Crónicas de viaje : (1905-1906) · Unidad 53 de 177

Unidad 53 · CRÓNICAS DK VIAJE 83

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CRÓNICAS DK VIAJE 83

No ignoran la expresión de ningún sentimiento humano. Son divinas e infernales, castas y voluptuosas, tiernas y violentas: todas las manos del universo están ''esenciadas" en las suyas. Extinguidas de romanticismo cual las ve Burne Jones, sensuales como las sintió Murillo para sus vírgenes, viciosas como las que pone Anglada a sus mujeres de Mont* uiartre, ensortijadamente aristocráticas las de Ingres, exiguas \- frágiles en las damas de Gainsbourough, transparentes de poesía las de John Sargent, tranquilamente desmayadas las que en sus telas insinúa Puvis de Chavannes.

üi a la mano se crispa como garra que se clava y no sueltí*', i'agga como lima que muerde, se aliviana como espunm flotante, se tuerce como espasmo que desespera, se enarbola como enseña que llama, se aprieta como un nudo sofocador, se oculta como estrella que se apaga, avanza como un puñal vengativo, crepita como antorcha incendiaria, se vuelca como lluvia inundante, desborda como aluvión devastador, voltigea como torbellino que arrasa. Es lúgubre y serena en el delito; •mi)uña el arma con donaire, como la mano del Perseo de Benvenuto Cellini : tranquila sobre la espada que decapitara a ^ledusa. Es, también, orgullosa y humilde en la ternura; no perdería su garbo si le tocara sostener a un Jesús inmutable. como la Virgen de la Pradera de Rafael.

Eí;;, empero, suprema en el amor. La mano fué siempre el más elocuente mensajero y el más indisoluble nudo amato* rio. Julieta nació a la dicha cuando Romeo tocó su mano ingenua. Siempre ©1 corazón lleva su fuego a las manos ; y éstas atraen como al hierro dulce el imán, como a la abeja el polen, •orno al toro la capa de escarlata. Así esparcieron el amor sobre el mundo las manos transparentes de Cleopatra, tena- 7.a& de corazones; las manos de Mimí que buscaban en la obs* (airidad, tropezando como dos mariposas ciegas; las mano¿! embriagadoras de Manon y las satánicas de la Montespán, in* í^aeiables pulpos de voluptuosidad; las manos inseguras de Mme. Bovary, traidoras de su ilusión antes que el labio, engañando al propio corazón incomprensible ; las soñadoras de rnil Ofelias y Eloísas, adelgazadas por el amor que enfiebra su apretón de manos. ¿Recordáis la galante cuarteta de Vob taire a las gárrulas manos de la Pompadour? Tuvo razón Gabriel D'Annunzio — discreto elogiador de manos — al resu^ nnr en las de Silvia Settala toda la poesía de la belleza y del amor.'^. .

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