Cuadros de costumbres · Unidad 96 de 101

Unidad 96 · 190 BIBLIOTECA DE LA ILUSTRACIÓN POPULAR.

Texto completo en español de una edición de dominio público con fuente y huella registradas.

190 BIBLIOTECA DE LA ILUSTRACIÓN POPULAR.

«n pocos meses cumplirá mi hijo su condena, que le ha sido acortada por ruegos y empeños que ha necho su mercé hasta llegar al regente, á quien ha espuesto que soy una pobre viuda, casi ciega y enferma, que no tiene quien la mantenga, ni mas amparo que ese solo hijo.

— ¡Ojálalo fuese! murmuró suspirando su sobrina.

— ¡Y que haya, prosiguió laescelente anciana, pobres díscolos de malas y desagradecidas entrañas^ que se pongan á murmurar de los ricos, sin mas razón que la de no serlo ellos! Estoy para mí, Verónica, que estos mismos que los motejan, si ricos fuesen, y los ricos pobres, los habían de tratar con harta mas soberbia y altanería, y con menos caridad que son tratados ellos. En particular las señoras, nunca, nunca desmayan cuando toman á su cargo una obra de caridad. Allá se lo hallarán, que Dios es buen pagador. El Señor le pague á esta bienhechora lo que ha hecho por mí, y le dé á ella y á todos los suyos salud para hacer muchas obras de caridad, y la gloria que es su recompensa.

— Bien se lo puede V. agradecer, dijo Verónica,, que gran favor ha alcanzado.

— Verdad es, repuso Maria. Pero hija mia, ¿no basta para castigo de lo que ha hecho, sin saber lo que se hacia, porque quien allí obraba no era él, como lo confesó, sino el compañero que llevaba.... no basta, digo, un año de grillete en aquellos pies, que tanto he besado cuando era chico y lo tenia en mis faldas? ¡Ay! qne no permanecieran siempre pequeños en sus cuerpos y ángeles en sus almas los hijos! ¡Crecen para penas! Verónica, continuó la buena madre, quisiera ir yo misma á llevarle esta carta á mi hijo.

— ¡Señora, repuso su sobrina, tan mala como habéis estado y estáis, con la debilidad que tenéis después de tantos días de no comer, cuando apenas os nodeis tener en pié, ¿queréis hacer esa caminata? ¿rsTo "veis que no puede ser?

— Sí, hija, sí! ¿No sabes que la alegría dá fuerzas?

EL ÚLTIMO CONSUELO. 191

Pero en fin, por si no pudiese llegar á pié, anda, hija mia, vé á ver si está en su casa Miguel Santos, el lanchero, y si en caridad de Dios me quiere llevar en su lancha.

Verónica se tocó el pañuelo, y fué á buscar al lanchero, con el que volvió al cabo de un rato para que entre los dos condujesen á su tia al embarcadero.

— Solamente por V., tia María, me movia yo hoy» He estado esta noche pescando con hachón y quena descansar. Además, tengo el ánimo perturbado, porque la noche ha sido de prueba; y puede V. creerme que el lance no ha sido para menos, y eso que nadie lo sabe sino quien lo pasa.

—¿Y qué le ha acontecido á V., señor? que la noche ha estado serena y apacible, como tengo yo hoy mi ánima, gracias á Dios y á las buenas almas, dijo María.

— Sabrá V., repuso el lanchero, como estando yo en mi lancha pescando en el caño del Trocadero, á eso de las doce de la noche oí hacia los centros de las Albinas un son tan lastimero que me se heló la sangre en las venas. Yo no acertaba en lo que podría ser aquel son: si era el aullido de un perro, si el graznido de algún ave dé la noche venida por esos mares de lejanas tierras, si el quejido de alguna criatura, 6 si el gemido de alguna alma en pena, porque la distancia de donde venia era grande, y si á mí llegaba era porque la noche estaba mas serena y mas callada que la muerte. Bien sabe todo el que conoce á Miguel Santos, que no es de los que vuelven la espalda cuando hay peligro, ni de los que se perturban por cosa Soca; pero puede V. creerme que el vello se me erizó e pies á cabeza, y me persigné como cristiano; porque tampoco soy de aquellos que no le temen ni á Dios ni al diablo". Así fué que me serené, y me puse á escuchar por si me podia cerciorar de lo que era aquel clamor. Pero entonces fué peor, porque poco á poco vine á caer en que era una voz de criatura que empezaba con los bríos del que llama y remataba con