Consideraciones sobre la prensa medica en Cuba, leído en la sesión extraordinaria de la "Asociación de l prensa médica de Cuba" el 25 de enero de 1913 · Capítulo real 1 de 1
Consideraciones sobre la prensa medica en Cuba, leído en la sesión extraordinaria de la "Asociación de l prensa médica de Cuba" el 25 de enero de 1913
Texto completo de esta unidad literaria, reunido aunque el lector la divida en 2 tramos técnicos para mejorar el rendimiento.
CONSIDERACIONES
SOBRE LA
PRENSA MEDICA EN CUBA
Leído en la sesión extraordinaria de la “Asociación de la Prensa Médica de Cuba” el 25 de Enero de 1913
POR EL
D R . jorge: le ROV V CASSÁ
Publicado en la “Revista de Medicina y Cirugía de la Habana" del 10 y 25 de Marzo de 1913.
HABANA
IMPRENTA «EL SIGLO XX» DE AURELIO MIRANDA TENIENTE-REY 27
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Recordando el texto con que comenzara su lección inaugura] uno de mis más ilustres maestros, el Dr. Serapio Arteaga, el curso en que tuve la suerte de contarme entre sus discípulos, haré las tres siguientes preguntas: ¿De dónde venimos? ¿Dónde estamos? ¿Adonde vamos ?
Han pasado muchos años desde que las oí formular por vez primera. Podría repetir con un gran poeta :
«¡Hace ya tanto tiempo!...
negro y sedoso bozo mi sonrosado labio sombreaba»
u 7 recordar con otro no menos grande, que ‘ í el polvo del % camino de 1a, vida” blanquea ya mi cabeza. Se han moo dificado las circunstancias del lugar. Allí, a orillas del mar, cuyas ondas besaban las murallas sobre las que £ se irguiera la pequeña clínica de partos, cabe la sombra - del vetusto hospital de Paula. Aquí, en este templo consagrado por nuestros mayores al cultivo de las ciencias, y en cuyo seno, cual en el de amorosa madre, encuentran vida y alientos todas las grandes ideas, todas las agrupaciones científicas que laboren por el engrandecimiento de la cultura patria. Pero entonces y allí, y ahora y aquí, el medio en que se desenvuelven nuestras actividades es idéntico ; el afán de aprender es el mismo; la necesidad de ensanchar nuestros conocimientos es cada vez mayor, y de ahí el que os repita las tres preguntas: ¿De dónde venimos? ¿Dónde estamos ? ¿ Adonde vamos ?
Tratar de responderlas será el objeto de este breve trabajo, impuesto por el mandato de mis queridos colegas la noche en que naciéramos a la vida pública como Asociación de la Prensa Médica de Cuba.
¿De dónde venimos f Venimos de los lejanos horizontes en que se vislumbran los primeros destellos reveladores del lento y sordo batallar de nuestros predecesores en las lides periodísticas. Procedemos de los gérmenes fecundos que sembraran en los pocos periódicos que se publicaban en esta capital en las postrimerías del siglo xviii y en los comienzos de la pasada centuria, hombres tan notables como el Dr. Romay, que ilustraron con sus preclaros nombres a la Real Sociedad Patriótica, más tarde Económica de Amigos del País, cuna donde se han mecido las grandes inteligencias de Cuba.
Nuestros antepasados, más tarde, dieron a luz sus lucubraciones científicas en revistas literarias y políticas; pero como el espacio destinado a la poesía era mayor que el que se pudiera necesitar para la ciencia, condensáronse las aspiraciones de todos los que laboraban en su campo y cristalizaron en el Repertorio Médico Habanero, fundado por mi inolvidable maestro el Dr. D. Nicolás J. Gutiérrez en Noviembre de 1840, veinte años antes de que viese realizado sus ensueños con la fundación de esta Academia de Ciencias Médicas, Físicas y Naturales, en cuyo seno hemos visto la luz primera como Asociación de la Prensa Médica.
