 4. La octava es sin duda ei tipo de la consonancia perfecta.

En cambio, cuando se tocan simultáneamente dos notas próximas, como dó y ré, ó dé natural y dó sostenido, la desagradable sensación que se produce nos da el tipo de la disonancia. Aquí, no sólo se ha violado la ley alitericw, sino que entra un elemento objetivo, descubierto por Helmholtz, que contribuye poderosamente al resultado. En estos casos se puede llegar á discernir acústicamente ciertos choques aislados, tanto más lentos, cuanto máí? próximos son los dos tonos, choques que se han llamado pulsaciones. Verdaderas interrupciones del sonido, producidas por las interferencias de las ondas sonoras, vienen á romper la condición capital del tono, la regularidad.

Hay diversidad de grados en la disonancia, como eñ la consonancia, hasta confundirse una en otra. A^( vemos que los helenos y romanos consideraban como disonante la tercera, que hoy se usa como consonante; y los músicos

actuales hacen eü las modulaciones uso dteerettsiiim d^e esas disonancias im^^rfectas^ qu« sirven como de ü'ansición y anticipación para las perfectas consonancias.

Toda la música está basada en combinaciones de sonidos, el sonido simple no existe en realidad: y és quizás ei mas notable descubrimiento de la acústica el que ha reducido la diferencia de timbres á combinaciones dependientes de la cualidad del cuerpo sonoro. Un mismo tono^ emitido por diversos instrumentos, produce una sensación completamente distinta. El tono es el mismo,. se le reconoce como tal, su expresión, su colorido ha cambiado. Si cantamos el lá, por ejemplo, y lo repetimos en un piano, un órgano, un violin, una flauta, tendremos siempre el mismo la, es decir, un tono que ejecuta 440 vibraciones por segudo, y, sin embargo, el Id de la voz humana diíiei-e completamente, por su tímbríu del Id del piano, del Id de lajlaiita. ¿Qué es eitimbre? El timbre es una combinación. Ése tó, aislado on apariencia, no lo está en realidad. €ada tono, en un instrumento, va acompañado de una serie de tonos especiales más elevados; simultáneamente con la nota emitida vibran otras notas más agudas, que se llaman armónicm. Ahora bien, el número y elevación délas armónicas depende tíspeciaknente del cuerpo vibratorio; una lámina d(í cristal las produce muy diversas á una lámina de plata; así es conu) la combinación de las armónicas con la nota emitida, que es la furidamental, da á ésta su carácter propio, el color del timbre (Bernstein).

Considérese ahora de cuan varios y distintos elementos resultan esas sensaciones auditivas á que damos el nombre de musicales. Si esto ocurre en la emisión de un sólo tono, cuando llegamos á las consonancias, á los acordes, tenemos que prometernos un nuevo resultado; y, en efecto, la producción de tonos resultantes y tonos adicionales viene á complicar los problemas armónicos; de modo que la eg^ecución de un trozo musical por una orquesta forma una síntesis perceptiva tan complicada, que parece casi imposible reducirla a sus elementos fisiológicos. El tono llega como unidad á nuestra conciencia; y, sin em-