Cuentos trágicos · Unidad 81 de 105

Unidad 81 · 196 | E. PARDO RAZÁN

Texto completo en español de una edición de dominio público con fuente y huella registradas.

196 | E. PARDO RAZÁN

—Soy carpintero de armar... Pero ahora estamos en huelga.

—En huelga? —preguntó severamente el médico, frunciendo el ceño y clavando el mirar en la cara del cliente.

—Si señor... Eso no es cosa mala... Como usted me enseña, con la huelga nos defendemos de los patronos. Ejercemos un sagrado derecho.

—Bueno, bueno... ¿En huelga, eh? Pues venga esta tarde. Le espero.

A la tarde, el doctor desnudó al niño, le extendió sobre la mesa, y le adurmió con el clorofor= mo, porque la operación era y tenía que ser lar— ga. Con la celeridad asombrosa que le caracteriza, abrió de un seguro tajo el costado, por la espalda, y fué ensanchando la incisión y aislando el tumor para extraerlo. El padre, de pie, con el aliento congojoso, miraba el instrumento que sajaba y cortaba en aquella carne de sus amores. Un temblor agitaba sus miembros, y por su frente rezumaba un sudor frío. ¡Qué herida tan enorme! ¿No ¡ie sacarían por allí las tripas, al malpocado? ¿No le vaciarían, como á un cerdo? Y cuando la atroz hipótesis se le estaba ocurriendo, he aquí que el doctor suspende su trabajo, levanta el

bisturÍ... y, sentándose cerca de la ventana, coge

un libro y se pone á leer tranquilamente. —Qué es eso, señor? ¿No sigue?—preguntó el padre, receloso,

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CUENTOS TRÁGICOS 197

—No, hombre...—exclamó el médico, calmosamente—¡Me declaro en huelga!

—Qué dice? —exclamó aterrado el obrero, sin saber siel doctor Zutano hablaba en serio 6 bromeaba. - —No está claro? Soy huelguista yo también... Vaya, esto se deja para otro día. Abur. Me retiro á descansar.

—Pero...¿y el niño?¿Va á quedarse así el niño?

—Y á mi que me cuentas? La huelga es un derecho, un derecho sagrado.

—Pero, señor, el niño! ¡Que está abierto, que está ahí como muerto! ¡Señor, por el alma de quien tenga en el otro mundo!

—Crees tú en el otro mundo?—preguntó muy formal el doctor—¿Crees en el alma? Mira, lo dudo, porque os tienen mareados y ya ni sabéis lo que creeis... En fin, yo me voy á dormir una siesta; estoy en huelga, como sabes. ..

Más blanco que la cera el padre; empezando á entender que aquello iba deveras, que su hijo se moría, abierto, despedazado, con el estertor que le causaba el anestésico—echándose de rodillas, gimiendo, imploró: |

—Señor! ¡Que es mi hijo! ¡Que soy su padre, señor! ¡Su padre!

—Eso te vale, zángano! —murmuró el médico; —y, dando un empujón ligero al hombre para desviarlo, y encogiéndose de hombros, continuó y remató brillantemente la operación emprendida.