Pe la introducción de aquel periódico son los siguientes párrafos, en los que se percibe la idea directriz que le imprimiera don Nicolás, como cariñosamente llamábamos al Dr. Gutiérrez, y sus colaboradores D. Luis Costales y el eximio literato D. Ramón Zambrana, profesor de Medicina Legal en nuestra Universidad y primer Secretario de nuestra Academia de Ciencias :
“ . . . Cuando en todos los ramos del saber humano se han publicado en estos últimos tiempos ecselentes producciones, viéramos con dolor á la Medicina permanecer en silencio ; empero hoy se levanta magestuosa á ocupar el lugar que le corresponde en el horizonte de nuestra ilustración.”
‘ ‘ Cualesquiera que fuesen los obstáculos que presentara la publicación de este repertorio, era preciso removerlos en el dia y acometer la empresa: así lo ecsige imperiosamente la lentitud con que parece ha marchado la ciencia entre nosotros, no obstante los muchos y distinguidos profesores que con talento y dignidad la egercen ; y decimos imperiosamente porque el estado actual de nuestra civilización se resiente de la falta de una obra donde se hubieran publicado sin interrupción las observaciones de tantos y tan sobresalientes prácticos como hemos tenido y de otros muchos no menos respetables que aun existen y cuyos materiales serian preciosos datos para formar la historia médica del pais, la de sus enfermedades endémicas, de las estacionales y finalmente la de muchas epidemias que han visitado nuestras playas sembrando la muerte y la desolación por todas partes y de las cuales apenas se conservan hoy confusos detalles. . . ”
Concluye tan admirable Introducción con las siguientes advertencias: “Y finalmente advertimos que como el objeto que nos proponemos al publicar este Repertorio es difundir los conocimientos médicos en nuestro pais, recibiremos con gusto cuantos datos y observaciones quieran comunicársenos : sus páginas estarán siempre abiertas para admitir los trabajos de nuestros comprofesores que se dirijan á conseguir tan importante objeto. Nosotros nos congratulamos sobremanera al ver lucir el dia tan deseado en que viera por primera vez la luz este repertorio. Dia de gloria para la ciencia, de consuelo para la humanidad, y satisfacción para los ilustrados y celosos profesores que se dignan contribuir con sus talentos al engrandecimiento de la ciencia y al honor del país á quien consagran sus desvelos.”
Tales fueron los sólidos cimientos sobre los que se asentara el edificio de nuestra prensa médica. La clarividencia del Dr. Gutiérrez y de sus compañeros de redacción les permitió distinguir en un lejano futuro, que para nosotros es un hermoso presente, recogidos los materiales que formen los preciosos datos con que algún cerebro privilegiado escriba nuestra historia médica.
Las publicaciones científicas, sujetas a las diversas condiciones del medio en que se desenvolvían y a
las visicitudes de las distintas épocas por que han atravesado, se han sucedido unas a otras como los soldados en el campo de batalla, cubriendo las posteriores los huecos que al caer en la lucha dejaran abiertos las que les precedieran. Con vida efímera las más ; con prolongada existencia unas pocas; pero cumpliendo todas su misión, han perpetuado en sus columnas la labor de nuestros intelectuales; han dejado consignados en los tipos que animara el genio inmortal de Gutenberg sobre las blancas hojas del débil papel, los grandes esfuerzos del cerebro creador, las pacientes observaciones recogidas a la cabecera del enfermo o entre los cristales del laboratorio ; el resultado de las vigilias pasadas en la soledad del gabinete y hasta el vigor y la energía desplegados en debates, en que a veces la pasión clamara con notas demasiado agudas, sobreponiéndose a las dulces suavidades que caracterizan a la razón.
