Crónicas de viaje : (1905-1906) · Unidad 126 de 177

Unidad 126 · 180 JOSÉ INGENIEROS • •'

Texto completo en español de una edición de dominio público con fuente y huella registradas.

180 JOSÉ INGENIEROS • •'

gua un pasado esplendoroso. Pero las preocupaciones femeninas pueden más que un entero volumen de estética; rodando los años, las mujeres se creen obligada's a adulterar su fe de bautismo, en cuyo error son imitadas per numerosos hombres. ¿No sería más respetable que, a cierta edad, cada una hiciera balance de su vida, a'nalizando su obra de madre o de artista, de compañera o de maestra? Verdad es que muchas no han sabido vivir su vida, malgastándola en fruslerías. Pero la Patti . . . Esto es lo cruel : la' Patti es como todas. Cree que una arruga o una cana pesan más en la balanza de la estima pública, que cuarenta años de celebridad. ¡ Si supiera que un solo minuto basta para llenar el marco de una vida !

Estaba sentada frente a una orquesta húngara. El solista de violín, conociéndola, no dejaba de mirarla ; en los pasajes patéticos se levantaba sobre las puntas de los pies, estirándose hacia ella y mirando a lo alto, con actitudes sentimentales. Ella correspondía a sus afanes con muestras de visible interés, marcando el tiempo con la cabeza, tarareando alguna frase melódica y aplaudiendo el final ele cada trozo. Cuando tocaron cierto zarandeado aire de "Lucía" su interés asumió caracteres de emoción; a'l oir la apasionada cadencia sus ojos parecieron dilatarse, iluminados por un extraño brillo interior, y su mirada adquirió súbitamente un resplandor vivísimo, cual de un arma desenvainada. Con el último compás cesó el breve éxtasis y ella cerró los ojos, como queriendo volver el arma' a la custodia de los párpados. Un viejo estuche puede guardar tesoros absolutamente juveniles-

Su marido fumaba a su lado con despreocupación. Estaba

con ellos otra p&reja, de cuya enrevesada parlanchína yanqui

gó'o pudimos descifrar algunos comentarios triviales sobre la

hermosura del día,, la afluencia de extranjeros y el inminente

■' estreno de Buffalo Bill.

Gracias al diplomático mundano pudimos conversar con Adelina. Primero habló don Crisanto ; repitió, como era de prever, la' historia de su pasión juvenil por ella.

— Han pasado más de veinte años — comentó la Pátti.

¡ Pobrecita ! ¿ Quién osaría corregirle que habían pasado cincuPDta ?

Después habló ella. A poco de hostigíx'rla discurrió de sus tnunfns, de sus éxito> pasados. Nos pareció irreparable su nostalgia de la gloria. El placer del recuerdo es giande; pero es