Cuadros de costumbres · Unidad 84 de 101

Unidad 84 · EL ULTIMO CONSUELO. 169

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EL ULTIMO CONSUELO. 169

— Sí, señora tia, contestó la niña sin dejar de trabajar en su dechado, lo que hacia con sumo placer,, y. en seguida relató la siguiente relación,

En la gran Jerusalen Caminaba hacia el Calvario ; Una afligida mujer Yestida de azul y blanco. — ¿Ha visto V. por aquí Al hijo de mis entrañas? — Por aquí pasó, Señora, Antes que el gallo cantara, Con una cruz en sus hombros De madera muy pesada, ¥ una corona de espinas Que el cerebro le traspasa. Como el madero le abruma^ Tres veces ha arrodillado; ¡Tres veces tocó la tierra Con sus santísimos labios! Allí salió una mujer, Que Verónica la llaman, Con un paño que traia Limpia aquella hermosa cara* Tres dobleces tiene el paño, Tres caras allí estampadas. La primera está en Jaén,. La segunda en Roma estaba Y la tercera en la mar Para consagrar las aguas.

~ Tia, añadió en seguida la niña, aquella cruz, que* tanto abrumaba al Señor que le hizo caer tres veces>3 ¿de qué era que pesaba tanto?

—Pesaba tanto el divino madero por su gran tama-, ño; el tronco era de ciprés, de palma el palo que lo atravesaba, aquel en que asentaron sus divinos pies* de cedro, y la tablilla de las cuatro letras de olivo* que todo tiene gran misterio, contestó á la niña m

170 BIBLIOTECA DB LA ILUSTRACIÓN POPULAR.

lia. Pero, ahora, prosiguió, ya puedes dejar tu tarea y ponerte á jugar, hija mia.

La niña dobló con mucho primor su techado, que guardó con la seda y el dedal en una faltriquera que, formada de la misma tela, tenia anexa la almohadilla; en seguida se levantó, y arrodillándose ante una imá- .gen de bulto de la Señora, que estaba colocada sobre una mesa, cruzó sus manitas y dijo:

Virgen Santísima, Vuestra esclava soy; Con vuestra licencia, A jugar me voy. Con vuestra mano bendita, Madre de mi corazón, Aunque soy pecadorcita.... Dadme vuestra bendición.

En seguida se puso á vestir un niño de barro, que después de cuidadosamente envuelto en uno délos recortes que le habia dado su tia, acostó en sus brazos, meciéndolo y cantándole suavemente la tonada ?[ue para dormir a los niños tienen sus madres, inantilmente denominada la nana, con la siguiente copla:

Todo lo chiquitito Me hace gracia, Hasta los pucheritos De media cuarta.

—¿No quieres dormir? añadió, sentando a su niño ^n la falda, pues entonces, te voy á enseñar á r&tar. Por las mañanas, lo pri mérito que se dice es:

¡Bendita sea la luz del dia, Y el Señor que nos la envia! Tenga V. muy buenos dias. — Y para acostarse, prosiguió la niña, se dice:

Me acuesto con mi Señor, Que no hay otro mejor,