Me be propuesto en estas líneas no invadir el campo de mis distinguidos colegas los Dres. Santos Fernández y Taboadela, y por eso no be de referirme a ninguno de los periódicos ni de los periodistas profesionales en particular. El primero, con toda la experiencia adquirida en largos años de lucha en la prensa, y el segundo, con todos los ardores que comunica la juventud a un cerebro bien disciplinado, os harán conocer la importancia y trascendencia de esa gran palanca que representa el cuarto poder del estado, y cómo la han movido los hombres que en nuestra patria hubieron de empuñarla. Yo, en cambio, aprovecharé las enseñanzas que el estudio de su desenvolvimiento histórico me ha proporcionado, para haceros ver el camino recorrido por los pequeños arrovuelos que con sus caudales nos han transformado en undoso río, y de qué manera debemos encauzar su corriente para poder llegar al océano grandioso de la inmortalidad y de la fama.
Para proceder con método, a fin de no perder la necesaria ilación entre el remoto pasado y la época presente, xjermitidme bosquejaros, nada más, las condiciones del medio en que germinaron las semillas que habían de producir más tarde sazonados frutos, a cuyo
efecto recorreré brevemente el espacio que media entre el momento en que comenzaron los estudios de la medicina en nuestra patria y aquel en que aparece la prensa médica con personalidad propia.
Los primeros estudios médicos realizados en Cuba se deben al Dr. D. Francisco González del Alamo, quien en 1726 abrió cursos de medicina en el convento de San Juan de Letrán, de la Habana, por tener la Orden de Predicadores concedido el privilegio de establecer una Universidad. Eran oyentes de estos cursos el Ldo. D. Joseph Arango Barrios, el Ldo. D. José Melchiades Aparicio y I). Esteban de los Angeles Vázquez. Las cátedras que se explicaban en la Facultad de Medicina eran cuatro, a saber: de Anathomia , de la que se encargó el Dr. Luis Eontayne, de la Universidad de Montpellier, quien desempeñaba a su vez el decanato; de Prima (fisiología), a cargo del Dr. González del Alamo, pero no la llegó a ocupar por su temprana muerte, reemplazándolo el Pbro. D. Ambrosio Medrano, de la Facultad de México; de Vísperas (patología), desempeñada por Arango Barrios, y de Methodus medendi (terapéutica), ocupada por el Dr. Aparicio.
Las enseñanzas teóricas que se brindaban en nuestra Universidad Pontificia y los males que de la misma se derivaban, indujeron a la Sociedad Patriótica a pedir la creación de la enseñanza práctica de la anatomía, por medio de la palabra galana, rica de aticismo y a la vez enérgica de nuestro gran Romay, manifestando que: “El hombre es ya el objeto de sus meditaciones, el cadáver del hombre el inmenso libro que con voces inefables, pero demasiado enérgicas, le manifiesta en cada página que rasga la diestra mano del anatómico, el origen, los progresos y los efectos de las enfermedades. La inspección de una sola viscera le enseña más Fisiología v Patología que los difusos volúmenes de Enríquez Maro ja y Bravo.’’
Esta enseñanza se abrió el 5 de Abril de 1797, inaugurando el curso el Ldo. D. Francisco Xavier de Oórdova, y en ella brillaron con posterioridad D. Francisco Alonso y Fernández, creador del Museo Anatómico del Hospital Militar de San Ambrosio, y el inolvidable Dr. Gutiérrez.
Conviene advertir, antes de pasar adelante, cpie los títulos universitarios de Bachiller, Licenciado y Doctor en Medicina, no autorizaban para el ejercicio profesional, siendo necesario para obtener dicha autorización, el presentar un certificado de haber pasado visitas en calidad de practicante con un médico autorizado, y además sufrir dos exámenes, teórico uno, práctico el otro, ante el tribunal del Real Protomedicator que existió hasta el año de 1832, y después ‘ante la Junta Superior de Medicina y Cirugía suprimida cuando las reformas universitarias implantadas el año 1812 durante el gobierno de D. Jerónimo Valdés.
