Conferencias filosóficas: Psicología (segunda serie) · Unidad 89 de 204
Unidad 89 · CONFERENCIAS FILOSÓFICAS 209
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CONFERENCIAS FILOSÓFICAS 209
LECCIÓN DÉCIMA QUINTA.
Sumario. —Fase subjetiva de los fenómenos de impresión. — Sensibilidad. — Sus dos caracteres primordiales, el placer y el dolor.'— ' Punto neutro. — Necesidad del contraste ó diferencia. — Proceso mental provocado por la sensación. — Antagonismo entre los actos intelectuales y ío^ puramente sensibles. — El placer y el dolor son estados eminentemente relativos. — Dependen del estado del organismo y de la intensidad del estímulo. — Teoría de Grote. — Ley de sucesión de los cuatro estados primordiales de la sensibilidad.— Estados sensibles preconscientes.— Las sensaciones distinguidas por su intensidad y por su calidad. — Leyes de Delboeuf. — Ley de progresión y experiencia que la confirma. — Es la base de las investigaciones de Fechner. — Fórmula del principio de excitación.— Ley de degradación. — Ley de tensión.-Menores diferencias perceptibles por cada sentido.^-Estado inicial del organismo con relación al medio.— Equilibrio natural, estático y dinámico.— Tránsito de la apreciación de intensidad á la de cualidad.— Síntesis del ejercicio de la sensibilidad.
» En estos momentos en que vamos á considerar en conjunto el trabajo íntimo de las sensaciones, en que vamos á estudiar las leyes de la- sensibilidad, nos es conveniente en alto grado recordar la concepción fundamental del individuo, á qué varias veces me he referido: un organismo ó suma de actividades, que reacciona contra los estímulos del medio ambiente. Si limitamos nuestra atención á su actividad psíquica, vemos que los tres momentos fundamentales del ciclo psíquico corresponden perfec-
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tamente á esa definición, impresión (objetiva), modificación interna (subjetiva), movimiento (reacción del sujeta contra el objeto). Hay en el sujeto, como organización, la capacidad de ser afectado, lo que pudiéramos llamar su receptividad; pero esta capacidad produce indefectiblemente reacciones, ésta es su actividad; dos fases de la misma propiedad fundamental, la vida, que el análisis distingue,. y que ofrecen la primera división y la más íiatural, para el estudio científico de los fenómenos anímicos. Pero como jamás podemos separar el sujeto de su medio objetivo, sino por abstracción, resulta que cada una de estas fases tiene dos formas una objetiva, otra subjetiva; formando así la unidad del arco psíquico, del objeto al sujeto qae reacciona contra el objeto, correspondiente al arco nervioso, de la periferia al centro que reacciona hacia la periferia.
Hasta aquí hemos considerado una parte de la receptividad del espíritu, y sólo en su fase objetiva. Hemos pasado revista á todas las impresiones con que el objeto solicita el sujeto, y las modificaciones que produce en su interior.
La fase Subjetiva de estos fenómenos es lo qu^ llamamos la sensibilidad, que en su forma primordial en la conciencia se distingue por dos caracteres, los. más importantes quizás de la fase inicial de la vida psíquica: el dolor y el placer. Pero como la receptividad del espíritu no está limitada á estos fenómenos de orden primario ' como conscientes, sino que presenta otros derivados y mucho más complejos, creo necesapio para la completa inteligencia del punto, establecer en tesis general, antes Üe recoger las leyes generales de la sensibilidad, como evoluciona el espíritu en su fase receptiva.
Comencemos por someternos á .una sencilla experiencia, que nos servirá de base para una serie de importantes consideraciones. Vamos á operar con el sentido de la temperatura.
Introduzcamos la mano en una vasija con agua á la temperatura actual de nuestra piel. Si prescindimos de la
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sensaciór| de contacto (condición requerida por los lérminos en qne'hé propuesto la experiencia), no senliiémos nada. Nada sabemos de la temperatura d^l agua. S, echanjbs agua más caliente en la vasija, notaremos una ligera sensación de calor; si vamos aumentando gradualmente la tjBmperatura, y el aire ambiente es frío, la sensación de calor llegará á un punto en que nos sei:á muy agradable; pero continuamos aumentando* la temperatura, la sensacipn comienza á ser desagradable, y acaba por ser horriblemente dolorosa, obligándonos á retirar la mano del baño.
Aquí tenemos que, desde un punto neutro, vemos nacer la sensación, elevarse y adquirir el carácter de grata, y llegar á un punto extremo en que se transforma en'dolorpka. Ese punto neutro, la experiencia ensayada nos lo demuestra, se produce cuando las fuerzas orgánicas están en perfecto equilibrio con las externas, cuando no hay acción ni reacción posible, como cuando es una misma la temperatura de nuestra piel y la temperatura ambiente. El punto extremo se produce cuando ya el organismo es impotente para reaccionar contra el estimulante objetivo, y comienza una acción destructiva en los tegidos, sin reparación inmediata; como nos lo prueban las efectos de la quemadura, en el ejemplo citado.
Todavía tenemos más que notar. Hemos visto que la sensación sólo se ha producido cuando ha surgido una diferencia. Esta es condición capital, para el ejercicio de nuestras actividades psíquicas; de modo que la ley de relatividad surge del. fondo más íntimo de nuestra constitución ala vez orgánica y mental. Ya veremos la importancia y constancia de este principio en todo el dominio de la sensibilidad; pudiera decirse que lo abarca y explica todo.
Por otra parte obsérvese que, apenas nace la sensación, comienza un proceso de actos internos concomitantes y sucesivos, la sensación es percepción, y la referimos á su causa, pl baño que estamos tomando, con todos sus caracteres de local, voluntario, dispuesto con el fin de una