Crónicas de viaje : (1905-1906) · Unidad 22 de 177

Unidad 22 · OBÓKICAS DE TIAJE 45

Texto completo en español de una edición de dominio público con fuente y huella registradas.

OBÓKICAS DE TIAJE 45

fija,' cuyas definiciones incompletas consignan los tratados de patología mental.

Ciertos enamorados tienen la idea fija de su amor. La» sensaciones recibidas por sus cerebros se asocian con otraa que se refieren a la persona amada. Si ven un hermoso jardín, sueñan un idilio eglógico; si oyen un rumor de alas entre las ramas, suponen que los pájaros se aman y desearían aletear como ellos; si un manjar sabe a miel, creen tener entre los propios los otros labios y morderlos como ciruelas maduras ; si tocan un terciopelo, recuerdan la mano cuyo contacto frisa sus nervios, con inefable calofrío; todo perfume despierta una comparación con el que emana de la mujer amada. Si ven el mar de índigo o de ultramarino, reconstruyen un paseo romántico enJaarquilla, como en un verso de Musset; si un reta-zo de cielo, creen descubrir el parpadeo de sus ojos en la titilación de las más luminosas estrellas, como en una canción de Petrarca; si un bosque silencioso, suponen que en traje agreste de ninfa va a salir de entre las frondas, como en una evocación de Fierre Louys. Todo breve ruido semeja a un beso, toda apretura un abrazo, todo contacto una caricia.

El cerebro del amante apasionado es un piano en el cual todas las teclas tocan la misma nota. Sus palabras rematan siempre en el dulce temí.*, su conversación es una interminable estrofa de versos monorrimos. Como a Dafne en la leyenda griega. Pan le ha enseñado a frasear sus soplos en una siringa de pasión, cuyas cañas suenan perpetuamente la historia de Psiquis y de Amor.

Junto con la idea fija se organiza la obsesión ineludible y todopoderosa. El estudiante interrumpe sus estudios; la imagen de la amada le aparece en cada página del libro como una ilustración al agua fuerte; en cada línea lee el nombre del ser amado. En vano vuelve las páginas y salta las líneas: todas tienen la misma ilustración y dicen el mismo nombre. ¿Cambiar el libro? ¿Para quá?

¿Escribir? Inútil pensarlo. Tomar la pluma equivale a escribir una carta de amor, salpicada por lágrimas y entrecortada por suspiros. Una carta que generalmente no se manda, es cierto ; pero una' carta al fin, es decir, algo que traduce la fuerza irresistible, la idea obsesiva. ¿Trabajar? El que está encendido de pasión sólo conserva aptitudes para amar.

Hay excepciones. Así como ciertas enfermedades suele»

46 -lOsK iN cíen ranos

beneficiar a los pacientes — la tuberculosis embellece a Margarita Gouthier, el histerismo ilumina a Santa Teresa, la locura inspira a Hamlet — el amor favorece a algunos enamorados. Este privilegio corresponde a los artistas, y es justo, por ser ellos los más sensibles a la plenitud de las pasiones. Nadie podrá convencernos de que Wagner no amaba al escribir "Tristán e Isolda", Petrarca al rimar los sonetos a Laura, Canova al esculpir &t.i Dafne y Cloe, Leonardo al pintar la Gioconda. La llama que consiunió sus corazones nos ha dejado prodigiosas cenizas.

En los demás el amor es una catástrofe. Los hombres puntuales yerran sus citas y los inteligentes proceden como aturdidos; las niñas coquetas parecen tontas y las risueñas tórnanse mustias. Por una sola y eterna- causa : la idea fija, la obsesión.

Se dice que no hay enfermedades sino enfermos. En el (mismo sentido podría afirmarse que no hay una enfermedad de amar sino enfermos de amor. Cada sujeto se enaino(ra de (lisíinto modo, según sus idiosincrasias personales.

La timidez, las ilusiones, la obsesión, difieren en cada eamo. Así como la pulmonía reviste caracteres distintos en un viejo y en un uiño^ en un atleta monstruoso y en una histérica sentimental, el amor presenta aspectos diversos en cada entaDiorado. En ello intervienen cien factores: la edad, el sexo, la profesión, la raza, la intelectualidad, el rango, el climia, el temperamento, la oportunidad; ninguna circunstancia carece de significación en el amor.

Además, en un mismo individuo, la enfermedad suele presentar muchas formas; los antecedentes amorosos de cada amante varían al aparecer una nueva crisis. Un éxito precedente no puede influir lo mismo que un fracaso ; las condicio- . nes morales de la persona amada tienen que modificar los caracteres de la pasión que ella inspira

Por eso las variedades son infinitas. El uno ama sabiendo que es correspondido con vehemencia superior a todos los obstáculos; el otro se apaga lánguidamente y se suicida ante el amor imposible ; éste mata en ,su crisis de, celos ; aquél paga (íon su vida el precio de un amor absoluto, o ve triunfante un rival, o siente serpentear en su alma la pasión culpable : son los héí'oes de Shakespeare y de Goethe, de Musset y deGoneourt.