Criminología · Unidad 60 de 265

Unidad 60 · 128 CRIMINOLOGÍA

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128 CRIMINOLOGÍA

tad responder á todas las solicitaciones de sus tendencias antisociales, lista siempre para ejecutar el acto delictuoso con seguridad y precisión. Pero no podemos dudar que su moralidad es anormal, que es un inválido afectivo, y que la falta de sentimientos sociales es la rueda que desconcierta la marcha de toda su personalidad, constituyendo la clave de su carácter patológico.

Otro homicida nos dice que ha sido víctima de innumerables celadas, que solamente existen en su imaginación ; y que á menudo cree oir en la vía pública insultos soeces Ó provocaciones veladas; y que en sus alimentos vuelcan venenos sus enemigos implacables; y que en las noches insomnes oye rumores á través de las paredes, mientras manos invisitles abren robinetes por donde se vuelcan en su habitación gases mefiticos Ó asfixiantes, y ese hombre un día se vuelve en la calle bruscamente contra un sujeto que al acaso le sigue y vibra su puñal contra la víscera de la víctima sorprendida, y en la cárcel manifiesta que ya era tiempo de infligir una lección á todos los que amargaban su vida con injurias y escarnio; ¿quién desconocerá que ese hombre razona mal y que su inteligencia está profundamente perturbada, desde las sensaciones mal percibidas y las imágenes mal asociadas, hasta los juicios erróneos y los razonamientos absurdos?

Su personalidad entera está perturbada; sus sentimientos están modificados, y. su impulsividad quita á sus actos todo carácter ponderado y reflexivo. Pero diremos, siempre, que la causa inicial y visible de toda la transformación de su carácter reside en la anormalidad de su inteligencia, siendo su delito un resultado de su sinrazón. Es

Y un día encontramos en la cárcel un hombre desolado por su crimen; y nos cuenta que por un motivo irrisorio, ó sin motivo en ciertos casos, mató á otro hombre á quien no odiaba ni conocía, que no lo había agraviado en manera alguna, que era acaso su mejor amigo; y no sabe justificar 21 explicar lo ocurrido, que fué un relámpago que cegó su vista y su razón; y que llora por el tratajo perdido, por el hogar

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desamparado, por la vergúienza sufrida, y muchas veces se reprocha á sí mismo esa fatal desproporción entre todas sus impresiones y todos los actos con que suele reaccionar irreflexivamente, desesperado por su «mal momento» ó por su «acto primo», tan natural en su conducta como lo es el mirar para sus ojos ó el respirar para sus pulmones; ¿vacilamos un segundo en decir, que es un impulsivo, un hombre cuyos actos se descargan sin contralor, como si en su organismo se apretara un gatillo y se soltase un resorte? El acto delictuoso no depende en él de una deficiencia del sentido moral ó de un razonamiento falso; su conducta antisocial nos revela un carácter desorganizado por el funcionamiento anormal de la actividad voluntaria.

Estos son hechos clínicos. Lia observación del profano inteligente puede reconocerlos sin especiales conocimientos técnicos; son ejemplares bien caracterizados, inequivocos, verdaderos jalones fundamentales para una clasificación psicopatológica de los delincuentes. Verdad es que no todos los casos se presentan con la misma nitidez y que en muchas circunstancias se necesita una vasta experiencia y un ingenio perspicaz para analizar los elementos anormales de un carácter criminal; ocurre lo mismo en todos los ramos del saber que se refieren al estudio del hombre, ya se trate de clasificar su temperamento, sus ideas, sus vicios, sus idiosincracias,

- sus diátesis Ó sus enfermedades. Y lo que escapa al obser- ,vador inculto, debe averiguarlo el psicólogo ó el clínico.

Antes de ahora (1) no se ha intentado una clasificación científica de los delincuentes, fundada en su psicopatología. Las clasificaciones empíricas más conocidas no han podido, sin embargo, prescindir de tomar en cuenta ciertos datos de la psicología criminal, describiendo algunos tipos bien definidos, sunque muchas veces los han confundido ó separado erróneamente, por carecer de un criterio preciso y sistemático. .

(1) Esta clasificación fué publicada, por vez primera, en 1900, -