Cuentos morales · Sección preliminar

Portada, índice y prólogo

Texto completo de esta unidad literaria, reunido aunque el lector la divida en 1 tramo técnico para mejorar el rendimiento.

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CUENTOS MORALES

OBRAS

(Olarín)

FU. Ct.

El derecho y la moralidad —

Programa de economía.

Alcalá Galiano (Conferencia)

Doña Berta— Cuervo— Superchería :)

La literatura en 1881. (P^n colaboración), 3.^ edición, (agotada) »

La Regenta (novela), dos tomo.s, (agotada) »

Su único hijo (novela) 4

Sermón perdido (critica), 3,*^ edición 3'50

Pipa. (Novelas cortas), 2.*"^ edición 4

Nueva campaña, (crítica) 3'50

FOLLETOS LITERARIOS: I-Un viaje á Madrid. . . 1

» II— Cánovas y su tiempo. 1

» III— Apolo en Pafos 1

» IV— Mis plagios 1

» V— A 0'50 poeta 1

» VI— Rafael Calvo y el

teatro español. . . 1

» VII— Museum 1

VIII— Un discurso 1

Mezclilla, (crítica) 3'50

Solos de Clarín, 4.*^ edición, ilustrada 4

B. Pérez Caldos (semblanza biográfica), 2.'''^ edición 1

Ensayos y revistas, (crítica) ^ 3'50

El señor, y lo demás, son cuentos 3

Palique, (crítica) 3

Teresa (ensayo dramático), 2.* edición 1

(OLARÍZN)

CUENTOS MORALES

EL CURA DE VERICUETO-BOHONA

LA CONVERSIÓN DE CHIRIPA ~£L NUMERO UNO

PARA VICIOS-EL OUO DE LA TOS-VARIO

LA IMPERFECTA CASAOA-UN GRA3AD0-EL TORSO

CRISTALES-DON LRBANO-EL FRIÓ DEL PAPA

LEÓN BENAVIDES-EL QUIN-LA NOCHE-MALA DEL DIABLO

ORDALIAS-VIAJE REDONOO-LA TRAMPA

DON PATRICIO-EL SUSTITUTO

EL SEÑOR ISLtl-SNOB—FLIRTATION» LEGITIMA

EL CABALLERO DE LA MESA REDONDA-LA TARA

GONZÁLEZ BRIBON-LA REINA MARGARITA

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94-3. ^3.

M A D lU D LA ESPAÑA EDITORIAL

CRUZADA, 4, UAJO «KRECHA

180G

Es propiedad.

Queda hecho el depósito que marca la ley.

íMP. del 8UC. DE J. CHUZADO Á CAUGO DK F. MARQUÉS

Blasco áe Oaray, 9. — Teléfono 3.146.

PRÓLOGO

Muy corto. Me paso la vida disertando acerca de materia estética, pero no me gusta hacerlo tratándose de mis propias obras. Esto no es un programa literario, ni defensa de escuela, tendencia ó cosa por el estilo; es, sencillamente, una breve explicación del título de este libro. No digo Cuentos morales en el sentido de querer, con ellos, procurar que el lector se edifique, como se dice; mejore sus costumbres, si no las tiene inmejorables; y declaro que no aspiro á esos laureles que ciertas gentes, que confunden la ética con la estética, tienen reservados para las buenas intenciones.

Yo soy, y espero ser mientras viva, partidario del arte por el arte, en el sentido de mantener como dogma seguro el de su sustantividad independiente. No hay moda literaria, ni reacción que valgan para sacarme de esta idea. Sigo opinando que los libros no pueden ser morales ni inmorales, cómo los Estados no pueden ser ateos ni católicos, á no ser en el

LKOPOI.nO Al.AS

mundo de los tropos peligrosos. Aun reduciendo el significado de moral á la virtud que una cosa puede tener para moralizar á los que cabe que sean seres morales (los individuoH racionales), diré que mis cuentos no son moraJe^ en tal concepto. Los llamo así, porque en ellos predomina la atención del autor á los fenómenos de la conducta libre, á la psicología de las acciones intencionadas. No es lo principal, en la mayor parte de estas invenciones mías, la descripción del mundo exterior, ni la narración interesante de vicisitudes históricas, sociales, sino el hombre interior^ su pensamiento, su sentir, su voluntad.

Al dar ese tinte general á estos cuentos (como lo tienen otros antes publicados y muchos que se publicarán, si Dios quiere, más adelante) no sigo inspiración ajena, ni tendencias de escuela, ni pruritos de la moda, ni nada que se le parezca: no sigo más que naturales impulsos que la edad imprime en quien llega á la mía y es, por vocación y hasta por oficio, inclinado á reflexionar un poco. Ya lo han dicho muchos escritores insignes: el lado moral de la vida preocupa al hombre amigo de pensar, más que cuando la vida empieza, ó está en su florecimiento, cuando nos vamos haciendo ricos de experiencia del mundo... para aprender á dejarlo dignamente. Tal vez esto

contribuya á que el progreso moral no sea tan rápido como otros: los que más tienen que hacer en el mundo todavía, los jóvenes, no saben lo que deben hacer; y á los viejos, los que ya saben algo de la vida... lo que más les importa es saber morirse.

Yo no soy viejo todavía; pero, como si lo fuera... porque ya no soy joven. Si en la juventud hubiese sido poeta, en el fondo de mis obras se hubiera visto siempre una idea capital: el amor, el amor de amores, como dice Valera, el de la mujer; aunque tal vez muy platónico. Como en la edad madura soy autor de cuentos y novelillas, la sinceridad me hace dejar traslucir en casi todas mis invenciones otra idea capital, que hoj me llena más el alma (más y mejor ¡parece mentira! ) que el amor de mujer la llenó nunca. Esta idea es la del Bien, unida á la palabra que le da vida y calor: Dios. Cómo entiendo y siento yo á Dios, es muy largo y algo difícil de explicar. Cuando llegue á la verdadera vejez, si llego, acaso, dejándome ya de cuentos, hable directamente de mis pensares acerca de lo Divino.

Hay quien nace para joven y quien nace para viejo. Yo confieso que soy de los últimos; pues, aunque tuve algún tiempo el oTgullo de ser uno de los más puros rumiantes de amor platónico, jamás las cosas raras y profundas

que el amor de mujer me hizo sentir en la juventud, fueron algo tan dulce, tan suave, tan de las entrañas, tan mío, como esto que ahora siento y pienso á veces, y que no va con ella^ sino con Dios y el Universo suyo. Mi leyenda, mis ensueños de la Idea Divina, ya empezaron cuando empezaban.mis ensueños amorosos, de don Juan por dentro. . • , y á todas mis Dulcineas las he ido siendo infiel; y mi leyenda de Dios queda, se engrandece, se fortifica, se depura; y espero que me acompañe hasta la hora solemne, pero no terrible, de la muerte.

He hablado tanto de mí mismo y tan poco de intereses generales literarios, porque la razón de ser mis cuen^tos como son, se funda en cosas mías, no en influencias ni propósitos escolásticos.

Hágame el público el favor, aunque le aconsejen otra cosa algunos críticos, de no ver en este libro y otros que escriba y se le parezcan, un prurito de novedad (valiente novedad), un amaneramiento exótico. Tanto valdría llamar amanerado al otoño, la estación más filosófica del año... y de la vida.

Clarín.

Noviembre de 1896.