Asimismo debe recordarse que hasta dichas reformas, entre los profesionales, existían cuatro grandes divisiones: l.° Médicos cirujanos , que podían ejercer todos los ramos de la ciencia y arte de curar; 2.° Médicos, cuyo ejercicio estaba limitado a la asistencia de las enfermedades internas; 3.° Cirujanos latinos, que sólo podían asistir a las externas y a los casos mixtos en que éstas fueran productos o causas de las internas; y 4.° Cirujanos romancistas, cuyo ejercicio se lrmitaba a la asistencia de las enfermedades puramente externas y a las internas de los casos mixtos en ocasiones muy urgentes, pero avisando inmediatamente a uno de los profesionales de las clases anteriores. Para la adquisición de este último título bastaba la presentación de un certificado de haber cursado latinidad y de haber asistido a las lecciones de cirugía teórico-prácticas que se daban por los PP. Juaninos en el Hospital de San Juan de Dios, y luego a las de anatomía práctica en el Hospital de San Ambrosio.,
En un magnífico artículo publicado en las Memorias de la Sociedad Económica (número 40. Distribuido en l.° de Abril de 1823), con el título de “Nova sint omnia, recedant vetera”, se hace una descripción de los males de que adolecía la enseñanza de la medicina, y se proponen como medidas estas dos fundamentales : “1.°, abolirse el plan de estudios médicos y establecer otro; y 2,°, no se recibirán cirujanos romancistas.” Entre los defectos que se denunciaban aparece que: “En ninguna cátedra de las cuatro que ocupan los médicos en la Universidad se enseña la materia médica, ni jamás se habla de química. Se puede asegurar que no lie-
gan a veinte y eineo aforismos de Hipócrates los que aprenden en la clase en todos los cuatro años.”
Ya antes en el seno de la misma Sociedad Económica se había elevado la voz del Pbro. D. Agustín Caballero, pidiendo reformas en la enseñanza, y se había formulado un plan en el que entraban los estudios de la física, la química y la historia natural.
Los de química comenzaron en 1820, bajo los auspicios del intendente I). Alejandro Ramírez, quien facilitó el local adecuado, en el Hospital de San Ambrosio, para el laboratorio y para gabinete y biblioteca, comenzando el curso el Dr. José Tasso por haber fallecido el jjrofesor que se trajo de Europa para enseñar esa ciencia ; pero su estudio no llegó a ser una realidad hasta la época (1837) de D. José Luis Casaseca, ayudante del Barón Thenard, en cuyo laboratorio se había educado.
Patrocinada igualmente por la Sociedad Patriótica se comenzó la enseñanza de la botánica en el Jardín que ocupó el lugar que acaba de desalojar la Compañía de Ferrocarriles de Villanueva. Su dirección, encomendóse al Amigo del País D. José Antonio de la Osa, a quien sustituyó después (1822) I). Ramón de la Sagra y a éste el Dr. Pedro Alejandro Auber.
En 1824 se creó la cátedra de cirugía en la Real y Pontificia Universidad, por el entonces bachiller D. Fernando González del Valle, quien venía enseñando la materia desde tres años antes, según declara en la exposición elevada en Junio de 1824 al Rmo, Sr. Rector.
Por su parte, el Seminario de San Carlos, obedeciendo a los impulsos del venerable Obispo Espada, estableció la enseñanza de la física experimental, que diera el célebre Padre Varela, y se dieron igualmente nociones de química y de botánica.
Fundóse también en el convento de San Ramón, más conocido por de la Merced, la cátedra de higiene, debida al celo del Dr. José de la Luz Hernández; cátedra que tuvo que desaparecer más tarde por la carencia de alumnos cuando este profesor explicaba sus lecciones en el Liceo de la Habana.
Y no diré nada de la Academia de parteras, fundada en 1827 en el Hospital de Paula, porque las ma-
tronas no lian sido consideradas como profesionales hasta hace muy pocos años, gracias a los estudios que les han sido impuestos antes de alcanzar el título que las faculta para el ejercicio de su arte.
Tales eran las fuentes de conocimientos que tenían nuestros antepasados. Se ve por la breve descripción que acabo de presentaros, el estado semi caótico de la enseñanza y los esfuerzos aislados de unos cuantos buenos patricios en pro de la cultura científica; pero también se advierte, por esa misma subdivisión de fuerzas, la escasa efectividad que la suma de las mismas produjera.
