Cuentos, diálogos y fantasías · Unidad 47 de 248
Unidad 47 · EL BERMEJINO PREHISTÓRICO gi
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EL BERMEJINO PREHISTÓRICO gi
durar. El cielo ha estado benigno conmigo, aunque no lo merezco, proporcionándome ocasión de dejarte con razonable motivo, sin que puedas tú tildarme de galán sin entrañas. Adherbal no está en Tiro. Mi deber es perseguirle. La ofensa que me ha hecho no puede quedar impune. Tú misma me tendi'ías por vil y cobarde si yo no me vengara. No extrañes, pues, que te deje para cumplir con esta obligación. Adiós, adiós para siempre, ]oh generosa y dulce amiga I»
Tal era la carta que escribió Mutileder, en buen fenicio, sin ninguna falta de gramática ni de ortografía. Chemed la leyó con lágrimas en los ojos y haciendo otros mil extremos de amoroso sentimiento.
Mutileder, entre tanto, caballero en su dromedario y lleno de impaciencia, iba trotando y galopando hacia Jerusalén. Harto de la pausa con que la caravana marchaba, tomó un guía, poseedor de otro dromedario tan ligero como el suyo, y se adelantó al resto de sus compañeros de viaje. Así llegó en pocas jornadas á la ciudad que casi había creado David, y que Salomón acababa de fortiñcar y hermosear con admirables monumentos. La había ceñido de altas torres almenadas y de fuertes y gruesos muros; había edificado, sobre gigantescos y firmes sillares, en la cumbre del monte Moría, donde fué el sacrificio de Abraham, el maravilloso y único templo del Dios único, y había coronado las alturas de Sión con inexpugnable ciudadela y con alcázar suntuoso.
Dilatando Salomón sus conquistas al Sur del
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mar Muerto; domeñando á los hijos de Edom, de Amalee y de Madián, y enseñoreándose de Elath y de Aziongaber, abrió puertos para comerciar con el Hadramauth y el Yemen, con el alto Egipto, con la Nubia y con las Indias orientales. Cortando luego las corpulentas hayas y los pinos y cedros seculares del Líbano; haciéndolos llevar en hombros de los más robustos varones de las naciones vencidas, como de los rejaim^ por ejemplo, raza descomedida de gigantes, que casi ladraban en vez de hablar; y trabando entre sí los leños con arte y maestría, hizo formar Salomón flotantes castillos que resistiesen el ímpetu de los huracanes y el furor de las olas. En medio del desierto, Salomón había fundado á Tadmor, célebre después con el nombre de Palmira, en un oasis lleno de palmas, á fin de que fuese emporio riquísimo y lugar de reposo de las caravanas que iban desde las orillas del Jordán á las del Eufrates y del Tigris; á Damasco, á Nínive y á Babilonia. Estaba, por último, interesado Salomón en el comercio de los fenicios con Tarsis ó Iberia, patria de Mutileder, y aun de más allá, hacia el Occidente y Norte del mundo; bastante más allá, porque las naves tirias llegaban hasta el Báltico. Por todo lo cual refluía sobre Jerusalén cuanto Dios crió de bienes temporales. La plata era tan común, que se miraba con desprecio. Todo se fabricaba de oro purísimo, hasta los trastos de cocina. De Arabia venían perfumes; de Egipto, telas de lino, caballos y carros; esclavos negros y marfil, de Nubia; y especierías, y madera de sándalo, y perlas, y diamantes, y papagayos y jimios