Cuentos trágicos · Unidad 68 de 105
Unidad 68 · CUENTOS TRÁGICOS 165
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CUENTOS TRÁGICOS 165
historia nos enseña que, por entonces, solían ser estos vagabundos quienes, de corte en corte, llevaban misiones extrañas, encargos de reyes deseosos de deshacerse de otros monarcas ó príncipes, y entre sus frascos, no todos eran de perfumes... Una mañana, el senor de Diamonde amaneció rígido, muerto en su lecho, denegrido y cubierto de lívidas señales; y de este castillo desaparecieron, llevándose las doblas de oro del arca, Mafalda la portuguesa y el aventurero envenenador... Y ahí tiene usted—acabó el maldito arqueólogo, sonriendo como un Maquiavelo burlón—, la prosaica, aunque melodramática verdad de la le— yenda de la torre. Las pastoras dicen que doña Mafalda fué arrebatada por el demonio, que había tomado la figura de un gallardo doncel, y que el alma de la triste castellana, perdida de amores, se : asoma de noche á esta ventana misma, exhalando ayes muy semejantes al ululante gemido del viento de la sierra... ¡Ya lo creo! Como que no es el alma la que imita al viento, sino el mismo viento el que remeda el quejido del ánima condenada...
NY] CITA | LEO: INIA
LA ALMOHADA
La tarde antes del combate, Bisma, el veterano guerrero, el invencible de luengos brazos, reposa en su tienda. Sobre el ancho Ganges, el sol inscribe rastros bermejos, toques movibles de púrpura. Cuando se borran y la luna asoma apaciblemente, Bisma junta las manos en forma de copa y recita la plegaria á Kali, diosa de la guerra y de la muerte. :
«¡Adoración á ti, divinidad del collar de crá— neos! ¡Diosa furibunda! ¡Libertadora! ¡La que usa lanza, escudo y cimitarra! ¡A quien le es grata la sangre de los búfalos! ¡Diosa de la risa violenta, de la faz de loba! ¡Adoración á ti!»
Mientras oraba, Bisma creyó escuchar una ar— diente respiración y ver unos ojos de brasa, devoradores, efectivamente, como de loba hambrienta, que se clavaban en los suyos. Jamás Kali, la Exter-
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minadora, se le había manifestado así: un presentimiento indefinible nubló elcorazón del héroe. Casi en el mismo instante la abertura de la tienda se ensanchó y penetró por ella un hombre: Kunti el bramán. Silencioso permaneció de pie ante Bisma,. y al preguntarle el Longibrazo qué buscaba á tal hora allí, Kunti respondió, espaciando las palabras para que se hincasen bien en la mente:
—Bisma, sé que al rayar el sol lucharéis los dos bandos de la familia, hermanos contra her— manos. Quiero amonestarte. Medita, sujeta las serpientes de tu cólera. ¿Qué importan el poder, los goces, la vida? Son deseos, aspiraciones, ilu— siones; el bien consiste en la indiferencia. El sa— bio, cuando ve, oye, toca y respira, dice para sl: -—Es otro, no yo mismo, no mi esencia quien hace todo esto.—El insensato está aherrojado por sus deseos. El autor del mundo no ha creado ni la actividad ni las obras: lo que tiene principio y fin, no es digno del sabio. Junta las cejas, iguala la respiración, fija los ojos en el suelo... y no pien— ses en pelear contra tu descendencia.
—No es igual el bramán estudioso al chatria batallador — contestó desdeñmosamente Bisma—.
Para el chatria, no hay manjar tan sabroso como
un combate. Para el chatria, la muerte es muy
preferible á la deshonra. El varón á quien agra— dan los quehaceres propios de su casta, ese es va= rón perfecto. Además, también sé yo, aunque ru—