Conferencias filosóficas: Psicología (segunda serie) · Unidad 80 de 204
Unidad 80 · 190 CONFERENCIAS FILOSÓFICAS
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190 CONFERENCIAS FILOSÓFICAS
Baste notar el aspecto de las verdes hojas de una planta después dé la lluvia. El hombre se procura artificialmente el placer que producen los objeto lustrosos; de aquí el uso del pulimento y el barniz.
Hasta aqui las sensaciones de la vista que podemos, relativamente, llamar simples. Veamos ahora las compuestas, con las que entramos en el inmenso campo que la visión auxiliada del sentido muscular abre á la inteligencia: la exterioridad, el movimiento, la forma, la distancia, el volumen, la solidez, lo posición; en una palabra, las cualidades todas de la extensión (1).
La delicadeza del aparato muscular anexo al globo del ojo se traduce en lá gran aptitud de este sentido para apreciar los movimientos más tenues, y comunicar al sensorio una impresión distinta de ellos. El acto de seguir con la vista el móvil nos da una noción clara de sensación muscular que se prolonga en un sentido determinado; viene á ser una especie de proyección de nuestra conciencia al exterior, que concurre como elemento capital á la formación del concepto de espacio. Si el móvil cambia de dirección, el juego de los músculos oculares cambia, y con él el sentimiento de innervación necesario. Excepto la noción de resistencia, todas las nociones que nos da el sentido muscular sobre lo objetivo, las adquirimos mediante la vista, y con una inmensa ventaja. Que siendo las sensaciones de carácter compuesto, ópticas y musculares, afectan por dos vías distintas el sensorio, y lo afectan de un modo continuado sin gran agotamiento, en las mejores condiciones para ahorrar la energía nerviosa; y siendo tan instable la posición del globo ocular és susceptible de variadísimos movimientos con el menor gasto de fuer- * za. Comparemos el esfuerzo necesario para trasladarnos
(1) Recientemente M. Cyon se ha inclinado á introducir un sentido especial del espacio^ que se localizaría en los canales semicirculares del oido, cuya disposición— dos verticales y uno horizontal— nos da las tres coordenadas de nuestro espacio de tres dimensiones. No me he detenido en esta teoría interesante; porque, como dice Ch. Bastian, todo lo que re refiere á esta difícil materia está todavía en la infancia.