Criminología · Unidad 88 de 265

Unidad 88 · 164 CRIMINOLOGÍA

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164 CRIMINOLOGÍA

conservando el mejor recuerdo del tratamiento que recibía. Parece desprenderse de las constancias del sumario que A, llegó á abrigar pretensiones amorosas sobre una de las hijas de M,, pero todo concurre á evidenciar que jamás hizo manifestaciones ostensibles de sus sentimientos, salvo alguna de esas conversaciones á medias en que A. apenas osó insinuar sus intenciones. Micaela, que así se llama, declara que jamás comprendió nada al respecto y cree que $. no la requirió nunca de amores.

Se desprende de los autos que S. A. comenzó por ese entonces á presentar manifestaciones de desequilibrio mental, llegando ese hecho á ser de voz pública. La primera declaración testimonial, del hacendado (fojas 10 y siguientes), dice expresamente: «que oyó decir hace tiempo que S. A. parecía no tenia bien sus facultades mentales». El propio hijo de la víctima, Juan José M. (fojas 12 y siguientes), dice también «que desde ese entonces se decía que A. se había hecho medio haragán y que no andaba bien de la cabeza». Y el otro hijo, José Prudencio, corrobora la versión (fojas 16 y siguientes) «que desde aquel entonces se decía entre el vecindario que parecía que A. andaba mal de la cabeza». Bastan esas declaraciones de los propios hijos de la víctima y de un amigo de los M,. para mostrar que la versión circulante era de buena fe, pues se trata de las personas que más bien podrían tener interés de negarla, para agravar la situación legal de A.

Concuerda con esas presunciones un cambio radical en la conducta del encausado. Poco á poco pierde su amor al trabajo, dice tonterías en sus conversaciones, subordina su conducta 4 hechos inexactos y hasta cambia sus hábitos favoritos. Así, inmotivadamente, deja de ir durante cinco meses éá casa de los M. sin que hubiera mediado ninguna causa de enojo ó desagrado.

El 6 de Noviembre de 1907, A. llegó 4 la casa con pretextos fútiles, medio escondiéndose, sin encontrar un justificativo para esa aparición subrepticia después de tan larga ausencia. Su actitud un tanto extraña incomodó un poco á M., quien lo invitó á retirarse en términos algo bruscos, prohibiéndole que en lo sucesivo se metiera en su casa sin permiso. Cuenta A. que ese mismo día, al caer de la tarde, tuvo que volver á la estancia de B. y N., por haber olvidado allí un caballo; el camino obligado costea la chacra de los M. y por allí pasaba cuando salieron de la tranquera varios perros que le encabritaron el caballo, mordiéndole las patas. Excitado por la conducta agresiva de los perros, pues supuso que obedecían 4 una orden de