De Puerto-Rico a Madrid. Estudios de viaje · Unidad 57 de 101

Unidad 57 · ASTURIAS. 165

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no son inferiores á los que tiene acreditados como crítico, á juzgar por La Regenta^ Zurita y algunas producciones cortas de este mismo género.

Ejerce además, por derecho propio, una de las cátedras científicas de la Universidad de Oviedo.

A la salida de la ciudad y en dirección á la Carretera de Castilla hay un parque frondoso y ameno, muy justamente estimado por los ovetenses, que le llaman el Campo de San Francisco.

Por él andaba yo una tarde en compañía del más alegre y bondadoso de los asturianos de Rivadesella, mi amigo y condiscípulo D. José Sánchez Somoano.

íbamos para el Hospicio, que está situado á uno de los extremos del hermoso bosque, y llevábamos el propósito de ver á D. Teodoro Cuesta, el más popular de los versificadores en dialecto asturiano. Me habian llamado la antencion el ingenio chistoso de este autor, y la exactitud y soltura con que suele pintar en sus romances las costumbres características de aquellos campesinos.

Ni Sánchez ni yo conocíamos bien el

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camino que llevábamos, y tuvimos que pedir informes á una gallarda moza que á la sazón pasaba por junto á nosotros, cantando tonadillas asturianas. Nos acompañó hasta una pequeña altura que formaba el bosque por aquella parte, y desde allí nos mostró el Hospicio, que se divisaba por entre los árboles. Luego se despidió con afabilidad, y cuando estuvo á cierta distancia de nosotros preguntó maliciosamente, aludiendo á nuestro deseo de visitar aquel depósito de criaturas anónimas : — ¿ Yé rapadn ó rapacína ? * Celebramos con risas la ocurrencia, y mi compañero contestó en hable, que buscábamos al Director del establecimiento, un poeta ya criado y maduro, y que nuestra misión era puramente amistosa y no paternal.

Tiene Oviedo muy bellas cercanías, ya por la parte de Mieres y del Barco de Soto, ya por el hermoso valle que se extiende hacia el lado opuesto de la ciudad.

Ocupa uno de los puntos más pintorescos de dicho valle la deliciosa quin-

* ; Es niño ó niña?

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ta de Abuli, propiedad de Don Rafael María de Labra.

La Naturaleza dotó pródigamente este sitio de todas las galas y riquezas de la vegetación y de todas las comodidades apetecibles. Aire puro, suelo fértil, agua clara y abundante, vistas espléndidas y paisajes de admirable belleza y variedad.

La mano del hombre cultivó luego con arte exquisito todos estos primores, formó jardines y parques deliciosos en casi toda la extensión de aquella rica heredad, y levantó en el medio un edificio esbelto, gracioso y lleno de atractivos, con la solidez de un castillo, la elegancia de un chalet y la holgura y comodidad de una excelente casa de campo. No me cansaba de admirar allí tantas belezas. Por donde quiera que dirigía la vista en rededor de esta preciosa estancia veía bosquecillos de manzanos, perales, albaricoques y otra infinidad de árboles cargados de frutas, plantas aromáticas y de caprichosísimas formas, y flores de hermosos matices y de admirable variedad, que son otros tantos pebeteros que embalsaman el ambiente, atrayendo hacia allí un enjambre de avecillas y mariposas que daban al cuadro más variedad y animación.

En este paraíso terrenal sin serpiente