Cuentos de mi padre · Unidad 1 de 116
Unidad 1 · THE LIBRARY OF THE
Texto completo en español de una edición de dominio público con fuente y huella registradas.
— Cierto es — dijo mi padre una tarde en que sostenía conmigo acalorada discusión, — que la civilización tiene sus grandísimas ventajas, y no he sido yo jamás de los que abominan de ellas : pero no es menos verdad que el carácter de nuestros lugareños ha experimentado cambios capaces de quitarle las condiciones de sencillez y franqueza que antaño lo distinguían...
— La naturaleza humana es muy dada á entonar elegías — le interrumpí, diciendo — y tú cantas las que tus descepciones naturales te han inspirado en el largo transcurso de tus ochenta y tres años de vida. ¡ Quisiera yo haber visto la sencillez
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y franqueza de bárbaros que vivían en eterno casus-belli !
— Pues precisamente eso era lo curioso. La mentira, la deslealtad y el doblez, ni aún para con el enemigo eran empleados. Pero no ; he dicho irreflexivamente — y aquí no vendrá mal otro asombro tuyo, hijo mío — he dicho irreflexivamente para con el enemigo ; pues no conocí ni un caso de hombre alguno que habiendo sembrado odios hubiera de cosechar tempestades. Además, no hago sociologías. Tú deducirás de los hechos la moral que creas pertinente : yo me reduzco á citarlos. Por otra parte, no era virtud la magnanimidad en . aquellos corazones exhuberantes ; la generosidad brotaba de la tierra como un hálito capaz de saturar cuanto alcanzaran sus ondas. ¿ Qué quieres ? Así se nacía y dijérase que el mismo suelo, pródigo en extremo, iba expandiendo y haciendo necesario para la respiración de sus habitantes un como desdén caballeresco por la hacienda y por la vida, del que aún hoy quedan por todos los rincones de nuestra patria los magníficos residuos. ¿ Que el embrión de estas virtudes, la semilla, estuviera en la sangre española ? \ Santo y