Empero, la lenta, aunque continuada, labor realizada durante tantos años, no fue perdida. A la manera que se prepara en las entrañas de la tierra la concentración de fuerzas latentes en la semilla durante su germinación, para en un momento dado hacer brotar de su seno raíces, tallo y hojas; así fueron preparándose las circunstancias que trajeron consigo las reformas escolares contenidas en los Planes de Estudios de 1842 y 1863.
Por las del primero se secularizó la enseñanza, incorporándose a la Universidad el Colegio Seminario de San Carlos, al que se limitó solamente a enseñar las asignaturas de la sagrada teología ; haciendo desaparecer con esta incorporación uno de los grandes focos de cultura patria y el que mantenía enhiesto el estandarte del más decidido progreso. Por las reformas del segundo Plan de Estudios, se segregaron de la Universidad todos los ramos que no correspondían a los estudios de Facultad, y en virtud de esto se crearon el Instituto de Segunda Enseñanza y otros establecimientos independientes de la Universidad.
Surge en el intermedio de estos dos Planes de Estudios, la Academia de Ciencias Médicas, Físicas y Naturales de la Habana, el 19 de Mayo de 1861, pues aunque intentada su creación en 1825, en 1852, 1855 y 1856, razones que expuso el Secretario fundador Dr. Ramón Zambrana, en el primer tomo de sus Anales , no permitieron su fundación hasta la citada fecha de 1861 ; y ya aquí aparece la condensación de las actividades de los hombres que más tarde han llenado de
gloria las páginas de nuestra historia médica y de sus ciencias afines y auxiliares.
De ese núcleo de hombres de buena voluntad, elegidos entre los mejores por el sufragio de la mayoría de los profesionales, han surgido por segmentaciones sucesivas, como las que realiza la vida celular, distintas agrupaciones que, con los nombres de Sociedad de Estudios Clínicos, de Asociación Médica de Sorros Mutuos, de Sociedad Antropológica, de Sociedad de Higiene, de Asociación Médico-Farmacéutica, de Colegio Médico, etc., etc., han venido a llenar a su vez distintas misiones, concordantes con los objetivos perseguidos por sus respectivos fundadores; pero cuya finalidad sintética no ha sido otra que aumentar los conocimientos y elevar los prestigios de los profesionales que en cada una de ellas se han agrupado.
Conocido ya de dónde venimos, veamos ahora dónde estamos. Estamos, señores, en la Asociación de la Prensa Médica de Cuba, la más joven de las instituciones que he citado, pero por lo mismo la que brinda más esperanzas, por las energías que en su seno se encuentran acumuladas. Su objeto claramente expuesto en el artículo primero del Reglamento, que tras maduro examen y reflexiva discusión aprobamos hace pocos días, dice así :
“La Asociación de la Prensa Médica de Cuba, tiene por objeto: (a) Estrechar los lazos de amistad entre todos los médicos y otros profesionales que en nuestro país publican o redactan periódicos que tratan sobre la ciencia médica y sus auxiliares ; (b) Unificar, basta donde sea posible, la política o criterio de nuestras publicaciones, respecto a aquellos asuntos que interesan a nuestros profesionales; (c) Fomentar las relaciones entre los periódicos y periodistas médicos nacionales y extranjeros, procurando afianzar los vínculos de solidaridad y defender los intereses que sean comunes a los asociados; y (d) Procurar el mayor progreso de las ciencias médicas, fomentando, además, las prácticas de moral profesional; y, en general, asumir la defensa de los intereses profesionales, recabando cuantas ventajas y consideraciones sea posible en favor de nuestra prensa.”
