Cursos de lojica y etica segun la Escuela de Edimburgo por Jose Joaquin de Mora · Unidad 14 de 101
Unidad 14 · LECCIÓN SESTA.
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LECCIÓN SESTA.
LA IDEA.
Sensación, percepción, he aqui todo lo que hemos distin- ,guido hasta ahora en el modo de obrar de nuestro entendimiento. La percepción se deriva de la sensación, pero de diversos modos: cuando la percepción no se liga con ninguna otra operacion intelectual, se llama idea. Asi pues, de todas las percepciones, la idea es la mas sencilla.
Pero aun en esta sencillez, hai sus grados. Por ellos se distinguen dos clases de ideas, a saber las simples y las compuestas. Idea simple es aquella que solo envuelve un solo conocimiento, o el conocimiento de una sola cualidad de loscuerpos, como un sonido, un olor. Idea compuesta es la que encierra mas de un conocimiento, o el conocimiento de mas de una cualidad, como la idea de un circulo blanco.
LECCIÓN SÉPTIMA.
La sensación considerada como orijen de todos nuestros conocimientos.
Las principales opiniones que han dominado en las escuelas sobre el orijen de nuestros conocimientos, son: 1 ® la de Aristóteles, reducida a esta célebre máxima — nihil est in intellectu quod antea nonfuerat in sensu: nada hai en el entendimiento, que no haya estado antes en los sentidos. 2 ° la de Renato Des-Cartes, que reconoce la existencia de algunas ideas innatas. 3 ® la de Locke, según el cual, todas nuestras ideas
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provienen de los sentidos o de la reflexión. 4- ^ la de los ideologos franceces, que coincidiendo con la de Aristóteles, recono, cen la sensación como oríjenesclusivo de todo lo que pasa en el espirito.
Para desechar la primera de estas doctrinas, basta considerar que la idea de nuestra propia existencia, no ha podido jamas emanar inmediatamente de los objetos estemos. Lo mismo diremos de las nociones que formamos de la intensidad y del alcance de todas nuestras operaciones. ¿En cual de los sentidos ha estado, antes de llegar al alma, la noción que formamos de nuestra facilidad o dificultad en sacar consecuencias? ¿de la fuerza, de la debilidad de nuestra imajinacion? ¿de la lentitud o ra» pidez de nuestras percepciones?
La opinión de Des-Cartes, ademas de no admitir una esplicacion satisfactoria, tiene el defecto de su inutilidad, por que en nada puede contribuir al recto uso de la intelijencia. Cualquiera que sea la definición que se admita de la idea, no se hallará una que se aplique a un acto mental capaz de hacerse notorio al alma con anterioridad y con entera independencia de las impresiones esteriores, y si se supone un ser formado de tal modo, que con un aparato intelectual igual en todo al del hombre, carezca de todo medio de comunicación con el mundo físico, no nos es posible averiguar como llegaría a poner en uso ninguna de las operaciones que componen el ser intelijente.
Por el contrario, los ideólogos franceses, jeneralizando la esplicacion de Aristóteles, y esforzandose en aclararla por medio de la Fisiolojia, nos llevan en linea recta a la antigua quimera de las Phantasmas, o imágenes sensibles que arrojan de sí Jos cuerpos, que se introducen en el alma, y que se conservan almacenadas en la memoria; mientras, por otro lado, nos quedamos en la misma oscuridad en que estábamos, acerca de las operaciones que ejercemos con nuestras facultades interiores, las cuales seguramente no pueden afectar el sistema nervioso, ni llegar por su conducto al receptáculo del cerebro.
La opinión de Locke, jeneíalmente recibida como cimien-
to de la Filosofía moderna, reconoce la sensación, como causa ocasional de todos los actos del entendimiento, pero sin privar a este de formar por si objetos intelijibles, que no proceden di. rectamente de la sensación. Podremos ir mas lejos en esta se. paracion, y asegurar, como uno de nuestros maestros, que aun- ^ue las impresiones de nuestros sentidos sean indispensables para dispertar en el alma la conciencia de su existencia, este conocimiento puede existir sin el de las cualidades de loscuerpos [1] Para penetrarnos de esta verdad, reduzcamos al menor circulo posible la esfera de la sensación; limitémosla al oi. do, que es uno de los sentidos menos capaces de darnos á conocer las cualidades primeras de la materia, y aun su misma existencia, pues él solo y sin la ayuda de los otros, no nos enseñaría mas que la existencia de una causa desconocida, origen de cierto orden de sensaciones.
El hombre pues sin otra facultad esterna que la de oir, en el momento en que oye por primera vez, adquiere el conocimiento de dos hechos: el uno la existencia de la sensación; el otro su propia existencia. Acabada la sensación, puede acordarse de ella; repetida con mayor o menor intensidad, puede comparar los grados de la una con los de la otra. Cuando la esperimenta, puede fijar en ella su atención con mayor o menor enerjia. De este solo principio le es fácil deducir las ideas de número, de duración, de pena, de placer, de temor, de esperanza, y otras muchas, ninguna de las cuales ha provenido directamente de la impresión del cuerpo sonoro en el timpano, aunque todas ellas deben su ser al hecho primitivo. Asi pues basta la mas lijera comunicación con los seres físicos, para que el ser inteligente desarrolle sus principales facultades, y las ejerza en sí mismo, teniendo sobre todo un convencimien» to íntimo de su propia individualidad, antes de adquirir la meñor noción de las propiedades de los cuerpos.
[1] Dugald Stewart, Elcments of the Philosophy oflhe Hu^ man Mind. Chap, 1, Sect.
Las ideas simples son limitadísimas en su numero, porque son mui pocas las ocasiones en que los sentidos reciben una sola impresión, desnuda de toda otra impresión adjunta o colateral.
Este conocimiento que adquirimos de las cualidades de los cuerpos, es obra de nuestras facultades, y asi no nos es posible saber si está de acuerdo con la realidad. Lo que única. mente podemos asegurar, es que muchas veces lejos de estar de acuerdo, varía hasta lo infinito, según las circunstancias en que ios objetos se hallan, o según el diverso temple de los órganos. El color nos da una prueba de esta verdad, pues muda cuando muda la luz, y es diferente según la disposición de los ojos del observador.
La idea, como primer elemento de todos nuestros conocí. mientes, recibe las modificaciones que le comunican las otras operaciones intelectuales. Con ellas se forman los juicios, las abstracciones, y todo cuanto sabemos y pensamos. La memo, ria las conserva, la imajinacion las combina y transforma, la atención las fija, y la conciencia nos da la seguridad de su existencia.
Por medio de las ideas sucesivas, llegamos a conocer bastante número de las cualidades de un cuerpo para distinguirlo de otro. Esta operación supone dos cosas; diversidad de órganos capaces de darnos ideas diferentes del mismo cuerpo, y centro común en que se reciben, y que los agrega y forma de ellas una sola operación.