Criminología · Unidad 13 de 265

Unidad 13 · INMORALIDAD Y DELINCUENCIA 35

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INMORALIDAD Y DELINCUENCIA 35

presarse que lo somos ante nuestra moral contemporánea. Fuera más exacto decir que diferimos de ellos. Sobre necesidades materiales, perennes en la especie, organizanse conceptos de perfección que varían á través de los tiempos ; sobre las necesidades transitorias de cada sociedad se elabora-'el arquetipo de virtud más útil á su progreso. Mientras el ideal absoluto permanece indefinido y ofrece escasas oscilaciones en el curso de siglos enteros, el concepto concreto de las virtudes se va plasmando en las variaciones reales de la vida social. Los mediocres practican rutinariamente la honestidad corriente, sin esfuerzo alguno por mejorarse; los virtuosos ascienden por mil senderos hacia cumbres que se alejan sin cesar, hacia el infinito.

El justo concepto socrático hermanaba en la sabiduría el ingenio y la virtud; una inteligencia cultivada es siempre propicia al talento moral, y éste es la condición misma de la virtud. Sólo hay una cosa más vasta, ejemplar, magnífica, el golpe de ala que eleva hacia lo desconocido hasta entonccs, remontándonos hasta las cimas eternas de esta aristocracia moral; son los genios que enseñan virtudes no practicadas hasta la hora de sus profecías ó que practican las conocidas con intensidad extraordinaria. Si un hombre encarrila en absoluto su vida hacia un ideal, eludiendo ó contrastando todas las contingencias materiales que contra él conspiran, ese hombre se eleva sobre el nivel mismo de las más altas virtudes. Entra á la santidad: los genios morales son los verdaderos «santos» de la humanidad.

Y, sin embargo, su época puede considerarlos inmorales 6 delincuentes; y como da la cicuta á Sócrates, da la cruz á Cristo, la hoguera 4 Bruno y á Servet, la cárcel 4 Colón y á Bacon, la proscripción á Arístides y 4 Dante. Delincuentes para sus contemporáneos, ellos son admirados y glorificados por la posteridad, como precursores ó héroes, cuando la evolución del medio permite comprender que su inadaptabilidad consistió en anticiparse al devenir de nuevas fórmulas morales ó6 jurídicas. Por obra de esos temperamentos evclutivos el

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mundo adelanta y progresa, como por obra de los involutivos se atrasa y desorienta; conviene, pues, advertir que los pr1- meros suelen ser un elemento benéfico para el desenvolvimiento de la humanidad, aunque su anticipación á la moral de su tiempo los exponga á ser condenados como peligrosos

La calificación legal de los actos delictuosos varía tanto como las normas de la ética social que regulan la conducta ; pero no varían simultáneamente. La ley puede seguir calificando como delitos ciertos actos que ya no lo son para la moral de la sociedad en que ocurren ; de allí que sean delincuentes ciertos sujetos que no se apartan de la moral, limitándose á anticiparse á las transformaciones de la legislación. Son «delincuentes legales», pero ya no «delincuentes naturales», como sucede con cierta delincuencia política, el adulterio, algunos delitos de imprenta, muchos delitos de indisciplina é insubordinación militar, etc. Las célebres sentencias del buen juez se limitaban á no aplicar la ley cuando así lo aconsejaba la moral; eso bastó para que fuera señalado como un precursor. En otras circunstancias le habrían condenado á él mismo como delincuente, pues violaba las leyes caya aplicación se le había confiado; delito penado en todos los Códigos.

Como ese caso, otros podrían señalarse en que un «delito legal» puede ser útil á la sociedad, por el ejemplo de la alta moralidad que inspira al delincuente ó por otros resultados no previstos por él. El soldado que baja su arma cuando se le ordena fusilar á un agitador político da á sus superiores una noble lección de respeto y tolerancia; la ley puede encarcelarle por toda su vida, pero todo hombre virtuoso le estrechará la mano por su bello acto. Y se la estrecharía probablemente ¿ una huérfana joven que prostituyó muchos años su cuerpo para costear la educación esmerada de tres hermanas menores y no abandonó el meretricio hasta haberlas dotado y casado dignamente. Que bien pueden el delito y el