¿Queréis programa más hermoso ? ¿No están contenidas en estas breves líneas los principios fundamentales que nos han de servir de norma? ¿Ha nacido acaso la Asociación como surgiera Venus del seno de los mares? No; ella ha venido al mundo de la realidad en el momento oportuno ; en el momento en que deben recogerse las cosechas sembradas por nuestros predecesores; en el momento en que debe separarse la cáscara del grano para convertirlo en alimento „de nuestras inteligencias, bajo la forma duradera del libro; en el momento en que las ideas emitidas han sufrido el tamiza je necesario para desechar aquellas que no deben perdurar y perpetuar en cambio aquellas que deben servir de guía a los que nos sucedan y enseñarles que en las distintas disciplinas científicas, hemos tenido hombres que al honrar a la ciencia y a su patria se han labrado una corona de gloria.
Buena prueba de mis anteriores afirmaciones la brinda nuestra misma prensa profesional. En efecto, si recorremos su no muy vasto campo, encontraremos primero la reproducción de las doctrinas sustentadas por los maestros de la Escuela francesa, traducidas directamente de las lecciones de sus profesores, o reflejadas en las observaciones recogidas por nuestros médicos ; veremos también cómo se perdía lamentablemente el tiempo en discusiones en las que el Magister dixit representaba un papel muy importante; pero al propio tiempo debemos recordar la forma en que se enseñaba en nuestra Alma mater : sin clínicas, sin laboratorios y sin la emulación que provoca el choque de las ideas entre cerebros que debían infundir su ciencia en los de sus discípulos; y téngase presente que mis palabras no tratan de ofender en lo más mínimo el buen nombre y el prestigio de que gozaban muchos de los doctore^ de nuestro primer centro docente, que presin tiendo las transformaciones de la enseñanza, se adelan taron a su época y llevaron a sus alumnos por las vías fecundas de la observación, la experimentación y el raciocinio; que trataron de imprimirle a sus respectivas enseñanzas el sello práctico que caracteriza a casi todas las que se prodigan en la actualidad, y que si no lo pudieron conseguir la mayoría de las veces, por la falta de los materiales que ahora felizmente sobran, su-
plían con su ciencia y con sus desvelos la carencia de aquéllos, sacando discípulos que son honra de tales profesores. Más tarde, y obedeciendo a la evolución de la época, se personalizaron más y mejor las individualidades, destacándose las figuras de algunos hombres eminentes que han dejado impresos sus nombres en páginas dignas de recordación.
Planteáronse en esa prensa los grandes problemas de nuestra piretología, y las enfermedades tropicales fueron las que más animadas discusiones provocaron. La fiebre amarilla, la tifoidea, el paludismo, la fiebre biliosa, la llamada de borras, las eruptivas, etc., fueron tratadas por nuestros clínicos, inmortalizado el nombre de Finla}r con sus geniales concepciones; demostrando el Profesor Giralt que el bacilo de Eberth produce las mismas lesiones sub solé cubano, como decía el Dr. LeRiverend, que en la capital de la Francia ; presentando Madan, Díaz y otros, el hematozoario de Laveran en la platina del microscopio; tratando Yaldés Castro, Ruz, Y. A. de Castro, etc., de poner en claro lo que es la fiebre biliosa y creando la entidad nosológica conocida cuando el Congreso de 1890, con el nombre de fiebre de borras, sobre la cual tanto se escribió, especialmente por el Dr. Agustín W. Reyes; igualmente se ocuparon de nuestras fiebres, entre otros, los Dres. San Martín y Dueñas.
La higiene, esa diosa que debieran venerar todos los pueblos de la tiera que se precien de civilizados, puesto que el cumplimiento de sus sabios preceptos les permite conservar la salud, evitar las enfermedades y prolongar la vida de sus habitantes ; la higiene ha tenido entre nosotros esforzados paladines, cuyos escritos han inmortalizado los nombres del Obispo Espada y de su gran amigo y colaborador Dr. Tomás Romay; del Dr. José de la Luz Hernández ; del Dr. Erastus Wilson, que en las publicaciones científicas, literarias y políticas, constantemente divulgó sus enseñanzas; del Dr. Ambrosio González del Yalle, que, con sus Tablas Obituarios, plantó los primeros jalones de la estadística y de la demografía, que más tarde cultivaron otros con mejores y mayores medios de información.
