Crónicas de viaje : (1905-1906) · Unidad 46 de 177
Unidad 46 · CEÓNICAS DE VIAJE 75
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CEÓNICAS DE VIAJE 75
Segantini y Michetti, Signorini, Dalbouo, Cárcano, interpretaban la fisonomía de sus ambientes respectivos, con su luz, su color, sus caratíterísticas regionales y hasta con el alma nativa de sus terruños. En sus cuadros se reflejaban la vida pintoresca del ambiente y la psicología espontánea de las poblaciones. En cambio, en la mayoría de los actuales expositores se peícibe un amaneramiento en la técnica y una disciplina común en la interpretación del paisaje; falta en sus cuadros la ingenuidad sincera que es el mérito más relevante del alma artística. Durante la época neoclásica y la romántica estas faltas habrían podido pasar inadvertidas, pues la inventiva y la composición bastaban para llenar un cuadro; desde que se concedía librn campo al trabajo imaginativo, la sinceridad pasaba a ocupar un puesto secundario, PeTo en nuestros días, después de un largo y honorable i^aréntesis de realismo, de verismo, resulta chocante la ausencia de sinceridad.
Cabe una defensa : ' ' vemos de otra manera, y nuestra sinceridad consiste en pintar como vemos". Esta explicación sería aceptable si la dieran uno o diez pintores, considerados individualmente. Así como no hay dos hombres con fisonomía igual, no los hay con olfato, con gusto o con vista igual. Todos vemos diferente; esta desigualdad subjetiva es indiscutible. Pero el argumento falla si se pretende generalizarlo y formar escuela; podemos aceptar la sinceridad de un impresionista, pero no de los pintores que siguen el impresionismo como escuela. Hoy, en general, el ser humano ve como hace cincuenta años. Las condiciones físicas de la materia que determinan la sensación de línea, luz, color, relieve, perspectiva, no han cambiado; el mecanismo fisiológico del ojo humano sigue siendo el mismo, ^anto en sus medios refringentes como en la retina. En suma, objetivamente, no es admisible que la generalidad de los pintores "vea de otra manera".
Creemos que ven lo mismo, pero interpretan de otro modo. Y en esa interpretación está la falta de sinceridad o la falta de personalidad, trátese de imitadores o de sugestionados. Esas son, en efecto, las dos categorías de hombres que forman una capilla o una escuela en torno de todo innovador de talento. Los imitadores siguen a sabiendas la ruta que el talento marca en el gusto del. público; los sugestionados creen que esa es de verdad su propia ruta. Unos y otros, poco a poco, encuentran razones técnicas que justifican la nueva manera; es fácil, por otra parte, pues siempre hay algún poco de razón en cualquier cartilla doctrinaria. Así como el embustero acaba por creer en
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