Cuentos trágicos · Unidad 74 de 105
Unidad 74 · CUENTOS TRÁGICOS 179.
Texto completo en español de una edición de dominio público con fuente y huella registradas.
CUENTOS TRÁGICOS 179.
encontraba á mi lado Roberto. Me levanté aprisa, deseosa de servirle el desayuno: le llamé; llamé á los criados: nadie le había visto; ni estaba en la casa, ni enel jardín. En las dos puertas, ambas abiertas, hallábanse puestas las llaves. Entonces, mi desazón de la víspera se convirtió en una especie de vértigo: el corazón se me salía del pecho; despa— ché á los sirvientes en busca de su amo; y cuando se disponían á obedecerme, he aquí que se me llena la casa de gente de las cercanías, que traía la noticia fatal. A poca distancia... en la cuneta del camino... con varias puñaladas en el vientre y pecho... Aquí la señora sufrió la aflicción natural; la acudí con éter, que tengo siempre á mano, y cuan- - do se sosegó un poco, no fué ella quien siguió relatando; fuí yo quien inquirí, con jadeante curiosidad: ¿Le matarían por robarle? —NO0 tal. ¡El cinto con el oro... apareció sobre una silla, en mi cuarto! —Calma, señora—murmuré —; no nos atropellemos. ¿No pudo el asesino quitarle las llaves y - aprovecharlas para entrar furtivamente en la casa y en el dormitorio?... ¿Usted le vió la cara á su A marido? ] dl La señora saltó, literalmente, en la silla; creí que iba á abofetearme. | Esa atrocidad no me la repita usted, doctor,
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si no quiere que me mate y que mate antes a; niño...—y los ojos desquiciados me lanzaron una chispa de furiosa locura—Pues qué, ¿confundiría yo con nadie á mi Roberto? Su voz, sus brazos, ¿se parecerian á los de nadie? ¡No lo dude usted! Era él mismo... era su alma... y por eso mi hijo no tiene cuerpo... es decir, no tiene vigor físico, carece de fuerzas... Es hijo de un alma... Eso es, y nada más... Si no lo entiende usted así, doctor, bien poco alcanza su ciencia... Pero ya que no van
ustedes más allá de la materia, voy á darle á us-
ted una prueba, una prueba indudable, evidente, para confundir al más escéptico... Mire este retrato, de cuando mi esposo era niño...
Sacó del pecho un medallón que encerraba una fotografía; lo besó con transporte, y me lo entregó. Confieso que di un respingo de sorpresa: vela exactamente el mismo semblante del niño, que á dos pasos de nosotros, detrás de la cerrada cti se entretenía en hojear ilustraciones...
—¡Eso ya es difícil de explicar! —exclamé, interrumpiendo al médico.
—NO, no es difícil... Se han dado casos de que hijos de segundas nupcias de la madre, saquen la cara del primer marido! Hay una misteriosa huella del primer hombre que la mujer conoció, persistente en las entranas... Pero yo tuve la caridad de aparentar una fe que científicamente no podía sentir... No quise volver loca del todo á la infeliz