Compañera inseparable la química de la higiene, ha estado dignamente representada por los Casaseca,
losAenlle, los Vargas Machuca, los Rovira, los Páez, los Lastres, los Caro, los Poev, etc., para no citar más que a los que ya no pueden despertar envidias, sino servir de dignos ejemplos a los cultivadores de la ciencia de Lavoisier y de los esposos Curie.
La. medicina legal ha tenido como dignos representantes a Ramón Zambrana, a Vicente B. Valdés, Ramón Luis Miranda, Antonio Mestre y a los académicos que durante más de media centuria han formado parte de la Comisión de ese nombre en nuestra Academia de Ciencias; y ha sido motivo de publicaciones especiales entre las que no debe olvidarse la del Dr. Obregón, recogiendo las enseñanzas prácticas del Necrocomio.
En las ciencias auxiliares, los Poey, los Gundlach, los Sagra, los Paz y Morejón, los Sauvalle, los Fernández de Castro (Manuel y José), los Vilaró, los Torralbas y tantos otros, han dejado consignados sus nombres en estudios y trabajos zoológicos, botánicos, geológicos y paleontológicos.
La bacteriología y su predecesora la histología, han consagrado los nombres de los Felipe Rodríguez, Julio San Martín, Carlos Einlay, Enrique Acosta, Juan N. Dávalos, Ignacio Calvo, José Vila, etc., en trabajos de laboratorio; y en el cadáver, que cual libro abierto por la Naturaleza sobre la fría losa de nuestros anfiteatros, recogieron sus enseñanzas y las transmitieron a sus discípulos, hombres como Pablo Humanes, Francisco Alonso Fernández, José Benjumeda, Manuel Sánchez y Bustamante, Federico Horstmann, Leopoldo Yarini, Pedro de la Cámara, etc., que desde épocas pasadas nos legaran sus conocimientos sobre la estática del hombre ; enseñándonos su dinamismo Lorenzo Hernández, Le-Riverend, González Morillas, Rafael Cowley, Esteban González del Valle, etc.
Pe la cirugía no quiero citaros los nombres de sus cultivadores, pues como rama la más favorecida, sus hombres forman legión ; sólo diré que las profundas transformaciones sufridas tanto en el diagnóstico como en el manual operatorio, gracias a la aplicación de las grandiosas doctrinas de Pasteur y del recién fallecido Lister y a la supresión del dolor por los diversos métodos anestésicos, ha permitido a nuestros cirujanos abor-
dar los órganos más profundos y más esenciales para la vida.
Las especialidades lian recogido los * nombres de Domingo Rosaín, de Isidoro Rodríguez, de Atanasio Yaldés, de Pablo Valencia, de Serapio Arteaga, de Bernardo Pigneroa, en trabajos de obstetricia; de Miguel Núñez Rossié y la pléyades de jóvenes cirujanos, cuyos nombres no debo citar por razones fáciles de comprender, en el campo de la ginecología ; de Luis La Calle, José Rafael Montalvo, Eduardo Einlav y Enrique López, para no citar más que a los muertos, en el de la oftalmología; y por la misma razón, únicamente citaré en el de las vías urinarias a Casimiro Sáez y Pedro Albarrán, y en el de la medicina mental, a José Joaquín Muñoz, a Tomás Plasencia y a Gustavo López.
