Crónicas retrospectivas del teatro por un cómico viejo · Unidad 44 de 103
Unidad 44 · HISTORIA QUE PARECE CUENTO * 149
Texto completo en español de una edición de dominio público con fuente y huella registradas.
HISTORIA QUE PARECE CUENTO * 149
hitamente de actitud, hundió el arma en su pecho; cayó bañado en sangre, se suspendió la representación, ¡nadie acertaba á explicarse locura tan radical!
La herida no fué de muerte, pero tardó mucho en curarse.
Cuando aliviado, y aun en el lecho del dolor, pudo dar explicaciones á sus compañeros refiriendo la verdad del sucedido y las señas de su ingrata, los cómicos lo comentaron en el corral del Príncipe, y entonces dijo el alojero (i):
— ¡Ya sé quién es! Una dama muy hermosa; vino á mi puesto acompañada de un caballero, que le decía ofreciéndole un vaso de aloja: «Bebe, bebe, que estás muy impresionada.» — «No lo creas, ¡ay, qué razón tenía el padre fray Telmo! Los comediantes son dignos de menosprecio. ¡¡Vaya una ocurrencia, matarse en escena!!» El me preguntó si se conocían las causas, y al decirle que sería cosa de amores, exclamó ella: «¡Ah!, ^pero los comediantes toman en serio esas cosas?»
(i) Alojero: Cualquiera de los dos aposentos que había en los teatros de comedias de Madrid, que estaban debajo de la cazuela casi al nivel del patio. —El sitio en que se ponía el Alcalde en las comedias. — Aloja: Bebida compuesta de agua, miel y especias.
Los gcnjeíos del Presidcijfe.
En los más de los antiguos coliseos de las capitales de provincia se ven aún los palcos llamados de la Presidencia.
La Revolución del 68 hizo perder á dichas loca-f lidades su carácter oficial.
El palco citado se construía en el lugar central del piso entresuelo; en su mueblaje, formado de estrados, en el escudo y en las divisiones de ambos lados, hechas con leones ó esfinges en oro, quedaba de manifiesto que aquel suntuoso local pertenecía al Ayuntamiento, y era el aposento de los Reyes cuando en su visita á la población asistían á la función de gala.
Los señores del Concejo presidían los espectáculos y debían circunscribirse al reglamento vigente en aquel entonces; mas lo vulneraban con cientos de arbitrariedades, que ocasionaron serios y muy graves conflictosi
Tenían las Presidencias un salón de descanso, para que en los blancos pudieran los ediles fumar, refrescar y también refrigerar los estómagos con dulces, pastas, y hasta cenar formalmente — ^por qué no? — si lo pagaban las arcas del Municipio.
El Concejal-Presidente debía hallarse en su puesto á la hora señalada para la función, y ésta no podía empezarse sin dicho requisito.
En la parte interior de la barandilla del palco se colocaba diariamente un cartel, de los grandes, que servía para tener exacto conocimiento del programa y hacer las señales cuando se otorgaba alguna repetición.
La fuerza armada subordinada á la Autoridad presidencial la constituían tres ó cuatro parejas de alguaciles, uno de éstos con permanencia en el fondo del palco para recibir instrucciones, y dos parejas de la Guardia civil, con uniformes de media gala.
Cuando el público quería bisar alguna romanza, parlamento ó escena, se llevaba á cabo la concesión, si el usía lo juzgaba oportuno; entonces hacía una seña al municipal de guardia; éste avanzaba
El masstrj D. José Vidal
en 1869.
Director del teatro
en aquella época.