Algunos otros particulares he dejado de tratar en esta breve reseña; pero de intento los he dejado fuera del campo observado y expuesto a vuestra consideración. Más de una vez lo he repetido en el curso de estos renglones, no he querido ocuparme más que de los que fueron. Si hubiera podido hablar de los vivos, ¿cómo no habría citado las constantes contribuciones higiénicas del Dr. Luis M.a Cowley ; los trabajos de vulgarización de los sabios preceptos de la diosa Hvgieia por el Dr. Manuel Delfín y las estadísticas demográficas de este mismo profesor y del Dr. Vicente de la Guardia*? ¿Cómo no me hubiera referido a la creación del Laboratorio de Fisiología por el Dr. Antonio de Górdon y Acosta y a la del Histo Bacteriológico de la Crónica Médico- Quirúrgica de la Habana , por el Dr. Juan Santos Fernández*? ¿Cómo no habría hecho relación a mi querido maestro el Dr. Gabriel Casuso al hablar de la enseñanza de las prácticas asépticas y antisépticas y de su aplicación en sus operaciones obstétricas, ginecológicas y. de alta cirugía, defendidos y vulgarizados dichos salvadores principios desde la tribuna de las corporaciones científicas, desde la cátedra y sobre todo desde las columnas de su periódico El Progreso Médicof ¿Cómo hubiese si1 enciado los descubrimientos de fósiles de varios géneros de ammonites y del megalocnus rodens, que han cubierto de gloria en la vieja Europa y la joven América a mi sabio maestro del colegio 4 ‘La Gran Antilla” y querido amigo y compañero de
Academia Di*. Carlos de la Torre ? ¿ Cómo no habría hecho resaltar, además de sus otros importantes trabajos zoológicos y geológicos, los realizados en el terreno antropológico, así como los llevados a cabo por el Dr. Luis Montané en el campo de esta disciplina y que han culminado en la creación del Laboratorio de Antropología de nuestra Unnersidad, que lleva el nombre del último de los profesores citados? De estos y de otros particulares más no he querido ocuparme ahora por estar vivos sus principales autores. Pudiera objetárseme, no obstante, el haber citado los nombres de los Dres. Carlos J. Finí ay y Ambrosio González del Valle. Es verdad ; pero las condiciones de avanzada edad de cada uno de ellos, el estar fuera de la zona de la actividad científica y sobre todo su' gloria, los colocan ya en el campo de la inmortalidad y no pueden despertar otros sentimientos que los de admiración por sus obras y de reconocimiento por los beneficios de ellas derivados.
Por la breve relación que acabo de presentaros, paréceme suficientemente probado el adelanto que. ha traído consigo nuestra prensa profesional. Creo que estaréis convencidos de la calidad de los materiales aportados por nuestros predecesores y que estamos suficientemente preparados para emprender con mayores bríos obras de más altos vuelos. Hemos visto dónde estamos; quédame por contestar la tercera y última de las preguntas que formulé al comenzar este trabajo: ¿Adonde vamos?
¿Adonde vamos? Señores, vamos a establecer la solidaridad profesional ; vamos a trabajar por el bien de todos ; vamos a olvidar las mezquinas pasiones que a veces impulsan algunas plumas ; vamos a elevarnos al sereno campo de las investigaciones científicas, que si muchas veces producen el cansancio propio de las grandes jornadas, compensan más tarde, al descubrir la verdad, al confundir el error, al rectificar o ratificar una idea, la satisfacción de haber servido de algo útil a nuestros semejantes. Vamos a darnos cuenta de 1a. altísima misión a la prensa confiada, tanto a la general como a la de cada una de las ramas de los humanos conocimientos. Vamos a elevar a aquel que se lo merezca, por sus talentos y laboriosidad ; pero no a contribuir a
levantar reputaciones científicas sobre movediza arena, que al más leve soplo se vien'en al suelo, arrastrando consigo no sólo el nombre de su autor, sino la respetabilidad del periódico que a ello ha contribuido; vamos a prescindir, en lo posible, de llevar a las columnas de nuestra prensa profesional las ideas mercantiles que desgraciadamente imperan en nuestros tiempos y que ya lian invadido a nuestro pueblo ; vamos a darnos perfecta cuenta de que la obra colectiva tiene toda la fuerza que representan las de cada uno de sus componentes, y no olvidemos, señores, la gran enseñanza del refrán que dice: “En la unión está la fuerza”. Es necesario que tengamos presente todos y cada uno de estos grandes principios, pues sólo así podremos ser respetados fuera y dentro de nuestra patria, podremos ser útiles a nuestros comprofesores y a la ciencia, y podremos ser dignos de la misión que nos hemos impuesto.
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